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Introducción
En
las
décadas recientes, el enfoque incrementado en
creacionismo, “ciencia creacionista,”1 “ciencia de orígenes,”2
y “ciencia teísta”3 ha creado un clima en que preguntas
antiguas han resurgido con enfoques específicos y una sofisticación nueva.
Una de ellas se refiere al significado que se asigna al término “día” en
los primeros dos capítulos de Génesis.
La naturaleza del relato de seis “días” en Génesis 1:5-31, y
luego el “séptimo día” en el capítulo 2:2,3, es de interés especial porque
en general se entiende como un período corto de una semana: Es el tema de
este tiempo corto que está en discusión en este artículo debido a
la corriente naturaleza de la teoría de la evolución -el contraste entre
el tiempo breve del relato de la creación y las largas épocas que demanda
la evolución naturalista.
Este estudio intentará realizar varias tareas que se
interrelacionan: (1) Proveer observaciones metodológicas con una breve
historia de interpretación; (2) citar opiniones representativas en
publicaciones recientes que sugieren que los “días” de la creación son
largas épocas y no días literales de 24 horas; (3) presentar la relación
de Génesis 1 con los otros usos del término en el Antiguo Testamento; (4)
aplicar a los datos de Génesis 1 los requisitos de la lingüística estándar
y las investigaciones semánticas de sana erudición basada en el
conocimiento más adelantado actual.
I. Observaciones Metodológicas y la Historia de Interpretación
Un conocimiento de ciertos aspectos de la historia de la
interpretación del vocablo “días” en Génesis 1 puede resultar de ayuda
desde la perspectiva de la metodología de la interpretación. La
información histórica indica al intérprete moderno que antes de la
publicación de El Origen de las Especies (1859) de Darwin, los
“días” de creación de Génesis ya habían sido interpretados por algunos
como no literales. Había razones extrabíblicas anteriores que influyeron
para que algunos intérpretes se apartasen del significado literal de
“días”.
1. Ciertas Interpretaciones de “Días” de la Creación en la Edad Media.
Orígenes, el padre alejandrino (A.D. 185-254), defensor del método
alegórico do interpretación,4 os considerado el primero en
interpretar que los “días” de la creación tenían un sentido alegórico y no
literal.5
Agustín (354-430), el más famoso de los Padres Latinos, siguió
las ideas de Orígenes en cuanto a los “días”6; aunque se dice
que enseñaba que Dios creó al mundo entero en un instante.
Aquí conviene algunas consideraciones metodológicas. Ni Agustín
ni Orígenes tenían en mente conceptos evolucionistas. Consideraron los
“días” de la creación como no literales porque era obligación filosófica
asignar a Dios una actividad creadora que no tenía relación con el tiempo
humano. Siendo que los “días” de la creación se relacionan con Dios, se
argüía, tienen que representar nociones filosóficas asociadas con Dios.
En la filosofía griega Dios está más allá o fuera del tiempo.
Ya que los “días” de la creación son parte de la actividad de Dios,
se entendía que también ellos tenían un sentido no temporal. El
pensamiento de Agustín y de Orígenes estaba influido por la filosofía
griega y no por especulaciones científicas. No obstante, esta idea también
influyó en la reinterpretación de los “días” de la creación.
Tanto este enfoque como algunos de los enfoques modernos
tienen un factor común: ambos se basan en influencias exteriores al texto
bíblico en sí. Los teólogos medievales que tomaron como no literales los
“días” de la creación, basaron su interpretación en modo de pensar
extrabíblicos y filosofías paganas.
Hoy existe otra influencia exterior al texto bíblico que
conduce a los intérpretes a cambiar la que parece ser el significada obvio
de “días.” Es la hipótesis científica basada en el naturalismo, la teoría
moderna de la evolución, que provee el ímpetu para tales cambios.
