I

 
 
   

El Paradigma de Iglesia en el Nuevo Testamento

 

¿El Don de la Autoridad?

 

(1era. Parte)

  Por: Antolín Diestre Gil
 

El Primado de Pedro: Una interpretación Discutida

Es cierto que el sentido conciliatorio que la teología ha tomado en esta época ecuménica, parece rechazar la necesidad de resucitar puntos que como éste provocan a una discusión más o menos agresiva. No es nuestra intención hacer desenterrar "el hacha de guerra". Tan solo queremos manifestar las razones de nuestra no aceptación, razones que como se verá son lógicas y respaldadas, según creemos, en la autoridad de la Biblia y de la temprana tradición.

Hoy, el "Primado de Pedro" se observa de diferente forma a como se observaba en siglos pasados. Por un lado el protestantismo ha "bajado la guardia", y por otro lado el catolicismo, no necesita ya tanto defender su exclusividad con la doctrina del Primado. No cabe duda que esta situación no ha sido totalmente voluntaria, han habido unos factores que la han hecho posible. En efecto, el protestantismo, al menos el histórico, se ha estancado, y por otra el catolicismo se ha "protestantizado" hasta tal punto que la doctrina del Primado a los ojos de muchos "de los hijos predilectos de los Reformadores" se hace incluso necesaria.

Siguiendo la trayectoria de los comunicados que la prensa diaria nos ofrece podríamos traer a colación numerosos ejemplos respecto a la aceptación del Primado de Roma por miembros cualificados de confesiones salidas de la Reforma.

Ya en el siglo pasado Broadus [1], después Bonnet –Schoeder [2], Cullman [3] en 1952, y otros que mencionaremos posteriormente coinciden en que la PETRA sobre la que está fundada la Iglesia, es la persona de Pedro, y comentan en sus respectivos lugares sobre Mateo 16, que la mayoría de autores protestantes coinciden también.

Es cierto que no obtienen los resultados que el Catolicismo consigue de dichos pasajes, pero podría ser sintomático de una época que permite las bases de otra, en la que se obtendrán frutos que harán posible la aceptación de dicho "Primado" con todo lo que esto implica.

Es a partir de 1975 que se hace sensiblemente ostensible un acercamiento en esta dirección. Ecclesia, el órgano oficial del Vaticano [4] hacía notar los progresos que existen entre las principales denominaciones protestantes (anglicanos y luteranos), respecto a este asunto. El 19 de Enero de 1977, se publicaba en diferentes diarios el nuevo paso de acercamiento entre anglicanos y católicos: una comisión mixta de teólogos había reconocido el Primado histórico del Obispo de Roma [5]. Evidentemente que este reconocimiento no ha pasado todavía en el año 2000 a la aceptación de un magisterio infalible en la persona del Papa. Aun cuando la aproximación se va estrechando cada vez más, el Ecumenismo parece congelar este asunto por cuanto desde las mismas filas católicas han ido apareciendo posiciones contrarias al punto de vista que sobre este aspecto retienen los papas.

Nos encontramos, de algún modo paralizados entre una exégesis protestante, tanto fundamentalista como liberal, que aportan ciertas concesiones respecto al pasaje de Mateo 16:16-18, y por otra parte a nivel de práctica, numerosos teólogos católicos se replantean hoy la cuestión de la infalibilidad papal desde una posición radical, llegando a la negación de dicha atribución.

Polémico fue el libro de Hans Küng, donde se pone en duda no sólo la infalibilidad del Romano Pontífice, sino incluso la de la Iglesia. Su estudio es importante por cuanto su interpretación se debe no a un cisma con la Iglesia Romana, sino a un estudio serio de las posibilidades de la Escritura respecto al asunto de la infalibilidad. Hans Küng concluye en uno de sus apartados, diciendo, que en los textos escriturarios nada se dice sobre la cuestión de la imposibilidad de caer en el error por parte de aquellos que han de recibir la Palabra de Dios [6]. Hans Küng se pregunta con valentía "¿Quien sucede a los apóstoles?". Su respuesta es categórica y diáfana:  

<<la Iglesia. No algunos particulares; la Iglesia entera sucede a los apóstoles>> [7]

John L. McKenzie también es un teólogo católico que afirma que no se tiene base en la Escritura para decir que ésta apoya la existencia de una Jerarquía, y de un Primado potestativo de Pedro [8] pero que sin embargo admite la posibilidad de una evolución del dogma.

Küng va todavía mas lejos que John L. McKenzie puesto que no admite la posibilidad de una evolución en dicho dogma, y además pone en cuestión las formulaciones que la Iglesia Romana suscita al tratar este tema [9]. Ya anteriormente un obispo católico, Francis Simons ponía en tela de juicio tanto la infalibilidad del Romano Pontífice como la de la Iglesia [10]. Aquí se expresa claramente que no se necesita que la Iglesia sea infalible puesto que el contenido escritural es suficiente. Lo revelado expresa con suficiente claridad lo que es verdad.

Lo más sorprendente fueron las declaraciones de todo un cardenal conservador como Monseñor Lefevre: "El papa puede ser desobedecido cuando no sigue lo que la tradición ha estado enseñando" [11]. Las declaraciones de Monseñor Lefevre, aunque con matices e intereses diferentes, sólo son comparables a las de Lutero y otros reformadores. El sentido de las palabras "de que el papa puede ser desobedecido cuando éste no está de acuerdo con la tradición anterior", es muy significativo, puesto que la pregunta que se impone es si debemos obedecer dicha tradición anterior si estuviera en desacuerdo con la fuente de toda tradición es decir, si está en desacuerdo con la Biblia ¿por qué detenernos en Pío X para observar que Paulo VI está equivocado? ¿Por qué utilizar a los papas anteriores a Paulo VI como Cánones sin remontarnos a las fuentes del cristianismo?

El que tanto católicos como protestantes se estén planteando de nuevo esta cuestión, es una evidencia de que dicho asunto no está tan claro para personas que como creyentes se esfuerzan en vivir su cristianismo. Ahora bien, en el fondo del problema ¿cuáles son los motivos que llevan a diferentes pensadores a discrepar en este dogma teológico, causa de discusión a través de la historia eclesiástica?

Entre 1990-1997, la exégesis católica ha replanteado de nuevo este asunto en diversos libros. Se llega a la conclusión de que no hay bíblicamente base para una doctrina como la del Papado [12].

Sin duda que los motivos principales no están en que algunos Papas se hayan comportado indignamente. O que otros hayan hecho del pontificado un escuela militar y política. O que hayan inducido y tolerado instituciones tales como la Inquisición. Ni siquiera que se hayan pronunciado en oposición a las declaraciones de algún predecesor. Ni que un concilio les haya juzgado y depuesto. Ni incluso formulaciones, respecto al control de natalidad u otras cuestiones modernas, que escandalizan a diversos teólogos católicos.

Creemos, que todo esto, todo lo más, son consecuencias, pero jamas pueden constituir el motivo principal. Los motivos creemos encontrarlos en la Biblia y en la historia. El tipo de Iglesia que requiere la concepción piramidal de una monarquía absoluta como la que predica y exige el sistema papal anuncia un origen totalmente pagano y ajeno al Nuevo Testamento.

