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La Capacidad Cognitiva de Dios
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Por: Lic. Marcos Blanco |
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El preconocimiento o la presciencia de Dios han sido discutidos a lo largo de la historia cristiana. Las capacidades cognitivas de Dios juegan un papel preponderante cuando se analizan temas tales como el origen del mal, el sufrimiento humano y la libertad de acción de los hombres. En la década de 1980 Richard Rice, un teólogo adventista resucitó esta discusión al publicar The Openness of God (La Apertura de Dios).1 Su libro analiza la relación entre el preconocimiento divino y la libertad de la voluntad humana. A pesar de haber sido rechazada por varios otros teólogos adventistas,2 el estudiante de teología puede aún encontrar esta postura (no totalmente desarrollada) en el libro de teología sistemática adventista publicado por Rice.3 Se intentará presentar algunos aspectos que puedan dar una visión equilibrada al reflexionar sobre este tópico. Al abordar este tema no pretendemos agotarlo ni dar una respuesta definitiva, sino exponer dos argumentos que presenten una visión alternativa a la de Rice. El primero es de carácter bíblico, el segundo, filosófico. Presciencia ¿relativa? En su libro, Rice pretende exponer una visión relativa del preconocimiento divino. Al hacerlo, intenta resolver el problema del origen del pecado y defender la libertad humana. Declara que ciertos aspectos del futuro son todavía indefinidos, por lo tanto no conocibles. Esto significa que el preconocimiento que Dios tiene del futuro no es exhaustivo.4 Evidentemente esta declaración pasa por alto algunas profecías bíblicas tales como la visión de Daniel 2, que bosqueja el transcurso de la historia humana por cerca de 15 siglos. Sin embargo, la hipótesis de Rice se basa en que Dios conoce tan profundamente al ser humano, además de tener un conocimiento perfecto del pasado, de tal modo que prevé todas las diferentes maneras en que un individuo puede actuar ante una situación dada.5 Ante esta postura se podría preguntar si durante el ministerio profético de Isaías ya existían factores que permitieran predecir el hecho de que un pagano libertaría al pueblo de Dios al tomar Babilonia. ¿Había algún indicio que permitiera saber que ese individuo se llamaría "Ciro"?6 (Isa. 44:28; 45:1-6). ¿Será que todos los mínimos detalles proféticos que encontramos en Jeremías 50 y 51 sobre la caída de Babilonia fueron previstos por inferencia de los factores naturales ya existentes? Existen sólo dos respuestas satisfactorias: estas profecías son fruto de la presciencia divina, o hubo una predestinación por parte de Dios. Podría surgir el argumento de que Dios conoce aspectos meramente históricos, pero que no conoce aquellos detalles que hacen a la salvación del ser humano, o a sus acciones personales. Pero ¿será que en el tiempo de David ya existían factores por los cuáles se podría predecir que un "amigo íntimo" que comía el pan con el Mesías, lo traicionaría? (Sal. 41:9; 55:12-14; Vea Mat. 26:20-25). ¿Sobre qué base Cristo pudo anticipar que Pedro lo negaría tres veces antes de que el gallo cantara? (Mat. 26:36; 26:69-75). Otro ejemplo es el de las treinta monedas de plata que el traidor arrojaría en la casa del Señor (Zac. 11:12,13; Mat. 27:3-10). Sobran ejemplos de esta naturaleza, que aparentemente apoyarían la presciencia absoluta de Dios. La estructura óntica de Dios Existen varias maneras de predicar de Dios, de atribuirle ciertas características antológicas. Por ejemplo, podemos tomar la vía negativa y decir que si el ser humano es finito, Dios debe ser infinito; si el ser humano es temporal, Dios debe ser atemporal. Otra herramienta es la analogía, que nos permite decir que el ser humano es bueno; y que Dios también es bueno, pero no en el mismo sentido que el ser humano. Decimos que Dios es perfecto, pero estamos