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En
varias ocasiones he trabajado con la Dra. Goncharova, física teórica
nuclear en la Universidad Estatal de Moscú. Durante una de nuestras
conversaciones, la Dra. Goncharova me preguntó sobre el problema del
sufrimiento. Yo estaba listo para decirle que Dios desea criaturas
libres que lo amen, y acerca del resultado de las malas decisiones.
Sin embargo, ella había asistido a la iglesia adventista local, así
que antes que yo comenzara, me dijo: "Ya he oído acerca del ángel
caído". Inmediatamente supe que mi cuidadosa respuesta teórica no
sería suficiente para satisfacer su necesidad personal.
Ella
había vivido muchos años bajo la opresión comunista. Precisamente en
esos días luchaba por cuidar a su esposo, quien había sufrido un
ataque cardiaco innecesariamente. Los médicos estaban al tanto del
riesgo, pero sólo podían ingresarlo legalmente al hospital para
tratarlo después de haber tenido el infarto. ¡Cuánto sufrimiento sin
sentido! Desde aquella ocasión he pensado y leído mucho sobre el
problema del mal, y he experimentado algunas de sus consecuencias.
Pasé más de tres años, primero con mi madre y luego con mi padre, en
una batalla, contra los destrozos del cáncer, que finalmente
perdieron. Quizá ahora habría podido responder un poco mejor a la
pregunta de la doctora rusa.
Mientras que Génesis 2 describe un mundo perfecto, Génesis 3 señala
su ruptura. Ambos capítulos comienzan con un jardín ideal y un árbol
de la vida, pero el tercer capítulo concluye con la expulsión de la
primera pareja para que no comiese del árbol de la vida. Dios creó
a la primera pareja para que estableciera relaciones, pero ellos las
quebrantaron todas. En Génesis 4 la ruptura se extiende a Caín y
Lamec.
La tentación
La
gente ha luchado durante siglos para entender cómo pudo entrar el
mal y destruir un mundo perfecto. A menudo fundamentan su
comprensión del tema en el relato de Génesis 3. Cuando C. S. Lewis
intentó describir la tentación de una pareja perfecta, contó la
historia de un rey y una reina recién creados que vivían en las
islas flotantes del planeta Perelandra. Su creador les había
permitido visitar la Tierra Firme, pero les había prohibido dormir
allí. Los dos se separaron al quedarse accidentalmente en dos islas
separadas.
Un
agente humano del mal vino de la tierra y tentó a la reina con la
idea de disfrutar de la certeza de vivir sobre Tierra Firme. Esta
tentación a buscar la certeza creció hasta convertirse en un fuerte
deseo de llegar a ser propietaria y obtener suficiente control para
repetir experiencias placenteras. En su conversación con la reina el
agente del mal hace declaraciones que son casi totalmente veraces.
Otro
ser humano, un hombre llamado Ransom, ayuda a la mujer a resistir la
tentación y al hacerlo recibe una herida en el calcañar. Le explica
a la mujer que en otros asuntos, la obediencia involucra aquello que
parece razonable. Pero la reina sólo puede disfrutar el gozo
genuino de la obediencia si rechaza la tentación de vivir en Tierra
Firme, porque aquí está la única razón de obedecer, porque son los
deseos de su creador. Al responder a los argumentos del maligno,
Ransom siente a menudo que decir la verdad sería fatal, pero aun
así, "sólo la verdad sirve". El relato de Lewis tiene un final más
feliz que Génesis 3.
La
historia de Frankenstein, por otra parte, no tiene un final feliz.
Víctor Frankenstein intenta descubrir los secretos físicos de la
naturaleza y desea ser el primero en buscar "nuevas maneras,
explorar poderes desconocidos y revelar ante el mundo los misterios
más profundos de la creación".[1] Después de sucumbir al encanto de
la ciencia, aconseja a otros a "evitar la ambición, aunque se trate
de la ambición aparentemente inocente de distinguirse en la ciencia
y los descubrimientos".[2]
Todos
estos relatos no son más que ecos del relato de Génesis 3. Vayamos a
las Escrituras.
La
serpiente
El
tema del engañador es común en la literatura mundial, incluyendo los
relatos bíblicos del engaño de Abraham, Raquel y Jacob. El Antiguo
Testamento no intenta explicar la serpiente tramposa de Génesis 3,
pero Jesús se refirió al diablo como el padre de mentira (Juan
,8:44), y Apocalipsis compara la serpiente antigua con el diablo y
Satanás (Apocalipsis 12:9).
La
verdad
La
serpiente parlante que sedujo a Eva sabía mentir sutilmente. En El
paraíso perdido, el elocuente discurso de la serpiente dejó
asombrada a la mujer, haciéndola pensar que la fruta le produciría
aun más beneficios (ver también Patriarcas y profetas, pp. 36,37).
