|
Nota:
Este material es de ayuda especial para todos aquellos dirigentes y
miembros de la iglesia mundial empeñados en mantener la unidad del cuerpo
de Cristo. Originalmente se ha preparado, como su nombre lo indica, para
seminarios con miras a promover la unidad de los creyentes y su
integración en la evangelización por los no creyentes. Ha resultado ser
una bendición – según el testimonio de muchos hermanos – y una verdadera
motivación para la integración total. Animamos a todos nuestros hermanos a
hacer un estudio detenido del mismo.
Introducción
La unidad espiritual entre los discípulos de Cristo es uno
de los aspectos de la religión que más se procura y desea. Todos sabemos
lo que puede pasar si el pueblo de Dios se uniera como un solo hombre y
trabajara a favor del reino de Cristo. De hecho, todos sabemos que las
bendiciones de la gracia divina y la victoria final sobre las fuerzas del
mal se lograrán solamente cuando estemos perfectamente unidos en la fe.
También sabemos que la unidad entre los seguidores de Cristo es lo único
que representa correctamente a Dios ante el mundo.
Pero tenemos que ser realistas, pues todo lo que podemos
decir sobre la unidad de los creyentes en este tiempo no es más que una
esperanza o anhelo. ¿Por qué? Porque todos sabemos que la unidad que nos
hará trabajar como un solo hombre en la proclamación del Evangelio todavía
está muy lejos. Aún no es una realidad presente. De hecho, muchos se
preguntan de qué manera será posible tal unidad en medio de tanta división
de conceptos. Cómo es posible que exista armonía entre nosotros mientras
la promovemos por un lado y al mismo tiempo con nuestro ejemplo la estamos
negando. Edificando y derribando al mismo tiempo no es posible obtener los
tesoros de la unidad y la integración.
Este Seminario pretende explorar y establecer ideas claras
sobre la unidad cristiana y su incalculable valor para la iglesia
Adventista hoy. Veremos además, las motivaciones correctas para lograr
esta gran empresa.
Debemos ver también la importancia de la integración o
participación en la obra misionera por parte de los miembros de la
Iglesia, especialmente de los que son más jóvenes. Pero como la
participación de los miembros de la Iglesia en la obra misionera activa es
el resultado de la unidad, enfocaremos ambas cosas en conjunto.
Nuestro Seminario está basado en Ezequiel capítulo 37:15-28
y Juan capítulo17.
Primera Parte
Base Bíblica de la Unidad y la Integración
La Visión de Ezequiel 37: 15-28.
1- Dos varas que forma una.
“Únelas, la una con la otra, para que sean una sola en tu mano” (vers.
17). La expresión “una sola” aparece también en Gén. 2:24, “... serán una
sola carne”. Esta frase denota unidad total y completa como fruto de una
identificación plena con la otra parte.
Aplicación:
a- La iglesia está formada por personas de diferentes
nacionalidades y razas. Esto parece ser un problema serio. Sin embargo, es
lo que crea las condiciones para demostrar la unidad perfecta que logra el
amor de Dios en un pueblo que ha sido redimido por su poder. De hecho, los
salvados que estarán de “pie delante del trono y en la presencia del
Cordero, vestidos de ropas blanca y llevando palmas en la manos” salieron
de “toda nación, tribu, pueblo y lengua” (Apoc. 7:9, cf. 14:1).
b- La misma iglesia apostólica cuando fue fundada por
Cristo estaba constituida por personas con marcadas diferencias de
carácter. Esto se deja entrever por las continuas diputas de los
discípulos por obtener el primer lugar en el reino que ellos creía se
establecería por Cristo aquí en la tierra (leer Luc. 9:46-48; 22:24-28;
Mat. 20:20-27).
c- El libro Los Hechos de los Apóstoles al
comentar sobre el carácter de los discípulos de Cristo nos dice: “En esos
primeros discípulos había notable diversidad. Habían de ser los maestros
del mundo, y representaban muy variados tipos de carácter. A fin de
realizar con éxito la obra a la cual habían sido llamados, esos hombres,
de diferentes características naturales y hábitos de vida, necesitaban
unirse en sentimientos, pensamientos y acción” (p. 17).
d- Esta cita nos revela el fundamento de la verdadera
unidad. Nótese que aunque los discípulos diferían notablemente en
“características naturales y hábitos de vida” debían estar unidos “en
sentimientos, pensamientos y acción”. No dice que debían estar unidos a
cualquier precio. Tampoco dice que debían unirse pasando por alto la
verdad. Lo que dice es que debían unirse “en sentimientos, pensamientos y
acción”. No puede haber unidad verdadera ni integración total mientras un
grupo de nosotros crea una cosa y otro grupo esté creyendo lo contrario.