El pensamiento de los teólogos católicos medievales fue
influido por el método alegórico alejandrino de interpretación. El sentido
cuádruple de las Escrituras fue adoptado en tiempos medievales.7
Aún se lo sostiene en el catolicismo romano oficial corriente.8
Los tres sentidos no literales (alegoría, analogía, y tropología)
del sentida cuádruple de las Escrituras dominaron y mantuvieron
importancia primaria por más de un milenio en el cristianismo, esto
Facilitó el medio hermenéutico para la reinterpretación del sentido
literal do los “días” de la creación.
2. Como Entendió la Reforma Protestante las “Días” de la Creación.
La Reforma del siglo dieciséis concordó en que el sentido cuádruple de la
interpretación de las Escrituras comprometía el significado literal de la
Biblia hacienda nula y vacía su autoridad para la fe y la vida.
Insistieron los reformadores que el sentido único y verdadero de las
Escrituras es el sentido literal, el sentido claro y sencillo del texto.
Una de los logros mayores de la Reforma Protestante fue el
retorno a las Escrituras. Esta recalcó que las Escrituras no necesitan una
clave exterior para su interpretación, ya sea el Papa, los concilios de
iglesia, la filosofía, o cualquiera otra autoridad humana. La lucidez y
claridad do las Escrituras llegaron a ser la norma de la época; leerla y
entenderla desde el interior de su propio contexto era lo imperante. La
comprensión desde afuera, como había sido la costumbre en el catolicismo
medieval, no debía ser sobrepuesta. La Biblia había de ser leída y
entendida en su sentido literal y gramatical.9
De acuerdo con esto, Martín Lutero, sostuvo la interpretación
literal del relato de la creación: “Afirmamos que Moisés habló en sentido
literal, no alegóricamente, ni figuradamente, lo que vale decir que el
mundo, con todas sus criaturas, fue creado en seis días literales, como
las palabras mismas dicen.”10 También los otros reformadores
entendieron los “días” de la creación en la misma manera.
Esta interpretación literal y gramatical, conocida en la
historia de la hermenéutica como el método histórico-gramatical, continuó
siendo la norma para la interpretación bíblica hasta ya entrado en el
siglo XIX. 11
3. Cambio bajo la Influencia del Modernismo.
A medida que el concepto de las largos períodos se infiltraba en la
explicación de los orígenes de la Tierra a partir de la publicaciones de
James Hutton (1726-1797) y Charles Lyell (1797-1875), algunos interpretes
que querían concordar comenzaron a interpretar los “días” de la creación
en Génesis nuevamente en una manera no literal. El impulso para esto no
provino de la Biblia misma sino del nuevo concepto mundial que se
desarrollaba en base al uniformismo y las explicaciones concomitantes de
los orígenes que exigían largos períodos de tiempo para la formación del
mundo.
Interpretar los “días” de la creación como “días de
reconstrucción,”12 “días de revelación,”13 además
de interpretar un “día” por un “período” (teoría de “día-período”) o una
época/era4 puede rastrearse hasta este tiempo y los cambios en
el concepto tiempo de la nueva geología. La aceptación no literal de la
reinterpretación de “días” era típica de aquellos que habían aceptado
largos períodos para el origen de la Tierra. Esto fuerza concluir que las
influencias externas ejercidas por creer en las nuevas edades geológicas
llegaron a ser los catalizadores para reinterpretar los “días” de la
creación.
4. Cambios Recientes en la Interpretación Entre Concordadores Amplios.
En la última década los conciliadores a concordadores amplios (liberales)
intentan cada vez más interpretar los “días” en el relato de la creación
de Génesis de una manera no literal a fin de traer una armonía entre las
largas edades exigidas por la toaría de la evolución y el registro bíblico
de creación divina en Génesis 1.