Ciertos autores han favorecido siempre la interpretación de que no hay nada en los textos bíblicos que nos pueda llevar a pensar en una infalibilidad por parte de los llamados sucesores de Pedro. Ni tampoco que los pasajes que normalmente se usan para demostrar dicha infalibilidad y sucesión sean de tal naturaleza que prueben dichas pretensiones. Todavía más, el pasaje de Mateo 16:18, lo han interpretado como que la piedra sobre la que se edifica la iglesia no es Pedro sino Cristo. No observan por lo tanto ningún Primado por parte de Pedro, y por lo tanto no aceptan la doctrina de la "sucesión apostólica", según la cual las prerrogativas y atribuciones de Pedro, que según algunos obtienen de ciertos textos, pasan a los sucesores de Pedro. La Sucesión Apostólica no puede sustentarse con la Escritura, autores católicos representativos llegan a esta conclusión.

R. Schnackemburg reconoce que es difícilmente posible dar una respuesta con la Escritura respecto a la existencia de una Sucesión Apostólica [13]. E. Schillebeeckx, prefiere pensar que la estructura episcopal monárquica no es inmutable desde el punto de vista dogmático [14] . Y. M. J. Congar nos dice que para el asunto de la Sucesión Apostólica no se puede aplicar el principio de la 'sola Escritura' [15] .

En 1991 Miguel M. Garijo Guembe [16] comenta: 

<<Que los obispos sean sucesores de los apóstoles -como reza la tesis capital católica (...) es algo que no puede demostrarse en una consideración histórica>>. 

Klaus Schatz en 1996 [17] se reitera en la dificultad de probar con la sola Escritura el asunto del Primado con todo lo que implica desde el punto de vista Católico Romano.

José Ignacio Gonzalez Faus en 1997 recoge todas las publicaciones que desde 1995 habían estado saliendo sobre este asunto, y sus conclusiones mantienen esta misma consideración de los estudiosos católicos [18]: La existencia de dificultades insuperables de que con la sola Escritura pueda admitirse una ideología como la de la infalibilidad papal.

Diversos autores evangélicos rechazan una exégesis que identifique a petra con Pedro además de que el texto haga alusión a una sucesión apostólica y que se pueda obtener, incluso con otros textos, consecuencias como la de la infalibilidad [19] .

Estas conclusiones las obtienen no solo por un estudio de la Patrística, en la que comprueban que la interpretación que los padres de la iglesia han hecho de dicho pasaje, no solo no justifica la interpretación posterior, sino la inexistencia de la aplicación del pasaje de Mateo 16:18 para cualquier dogma relativo al Primado [20]. No sólo llegan a esta conclusión por lo que acabamos de expresar, sino también porque observan que los primeros en utilizar dicho texto, lo hacen cuando, debido al rumbo que toma la política eclesiástica, buscan la forma de apoyar "bíblicamente" las pretensiones que el Obispo de Roma tiene a la primacía de la Iglesia [21] .

No sólo esto, sino que además, hacen una análisis de todos los textos relativos a Pedro, y a la pretendida primacía, observando la inexistencia de la supremacía de Pedro y de todas las consecuencias teológicas que del texto de Mateo 16:17-19 se han obtenido [22].

1. El Sentido Papal del Pasaje en Cuestión

No queremos ignorar los pasajes clásicos en los que se ha obtenido la base para cimentar la doctrina del Primado, Sucesión e Infalibilidad.

Partiendo de Mateo 16:17-19, se piensa que Cristo confirió al apóstol Pedro una Jefatura especial, no sólo sobre todos los creyentes "comunes", sino incluso sobre el resto de los apóstoles. Pero Pedro, vendría a ser aquí, no sólo una realidad presente mientras viviere, sino además algo que se actualiza a través de la historia por medio de unos sucesores. Esa Jefatura consiste no solo en una Potestad, sino además en el ejercicio de un Magisterio exento de todo error. Este sería el sentido del "atar y desatar" [23]

El cambio de nombre de Simón a Cefas, tiene que tener un significado. El significado sería, según el pensar que nos referíamos, que Cristo ha previsto un Fundamento para su Iglesia: una 'Roca'. Y esta elección ha recaído sobre "Pedro", según este sentido la Iglesia entera está edificada sobre la Roca inconmovible que es Pedro. Pero aquí, como anteriormente, no sólo se está refiriendo al Pedro histórico, sino también a todos los sucesores. Además a Pedro se le dice claramente Cefas, puesto que Jesús habló en arameo, y se dice sobre esta 'Cefas' edificaré mi iglesia.

Los textos de Juan 21:15-17, serían también significativos, siguiendo esta línea de interpretación, ahí, Pedro sería confirmado en su cargo de "Obispo Universal".

Por último, Pedro es mencionado en diferentes ocasiones el primero. No sólo es puesto el primero de las listas de los apóstoles, también lo es en la que se cita a los testigos de la resurrección. Casi siempre es presentado como el primero que responde. Es el primero en predicar después de la ascensión de Cristo. Es el primero en abrir "ese Reino" a los gentiles. Desde luego es indiscutible un líder de la primitiva comunidad cristiana. En todo colectivo es preciso que alguien se destaque. Eso es algo puramente natural y que no justificaría una teoría que como la del Primado Papal no se encuentra ni explícita ni implícitamente en la Escritura.

2. El Sentido Protestante y de ciertos Teólogos Católicos al Texto

J. Broadus [24],  Cullman  [25] respecto al famoso pasaje de "Tú eres Pedro"  y una mayoría de intérpretes protestantes y católicos de la actualidad [26],  admiten que si bien la posición de Pedro, con una especie de autoridad sobre los doce, no está claramente afirmada se podría afirmar el que Pedro fuera una piedra mas del fundamento, sin que por ello hubiera que creer en un fundamento único y especial.

Lo que ahí se diría, sería, que la Iglesia está fundada sobre él, pero esto no significaría ni la sucesión ni la infalibilidad, ni el primado, sino tan solo la promesa de un honor y cargo que todos los demás apóstoles también tienen como fundamentados del mismo modo (Efe. 2:20), e incluso los profetas antiguos, adicionándose los creyentes posteriores (1ª Ped. 2:5).

Es una oportunidad que aprovecha Jesús; y puesto que su interlocutor, en esa ocasión es Pedro, se le dice a él particularmente, como después se le dirá de una forma general a los demás (Mat. 18:18).

Y sobre todo es una oportunidad propicia por cuanto Jesús no sólo diría a Pedro lo que también la Palabra iba a decir de otros, sino que además añade algo que solo Pedro iba a efectuar: abrir "la puerta del Reino" a los gentiles por medio de "las llaves".

No cabe duda que si bien es cierto que "la Palabra" hace una diferencia importante entre el fundamento de los apóstoles respecto a la contribución que del fundamento hacen los profetas y los creyentes denominados "Piedras Vivas", no es menos cierto que esa diferencia no se encuentra entre los apóstoles respecto de Pedro. Al contrario Pedro está siempre incluido como uno más (Ef. 2:20, 1 Cor. 12:27, 28 y Apoc. 21:14).

No cabe ninguna duda que todo lo que se puede hacer decir de Pedro, en el famoso pasaje, sólo repercute en el propio Pedro histórico. Imaginar una sucesión, o una autoridad infalible a lo largo de los siglos que estaría representada en el apóstol Pedro, está basada meramente en una pretensión y especulación. Por mucho que Pedro fuera una figura realmente descollante nos querría expresar tanto como lo que podríamos entresacar de la figura de Pablo altamente favorecido por el Nuevo Testamento.