La unidad tiene como base y fundamento a la verdad. Y “la verdad, pasando
por alto a los que la desprecian y rechazan, triunfará” (Ibíd., p.
495). La verdad es una marca que no puede negociarse.
e- Un fundamento espurio sobre el cual el Diablo tratará
de establecer la unidad religiosa en estos últimos días es precisamente
sobre aquel que sostiene: “No importa lo que creamos, debemos estar unidos
en el amor de Dios. Eso es lo importante”. Un razonamiento tal pasa por
alto que el amor de Dios se expresa en una vida de perfecta obediencia a
la Ley de Dios y no a un rechazo de ella (Juan 14:15; 15:10; Rom. 13:10).
El amor no es ciego.
f- La unidad debe ser buscada y establecida mientras los
miembros de la iglesia aprenden lecciones de tolerancia y paciencia hacia
los demás, sin importar que ellos vean las cosas de forma diferente a la
nuestra. Este es un derecho que tiene todo individuo. Aunque la verdad
debe aceptarse como tal, sin importar quien la proclame, no es la voluntad
de Dios que nuestra mente sea un reflejo exacto de la mente de otra
persona. Muchas veces esta es la razón básica de tantas enseñanzas
extrañas dentro de nuestra iglesia y de tanta disidencia. Nuestra mente
debe ser sólo un reflejo de la mente de Cristo (Fil. 2:5 cf. Rom. 12:2).
2- Dios es el autor de la unidad.
“He aquí, yo tomo la vara de José... y la pondré junto con la vara de Judá.
Los haré una sola vara, y serán una sola en mi mano... Haré de ellos una
sola nación en la tierra...” (vv. 19,22, las cursivas no están en el
original). El hombre no crea la unidad, pero es el recipiente donde Dios
puede depositar dicha bendición. Nótese las expresiones “yo tomo”,
“pondré” y “haré”.
Aplicación:
a- Todo movimiento de reforma que no tiene su origen en
Dios y en un estudio profundo de las Escrituras no permanece. El sabio
consejo de Gamaliel en relación con la obra de los discípulos en medio del
Concilio de los fariseos sigue teniendo vigencia para nosotros hoy: “Si
este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; pero si es de
Dios, no lo podréis destruir...” (Hech. 5:38,39). Esto es importante
porque existe una clase de persona que acciona a partir de lo que otro
dice, y no a partir lo que ellos descubren en la Biblia. Basta con que
alguien se destaque en algún aspecto doctrinal y ya tiene seguidores.
Elena de White nos dice: “Solo los que hayan estudiado diligentemente las
Escrituras y hayan recibido el amor de la verdad en sus corazones, serán
protegidos de los poderosos engaños que cautivarán al mundo” (El
Conflicto de los Siglos, p. 638).
b- En este mismo tenor, en el libro Joyas de los
Testimonios, tomo II, p. 130 nos dice: “Todos los que toman la Palabra
de Dios como regla de vida son puestos en estrecha relación los unos con
los otros. La Biblia es su vínculo de unión. Pero su compañerismo no será
buscado ni deseado por aquellos que no se inclinan ante la sagrada Palabra
como guía infalible. No puede haber armonía entre ellos; son
irreconciliables”.
c- Cuando un grupo de personas se levanta en la iglesia
con un marcado interés por reformar algunas cosas que andan mal, y
manifiestan un espíritu de rudeza, de crítica despiadada, falta de
cortesía y una manifiesta intolerancia hacia los dirigentes de la iglesia,
debemos estar alertas. Pues estamos parados ante una obra de reforma
espuria que no conduce a la unidad del cuerpo de Cristo (Juan 7:17,18;
13:34,35). Es más fácil discutir asuntos teológicos que demostrar amor
verdadero y misericordia.
d- La verdadera unidad se busca en el contexto de un
espíritu de oración ferviente e intercesora por los que están en el error
(Mat. 5:43-46). También en un contexto de predicación cristocéntrica de la
verdad, no importa que tópico bíblico estemos tratando. “El mundo necesita
hoy - dice el Espíritu de Profecía - lo que necesitaba mil novecientos
años atrás, esto es, una revelación de Cristo” (El Ministerio de
Curación, p. 102).
