El Primado de Pedro: Una interpretación Discutida
Es cierto que el sentido conciliatorio que la teología ha
tomado en esta época ecuménica, parece rechazar la necesidad
de resucitar puntos que como éste provocan a una discusión
más o menos agresiva. No es nuestra intención hacer
desenterrar "el hacha de guerra". Tan solo queremos
manifestar las razones de nuestra no aceptación, razones que
como se verá son lógicas y respaldadas, según creemos, en la
autoridad de la Biblia y de la temprana tradición.
Hoy, el "Primado de Pedro" se observa de diferente forma a
como se observaba en siglos pasados. Por un lado el
protestantismo ha "bajado la guardia", y por otro lado el
catolicismo, no necesita ya tanto defender su exclusividad
con la doctrina del Primado. No cabe duda que esta situación
no ha sido totalmente voluntaria, han habido unos factores
que la han hecho posible. En efecto, el protestantismo, al
menos el histórico, se ha estancado, y por otra el
catolicismo se ha "protestantizado" hasta tal punto que la
doctrina del Primado a los ojos de muchos "de los hijos
predilectos de los Reformadores" se hace incluso necesaria.
Siguiendo la trayectoria de los comunicados que la prensa
diaria nos ofrece podríamos traer a colación numerosos
ejemplos respecto a la aceptación del Primado de Roma por
miembros cualificados de confesiones salidas de la Reforma.
Ya en el siglo pasado Broadus
,
después Bonnet –Schoeder
,
Cullman
en 1952, y otros que mencionaremos posteriormente coinciden
en que la PETRA sobre la que está fundada la Iglesia, es la
persona de Pedro, y comentan en sus respectivos lugares
sobre Mateo 16, que la mayoría de autores protestantes
coinciden también.
Es cierto que no obtienen los resultados que el Catolicismo
consigue de dichos pasajes, pero podría ser sintomático de
una época que permite las bases de otra, en la que se
obtendrán frutos que harán posible la aceptación de dicho
"Primado" con todo lo que esto implica.
Es a partir de 1975 que se hace sensiblemente ostensible un
acercamiento en esta dirección. Ecclesia, el órgano
oficial del Vaticano
hacía notar los progresos que existen entre las principales
denominaciones protestantes (anglicanos y luteranos),
respecto a este asunto. El 19 de Enero de 1977, se publicaba
en diferentes diarios el nuevo paso de acercamiento entre
anglicanos y católicos: una comisión mixta de teólogos había
reconocido el Primado histórico del Obispo de Roma
.
Evidentemente que este reconocimiento no ha pasado todavía
en el año 2000 a la aceptación de un magisterio infalible en
la persona del Papa. Aun cuando la aproximación se va
estrechando cada vez más, el Ecumenismo parece congelar este
asunto por cuanto desde las mismas filas católicas han ido
apareciendo posiciones contrarias al punto de vista que
sobre este aspecto retienen los papas.
Nos encontramos, de algún modo paralizados entre una
exégesis protestante, tanto fundamentalista como liberal,
que aportan ciertas concesiones respecto al pasaje de Mateo
16:16-18, y por otra parte a nivel de práctica, numerosos
teólogos católicos se replantean hoy la cuestión de la
infalibilidad papal desde una posición radical, llegando a
la negación de dicha atribución.
Polémico fue el libro de Hans Küng, donde se pone en duda no
sólo la infalibilidad del Romano Pontífice, sino incluso la
de la Iglesia. Su estudio es importante por cuanto su
interpretación se debe no a un cisma con la Iglesia Romana,
sino a un estudio serio de las posibilidades de la Escritura
respecto al asunto de la infalibilidad. Hans Küng concluye
en uno de sus apartados, diciendo, que en los textos
escriturarios nada se dice sobre la cuestión de la
imposibilidad de caer en el error por parte de aquellos que
han de recibir la Palabra de Dios
.
Hans Küng se pregunta con valentía "¿Quien sucede a los
apóstoles?". Su respuesta es categórica y diáfana:
<<la Iglesia. No algunos particulares; la Iglesia entera
sucede a los apóstoles>>
.
John L. McKenzie también es un teólogo católico que afirma
que no se tiene base en la Escritura para decir que ésta
apoya la existencia de una Jerarquía, y de un Primado
potestativo de Pedro
pero que sin embargo admite la posibilidad de una evolución
del dogma.
Küng va todavía mas lejos que John L. McKenzie puesto que no
admite la posibilidad de una evolución en dicho dogma, y
además pone en cuestión las formulaciones que la Iglesia
Romana suscita al tratar este tema
.
Ya anteriormente un obispo católico, Francis Simons ponía en
tela de juicio tanto la infalibilidad del Romano Pontífice
como la de la Iglesia
.
Aquí se expresa claramente que no se necesita que la Iglesia
sea infalible puesto que el contenido escritural es
suficiente. Lo revelado expresa con suficiente claridad lo
que es verdad.
Lo más sorprendente fueron las declaraciones de todo un
cardenal conservador como Monseñor Lefevre: "El papa puede
ser desobedecido cuando no sigue lo que la tradición ha
estado enseñando"
.
Las declaraciones de Monseñor Lefevre, aunque con matices e
intereses diferentes, sólo son comparables a las de Lutero y
otros reformadores. El sentido de las palabras "de que el
papa puede ser desobedecido cuando éste no está de acuerdo
con la tradición anterior", es muy significativo, puesto que
la pregunta que se impone es si debemos obedecer dicha
tradición anterior si estuviera en desacuerdo con la fuente
de toda tradición es decir, si está en desacuerdo con la
Biblia ¿por qué detenernos en Pío X para observar que Paulo
VI está equivocado? ¿Por qué utilizar a los papas anteriores
a Paulo VI como Cánones sin remontarnos a las fuentes del
cristianismo?
El que tanto católicos como protestantes se estén planteando
de nuevo esta cuestión, es una evidencia de que dicho asunto
no está tan claro para personas que como creyentes se
esfuerzan en vivir su cristianismo. Ahora bien, en el fondo
del problema ¿cuáles son los motivos que llevan a diferentes
pensadores a discrepar en este dogma teológico, causa de
discusión a través de la historia eclesiástica?
Entre 1990-1997, la exégesis católica ha replanteado de
nuevo este asunto en diversos libros. Se llega a la
conclusión de que no hay bíblicamente base para una doctrina
como la del Papado
.
Sin duda que los motivos principales no están en que algunos
Papas se hayan comportado indignamente. O que otros hayan
hecho del pontificado un escuela militar y política. O que
hayan inducido y tolerado instituciones tales como la
Inquisición. Ni siquiera que se hayan pronunciado en
oposición a las declaraciones de algún predecesor. Ni que un
concilio les haya juzgado y depuesto. Ni incluso
formulaciones, respecto al control de natalidad u otras
cuestiones modernas, que escandalizan a diversos teólogos
católicos.
Creemos, que todo esto, todo lo más, son consecuencias, pero
jamas pueden constituir el motivo principal. Los motivos
creemos encontrarlos en la Biblia y en la historia. El tipo
de Iglesia que requiere la concepción piramidal de una
monarquía absoluta como la que predica y exige el sistema
papal anuncia un origen totalmente pagano y ajeno al Nuevo
Testamento.
Ciertos autores han favorecido siempre la interpretación de
que no hay nada en los textos bíblicos que nos pueda llevar
a pensar en una infalibilidad por parte de los llamados
sucesores de Pedro. Ni tampoco que los pasajes que
normalmente se usan para demostrar dicha infalibilidad y
sucesión sean de tal naturaleza que prueben dichas
pretensiones. Todavía más, el pasaje de Mateo 16:18, lo han
interpretado como que la piedra sobre la que se
edifica la iglesia no es Pedro sino Cristo. No observan por
lo tanto ningún Primado por parte de Pedro, y por lo tanto
no aceptan la doctrina de la "sucesión apostólica", según la
cual las prerrogativas y atribuciones de Pedro, que según
algunos obtienen de ciertos textos, pasan a los sucesores de
Pedro. La Sucesión Apostólica no puede sustentarse con la
Escritura, autores católicos representativos llegan a esta
conclusión.