3. Justificación Teológica de la Posición Histórica Protestante
a. Distinción entre Pétros y Pétra

Nuestra interpretación no es la de Cullman. Ni la de Strong [27]. Strong, reconoce que la Piedra es Pedro, pero añade, como queriendo quitar importancia, que es la confesión de Pedro lo que le constituye roca. Esto ni quita ni pone a la interpretación católica. Sea la confesión o sea porque Pedro es escogido para ser roca ya anteriormente, lo cual es probable, no deja de ser al Pedro concreto a quien se dirigirían estas palabras, siguiendo la interpretación de Strong, y por lo tanto le serían aplicables las consecuencias que de esta interpretación se derivaría.

Tampoco comprendemos ni compartimos la posición de Francisco Lacueva [28].

Dicho autor admite que Pedro es "Piedra", y que sobre esa piedra edificará Cristo su Iglesia. Pero a continuación añade que Cristo no dice que sobre Pedro edificará su iglesia, ni que tampoco la edifica sobre sí mismo (!) (es decir, sobre su propia persona, la de Cristo): “Jesús no funda su iglesia sobre la persona de Pedro, pero el sentido de Piedra (Kefa) no es ajeno a Pedro en cuanto a roca – confesante”. Si la segunda piedra está unida a la primera, sea Pedro o sea el Pedro confesante, es sobre Pedro que edificaría Cristo la Iglesia si somos consecuentes con las bases de la interpretación que inicialmente da dicho autor. En efecto, no podemos decir que la segunda piedra se refiere al Pedro confesante y mantener que Cristo no edifica la iglesia sobre Pedro. Por otra parte, si el autor está de acuerdo con la interpretación de Cullman da al pasaje, como parece estarlo, tampoco podemos comprender que diga que está edificada la iglesia sobre el Pedro – confesante, pero que no lo está sobre el Pedro como persona.

Nosotros no negamos que Pedro sea una piedra más del fundamento. Lo que no aceptamos que sea preciso el pasaje en cuestión para saberlo. Creemos que la 'piedra' (pétra) que ahí se menciona se refiere a Cristo exclusivamente [29].

Nos atenemos, con ciertos matices, a la posición histórica protestante, según la cual la 'Roca' es Jesucristo [30].

Cullman y otros muchos exégetas modernos [31] han intentado demostrar que tanto el primer Cefas como el segundo se refieren a la misma persona, es decir a Pedro [32] .

Las razones de nuestra oposición a dicha opinión no se basan en las consecuencias teológicas que puedan desprenderse de dicho aserto, ya que son mínimas, sino tan solo a un intento de comprobar que existe otra forma de comprender el texto y al menos tan aceptable.

Es cierto que las palabras de Jesús transmitidas por Mateo fueron dichas en arameo, y el texto aparentemente, podría quedar: "Tú eres Kefa y sobre esta Kefa edificaré mi Iglesia". Ahora bien, lo que no podemos decir con seguridad y suficiente garantía es que en arameo no existiera en aquel entonces un término que distinguiera la expresión "Piedra" aplicada a una persona cualquiera de la aplicada a Dios [33]. Es decir, podría existir un término derivado de Kefa que cuando se aplicase a un simple hombre se distinguiera de la "Roca" que se aplica a Dios en el Antiguo Testamento y a   Cristo tanto en el antiguo como en el Nuevo Testamento. O quizás no hiciese falta ninguna distinción lingüística sino que los oyentes sobreentendieran esa diferencia entre el Kefa que se refiriera a un hombre, y el Kefa que se refiriera al fundamento sólido que es Cristo, o a un fundamento sólido no aplicable a ninguna persona a no ser Dios o a Cristo.

Es preciso tener en cuenta ciertas consideraciones que nos obligan a las explicaciones anteriores y a un rechazo de la opinión de Cullman en cuanto a que tanto Pétros como Pétra signifiquen lo mismo y se refieran las dos a Simón Pedro.

Es curioso que Cullman tenga que acudir a la literatura rabínica, o sea extrabíblica para encontrar un ejemplo de que el término Roca se aplica a un hombre [34]. Puesto que tanto en el AT como en el NT 'pétra' nunca se aplica a un hombre [35]. Hemos consultado todos los textos en los que aparece 'Pétra' ninguno se aplica a un hombre. En el NT siempre se emplea "pétros" para Pedro. E incluso el término que aparece en ocasiones en lugar de "Kefa", nunca se aplica a una persona concreta. En el AT, 'Pétra' se aplica a las "piedras" que representan nombres de las 12 tribus de Israel; pero es curioso observar que 'pétra' se aplica también en el NT a todos los miembros que componen la Iglesia (cf. Ex. 28:21; 2 Ped. 2:4-8). Se aplica a fundamento fuerte o bien a Cristo. Nunca se emplea 'pétra' (cf. 1 Cor. 10:4; 1 Ped. 2:8; Mat. 16:18; 27:60,51; Apoc. 6:16; Mat. 7:24,25; Luc. 6:48; 8:6; Rom. 9:33; Mar. 15:46; Luc. 8:13; 1 Cor. 10:4; Apoc. 6:15) para Pedro sino 'pétros'.

Cullman dándose cuenta, como es lógico, que Mateo hace diferencia entre 'pétra' y 'pétros', admite que <<en el origen 'pétra' significaba más bien la Roca en tanto que 'masa rocosa', y 'pétros' bloque de roca arrancado de la masa>> [36]; y añade que la diferencia de sentido es mínima y que esta distinción no ha sido respetada [37].

Sin embargo podemos decir, que Mateo traduce las palabras que sin duda Jesús pronunció en arameo, distinguiendo entre 'pétros' (es decir en "Tú eres Pedro") y 'pétra' (es decir "sobre esta 'Piedra' edificaré mi Iglesia"). Ahora bien, para saber que esta diferencia entre 'pétros' y 'pétra' es mínima es preciso demostrarlo. Los ejemplos de Cullman [38], no son suficientes no sólo por la cantidad sino por su contenido, ya que el problema no está en que 'pétra' se use en el sentido de Piedra o bloque de Piedra, indistintamente, y a eso aluden los tres ejemplos que Cullman da; el asunto estaría en que 'pétros' que se usa como bloque de Piedra se usara aplicándolo también como masa rocosa, pero de esto último no nos da ningún ejemplo. Otros desde luego no piensan lo mismo, de que la diferencia sea mínima, y después de haber estudiado los términos en la literatura griega antigua, concluyen diciendo que 'pétros' sería, como un guijarro, o canto de piedra, como algo que ha sido sacado de una roca, y que puede ser llevado por las aguas debido a su poco peso. Por cuanto en ningún lugar aparece 'pétros' como la 'masa rocosa'.

En el diccionario de Liddell y Scott, eruditos del siglo XIX, obra revisada por Jones y McKenzie, de nuestro siglo, con la colaboración de otros lingüistas eminentes, y publicada por la imprenta de la Universidad de Oxford participa de la idea expresada en lo expuesto.

Juan por otra parte nos traduce al griego, el significado del arameo Cefas, él pone en boca de Jesús refiriéndose a Pedro: "[...] Tú serás llamado Cefas (que significa 'Pétros')" (Jn 1:42). Aquí no hay dudas de ninguna clase. Dudas en cuanto a que el evangelio de Mateo pudo haber sido escrito en Arameo, aunque modernamente se ha comprobado lo contrario [39], Dudas a que en todo caso, las palabras fueron pronunciadas en arameo por Jesús, sin embargo han sido transmitidas con esa diferencia de matiz pétrospétra. Lo que está claro es que Juan participaba de esa comprensión diferencial.

¿Por qué Juan no dirá que Cefas significa pétra? ¿Por qué Mateo distinguirá entre Pétra y Pétros?

