I

 
 
   
Los Términos “alma” y “espíritu”
en las Sagradas Escrituras
 

(1era. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
 
 
 

          El análisis de lo que constituyen las palabras “alma” y “espíritu” como lo presentan las Sagradas Escrituras es sumamente interesante. Aunque mucho se ha escrito al respecto, vale la pena dar una nueva mirada a este inquietante tema. La realidad o no de si el hombre posee un “alma” es de gran importancia todavía para muchas personas. De igual manera, la idea de nuestro origen y destino como seres humanos es aun inquietante. Recuerdo haber preguntado a un ateo cuál era su opinión sobre el destino del hombre al morir, y él me contestó: “Prefiero no hablar de eso”. En realidad lo que quería saber era que tan cierto es el hecho de que él no creía en nada sobrenatural. Porque si me contestaba esta pregunta se iba a descubrir en él a un hombre con ciertas creencias, por lo menos eso. Desde entonces no lo he vuelto ver.

Obviamente “algo” creen los hombres y mujeres que habitan este mundo. Unos una cosa y otros, algo diferente. Nadie puede escapar de esta realidad. Claro, como es natural, siempre aparecen quienes prefieren ocultarlo para no ser burlados. Esto en caso de que crean que profesar alguna fe religiosa los descalifica como personas “normales”.

Sin embargo, no es tan importante tan solo creer “algo”. Más importante es saber a ciencia cierta que lo que hemos decidido sostener es la verdad. Y que no es otro “invento” más de tantos que ha creado el hombre en su afán por encontrar el significado de su existencia.

Pero bien, ¿tiene el hombre o la mujer un “alma” o ser etéreo interior que sale de su cuerpo cuando estos mueren? ¿Dónde va cuando abandona el cuerpo? ¿De dónde proviene esta creencia? ¿Sostienen las Sagradas Escrituras semejante doctrina?

La Inmortalidad del Alma en la Historia

Según Heródoto - considerado el padre de la historia -, los egipcios fueron los primeros que crearon una “doctrina de la inmortalidad del alma, aun cuando el arqueólogo Wooley sostiene que siglos antes que existiera alguna civilización en el valle del Nilo, ya los Sumerios manifestaban creer lo mismo”.1

Los egipcios creían que cuando la persona moría salía o se escapaba del interior de “su cuerpo otro cuerpo impalpable llamado el doble o el alma”. Esta “alma” o “cuerpo impalpable” continuaba viviendo mientras el cuerpo físico no entraba en la descomposición, razón por la cual tomaban “precauciones” para embalsamar los cuerpos para preservarlos por más tiempo transformándolos en momia. “En efecto, los egipcios creían que después de un tiempo más o menos largo el alma, cansada de permanecer en la tumba, emprendía el largo viaje hacia las tierras felices donde moraba Osiris”.2

Si las almas eran muy malas al momento de morir eran entregadas a los “demonios vengadores” los cuales las sumergían en “ardientes estanques”, después eran sometidas a nuevas pruebas para que fueran purificadas en el transcurso de “otras existencias”. Las almas que cometían faltas “remisibles” eran sometidas a un “purgatorio”  para que después que lograran restablecerse tomaran lugar en las “Moradas Celestes”. “Pero después de tres mil años de bienaventuranzas, volvían a este mundo a vivir de nuevo con su cuerpo momificado o revestir cualquier otra forma que deseara. Al final de ciclos análogos, muchas veces repetidos, se absorbía  en la pura esencia divina y llegaba a la perfección absoluta”.3

Por otro lado, los Sumerios (o Súmeros) “acostumbraban a enterrar a los reyes con sus mujeres, con sus cortesanos, su guardia y su servidumbre... Todos estos hombres, mujeres y animales eran envenenados y enterrados muertos o semivivos en el ritual fúnebre a fin de que sus espíritus acompañasen al difunto rey en el más allá, y lo sirvieran como en esta vida”.4 En realidad, algunas ideas de los Sumerios eran muy parecidas a la de los egipcios.

De los Babilonios y Asirios se sabe muy poco de sus creencias sobre la inmortalidad del alma. “En realidad, - según se observa - no se sabe casi nada...”