El tentador comenzó con una pregunta engañosa: "¿Conque Dios os ha
dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" Ansiosamente, la mujer
saltó a la defensa de Dios y celosamente respondió que no podían ni
siquiera tocar la fruta prohibida (Génesis 3:3; Patriarcas y
Profetas, p. 37), con lo que expandió la prohibición de Dios.
El
primer gran engaño fue una media verdad, no una falsedad total. El
mal no tiene existencia independiente; siempre se trata de una
distorsión del bien. Como tal, nos amonesta a decir "la verdad, toda
la verdad, y nada más que la verdad" en el estudio de los orígenes.
Muchos creacionistas experimentan la constante tentación de exagerar
los datos científicos y caracterizar falsamente a sus oponentes. Ian
Plimer presenta gráficamente esta percepción de los creacionistas en
su libro Telling Lies for God (Mentir en el Nombre de Dios).[3]
La
atracción
Todos
los árboles que Dios creó eran buenos para comer y agradables a la
vista (Génesis 2:9), pero Eva creyó que la fruta prohibida también
podía hacerla sabia (Génesis 3:6). La fruta tenía un triple
atractivo para las necesidades prácticas, las necesidades estéticas
y el deseo de control y poder: "los deseos de la carne, los deseos
de los ojos, y la vanagloria de la vida" según 1 Juan 2:16. El
pecado toma las necesidades físicas normales y las pervierte hasta
convertirlas en un deseo de obtener gratificación instantánea.
Transforma el disfrute de la belleza en un deseo insaciable de
lujos. Y altera nuestra responsabilidad como mayordomos de Dios y la
transforma en un deseo invencible de dominio y control.
Jesús,
el segundo Adán, enfrentó las mismas tres tentaciones en el
desierto: pan para comer, un vistoso espectáculo en el templo, y la
adquisición ilícita de poder y dominio sobre el mundo. En vez de
escoger el camino del sufrimiento, Jesús fue tentado a ser el
Mesías esperado por los judíos o, como lo resume Dostoievski, uno
que emplearía milagros, misterios y autoridad. Satanás le sugirió a
Jesús que él:
1. Podía proveer milagrosamente para las necesidades físicas de los
judíos. Pero "no se puede esclavizar a un hombre por un milagro y
hacerle desear una fe que se le otorga libremente".
2.
Podía fortalecer la vida espiritual del pueblo con un anuncio
misterioso y espectacular de su misión dado en el templo.
3. Podía conquistar con autoridad a sus enemigos y resolver los
problemas del mundo durante su vida terrenal; pero él se resistió a
ofrecer todas las respuestas, a demostrar irrefutablemente quién
era, y a impulsarlos a creer silenciando a todos los escépticos.[4]
En la
actualidad a nosotros también nos gustaría mejorar los métodos de
Cristo tomando prestadas las herramientas de la manipulación
perfeccionadas por los políticos, los vendedores y los
publicistas.[5] Nos gustaría un milagro que explicara innegablemente
el origen de la vida y la materia. Los cristianos modernos se
encuentran atraídos por la ventaja de tener información privilegiada
y el poder que tal conocimiento proporciona. El deseo de tener un
conocimiento omniabarcante del "bien y del mal" nos tienta a todos,
pero aquel que se consideró tan sabio como Dios perdió su lugar en
el cielo (Ezequiel 28:6, 12-16).
Malos
resultados para los organismos vivos
Ahora
examinaremos algunos de los efectos que ocasionó el pecado en el
mundo que nos rodea. En este capítulo hablaremos sobre los
organismos vivos y en el que sigue nos referiremos al mundo físico.
El pez gato candirú, por ejemplo, se introduce en la uretra de un
nadador y extiende sus espinas de manera que causa un dolor tan
acuciante que sólo puede calmarse cuando se extrae la criatura
quirúrgicamente. Una pequeña mosca, la mosca cecidomyan, a veces se
reproduce asexualmente antes de tiempo y su prole la devora desde su
interior. [6] La depredación y el parasitismo ofrecen innumerables
ejemplos. En 1803, el abuelo de Darwin, Erasmus Darwin, observó que
estas cosas convierten a la naturaleza en "un gran matadero".
El
mismo Charles Darwin encontró difícil creer que un Dios benévolo
fuese el autor del parasitismo, de la muerte de su hijo por la
fiebre tifoidea, o el castigo eterno "descrito claramente" por la
Biblia. Sentía que la ley natural, indiferente a la crueldad y el
dolor de la naturaleza y a la miseria humana, proveía una respuesta
mejor que echarle la culpa de tales cosas a Dios. En una carta
escrita en 1860, Darwin dijo: "No puedo persuadirme de que un Dios
bondadoso y omnipotente haya creado el parásito ichneumonidae con la
intención expresa de que se alimente de los cuerpos vivos de las
orugas, ni que haya ordenado que el gato juegue con el ratón".