Por un lado tenemos que pétros se usa en la Biblia aplicado a un hombre, Simón. Un hombre que aunque arrepentido y perdonado, de carácter voluble y débil.

Por otra parte tenemos que el uso de pétros en el griego antiguo, se hace para diferenciarlo de la 'masa rocosa'.

La Biblia no usa nunca pétra atribuyéndoselo a una persona, excepto a Cristo y a Dios.

Esto nos muestra que la diferenciación tiene una intención, y es la de no equivocar la piedra que es pétros con la piedra que es pétra. Todo esto va a venir corroborado cuando hagamos un estudio del contexto mas inmediato del pasaje de Mat. 16:17-19, y de todo el contexto general.

b. El Destacarse de Pedro ¿orienta una Primacía Administrativa, o el hacer Sobresalir su Naturaleza Personal?

Los evangelios nos dan una imagen en la que aparece un Pedro como sosteniendo una cierta primacía, pero el problema está en saber si es una primacía querida y fortalecida por Jesús, o una primacía fruto de las circunstancias ambientales que la hacen posible, y alimentada por el carácter impulsivo y destacable del propio Pedro.

En efecto, ¿qué pretenden los evangelios cuando nos presentan, por un lado a un Simón que aparece el primero en las listas, que pregunta, al menos en los sinópticos, en nombre de todos, que se ve siempre implicado en asuntos eclesiales y doctrinales, que es el que intenta caminar sobre las aguas, a petición de Jesús; y por otro lado nos presenta a un Simón como un hombre de poca fe, aliado de Satanás, débil de carácter, que niega a Jesús, aunque después se arrepienta y sea perdonado? ¿Es una imagen favorable o desfavorable? ¿Qué se pretende con esa presentación?

Bonnard, fluctúa en aceptar una imagen u otra, respecto al evangelio de Mateo [40].

Destacados teólogos tanto católicos como protestantes [41], al hacer un análisis detallado sobre Pedro en el NT, comprueban respecto al evangelio de Marcos no solo una imagen de Pedro un tanto 'preeminente' (que sobresale), sino también la intención de presentar la debilidad y fallos de Pedro [42] . Y se preguntan sobre si Marcos es hostil a la memoria de Pedro y trata de recordar sus fallos al lector, o si, por el contrario, se pretende rehabilitar su memoria [43]. También observan una imagen "abigarrada" de Pedro en el evangelio de Mateo [44] .

En principio, hemos de tener en cuenta que los evangelios no pretenden presentar intencionadamente una imagen favorable o desfavorable. Ni debemos buscar eso nosotros, por cuanto la problemática de los evangelistas no es la de presentar un Primado o no, de estilo católico, sencillamente han encontrado en Pedro un discípulo prototipo para obtener unas enseñanzas para aquellos que crean posteriormente [45].

En efecto, el evangelio nos muestra un Simón que aparece siempre pronto a responder (Mat. 17:4; Jn. 13:36), como el dirigente del grupo (Mat. 16:16,22), como alguien que pretende sobresalir respecto a los demás (Mat. 14:28-31). Es el que habla en lugar de todos. El que quiere erigirse por encima de los demás (Mat. 26:33-35), el que confiesa a Jesús como el Hijo de Dios (Mat. 16:17-19). De forma inseparable nos habla de un Simón "que no sabe lo que dice" cuando el momento de la Transfiguración; como un hombre de poca fe, que se hunde en el instante de pretender andar sobre las aguas, alguien que no sabe ni conoce las cosas de Dios (Mat. 16:23), y que niega a Jesús en última instancia (Mat. 26:69-75). De ahí que el evangelio dé tanta importancia a Pedro, por su carácter no hecho a las cosas de Dios, por otra parte sincero y extrovertido que permite hacernos una idea de lo que Jesús no quiere respecto a aquel que quiere ser su discípulo.

Ahora bien, ¿qué significado tiene que Jesús cambie de nombre a Simón? Porque evidentemente existe una finalidad ¿tiene algo que ver con un primado infalible y una sucesión de Papas constante?

Hemos comprobado por ahora que la imagen que se da de Pedro en los evangelios no es clara y absolutamente positiva. Si Pedro sobresale en los evangelios no es porque ocupe o vaya a ocupar un cargo eclesiástico especial, sino mas bien por sus debilidades y deficiencias, por un carácter impulsivo que necesita satisfacerlo preponderándose. Pero el evangelio no oculta a donde le condujo a Simón ese comportamiento destacable. Los evangelios unifican tanto los momentos en que Pedro despunta, como los momentos en que Pedro se hunde e incluso es rechazado por Jesús. Los unifican por cuanto lo último surge en función de lo primero. Los evangelios nos permiten que seamos nosotros quienes obtengamos la verdadera naturaleza de "lo preeminente" de Pedro, en función de sus fallos, de sus aspectos negativos, de su presunción y de la negación a Jesús. De ahí que surja paralelamente a esa "aparente" "preeminencia", una doble trayectoria, una, la que nos muestra la esencia de su "primacía" por medio de sus fallos y del resultado al que llega Pedro: negar a Jesús; y por otra parte, la otra directriz no menos importante, la que nos muestra la forma en que Pedro es rehabilitado. Los tres asuntos están íntimamente relacionados, y no deben separarse. Cuando Juan por ejemplo transmite el triple reconocimiento de Pedro respecto a que ama a Jesús, no lo podemos aislar de su triple negación, ni de las escenas en que quiere aparecer como superior a los demás apóstoles cuando expresa que él no abandonará jamás a Jesús (Jn. 18:15-18,25-27; 21:15-19).

Esta escena, según creemos, tiene un sentido semejante a la de Mat. 16:17-19. En aquella Pedro confiesa a Jesús. Jesús le reconoce como pétros (diferenciándolo no obstante de pétra), le promete el honor de "las llaves", y el de "atar y desatar", pero después el evangelista nos muestra el aspecto negativo con el "apártate de mí, Satanás..." (cf. Mat 16: 22, 23). En la de Juan, aunque a la inversa, sucede lo mismo: Comienza aludiendo a su negación, Pedro ratifica su amor a Jesús, y termina reconociéndose su apostolado.

¿Qué connotación podemos sacar entre esto y el cambio de nombre con las frases del texto famoso de Mat. 16:17-19?

Cuando Jesús, según el evangelio de Juan, dice a Simón "que él sería llamado pétros", no cabe duda que está diciendo algo, que en el futuro, cuando ese nombre fuese aplicado, prefiguraría el papel que debería desempeñar el propio Pedro [46]. Cuando Jesús en Mateo utiliza ya el nombre de pétros, parece mostrar que ese nombre ya se había consagrado para denominar a Simón.

Ahora bien, si el nombre de pétros prefiguraría el papel que debería desempeñar Simón en un futuro, antes de cualquier interpretación posible sobre dicho texto, sería conveniente ver lo que nos dice el NT sobre el papel que desempeñó Pedro, e incluso el papel que no desempeñó.

Una vez realizado este trabajo estaremos más capacitados para comprender los textos de Mateo. 16:17-19, y de responder a las preguntas que a lo largo de este capítulo hemos dejado sin respuesta.

4. Pedro ¿Príncipe de los Apóstoles?

En principio deberíamos preguntarnos, si el nombre de 'pétros' y la posibilidad de "atar y desatar", y el de tener "las llaves" del Reino de los Cielos, supone el que Pedro fuese el Príncipe de los Apóstoles. Si esto fuera así, el NT tendría que reflejarlo. Cabría preguntarnos, aunque por el momento fuera hipotéticamente: ¿desde cuando fue Pedro el Príncipe de los Apóstoles?