3- La unidad es fruto del poder purificador de Dios.
“No se volverán a contaminar con sus ídolos, ni con sus cosas detestables,
ni con ninguna de sus transgresiones. Yo los salvaré de todas sus
rebeliones con que ha pecado, y los purificaré. Ellos serán mi pueblo y yo
seré su Dios... Haré con ellos un pacto de paz; será un pacto eterno con
ellos.” (vv. 23,26). Nótese nueva vez las palabras “salvaré”, “purificaré”
y “haré”. Es Dios mismo quien crea el cambio.
Aplicación:
a- No puede haber deseo de unidad en el corazón que no ha
sido transformado por la gracia divina. Uno puede estar en la iglesia, la
“casa” del Señor y al mismo tiempo ser “un siervo malvado” que dice “en su
corazón”: “Mi señor se tarda en venir” (Mat. 24:45-51). Esto refleja la
actitud impía del Diablo, el cual decía también “en su corazón: Subiré al
cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios,... sobre las alturas de
la nubes subiré y seré semejante al Altísimo” (Isa. 14:13-14; cf. Rom.
10:10). Esta condición interna de rebelión, es la base misma del Misterio
de Iniquidad. Pero gracias Dios, podemos ser como “el siervo fiel y
prudente”, el cual imparte el alimento de la Palabra de Dios, no sus
propias ideas, “a su debido tiempo”.
b- Todo cristiano que comprende el imperativo de la unidad
cristiana la procurará a todo costo. Sabe además, que la falta de unidad
se produce cuando el corazón humano lucha por la supremacía, el amor a los
puestos o el reconocimiento propio. Es una evidencia de que el yo está
totalmente vivo y lucha por el lugar que le corresponde sólo a Dios (Fil.
2:21; Isa. 53:6).
c- Israel fracasó en representar a Dios correctamente ante
las naciones paganas que le rodeaban. Por su causa, la verdad del
Evangelio fue vituperada. Y esta es la triste historia que encontramos en
toda la historia de la iglesia cristiana. La promesa de restauración que
el Señor dio por medio del profeta Ezequiel encontrarán pleno cumplimiento
en la iglesia cristiana que vive precisamente antes del retorno de Cristo
a esta tierra (véase Efe. 2:10; 3:10). Esta idea la veremos más adelante
con mucho más detalles.
Segunda Parte
La Oración de Cristo por la Unidad de sus Discípulos
Juan Capítulo 17:5-26.
1- Los discípulos deben ser uno como lo son el Padre y el
Hijo.
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste,...
guárdalos en tu Nombre, para que sean uno, así como lo somos nosotros” (vv.
9,11).
Aplicación:
a- No hay fusión de personalidad entre el Padre y el Hijo.
Cada uno conserva su individualidad personal, pero ambos son “una sola
cosa” (Juan 10:30). “Una sola cosa” en carácter, poder, planes y acción.
Están unidos misteriosamente en todo. La obra de Uno es la obra del Otro
(Juan 5:26,27; 19,21). De igual manera, los miembros de la iglesia con sus
propias individualidades personales deben cooperar con Cristo en la
propagación de la obra evangelística. Las diferencias de caracteres están
dentro del plan de Dios. Esto nos motiva a crecer y a desarrollar las
virtudes cristianas de la paciencia y la tolerancia. Virtudes que son
necesarias para poder vivir en la tierra nueva.
b- La perfecta unidad de acción entre Cristo y el Padre
(Juan 5:17), es lo que Él usa para ilustrarnos la clase de unidad que
debemos alcanzar. ¿Un ideal demasiado elevado? Tal ves, si luchamos solos
por conseguir la unidad y la integración, pero es posible para Dios, pues
para Él no hay nada imposible. Nótese que la íntima relación que existía
entre Cristo y su Padre era el móvil de acción que impulsaba a Cristo a
terminar su obra (vv. 18,19).
2- No somos quitados del mundo, sino guardados del él.
“No ruego por que lo quites del mundo, sino que lo guarde del mal” (v.
15).