R. Schnackemburg reconoce que es difícilmente posible dar
una respuesta con la Escritura respecto a la existencia de
una Sucesión Apostólica
.
E. Schillebeeckx, prefiere pensar que la estructura
episcopal monárquica no es inmutable desde el punto de vista
dogmático
. Y. M. J. Congar nos dice que para el asunto de la Sucesión
Apostólica no se puede aplicar el principio de la 'sola
Escritura'
.
En 1991 Miguel M. Garijo Guembe
comenta:
<<Que los obispos sean sucesores de los apóstoles -como reza
la tesis capital católica (...) es algo que no puede
demostrarse en una consideración histórica>>.
Klaus Schatz en 1996
se reitera en la dificultad de probar con la sola Escritura
el asunto del Primado con todo lo que implica desde el punto
de vista Católico Romano.
José Ignacio Gonzalez Faus en 1997 recoge todas las
publicaciones que desde 1995 habían estado saliendo sobre
este asunto, y sus conclusiones mantienen esta misma
consideración de los estudiosos católicos
:
La existencia de dificultades insuperables de que con la
sola Escritura pueda admitirse una ideología como la de la
infalibilidad papal.
Diversos autores evangélicos rechazan una exégesis que
identifique a petra con Pedro además de que el texto
haga alusión a una sucesión apostólica y que se pueda
obtener, incluso con otros textos, consecuencias como la de
la infalibilidad
.
Estas conclusiones las obtienen no solo por un estudio de la
Patrística, en la que comprueban que la interpretación que
los padres de la iglesia han hecho de dicho pasaje, no solo
no justifica la interpretación posterior, sino la
inexistencia de la aplicación del pasaje de Mateo 16:18 para
cualquier dogma relativo al Primado
.
No sólo llegan a esta conclusión por lo que acabamos de
expresar, sino también porque observan que los primeros en
utilizar dicho texto, lo hacen cuando, debido al rumbo que
toma la política eclesiástica, buscan la forma de apoyar
"bíblicamente" las pretensiones que el Obispo de Roma tiene
a la primacía de la Iglesia
.
No sólo esto, sino que además, hacen una análisis de todos
los textos relativos a Pedro, y a la pretendida primacía,
observando la inexistencia de la supremacía de Pedro y de
todas las consecuencias teológicas que del texto de Mateo
16:17-19 se han obtenido
.
1. El Sentido Papal del Pasaje en Cuestión
No queremos ignorar los pasajes clásicos en los que se ha
obtenido la base para cimentar la doctrina del Primado,
Sucesión e Infalibilidad.
Partiendo de Mateo 16:17-19, se piensa que Cristo confirió
al apóstol Pedro una Jefatura especial, no sólo sobre todos
los creyentes "comunes", sino incluso sobre el resto de los
apóstoles. Pero Pedro, vendría a ser aquí, no sólo una
realidad presente mientras viviere, sino además algo que se
actualiza a través de la historia por medio de unos
sucesores. Esa Jefatura consiste no solo en una Potestad,
sino además en el ejercicio de un Magisterio exento de todo
error. Este sería el sentido del "atar y desatar"
El cambio de nombre de Simón a Cefas, tiene que tener un
significado. El significado sería, según el pensar que nos
referíamos, que Cristo ha previsto un Fundamento para su
Iglesia: una 'Roca'. Y esta elección ha recaído sobre
"Pedro", según este sentido la Iglesia entera está edificada
sobre la Roca inconmovible que es Pedro. Pero aquí, como
anteriormente, no sólo se está refiriendo al Pedro
histórico, sino también a todos los sucesores. Además a
Pedro se le dice claramente Cefas, puesto que Jesús habló en
arameo, y se dice sobre esta 'Cefas' edificaré mi iglesia.
Los textos de Juan 21:15-17, serían también significativos,
siguiendo esta línea de interpretación, ahí, Pedro sería
confirmado en su cargo de "Obispo Universal".
Por último, Pedro es mencionado en diferentes ocasiones el
primero. No sólo es puesto el primero de las listas de los
apóstoles, también lo es en la que se cita a los testigos de
la resurrección. Casi siempre es presentado como el primero
que responde. Es el primero en predicar después de la
ascensión de Cristo. Es el primero en abrir "ese Reino" a
los gentiles. Desde luego es indiscutible un líder de la
primitiva comunidad cristiana. En todo colectivo es preciso
que alguien se destaque. Eso es algo puramente natural y que
no justificaría una teoría que como la del Primado Papal no
se encuentra ni explícita ni implícitamente en la Escritura.
2. El Sentido Protestante y de ciertos Teólogos Católicos al
Texto
J. Broadus
,
Cullman
respecto al famoso pasaje de "Tú eres Pedro" y una mayoría
de intérpretes protestantes y católicos de la actualidad
,
admiten que si bien la posición de Pedro, con una especie de
autoridad sobre los doce, no está claramente afirmada se
podría afirmar el que Pedro fuera una piedra mas del
fundamento, sin que por ello hubiera que creer en un
fundamento único y especial.
Lo que ahí se diría, sería, que la Iglesia está fundada
sobre él, pero esto no significaría ni la sucesión ni la
infalibilidad, ni el primado, sino tan solo la promesa de un
honor y cargo que todos los demás apóstoles también tienen
como fundamentados del mismo modo (Efe. 2:20), e incluso los
profetas antiguos, adicionándose los creyentes posteriores
(1ª Ped. 2:5).
Es una oportunidad que aprovecha Jesús; y puesto que su
interlocutor, en esa ocasión es Pedro, se le dice a él
particularmente, como después se le dirá de una forma
general a los demás (Mat. 18:18).
Y sobre todo es una oportunidad propicia por cuanto Jesús no
sólo diría a Pedro lo que también la Palabra iba a decir de
otros, sino que además añade algo que solo Pedro iba a
efectuar: abrir "la puerta del Reino" a los gentiles por
medio de "las llaves".
No cabe duda que si bien es cierto que "la Palabra" hace una
diferencia importante entre el fundamento de los apóstoles
respecto a la contribución que del fundamento hacen los
profetas y los creyentes denominados "Piedras Vivas", no es
menos cierto que esa diferencia no se encuentra entre los
apóstoles respecto de Pedro. Al contrario Pedro está siempre
incluido como uno más (Ef. 2:20, 1 Cor. 12:27, 28 y Apoc.
21:14).
No cabe ninguna duda que todo lo que se puede hacer decir de
Pedro, en el famoso pasaje, sólo repercute en el propio
Pedro histórico. Imaginar una sucesión, o una autoridad
infalible a lo largo de los siglos que estaría representada
en el apóstol Pedro, está basada meramente en una pretensión
y especulación. Por mucho que Pedro fuera una figura
realmente descollante nos querría expresar tanto como lo que
podríamos entresacar de la figura de Pablo altamente
favorecido por el Nuevo Testamento.
3. Justificación Teológica de la Posición Histórica
Protestante
a. Distinción entre Pétros y Pétra
Nuestra interpretación no es la de Cullman. Ni la de Strong
.