En vida de Jesucristo, existen dos ocasiones en las que el ser el 'primero' o el mayor entre ellos, se suscita. La primera que está comentada tanto por Mateo como por Lucas y Marcos, se obtiene una respuesta categórica de Jesús: "Ninguno de vosotros es el primero, o el mayor" (Mat. 18:1ss y Luc. 9:46; Mar. 9:33-37).

Esta disputa sobre quién es el mayor se realiza posteriormente al momento en que se refieren las palabras de la confesión de Pedro (Mat. 16:17-19 cf. Mat. 17:1; Luc. 9:26) [47] .

Si las palabras de Mateo 16:17-19 hubieran sido entendidas como cierta exégesis las ha comprendido posteriormente, como si Pedro fuese elevado a un mayor rango, respecto a los otros apóstoles, no hubieran pretendido el plantearse esa disputa. Cabría la posibilidad de que los propios apóstoles no lo hubiesen entendido todavía, pero Cristo al dar la respuesta no sobreentiende ni supone que ya hubiese nombrado a alguien que sería el mayor o el principal de entre ellos. Todo lo contrario, es preciso que lleguen a ser tan humildes como los auténticos niños que están desprovistos de autosuficiencia y de esa ambición de los adultos en quererse destacar como los jefes.

Como ya alguien ha indicado [48], la respuesta que da Jesús no es simplemente una exhortación a que los discípulos tuvieran una vaga humildad: "Los niños, los criados, los esclavos, no eran sujetos de Autoridad, e incluso según la mayoría de las legislaciones vigentes entonces, ni siquiera eran personas".

La segunda disputa acontece en el cenáculo (cf. Mat. 20:20-28; Mar. 10:35-45; Luc. 22:24-27). Parece ser que es en el cenáculo según refiere Lucas cuando esta disputa se originó como consecuencia de los hermanos Jacobo. Según refieren los otros dos sinópticos, la alusión a la copa mostraría en Marcos y Mateo el momento de la Santa Cena, se alude a lo de los reyes de este mundo que también insertan los otros sinópticos [49]. Parece ser que es suscitada por los hijos de Zebedeo, y que entre todos se enzarzaron en una agresiva discusión. Jesús está presentándoles su marcha. Ellos se preocupan por quién iba a poseer la "primacía" o la "preeminencia" sobre los demás. En la discusión cada uno pretendía tenerla. Pero Santiago y Juan fueron mas lejos todavía, se lo propusieron a Jesús. Los demás se enojaron y Jesús vuelve a responder que ninguno debiera pretender ser el mayor o el primero. Pero lo hace con unas palabras que condenan trágicamente a muchos de los comportamientos históricos de muchos que dijeron ser "sus discípulos". Ellos no deben actuar como los gobernantes y las autoridades de este mundo. No deben emplear el dominio ni el señorío, ni pretender poseer el Primado o la Preeminencia.

Nuevamente estos textos relativos a las discusiones sobre quién sería "el mayor" o "el primero", nos obligan a recordar que las palabras de Jesús referidas a Pedro, en la ocasión de la confesión de éste en Cesarea de Filipo, no fueron entendidas por Pedro y los demás, como que hubiese sido conferida una Primacía sobre Pedro puesto que las discusiones hubieran podido zanjarse recordándose por Jesús o por alguno de los discípulos que dicho "cargo" de preeminencia ya se había concedido. Esto parece mostrarnos una vez más que, el significado de los pasajes de Mat. 16:17-19 no implican una Primacía, ni mucho menos una sucesión ininterrumpida de Jerarcas infalibles.

Por otra parte es cierto que aquí Jesús, en los textos relativos a la discusión sobre quién sería el mayor, no indica ningún plan, en cuanto a como debería ser la autoridad entre ellos, a cómo se tendrían que relacionar dentro de la organización eclesiástica para que surgiera un "gobierno" eclesiástico acorde a la voluntad de Cristo, pero lo que sí que te dice, es el cómo no debería de ser dicha organización religiosa que él había fundado: nada típico a la autoridad civil de los gobiernos del mundo, nada parecido a la sociedad religiosa judía. Siervo, esclavo y niño, no haber ningún "mayor" o "primero", serían elementos fundamentales a tener en cuenta, a la hora de organizarse y de "gobernar" la iglesia.

Posteriormente a la muerte de Cristo, vemos actuar a Pedro con cierta valentía, beneficiándose del Espíritu del Pentecostés (Hech. 2:14 ss.). No solamente hace uso él de su magisterio, también lo hacen simultáneamente los otros apóstoles (Hech. 2:3-13). Después aparecen nuevamente Pedro y Juan haciendo uso de ese magisterio (Hech. 3 y 4). E incluso a Pedro lo vemos distinguirse sobre todo en la decisión de admitir a los incircuncisos. Estas actuaciones vendrían a corroborar lo que nosotros entendemos por "las llaves" que le concedió Cristo (Mat. 16:19). Pero este magisterio lógico, en cualquier cristiano responsable (cf. Mat. 24:45-47), puede en ocasiones tener sus errores, y lógicamente también, poniendo en práctica su magisterio, Pedro los tuvo (Gál. 2:11-16).

Es evidente, que la inspiración con la que se le dota a Pedro como apóstol irrepetible, no evita que éste, en un comportamiento personal se aparte del espíritu evangélico, asunto que el magisterio del Espíritu Santo manifestado en toda la Iglesia pone al descubierto y lo corrige con la misma Palabra. Pablo, bajo inspiración, hará un análisis claro del problema judeo – gentil, y Pedro ratificará los escritos de Pablo "que los indoctos tuercen" (2ª Ped. 3:16).

Los fieles de Jerusalén discuten los actos de Pedro y le piden explicación (Hech. 11:1-3). No hay nada anormal en esta actitud, puesto que Pedro, no habiendo comprendido el mensaje universal cristiano parecía que tomaba una actitud respecto a los de la circuncisión, y otra diferente en relación a los de la incircuncisión. Pero en esta ocasión Pedro va a poderles explicar por medio de la visión que ha tenido, que no puede ajustarse a lo que pensaba respecto a los incircuncisos, pensamientos que sin duda habría transmitido a esos fieles de Jerusalén, y que ahora se sorprenden de verlo con incircuncisos e incluso comiendo con ellos. Por lo que se refleja posteriormente, estos fieles de Jerusalén, que aparentemente se sometieron, debieron continuar creando problemas, puesto que en Gálatas se nos narra que Pablo, en ocasión del Concilio celebrado en Jerusalén, tuvo que reprender a Pedro públicamente por su práctica un tanto errónea (Gál. 2:11-14).

Esta reprensión está basada en algo relacionado a costumbres y doctrinas. Se trata de un asunto que pone en evidencia la problemática de la salvación respecto a la cuestión fe y obras. El tema de la justificación humana sobresale. ¿Necesitan los gentiles convertidos una justificación en base a cumplimientos, como ciertos judíos propugnaban y que Pedro apoyaba?