Después de luchar con este terrible interrogante, Darwin desarrolló
un mecanismo para el origen de las especies basado en la ley
natural. Declaró que a raíz de la superproducción de descendientes,
sólo los más aptos sobreviven por la selección natural en la lucha
por la existencia. Tennyson le dio forma poética al concepto en su
poema In Memoriam cuando habló de la "Naturaleza, roja de dientes y
garras".
El
darwinismo social
[Vea el artículo 1844: Punto de Encuentro de
dos Alternativas]
Estos
conceptos finalmente llevaron a la teoría del darwinismo social, que
introduce la idea del progreso por medio de la lucha en las ciencias
políticas y socioeconómicas. Aunque la idea de la lucha precede por
mucho a Darwin, él proveyó un argumento de la naturaleza para
demostrar que era algo natural y bueno. Si bien Darwin mismo no
apoyó el darwinismo social, el título completo de su famoso libro
fue Origen de las especies por medio de la selección natural, o por
la conservación de las razas favorecidas en la lucha de la
existencia (según la traducción de Enrique Godínez; Madrid:
Biblioteca Perojo, 1877).
Antes
de Darwin, los biólogos racistas habían apoyado la esclavitud, el
colonialismo y la guerra contra los indios americanos, pero el
darwinismo social les dio nuevas municiones para sus teorías. El
biólogo alemán Ernst Haeckel desarrolló las ideas de Darwin hasta
llegar al concepto de una raza superior, y sus escritos fueron uno
de los muchos factores que llevaron a las dos guerras mundiales del
siglo XX. El concepto de la competencia era parte del título del
libro de Hitler, Mein Kampf, que significa "Mi lucha"; y Mao Tse-tung
consideraba el darwinismo alemán como el fundamento del socialismo
científico de los chinos.
Como
vemos, la teoría darwinista ha tenido una poderosa influencia sobre
la historia mundial. Karl Marx, cuyos escritos forman la base del
socialismo y el comunismo, vio en la teoría de la competencia y la
evolución en la naturaleza la base de su propia teoría de la lucha
de clases y el desarrollo histórico entre los seres humanos. Gran
parte del comercio mundial de hoy se basa en el capitalismo, la
forma económica de la lucha y la supervivencia del más apto.
La
eugenesia, la selección artificial de los seres humanos, se
convirtió en un movimiento en el norte de Europa y los Estados
Unidos durante la primera parte del siglo veinte. Se basaba en la
obra del primo de Darwin, Francis Galton. Convencidos de que la
herencia jugaba una función muy importante en las enfermedades, la
pobreza, la imbecilidad, la criminalidad y la inmoralidad, algunos
países instituyeron la esterilización forzada de tales personas. Sin
embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, estas ideas perdieron
su popularidad.
La
muerte
La
muerte es parte integral de la naturaleza, pero aun así tenemos
dificultades para relacionarnos con sus misterios. Algunos la tratan
con buen humor, mientras que otros la consideran como una transición
a otra existencia.
Pero,
¿qué es la muerte y qué quiere decir la Biblia cuando dice: "La
muerte vino por el pecado" (Romanos 5:12)? Las definiciones
científicas de la muerte no son siempre equivalentes a las de los
escritores bíblicos. Es claro que el libro de Romanos no tiene en
cuenta la muerte del tejido de las plantas, puesto que Dios le dio a
la primera pareja frutas para comer, y la digestión destruye las
células de las plantas.
La
muerte celular, o apoptosis, está programada en los organismos y es
esencial para la vida.[7] En el desarrollo del feto humano, las
células de la mano mueren para separar los dedos. La capa interna
del sistema digestivo muere y desaparece regularmente. La capa
externa de la piel está formada por células muertas que forman una
barrera de protección para el resto del cuerpo. Las células del
cuerpo cambian con frecuencia, pero un mecanismo interno de
vigilancia les ordena a tales células que mueran. Cuando ese sistema
no funciona el resultado es el cáncer. La muerte parece ser una
parte necesaria del ecosistema, e incluso el dolor juega un papel
importante en la supervivencia.