Strong, reconoce que la Piedra es Pedro, pero añade, como
queriendo quitar importancia, que es la confesión de Pedro
lo que le constituye roca. Esto ni quita ni pone a la
interpretación católica. Sea la confesión o sea porque Pedro
es escogido para ser roca ya anteriormente, lo cual es
probable, no deja de ser al Pedro concreto a quien se
dirigirían estas palabras, siguiendo la interpretación de
Strong, y por lo tanto le serían aplicables las
consecuencias que de esta interpretación se derivaría.
Tampoco comprendemos ni compartimos la posición de Francisco
Lacueva
.
Dicho autor admite que Pedro es "Piedra", y que sobre esa
piedra edificará Cristo su Iglesia. Pero a continuación
añade que Cristo no dice que sobre Pedro edificará su
iglesia, ni que tampoco la edifica sobre sí mismo (!) (es
decir, sobre su propia persona, la de Cristo): “Jesús no
funda su iglesia sobre la persona de Pedro, pero el sentido
de Piedra (Kefa) no es ajeno a Pedro en cuanto a roca –
confesante”. Si la segunda piedra está unida a la primera,
sea Pedro o sea el Pedro confesante, es sobre Pedro que
edificaría Cristo la Iglesia si somos consecuentes con las
bases de la interpretación que inicialmente da dicho autor.
En efecto, no podemos decir que la segunda piedra se refiere
al Pedro confesante y mantener que Cristo no edifica la
iglesia sobre Pedro. Por otra parte, si el autor está de
acuerdo con la interpretación de Cullman da al pasaje, como
parece estarlo, tampoco podemos comprender que diga que está
edificada la iglesia sobre el Pedro – confesante, pero que
no lo está sobre el Pedro como persona.
Nosotros no negamos que Pedro sea una piedra más del
fundamento. Lo que no aceptamos que sea preciso el pasaje en
cuestión para saberlo. Creemos que la 'piedra' (pétra)
que ahí se menciona se refiere a Cristo exclusivamente
.
Nos atenemos, con ciertos matices, a la posición histórica
protestante, según la cual la 'Roca' es Jesucristo
.
Cullman y otros muchos exégetas modernos
han intentado demostrar que tanto el primer Cefas como el
segundo se refieren a la misma persona, es decir a Pedro
.
Las razones de nuestra oposición a dicha opinión no se basan
en las consecuencias teológicas que puedan desprenderse de
dicho aserto, ya que son mínimas, sino tan solo a un intento
de comprobar que existe otra forma de comprender el texto y
al menos tan aceptable.
Es cierto que las palabras de Jesús transmitidas por Mateo
fueron dichas en arameo, y el texto aparentemente, podría
quedar: "Tú eres Kefa y sobre esta Kefa edificaré mi
Iglesia". Ahora bien, lo que no podemos decir con seguridad
y suficiente garantía es que en arameo no existiera en aquel
entonces un término que distinguiera la expresión "Piedra"
aplicada a una persona cualquiera de la aplicada a Dios
.
Es decir, podría existir un término derivado de Kefa que
cuando se aplicase a un simple hombre se distinguiera de la
"Roca" que se aplica a Dios en el Antiguo Testamento y a
Cristo tanto en el antiguo como en el Nuevo Testamento. O
quizás no hiciese falta ninguna distinción lingüística sino
que los oyentes sobreentendieran esa diferencia entre el
Kefa que se refiriera a un hombre, y el Kefa que se
refiriera al fundamento sólido que es Cristo, o a un
fundamento sólido no aplicable a ninguna persona a no ser
Dios o a Cristo.
Es preciso tener en cuenta ciertas consideraciones que nos
obligan a las explicaciones anteriores y a un rechazo de la
opinión de Cullman en cuanto a que tanto Pétros como
Pétra signifiquen lo mismo y se refieran las dos a
Simón Pedro.
Es curioso que Cullman tenga que acudir a la literatura
rabínica, o sea extrabíblica para encontrar un ejemplo de
que el término Roca se aplica a un hombre
.
Puesto que tanto en el AT como en el NT 'pétra' nunca
se aplica a un hombre
.
Hemos consultado todos los textos en los que aparece 'Pétra'
ninguno se aplica a un hombre. En el NT siempre se emplea
"pétros" para Pedro. E incluso el término que aparece en
ocasiones en lugar de "Kefa", nunca se aplica a una persona
concreta. En el AT, 'Pétra' se aplica a las "piedras"
que representan nombres de las 12 tribus de Israel; pero es
curioso observar que 'pétra' se aplica también en el NT a
todos los miembros que componen la Iglesia (cf. Ex. 28:21; 2
Ped. 2:4-8). Se aplica a fundamento fuerte o bien a Cristo.
Nunca se emplea 'pétra' (cf. 1 Cor. 10:4; 1 Ped. 2:8; Mat.
16:18; 27:60,51; Apoc. 6:16; Mat. 7:24,25; Luc. 6:48; 8:6;
Rom. 9:33; Mar. 15:46; Luc. 8:13; 1 Cor. 10:4; Apoc. 6:15)
para Pedro sino 'pétros'.
Cullman dándose cuenta, como es lógico, que Mateo hace
diferencia entre 'pétra' y 'pétros', admite
que <<en el origen 'pétra' significaba más bien la
Roca en tanto que 'masa rocosa', y 'pétros' bloque de
roca arrancado de la masa>>
;
y añade que la diferencia de sentido es mínima y que esta
distinción no ha sido respetada
.
Sin embargo podemos decir, que Mateo traduce las palabras
que sin duda Jesús pronunció en arameo, distinguiendo entre
'pétros' (es decir en "Tú eres Pedro") y 'pétra'
(es decir "sobre esta 'Piedra' edificaré mi
Iglesia"). Ahora bien, para saber que esta diferencia entre
'pétros' y 'pétra' es mínima es preciso
demostrarlo. Los ejemplos de Cullman
,
no son suficientes no sólo por la cantidad sino por su
contenido, ya que el problema no está en que 'pétra'
se use en el sentido de Piedra o bloque de Piedra,
indistintamente, y a eso aluden los tres ejemplos que
Cullman da; el asunto estaría en que 'pétros' que se
usa como bloque de Piedra se usara aplicándolo también como
masa rocosa, pero de esto último no nos da ningún ejemplo.
Otros desde luego no piensan lo mismo, de que la diferencia
sea mínima, y después de haber estudiado los términos en la
literatura griega antigua, concluyen diciendo que
'pétros' sería, como un guijarro, o canto de piedra,
como algo que ha sido sacado de una roca, y que puede ser
llevado por las aguas debido a su poco peso. Por cuanto en
ningún lugar aparece 'pétros' como la 'masa rocosa'.
En el diccionario de Liddell y Scott, eruditos del siglo
XIX, obra revisada por Jones y McKenzie, de nuestro siglo,
con la colaboración de otros lingüistas eminentes, y
publicada por la imprenta de la Universidad de Oxford
participa de la idea expresada en lo expuesto.
Juan por otra parte nos traduce al griego, el significado
del arameo Cefas, él pone en boca de Jesús refiriéndose a
Pedro: "[...] Tú serás llamado Cefas (que significa
'Pétros')" (Jn 1:42). Aquí no hay dudas de ninguna clase.
Dudas en cuanto a que el evangelio de Mateo pudo haber sido
escrito en Arameo, aunque modernamente se ha comprobado lo
contrario
,
Dudas a que en todo caso, las palabras fueron pronunciadas
en arameo por Jesús, sin embargo han sido transmitidas con
esa diferencia de matiz pétros – pétra. Lo que
está claro es que Juan participaba de esa comprensión
diferencial.
¿Por qué Juan no dirá que Cefas significa pétra? ¿Por
qué Mateo distinguirá entre Pétra y Pétros?
Por un lado tenemos que pétros se usa en la Biblia
aplicado a un hombre, Simón. Un hombre que aunque
arrepentido y perdonado, de carácter voluble y débil.
