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Al leer el relato de la creación de Génesis, hallo que el primer día
Dios dijo: “Sea la luz, y fue la luz” (1:3). Unos versículos más
adelante, sin embargo, dice que el cuarto día Dios puso “lumbreras
en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra... y
para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las
tinieblas” (1:14-18). Como cristiana creyente en la Biblia, me
pregunto cuál fue la fuente de luz que iluminó nuestro planeta antes
del cuarto día, si no provenía del sol (Havannah Beetson, Boroko,
Papúa Nueva Guinea).
Se han dado varias explicaciones. Una posibilidad es que
la presencia divina fuera la fuente de luz del primer día de la
creación. El Salmo 104, que es una narración estilizada del relato
de la creación, menciona a Dios cubriéndose de “luz como de
vestidura” en la sección paralela al primer día de la creación (v.
2). Durante los primeros tres días Dios podría haber separado la luz
de las tinieblas (como más tarde separó la luz de las tinieblas en
el mar Rojo (Éxo. 14:19, 20). Al ser Dios mismo la fuente de luz en
la primera parte de la semana, él estaría enfatizando la naturaleza
teocéntrica de la creación (centrada en Dios), en contraste con la
heliocéntrica (centrada en el sol). Esto podría prevenir toda
tentación de adorar al sol que podría resultar de ser el sol el
primer objeto creado.
Una segunda opción supone que el sol fue creado antes
del cuarto día, pero que llegó a ser visible en ese día al retirarse
las nubes. Esto explicaría el ciclo tarde/mañana antes del día 4. La
sintaxis hebrea de Génesis 1:14 es diferente del modelo de los otros
días de la creación. El versículo 14 dice literalmente: “Que las
luces del firmamento de los cielos separen el día de la noche” (y no
“que haya luces... para separar...” como en la mayoría de las
traducciones), acaso implicando que las lumbreras ya existían antes
del cuarto día. Tanto las lumbreras “mayores” y “menores” como las
estrellas podrían haber sido creadas “en el principio” (antes de la
semana de la creación, v. 1; Juan 1:1-3) y no en el cuarto día. En
el cuarto día se les dio un propósito, “para separar el día de la
noche” y “para señalar las estaciones y los años”. Una variante de
esta postura es que el sol y la luna fueron creados antes de la
semana de la creación, pero en su estado tohu-bohu (informe-vacío)
al igual que la tierra (v. 2), y que en el cuarto día recibieron su
estado funcional (v. 16).
Una tercera postura es que en el primer día Dios creó
las propiedades físicas de la luz visible y el resto del espectro
electromagnético. Sin embargo, esta idea no es satisfactoria si el
universo y la luz de otras galaxias fueran más antiguas que la vida
sobre la tierra. Varios pasajes de la Escritura sugieren que los
cuerpos celestiales y los seres inteligentes fueron creados antes de
que surgiera la vida en este planeta (Job 38:7; Eze. 28:15). Además,
la sintaxis hebrea de Génesis 1:16 no necesita de la creación de las
estrellas en el día 4, y de hecho sugiere que ya existían.
Una cuarta posición es que la estructura literaria de
Génesis 1 dictó el orden de los días de la creación; el sol del
cuarto día para proveer la luz del primero; las aves y los peces del
quinto para habitar el aire que divide al agua del segundo; los
animales del sexto para que vivan en la tierra seca y se alimenten
de la vegetación del tercero. Sin embargo, la simetría parece
revertirse en el primer y cuarto días, ya que la luz aparece antes
que su fuente física.
Una quinta respuesta sugiere que el relato de la creación de
Génesis 1 intenta enfatizar la religión monoteísta de Israel, en
contraste con el politeísmo de las naciones circundantes. La
historia alteró deliberadamente la relación del sol, la luz y el
ciclo diario para transmitir el poder del Dios Creador. Por ejemplo,
el término traducido como “lumbrera mayor” fue preferido al vocablo
hebreo para “sol” para evitar cualquier confusión con el dios-sol
pagano. Sin embargo, las dos respuestas previas se apoyan en una
comprensión figurada antes que literal de la narrativa de la
creación.
De las opciones presentadas, las primeras dos parecen ser las
que armonizan más con los datos bíblicos. Tal vez sea posible una
combinación de estas dos posturas: el sol y la luna pueden haber
sido creados (al menos en su estado informe-vacío) antes de la
semana de la creación, pero Dios mismo fue la fuente de luz hasta el
cuarto día. En Génesis 1, el autor intenta claramente presentar un
relato literal de la creación. (Nota que la introducción “éstas son
las generaciones/la historia” se utiliza en Génesis 2:4 y en otras
nueve secciones de Génesis, lo que indica que la intención del autor
es que la creación sea tomada tan literalmente como el resto del
Génesis). Parte de la cuarta posición podría ser cierta ya que Dios
parece haber creado en forma artística de tal manera que en los
primeros tres días formó lo tohu (“informe”) mencionado en el
versículo 2, y en otros tres días se ocupo del bohu (“vacío”) del
versículo 2. Parte de la quinta postura es también verdadera en el
sentido que Dios creó de tal manera (e hizo que Moisés lo expresara
con tanta exactitud en los términos apropiados) que sirviera como
argumento en contra del politeísmo de las naciones vecinas.
Más allá de la respuesta o respuestas que se prefieran,
el relato del Génesis refuta la adoración de la naturaleza,
incluyendo al popular dios sol. La luz y el ciclo diario fueron
creados por Dios y dependen de Él. Más adelante, en la Semana de la
creación, Dios asignó estas funciones al sol y a la luna, así como
otorgó a los seres humanos la responsabilidad de ser mayordomos de
la tierra, su cubierta natural y sus criaturas. En último término,
los cielos, el mundo natural y cualquier habilidad humana de
controlarlos o entenderlos por completo aún dependen totalmente de
Dios que es el único que merece nuestra adoración.
Richard M. Davidson (Ph.D., Andrews University), autor de varios
artículos y libros. Es director del Departamento de Antiguo
Testamento del Seminario Teológico de Andrews University, Berrien
Springs, Michigan, EE.UU. Su correo electrónico es:
davidson@andrews.edu |