Podríamos aceptar la muerte de células y frutas antes del pecado,
pero no la de seres humanos. Entre estos dos extremos existe un
nivel ascendente de fealdad, sufrimiento y muerte que se aplica a
los restos de las frutas y su deterioro, los tejidos de las plantas
como las flores y las hojas, plantas completas como los vegetales,
seres invertebrados como las hormigas, y seres vertebrados como los
peces y los primates. No existe una respuesta clara respecto de qué
tipo de muerte introdujo el pecado en el mundo, por lo tanto, es
razonable que se tengan diversas opiniones.[8]
Pero
la muerte humana es un asunto muy importante para todos. Un verano,
mientras trabajaba para una compañía petrolera, un colega cristiano
me preguntó acerca de la posición adventista sobre el tema de la
muerte. Cuando me dediqué al estudio de la Biblia, no sólo comencé a
entender mejor la posición adventista, sino cuan razonables son
otras posiciones cristianas. Mi amigo me recordó que Jesús le dijo a
Marta: "Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente"
(Juan 11:26). También me dijo que el Predicador se encontraba en un
estado depresivo cuando escribió Eclesiastés y advirtió que no se
debía interpretar cada pasaje suyo literalmente, incluyendo
Eclesiastés 9:5. Ambos aprendimos de nuestro estudio de la Biblia.
Él reconoció que los fuegos del infierno no arden eternamente, y yo
advertí que incluso los temas de importancia crucial en la vida no
pueden probarse como si fuesen problemas de geometría.
Malos
resultados para los seres humanos
La
decisión equivocada de Adán y Eva en Génesis 3 provocó la pérdida de
las bendiciones otorgadas en Génesis 2. Sus relaciones se
quebrantaron. Escuchar a una de las criaturas le costó a la pareja
la pérdida de la supremacía sobre toda la creación. El privilegio
del hombre de labrar la tierra se convirtió en una tarea pesada, y
finalmente los seres humanos regresarían al polvo. El gozo de la
mujer de llevar frutos y multiplicarse ahora implicaría dolor y
sujeción a su esposo. El compañerismo y la intimidad que se le
dieron a la pareja en Génesis 2 se degradaron hasta convertirse en
extrañamiento y vergüenza. La comunión libre con Dios que gozaba la
humanidad se transformó en temor a su presencia.
Para
Adán y Eva la libertad genuina significaba el privilegio de vivir
con las consecuencias de sus elecciones, ya fuesen buenas o malas, y
la dignidad humana requería la aceptación de la responsabilidad.
Hacer
frente al problema del mal
La
teodicea, que se define como "una vindicación de la bondad y la
justicia de Dios ante la existencia del mal", intenta explicar
lógicamente las atrocidades que vemos a nuestro alrededor. Si existe
un Dios que es perfectamente bueno y omnipotente, uno esperaría que
no existiera el mal. Pero debido a que el mal existe, muchos
concluyen que: o Dios no existe, o no es perfectamente bueno, o no
es todopoderoso.[9]
Muchos
ateos rechazan a Dios porque quieren creer desesperadamente en una
deidad solícita y personal, y el mundo muestra inconsistencias con
respecto a ese cuadro.[10] Weinberg quisiera encontrar evidencias de
un Creador solícito en la naturaleza, pero encuentra "tristeza al
dudar que se logre tal cosa".[11] Carl Sagan parece buscar
significado en su libro Contacto, algo que trascienda al
naturalismo. Según se percibe en su obra, el mal presenta un
problema para los ateos también. ¿Cómo puede existir el mal si el
cosmos carece de una estructura moral?[12]
Se ha
escrito mucho sobre el problema del mal. Quizá el libro que
bosqueja mejor los temas es Making Sense Out of Suffering (Para
encontrarle sentido al sufrimiento), de Peter Kreeft.[13] Comienza
por señalar algunas respuestas fáciles que no funcionan: la negación
de la realidad de Dios (el ateísmo, la desmitificación, el
psicologismo), la negación del poder de Dios (el politeísmo, el
dualismo de Zoroastro), la negación de la bondad de Dios (el
satanismo, el panteísmo, el deísmo), o la negación del mal (el
budismo, la ciencia cristiana, la teosofía).
Kreeft
indica que el sufrimiento no es un problema que se resuelve con
respuestas, sino un misterio al que uno se acerca con la ayuda de
pistas respecto de su significado supremo, y con una actitud básica
de humildad. La inspiración provee una pista sobre la caída de
Lucifer, simbolizada por medio de la conducta de los antiguos
gobernantes de Babilonia y Tiro (Isaías 14:4-20; Ezequiel 28:2-19).
Sin embargo, en última instancia, el mal no tiene explicación,
explicarlo sería excusarlo.