Es un hecho reconocido en la larga y abigarrada historia de
relaciones entre la ciencia y las Escrituras que la comprensión de la
primera ha tenido un impacto sobre la comprensión de la Biblia.15
El cambio de la cosmología tolemaica a la copernicana es
probablemente el ejemplo más clásico. 16
Los teólogos cristianos medievales habían adoptado el concepto
mundial no cristiana de Tolomeo como el modelo correctamente cristiano y
bíblico para la Tierra. Se concebía a la Tierra como el centro del Sistema
Solar, y a menudo del universo entero. Resultó ser un dilema de primera
magnitud cuando el modelo copernicano del sistema heliocéntrico llegó a
ser prominente y aparentemente irrefutable.
De esta experiencia, la lección que los eruditos cuidadosos
y científicos podemos aprender es que debemos evitar introducir uno u otro
cuadro a teoría de orígenes en la Biblia. Esta es una continua
tentación.
Hacemos mal servicio al significado de las Escrituras cuando
lo hacemos, y al mismo tiempo a las teorías científicas que continúan
cambiando a medida que nuevos datos son incorporados y los antiguos
conceptos reevaluados.
Desde el punto de vista de
la
metodología, el concepto del modelo con el que trabaja el científico como
intérprete de los datos observados en la naturaleza predominará, en gran
medida, sobre los conceptos finales y afectarán datos de otras fuentes,
inclusive los de la Biblia. La aseveración de que, “las teorías
científicas afectan la interpretación bíblica, por lo menos hasta el grado
de que llegan a ser la ocasión para reevaluar la interpretación de algunos
pasajes (Gen. 1:2; 6:8)17 es generalmente reconocida. La
pregunta que surge, por cierto, es si la reevaluación resulta en una
sobreimposición de una acepción en el texto bíblico por el concordista o
quien sea, un significado que es ajeno al significado de
la
Escritura cuando se toma dentro de su propio contexto.
Dos opciones mayores parecen posibles aquí: (1) Una
reevaluación basada en las conclusiones “científicas” podría conducir a
una interpretación de los textos bíblicos que es permisible dentro del
contexto y la intención de la totalidad de las Escrituras. En este caso la
reevaluación no viola las normas internas de cohesión y unidad de las
Escrituras. (2) La reevaluación del texto bíblico también podría conducir
a una conclusión referente al significado de un texto bíblico o pasaje
bíblico que no concuerda con lo que la hipótesis científica corriente
sostiene. Para quienes aceptan la autoridad bíblica plena esto debe
conducir a la reevaluación de las conclusiones que surgen de la
interpretación que el científico ha dado a los datos en la naturaleza.
Esto último, a su vez, puede afectar la teoría científica o al concepto
científico percibido, “en lo mínimo al hacernos reevaluar si todas las
conclusiones derivadas de una teoría científica son justificadas, o
llevarnos a investigar en algunos casos si la teoría entera es
incompatible”.18
5. La Autoridad Inherente de las Escrituras.
Algunos han aceptado la idea que la teoría científica por su misma
naturaleza y la amplitud de su aceptación tiene prioridad sobre las
Escrituras.19 Trasciende al marco de este estudio revelar la
complejidad de una posición tal. Basta decir que si
la
Escritura es aceptada como el resultado de la revelación divina y
registrada bajo
la
inspiración, manifiesta tener una dimensión de autoridad de la que no
participa el libro de
la
naturaleza.
Basada en esta dimensión más elevada de autoridad, las Escrituras
pueden auxiliar en la interpretación del libro de la naturaleza y proveer
un modelo más abarcantes
de interpretación de lo que se obtiene con un modelo puramente
naturalista.
Si las Escrituras han de mantener su integridad, difícilmente
pueden ser interpretadas en una forma que pueda ser acomodada vez tras vez
a las interpretaciones derivadas de las ciencias, o de historia, o de
otras disciplinas. Las Escrituras, basadas en su propia naturaleza y
autoridad, tienen su propia integridad de sentido y su inherente título a
la verdad. Estos surgen muy claramente en un estudio cuidadoso de la
Biblia siguiendo métodos de interpretación que están en armonía con el
testimonio de las Escrituras mismas y arraigadas en ella. Esto implica que
la autoridad de las Escrituras reside en sí; está basada en la revelación
y fundamentada en la inspiración.