Acerca e los Griegos no se puede decir lo mismo. El filósofo pagano Platón creía  que el hombre no se puede considerar feliz “aun colmado de todos los dones, en tanto que no ha obtenido sepultura”. ¿Por qué? Porque según sus ideas sólo allí, se estará “seguro de que su sombra (o alma) no anda errante, [e] inquieta...” Platón veía al cuerpo humano como una “cárcel” en la que estaba encerrada el alma mientras el hombre vivía.

Sobre Platón se sabe que fue “discípulo de Sócrates, maestro de Aristóteles y condiscípulo de  Alcibíades”.5 Hay una creencia platónica sobre “el destino del alma” narrada en su “relato a Armenio Her” que guarda relación con la de los egipcios, y es aquella que sostiene que el alma “pasa por diversas reencarnaciones y decide su propia suerte, eligiendo su vida futura”.6 Platón propuso la idea de la transmigración de las almas y “futuras uniones” en caso de que el alma no obtuviera en esta vida la purificación perfecta.

Resulta interesante saber la manera en la que Sócrates (maestro de Platón) llegó a su conclusión sobre la inmortalidad el alma:

“Este es el método - dice Sócrates - que yo adopté: Primero asumí algún principio que yo juzgué que era el más fuerte, luego afirmé como verdadera cualquier cosa que pareciera concordar con ese principio, ya sea que se relacionara con la causa o con cualquier otra cosa; y lo que no concordaba, lo consideré como falso...

Sobre la base de esta suposición, Sócrates razonó que ‘cuando la muerte ataca a un hombre, se puede suponer que la parte mortal de él muere; pero la inmortal sale del camino de la muerte y es preservada segura y sana’ ”.7

Ahora bien, esto es lo que sostenían algunas civilizaciones antiguas y los filósofos griegos paganos con sus complicados conceptos. Conceptos, basados en “suposiciones” como ya pudimos ver. Sin embargo, queremos saber qué dicen las Sagradas Escrituras sobre este interesante tópico.

En la actualidad se sostienen ideas similares y a veces idénticas a estas por diferentes grupos religiosos. Unos enfatizan que cuando el hombre muere, si vivió una vida ordenada su “alma” irá al paraíso a disfrutar por siempre la dicha de la eternidad. Mientras que si vivió una vida desordenada irá a parar al “infierno de fuego” o lugar de tormento para retorcerse allí por los siglos de la eternidad, no importa que su vida aquí en la tierra halla sido de 20, 30 o 70 años de comportamiento equivocado. Este es el pago. Así presentan a Dios como un tirano peor que los dioses paganos de las civilizaciones antiguas, o peor aun que el mismo Hitler.8

Otros siguen sosteniendo el complicado concepto de la “transmigración” o reencarnación de las almas que sostuvieron los egipcios y el filósofo Platón. Hay quienes creen en que millones de reencarnaciones pueden sucederse en la vida de una persona, pudiendo esta reencarnar hasta en “animales” e “insectos” como un medio de purgar su “karma” en esta vida por los errores cometidos en vidas anteriores. Esta extraña creencia encierra así a los hombres en un ciclo interminable de muertes y reencarnaciones como un medio de alcanzar la perfección o la fusión con la divinidad.

Lo peor de todo, es que, en el colmo de su extravío quienes sostienen esta doctrina pretenden hacernos creer que cuando la Biblia habla sobre la “resurrección del cuerpo” está hablando de la “reencarnación del alma”. Y mal interpretan algunos pasajes bíblicos sacándolos fuera del contexto en el que se encuentran para probar sus concepciones. 

Actualmente, dentro de un sector del cristianismo son menos los eruditos que están sosteniendo la cuestionable doctrina de la inmortalidad del alma, gracias a los persistentes esfuerzos de la Iglesia Adventista del 7mo. Día en esta área. Ella presenta una exposición clara y sólidamente bíblica sobre el particular.9

Veamos ahora un análisis del significado bíblico de la palabra “alma” y “espíritu”.