Aplicación:
a- Dios ha provisto poder necesario para guardarnos del
pecar. El que no tiene fe suficiente como para creer que Dios puede
guardarlo del poder del pecado no tiene la fe que le dará entrada al reino
de los cielos (1 Juan 5:4,5). Dios es poderoso para guardarnos sin caída (Jud.
24). Esta es la razón por la que Cristo reclama que el poder de Dios nos
preserve mientras peregrinamos por este mundo de dolor.
b- Al igual que en la visión del profeta Ezequiel, el
propósito de Dios con su pueblo actual es purificarlo de toda
contaminación moral que pueda representar mal su carácter ante los hombres
(cf. Juan 17:17; Eze. 37:23).
3- La razón de la unidad.
“Para que todos sean uno, como tu oh Padre, en mi, y yo en ti,... para que
el mundo crea que tu me enviaste, y que lo has amados como también a mi me
has amado” (vv. 21,23).
Aplicación:
a- La unidad de los discípulos de Cristo no es sólo para
crear condiciones de convivencia entre ellos. Esto es importante. Pero lo
más importante es que la unidad cristiana sirve como vehículo a través del
cual el mundo dividido por el egoísmo, puede tener una vislumbre clara y
palpable del poder transformador de Dios en los seres humanos, y del ideal
divino para la raza humana.
b- Sólo cuando los seguidores de Cristo estén “perfectos
en unidad” (v. 23a) conocerá el mundo que el amor que el Padre manifestó
hacia su Hijo amado, es el mismo amor que prodiga hacia todo seguidor suyo
(v. 23b). Esto ejerce un poder subyugador sobre las demás personas y les
demuestra en qué consiste el poder del cristianismo (Juan 13:35).
c- El mundo se crea su propia concepción sobre el carácter
de Dios por lo que ve en nosotros. “Al observar nuestra vida - dice el
Espíritu de Profecía -, lo habitantes del mundo se forman su propia
opinión de Dios y de la religión de Cristo” (Joyas de los Testimonios,
tomo II, p. 496).
Tercera Parte
Motivaciones Correctas para la Unidad y la Integración
Antes de la muerte de Cristo encontramos a los discípulos
discutiendo por la posición más elevada en reino que - según ellos - se
establecería aquí en la tierra. Esto ya lo vimos. Lo interesante es que
después de la experiencia de la cruz los encontramos con una actitud
diferente. “Algo” vieron que los transformó. Y ese “algo” debemos verlo
nosotros también. Si esto los transformó a ellos, de hombres toscos y
egoístas a hombres de fe y servicio, también podrá cambiarnos a nosotros.
“Durante esos días que Cristo pasó con sus discípulos,
obtuvieron ellos una nueva experiencia. Mientras oían a su amado Señor
explicando las Escrituras a la luz de todo lo que había sucedido, su fe en
Él se afirmó plenamente. Llegaron al punto de poder decir: ‘Yo sé en quien
he creído’ (2 Tim. 1:12)” (Los Hechos de los Apóstoles, p. 22).
Fue aquí finalmente cuando sus ojos fueron abiertos a “la
verdad tal cual es en Jesús”.
Después de esta “experiencia” por la pasaron los discípulos
de Cristo “la gracia y la verdad reinaban en sus corazones, inspiraban sus
motivos y dirigían sus acciones. Sus vidas estaban escondidas con Cristo
en Dios, y el yo - que tantas dificultades les creo - se perdía de vista,
sumergidos en las profundidades del amor infinito” (Ibíd., p. 489).
Esta es la razón por la que Pablo se expresó de la siguiente manera:
“...que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que
arraigados cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con
todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la
altura y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento,
para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efe. 3:17-19). Nótese
que para llegar a comprender el amor de Dios necesitamos ser “fortalecidos
en el hombre interior por su Espíritu”, que es lo mismo que: “habite
Cristo por la fe en vuestros corazones” (vers. 16,17). ¡Oh, Maravilloso amor
de Dios!
Debemos conocer ahora las verdaderas motivaciones para la
unidad y la integración.
Primera Motivación
Celo por el Honor y la Gloria de Dios
Este es un aspecto de la “verdad presente” que se desconoce
casi totalmente. Nótese como habla el Espíritu de profecía sobre la
actitud de los discípulos después de su nueva “experiencia” en las cosas
de Dios:
“¡Cuan cerca estaban [los discípulos] de Dios, y cuan
estrechamente ligaban su honor personal a su trono! Jehovah era su Dios.