Evidentemente Pedro es una figura sobresaliente, tanto, que la primitiva iglesia lo recuerda para las generaciones futuras. Sobre todo le interesa destacarlo por varias razones: aun a pesar de su caída espiritual, el Pedro que negó a Jesús y de carácter violento e impulsivo, ya no es el mismo. Ya no tiene temor a la prisión y a la muerte. Ya no tiene miedo a que le confundan con uno "de esos" que pertenecen a Jesús Nazareno (Hech. 4:1-14,5 ss.-13-19). La rehabilitación esperada por Jesús, ha dado sus frutos, y la Palabra de Dios tiene que demostrarlo. Tiene que demostrar que Pedro ha sido sincero en su conversión, máxime cuando esa misma Palabra había profetizado que Pedro abriría con "las llaves" el "reino de los cielos". "La Palabra de Dios", usada con poder por Pedro, abriría a las gentes la posibilidad de conocer el evangelio. Pedro inauguraría la "nueva era". Si bien, una vez recibido el Espíritu Santo todos se pusieron a predicar en lenguas, la participación de Pedro fue decisiva.

Pero nada de esto, como ya hemos visto, supone una Supremacía ni inmunidad para el error, a excepción de su ejercicio de su 'apostolado' inspirado que ha quedado registrado en sus epístolas, y que como estamos viendo es irrepetible.

Cuando profundizamos en la relación de Pedro con los demás apóstoles, todavía se observa esto con mayor claridad. Así vemos que son los apóstoles en conjunto quienes deciden enviar a Pedro y a Juan a Samaria para consolidar la obra que allí había sido comenzada. Son enviados para hacer la obra de dos evangelistas itinerantes (Hech. 8:14).

El motivo del Concilio de Jerusalén es principalmente por la cuestión de la circuncisión. Obsérvese que es la Iglesia, los apóstoles y ancianos en conjunto quienes llaman a Pablo y Bernabé, los esperan, promueven dicho concilio, y quienes deciden y cierran el concilio en última instancia.

En el famoso Concilio de Jerusalén (Hech. 15:7-11) la aportación de Pedro es importante, puesto que alude a la misión especial que Cristo le recomendara, respecto a que "abriría las puertas" del Reino con "las llaves" (vs. 7) pero interviene, una vez reunidos "los apóstoles y ancianos" para saber del asunto y tras una cierta contienda, como un miembro más del concilio. Como intervendrán a continuación, como miembros también, Pablo y Bernabé, intervención que hizo callar a toda la multitud para escuchar las maravillas de estos dos héroes de la fe (vs. 12).

A continuación participa Santiago. Nótese que Santiago no solo hace un resumen (vs. 14-18), sino que incluso presenta una propuesta: "yo juzgo...", términos que corresponden mas bien a alguien que preside una asamblea (vers. 14-18).

Lo que sí está claro, es que la decisión no proviene de nadie en particular, ni hay nadie que sobresalga sobre los demás, ni aun los propios apóstoles en su conjunto, sino que toda la iglesia, juntamente con los apóstoles y ancianos fueron los que decidieron (vers. 19-23).

Nótese que este es un modelo a imitar. Una auténtica democracia eclesiástica [50].

Desde luego una cosa sí que es evidente respecto a una posible supremacía en la Iglesia del NT, Pablo no admite que haya nadie superior a él, ni aun alguno de los llamados sumos apóstoles (2ª Cor. 12:11). En ocasión del Concilio de Jerusalén, Pablo considera a Pedro un líder más, entre otros dos, de la comunidad de Jerusalén (Gál. 2:1-9): aquellos que "parecían" ser las columnas de la iglesia: Santiago, Pedro y Juan.

Nótese por si sirve como contraste que Santiago es mencionado el primero. El término "columnas" no implica siquiera que estos tres apóstoles tuvieran una supremacía, sino que servían para "soportar el edificio". Obsérvese el énfasis de Pablo cuando dice: "[...] los que parecían ser las columnas".

En Corinto, Pablo se indigna por cuanto la iglesia se encuentra dividida al haberse forjado cada grupo "su príncipe" o "su primado". Pablo es categórico al expresar que no es necesario ni correcto que nadie tenga sus preferencias por nadie (1 Cor. 1:11-13; 3:3-9) y que nadie, sea quien sea "es algo" sino solo Dios (1 Cor. 3:7). Y los que han sido enviados como Ministros son todos una misma cosa (1 Cor. 3:8). Todo lo mas "coadjutores" (1 Cor. 3:9).

Pero es Pedro quien verdaderamente nos muestra el cambio operado entre el Simón que aparentaba "una primacía", fruto de un carácter y personalidad carnal, y el Obispo que se dirige a sus colegas en su primera epístola (1 Ped. 5:1-5). Pedro realmente, como el resto del NT, desconoce que tuviera "ciertos derechos y privilegios", lo desconoce por cuanto nunca los tuvo. Se equipara a los restantes ancianos y presbíteros. Concuerda con Cristo en la forma que han de dirigirse a la grey de Dios, "no con señorío" y reconoce como el auténtico Príncipe de los Pastores a Cristo Jesús.

Esto no son meras palabras. Ni falsa modestia. No es una terminología preparada para la ocasión, traduce la realidad de una posición que nada tiene que ver con una autoridad potestativa, como la que se desarrolló en el sistema papal.

5. ¿Un Carisma Especial para la Función de Pedro? ¿El don de la Autoridad?

La noción de un carisma especial para Pedro [51], no tiene su confirmación en el NT. Cristo que en tiempos de los apóstoles es la Cabeza de la Iglesia (Col. 1:18; Ef. 1:22, 23), no manifiesta en ninguna parte que haya dejado a ningún hombre como cabeza o 'director especial', la sola mención de El como cabeza, y la omisión de algún otro que pueda ocupar su lugar es suficiente elocuente para negar la existencia de semejante don en la iglesia primitiva.

Cristo ha prometido que estaría ocupándose de la iglesia desde el cielo (Mat. 28:20), y que enviaría un Vicario, el Espíritu Santo (Jn. 14:26 cf. 15:26; 16: 12, 13), lo cual ratifica al NT sobre la inutilidad de ningún otro nombramiento que sirva para sustituir a Cristo, a no ser la iglesia en pleno guiada por ese Vicario o Espíritu Santo. Sin embargo, no por ello dejó de dar carismas o dones a su iglesia. Pero en las dos listas que el NT nos ofrece sobre los dones que impartió Cristo a su Iglesia, no se encuentra el carisma especial y particular de Pedro (1 Cor. 12:1, 28; Ef. 4:10, 11). Se mencionan a los apóstoles, pero entre éstos no hay nada ni nadie especial. Si este carisma hubiera existido, hubiera sido preciso reflejarlo, por cuanto todos los dones son importantes e imprescindibles para la perfección y la edificación del cuerpo de Cristo que es la Iglesia (Ef. 4:12).

Pablo en Corinto, después de haber enumerado todos los dones aparenta faltarle alguno. Cuando explica que es preciso procurar los mejores "carismas", y habiéndolos enumerado todos, habla de "un don mas excelente": el del amor (cf. 1 Cor. 12:30, 31; 1 Cor. 13).

1) ¿Qué Autoridad? [52]

a)   El Sistema de Gobierno en la Iglesia Novotestamentaria refleja que no hay un don especial de la Autoridad para Pedro ni por lo tanto tampoco ha podido transmitirlo a nadie, y que la Autoridad querida por Dios no es la de una Monarquía Absoluta

La concepción de Iglesia en Mateo

Schnackemburg [53] nos resume la idea de Iglesia que se mantiene en un núcleo tan primitivo como el del evangelio de Mateo.

1) La representación básica de la Ekklesía que Mateo toma y que él a su vez nos transmite en Mat. 16:18, se construye sobre la idea del Pueblo de Dios. Utiliza el término que los 70 han traducido del qâhâl hebreo: el de Asamblea [54]. La Iglesia (Asamblea) de la Antigua Alianza se ha convertido ahora en la Iglesia de Cristo [55].

