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Por
medio de la encarnación, Dios se hizo hombre en Jesús. Para la mente
humana, la encarnación es un misterio escondido en la divinidad. No
podemos explicarla; meramente la aceptamos.
El apóstol pablo dice que Dios envió a “su hijo en semejanza de carne de
pecado” (Rom.8:3), “hecho semejante a los hombres” (Fil.2:7), y “en todo
semejante a sus hermanos” (Heb. 2:17). Por esta razón “Jesús tomo sobre
si mismo la naturaleza humana, no la de los ángeles” (Heb. 2:16, Biblia
Plenitud).
El apóstol se esfuerza por mostrar que Jesús era ciertamente un hombre,
porque solo como hombre podía efectuar su labor sumo sacerdotal.
“Cristo no tomo la naturaleza humana en forma aparente. La tomo de
verdad. En realidad, poseyó la naturaleza humana”.(1) “Cristo llevo los
pecados y las debilidades de la raza tal como existían cuando vino a la
tierra para ayudar al hombre. Con las debilidades del hombre caído sobre
El, a favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de
Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el
hombre”.(2) “Como cualquier hijo de Adán, acepto los efectos de la gran
ley de la herencia”.(3)
“Jesús llevó un cuerpo físico, formado según el cuerpo humano afectado
por el pecado. Sin embargo, no tenía conexión con el pecado, porque el
pecado que se aferraba al cuerpo humano que asumió, no afecto su
carácter ni tuvo poder sobre El. Jesús tomó la semejanza en la forma y
la apariencia del hombre, pero hubo una distinción definida en
esencia”.(4)
Pero aunque nuestro salvador tomo una naturaleza humana y vivió entre
los hombres “en semejanza de carne de pecado” (Rom.8:3). No debemos
tener dudas en cuanto a la perfección impecable de la naturaleza humana
de Cristo”.(5) Jesús no se manchó con el pecado a pesar de la naturaleza
humana que asumió. “En su naturaleza humana El mantuvo la pureza de su
carácter divino”.(6) “El era perfecto, y sin la mancilla del pecado”.(7)
Hebreos 2:17 dice que “debía ser en todo semejante a sus hermanos”. “La
palabra que se traduce ‘debía ser’ se refiere a algo ‘impuesto por
necesidad’, ya sea por la ley o el deber, o por la razón, o por los
tiempos, o por la naturaleza del asunto bajo consideración (Thayer). En
este caso fue la naturaleza del asunto lo que impuso la obligación”.(8)
Si Dios le hubiese dado a Jesús una naturaleza humana diferente de la
que poseemos- aparte del conocimiento experimental del pecado-no podría
haber sido nuestro salvador. Además, Satanás inmediatamente lo habría
acusado a El y al Padre de fraude, de que no era un hombre verdadero, y
que aunque El podía vivir sin pecar, por tener una naturaleza diferente
a la nuestra no podía esperarse que el hombre hiciese lo mismo, porque
le es imposible.
“No necesitamos colocar la obediencia de Cristo en una categoría
especial, como si fuera algo a lo cual el estuviera peculiarmente
adaptado por su naturaleza divina particular […] si Cristo hubiera
tenido poder especial que el hombre no tiene el privilegio de poseer,
Satanás se hubiera valido de este argumento. La obra de Cristo refutaría
las afirmaciones de Satanás de que El dominaba al hombre, y el señor
podía hacer esto solamente de la manera en que lo hizo: como hombre,
tentado como hombre, prestando la obediencia de un hombre”.(9)
Pablo afirma que cuando Cristo vino al mundo, vivió en las mismas
condiciones que nosotros. Pablo esta convencido de que – de alguna
manera – Jesús vivió bajo el poder del pecado, aunque este no pudo
encontrar respuesta ni lugar en Cristo. Por ser “carne” tuvo las mismas
tentaciones que nosotros. Su cuerpo ansiaba alimentos cuando Satanás se
lo ofreció.
Y se le ocurrió que podía obtenerlos convirtiendo las piedras en pan.
Pero tan pronto como tal pensamiento se registro en su conciencia, lo
rechazo resueltamente, al igual que rechazo la sutil tentación que le
llego por medio de pedro, cuando este sugirió que Jesús no debía
permitir que lo mataran en Jerusalén. A esa tentación, Jesús
Instantáneamente repuso: “Quítate de delante de mi, Satanás”
(Mat.16:23).
En esta y en todas las tentaciones, Jesús dominó la tentación y el
pecado. Cuando asumió la forma de carne de pecado, Cristo venció el
pecado en su propio ambiente. “A lo largo de la historia, la iglesia ha
confesado que Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana real de la
virgen Maria, no como fue antes de la caída, sino tal como había llegado
a ser por causa de la caída y después de esta.
