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En un programa emitido recientemente en directo por radio, un dirigente
religioso respondía a cuestiones planteadas por los oyentes sobre el
sábado. El locutor insistía en que Mateo 28:1 enseña que Jesús abolió el
sábado del séptimo día. Repetía una y otra vez que ese texto sobre la
resurrección deja sin vigencia al sábado del séptimo día; que ahí habían
comenzado los nuevos "sábados". Es decir, la observancia del domingo.
Recriminaba severamente a un consultor por haber permitido que "su
iglesia" lo hubiera engañado. "Siga la Biblia", le repetía sin cesar.
"Rechace lo que su iglesia le ha enseñado; guarde el domingo".
El oyente le replicaba respetuosamente en estos términos: "La razón por la
que guardo el sábado del séptimo día no es porque ninguna iglesia me haya
enseñado tal cosa, sino porque la Biblia así lo enseña. La Biblia,
sencillamente, no dice lo que usted pretende hacer que diga". A pesar del
tono cortés de la réplica, quedó bruscamente interrumpida...
Fui a consultar las 26 traducciones más significativas sobre el texto: Ni
uno solo de los eruditos en griego admite la interpretación dada por aquel
guía espiritual sobre Mateo 28:1. Cada una de las traducciones importantes
deja claro que cuando Jesús resucitó, había pasado el séptimo día de la
semana, y amanecía el primero. Ni una sola de las traducciones admite la
implicación de que el texto signifique la abolición de la observancia del
sábado, para establecer la del domingo.
El incidente nos recuerda la necesidad de aplicar el sentido común a la
lectura de la Biblia, de permitirle que diga simplemente lo que dice, de
la forma en que hasta un niño puede comprenderlo. De hecho, no era más que
un niño cuando descubrí en una escuela dominical lo que dice claramente la
Biblia sobre el sábado. Estudié por mí mismo los ocho textos del Nuevo
Testamento que mencionan "el primer día de la semana" y vi, sin que nadie
me lo enseñara, que ninguno de ellos se refería a ese día como al "Día del
Señor", y menos aún como al "nuevo sábado". Cada ser humano es responsable
ante Dios, según su conciencia individual.
Por alguna extraña razón, se está haciendo prominente la controversia
entre el sábado y el domingo. El papa Juan Pablo II ha abierto un nuevo
frente en la Iglesia Católica Romana. Por vez primera en mil años,
pretende hacer creer que la Biblia enseña la observancia del domingo.
Hasta el presente había mantenido siempre que la Biblia enseña la
observancia del sábado del séptimo día, pero que Dios dio a la Iglesia
Católica "autoridad" para cambiar su santa ley. ¿Por qué ese giro de 180
grados hacia argumentos que hasta ahora sólo eran aducidos por comunidades
cristianas no católicas, en su intento de evitar reconocer estar honrando
al papado con su observancia del domingo por él instituido?
Creer en la Biblia implica la negación del "yo", conlleva un sacrificio:
abandonar las costumbres populares del mundo, y hasta en ocasiones de tu
propia iglesia. Nunca te preguntes qué hace tu vecino, o qué enseñan los
guías espirituales. Cristo te dice: "¿Qué a ti? Sígueme tú" (Juan 21:22). |