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PREGUNTA: ¿Puede Isaías 56:3-8 abolir la ley de
Deuteronomio 23:1-4?
Deuteronomio 23:1-4 contiene una lista de los excluidos
de la “congregación de Jehová”. Se menciona los
mutilados sexuales, los hijos de relaciones prohibidas,
y cuatro grupos étnicos específicos: los amonitas, los
moabitas, los edomitas y los egipcios. En Isaías, sin
embargo, Dios afirmó que no excluiría a los eunucos y a
los extranjeros como parte de su pueblo. Se anuncia una
situación que parece tornar irrelevante la ley anterior.
El Señor parece ser más abierto y amante en Isaías que
en Deuteronomio. ¿Es así?
1.
Mire
el contexto: En el Antiguo Testamento, la
exclusión de los grupos étnicos mencionados no se aplicó
de manera indiscriminada. Sabemos, por ejemplo, que la
moabita Rut se unió de propia voluntad a la fe de Israel
(Rut 2:10).
Deuteronomio deja en claro que los edomitas y los
egipcios no estaban excluidos permanentemente de la
congregación del Señor.
Se
dan dos razones para la exclusión de las naciones. En
primer lugar, los amonitas y los moabitas no fueron
compasivos con Israel en su momento de necesidad. En
segundo lugar, los moabitas en particular procuraron
corromper al pueblo de Israel. En estos términos, Cristo
apoya la exclusión (Mat. 25:41-46) y también lo hacen
Pablo (1 Cor. 5:1-5) y Juan (3 Juan 9-11).
Es
probable que la exclusión de los eunucos no haya sido
aplicada en forma indiscriminada; sabemos que tales
mutilaciones eran parte de las prácticas religiosas y
rituales de las demás naciones. La razón más probable de
esta exclusión de la congregación de Jehová eran sus
lealtades divididas. El texto también excluye a personas
que resultaran de una relación prohibida y sus
descendientes (Deut. 23:2), lo que por lo general
designa a los niños nacidos como resultado de la
prostitución ritual que eran dedicados, junto con sus
descendientes, a una deidad en particular. Al excluirlos
de la congregación, el Señor estaba rechazando una
práctica pagana. La conexión de esta ley con el pasaje
de Isaías es algo más compleja y está abierta a varias
posibilidades.
2.
¿Es abolido el mandato
divino?
Una lectura
superficial de Isaías podría dar la impresión de que el
nuevo mensaje profético reemplaza al antiguo, pero esto
no es así. En primer lugar, el Señor anunció a los
extranjeros que serían bienvenidos en su templo y que
sus sacrificios serían aceptados (cap. 56:7). Los
eunucos tendrían acceso al templo y su memoria sería
preservada (vers. 5). Pero esas promesas eran
condicionales y, en consecuencia, no anulaban la ley.
Las naciones y los eunucos se unirían al pueblo de Dios
sólo si guardaban el sábado y establecían una relación
de pacto con él. De otra manera, la ley de exclusión aún
era válida.
3.
¿Quiénes
conforman la “congregación de Jehová”? La
interpretación previa podría parecer algo débil. Por lo
tanto, permítanme mencionar otra manera de responder. La
palabra hebrea para “congregación” (cahal) a menudo
designa a la totalidad de Israel como comunidad de
adoración, pero puede también designar a un grupo más
específico de israelitas. Lo más probable es que hombres
adultos formaran esta asamblea, como organismo legal de
gobierno. No era lo mismo que la totalidad del pueblo de
Israel (1 Crón. 13:2-4); poseía autoridad para repartir
heredades a suerte (Miq. 2:5), tomar decisiones
judiciales ante supuestos delitos (Jer. 26:16), llevar a
cabo ejecuciones judiciales (Eze. 16:40) y aconsejar al
rey (1 Rey. 12:3).
Si
la frase “la congregación de Jehová” de Deuteronomio
23:1 posee ese significado técnico, como parece ser el
caso, el grupo mencionado sólo está excluido de formar
parte del gobierno de la nación; es decir, se limita su
influencia. Siendo así, el texto de Isaías no se
relaciona de manera directa con Deuteronomio 23:1-8.
Esto se apoya en el hecho que Isaías analiza la
condición futura de todos los extranjeros, mientras que
Deuteronomio sólo menciona cuatro naciones.
En
el caso de los eunucos, su preocupación no era quedar
excluidos del templo por ser eunucos. El texto presupone
que tenían acceso al templo. Al no tener descendencia,
se preguntaban si su memoria caería en el olvido. El
Señor prometió darles lugar en su casa y dentro de sus
muros, “y nombre mejor que el de hijos e hijas” (Isa.
56:5).
El
Señor, que no cambia, siempre ha amado a las personas de
todas las naciones; en particular a los excluidos. Eso
te incluye a ti... y a mí.
Ángel Manuel Rodríguez es director del
Instituto de Investigaciones
Bíblicas de la Asociación General. |