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Hace setenta y cinco años, William Temple, el entonces arzobispo de
Canterbury, llamó al movimiento ecuménico “el gran acontecimiento nuevo de
nuestra era”. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el ecumenismo no
sólo ha llegado ya a no ser nuevo, sino menos original y vital. Alcanzó su
punto máximo alrededor de 1970. Se percibía una cierta euforia tras el
Concilio Vaticano II. Se veía la unidad orgánica de las iglesias como una
posibilidad real. Se esperaba que la Iglesia Católica Romana pronto se
uniría al Concilio Mundial de Iglesias. Florecían varias uniones de
iglesias significativas y se entablaban diálogos entre diversas
denominaciones.
La mayoría de los observadores del escenario ecuménico consideran la
Conferencia Misionera Internacional de 1912 como la “cuna” del movimiento
ecuménico. A partir de ese comienzo se desarrollaron tres corrientes
ecuménicas independientes (aunque relacionadas entre sí): 1) El Concilio
Misionero Internacional, 2) la Comisión de Fe y Orden (teología), y 3) el
Movimiento de Vida y Trabajo (problemas socio-económicos). Estas se
unieron en 1948 y 1961 para formar el Concilio Mundial de Iglesias (CMI;
WCC, en inglés), con su oficina central en Ginebra, Suiza. El CMI comenzó
en 1948 con 147 iglesias, y ahora incluye más de 330 iglesias que son
miembros, la mayoría de ellas son nacionales. Se celebraron ocho
asambleas, la última de las cuales se realizó en Harare, Zimbabwe, en
diciembre de 1998.
Durante los años formativos del movimiento ecuménico, la Iglesia Católica
Romana (ICR) se mantuvo fuera de él, y en general fue hostil hacia el CMI.
En realidad, hubo severas advertencias tanto del papa como del Santo
Oficio con respecto a las relaciones ecuménicas. Entonces, en una movida
más bien dramática, la ICR se revirtió y en 1964 aceptó el ecumenismo en
el Concilio Vaticano II. Un año más tarde, se produjo otro avance cuando
el Concilio Vaticano aceptó el concepto de libertad religiosa. Estas dos
modificaciones radicales de las reglas pasadas están relacionadas entre
sí: Es difícil visualizar el ecumenismo sin por lo menos alguna forma de
libertad religiosa. Hoy Roma desempeña un papel principal en el movimiento
ecuménico y es la iglesia que está más involucrada en los diálogos inter-confesionales
y los institutos ecuménicos. En cierto modo era de esperarse, ya que por
lejos es la iglesia cristiana más grande.
Pero la gran pregunta ecuménica que ahora nos confronta es: ¿Cuán real y
cuán fuerte es el movimiento ecuménico hoy, al enfrentar los inciertos
años del nuevo milenio? Es hora de hacer un control de la realidad.
Control 1: La ilusión de la unidad orgánica
La realidad está, finalmente, entrando en el movimiento ecuménico. Hoy la
mayoría de los ecumenistas parecen darse cuenta de que la unidad orgánica
mundial de las iglesias cristianas es una ilusión. Además, la ICR no se
unirá al CMI como está constituido actualmente. Aunque ha habido muchos
diálogos exitosos entre los teólogos, ha habido relativamente poco interés
en la unidad orgánica entre las iglesias mismas, y un efecto sólo moderado
sobre la vida y la doctrina de las iglesias.
Control 2: Declinación
Otro aspecto de la realidad en el nuevo milenio es que las iglesias así
llamadas “principales” —aquellas iglesias que se ven más involucradas con
el CMI— han estado declinando. Podría ser más correcto llamarlas, por lo
menos a algunas de ellas, las iglesias “antiguas” o “secundarias”,
especialmente con respecto a las pérdidas significativas de feligreses en
ciertos países.
El crecimiento de las iglesias pertenece ahora a los evangélicos
conservadores, los pentecostales, los bautistas, y los adventistas del
séptimo día. Estas iglesias tienden, mayormente, a vacilar acerca del
ecumenismo, si no son directamente hostiles a él.
Control 3: El peligro del fundamentalismo
Al ingresar al nuevo siglo, ha llegado a ser cada vez más claro que el
fundamentalismo religioso creciente, o extremismo, es una fuerza a tomar
en cuenta. En cierta forma, es una reacción tanto contra el ecumenismo
como contra la secularización. El fundamentalismo es peligroso para la
libertad religiosa porque sus celotes no sólo están seguros de que poseen
la verdad, sino que sienten la obligación de imponerla a los demás. Otra
tendencia contemporánea es el nacionalismo y cuando se une con el
fundamentalismo religioso, como sucede actualmente en diversos países,
forman una mezcla explosiva que es hostil, por no decir destructiva, tanto
para la libertad religiosa como para el ecumenismo. En realidad, en
ciertas partes del mundo existe el peligro real no sólo de limpieza
étnica, sino también religiosa.
Control 4: Unidad orgánica contra unidad visible
El sueño de la “unidad orgánica” entre las iglesias ahora está siendo
reemplazado en los círculos del CMI por la visión de la “unidad visible”,
centrándose en tres elementos esenciales: 1) la aceptación mutua del
bautismo, 2) la intercomunión (la aceptación mutua del servicio
eucarístico), y 3) el reconocimiento mutuo de los ministros ordenados de
cada iglesia. En relación con esto, es necesario decir que aunque los
adventistas practican la comunión abierta, aceptan como válido sólo el
bautismo por inmersión de los creyentes. Aunque reconocen que los
ministros de las otras iglesias que elevan a Cristo son “pastores del
rebaño” y están involucrados con el plan de Dios para la evangelización
del mundo, la Iglesia Adventista no reconoce la ordenación ministerial de
los otros cuerpos religiosos, en particular el concepto del “sacerdocio”
con todas sus connotaciones históricas y teológicas.