Por otra parte tenemos que el uso de pétros en el
griego antiguo, se hace para diferenciarlo de la 'masa
rocosa'.
La Biblia no usa nunca pétra atribuyéndoselo a una
persona, excepto a Cristo y a Dios.
Esto nos muestra que la diferenciación tiene una intención,
y es la de no equivocar la piedra que es pétros
con la piedra que es pétra. Todo esto va a
venir corroborado cuando hagamos un estudio del contexto mas
inmediato del pasaje de Mat. 16:17-19, y de todo el contexto
general.
b. El Destacarse de Pedro ¿orienta una Primacía
Administrativa, o el hacer Sobresalir su Naturaleza
Personal?
Los evangelios nos dan una imagen en la que aparece un Pedro
como sosteniendo una cierta primacía, pero el
problema está en saber si es una primacía querida y
fortalecida por Jesús, o una primacía fruto de las
circunstancias ambientales que la hacen posible, y
alimentada por el carácter impulsivo y destacable del propio
Pedro.
En efecto, ¿qué pretenden los evangelios cuando nos
presentan, por un lado a un Simón que aparece el primero en
las listas, que pregunta, al menos en los sinópticos, en
nombre de todos, que se ve siempre implicado en asuntos
eclesiales y doctrinales, que es el que intenta caminar
sobre las aguas, a petición de Jesús; y por otro lado nos
presenta a un Simón como un hombre de poca fe, aliado de
Satanás, débil de carácter, que niega a Jesús, aunque
después se arrepienta y sea perdonado? ¿Es una imagen
favorable o desfavorable? ¿Qué se pretende con esa
presentación?
Bonnard, fluctúa en aceptar una imagen u otra, respecto al
evangelio de Mateo
.
Destacados teólogos tanto católicos como protestantes
,
al hacer un análisis detallado sobre Pedro en el NT,
comprueban respecto al evangelio de Marcos no solo una
imagen de Pedro un tanto 'preeminente' (que sobresale), sino
también la intención de presentar la debilidad y fallos de
Pedro
. Y se preguntan sobre si Marcos es hostil a la memoria de
Pedro y trata de recordar sus fallos al lector, o si, por el
contrario, se pretende rehabilitar su memoria
.
También observan una imagen "abigarrada" de Pedro en el
evangelio de Mateo
.
En principio, hemos de tener en cuenta que los evangelios no
pretenden presentar intencionadamente una imagen favorable o
desfavorable. Ni debemos buscar eso nosotros, por cuanto la
problemática de los evangelistas no es la de presentar un
Primado o no, de estilo católico, sencillamente han
encontrado en Pedro un discípulo prototipo para obtener unas
enseñanzas para aquellos que crean posteriormente
.
En efecto, el evangelio nos muestra un Simón que aparece
siempre pronto a responder (Mat. 17:4; Jn. 13:36), como el
dirigente del grupo (Mat. 16:16,22), como alguien que
pretende sobresalir respecto a los demás (Mat. 14:28-31). Es
el que habla en lugar de todos. El que quiere erigirse por
encima de los demás (Mat. 26:33-35), el que confiesa a Jesús
como el Hijo de Dios (Mat. 16:17-19). De forma inseparable
nos habla de un Simón "que no sabe lo que dice" cuando el
momento de la Transfiguración; como un hombre de poca fe,
que se hunde en el instante de pretender andar sobre las
aguas, alguien que no sabe ni conoce las cosas de Dios (Mat.
16:23), y que niega a Jesús en última instancia (Mat.
26:69-75). De ahí que el evangelio dé tanta importancia a
Pedro, por su carácter no hecho a las cosas de Dios, por
otra parte sincero y extrovertido que permite hacernos una
idea de lo que Jesús no quiere respecto a aquel que quiere
ser su discípulo.
Ahora bien, ¿qué significado tiene que Jesús cambie de
nombre a Simón? Porque evidentemente existe una finalidad
¿tiene algo que ver con un primado infalible y una sucesión
de Papas constante?
Hemos comprobado por ahora que la imagen que se da de Pedro
en los evangelios no es clara y absolutamente positiva. Si
Pedro sobresale en los evangelios no es porque ocupe o vaya
a ocupar un cargo eclesiástico especial, sino mas bien por
sus debilidades y deficiencias, por un carácter impulsivo
que necesita satisfacerlo preponderándose. Pero el evangelio
no oculta a donde le condujo a Simón ese comportamiento
destacable. Los evangelios unifican tanto los momentos
en que Pedro despunta, como los momentos en que Pedro se
hunde e incluso es rechazado por Jesús. Los unifican por
cuanto lo último surge en función de lo primero. Los
evangelios nos permiten que seamos nosotros quienes
obtengamos la verdadera naturaleza de "lo preeminente" de
Pedro, en función de sus fallos, de sus aspectos negativos,
de su presunción y de la negación a Jesús. De ahí que surja
paralelamente a esa "aparente" "preeminencia", una doble
trayectoria, una, la que nos muestra la esencia de su
"primacía" por medio de sus fallos y del resultado al que
llega Pedro: negar a Jesús; y por otra parte, la otra
directriz no menos importante, la que nos muestra la forma
en que Pedro es rehabilitado. Los tres asuntos están
íntimamente relacionados, y no deben separarse. Cuando Juan
por ejemplo transmite el triple reconocimiento de Pedro
respecto a que ama a Jesús, no lo podemos aislar de su
triple negación, ni de las escenas en que quiere aparecer
como superior a los demás apóstoles cuando expresa que él no
abandonará jamás a Jesús (Jn. 18:15-18,25-27; 21:15-19).
Esta escena, según creemos, tiene un sentido semejante a la
de Mat. 16:17-19. En aquella Pedro confiesa a Jesús. Jesús
le reconoce como pétros (diferenciándolo no obstante
de pétra), le promete el honor de "las llaves", y el
de "atar y desatar", pero después el evangelista nos muestra
el aspecto negativo con el "apártate de mí, Satanás..." (cf.
Mat 16: 22, 23). En la de Juan, aunque a la inversa, sucede
lo mismo: Comienza aludiendo a su negación, Pedro ratifica
su amor a Jesús, y termina reconociéndose su apostolado.
¿Qué connotación podemos sacar entre esto y el cambio de
nombre con las frases del texto famoso de Mat. 16:17-19?
Cuando Jesús, según el evangelio de Juan, dice a Simón "que
él sería llamado pétros", no cabe duda que está
diciendo algo, que en el futuro, cuando ese nombre fuese
aplicado, prefiguraría el papel que debería desempeñar el
propio Pedro
.
Cuando Jesús en Mateo utiliza ya el nombre de pétros,
parece mostrar que ese nombre ya se había consagrado para
denominar a Simón.
Ahora bien, si el nombre de pétros prefiguraría el
papel que debería desempeñar Simón en un futuro, antes de
cualquier interpretación posible sobre dicho texto, sería
conveniente ver lo que nos dice el NT sobre el papel que
desempeñó Pedro, e incluso el papel que no desempeñó.
Una vez realizado este trabajo estaremos más capacitados
para comprender los textos de Mateo. 16:17-19, y de
responder a las preguntas que a lo largo de este capítulo
hemos dejado sin respuesta.
4. Pedro ¿Príncipe de los Apóstoles?
En principio deberíamos preguntarnos, si el nombre de
'pétros' y la posibilidad de "atar y desatar", y el de tener
"las llaves" del Reino de los Cielos, supone el que Pedro
fuese el Príncipe de los Apóstoles. Si esto fuera así, el NT
tendría que reflejarlo. Cabría preguntarnos, aunque por el
momento fuera hipotéticamente: ¿desde cuando fue Pedro el
Príncipe de los Apóstoles?
