I

 
 
   
Los Términos “alma” y “espíritu”
en las Sagradas Escrituras
 

(2da. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
 
 
 

La Noción Bíblica del "Espíritu" Humano

Al igual que la palabra "alma" el término "espíritu" aparece en las Escrituras con diversos significados más de 800 veces.

Aunque puede decirse que Dios "formó el espíritu dentro del hombre"16 (cf. Zac. 12:1; Isa. 42:5) por esto no debe entenderse que el “espíritu” humano es una "entidad [inmaterial] existente en el hombre capaz de mantener una existencia consciente fuera del cuerpo".17

Tampoco es "una emanación del Espíritu divino" como creen algunos. "Al igual que las demás partes constitutivas del ser humano, [el espíritu] es producto de un acto creador".18 Tiene un origen.

El término "espíritu" (ruach en hebreo y pneuma en el griego) "en la mayoría de los casos se traduce como 'espíritu', 'viento' o 'aliento' (Gén. 8:1 etc.).19 Mientras que la palabra nepfesh denota individualidad, se reconoce que la palabra ruach se refiere a la "chispa de vida esencial para la existencia humana". Este término ha sido usado en el Antiguo Testamento unas 377 veces.

En otros pasajes, ruach denota "genio o ira" (Juec. 8:3), "valor" (Jos. 2:11), "carácter moral" (Eze. 11:19), "vitalidad" (Juec. 15:9), "disposición" (Isa. 59:6) y hasta el asiento de las emociones (1 Sam. 1:15).

En el "sentido de soplo o aliento, el ruach de los hombres es idéntico al ruach de los animales (Ecl. 3:19). El ruach del hombre abandona el cuerpo al morir (Sal. 146:4) y vuelve a Dios (Ecl. 12:7; cf. Job 34:14)".20 En la muerte, Dios "vuelve a tomar lo que le pertenece, la vida, y nos recuerda que nuestra existencia no depende de nosotros mismos, que somos realmente criaturas..."21

Cuando en la muerte se escapa la vida, se está entregando en las manos de Dios el "espíritu" o la "chispa de vida" que nos dio la existencia. Y como el fiel Esteban (Hech. 7:59) estamos seguros que "el precioso depósito" será "fielmente guardado y devuelto" en el día de la segunda venida de Cristo (1 Cor. 15:51-53).22

Pero debemos notar que cuando la palabra “espíritu” se ha estudiado en el sentido de "soplo" o "aliento" no se ha expresado aun todo su significado. Al igual que la palabra "alma" (nepfesh), "espíritu" (ruach), es amplia en su significado.

"Pablo le daba al término 'espíritu' un sentido más profundo cuando decía servir a Dios 'en su espíritu' (Rom. 1:9). El veía  en el espíritu la parte superior del hombre, la sede de la inteligencia, de la razón y de la consciencia moral. A través del espíritu [o consciencia] el hombre entra en contacto con Dios y se comunica con El (2 Tim. 4:22).

"La esencia del espíritu es la consciencia. Es a través de la consciencia que Dios nos convence y dirige".23

Es a esta "parte superior del hombre" o "consciencia moral" a la que el apóstol Pablo llamó "el hombre interior" (Efe. 3:16, cf. Rom. 7:22).

Es precisamente en el sentido de "consciencia" que puede entenderse la siguiente declaración: "Pues ¿quién conoce las cosas profundas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" (1 Cor. 2:11). Y esto lo comprobamos cuando nos encontramos a solas con nosotros mismos meditando en las cosas que hemos realizado, sean buenas o malas y hablamos con Dios en nuestro interior o sentimos la tierna voz del Espíritu Santo.

Cuando Dios creó al hombre, lo hizo de tal manera que El pudiera morar en él en la persona de su Espíritu Santo.

"Desde las edades eternas había sido el propósito de Dios, que todo ser creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un templo para que en él habitase el Creador".24

Desde el mismo principio de la creación del hombre, el Espíritu de Dios moraba en él libremente y mantenía todas sus pasiones bajo el control de la razón. Había plena y total armonía ente Dios y el hombre, pues el amor ágape de Dios reinaba supremo. La vida del hombre era un reflejo de la vida santa de Dios. El hombre era puro y perfecto. Reflejaba plenamente la imagen divina. Su "consciencia" o "espíritu" estaba vivificado y bajo el control absoluto de Dios. El hombre y la mujer eran felices.