La
inspiración indica claramente que Dios no es la fuente del mal. La
competencia, la supervivencia del más apto, la regla del colmillo y
las garras, el sufrimiento y la muerte no pueden ser parte de su
plan ideal para el desarrollo de su creación. Él puede emplear tales
métodos por necesidad (Romanos 8:28), pero si los empleara como
plan preferido entraría en conflicto con la manera en que las
Escrituras representan su forma de obrar (Isaías 11:6; 65:25; Mateo
6:25-33; 10:29). Los largos períodos de sufrimiento por causa del
desarrollo evolutivo en el pasado, se verían lógicamente
relacionados con largos períodos futuros de sufrimiento en el
infierno. Según dijera Provonsha: "Atribuirle a Dios los rasgos más
destacados de la teoría de la evolución daría como resultado un tipo
equivocado de Dios". [14]
El
libre albedrío da la opción de escoger y, por lo tanto, abre la
puerta a la posibilidad del mal. Para evitar o prevenir todo el mal
tendría que eliminarse toda la libertad. Los relatos de ciencia
ficción, como The Matríx, se basan en el control total de los seres
humanos, pero no es un escenario muy atractivo. El libre albedrío
genuino incluye la libertad para experimentar las consecuencias de
la libre elección. Dios permite, entonces, que las consecuencias
sigan su curso. Aunque él no elimina las consecuencias cuando
tomamos una mala decisión, su gracia hace posible una segunda
oportunidad de hacer buenas elecciones para enderezar los
resultados. Por causa de la mala elección de Simeón y Leví en Siquem
(Génesis 34:25-30), sus descendientes fueron condenados a vivir
dispersos entre las tribus de Israel (Génesis 49:7). Sin embargo,
cuando los levitas decidieron protestar contra la apostasía en el
Sinaí (Éxodo 32:26-29), la dispersión se convirtió en una bendición
cuando se los transformó en sacerdotes para todo el territorio de
Israel (Patriarcas y profetas, pp. 239, 240, 333, 334, 362).
La
felicidad no es sinónimo de ausencia de sufrimiento. Implica bondad
y significado, no sólo placer. El amor de Dios por nosotros es
demasiado sabio para proveer únicamente felicidad; el amor demanda
el perfeccionamiento del ser amado.[15]
Las
explicaciones anteriores referentes al libre albedrío y los
beneficios del sufrimiento pueden responder algunos interrogantes,
pero no resuelven el tema de la justicia. ¿Por qué muchas
generaciones se benefician o perjudican por las decisiones pasadas
de otros, especialmente el pecado original de Adán (Romanos 5:12;
Éxodo 20:5, 6? Una vez más Kreeft nos da algunas pistas. No sólo
nos recuerda que no somos muy justos nosotros mismos (Isaías 64:6;
Jeremías 13:23), sino que también nos obliga a considerar algo que
olvidamos fácilmente en nuestra sociedad individualista. Cada
persona es solidaria con el resto de la familia humana, al igual que
el miembro individual de la iglesia es parte del cuerpo de Cristo.
Aunque yo no gané las becas ganadas por mi hija, estoy orgulloso de
ellas y me beneficio por ellas. Y aunque ella no es responsable por
mis chistes insípidos, de todas maneras se siente avergonzada
delante de sus amigas. Participamos del pecado original de Adán, al
igual que podemos participar de la expiación vicaria de Cristo
(Romanos 5:15).
Aunque
sufrimos por causa del pecado de Adán, como miembros que comparten
la suerte de la humanidad, todavía nos preguntamos por qué Dios no
cambia las reglas en vez de castigarnos a nosotros. El problema con
esta solución es que hay diferentes tipos de leyes. Las leyes
humanas son mudables. Las leyes físicas pueden ser ignoradas por
Dios cuando hace un milagro. Sin embargo, hay algunas leyes lógicas,
matemáticas y metafísicas de causa y efecto que ni siquiera Dios
puede cambiar. Además, ¿quién querría que Hitler se saliera con la
suya?
Como
seres humanos finitos consideramos el problema del mal dentro de las
limitaciones del tiempo, pero la verdadera solución todavía se
encuentra en el futuro. La vida presente es sólo por un momento
(Salmo 30:5; 2 Corintios 4:17), y es el dolor de parto de una
eternidad de dicha. El sufrimiento no es meramente un escándalo sin
propósito, porque hay algo más allá de este mundo.
En
última instancia, ninguna de estas explicaciones es totalmente
satisfactoria, porque la respuesta al sufrimiento es Alguien, no
algo. Al final del libro de Job, Dios se le reveló al patriarca
sufriente, antes que darle una respuesta bien pensada, pero el
siervo de Dios quedó satisfecho. El cielo es una Persona más que un
lugar, y es Alguien que podemos experimentar aquí. No necesitamos
saber por qué ocurren las cosas, sino, más bien, que alguien se
preocupa por nosotros y comprende nuestros sufrimientos. El amor
busca más la intimidad que la felicidad, por eso Dios no se aleja de
nuestro dolor (La Educación, p. 263).