En vida de Jesucristo, existen dos ocasiones en las que el
ser el 'primero' o el mayor entre ellos, se suscita. La
primera que está comentada tanto por Mateo como por Lucas y
Marcos, se obtiene una respuesta categórica de Jesús:
"Ninguno de vosotros es el primero, o el mayor" (Mat. 18:1ss
y Luc. 9:46; Mar. 9:33-37).
Esta disputa sobre quién es el mayor se realiza
posteriormente al momento en que se refieren las palabras de
la confesión de Pedro (Mat. 16:17-19 cf. Mat. 17:1; Luc.
9:26)
.
Si las palabras de Mateo 16:17-19 hubieran sido entendidas
como cierta exégesis las ha comprendido posteriormente, como
si Pedro fuese elevado a un mayor rango, respecto a los
otros apóstoles, no hubieran pretendido el plantearse esa
disputa. Cabría la posibilidad de que los propios apóstoles
no lo hubiesen entendido todavía, pero Cristo al dar la
respuesta no sobreentiende ni supone que ya hubiese nombrado
a alguien que sería el mayor o el principal de entre ellos.
Todo lo contrario, es preciso que lleguen a ser tan humildes
como los auténticos niños que están desprovistos de
autosuficiencia y de esa ambición de los adultos en quererse
destacar como los jefes.
Como ya alguien ha indicado
,
la respuesta que da Jesús no es simplemente una exhortación
a que los discípulos tuvieran una vaga humildad: "Los niños,
los criados, los esclavos, no eran sujetos de Autoridad, e
incluso según la mayoría de las legislaciones vigentes
entonces, ni siquiera eran personas".
La segunda disputa acontece en el cenáculo (cf. Mat.
20:20-28; Mar. 10:35-45; Luc. 22:24-27). Parece ser que es
en el cenáculo según refiere Lucas cuando esta disputa se
originó como consecuencia de los hermanos Jacobo. Según
refieren los otros dos sinópticos, la alusión a la copa
mostraría en Marcos y Mateo el momento de la Santa Cena, se
alude a lo de los reyes de este mundo que también insertan
los otros sinópticos
.
Parece ser que es suscitada por los hijos de Zebedeo, y que
entre todos se enzarzaron en una agresiva discusión. Jesús
está presentándoles su marcha. Ellos se preocupan por quién
iba a poseer la "primacía" o la "preeminencia" sobre los
demás. En la discusión cada uno pretendía tenerla. Pero
Santiago y Juan fueron mas lejos todavía, se lo propusieron
a Jesús. Los demás se enojaron y Jesús vuelve a responder
que ninguno debiera pretender ser el mayor o el primero.
Pero lo hace con unas palabras que condenan trágicamente a
muchos de los comportamientos históricos de muchos que
dijeron ser "sus discípulos". Ellos no deben actuar como los
gobernantes y las autoridades de este mundo. No deben
emplear el dominio ni el señorío, ni pretender poseer el
Primado o la Preeminencia.
Nuevamente estos
textos relativos a las discusiones sobre quién sería "el
mayor" o "el primero", nos obligan a recordar que las
palabras de Jesús referidas a Pedro, en la ocasión de la
confesión de éste en Cesarea de Filipo, no fueron entendidas
por Pedro y los demás, como que hubiese sido conferida una
Primacía sobre Pedro puesto que las discusiones hubieran
podido zanjarse recordándose por Jesús o por alguno de los
discípulos que dicho "cargo" de preeminencia ya se había
concedido. Esto parece mostrarnos una vez más que, el
significado de los pasajes de Mat. 16:17-19 no implican una
Primacía, ni mucho menos una sucesión ininterrumpida de
Jerarcas infalibles.
Por otra parte es cierto que aquí Jesús, en los textos
relativos a la discusión sobre quién sería el mayor, no
indica ningún plan, en cuanto a como debería ser la
autoridad entre ellos, a cómo se tendrían que relacionar
dentro de la organización eclesiástica para que surgiera un
"gobierno" eclesiástico acorde a la voluntad de Cristo, pero
lo que sí que te dice, es el cómo no debería de ser dicha
organización religiosa que él había fundado: nada típico
a la autoridad civil de los gobiernos del mundo, nada
parecido a la sociedad religiosa judía. Siervo, esclavo y
niño, no haber ningún "mayor" o "primero", serían elementos
fundamentales a tener en cuenta, a la hora de organizarse y
de "gobernar" la iglesia.
Posteriormente a la muerte de Cristo, vemos actuar a Pedro
con cierta valentía, beneficiándose del Espíritu del
Pentecostés (Hech. 2:14 ss.). No solamente hace uso él de su
magisterio, también lo hacen simultáneamente los otros
apóstoles (Hech. 2:3-13). Después aparecen nuevamente Pedro
y Juan haciendo uso de ese magisterio (Hech. 3 y 4). E
incluso a Pedro lo vemos distinguirse sobre todo en la
decisión de admitir a los incircuncisos. Estas actuaciones
vendrían a corroborar lo que nosotros entendemos por "las
llaves" que le concedió Cristo (Mat. 16:19). Pero este
magisterio lógico, en cualquier cristiano responsable (cf.
Mat. 24:45-47), puede en ocasiones tener sus errores, y
lógicamente también, poniendo en práctica su magisterio,
Pedro los tuvo (Gál. 2:11-16).
Es evidente, que la inspiración con la que se le dota a
Pedro como apóstol irrepetible, no evita que éste, en un
comportamiento personal se aparte del espíritu evangélico,
asunto que el magisterio del Espíritu Santo manifestado en
toda la Iglesia pone al descubierto y lo corrige con la
misma Palabra. Pablo, bajo inspiración, hará un análisis
claro del problema judeo – gentil, y Pedro ratificará los
escritos de Pablo "que los indoctos tuercen" (2ª Ped. 3:16).
Los fieles de Jerusalén discuten los actos de Pedro y le
piden explicación (Hech. 11:1-3). No hay nada anormal en
esta actitud, puesto que Pedro, no habiendo comprendido el
mensaje universal cristiano parecía que tomaba una actitud
respecto a los de la circuncisión, y otra diferente en
relación a los de la incircuncisión. Pero en esta ocasión
Pedro va a poderles explicar por medio de la visión que ha
tenido, que no puede ajustarse a lo que pensaba respecto a
los incircuncisos, pensamientos que sin duda habría
transmitido a esos fieles de Jerusalén, y que ahora se
sorprenden de verlo con incircuncisos e incluso comiendo con
ellos. Por lo que se refleja posteriormente, estos fieles de
Jerusalén, que aparentemente se sometieron, debieron
continuar creando problemas, puesto que en Gálatas se nos
narra que Pablo, en ocasión del Concilio celebrado en
Jerusalén, tuvo que reprender a Pedro públicamente por su
práctica un tanto errónea (Gál. 2:11-14).
Esta reprensión está basada en algo relacionado a costumbres
y doctrinas. Se trata de un asunto que pone en evidencia la
problemática de la salvación respecto a la cuestión fe y
obras. El tema de la justificación humana sobresale.
¿Necesitan los gentiles convertidos una justificación en
base a cumplimientos, como ciertos judíos propugnaban y que
Pedro apoyaba?