Pero, "a causa del pecado, la humanidad había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado por el pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del ser divino".25 "Por la desobediencia" las facultades del hombre se "pervirtieron y el egoísmo suplantó el amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal".26

Siendo que bajo la nueva condición, el poder dominante en el corazón del hombre es el "egoísmo", el amor centrado en uno mismo, es evidente que el hombre no puede ser un templo "limpio" donde Dios puede gozarse en morar.

El apóstol Pablo presenta la realidad de esta condición en la que reina el egoísmo de la siguiente manera: "el pecado que mora en mi", "en mi carne, no mora el bien", "el mal está presente en mi", "veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente", "este cuerpo de muerte" (Rom. 7:14-23). La idea de una "ley" o "principio" pecaminoso que mora en la carne o naturaleza humana de todos los seres humanos es expresado con mayor fuerza en la siguiente declaración: "La ley del pecado que está en mis miembros" (v. 23 up.). Esta "ley" que "lleva cautivo" al ser humano a una vida centrada en sí mismo, según el mismo Apóstol, ha sido vencida y subyugada por Cristo en su humanidad bajo el poder del amor ágape de Dios que "no busca lo suyo" (1 Cor. 13:5). El expresa esta verdad con gran fuerza en la siguiente declaración: "La ley del Espíritu de vida en Cristo [el principio del amor de Dios], me ha librado de la ley del pecado y de la muerte... Dios [lo] hizo... enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne" (Rom. 8:2,3). La "fuerza" o "impulso" que genera la "ley del pecado" ha sido vencida por Dios en la misma "carne y sangre" que nos es común a todos los hombres (Heb. 2:14). Nótese lo que se nos dice:

“Dios fue manifestado en carne para condenar al pecado en la carne, manifestando una perfecta obediencia a toda la Ley de Dios. Cristo no pecó, ni fue hallado engaño en su boca. No corrompió la naturaleza humana (con la desobediencia), y aunque en la carne, no transgredió la Ley de Dios en ningún particular... Este testimonio concerniente a Cristo muestra llanamente que condenó el pecado en la carne”.27

Ahora bien, ¿cuándo experimenta el hombre la libertad o el dominio sobre esta "fuerza" o "impulso" que lo esclaviza? Cuando la experiencia del nuevo nacimiento que ya mencionamos toma lugar (Juan 3:3-8, cf. 8:32,36). Es esta experiencia la que permite a Dios tomar nuevamente el control de la "consciencia" o "espíritu" del hombre.

"Por la encarnación del Hijo de Dios, se cumple el propósito del Cielo. Dios mora en la humanidad, y mediante la gracia salvadora, el corazón del hombre vuelve a ser su templo".28

Es el Espíritu Santo que obra en cada hombre la renovación por medio del Evangelio y la Palabra (Efe. 4:23; Rom. 12:2; 1 Ped. 1:23; Sant. 1:18). “Una vez regenerado, el espíritu [o la consciencia] deja sentir su efectos sobre el alma [la mente, el yo]. Liberada del yugo de las pasiones y purificada por la Palabra de Dios, el alma a su vez ejerce una influencia sobre el cuerpo".29 El nuevo nacimiento es la oportunidad de Dios para vivificar espiritualmente al ser humano que ha estado "muerto en delitos y pecados" (Efe. 2:1; Col. 2:13). En realidad, la experiencia del nuevo nacimiento consiste en la vivificación de las facultades espirituales del hombre que estaban muertas por el pecado. Es la resurrección de una vida de pecado e injusticia a una vida de obediencia y justicia.