seguros de que no es la misma perfección que Dios espera de nosotros. Esto es predicar de Dios analógicamente. Finalmente tenemos la univocidad, predicar de Dios unívocamente. Es decir, si el ser humano está limitado por el tiempo, Dios también debe estarlo. Si el ser humano no puede moverse en otra esfera que no sea la temporo-espacial, Dios tampoco puede hacerlo. En este error cae Rice al decir que Dios se mueve en el tiempo de la misma manera que el ser humano. Rice está en contra de la posición "convencional", que hace una "espacialización" del tiempo.7 Argumenta en contra de aquellos que ven toda la historia de la humanidad representada por una línea larga, donde se refleja el pasado, el presente y el futuro. El ser humano puede ver sólo el pasado y el presente, pero no puede ver la continuación de esa línea, o sea el futuro. Pero Dios sí puede ver el panorama completo, por lo tanto puede ver el futuro. Esto, según Rice, sería ver al tiempo espacialmente. Por el contrario, este autor dice que Dios tiene las mismas limitaciones del ser humano, debido a que no puede conocer las acciones del futuro porque todavía no han llegado a la existencia, no han llegado a ser. Pareciera que se refiere a Dios en una manera unívoca. Quizás el texto de Isaías 40:28 sea de ayuda en este sentido: "¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quién lo alcance." Al aproximarse al estudio de las capacidades cognitivas de Dios, el ser humano se acerca a un concepto que pertenece al nivel de su trascendencia.8 Consecuentemente, el tema del preconocimiento de Dios lo sobrepasa y no podemos comprenderlo en relación a su experiencia con el tiempo y la realidad. Una teoría de las actividades cognitivas de Dios es imposible incluso analógicamente. Al tratar de explicar la actividad cognitiva de Dios el hombre se acerca a un tema que está más allá de su entendimiento, sin embargo Dios ha revelado algunas cosas a este respecto. ¿Dios puede conocer todas las cosas, incluso aquellas que aún no han llegado a ser? Isa. 46:9-11: "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. ¿Cómo puede Dios conocer algo si aún no ha llegado a ser? Éste es precisamente el misterio de su actividad intelectual. Esto muestra la soberanía de Dios sobre el tiempo. Aunque se considera que se han expuesto estos temas en forma fragmentaria, la información bibliográfica al pie servirá para aquellos que estén interesados en profundizar en este tópico. Sin embargo, se cree que este artículo nos ayudará a tener una comprensión más bíblica acerca de Dios y sus características, y una mayor confianza en Su Palabra. Referencias: 1 Richard Rice, The Openness of God (Nashville, TN: Review and Herald Publishing Association, 1980). 2 Veáse Robert M. Johnston, "Richard Rice. The Openness of God: The Relatinship of Divene Foreknowledge and Human Free Will. Nashville, TN: Review and Herald Publishing Association, 1980". Book's Review, AUSS, 20 (primavera 1982): pp. 84-86; George Goodwin, "The Openness of God: A Compromised Position?" Spectrum, 12 (septiembre 1981): pp. 62-63; Hollibert Phillips, "The Openness of God, ¿A Logical Position?", Spectrum 12 (septiembre 1981): pp. 64-65; Carlos Steger, "An Analysis of Richard Rice's Concept of God's Foreknowledge". Monografía, Andrews University 1980. 3 Richard Rice, The Reign of God: An Introduction to Christian Theology from a Seventh-day Adventist Perspective, (Berrien Spring, MI: Andrews University Press, 1985). 4 Rice, The Openness of God, p. 45. 5 Ibíd., pp. 48-49. 6 Muchos de estos argumentos se pueden encontrar en Alberto R. Timm, “Una Presciencia Divina-Relativa o Absoluta?”, O Ministerio Adventista (Brasil), noviembre-diciembre 1984, pp. 13-22. 7 Rice, The Openness of God, p. 16. 8 De aquí en adelante debemos mucho a Fernando Canale, "Theological Sketches on Doctrine of God", apuntes de clase, Andrews University Seventh-day Adventist Theological Seminary, 1993.
Cortesía de: Logos 3/3 abril 1999 |