Su honor era el honor de ellos. La verdad de Dios era la suya. Todo ataque
al Evangelio equivalía a herir profundamente sus almas, y con todas las
fuerzas de su ser luchaban por la causa de Cristo” (Ibíd., pp.
475,476).
En la p. 486 se nos dice también:
“El celo por Dios y su causa indujo a los discípulos a ser
testigos del Evangelio con gran poder. ¿No debería un celo semejante
encender en nuestros corazones la determinación de relatar la historia del
amor redentor de Cristo, y Cristo crucificado?” (Léase Juan 2:13-17 cf.
Rom. 15:3).
Esta es una lección que necesitamos aprender urgentemente,
pues en realidad no tenemos ni la más remota idea de lo que significa el
“honor de Dios”.
a- Implica que si podemos honrarle también podemos
deshonrarle.
b- Significa que su honor es más importante aun que nuestra
propia vida y bienestar presente o futuro.
c- Implica que nuestras motivaciones para obedecer están
centradas en Él y no en nosotros.
d- Implica que debemos dejar ya la “niñería espiritual” que
nos ha venido caracterizando, reflejándose esto es divisiones y
discusiones sin sentido, solo porque mi yo no es gratificado.
e- Significa una identificación plena con el Señor de tal
manera que nos perdamos en Él y desaparezcamos totalmente para que viva
Cristo en nosotros.
Segunda Motivación
El Sufrimiento de Dios
Hay otro elemento importante de la “verdad presente” que es
aun extraño a nuestro conocimiento: el tema del sufrimiento de Dios. Hay
un párrafo del Espíritu de Profecía que queremos analizar ahora:
"Los que piensan en El resultado de apresurar o impedir la
proclamación del Evangelio, lo hacen con relación a sí mismos y al mundo;
pocos lo hacen con relación a Dios. Pocos piensan en El sufrimiento que El
pecado causó a nuestro Creador. Todo El Cielo sufrió con la agonía de
Cristo; pero ese sufrimiento no empezó ni terminó cuando se manifestó en
El seno de la humanidad. La cruz es, para nuestros sentidos entorpecidos,
una revelación del dolor que, desde su comienzo, produjo El pecado en el
corazón de Dios. Le causan pena toda desviación de la justicia, todo acto
de crueldad, todo fracaso de la humanidad en cuanto a alcanzar su ideal" (La
Educación, p. 263).
Tampoco tenemos la más remota idea de lo que implica el
dolor y el sufrimiento que el pecado ha causado a lo largo de los siglos
al tierno corazón de Dios.
“¡Quiero que todo termina ya!” - fue el clamor de un
miembro de la iglesia. “¿Por qué?” - se le preguntó - “Porque quiero
dejar de sufrir y de ver tanta injusticia” - fue la respuesta. Ven
ustedes. Este es el sentir general de los hombres y mujeres de la iglesia.
Pero ¿qué de Dios y del sufrimiento que nuestros pecados le causan?
Nosotros podemos tomar unas vacaciones y apartarnos a descansar, pero y,
¿Dios puede hacerlo? Nosotros nos tomamos un día de cada siete para
reposar, pero ¿Dios puede hacerlo? El no puede apartarse a un lugar lejano
del vasto Universo y descansar mientras halla dolor y sufrimiento en este
mundo. Nuestro dolor, es su dolor multiplicado por millones de veces. Por
esto el Padre y Cristo trabajan incesantemente por llevar a feliz término
el drama del Gran Conflicto en este mundo y en el corazón de su pueblo
(Juan 5:17).
a- Implica que el dolor de la humanidad no es nada si se
compara con el que Dios siente, pues sólo un ser santo y puro puede sufrir
cabalmente porque puede amar perfectamente.
b- Implica que el dolor de la raza humana es el mismo
dolor que Dios ha experimentado durante siglos, pero Dios lo ha
experimentado multiplicado por millones de veces.
c- Significa que ante esta solemne verdad, todo hijo de
Dios que ama al Señor estará dispuesto a morir antes de pecar si es
necesario con el objetivo de no sumar dolor sobre dolor al corazón de Dios
d- Significa también que ligado al honor de Dios, esta
verdad puede proveernos una motivación cristocéntrica lo suficientemente
fuerte como para apreciarle en una nueva dimensión.