Hemos observado que en el hombre no convertido, el alma, el verdadero yo del hombre, con su vida egocéntrica es el principio dominante que rige su vida (Jud. 18,19). A los que viven dominados por sus pasiones el apóstol Pablo los llama "hombres carnales" u "hombres naturales" (1 Cor. 2:14). Y a los que son guiados por el Espíritu de Dios y que han sido regenerados se los llama "espirituales" u "hombres espirituales" (v. 15; Gál. 6:1). Pero a los cristianos que han pasado por la experiencia del nuevo nacimiento y que se han dejado esclavizar nuevamente de las bajas pasiones de la carne se los llama "carnales" y "niños en Cristo" (1 Cor. 3:1-4).

Si bien es cierto que Dios mora en nuestro "espíritu" o "consciencia" en la persona del Espíritu Santo, y que quiere ejecutar su voluntad a través de nuestro cuerpo (Rom. 6:12,13), El no puede hacerlo sin nuestra entrega y consentimiento. La mente o el alma deben consentir, ya que en ella está el "centro de la voluntad", es allí donde reside "el poder de elegir y tomar decisiones".

Dios desea manifestar su amor sin egoísmo a través de nuestra carne pecaminosa, de la misma manera que lo hizo a través de Cristo (Rom. 8:3; 1 Ped. 4:1). La "ley del espíritu de vida en Cristo" debe ser el principio rector y poder dominante en la vida de los creyentes que han experimentado el nuevo nacimiento.

La Unidad de la Naturaleza Humana

Cuando las Escrituras caracterizan al hombre como una unidad de "cuerpo" y "alma" (Mat. 10:28) y como "cuerpo" y "espíritu" (1 Cor. 7:34, cf. 5:5) se debe a que en ocasiones, "el alma y el espíritu se usan en forma intercambiable".30

La Biblia sostiene uniformemente que "la naturaleza humana del hombre es una unidad indivisible”. Por esto define "en forma precisa la relación que existe entre el cuerpo, el alma y el espíritu".31

Esta es la razón por la que cuando el espíritu o la consciencia es renovado deja sentir sus efectos sobre la mente o el alma y esta a su vez ejerce su influencia sobre el cuerpo.

Cuando el diablo trata de seducir o inducir al hombre a pecar lo hace desde afuera hacia dentro, apelando a los deseos inmoderados de la carne y trata de extraer una decisión de la mente, un consentimiento. De manera similar, en la persona convertida, Dios que esta entronizado en el espíritu o consciencia del hombre mantiene en jaque los deseos de la carne. Su influencia se hace sentir desde adentro hacia fuera. Desde esta perspectiva produce justicia en nosotros, pero no una justicia forzada sino voluntaria, pues surge de un libre ejercicio de la voluntad al elegir lo que es correcto. El Espíritu que mora en nosotros no trabaja por "compulsión", trabaja haciendo sentir su influencia y nos anima a elegir correctamente lo que es para nuestro bien y para la gloria de Dios. Es con el libre consentimiento de nuestra voluntad que el Espíritu nos imputa e imparte la justicia de Cristo.

El apóstol Pablo habla de la unidad de la naturaleza humana en los siguientes términos: "Todo vuestro ser: espíritu alma y cuerpo, sea guardado sin culpa para la manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:23). Nótese que en este pasaje no se dice que los seres humanos están compuestos por partes independientes una de otras. ¡No! "espíritu, alma y cuerpo" constituyen "todo vuestro ser", por eso dice "sea", no "sean". Estos tres aspectos del hombre componen una unidad indivisible. La concepción "dualista" del pensamiento griego es totalmente ajena a las Escrituras inspiradas.                 

El Peor de los Engaños Satánicos

Cuando la idea de la inmortalidad natural del alma es entendida plenamente, resulta patética, y se hace evidente que los proponentes de esta concepción filosófica no saben que es lo que realmente están enseñando. Creer en la inmortalidad inherente del alma humana es negar la verdad de la cruz de Cristo. Es negar la verdad del “Evangelio eterno” (Apoc. 14:6,7; cf. Gál. 1:6-9).

¿Qué es lo queremos decir con esta declaración que puede resultar alarmante para algunos cristianos? Sencillamente que, tener un entendimiento equivocado de la obra salvadora de Cristo a favor del hombre lleva inevitablemente (y esto sucederá tarde o temprano) a tener una idea errónea sobre la antropología bíblica.