Control 5: El consenso ecuménico de Roma
El consenso ecuménico en la ICR es buscar por lo menos cierta medida de
acuerdo en cinco áreas principales: 1) la relación entre las Escrituras y
la tradición; 2) la eucaristía como un sacrificio conmemorativo que
involucra la presencia real de Cristo; 3) la triple ordenación de
diáconos, sacerdotes y obispos en la sucesión apostólica; 4) el magisterio
o autoridad de enseñanza del papa y de los obispos, incluyendo la primacía
universal del papa; y 5) el papel de la Virgen María como madre e
intercesora.
Aquí es donde hay una enorme valla teológica. Los protestantes y los
católicos todavía se hallan distantes entre sí en muchos puntos, aunque no
tanto como parecían estar en lo pasado, como se indicó recientemente en la
declaración del acuerdo entre la ICR y la Federación Mundial Luterana con
respecto a la justificación por la fe. En realidad, ha habido un
acercamiento asombroso entre los evangélicos conservadores y los
católicos. Aunque no debe exagerarse esta convergencia, ya que el golfo
doctrinal entre ellos es todavía grande, hay que reconocer que hay una
cooperación creciente a lo largo de las líneas socio-políticas,
especialmente con respecto al aborto, al casamiento y a los valores
familiares.
Control 6: El problema del proselitismo
Un problema con implicaciones ecuménicas que está llegando en forma
creciente a ocupar el primer plano, es el proselitismo. La que una vez fue
una palabra positiva, al
proselitismo se le ha dado una connotación peyorativa en años
recientes. En el pasado se refería esencialmente a convertir a una persona
de una creencia a otra, que es precisamente lo que procura hacer la
evangelización. Hoy a menudo se la usa con referencia al testimonio
corrupto, es decir, el uso de la coerción o incentivos materiales o
distribución de informaciones falsas con el fin de ganar conversos.
Algunas personas van tan lejos como usar la palabra “proselitismo” para
significar cualquier forma de evangelización entre personas ya bautizadas,
sin importar si viven su relación con Cristo y una iglesia cristiana.
Es preferible hablar de “falso proselitismo” cuando se hace referencia a
los métodos erróneos de evangelismo, para evitar el peligro de condenar la
evangelización en general, por lo menos en muchas partes del mundo. Tal
posición es inaceptable por cuanto el testimonio y el evangelismo son
mandatos divinos para los cristianos. Además, el derecho de enseñar y
diseminar la religión de cada uno, hoy es reconocido como un derecho
humano, como lo es el derecho de recibir información religiosa y cambiar
de religión. El evangelismo llega a ser un falso proselitismo cuando una
persona o un grupo hacen declaraciones y acusaciones falsas, cuando existe
la lisonja y se dan incentivos materiales con el fin de cambiar o mantener
una religión, o cuando se fomentan las contiendas, el odio, el antagonismo
competitivo o el ridículo. La Iglesia Adventista del Séptimo Día rechaza
directamente estas tácticas.
Control 7: Crisis
Actualmente el CMI se halla en una crisis financiera e ideológica. Por
ejemplo, los representantes ortodoxos orientales afirman que ellos
probablemente abandonarán el CMI a menos que ocurra una reorganización
radical. El cambio que piden es sustancial: quieren tener más voz en las
actividades del concilio, y objetan la decisión de las relaciones entre
iglesias por el voto de una mayoría y prefieren que las decisiones se
tomen por
consenso.
Algunos líderes ortodoxos hasta han sugerido la creación de un segundo
cuerpo (como lo tienen muchos parlamentos), y han propuesto que la
representación se dé en cuatro familias de iglesias: Católica Romana,
Ortodoxa, Reformada y Libre. Por otro lado, las iglesias ortodoxas dan una
contribución financiera más bien pequeña al CMI.
Como ya se indicó, la ICR no tiene planes de unirse al CMI y llegar a ser
una iglesia entre más de 300. ¿Cómo podría hacerlo? ¡Roma es mucho más
poderosa e influyente que Ginebra, donde están ubicadas las oficinas
centrales del CMI! Uno recibe la impresión creciente de que tal vez el CMI
necesita a la ICR para arrancar el motor ecuménico actualmente débil.
¡Es siempre peligroso profetizar, especialmente acerca del futuro! Sin
embargo, unas pocas cosas parecen claras. Los adventistas han atribuido,
tradicionalmente, papeles apocalípticos importantes tanto a los Estados
Unidos de América como al papado. Ahora hay sólo un super-poder político
real, los Estados Unidos, y sólo un super-poder religioso-político, el
papado, la Iglesia Católica Romana.
En relación con esto, para usar un término deportivo, el Concilio Mundial
de iglesias está realmente jugando en las “ligas menores”. El papel
geopolítico creciente de Roma es evidente por sí mismo. Cada vez más se
considera al papa como el vocero virtual del cristianismo y, tal vez, de
las religiones del mundo. Aun los musulmanes lo han llamado “santo Padre”.
El escenario profético escatológico se está preparando.
Bert B. Beach
(Ph.D., Universidad de París, Sorbonne) es el director de relaciones entre
iglesias de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Su
dirección es: 12501 Old Columbia Pike; Silver Spring, Maryland, 20904;
E.U.A. |