La Iglesia se constituye en el lugar desde donde se anuncia la salvación, y los que forman parte de ella comparten esa salvación. Esta labor la efectúan de forma especial y previa los que han estado con El desde el principio, los 12, los primeros discípulos (Mat.16:19 cf. Mat. 18:18 y Jn. 20:23). Y por medio de la comunicación del poder de la salvación que reside en Cristo Jesús pueden lograr el perdón o la retención de los pecados (cf. Mat. 16:19; 18:18; Jn. 20:23).

2) Hay una estructura de la Iglesia incipiente ya en la llamada regla de la Comunidad (Mat. 18:1-20) [56].

De ella se desprendería que la autoridad de la Iglesia reunida en asamblea ejerce el dominio del poder divino.

Esta originalidad de la iglesia de los discípulos de Jesús les constituye en directivos autorizados ya que ponen el fundamento segundo (cf. Mat. 19:28), tras el primero que es Jesucristo. Y que a decir de Schnackemburg no son los únicos en poseer funciones directivas [57].

3) La Idea de la Universalidad de la Iglesia, hace romper el marco restringido judaico.

Partiendo de la sustitución del Israel nacional por el espiritual (Mat. 21:43), ahora la Ekklesía abarcará tanto a los miembros creyentes de Israel como a los súbditos convertidos de los pueblos gentiles (Mat. 12:21; 24:44; 25:32; 28:19 cf. 8:10, 11, y ss) [58].

Varios puntos se pueden destacar de esta descripción de Mateo sobre la Iglesia.

La iglesia está formada por creyentes en Jesucristo. No hay obstáculos ni para los gentiles ni para los judíos. Los 12 forman la 'Iglesia' como los primeros fundamentos. Representan la autoridad trasmitida por Jesucristo, determinada ésta por la fidelidad a la misión y al fundamento Cristo Jesús (Mt. 26:47 y ss. cf. Hech. 1:15-26) Se trata del núcleo primero eclesiástico, y nos indica que en la estructura de la Iglesia, es la Asamblea, la Iglesia congregada la que toma las decisiones últimas (Mt. 18:17,18).

La Concepción Lucana

El Lugar y la Labor de la Iglesia

Schnackenburg hace notar la importancia que se le da a Israel en la Salvación. Las palabras de Hechos 1:8 estarían unidas, según el autor, a una concepción eclesiológica [59]. En efecto, la Iglesia que es 'testigo' de Jesucristo, tiene unas tareas que cumplir, y un 'lugar' donde realizarlas: Jerusalén, toda Judea, Samaria, y todo el mundo.

Las tareas estarán orientadas por el Espíritu Santo que Jesucristo había prometido en cumplimiento de la profecía de Joel (Luc. 24:49 cf. Hech. 1:9; 2:16-21) [60]. La Iglesia se constituye así en la tercera fase histórica que presenta la salvación de Dios [61].

Una vez más no hay una ruptura radical con Israel, pero tampoco confusión ni identificación ni paralelismo, sino continuidad y absorción. La base de la pertenencia es la misma para todos, tanto para judíos como para gentiles: La creencia en Jesucristo y el testimonio sobre El. 

Los coloquios de Jesús en la santa Cena y la concepción de Iglesia [62]

           1) La Institución de la Santa Cena (Luc. 22:21-38), desprende un elemento de unidad entre Jesús y sus discípulos hasta el advenimiento del Reino de los cielos. Independientemente del valor que la salvación tiene, se van a tener luchas y tribulaciones (Luc. 22:28, 31 cf. 24:26 y Hech. 14:22), de ahí la necesidad de la unidad, el servicio y la perseverancia en el lugar que a cada uno le corresponde en el Reino.

2) Si bien la actuación de los 12 no ha de ser como la del mundo en lo que se refiere al ejercicio de la autoridad, o en cuanto a los deseos de supremacía, se distingue claramente en estos pasajes una estructura Apostólica de la Iglesia dirigida a los 12 (Luc. 22:28 y ss) ocupando un lugar preferente que les concede, como ocurría en el caso de Mateo 18, el haber sido los primeros elegidos por Jesucristo.  

3) La autoridad apostólica está determinada por el oficio de 'servir' (Hech. 22:27).

Este servicio se ve reflejado en la elección de los 7 por la Asamblea (Hech. 6:1-6) tanto a nivel de ministrar en las mesas como en el de la predicación de la palabra que tanto los elegidos (evangelistas, Esteban y Felipe) como fundamentalmente los Apóstoles llevan a cabo.

4) Lucas en Hechos de los Apóstoles, a pesar de las ideas subyacentes que es preciso interpretar de un modo indirecto y de los vacíos que formarían parte de la propia estrategia dinámica de la consolidación del orden, ofrece una configuración global de organización y de estructuras en la Iglesia que parece responder a la forma de actuación eclesial implicada en sus pasajes del evangelio (Luc. 22: 21 y ss).

El principio enumerado por Miguel M. Garijo – Guembe  sobre que es preciso tomarse en serio el Nuevo Testamento en su totalidad, a la hora de encontrar una respuesta lo más satisfactoria posible a lo que se nos presenta en dicho compendio respecto a la Iglesia [63], cobra aquí relevancia cuando se observa una cierta variedad a la hora de expresar el tipo de organización de Iglesia. Esta aparente variedad no debería conducirnos, a nuestro entender, a una búsqueda de iglesias distintas, a pesar de que los modelos eclesiales, como veremos a continuación parecen enfrentarse. La posible tensión de esos patrones, debería solucionarse, no con el conflicto entre ellos, sino con una concepción amplia que tiene en cuenta toda una serie de elementos que permiten la subsistencia de la Iglesia en el futuro. Supervivencia que ha de tener en cuenta al Espíritu Santo que quiere, guía y condiciona adecuadamente el paradigma eclesial mas oportuno y apropiado para cumplir la misión encomendada por Jesucristo.

Lucas evidencia que para ser Apóstol del círculo de los 12 es preciso haber sido testigo de la resurrección y haberle acompañado en su vida terrestre (Luc. 6:13; Hech. 1:22 y ss.) [64]. Sería preciso añadir aquí, la necesidad de la fidelidad al fundamento, apostolado y palabras de Jesucristo (Hech. 1:25 cf. Gal. 1:8,9). La permanencia en ser apóstol solo puede ser garantizada por la constante presencia del Espíritu Santo. El caso de Judas es un ejemplo.

El caso que presenta Pablo con su elección especial como Apóstol por parte del Jesucristo resucitado, y al que ha visto como tal en aparición (1 Cor. 1:1; 9:1, 2; 15:9; Gál. 1:1; 2:8,9), no debe crear ningún problema, no sólo porque Pablo no intenta romper el círculo de los 12 con Pedro, ni penetrar en él (1 Cor. 15:5-9), los que son considerados como salvaguardadores de la unidad (Gál. 2:2, 9) sino que su insistencia reside mas bien en certificar su misión de enviado.

Es en ese sentido amplio, aun cuando se den unas circunstancias especiales en lo sucedido a Pablo, que se aplica el término de apóstol. Aun cuando no se dé la manifestación tan dramática como en lo acontecido a Pablo, se usa para Bernabé (Hech. 14:14), Apolos (1 Cor. 4:6,9), Silvano y Timoteo (1 Tes. 1:1; 2:6).

La función de los 12 está claramente delimitada en el origen y en la posición del fundamento, y representaría algo distinto a cualquier otro Apóstol posterior, o Enviado especial por parte de Jesucristo o del Espíritu Santo.