Según las Escrituras, para salvar al hombre de la maldición del pecado, la muerte, Cristo tuvo que ser hecho “maldición por nosotros” (Gál. 3:13). Y para tener una vislumbre de “la muerte” de la que Cristo nos libró debemos ver ahora brevemente lo que enseña la Biblia al respecto.

La Palabra de Dios nos habla de dos muertes. La primera se denomina “dormir” por lo que es comparado con el “sueño” (Juan 11:11-14; Luc. 8:49-56). Esta muerte bien puede llamarse “primera muerte” y es la experiencia común de todos los seres humanos, no importa la clase social o étnica que pertenezcan. Esta es la que se describe como un estado de inconsciencia entre la muerte y la resurrección. Y de este tipo de muerte, todos, absolutamente todos los que la halla experimentados volverán a vivir. Habrá resurrección de los muertos (Juan 5:28,29). Esta “primera muerte” no constituye “la paga del pecado” (Rom. 6:23).

Pero la Biblia nos habla también de una “segunda muerte” (Apoc. 20:6). Esta sí constituye “la paga del pecado” (Rom. 6:23). Esta les quita la existencia a los hombres para siempre; los separa de Dios que es la Fuente de vida eternamente. Esta muerte será experimentada finalmente por el Diablo, sus ángeles y todos los que rechazaron el don del salvación en Cristo, eligiendo así la destrucción (Juan 3:16,36; Apoc. 20:9; Mal. 4:1-3). Si la “primera muerte” constituye un estado de inconsciencia entre la muerte y la resurrección del cuerpo, la “segunda muerte” constituye un estado de inconsciencia eterno.

Esta “segunda muerte” es la que Cristo como humano enfrentó y “gustó” en la cruz “por todos” nosotros (Heb. 2:9; Rom. 6:10). Esta es la razón por la que ella - según las escrituras - “no tiene potestad” sobre los que participan en la “resurrección de vida” para vivir para siempre con Dios (Apoc. 20:6; 1 Tes. 4:13-17). En verdad Él gustó la hiel por amor a nosotros (Heb. 12:2; Isa. 53: 3-6,10).

Ahora bien, es precisamente aquí donde entra la verdad del Evangelio en contraposición a la controversial doctrina de la inmortalidad natural del alma. Si la muerte no es un estado de inconsciencia eterno (como en el caso de la “segunda muerte”) que amenaza con separar a todos los hombres de la compañía de Dios, sino que es el paso de una forma de vida a otra, entonces Cristo no murió realmente. Su muerte fue una falsa. En lugar de morir realmente, Él se tomó unas vacaciones de tres días.

 No hay una mentira más dañina que esta. Cuando el Diablo induce a los hombres a torcer la verdad o a creer y  enseñar el error abiertamente es para destruir la influencia del poder del Dios, que es el Evangelio y el mensaje de la cruz de Cristo (Rom. 1:16:1 Cor. 1:18). No hay otra razón más fuerte para rechazar esta desastrosa y patética doctrina que esta. Pero el Diablo la ha disfrazado con manto de luz y esto hace que muchos cristianos no puedan ver en toda su magnitud la realidad de una enseñanza tal.

Conclusión

Aunque hemos notado que los significados de las palabras "almas" y "espíritu" son bastante amplios, nunca se le da en las Escrituras la capacidad de sostener una existencia separada del cuerpo. En la mentalidad hebrea, influenciada por la inspiración divina, cuando muere el cuerpo, cesan todas las funciones de los demás aspectos de "ser entero" (cf. Ecl. 9:5,6,10; Sal. 115:17; Juan 11:11-14; Luc. 8:51,52; Job 14:14,21).

El testimonio del las Escrituras es diverso y muy claro sobre el significado de las incisivas palabras “alma” y “espíritu”. Por lo que no hay razón para extraviarnos. Dios puede proveernos conducción, y de hecho está dispuesto a ayudarnos a entender cualquiera verdad de su Palabra. Esto será una realidad si el orgullo personal (y denominacional) no se lo impide.

