|
Las tres
mayores religiones monoteístas del mundo —el cristianimo, el
judaísmo y el islamismo— consideran a Abraham como el padre de
los fieles. Las dos primeras remontan su descendencia espiritual
a Isaac, el hijo de Abraham y Sara, mientras que el islamismo lo
hace con Ismael, hijo de Abraham y Agar. Y así como se
produjeron fricciones entre Sara y Agar respecto de sus hijos,
la relación entre las tres religiones que surgieron de Abraham
han tenido grandes altibajos.
Hoy en día,
el islamismo suele estar en las noticias. Los medios tienden a
presentar esta religión de manera negativa: terroristas
suicidas, guerras en Afganistán e Irak, violencia en el Líbano,
tensiones entre los israelitas y los palestinos, y así
sucesivamente. Cada vez más occidentales ven al islamismo como
una religión remota y amenazadora, una religión asociada con la
violencia y la opresión de las mujeres, que son ciudadanas de
segunda categoría y son forzadas a usar velos o pañuelos en la
cabeza.
Los
ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y al
Pentágono, y las explosiones del metro de Londres cristalizaron
y endurecieron las actitudes hacia los seguidores del islamismo.
Muchos habitantes de los Estados Unidos y Europa sienten
incomodidad, sospecha y aun abierta hostilidad. Algunos
predicadores evangélicos han agitado las llamas del prejuicio y
la intolerancia, pronunciando predicciones apocalípticas de una
lucha mundial entre el cristianismo y el islamismo.
Ante esta
situación de relaciones cada vez más deterioradas, ¿cómo
deberíamos relacionarnos los adventistas con el islamismo y sus
seguidores? Esta es una pregunta que no puede ser obviada. Como
fervientes seguidores de Cristo, no podemos evitarla: Cristo nos
llama a amar a todos, aun a los que podríamos considerar
nuestros enemigos (Mat. 5:44, 45). Como adventistas, no podemos
evitarla: el islamismo es una religión mundial, así como lo es
la nuestra; al cumplir nuestra misión mundial, tendremos que
relacionarnos con los musulmanes.
Expreso mi
opinión como preocupado siervo del Señor y de la Iglesia
Adventista que en el presente se halla trabajando en pro de las
relaciones entre personas de diversas religiones. Según creo,
los siguientes puntos son los objetivos básicos a alcanzar:
1.
Deberíamos ser justos y exactos
en la representación del islamismo y sus adeptos.
Debido al temor que acecha al mundo, es fácil quedar atrapados
por las generalizaciones, distorsiones y mitos como los
siguientes:
♦Todos
los musulmanes son iguales. No es así. El islamismo varía
mucho de un lugar a otro. Abarca desde Marruecos hasta el Medio
Oriente, de Pakistán hasta la India y también Indonesia, que es
el país con mayor predominio musulmán. El islamismo está
creciendo con fuerza en Europa y Norteamérica, donde pronto será
la segunda religión en número de practicantes. Los gobiernos de
estas naciones islámicas son muy diferentes entre sí, y van
desde los fuertemente seculares (como Turquía) a los
decididamente religiosos (como Arabia Saudita). Varios países
musulmanes (Pakistán, Bangladesh, Turquía e Indonesia) han
elegido mujeres como primeras ministras o presidentas.
♦El
islamismo es violento. Es injusto catalogar una religión
basándose en las acciones de grupos periféricos extremos, así
como sería injusto aseverar que el cristianismo es una religión
violenta porque algunos cristianos atacan las clínicas
abortistas o porque las naciones cristianas lucharon en las
Cruzadas y ahora están en guerra con Irak y Afganistán.
♦El
islamismo no tolera otras religiones. Al comparar las
religiones, surge la tentación de comparar lo mejor de mi
religión con lo peor de las demás. El estudio de la historia
arroja mucha luz sobre el tema. Lo cierto es que ninguna de las
tres religiones basadas en Abraham aventaja a la otra en lo que
respecta a la tolerancia. Los cristianos han perseguido a los
judíos y a los musulmanes, los judíos han perseguido a los
cristianos y a los musulmanes, y los musulmanes han perseguido a
los cristianos y a los judíos. Hoy en día, sin embargo, algunas
naciones islámicas no parecen dispuestas a reconocer otras
religiones en sus territorios, aunque procuran que los
musulmanes sean reconocidos en otros países.