La autosuficiencia de las Escrituras de la cual hemos hablado,
no significa que ninguna pregunta puede hacerse proveniente de las áreas
de la ciencia, o de la historia o de otra disciplina. Pero hay una
vasta diferencia entre hacer nuevas preguntas a las Escrituras y
sobreponer significados al sentido de las Escrituras.
II. Interpretación Figurada de los “Días” de la Creación
1. Argumentos Representativos para Larga Edades.
El motivo por el cual se desea interpretar actualmente los “días” de
Génesis 1 en otros sentidos que su sentido literal, muchas veces es
expresado abiertamente. Citaremos algunos eruditos respetados que lo
admiten.
John C. L. Gibson, un erudito británico, argumenta que Génesis
1 debe ser entendido como una “metáfora”20 o como una
“parábola” 21 y no como un registro directo de eventos de la
creación. En su Comentario de Génesis 1981, escribe:
“Si entendemos ‘día’ como equivalente a ‘epoca’ a ‘era’, podremos traer
la
secuencia de la creación en este capítulo a una correlación con los
registros de la teoría evolucionista moderna, y así avanzar en parte para
recobrar la reputación de la Biblia en esta edad científica... En la
medida en que este argumento comienza el intento de ir más allá que el
sentido literal y aceptar a la semana asignada a la creación como una
parábola de un período mucha más largo, debe ser encomiado”. 22
En 1983 el comentarista alemán Hansjörg Bräumer dice:
“El ‘día’ de la creación que es descrito como participando de ‘mañana y
tarde (sic)’ no es una unidad de tiempo que puede determinarse por un
reloj. Es un día divino de los cuales mil años es como ayer [Salmos 90:4
margen]. El día primero en la creación es un día divino. No puede ser un
día terrestre siendo que la medida del tiempo, el sol, todavía falta. Por
lo tanto, no hará ningún daño al registro de
la
creación si lo entendemos en ritmos de millones de años.”23
D. Stuart Briscoe, un creacionista progresivo americano, trata
también el problema en su comentario sobre Génesis:
“El científico naturalista habla convincentemente en términos de millones
de años y de eras de evolución mientras que el creyente en la Biblia mira
a los seis días y se queda perplejo sin saber qué... No es irrazonable que
‘día’ (hebreo, yôm], que puede traducirse muy literalmente como
‘periodo’, se refiere, no a días literales sino a eras y edades en las que
la obra progresiva de Dios era realizada.” 24
Explicaciones de este tipo pueden ser multiplicadas. Provienen
típicamente de eruditos quienes están en el campo de los concordistas.
Para ser más preciso, pertenecen a la rama de los “concordistas amplios”
quienes últimamente se han asociado con los creacionistas progresivos.25
2. Análisis y Evaluación de Sal. 90:4 y 2 Pedro 3:8.
(a) Sal. 90:4. Este pasaje ha sido usado vez tras vez para sostener que
los “días”
de la
creación
no son literales sino
que representan largos períodos,
épocas, o edades. El texto dice: “Porque mil años
ante tus ajos son como el día
de ayer, que
pasó como una vigilia de la
noche” (NRV
1990).
26
De interés directo es la comparación de un largo periodo de
tiempo, mil años con “día de ayer” y “vigilia de la noche.” Este pasaje de
las Escrituras tiene una partícula comparativa en el original hebreo para
hacer la comparación entre mil años y “ayer” o “vigilia. Podría traducirse
“semejante a”. Desde el punto de vista de la sintaxis hebrea, la partícula
se aplica no sólo a la expresión “ayer”, pero también a “vigilia de la
noche.” Esto demuestra que la comparación no es entre ‘un día” semejante a
un años; sino, mil años con Dios son “como” ayer, el día que pasó, o
“como” ”una vigilia en la noche” que es aun un período más corto que
“ayer.” El punto es que Dios calcula el tiempo en forma diferente de la
que los humanos lo hacen.