Dice el Salmista: “El testimonio del señor es fiel, que da sabiduría al sencillo... el precepto del Señor es puro, que alumbra los ojos” (Sal. 19:7,8). Sólo los ojos del sencillo verán el camino de la verdad y será librado del error.

La idea de la vida inmediata a la muerte no es bíblica, y por más que se quiera forzar esta premisa no resultará victoriosa. La verdad, y sólo la verdad es lo que permanece al fin.

De igual manera, no es bueno pasar por alto el hecho de que es valioso estudiar este tema a la luz que fluye de la cruz del Calvario. Sólo estudiándolo en el contexto del Evangelio de la gracia de Cristo tiene significado toda doctrina bíblica. Así nos libraremos de esta fatídica enseñanza que oscurece el supremo sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.

Dios nos ayude a estudiar su Palabra con una mente dispuesta y un espíritu libre de prejuicio. Que nuestro corazón anhele encontrar la verdad y que sólo ella nos sea preciosa. Una vez encontrada, podamos comprarla y no venderla.

Notas y Referencias: 
 
1 Lorenzo J. Baun, La Mayor Conquista de la Vida, El origen del Hombre y su Destino, pp. 91,92.
2 Ibíd., p. 92.
3 Luís Bordeau, El problema de la Muerte, p. 184.
4 Baun, Ibid., p. 93.
5 Joaquín Balaguer, Grecia Eterna, p. 150.
6 Ibíd., p. 159.
7 Roberto Leo Odom, ¿Es el Alma Inmortal?, p. 97.
8Las Escrituras revelan que cada uno de los seres humanos será recompensado “conforme a sus obras” (Mat. 16:27, Apoc. 22:12). Esta verdad bíblica por sí sola derrumba todo el aparato de la desastrosa doctrina de un infierno de fuego que arderá por la eternidad. Como nadie ha vivido eternamente en la práctica del pecado, de igual manera nadie será puesto a arder eternamente. Enseñar lo contrario es distorsionar el carácter justo de Dios. Las Escrituras son claras en cuanto al destino final de los réprobos. El siguiente pasaje de Luc. 12:47-48 desarrolla la verdad de Mateo y Apocalipsis en las siguientes palabras: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Más el que sin conocer la voluntad de Dios hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel que se le haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que se le halla confiado mucho, mucho se le demandará”.
Entonces, no todos los impíos, aunque vayan a parar al lago de fuego y azufre para ser destruidos, serán atormentados por el mismo tiempo. Pero todos finalmente serán destruidos (Apoc. 20: 9; 21:1; 22:1-5; Mal. 4:1-3).
9 Los esfuerzos persistentes de los estudiosos de las Escrituras en este particular han empezado a surtir efectos. Sin ser muy optimistas se puede decir que cada vez son más los cristianos que comienzan a tener una idea clara de esta importante doctrina bíblica. Al fin y al cabo sólo la verdad es lo que importa.
10 Gerald, Wheeler, Mas Allá de Esta Vida, p. 48. Las cursivas son nuestras
11 Diccionario bíblico adventista, p. 37, las cursivas son nuestras.
12 Creencias Fundamentales, p. 94.
13 A. F. Vaucher, La Historia de la Salvación, p. 123.
14 Diccionario Bíblico Adventista, p. 37, las cursivas son nuestras.
15 Ibíd., p. 37, las cursivas son nuestras.
16 A. F. Vaucher, La Historia de la Salvación, p. 128.
17 Creencia Fundamentales, p. 95.
18 Vaucher, Ibíd., p. 127.
19 Diccionario Bíblico Adventista, p. 404.
20 Creencia Fundamentales, p. 95
21 Vaucher, Ibíd., p. 129.
22 -------, Ibíd., p. 130.
23  ------, Ibíd., las cursivas son nuestras
24 Elena de White, El Deseado de Todas las Gentes, p. 132.
25 -------, Ibíd.
26 -------, El Camino a Cristo, p. 27.
27 -------, Sings of the Times, 16-1-1896.
28 -------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 132.
29 Vaucher, Ibíd., p. 129.
30 Creencia Fundamentales, p. 96
31 Ibíd.
 

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