Evidentemente Pedro es una figura sobresaliente, tanto, que
la primitiva iglesia lo recuerda para las generaciones
futuras. Sobre todo le interesa destacarlo por varias
razones: aun a pesar de su caída espiritual, el Pedro que
negó a Jesús y de carácter violento e impulsivo, ya no es el
mismo. Ya no tiene temor a la prisión y a la muerte. Ya no
tiene miedo a que le confundan con uno "de esos" que
pertenecen a Jesús Nazareno (Hech. 4:1-14,5 ss.-13-19). La
rehabilitación esperada por Jesús, ha dado sus frutos, y la
Palabra de Dios tiene que demostrarlo. Tiene que demostrar
que Pedro ha sido sincero en su conversión, máxime cuando
esa misma Palabra había profetizado que Pedro abriría con
"las llaves" el "reino de los cielos". "La Palabra de Dios",
usada con poder por Pedro, abriría a las gentes la
posibilidad de conocer el evangelio. Pedro inauguraría la
"nueva era". Si bien, una vez recibido el Espíritu Santo
todos se pusieron a predicar en lenguas, la participación de
Pedro fue decisiva.
Pero nada de esto, como ya hemos visto, supone una
Supremacía ni inmunidad para el error, a excepción de su
ejercicio de su 'apostolado' inspirado que ha quedado
registrado en sus epístolas, y que como estamos viendo es
irrepetible.
Cuando profundizamos en la relación de Pedro con los demás
apóstoles, todavía se observa esto con mayor claridad. Así
vemos que son los apóstoles en conjunto quienes deciden
enviar a Pedro y a Juan a Samaria para consolidar la obra
que allí había sido comenzada. Son enviados para hacer la
obra de dos evangelistas itinerantes (Hech. 8:14).
El motivo del Concilio de Jerusalén es principalmente por la
cuestión de la circuncisión. Obsérvese que es la Iglesia,
los apóstoles y ancianos en conjunto quienes llaman a Pablo
y Bernabé, los esperan, promueven dicho concilio, y quienes
deciden y cierran el concilio en última instancia.
En el famoso Concilio de Jerusalén (Hech. 15:7-11) la
aportación de Pedro es importante, puesto que alude a la
misión especial que Cristo le recomendara, respecto a que
"abriría las puertas" del Reino con "las llaves" (vs. 7)
pero interviene, una vez reunidos "los apóstoles y ancianos"
para saber del asunto y tras una cierta contienda, como un
miembro más del concilio. Como intervendrán a continuación,
como miembros también, Pablo y Bernabé, intervención que
hizo callar a toda la multitud para escuchar las maravillas
de estos dos héroes de la fe (vs. 12).
A continuación participa Santiago. Nótese que Santiago no
solo hace un resumen (vs. 14-18), sino que incluso presenta
una propuesta: "yo juzgo...", términos que corresponden mas
bien a alguien que preside una asamblea (vers. 14-18).
Lo que sí está claro, es que la decisión no proviene de
nadie en particular, ni hay nadie que sobresalga sobre los
demás, ni aun los propios apóstoles en su conjunto, sino que
toda la iglesia, juntamente con los apóstoles y ancianos
fueron los que decidieron (vers. 19-23).
Nótese que este es un modelo a imitar. Una auténtica
democracia eclesiástica
.
Desde luego una cosa sí que es evidente respecto a una
posible supremacía en la Iglesia del NT, Pablo no admite que
haya nadie superior a él, ni aun alguno de los llamados
sumos apóstoles (2ª Cor. 12:11). En ocasión del Concilio de
Jerusalén, Pablo considera a Pedro un líder más, entre otros
dos, de la comunidad de Jerusalén (Gál. 2:1-9): aquellos que
"parecían" ser las columnas de la iglesia: Santiago, Pedro y
Juan.
Nótese por si sirve como contraste que Santiago es
mencionado el primero. El término "columnas" no implica
siquiera que estos tres apóstoles tuvieran una supremacía,
sino que servían para "soportar el edificio". Obsérvese el
énfasis de Pablo cuando dice: "[...] los que parecían
ser las columnas".
En Corinto, Pablo se indigna por cuanto la iglesia se
encuentra dividida al haberse forjado cada grupo "su
príncipe" o "su primado". Pablo es categórico al expresar
que no es necesario ni correcto que nadie tenga sus
preferencias por nadie (1 Cor. 1:11-13; 3:3-9) y que nadie,
sea quien sea "es algo" sino solo Dios (1 Cor. 3:7). Y los
que han sido enviados como Ministros son todos una misma
cosa (1 Cor. 3:8). Todo lo mas "coadjutores" (1 Cor. 3:9).
Pero es Pedro quien verdaderamente nos muestra el cambio
operado entre el Simón que aparentaba "una primacía", fruto
de un carácter y personalidad carnal, y el Obispo que se
dirige a sus colegas en su primera epístola (1 Ped. 5:1-5).
Pedro realmente, como el resto del NT, desconoce que tuviera
"ciertos derechos y privilegios", lo desconoce por cuanto
nunca los tuvo. Se equipara a los restantes ancianos y
presbíteros. Concuerda con Cristo en la forma que han de
dirigirse a la grey de Dios, "no con señorío" y reconoce
como el auténtico Príncipe de los Pastores a Cristo Jesús.
Esto no son meras palabras. Ni falsa modestia. No es una
terminología preparada para la ocasión, traduce la realidad
de una posición que nada tiene que ver con una autoridad
potestativa, como la que se desarrolló en el sistema papal.
5. ¿Un Carisma Especial para la Función de Pedro? ¿El don de
la Autoridad?
La noción de un carisma especial para Pedro
,
no tiene su confirmación en el NT. Cristo que en tiempos de
los apóstoles es la Cabeza de la Iglesia (Col. 1:18; Ef.
1:22, 23), no manifiesta en ninguna parte que haya dejado a
ningún hombre como cabeza o 'director especial', la sola
mención de El como cabeza, y la omisión de algún otro que
pueda ocupar su lugar es suficiente elocuente para negar la
existencia de semejante don en la iglesia primitiva.
Cristo ha prometido que estaría ocupándose de la iglesia
desde el cielo (Mat. 28:20), y que enviaría un Vicario, el
Espíritu Santo (Jn. 14:26 cf. 15:26; 16: 12, 13), lo cual
ratifica al NT sobre la inutilidad de ningún otro
nombramiento que sirva para sustituir a Cristo, a no ser la
iglesia en pleno guiada por ese Vicario o Espíritu Santo.
Sin embargo, no por ello dejó de dar carismas o dones a su
iglesia. Pero en las dos listas que el NT nos ofrece sobre
los dones que impartió Cristo a su Iglesia, no se encuentra
el carisma especial y particular de Pedro (1 Cor. 12:1, 28;
Ef. 4:10, 11). Se mencionan a los apóstoles, pero entre
éstos no hay nada ni nadie especial. Si este carisma hubiera
existido, hubiera sido preciso reflejarlo, por cuanto todos
los dones son importantes e imprescindibles para la
perfección y la edificación del cuerpo de Cristo que es la
Iglesia (Ef. 4:12).
Pablo en Corinto, después de haber enumerado todos los dones
aparenta faltarle alguno. Cuando explica que es preciso
procurar los mejores "carismas", y habiéndolos enumerado
todos, habla de "un don mas excelente": el del amor (cf. 1
Cor. 12:30, 31; 1 Cor. 13).
1) ¿Qué Autoridad?
a) El
Sistema de Gobierno en la Iglesia Novotestamentaria refleja
que no hay un don especial de la Autoridad para Pedro ni por
lo tanto tampoco ha podido transmitirlo a nadie, y que la
Autoridad querida por Dios no es la de una Monarquía
Absoluta
La concepción de Iglesia en Mateo
Schnackemburg
nos resume la idea de Iglesia que se mantiene en un núcleo
tan primitivo como el del evangelio de Mateo.
1)
La representación básica de la Ekklesía que Mateo
toma y que él a su vez nos transmite en Mat. 16:18, se
construye sobre la idea del Pueblo de Dios. Utiliza el
término que los 70 han traducido del qâhâl hebreo: el
de Asamblea
.