Mi
amiga física teórica de Moscú necesitaba el toque personal de otro
que sufría como ella. Necesitaba conocer al Cristo que puede
"compadecerse de nuestras debilidades" (ver Hebreos 4:15).
Los
antediluvianos
Génesis 4 y 5 nos dan una breve vislumbre entre la caída y el
diluvio, entre los resultados del mal y la promesa de restauración.
El capítulo 4 ofrece elementos paralelos al capítulo anterior. Así
como Adán y Eva experimentaron conflictos conyugales, la relación
entre Caín y Abel degeneró en una rivalidad entre hermanos. Y del
mismo modo que Dios interrogó a Adán, confrontó a Caín. La tierra
llega a ser parte de una maldición, tanto en el capítulo 3 como en
el capítulo 4; y así como Adán y Eva fueron expulsados, lo mismo le
ocurrió a Caín.
El
libro de John Steinbeck, Al Este del Edén, sitúa la rivalidad
prototípica de los hermanos Caín y Abel en un contexto moderno. El
Adán de Steinbeck desea un Jardín del Edén para su esposa en el
centro de California. Considera llamar a sus hijos Caín y Abel, pero
finalmente los llama Aarón (Aron) y Caleb (Cal). La rivalidad entre
hermanos no se hace esperar. Aron tiene un buen corazón y acude al
fervor religioso para escapar a la corrupción del mundo. Cal, por su
parte, se vuelve celoso por el favoritismo que cree se le manifiesta
a Aron. Cuando Cal se entera que su madre es una prostituta, cree
que la maldad de ella se le ha transferido a él. Teme el rechazo y
su ira lo lleva a buscar venganza contándole a Aron la verdad sobre
su madre. Aron queda abrumado por la noticia, se une al ejército y
muere en la Primera Guerra Mundial, lo que hace que Cal quede
"marcado por la culpa". Su desesperación queda contrarrestada cuando
la familia lee Génesis 4. La criada de Adán destaca la palabra
hebrea timshel en el versículo 7 y señala que esta palabra brinda la
posibilidad de escoger. "Usted puede conquistar el pecado", le dice.
Cada persona puede escoger su propio destino moral aparte del legado
de sus padres. Finalmente, en su lecho de muerte, Adán advierte que
no debe aplastar a su hijo con la injusticia del rechazo, así que
bendice a Cal con una sola palabra: "¡Timshel!"
De
ratones y hombres, también de John Steinbeck, se refiere a la
maldición de Caín en términos de obreros agrícolas migratorios en
el centro de California. Los dos personajes principales se
manifiestan solicitud filial mutua, a diferencia de la mayoría de
los obreros inmigrantes que se niegan a ser "guarda de su hermano" y
prefieren vagar solos como Caín. Del mismo modo que Caín fue
condenado a nunca beneficiarse del fruto de sus labores, los
obreros inmigrantes vivían una miserable existencia económica.
Querían reconquistar un paraíso perdido, pero finalmente fracasaron.
Sin embargo, incluso el vagabundo puede encontrar la paz, porque,
como oró San Agustín: "Nos has hecho para ti, y nuestros corazones
no tendrán paz hasta que encuentren reposo en tí".
Génesis 4 continúa el registro divino de la historia humana después
de la expulsión de Caín con el desarrollo de innovaciones
culturales: la edificación de una ciudad, la crianza de animales,
la música de arpas y flautas, la metalurgia del bronce y el hierro,
e incluso la poesía de Lamec. Aquellos que se comprometen con Dios
encuentran que no son los únicos que han sido bendecidos con
talentos. La gracia común los beneficia a todos, porque Dios "hace
salir su sol sobre malos y buenos" (Mateo 5:45). Esto refuta la
falacia maniquea acerca de dos grupos distintos de los cuales
únicamente los justos tienen la verdad.[16]
Desgraciadamente, en la película Amadeus, Antonio Salieri aprende
esto en su relación con Wolfgang Mozart. Salieri es el músico de la
corte dedicado a componer la música religiosa, pero el frívolo
Mozart es quien ha recibido el don del genio musical. Dios emplea
instrumentos imperfectos para adelantar su causa: emplea a los
babilonios para castigar a Israel, a Darwin para reconocer las
variaciones en la naturaleza, la geología para buscar el petróleo, y
a usted y a mí para testificar de él.