El “Alma” Humana en la Concepción Bíblica

Al usar el término “alma” posiblemente nos llegue a la mente la expresión “alma inmortal”. Pero es bueno saber rápidamente que esta tendenciosa expresión no tiene nada que ver con lo que las Escrituras quieren expresar al usar la incisiva palabra “alma”, por la sencilla razón de que la idea de un “alma inmortal” que habita en el hombre es totalmente ajena a la concepción bíblica de la naturaleza del hombre. De hecho, la expresión “alma inmortal” no aparece en las Escrituras.

Ahora bien, debemos cuidarnos de mal entender los términos “alma” y “espíritu” o dar una explicación poco satisfactoria de los mismos, por atacar la cuestionable doctrina de la inmortalidad del alma. Las Escrituras presentan una idea amplia del significado de estas palabras. Es probable que en nuestro idioma esta palabra no refleje una idea clara, pero no sucede así en el idioma original bíblico, sea en el hebreo del Antiguo Testamento o en el griego del Nuevo Testamento.

La palabra original hebrea de donde nos viene el término "alma" en el Antiguo Testamento es nepfesh. Su palabra griega equivalente en el Nuevo Testamento es psuche.

En uno de los pasajes donde primero encontramos esta palabra es en Gén. 2:7. Este pasaje revela que el hombre llegó a la existencia cuando Dios "sopló" en él "aliento (neshamah) de vida", entonces llegó a ser un "alma (nepfesh) viviente" (VRV 1979 cf. Job 33:4).

Este pasaje no enseña que Dios puso en el hombre un alma, sino que él es un "alma viviente". La VRV 1969 y otras versiones traducen: "ser viviente", y la versión DHH vierte este pasaje así: "...el hombre comenzó a vivir". No hay en este pasaje nada que sugiera que en el hombre existe una entidad inmaterial capaz de vivir separada del cuerpo o que él posea tal cosa. El apóstol Pablo confirma esto cuando dice: "el primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente..." (1 Cor. 15:45 RVA, "un ser viviente" NRV 2000).

En otros pasajes de las Escrituras la palabra  nepfesh tiene el significado de "persona". Un buen ejemplo de ello es Gen. 46:27. Según la VRV 1979 Jacob entró a Egipto con setenta "almas".  Pero cuando leemos la VRV 1960 y NRV 2000 descubrimos que dicen: "todas las personas... que entraron en Egipto, fueron setenta" (cf. Gén. 12:7; 36:6; Ex. 16:31; Lev. 4:2; Deut. 10:22).

Un caso interesante es Sal. 3:2, donde dice: "Muchos son los que dicen de mi: no hay para él salvación en Dios". La primera parte de este vers. Dice literalmente: “dicen de mi nepfesh...”  En este caso, la palabra nepfesh se refiere a la persona completa. Por esto, no es coherente decir que el alma es una parte independiente del hombre. Es la persona misma.

"Nepfesh tiene todas la características de un ser humano normal y completo. Un nepfesh puede tener hambre y sed (Deut. 12:15; 14:26; 1 Sam. 2:16; Sal. 107:5,9; Prov. 6:30). Además, puede desear poseer objetos físicos como ganado y vino (Deut. 14:26), tener relaciones sexuales (Gén. 34:3,8; Cant. 3:1-4), la presencia de otra persona (1 Sam. 18:1,3) y, en el caso de una mujer estéril, un hijo (1 Sam. 1:15). 

"Por lo general cuando pensamos en un alma, lo hacemos en el contexto de cosas espirituales, y nepfesh tiene intereses e impulsos religiosos (Sal. 19:8; 23:3; 65:6; 132:2; Jer. 31:25). Además del aspecto espiritual de la vida, nepfesh puede indicar el asiento humano de las emociones y experiencias. Puede estar triste (Deut. 28:65; Sal. 42:6; 119:28), puede sentir pena (Job 30:25), puede sentir dolor (Sal. 13:3), o llorar (Jer. 13:17). En otras palabras, lo que imaginemos que es capaz un ser humano, también lo es nepfesh. La vida puede estresarlo (Gén. 42:21), amargarlo (Job 3:20; 7:10; Isa. 38:15), o perturbarlo de muchas maneras (Isa. 15:4). Un nepfesh puede desplegar cualquiera emoción humana, como odio (2 Sam. 5:8; Sal. 11:5), o gozo (Sal. 35:9; Isa. 61:10). Uno puede alegrar al nepfesh (Sal. 86:4; 94:19). Puede bendecir al Señor (Sal. 132:1,22; 104:1,35) o amar (1 Sam. 18:1,3; Cant. 1:7; 3;1-4). Y nepfesh puede pensar y recordar (Sal. 103:2; Lam. 3:20). Un nepfesh y un ser humano son, por lo general, indistinto en el Antiguo Testamento".10