La Iglesia (Asamblea) de la Antigua Alianza se ha convertido
ahora en la Iglesia de Cristo
.
La Iglesia se constituye en el lugar desde donde se
anuncia la salvación, y los que forman parte de ella
comparten esa salvación. Esta labor la efectúan de forma
especial y previa los que han estado con El desde el
principio, los 12, los primeros discípulos (Mat.16:19 cf.
Mat. 18:18 y Jn. 20:23). Y por medio de la comunicación del
poder de la salvación que reside en Cristo Jesús pueden
lograr el perdón o la retención de los pecados (cf. Mat.
16:19; 18:18; Jn. 20:23).
2)
Hay una estructura de la Iglesia incipiente ya en la llamada
regla de la Comunidad (Mat. 18:1-20)
.
De ella se desprendería que la autoridad de la
Iglesia reunida en asamblea ejerce el dominio del poder
divino.
Esta originalidad de la iglesia de los discípulos de Jesús
les constituye en directivos autorizados ya que ponen el
fundamento segundo (cf. Mat. 19:28), tras el primero que es
Jesucristo. Y que a decir de Schnackemburg no son los únicos
en poseer funciones directivas
.
3)
La Idea de la Universalidad de la Iglesia, hace romper el
marco restringido judaico.
Partiendo de la sustitución del Israel nacional por el
espiritual (Mat. 21:43), ahora la Ekklesía abarcará
tanto a los miembros creyentes de Israel como a los súbditos
convertidos de los pueblos gentiles (Mat. 12:21; 24:44;
25:32; 28:19 cf. 8:10, 11, y ss)
.
Varios puntos se pueden destacar de esta descripción de
Mateo sobre la Iglesia.
La iglesia está formada por creyentes en Jesucristo. No hay
obstáculos ni para los gentiles ni para los judíos.
Los 12 forman la 'Iglesia' como los primeros fundamentos.
Representan la autoridad trasmitida por Jesucristo,
determinada ésta por la fidelidad a la misión y al
fundamento Cristo Jesús (Mt. 26:47 y ss. cf. Hech. 1:15-26)
Se trata del núcleo primero eclesiástico, y nos indica que
en la estructura de la Iglesia, es la Asamblea, la
Iglesia congregada la que toma las decisiones últimas (Mt.
18:17,18).
La Concepción Lucana
El Lugar y la Labor de la Iglesia
Schnackenburg hace notar la importancia que se le da a
Israel en la Salvación. Las palabras de Hechos 1:8 estarían
unidas, según el autor, a una concepción eclesiológica
.
En efecto, la Iglesia que es 'testigo' de Jesucristo, tiene
unas tareas que cumplir, y un 'lugar' donde realizarlas:
Jerusalén, toda Judea, Samaria, y todo el mundo.
Las tareas estarán orientadas por el Espíritu Santo que
Jesucristo había prometido en cumplimiento de la profecía de
Joel (Luc. 24:49 cf. Hech. 1:9; 2:16-21)
.
La Iglesia se constituye así en la tercera fase histórica
que presenta la salvación de Dios
.
Una vez más no hay una ruptura radical con Israel, pero
tampoco confusión ni identificación ni paralelismo, sino
continuidad y absorción. La base de la pertenencia es la
misma para todos, tanto para judíos como para gentiles: La
creencia en Jesucristo y el testimonio sobre El.
Los coloquios de Jesús en la santa Cena y la concepción de
Iglesia
1)
La Institución de la Santa Cena (Luc. 22:21-38), desprende
un elemento de unidad entre Jesús y sus discípulos hasta el
advenimiento del Reino de los cielos. Independientemente del
valor que la salvación tiene, se van a tener luchas y
tribulaciones (Luc. 22:28, 31 cf. 24:26 y Hech. 14:22), de
ahí la necesidad de la unidad, el servicio y la
perseverancia en el lugar que a cada uno le corresponde en
el Reino.
2)
Si bien la actuación de los 12 no ha de ser como la del
mundo en lo que se refiere al ejercicio de la autoridad, o
en cuanto a los deseos de supremacía, se distingue
claramente en estos pasajes una estructura Apostólica de la
Iglesia dirigida a los 12 (Luc. 22:28 y ss) ocupando un
lugar preferente que les concede, como ocurría en el caso de
Mateo 18, el haber sido los primeros elegidos por
Jesucristo.
3)
La autoridad apostólica está determinada por el
oficio de 'servir' (Hech. 22:27).
Este servicio se ve reflejado en la elección de los 7 por la
Asamblea (Hech. 6:1-6) tanto a nivel de ministrar en
las mesas como en el de la predicación de la palabra que
tanto los elegidos (evangelistas, Esteban y Felipe)
como fundamentalmente los Apóstoles llevan a cabo.
4)
Lucas en Hechos de los Apóstoles, a pesar de las ideas
subyacentes que es preciso interpretar de un modo indirecto
y de los vacíos que formarían parte de la propia estrategia
dinámica de la consolidación del orden, ofrece una
configuración global de organización y de estructuras en la
Iglesia que parece responder a la forma de actuación
eclesial implicada en sus pasajes del evangelio (Luc. 22: 21
y ss).
El principio enumerado por Miguel M. Garijo – Guembe sobre
que es preciso tomarse en serio el Nuevo Testamento en su
totalidad, a la hora de encontrar una respuesta lo más
satisfactoria posible a lo que se nos presenta en dicho
compendio respecto a la Iglesia
,
cobra aquí relevancia cuando se observa una cierta variedad
a la hora de expresar el tipo de organización de Iglesia.
Esta aparente variedad no debería conducirnos, a
nuestro entender, a una búsqueda de iglesias distintas, a
pesar de que los modelos eclesiales, como veremos a
continuación parecen enfrentarse. La posible tensión de esos
patrones, debería solucionarse, no con el conflicto entre
ellos, sino con una concepción amplia que tiene en cuenta
toda una serie de elementos que permiten la subsistencia de
la Iglesia en el futuro. Supervivencia que ha de tener en
cuenta al Espíritu Santo que quiere, guía y condiciona
adecuadamente el paradigma eclesial mas oportuno y apropiado
para cumplir la misión encomendada por Jesucristo.
Lucas evidencia que para ser Apóstol del círculo de los 12
es preciso haber sido testigo de la resurrección y haberle
acompañado en su vida terrestre (Luc. 6:13; Hech. 1:22 y
ss.)
.
Sería preciso añadir aquí, la necesidad de la fidelidad al
fundamento, apostolado y palabras de Jesucristo (Hech. 1:25
cf. Gal. 1:8,9). La permanencia en ser apóstol solo puede
ser garantizada por la constante presencia del Espíritu
Santo. El caso de Judas es un ejemplo.
El caso que presenta Pablo con su elección especial como
Apóstol por parte del Jesucristo resucitado, y al que ha
visto como tal en aparición (1 Cor. 1:1; 9:1, 2; 15:9; Gál.
1:1; 2:8,9), no debe crear ningún problema, no sólo porque
Pablo no intenta romper el círculo de los 12 con Pedro, ni
penetrar en él (1 Cor. 15:5-9), los que son considerados
como salvaguardadores de la unidad (Gál. 2:2, 9) sino que su
insistencia reside mas bien en certificar su misión de
enviado.
Es en ese sentido amplio, aun cuando se den unas
circunstancias especiales en lo sucedido a Pablo, que se
aplica el término de apóstol. Aun cuando no se dé la
manifestación tan dramática como en lo acontecido a Pablo,
se usa para Bernabé (Hech. 14:14), Apolos (1 Cor. 4:6,9),
Silvano y Timoteo (1 Tes. 1:1; 2:6).