Dios no se parece en nada a Buda “sumido en un trance de
nirvana”. Él padece cada cosa que toca al hombre, pues ellos son su
posesión adquirida por la sangre de su Hijo. ¿Cuanto más nosotros que ya
le hemos aceptado?
Tercera Motivación
Estamos Viviendo en el Gran Día de Expiación
He aquí una motivación descuidada en gran manera para
movernos a la unidad perfecta. En el antiguo ritual hebreo este era un día
en el que todos los israelitas estaban implicados. El que no se “afligía”,
sintiendo dolor por el pecado y se apropiaba del perdón ofrecido, quedaba
excluido de los privilegios de la nación. Era “cortado” de en medio del
pueblo (Lev. 23:28-29). Este era un día especial, prefiguraba el gran Día
de Expiación final llevado a cabo por Cristo en el Santuario celestial
(Dan. 8:14; Heb. 8:1-2; 9:23,24).
Además, era un día en el que el Evangelio en
relación con el juicio aparecía majestuosamente unidos (Lev. 16:30; 23:28,
cf. Apoc. 14:6,7), representado así el juicio pre-advenimiento, o juicio
investigador que Cristo está llevando a cabo a favor de sus santos en el
Cielo (Heb. 10:30; 1 Ped. 4:17, cf. Dan. 7:22).
Mientras el sumo sacerdote limpiaba el Santuario terrenal,
el pueblo afligía su alma en un análisis sincero de su condición ante
Dios. Solo así podía este ministerio consumarse en ellos (Lev. 16:31).
Este era un día glorioso también, porque el pueblo quedaba plenamente
reconciliado con Dios y el pecado de ellos era puesto sobre el originador:
Azazel, el Diablo (Lev. 16:20-22).
La gran motivación entonces que se suma en este tiempo del
fin, es el día antitípico de “expiación final” que ya ha comenzado. Desde
el año 1844, según la profecía bíblica, está en proceso la purificación
del Santuario celestial, y con ello la eliminación del registro de pecado
en el Santuario y en el corazón del pueblo de Dios. Esta es la explicación
de la frase “la hora de su juicio ha llegado” (Apoc. 14:6,7).
Hay quienes han propuesto la idea de que como la iglesia no
está obrando en armonía con esta solemne verdad, debemos apartarnos de
ella para que Dios nos purifique individualmente. “Hay pecado en el
campamento” – se denuncia. Pero hacemos bien en recordar que si bien cada
israelita en la antigüedad tenía una responsabilidad individual de
confesar sus pecados y ser purificados por la sangre de la aspersión, el
día de expiación era un día en el que toda la nación corporalmente era
considerada delante de Dios. Observe cuidadosamente Lev.
16:16,17,19,21,29-31,33,34.
El aspecto individual de las ceremonias del santuario
terrenal era cubierto en el servicio diario, donde cada israelita traía su
sacrificio por el pecado que había cometido. Y aun en el servicio diario
había una ceremonia que cubría corporativamente el pueblo: el sacrificio
continuo (Éxo. 29:38-42; Núm. 28:3-8). Con todo, en el aspecto personal,
el ofrendante debía confesar su pecado para poder ser perdonado. Se
reconoce que este servicio tenía “nada o poco que ver con la iglesia judía
como cuerpo. El interés principal era la posición personal delante de
Dios” (Ty Gibson, ¿Debemos Abandonar el Barco?, pp. 69,70).
Pero el día de expiación “tenía un enfoque diferente. En
ese solemne día, cada año, toda la congregación tenía que presentarse
delante de Dios como un solo hombre, como un cuerpo organizado,... se
hacía un solo sacrificio por todo el pueblo, como si todos compartieran
la misma culpa; y, de hecho, la compartían, lo cual era precisamente el
punto importante. Nadie se apartaba pretendiendo tener una posición mejor
en el cuerpo como un todo. Nadie intentaba acercarse a Dios por su lado
para recibir lo que el día de expiación ofrecía... Oh, sí, había una
preparación personal necesaria para el día, pero el punto es que cuando el
día llegaba finalmente, era un asunto corporativo” (Ibíd.).