También este término se traduce como "vida" (cf. Gén. 9:4,5; Job 2:4,6; Sal. 31:13; 1 Rey. 17:21; 2 Sam. 18:13). Con este significado a sido traducida más de 100 veces de la 755 que se menciona en el Antiguo Testamento según la Versión del Rey Jacobo.

Es imposible que la palabra nepfesh se refiera a  alguna parte inmaterial e independiente del hombre, pues la sangre es vital para su existencia, como lo es para la persona. En Gén. 9:5 se habla de la "sangre de vuestra vida [nepfesh]". La nepfesh tiene sangre. De manera similar Deut. 12:23 dice: "la sangre es la vida [nepfesh]".

A pesar de toda esta evidencia, hay dos pasajes del Antiguo Testamento que han sido usados tenazmente para insistir en la existencia del alma separada del cuerpo. El primero es Gén. 35:18 que habla de la muerte de Raquel de la siguiente manera: "al salírsele el alma (pues murió)..." Nótese como traduce este pasaje la RVA: "pero sucedió que al dar el último suspiro (pues murió)..." Este versículo sencillamente contiene la declaración de que Raquel antes de morir, con su "último suspiro", su último hálito de fuerza le puso nombre a su hijo. La versión DHH vierte así este pasaje: "en sus últimos suspiros llamó Benoni al niño".

El otro pasaje es 1 Rey. 17:21,22 donde se dice que Elías oró al Señor para que hiciera "volver el alma" del niño de la viuda de Serepta. "Te ruego que el alma del niño vuelva a su cuerpo. Jehovah escuchó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a su cuerpo, y revivió" (RVA). Nótese como traducen otras versiones de las Escrituras este pasaje: "te ruego que vuelvas la vida a este niño... la vida del niño volvió a él" (NRV 2000). "Te ruego que devuelvas la vida a este niño! El Señor atendió los ruegos de Elías e hizo que el niño reviviera" (DHH). Este es otro de los tantos pasajes en el que nepfesh o alma  tiene el significado de "vida".

Es interesante saber que dentro de los múltiples significados nepfesh se traduce como "cadáver" (Hag. 2:13; Núm. 19:11 VRV 1995); "muerto" (Núm. 5:2; 9:6,7 VRV 1995); "persona muerta" (Núm. 6:6 VRV 1995). Todo esto significa lo mismo. 

"A menudo nepfesh se refiere a los deseos, los apetitos o las pasiones (Deut. 23:24, literalmente 'saciar tu nepfesh'; Prov. 23:2, literalmente 'si eres nepfesh dado al apetito'; Ecl. 6:7, literalmente 'el deseo de su nepfesh no se saciará'). Se puede referir a la sede de sus afectos (Gén. 34:3; Cant. 1:7; etc.), y a veces representa la parte volutiva del hombre (Deut. 23:24, 'hasta tu nepfesh'; Sal. 105:22, 'como su nepfesh lo quisieres'; Jer. 34:16).11

"Por otra parte, las expresiones tales como 'mi alma', 'tu alma, 'su alma' etc., son por lo general modismos que reemplazan los pronombres personales 'yo', 'tu', 'él' etc. (véase Gén. 12:13; Lev. 11:43,44; 19:8; Jos. 23:11; Sal. 3:2; Jer. 7:9, etc.".12 

Veamos algunos pasajes ahora que reflejan de una manera más directa que el alma no es inmortal y que está sujeta a la muerte. En Juec. 16:30 nepfesh se traduce como "yo" y muere. De igual manera, en Núm. 31:19 nepfesh se traduce como "persona" y también muere (cf. Eze. 18:4,20). “La muerte, que afecta al cuerpo del hombre (disolución del organismo), afecta también a su alma (desintegración de la personalidad) Job 33:18; Jer. 40:14”.13

Es en este contexto que pueden entenderse las siguientes expresiones: "Jehovah redime el alma de sus siervos", "la Ley de Jehovah es perfecta, que convierte el alma" (Sal. 34:22; 19:7 las cursivas son nuestras).