“Esto se lo expresa claramente en Hebreos 2:14, 15 […] Basados en la
autoridad de la Palabra divina, no podemos dudar entonces que el Hijo de
Dios se hizo hombre en nuestra naturaleza caída”.(10)
Con un cuerpo enmarcado en la semejanza de carne de pecado, Cristo,
intrínsecamente sin pecado, llego a ser el representante de la humanidad
pecaminosa. En el propio reino del pecado era que el Hijo traería el
pecado a juicio, lo vencería y le arrebataría su poder.(11)
“Si Cristo no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no podría ser
nuestro ejemplo. Sino participo de nuestra naturaleza, no podría haber
sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no hubiera sido posible que
se rindiera a la tentación, no podría ser nuestro ayudador”.(12) “Si no
hubiese sino plenamente humano, Cristo no podría haber sido nuestro
sustituto”.(13)
“cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es posible que
tenga el hombre en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad
de su humanidad”.(14)
No obstante, durante la encarnación, Cristo no se separó de su
divinidad. “al deponer su manto real y su corona principesca… veló su
divinidad con el manto de la humanidad, pero no se separo de su
divinidad”.(15) “La divinidad y la humanidad estaban combinadas en
Cristo”.(16)
Por ser tanto Dios como hombre, Jesús poseía ambas naturalezas. “Nos
presenta las dos naturalezas de Cristo: la divina y la humana”.(17) “Las
dos naturalezas se mezclaron misteriosamente en una sola persona: el
hombre Cristo Jesús”.(18)
Solo las personas pueden pecar. Los objetos como los árboles y las
piedras no pecan. Ni las naturalezas pecan. Solo las personas dotadas
con mentes, inteligencia y la capacidad de tomar decisiones pueden
pecar. Jesús poseía dos naturalezas: una divina y otra humana. A través
de la encarnación, estas dos naturalezas estuvieron mezcladas en una
persona: Jesucristo. El no contaminó ninguna de sus dos naturalezas con
el pecado. Jesús fue sin pecado.
Cita Relacionada:
“Cristo no pecó, ni fue hallado engaño en su boca. No corrompió la
naturaleza humana [con la desobediencia], y aunque en la carne, no
transgredió la Ley de Dios en ningún particular. Más aún, eliminó toda
posible excusa que el hombre caído pudiera evocar, a modo de razón para
no obedecer la Ley de Dios... Este testimonio concerniente a Cristo
muestra llanamente que condenó el pecado en la carne” – EGW,
Sings of the Times,
16-1-1896.
En su naturaleza humana, Jesús conquistó a Satanás. “El enemigo fue
vencido por Cristo son su naturaleza humana. El poder de la Deidad del
salvador estaba oculto. Venció con la naturaleza humana dependiendo de
Dios para su poder”.(19) Pero “Cristo en su humanidad dependía del poder
divino. ‘No puedo yo de mi mismo hacer nada’, declaro [Juan 5:30]”.(20)
Fue el poder divino, que ayudaba a su naturaleza humana, lo que permitió
que Jesús enfrentara cada prueba y tentación victoriosamente. Con sus
propias fuerzas, como un mero hombre, nunca podría haber sido
victorioso.
“La humanidad de cristo por si sola nunca podría haber ganado esta
prueba [la tentación del apetito en el desierto], pero su poder divino
combinado con la humanidad gano en lugar del hombre una victoria
infinita”.(2) “En su naturaleza humana y divina combinadas, Cristo
soportó todo lo que era posible que el hombre soportara en el conflicto
con Satanás. Obediente e inmaculado hasta lo último, murió por el hombre
como su sustituto y garantía. Soportando todo lo que el hombre tuviera
que soportar debido al engañoso tentador, para que el hombre venciera
siendo participante de la naturaleza divina”.(22)
Pero si Jesús durante su encarnación poseía una naturaleza “caída”,
“pecaminosa” como la nuestra, ¿por qué no sucumbió a la tentación y al
pecado como todo otro ser humano? En ultima instancia, “que Cristo
pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y sin embargo fuera
sin pecado, es un misterio que no ha sido explicado a los mortales. La
encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá
siéndolo”.(23) Pero he aquí algunos pensamientos que podrían ayúdanos a
entenderla: “Tomo sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre,
degradada y contaminada por el pecado”.(24) “Al tomar sobre si la
naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo mas
mínimo en su pecado”.(25) “Tomó sobre su naturaleza sin pecado nuestra
naturaleza pecaminosa, para poder saber como socorrer a los
tentados”.(26)
Hablando en términos humanos, el secreto se encuentra en nuestra
relación con el Espíritu y el poder divino disponible al hombre por su
medio. Jesús escogió en todo momento y en toda circunstancia aliarse con
su padre y experimentar de esa manera la morada del Padre en su interior
a través del ministerio del Espíritu Santo. Durante su estadía sobre la
tierra, Jesús no hizo nada por sí solo. Permaneció constantemente alerta
a la voluntad de su padre por medio del Espíritu Santo. En Juan 8:29,
Jesús dijo respecto de la relación con su padre. “yo hago siempre lo que
le agrada”. El subordino su voluntad a la de su padre.