Resulta interesante notar que la profecía de Joel cap. 2
revela precisamente un llamamiento corporativo al arrepentimiento, no de
unos pocos individuos aislados aquí y a otros allí (Lea cuidadosamente los
vers. 15-19,21-23,26,27).
El día de la gran “expiación final” entonces, tiene
varias y diferentes implicaciones para nosotros como individuos y como iglesia:
a-
Implica que debe haber un autoanálisis sincero, profundo y detenido de
nuestra experiencia religiosa como individuo y como pueblo. Debemos
armonizar nuestra experiencia religiosa con la voluntad de Dios.
b- Implica que el estado de rebelión en el que nos hemos
venido desenvolviendo como iglesia y como individuo, debe tener un
final. Debe realizarse una reconciliación definitiva entre Dios y su
pueblo. Y este tiempo de “expiación final” es el momento indicado.
No habrá otra oportunidad.
c- Significa que lo que fue una imposibilidad para el
pueblo de Dios en otro tiempo, será ahora hecho posible por el efectivo
ministerio de Cristo en el Santuario celestial: perfección de carácter y
perfecta unidad como cuerpo de Cristo.
d- Este día de “expiación final” implica que no sólo los
pecados conocidos serán eliminados, sino también los pecados que están
ocultos a nuestros ojos. La historia del rey Ezequías es un buen ejemplo
de esta gran verdad.
e- Implica que las diferentes circunstancias en la que nos
desenvolvemos están revelando lo que realmente somos, cuanta rebelión hay
oculta en nuestro corazón. La cruz de Cristo puede darnos una vislumbre de
ello.
f- Implica que el fracaso del pueblo de Dios en reflejar
su carácter ante el mundo llegará a su fin.
g- Implica también que la perfección de carácter tan
anhelada será también una realidad. Que otro grupo de creyente no lo haya
logrado en otro tiempo, no niega el hecho de que el día de “expiación
final” lo logrará en el pueblo remanente.
h- Implica que la iglesia como un todo, dirigentes y
miembros, deberían estar buscando a Dios mientras pueda ser hallado,
buscándole en tanto que está cercano. Debieran estar humillando sus almas
delante de gran Juez de toda la tierra.
Cuarta Motivación
El Amor de Dios lo Logrará
Estas son las mejores Buenas Nuevas que pueden existir. El
amor de Dios tiene todavía una cuanta pendiente con el egoísmo que detiene
al pueblo de Dios en su condición actual. Según el mensaje a la Iglesia de
Laodicea la senda a seguir es el arrepentimiento. Pero un arrepentimiento
genuino sólo se logra a los pies de la cruz. Y es precisamente ahí donde
nadie quiere ir. Significa humillación, renuncia del yo y entrega total. Y
eso es precisamente lo que nadie quiere hacer (2 Cor. 5:14).
Mirar a la iglesia sumida en las modas, en un abandono casi
total de la reforma pro-salud, mirar la iglesia como asume la forma y
costumbres del mundo y como arroja fuera de sí la cruz del sacrificio y el
amor hacia los demás, es desesperante.
Si el amor ágape de Dios no logra ganar nuestros corazones
ahora, todo está perdido. Y debe suceder pronto, antes de que sea
demasiado tarde.
La historia de
Oseas y Gomer
nos enseña que finalmente el amor es lo que gana el corazón de la mujer
amada (ver este artículo en la sección “Sobre 1888”). El libro de
Apocalipsis nos presenta a Cristo como el anhelante Novio que sólo espera
que su novia esté por fin preparada (Apoc. 19:7-9).
Debemos aprender la lección del amor de Dios. Mira como
dice El Espíritu de Profecía:
“El poder predominante en la vida de nuestro salvador era
el amor a Dios y el celo por su gloria...
“En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es
móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos,
restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece los afectos. Este
amor atesorado en el alma endulza la vida y derrama un influencia
purificadora sobre todos los que están en derredor” (El Camino a
Cristo, p. 60).
Si, amigo y amiga que me escuchas, el amor de Dios motivará
a los santos indiferentes del tiempo del fin a “vencer como” Cristo venció
(Apoc. 3:21). Pero este mismo mensaje es un mensaje separador. Separa el
trigo de la cizaña, el oro de la escoria. En otras palabras, unos vencen
como Cristo venció y otros quedan a la deriva. ¿Solemne Verdad? Sí, muy
solemne. |