Veamos ahora un poco más de cerca de esta interesante palabra. Se reconoce que aun cuando se ha expresado "la noción de la vida física" no se ha agotado aun "el contenido de la palabra 'alma' ".

"El alma  es esa actividad capaz de pensar... ese yo que cada uno de nosotros es".14

"La nepfesh al constituir el fondo de la personalidad es lo que resulta ser objeto del amor que el hombre siente por sí mismo... Todos los movimientos espontáneos que sirven de expresión de los instintos naturales del hombre, se originan en la nepfesh.

"El  lugar y la esencia de la personalidad del hombre se encuentran en el alma, donde habitan las facultades de la mente (Job 7:15), la voluntad (Prov. 2:10,19), nuestro conocimiento (2 Sam. 5:8; Job 10:1; Juan 12:27), y las emociones.

"Puesto que el alma es el lugar de nuestra personalidad, es el lugar del verdadero 'yo'...

Por lo tanto, nuestro 'yo' es nuestra alma".15

Siendo que el alma constituye el "yo" del hombre, la vida natural del alma no convertida que se expresa a través del cuerpo es una vida egocéntrica, centrada en sí misma; el alma produce naturalmente "las obras de la carne" (Gál. 5:19-21). Y aun cuando las obras del alma no regenerada parecen ser buenas, son obras de justicia propia y tales acciones en el juicio serán condenadas como "obras de iniquidad", porque son en realidad "trapos de inmundicia" (Mat. 7:21-23; Isa. 64:6). El origen de dichas obras siempre fue el "yo", el yo egocéntrico y pecaminoso.

En este contexto, no resulta difícil comprender porque el único tipo de vida  que el alma puede vivir es la vida de "la carne" (Rom. 8:4). Y lo peor de todo es que el hombre en su estado natural de enemistad contra Dios no puede aunque quiera librarse de esa forma de vida (Rom. 7:14; 8:7). Este estado de justicia propia y "presente mundo de maldad" (Gál. 1:4) no puede ser cambiado por la "educación o la cultura", únicamente  cambia cuando el hombre pasa por la experiencia del nuevo nacimiento y recibe en su interior el amor ágape de Dios, un amor que "no busca lo suyo" pues no es egocéntrico (Juan 3:1-5; 1 Cor. 13:5).

Aun la educación o la cultura lo más que pueden lograr es un cambio o mejora en la conducta externa de los hombres y mujeres. Pero sólo el poder transformador de Cristo puede mantener sujeto todo tipo de pasiones desordenadas bajo el dominio de la razón y el control del Espíritu Santo (Jud. 24; 2 Cor. 1:5).

Para poder vivir una vida diferente a la vida de "la carne", el alma (la persona y su ego) debe ser "redimida" y "convertida" por el poder de Dios. De ahí que el objetivo de la experiencia del nuevo nacimiento es hacer que el hombre se vuelva de sí mismo, a Dios. De una vida egocéntrica a una vida cristocéntrica (Fil. 1:23). Bajo la "nueva creación" (2 Cor. 5:17) de la que es objeto el individuo que cree el Evangelio de la gracia, el cuerpo es el "instrumento de justicia" a través del cual se manifiesta la vida de Cristo. Esta vida santa se expresa con la misma plenitud que antes se manifestaba el pecado en "nuestros miembros" usándolo como "instrumentos de iniquidad" (Rom. 6:11-13,18,19). De la manera que reinó plenamente el pecado, ahora, gracias a la experiencia del nuevo nacimiento, reina la justicia de Cristo.

De esto volveremos a hablaremos más adelante. Veamos ahora el significado de la palabra "espíritu".

 

Sigue... >>

 

Artículo Siguiente  >>