La función de los 12 está claramente delimitada en el origen
y en la posición del fundamento, y representaría algo
distinto a cualquier otro Apóstol posterior, o
Enviado especial por parte de Jesucristo o del Espíritu
Santo.
Si bien las estructuras eclesiales, como alguien ya indica
,
podrían reflejar por un lado lo institucional (según
el sentir lucano) y por otro lo carismático
protegido por lo paulino, de ningún modo esto es
monolítico y fácilmente separable, como si convivieran dos
ejemplares de Iglesia.
En efecto, cuando se compara la Comunidad de Jerusalén con
la de Antioquía, Corinto, o cualquier otra fundada por
Pablo, uno observa ciertas diferencias, pero también ciertos
lazos comunes, lo que mostraría en cada momento por un lado,
un énfasis en aquello que se quiere transmitir, y por otro
la idea de que tanto una como otra se basan en el mismo
prototipo estructural.
En Jerusalén aparece una Iglesia institucional
dirigida por los Apóstoles: la elección del apóstol
duodécimo (Hech. 1:15-26), la elección de los 7 (6:1:6), la
evangelización de Samaria (8:14 y ss). La dirección de Pedro
(Hech. 2:14 ss, v.11, con Santiago (Hech. 12:17; 21:18),
según las etapas, o una dirección compartida (Hech. 3:1;
4:1; 8:14 ss y Hech. 15).
Los Ancianos aparecen sin que se comente su
designación (Hech. 11:30), pero que como indica Miguel M.
Garijo, teniendo en cuenta el mundo judío, se trataría de un
gremio que asesora y decide
.
La Iglesia de Antioquía, de acuerdo a la descripción que de
ella se hace en Hechos 13:1-3, está integrada por profetas y
maestros, entre los que se encuentran Pablo y Bernabé. La
Iglesia recibe una orden del Espíritu Santo en el sentido de
que se aparte a Pablo y Bernabé para el ministerio que el
Señor los tenía destinados. La autoridad con que son
designados como profetas no está consignada. Al igual que el
caso de Corinto (1ª Cor. 12:1 y ss y 14:1 y ss), los dones o
carismas son dados directamente por el Espíritu Santo a
quien quiere y como quiere. Este modelo sería representativo
de la Iglesia carismática.
Visto esto así se asemejaría a dos arquetipos de Iglesia
distintos. Sin embargo cuando se profundiza se descubre una
línea que unifica los criterios aparentemente dispares.
La Iglesia institucional de la Comunidad de
Jerusalén, no actúa rígidamente conforme a una jefatura que
no tenga en cuenta a la Asamblea de Hermanos, o que ignore
el valor de lo carismático. Pedro propone a los 120
discípulos la necesidad del nombramiento de la plaza vacante
de los 12 (Hech. 1:15). Téngase en cuenta aquí, que
tratándose de la elección de un apóstol podría pensarse en
lo innecesario de involucrar al resto de miembros,
sin embargo debía ser conforme a la voluntad divina. La
oración (v.24) presupone la confianza en el Espíritu Santo
.
En el capítulo 2, vemos también a los apóstoles junto con
Pedro actuar impulsados por el Espíritu Santo. Lo
carismático es sensacional. La predicación en este caso no
está motivada primordialmente por su función apostólica sino
por el poder del Espíritu Santo que les hace hablar en los
idiomas de cada uno de los asistentes.
En el capítulo 3 otra predicación motivada por el milagro
carismático del lisiado (cf. 3:12, 13), provoca la
necesidad de predicar sobre Jesucristo. Interrogados por el
linaje sacerdotal, Pedro, lleno del Espíritu Santo habla del
único Nombre por el que podemos ser salvos, y de la Piedra
angular del edificio (4:11, 12).
En Hechos 15, donde se presenta con claridad meridiana que
no solo el gobierno de la Iglesia de Jerusalén está dirigido
por los Apóstoles, sino que estos son puntos de referencia
obligado para cualquier problemática doctrinal, se expresan
unas ideas a tener en cuenta en toda organización
eclesiástica. Se escucha el planteamiento de los creyentes
que habían sido de la secta de los fariseos (15:5), a los
dirigentes, como a Pedro en primer lugar (15:7-11), después
como invitados a Pablo y Bernabé (15:12), en último lugar
Santiago cierra la discusión y promueve una propuesta
(15:19, 20).
Nótese que el visto bueno es preciso que sea dado por los
apóstoles, ancianos y el resto de la iglesia o hermanos
(15:22, 23). Comprueban (¿cómo?, ¿fruto del consenso de toda
la Asamblea que sería como una señal de que el Espíritu
Santo ha actuado?) que le ha parecido bien al Espíritu
Santo, y a la Iglesia en pleno el contenido de la carta
enviada (15:23-30).
Al estudiar la Iglesia de Antioquía, la de Corinto u otras
posibles, se observa, que la organización propuesta por los
Apóstoles guiados por el Espíritu Santo está sobrentendida.
La actuación de la Iglesia de Antioquía motiva el Concilio
de Jerusalén (Hech. 14:26-28; 15:1,2). La actitud de esa
Iglesia demuestra ser subsidiaria de la autoridad apostólica
(15:30, 31), sobrentiende pues la estructura organizativa de
una Iglesia que tiene a los apóstoles como fundamento en
Cristo Jesús, lo que supone una función de magisterio.
En Corinto Pablo deja bien claro que los creyentes (que
forman la Iglesia) son como un edificio que constituye el
templo de Dios (1 Cor. 3:16, 17 cf. 3:9). Todo el
edificio reposa en el fundamento inalterable Cristo – Jesús
(1 Cor. 3:11 cf. Hech. 4:11, 12). Y ha dejado entendido la
singularidad de los 12, de Pedro y Santiago (1 Cor.
15:3-8).
Si bien lo carismático puede producir repartición de
diferentes dones, los de Corinto no deben olvidar el sistema
estructural que Dios ha dado a la Iglesia (1 Cor. 12:28).
De ahí que tanto los espirituales como los que profetizan
deben sujetarse a los profetas (1 Cor. 14:32) y a los
mandatos del Señor de la autoridad apostólica que deben ser
reconocidos como tales si los dones son genuinos (1 Cor.
14:37). Todo se ha de hacer decentemente y con orden, con la
finalidad de la edificación (1 Cor. 14:26 y ss, 33, 40).
La actuación de la Iglesia reunida es la que aplica la
disciplina (1 Cor. 5:1-5 cf. Mat.18:17)
Por todo esto comprobamos que lo institucional organizativo
y lo espiritual carismático se entremezclan tanto en una
Comunidad como en otra.
Descubrimos en Hechos 15 junto con Hech. 13:1-3, y en la
iglesia de Corinto, que todavía en esas comunidades no se
habían establecido los ancianos. Nótese que la carta enviada
por el concilio de Jerusalén lleva como remite a los
Apóstoles, los ancianos y a los hermanos, y como
destinatarios a todos los hermanos de entre los
gentiles. No se menciona para las otras iglesias, a las que
se dirige la carta, otro receptor que no sean los
hermanos. Conforme el tiempo transcurra el sistema
electivo para la diaconía (Hech. 6:1-3) o para los
ancianos (Hech. 11:30), profetas y doctores o maestros
(Hech. 13:1), evangelistas (Hech. 21:8) ya afirmado por la
autoridad Apostólica, se establecerá en otras
Iglesias sin perderse el valor de los fundamentos ya
expuestos por Jesucristo y el Espíritu Santo.
Pronto Pablo, en el libro de los Hechos se nos comenta,
instala ancianos (presbíteros) (Hech. 14:22-24) en las
Iglesias por el fundadas. Se intercambia a los presbíteros
con los epíscopos, ancianos también, refiriéndose al
pastoreo de la grey (Hech. 20:28).
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