La Doctrina sobre la Naturaleza Humana de Cristo en el Adventismo desde 1950

 

Edición Revisada - 1986

 

1era. Parte

  Por: Bruno W. Steinwerg
   
 

Contenido:  

1. Incursión en el adventismo de la doctrina de la naturaleza del Adán impecable

2. Retorno de la doctrina de la naturaleza de Cristo después de la caída

3. Voces discordantes, tensiones y llamamientos a la fe y la unidad

4. Acontecimientos posteriores a 1980

5. La confrontación en Ministry de 1985

6. Observaciones sobre la “Carta a Baker”

 

Introducción

 Esta es la cuestión en la que se centra un estudio histórico reciente sobre la cristología adventista: “¿Vino Cristo a nuestra tierra encarnado en la naturaleza humana de Adán antes de la caída, o bien en la naturaleza humana del hombre caído?” (“The Word Was Made Flesh”, Ralf Larson, Manuscrito de 1985, p. 10). Dicho estudio incluye un análisis de los artículos publicados en las principales revistas adventistas, los libros escritos por autores adventistas, Boletines de la Asociación General, libritos de Escuela Sabática y el gran volumen de artículos y libros que E. White escribió. Comenzando desde 1852 y llegando hasta 1952 –aproximadamente-, tanto teólogos como administradores, así como la propia E. White, hablaron con una sola voz: Cristo, en su encarnación, vino en la naturaleza del hombre caído.

A partir del año 1950 comenzaron a oírse voces discordantes. Un ex redactor adventista ha descrito los acontecimientos en estos términos:

“En 1950 el adventismo inició una impresionante remodelación. Diversas doctrinas que habían molestado durante años a teólogos puristas fueron objeto de público funeral... Destacadas entre ellas se encuentran las de una expiación en dos fases, y la naturaleza pecaminosa tomada por Cristo... Bajo la influencia del cortejo evangélico en los años 1950, los dirigentes adventistas pusieron en marcha un proceso cuyas consecuencias fueron incapaces de prever. El panorama tradicional adventista cambió radicalmente” (Dennis E. Priebe, “Will the Real Gospel Please Stand Up”, The Voice of Present Truth, Invierno, 1980, p. 12. -También en el folleto Pilgrim’s Rest, FF-331, “Studies in the Nature of Christ”, primera parte de tres-. Aage Rendalen, ex redactor adventista en Noruega, citado por D.E. Priebe).

Pero una vez oficiados los funerales de la doctrina sobre la naturaleza humana caída [tomada por Cristo en su encarnación], y una vez terminado el duelo, el espíritu entró en aquellos huesos y empezaron a cubrirse de carne, tendones y piel, de forma que lo que no parecía más que huesos secos pronto recobró la vida y se puso en pie (ver Eze. 37:1-10).

En este estudio histórico nos proponemos analizar los acontecimientos relativos a la muerte y resurrección de la enseñanza adventista sobre la naturaleza humana que Cristo tomó, alcanzando hasta el tiempo presente.   

 

Incursión en el adventismo de la doctrina de la naturaleza del Adán impecable

 Entre los libros adventistas importantesque fueron objeto de revisión por parte de Review and Herald hacia finales de la década de 1940, figura “Bible Readings for the Home Circle” (“Las hermosas enseñanzas de la Biblia”). En 1949 se encargó al profesor D.E. Rebok la revisión del manuscrito. En la página 174, en la sección “A Sinless Life” (una vida sin pecado), la edición original afirmaba que durante su encarnación en esta tierra, Cristo “participó de nuestra naturaleza caída y pecaminosa”. El pastor Froom consideró esa afirmación “desafortunada”. Aseveró que “no era correcta”, y por lo tanto se la eliminó (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, p. 427 y 428).

W.H. Branson, en “Drama of the Ages” (publicado en 1953), sostuvo firmemente la posición de que Jesús participó de la naturaleza pecaminosa del hombre. Parece que al ser publicado ese libro en Australia, un pastor de aquella División protestó contra dos expresiones: “carne pecaminosa” y “naturaleza pecaminosa”, escribiendo directamente al autor. El pastor Branson pidió pronto a la institución publicadora en Australia que hiciera los siguientes cambios: Sustituir “carne pecaminosa” por “carne actual”, y sustituir “naturaleza pecaminosa” por “nuestra naturaleza”. Se llevaron a cabo cambios idénticos en las ediciones procedentes de las imprentas de América. Se dejó como estaba el resto del texto, que favorecía la postura de que Cristo tomó la naturaleza humana posterior a la caída (W.H. Branson, “Drama of the Ages”, p. 69, 88 y 89. Tomado de B.W. Steinweg, “Studies in the Human Nature of Christ in His Incarnation”, 1972, p. 48 (basado en un manuscrito no publicado recibido de L.E. Froom).