Génesis 4 concluye con Set, quien provee un nuevo comienzo. The Song
of Eve (El Canto de Eva), de June Strong, brinda una percepción de
lo que pudo haber sido la vida antediluviana.[17] Los justos vivían
en las montañas lejos de las tierras de los impíos. Uno de los
"hijos de Dios" se ha casado con una de las "hijas de los hombres",
pero todavía recuerda sus raíces. La pareja tiene una hija que
visita las puertas del Jardín del Edén para adorar, allí escucha la
triste canción de Eva y decide seguir a Dios. Va a vivir a las
montañas con los justos y con el tiempo se convierte en la madre de
la esposa de Noé. Es un relato triste y hermoso.
La
restauración
Los
seres humanos tenemos la sensación innata de que debe haber algo
mejor, que algo se ha perdido. Reconocemos una ley que debemos
practicar pero no practicamos.[18] Por desgracia, ni siquiera
podemos vivir a la altura de nuestras propias normas.
Según
una perspectiva materialista, la esperanza de una mejora se realiza
por medio de la lucha de clases, hasta alcanzarse la utopía
socialista (George Bernard Shaw), el progreso evolutivo y la
iluminación (H. G. Wells), o la libertad de la represión y el
cautiverio del inconsciente (Sigmund Freud).[19] Pero Weinberg no
cree que "la ciencia provea alguna vez el consuelo provisto por la
religión para enfrentar la muerte".[20]
Pero
en vez del progreso continuo, la perspectiva bíblica describe una
triada: creación, caída y restauración.[21] El primer Adán fue
creado perfecto, pero poseía una naturaleza caída después del
pecado. El segundo Adán hizo posible una nueva naturaleza. El cielo
y la tierra, con el árbol de la vida, fueron creados perfectos hasta
que el pecado los echó a perder. La caída en el pecado hizo que
finalmente fueran destruidos (2 Pedro 3:10-13), pero Dios hará
después nuevas todas las cosas y restaurará el árbol de la vida en
la Tierra Nueva (Apocalipsis 22:2).
Génesis 3:15 promete la victoria sobre el mal, y desde allí, hasta
Apocalipsis 22, encontramos el objetivo de Dios: "Restaurar en el
hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que
había sido creado" (La Educación, pp. 15, 16; ver también El Deseado
de Todas las Gentes, p. 28).
El
Santuario nos da una expresión tangible de que Dios está haciendo
algo respecto del mal. La naturaleza muestra la esperanza de una
nueva vida cada primavera, y que incluso los horrores de Antietam y
Dachau pueden ser cubiertos por la tierra y la vegetación. Quizá no
digamos "O felix culpa" (Oh, culpa afortunada), porque lo que hemos
perdido es algo real, pero la caída y sus consecuencias resultarán
en una unidad cada vez más íntima con Dios (El Deseado de Todas las
Gentes, p. 17).
La
mañana siguiente a la muerte de mi padre me pasaron por la mente
muchos versículos acerca de la esperanza. Mientras me preparaba para
escribir este capítulo, hojeé un libro que le había regalado hace
tiempo: The Jesús I Never Knew (El Jesús que Nunca Conocí). En la
última página había escrito "Leído el 23 de enero de 2000". Mi padre
murió el 5 de febrero. Esa última página describía el funeral de una
abuela enterrada en un cementerio de Luisiana. "Según las
instrucciones de la abuela, sólo aparece una palabra en su lápida:
'Esperando'". [22]
Una
perspectiva teológica de Caín y Abel
Los
que estudian el relato de Caín y Abel generalmente notan el
contraste entre la manera en que cada hermano adoraba a Dios. Por lo
general, consideramos a Abel como ejemplo de alguien que reconoce
su necesidad de un Salvador, y Caín percibe la religión a través de
las obras y los esfuerzos humanos. Suponemos que Abel coloca su
dependencia en Dios y Caín en sí mismo. Pero la diferencia entre
ambos es mucho más que eso.
La
palabra hebrea para las dos ofrendas está relacionada íntimamente
con la ofrenda de granos de Levítico 2 y designa las ofrendas de los
hermanos en términos de "dones". Al parecer ambos trajeron sus
"dones" para expresar su gratitud a Dios. Pero Caín no tenía una
gratitud genuina en el corazón. Génesis 4:4,5 declara: "Miró Jehová
con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a
la ofrenda suya". La ofrenda reflejaba al dador. Por lo tanto, el
problema no radicaba en la ofrenda de Caín, sino en Caín mismo. El
relato bíblico no nos dice explícitamente cuál era su problema,
sino, más bien, nos permite contemplarlo en acción para que, como
resultado de su conducta, lo deduzcamos nosotros mismos. Caín
asesinó a su hermano. El asesinato es quitar la vida, algo que
pertenece únicamente a Dios. Siguiendo las huellas de sus padres,
Caín quería ser como Dios. Pero aquellos que quieren ser dioses son
egoístas. A diferencia del Dios verdadero, no se preocupan por los
demás. Y ese era el problema fundamental de Caín.