A lo largo de todo su ministerio, Jesús escogió ser dirigido momento a
momento y días tras días por el Espíritu. Se comprometió sin reservas a
hacer la voluntad de su Padre, según se le revelaba en los rollos
sagrados y las indicaciones del Espíritu, su sometimiento a la voluntad
de su Padre en Getsemaní ilustra esta actitud.
No insistió en preservar su vida física; escogió morir antes que ir
contra la volunta de su Padre. “Por nuestra causa, ejerció un dominio
propio mas fuerte que el hambre o la misma muerte”.(27) Crucifico sus
propias inclinaciones, aunque no tenía mas deseos de morir que usted o
yo. Le rogó a su Padre que hiciera pasar aquella copa de sufrimiento, si
era posible. Pero prefirió morir a los 33 años de de edad antes que
contrariar la voluntad de su Padre al preservar la vida.
Jesús pudo haber escapado fácilmente a la muerte. Solo habría tenido que
efectuar algunos milagros ante el rey Herodes, y el rey lo hubiese
soltado inmediatamente.(28) Pero El no había venido a esta tierra para
vivir una vida tranquila, o para salvarse a si mismo; El vino para
salvar al ser humano abrumado y muerto en el pecado (ver Efe. 2:1).
Dirigido y sostenido por el Espíritu, este era su propósito constante.
Por estar lleno del Espíritu, “ni por un momento hubo en Él una mala
propensión”,(29) ni una disposición favorable o deseo hacia el pecado.
El Espíritu y el pecado no pueden morar en la misma mente a la vez,
porque “si el Espíritu habita en el corazón, el pecado no puede morar
allí”.(30)
Jesús no tenía propensión hacia al pecado, y se nos dice: “No lo
presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al pecado”.(31)
Entendemos mejor esto cuando leemos la definición de “tendencias” o
“propensiones” según Elena G. de White: “Debemos renunciar a la
autoindulgencia, al agrado del yo, al orgullo y la extravagancia. No
podemos ser cristianos y gratificar estas propensiones”.(32) Según estas
definiciones, las propensiones son deseos acariciados. En la mente y los
pensamientos de Jesús no hubo ni por un momento una disposición
favorable o un sesgo hacia el pecado o por apartarse de la voluntad de
su Padre. Coloco su mente como un pedernal para hacer la voluntad de su
Padre (ver Isa. 50:7).
La justicia no consiste únicamente en hacer y hablar lo correcto, sino
en los pensamientos y sentimientos correctos, y los “pensamientos
combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral”.(33) Por
lo tanto, cuando a través del tentador llegaron a Jesús las sugestiones
malignas de convertir las piedras en pan, saltar del pináculo del templo
o postrarse para adorar [al enemigo de Dios] y así recobrar el mundo de
una manera mas fácil que la de subir al Calvario, inmediatamente las
rechazó. Tan pronto como la posibilidad se registró en su percepción
consciente, Jesús rechazó la idea. “Nunca dejéis, en forma alguna, la
mas leve impresión en las mentes humanas de que una mancha de corrupción
o una inclinación hacia ella descansó sobre Cristo, o que de alguna
manera se rindió a la corrupción”.(34)
Usted y yo a veces hemos escogido pecar en el pensamiento, aunque nos
hemos reprimido de cometer el acto pecaminoso. Pero aunque no pecamos en
las acciones, al admitir el pensamiento en nuestra mente, cedemos a la
tentación y en efecto pecamos. En el sermón del Monte, Jesús identificó
los pensamientos pecaminosos como pecado al decir que “cualquiera que se
enoje contra su hermano será culpable de juicio”, y “cualquiera que mira
una mujer para codiciarla, ya adultero con ella en su corazón” (Mat.
5:22, 28).
“Cristo no poseía la misma deslealtad pecaminosa, corrupta y caída que
nosotros poseemos”.(35) Si una mujer soltera acepta salir de paseo con
un soltero disponible, nadie la condena. Pero si una mujer casada hace
lo mismo, o siquiera lo considera, es desleal a su esposo. Jesús nunca
fue desleal a su Padre. No tomaba en cuenta las proposiciones satánicas.
Usted y yo hemos considerado sus tentaciones, Jesús decidió no hacerlo.
“Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación”.(36)
“Que cada ser humano permanezca en guardia para que no haga a Cristo
completamente humano, como uno de nosotros, porque esto no puede
ser”.(37) Ciertamente, El no era como nosotros, que a menudo aceptamos
favorablemente los acercamientos de Satanás, y los tomamos en cuenta y
los ponderamos, lo que constituye una deslealtad hacia Dios, quien nos
ha tomado como esposa.
Si no pensamos o contemplamos la posibilidad de cierto acto pecaminoso,
la pasión o el sentimiento intenso por El no se desarrolla. Algunos de
nosotros hemos tenido la experiencia de haber pensado sobre algún pecado
hasta que se torna en una pasión incontrolable.
Al referirse al tema de las pasiones en relación con Jesús, Elena de
White dice: “Él es un hermano en nuestras flaquezas, pero no en nuestras
pasiones”.(38) “Era un poderoso peticionario, que poseía las pasiones de
nuestra naturaleza humana caída, pero estaba asediado por flaquezas
semejantes, tentado en todo sentido como nosotros”.(39) Tenía la
naturaleza humana con su capacidad de recibir influencia de agentes o
fuerzas externas, pero decidió no ser movido por estas por causa de su
lealtad al Padre. Acerca de esto, Elena de White dice: “Aunque El sentía
toda la fuerza de la pasión de la humanidad, nunca cedió a la tentación
de hacer un solo acto que no fuera puro, elevador y ennoblecedor”.(40)
Jesús siempre obedeció gustosamente a la voz divina que le hablaba.
Subordino su naturaleza humana a su naturaleza divina y su voluntad
humana a su voluntad divina. “En Cristo hubo un sometimiento de lo
humano a lo divino. Resistió su divinidad con humanidad… En su
humanidad, Cristo fue obediente a todos los mandamientos de su
Padre”.(41) Usted y yo usualmente conocemos la voluntad de Dios, pero a
veces hemos insistido en hacer lo que queremos en vez de lo que Dios
quiere. Jesús nunca hizo esto. Que Dios nos perdone esta insistencia.
Por medio de su sometimiento constante a la conducción del Espíritu,
Jesús cumplió todos los requisitos de la ley de su Padre. Su alma y su
carácter eran y permanecieron puros; y los únicos pensamientos que
llegaban a su mente eran motivados por el Espíritu, y por lo tanto
agradaban a su Padre. “Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu
divino moraba en su templo de carne”.(42)
Referencias:
1- White, Mensajes selectos, t. 1, p. 290.
2- White, Mensajes selectos, t. 1, p. 314.
3- White, El Deseado de todas las gentes, p. 32.
4- Ver Gerhard Friedrich, ed., Theological Dictionary of the old
Testament (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing House,
1970),t. 5. pp. 195, 196.
5- White, Mensajes selectos, t. 1, p. 300.
6- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 896.
7-White, Spirit of prophecy (Washinton, D.C.: Review and Herald). T. 2,
p. 11.
8- The Expositor’s Greek Testament (Grand Rapids, Mich.: William B.
Eerdmans Publishing House), t. 4. p. 269.
9- White, Mensajes selectos, t. 1, pp. 157, 158.
10-Abraham Kuyper, The Work of the holy Spirit (Grand Rapids, Mich.:
William B. Eerdmans Publishing House, 1975), p. 84.
11- Anders Nygren, Commentary on Romans (Philadelphia: Muhlenberg press,
1949), pp. 313-315.
12- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1057, 1058.
13- White, Signs of the times, 17 de junio, 1897.
14- Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista, t.
7, p. 941.
15- White, Comentario bíblico adventista, t. 7-A, pp. 442, 443.
16- White, Mensajes selectos, t. 1. p. 478.
17- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.
18- Ibid., p.1088.
19- Ibid., p. 1083.
20- White, El Deseado de todas las gentes, pp. 628, 629.
21- White, Confrontation (Washington, D. C.: Review and Herald, 1971),
pp. 66, 67.
22- White, Mensajes selectos, t. p. 401, 402. 30.
23- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.
24- Ibid., t. 4, p. 1169.
25- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1105.
26- White, Medical Ministry, p. 181.
27- White, El Deseado de todas las gentes, p. 92.
28- Ibid., ver paginas 672-679
29- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 895.
30- White, Review and Herald, 16 de marzo, 1886.
31- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1102.
32- White, Review and Herald, 16 de marzo, 1893.
33- White, Mente, carácter y personalidad, p. 615.
34- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103
35- White, Mensajes selectos, t. 3, p. 147.
36- White, El Deseado de todas las gentes, p. 98.
37- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.
38- White, La fe por la cual vivo, p. 51.
39- White, La maravillosa gracia, p. 167.
40- White, En lugares celestiales, p. 155.
41- White, Review and Herald, 9 de noviembre, 1897.
42- White, Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1169. |