Si bien las estructuras eclesiales, como alguien ya indica [65], podrían reflejar por un lado lo institucional (según el sentir lucano) y por otro lo carismático protegido por lo paulino, de ningún modo esto es monolítico y fácilmente separable, como si convivieran dos ejemplares de Iglesia.

En efecto, cuando se compara la Comunidad de Jerusalén con la de Antioquía, Corinto, o cualquier otra fundada por Pablo, uno observa ciertas diferencias, pero también ciertos lazos comunes, lo que mostraría en cada momento por un lado, un énfasis en aquello que se quiere transmitir, y por otro la idea de que tanto una como otra se basan en el mismo prototipo estructural.

En Jerusalén aparece una Iglesia institucional dirigida por los Apóstoles: la elección del apóstol duodécimo (Hech. 1:15-26), la elección de los 7 (6:1:6), la evangelización de Samaria (8:14 y ss). La dirección de Pedro (Hech. 2:14 ss, v.11, con Santiago (Hech. 12:17; 21:18), según las etapas, o una dirección compartida (Hech. 3:1; 4:1; 8:14 ss y Hech. 15).

Los Ancianos aparecen sin que se comente su designación (Hech. 11:30), pero que como indica Miguel M. Garijo, teniendo en cuenta el mundo judío, se trataría de un gremio que asesora y decide [66].

La Iglesia de Antioquía, de acuerdo a la descripción que de ella se hace en Hechos 13:1-3, está integrada por profetas y maestros, entre los que se encuentran Pablo y Bernabé. La Iglesia recibe una orden del Espíritu Santo en el sentido de que se aparte a Pablo y Bernabé para el ministerio que el Señor los tenía destinados. La autoridad con que son designados como profetas no está consignada. Al igual que el caso de Corinto (1ª Cor. 12:1 y ss y 14:1 y ss), los dones o carismas son dados directamente por el Espíritu Santo a quien quiere y como quiere. Este modelo sería representativo de la Iglesia carismática.

Visto esto así se asemejaría a dos arquetipos de Iglesia distintos. Sin embargo cuando se profundiza se descubre una línea que unifica los criterios aparentemente dispares.

La Iglesia institucional de la Comunidad de Jerusalén, no actúa rígidamente conforme a una jefatura que no tenga en cuenta a la Asamblea de Hermanos, o que ignore el valor de lo carismático. Pedro propone a los 120 discípulos la necesidad del nombramiento de la plaza vacante de los 12 (Hech. 1:15). Téngase en cuenta aquí, que tratándose de la elección de un apóstol podría pensarse en lo innecesario de involucrar al resto de miembros, sin embargo debía ser conforme a la voluntad divina. La oración (v.24) presupone la confianza en el Espíritu Santo [67].

En el capítulo 2, vemos también a los apóstoles junto con Pedro actuar impulsados por el Espíritu Santo. Lo carismático es sensacional. La predicación en este caso no está motivada primordialmente por su función apostólica sino por el poder del Espíritu Santo que les hace hablar en los idiomas de cada uno de los asistentes.

En el capítulo 3 otra predicación motivada por el milagro carismático del lisiado (cf. 3:12, 13), provoca la necesidad de predicar sobre Jesucristo. Interrogados por el linaje sacerdotal, Pedro, lleno del Espíritu Santo habla del único Nombre por el que podemos ser salvos, y de la Piedra angular del edificio (4:11, 12).

En Hechos 15, donde se presenta con claridad meridiana que no solo el gobierno de la Iglesia de Jerusalén está dirigido por los Apóstoles, sino que estos son puntos de referencia obligado para cualquier problemática doctrinal, se expresan unas ideas a tener en cuenta en toda organización eclesiástica. Se escucha el planteamiento de los creyentes que habían sido de la secta de los fariseos (15:5), a los dirigentes, como a Pedro en primer lugar (15:7-11), después como invitados a Pablo y Bernabé (15:12), en último lugar Santiago cierra la discusión y promueve una propuesta (15:19, 20).

Nótese que el visto bueno es preciso que sea dado por los apóstoles, ancianos y el resto de la iglesia o hermanos (15:22, 23). Comprueban (¿cómo?, ¿fruto del consenso de toda la Asamblea que sería como una señal de que el Espíritu Santo ha actuado?) que le ha parecido bien al Espíritu Santo, y a la Iglesia en pleno el contenido de la carta enviada (15:23-30).

Al estudiar la Iglesia de Antioquía, la de Corinto u otras posibles, se observa, que la organización propuesta por los Apóstoles guiados por el Espíritu Santo está sobrentendida.

La actuación de la Iglesia de Antioquía motiva el Concilio de Jerusalén (Hech. 14:26-28; 15:1,2). La actitud de esa Iglesia demuestra ser subsidiaria de la autoridad apostólica (15:30, 31), sobrentiende pues la estructura organizativa de una Iglesia que tiene a los apóstoles como fundamento en Cristo Jesús, lo que supone una función de magisterio.

En Corinto Pablo deja bien claro que los creyentes (que forman la Iglesia) son como un edificio que constituye el templo de Dios (1 Cor. 3:16, 17 cf. 3:9). Todo el edificio reposa en el fundamento inalterable Cristo – Jesús (1 Cor. 3:11 cf. Hech. 4:11, 12). Y ha dejado entendido la singularidad de los 12, de Pedro y Santiago (1 Cor. 15:3-8).

Si bien lo carismático puede producir repartición de diferentes dones, los de Corinto no deben olvidar el sistema estructural que Dios ha dado a la Iglesia (1 Cor. 12:28). De ahí que tanto los espirituales como los que profetizan deben sujetarse a los profetas (1 Cor. 14:32) y a los mandatos del Señor de la autoridad apostólica que deben ser reconocidos como tales si los dones son genuinos (1 Cor. 14:37). Todo se ha de hacer decentemente y con orden, con la finalidad de la edificación (1 Cor. 14:26 y ss, 33, 40).

La actuación de la Iglesia reunida es la que aplica la disciplina (1 Cor. 5:1-5 cf.  Mat.18:17)

Por todo esto comprobamos que lo institucional organizativo y lo espiritual carismático se entremezclan tanto en una Comunidad como en otra.

Descubrimos en Hechos 15 junto con Hech. 13:1-3, y en la iglesia de Corinto, que todavía en esas comunidades no se habían establecido los ancianos. Nótese que la carta enviada por el concilio de Jerusalén lleva como remite a los Apóstoles, los ancianos y a los hermanos, y como destinatarios a todos los hermanos de entre los gentiles. No se menciona para las otras iglesias, a las que se dirige la carta, otro receptor que no sean los hermanos. Conforme el tiempo transcurra el sistema electivo para la diaconía (Hech. 6:1-3) o para los ancianos (Hech. 11:30), profetas y doctores o maestros (Hech. 13:1), evangelistas (Hech. 21:8) ya afirmado por la autoridad Apostólica, se establecerá en otras Iglesias sin perderse el valor de los fundamentos ya expuestos por Jesucristo y el Espíritu Santo.

Pronto Pablo, en el libro de los Hechos se nos comenta, instala ancianos (presbíteros) (Hech. 14:22-24) en las Iglesias por el fundadas. Se intercambia a los presbíteros con los epíscopos, ancianos también, refiriéndose al pastoreo de la grey (Hech. 20:28).

   
 

Ver Artículo Siguiente

 

Cortesía de: www.comteologicasesal.org

 

I N I C I O