Génesis 1 no está interesado en mostrar cómo Dios evalúa el
tiempo. El contexto allí habla de “días” en el sentido de tiempo de
creación durante el cual Dios creó este mundo y mediante el cual asentó el
ritmo de la semana. Génesis 1 no explica ni trata de cómo el tiempo es
registrado en la escala de Dios, sino cómo los “días” de la creación
asentaron la norma para los días subsecuentes en el ciclo semanal de
tiempo. Además, Génesis 1 carece de toda partícula comparativa de
“semejante” a “como” en conexión con el término “día.” La ausencia en
Génesis 1 de una expresión comparativa hebrea ya con el término “día” o
con la expresión “tarde y mañana” indica que no hay ninguna intención de
comparación. Génesis 1 no es un caso de comparación. El tema es, las
secuencias de tiempo que Dios usó para crear el mundo y que estas
secuencias de tiempo son idénticas al patrón de la semana de siete días
que determina el ritmo del tiempo histórico.
Desde el punto de vista del contexto como también de los
aspectos sintáctico-gramático, y semántico la aplicación de Sal. 90:4 a
Génesis 1 no cabe. Están ausentes los apropiados criterios lingüísticos y
fraseológicos de comparación. Los que procuran ligar los dos textos no son
sensibles a los criterios lingüístico, contextual, y fraseológico. Da la
impresión que los que comparan estos dos textos están comparando “gato con
liebre.”
Otro tipo de objeción ha sido indicado al hacer de los
“días” de creación largos períodos. Si uno se pusiera a leer el “sexto día
como la sexta época de la creación [en que fue creado el hombre], abriría
la posibilidad a algún tipo preadánico de homo sapiens”. 27 En
otros términos, la sustitución por largos períodos de los “días” literales
borra el hecho de que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos que
Dios creó en la Tierra.
Una tercera dificultad se relaciona con el hecho de que el
Salmo 90 no es un salmo que se refiere a la creación. El contexto indica
que el Salmo 90 no se está refiriendo a cómo Dios considera los “días” de
la creación, sino cómo los humanos deben considerar el tiempo que ellos
conocen al compararlo con el tiempo del reino de Dios.
Cuarto, el Salmo 90 ni siquiera usa el término “día”
aisladamente. El versículo 4 usa el término en una relación lingüística
donde dos vocablos se unen sintácticamente. Esos dos vocablos están unidos
en una sola palabra “ayer”. A la vez, “ayer”
está en paralelismo con la expresión “como una vigilia de la noche”, es
decir, un período muy corto de tiempo. Esto indica que mil años no se
comparan simplemente con un día sino también con un período corto.
En resumen, Salmo 90:4 no está definiendo el “día” que usa
Génesis 1. En vista de los problemas indicados y otros más que existen28,
no sorprende el hecho de que muchos de aquellos que actualmente aceptan la
“teoría de día/era” como una solución a la tensión entre ciencia y
religión se retienen de usar este texto. Reconocen que cuando el texto se
interpreta en su debido contexto no tiene relación con el largo del “día”
de la creación.
(b) 2 Pedro 3:8. Los “concordistas amplios” han usado
también este versículo, “...con el Señor un día es como mil años,” para
apoyar su teoría de día/era. Algunos la presentan como un equivalente
matemático “bíblico” diciendo que literalmente “un día = mil años”. Otros
sostienen que “mil anos” representan un largo período, una edad, o algo
similar. En este caso arguyen que “un día equivale a un largo período” o
que “un día equivale a una era”.
Conviene señalar que los que invocan este texto así,
afrontan varios problemas mayores: (1) 2 Pedro 3:8 no tiene en el contexto
nada que tenga que ver con la creación; (2) lleva un participio de
comparación que no existe en Génesis 1; (3) no se usa en el sentido
literal cuando se lo aplica diciendo que un años es igual a una era; y (4)
lo que 2 Pedro 3:8 está diciendo es que
Dios no
está limitado al tiempo ni sujeto a él para cumplir sus promesas.