Observamos este egoísmo y arrogancia en su respuesta a Dios cuando
le preguntó: "¿Dónde está Abel tu hermano?" (Génesis 4:9). Caín
repuso: "No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?" (verso 9). El
primer asesino no era, ciertamente, el guarda de su hermano, aunque
debió haberlo sido. En vez de aceptar a su hermano y encontrar en la
relación de Abel con Dios un modelo de las relaciones entre Dios y
los hombres, Caín permitió que su ira y su rivalidad se convirtieran
en una bestia salvaje que dominó completamente su vida.
Dios
creó a los seres humanos para cuidar unos de otros, así como él
cuida de toda la creación. Pero el pecado siempre coloca cuñas entre
las personas. Esas cuñas o barreras pueden estar formadas de celos,
odio, culpa o una lista infinita de otros problemas y motivaciones.
Caín
no era en verdad el guarda de su hermano. Pensaba que no necesitaba
a nadie. Incluso su relación con Dios era superficial en el mejor de
los casos. Pero cuando el Señor le dijo que el castigo por el
asesinato de su hermano sería vagar hasta el fin de sus días, Caín
advirtió su necesidad de comunión con otros seres, incluyendo a
Dios. Lo asaltaron dos temores abrumadores: el temor a otros seres
humanos, y el horror de verse apartado para siempre de la presencia
de Dios (versos 13, 14). Aunque se había apartado de los seres
humanos y de Dios durante gran parte de su vida, no había advertido
esta necesidad hasta ese momento. Pero esa comprensión no lo cambió,
según observamos en los versículos 23 y 24. Habiendo abandonado "la
presencia de Dios" (versículo 16), en más de un sentido, todavía no
había aprendido lo que significaba, verdaderamente, ser guarda de su
hermano.
Notas y Referencias:
[1] Mary Shelley, Frankestein; or the Modern Prometheus, [Frankestein
o el Prometeo moderno] (1818); p. 42
[2] Ibíd., p. 192
[3] lan Plimer, Telling Lies for God: Reason vs Creationism
[Mintiendo en nombre de Dios: La razón frente al creacionismo],
(Australia: Random House, 1994)
[4] Philip Yancey, The Jesús I Never Knew [El Jesús que nunca
conocí], (Grand Rapids: Zondervan, 1995); pp. 69-80
[5] Ibíd.,p.81
[6] Stephen lay Gould, Ever Since Darwin: Reflections in Natural
History [Desde Darwin hasta el presente: Meditaciones sobre la
historia natural], (Norton, 1992); pp. 91-96
[7] Claire Ainsworth, et al.; “Life’s Greatests Inventions” [“Las
grandes soluciones de la vida”) [New Cientist, 9 de abril de
2005); p. 32
[8] Leonard
Brand, "What are the Limits of Death in Paradise?"
["¿Cuáles son los límites de la muerte en el paraíso?"), Journal
Adv. Theo. Soc. (tomo 14, Nº 1, primavera 2003); p. 79
[9] C. S. Lewis, El problema del dolor, (Madrid: Rialp, 1994), p.
23
[10] Madeleine L'Engle, Walking on Water: Reflections on Faith and
Art [Caminar sobre el agua: reflexiones sobre la fe y el arte], (WaterBrook
Press, 1980); p. 19
[11] Weinberg, pp. 255, 256
[12] Richard N. Ostling, "Protestant philosopher at Notre Dame
carves out intellectual room for God and miracles" [Filósofo
protestante en Notre Dame deja lugar para Dios y los milagros),
(Associated Press, 23 de marzo, 2005)
[13] Peter Kreeft, Making Sense Out of Suffering [Para comprender
el sufrimiento), (Ann Arbor, Mich.: Servant Books, 1986)
[14] Jack W. Provonsha; A Remnant in Crisis [Un remanente en
crisis], (Hagerstown, Md.,: Review and Herald Pub. Assn.; 1993),
p. 75.
[15] Lewis, pp. 37-43
[16] Mark A. Noll, p. 52, The Scandal of the Envangelical Mind [El
escandalo de la mente evangélica], (Grand RApids: Eerdmans, 1994),
p. 52
[17] June
Strong, Song of Eve [El canto de Eva]; (Hagerstown; Md.,: Review
and Herald Pub.
Assn.);
1987.
[18] C. S. Lewis, Mero cristianismo. Madrid: Rialp, 2001, pp. 22,
23
[19] Yancey, Soul Survivor, p. 57
[20] Weinberg, p. 260
[21] Edwards, p. 13
[22] Yancey, The Jesus I Never Knew, p. 275.
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