2.
Deberíamos proclamar la
libertad religiosa para todas las personas. Así
como los adventistas promovemos la libertad religiosa en
beneficio propio y de otros cristianos, también deberíamos
defender el derecho de los musulmanes de practicar su fe. Los
adventistas deberíamos ayudar a despejar los prejuicios, las
distorsiones y los mitos que rodean al islamismo. Si una mujer
musulmana elige cubrirse la cabeza, eso no debe ser motivo de
burla. No resulta más extraño que la práctica de las monjas
católicas u ortodoxas que también se cubren la cabeza.
3.
Dejando de lado sentimientos
estrechos, deberíamos orar para que el Señor nos ayude a amar a
los musulmanes.
No porque sean nuestros enemigos, porque no lo son; sino
porque todos somos hijos espirituales de Abraham y en último
término hijos del mismo Padre celestial.
¿Tenemos
vecinos musulmanes? Procuremos conocerlos, interesémonos en
ellos, invitémoslos a comer, analicemos nuestras creencias
comunes en el Dios que creó todas las cosas y en el pronto
regreso de Cristo. ¿Tiene cubierta la cabeza la mujer de la
tienda donde compramos provisiones? Seamos amables y conversemos
con ella.
4.
Procuremos dialogar con los
líderes islámicos. La realidad es que tanto su
religión como la nuestra ocupan el mismo territorio, puesto que
son religiones mundiales. Deberíamos procurar conocerlos mejor y
ayudarlos a que sepan cuáles son nuestras creencias y
convicciones.
Hace poco
asistí a una conferencia que en sí misma disipó algunos de los
mitos actuales asociados con el islamismo. El estado de Qatar
patrocinó un diálogo interreligioso que reunió a unos 150
líderes y eruditos de las tres grandes religiones mundiales. La
conferencia, centrada en el tema “Los valores espirituales y la
paz mundial”, fue organizada por la Facultad de Estudios y
Derecho Islámicos de la Universidad de Qatar. Aisha Yousef Al-Mannai,
decana de esa facultad, estuvo a cargo de la planificación y
dirección del diálogo. Es una persona de fino intelecto y
personalidad atractiva, es una mujer valiente. Era de esperar
que saltaran chispas en discusiones como éstas, donde hubo
representantes de Irak, Afganistán, los palestinos, Israel,
Estados Unidos y el Reino Unido sentados a la misma mesa. Y así
fue.
Aunque la
mayoría eran hombres, las mujeres estuvieron bien representadas.
Participaron en las discusiones, presentaron trabajos escritos y
coordinaron sesiones. Varios participantes nos rogaron
públicamente a los occidentales que ayudáramos a disipar las
distorsiones relacionadas con el islamismo que tan de moda se
encuentran en nuestros países.
Un
resultado concreto de la conferencia fue la declaración oficial
de Su Majestad el Jeque Hamad ben Califa Al Thani, emir del
Estado de Qatar, por la que se creó un Centro Internacional de
Diálogo Interreligioso, con sede en Doha, Qatar. La junta
asesora internacional del organismo está compuesta por líderes y
eruditos de diversos países que representan al islamismo, al
cristianismo y al judaísmo.
En tiempos
como éstos, la causa de la paz necesita de toda la ayuda que sea
posible. Como adventistas, un pueblo que renuncia a toda forma
de violencia y que toma con seriedad el llamado de Cristo a ser
pacificadores (Mat. 5:9), tenemos un papel a desempeñar.
Lleguemos con amor hasta nuestros hermanos y hermanas
musulmanes, quienes también son los hijos espirituales de
Abraham.
William G. Johnsson, asistente de Relaciones Interreligiosas del
Presidente de la Asociación General |