El intento de este pasaje está bien aclarado por un
“concordista amplio”, Lloyd R. Bailey, cuando dice: “El texto de 2 Pedro
ha sido mal usado por aquellos que quieren aplicarlo a la palabra “día” en
Génesis 1... Más bien, indica que el ‘El Señor no tiene lentitud en
cumplir sus promesas... pero es longánime... pues no desea que ninguno
perezca’ (3:9 y v. 4). Es decir, Dos no está sujeto al tiempo en la manera
en que lo están los humanos (‘... como algunos suponen lentitud’, v. 9).
Por lo tanto, la intención es de aseverar la fidelidad de Dios en sus
promesas, y no está definiendo la palabra “día” como se usa en Génesis 1”.
Mejor sería que dejáramos que 2 Pedro 3:8 cumpla su propósito
original y no asignarle una interpretación sin relación de tópico,
contexto, o lingüística.
3. ¿”Días de Revelación”?
La teoría de que los “días” de la creación son verdaderamente “días de
revelación” es sostenida todavía por unos pocos eruditos hoy. Esta teoría
fue propuesta primeramente por el geólogo escocés Hugh Miller en el siglo
19.E30 En el presente siglo fue resucitada por P. J. Wiseman en
su publicación, Creación Revelada en Seis Días.31 Ha
sido reeditada en 1977.
De acuerdo con esta interpretación, Dios no Creó el mundo en
seis días, pero él “reveló” y explicó al hombre, en seis días literales,
lo que ya había hecho a través de eones de tiempo. La repetición de la
frase: “y Dios dijo...,” se acepta como apoyo a la teoría que los “días”
de la creación son realmente “días de revelación”. Según esta teoría el
mundo no requiere un origen relativamente reciente ni una creación en seis
días literales de 24 horas.
También ha sido indicado que los ”días de la teoría de la
revelación,” denominada también “teoría de la visión,” se afirma en gran
medida sobre el “malentendido de la palabra hizo” en Éxodo 20:1132
a la que Wiseman da el significado de “mostró”.33
“Mostró” no es una traducción correcta del término hebreo
‘asah.
No existe un solo diccionario que le asigna este sentido en hebreo. El
vocablo hebreo ‘asah, que aparece más de 2,600 voces en el Antiguo
Testamento, significa “hacer, fabricar, producir, realizar, etc.34
pero nunca tiene el significado de “mostrar”, ni en el Antiguo
Testamento ni en el hebreo extrabíblico.35 Darle el significado
de “mostrar” es un invento a fin de apoyar la teoría. Por este motivo no
sorprende que la “teoría de días de revelación” haya encontrado poco
apoyo.36
En resumen: los “concordistas amplios” en la actual buscan
interpretar Génesis 1 en alguna forma, “figurada, simbólica o latamente...
para dar la idea de que los ‘días’ de Génesis 1 pueden ser entendidos como
largos periodos.” 37 Esto se hace a fin de acomodarlo a la
teoría de la evolución de largos períodos. Reinterpretan las Escrituras a
fin de buscar alguna armonía entre el registro bíblica de la creación con
la evolución naturalista.
En cambio, los “concordistas estrictos”, estudiosos con la
misma erudición y habilidad, también se interesan en traer armonía entre
la ciencia y la religión, pero no están dispuestos a dar a la Biblia una
interpretación que no es estrictamente la correcta. Concuerdan can que el
significado do un texto se basa en el criterio interna del lenguaje y su
usa, de acuerdo con las normas generales aceptadas. Concuerdan en que el
contexto de las Escrituras es primordial, y que las normas lingüísticas
deben seguir convenciones gramáticosintácticas debidas. Están bien
conscientes de las tensiones, pero se niegan a forzar el sentido del texto
bíblico dándole una interpretación que no está apoyada por un análisis
lingüístico sólido.
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