F.D. Nichol, que en 1952 era redactor de Review and Herald, expresó su preocupación por la actitud crítica de los suscriptores adventistas:

“Los adventistas enseñan que, en común con el resto de la humanidad, Cristo nació con una naturaleza pecaminosa. Eso equivale a decir que también su corazón era ‘engañoso más que todas las cosas... y perverso’ ” (F.D. Nichol, redactor, “Could Christ have Committed Sin”? Review and Herald, 10 julio, 1952).

Nichol continuó así: “Los Adventistas no han hecho nunca una declaración formal sobre el tema, en sus creencias fundamentales. La única declaración en nuestra literatura que podría considerarse como verdaderamente autorizada, es la que escribió E. White”. Después de haberse referido extensamente a lo escrito en “El Deseado de todas las gentes”,  p. 15 y 32, continuó en estos términos:

“Eso es creencia adventista. Y nos adherimos a esa enseñanza porque vemos que concuerda con la revelación y con la razón. Obsérvese lo siguiente:

1. Pablo afirma que Dios envió a su Hijo ‘en semejanza de carne de pecado’ (Rom. 8:3).

2. El apóstol especifica que Cristo ‘no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham’ (Heb. 2:16); que participó de ‘carne y sangre’ (vers. 14).

3. Pablo lo enfatiza inmediatamente en su otra declaración: ‘Por lo cual [Cristo] debía ser en todo semejante a los hermanos’ (vers. 17).

4. Pablo recalca que Cristo ‘fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado’ (Heb. 4:15)”.

Y Nichol lo resumió en términos explícitos:

“Dicho de otro modo, los adventistas creen que Cristo, el ‘postrer Adán’, poseía en su faceta humana una naturaleza como la del primer Adán: una naturaleza libre de cualquier mancha contaminante de pecado, pero capaz de responder al pecado, y que dicha naturaleza se hallaba lastrada por los efectos debilitantes de cuatro mil años de la incursión del pecado en el cuerpo, el sistema nervioso y el entorno del hombre” (Id, p. 15).

Hacia el final del segundo artículo editorial sobre el mismo tema, explica:

“Cuando hablamos de mancha de pecado, del germen de pecado, hemos de recordar que estamos utilizando lenguaje metafórico. Los críticos, especialmente quienes leen las Escrituras con una óptica calvinista, interpretan la expresión ‘carne pecaminosa’ de una forma en que la teología adventista no requiere... Nosotros entendemos por esa expresión que Cristo tomó sobre sí la simiente de Abraham, y que fue hecho en ‘semejanza de carne de pecado’, pero los críticos no están dispuestos a aceptarlo” (Id., 17 julio, 1952, p. 13. –Los sentimientos expresados en las dos editoriales de 1952 quedan reflejados en el libro de F.D. Nichol: “Answers to Objections”, 1953, Objeción nº 94, p. 389-397).

En 1955 el pastor L.E. Froom mantuvo cierta correspondencia con E. Schuler English, redactor de la revista Our Hope, publicada en Philadelphia. En un artículo editorial, E.S. English había escrito sobre los Adventistas, afirmando que se trataba de un grupo que “desprecia la Persona y obra de Cristo”. Se refería a lo que había leído en la edición original de “Bible Readings” a propósito de que Cristo, en su encarnación, “participó de nuestra naturaleza caída y pecaminosa”. Al pastor Froom le cupo el placer de informar a E.S. English que ya en 1949 nos habíamos dado cuenta de que “eso no era correcto”, y que tal expresión se había eliminado (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, p. 468 y 469).

Comenzando en 1955 y continuando hasta 1956, tuvo lugar una serie de dieciocho encuentros con los representantes evangélicos Donald Grey Barnhouse, redactor de la revista Eternity, y Walter Martin, bautista experimentado en debates y especialista en sectas, quien estaba haciendo los preparativos para escribir lo que vendría a ser “The Truth About Seventh-Day Adventists” (La verdad sobre los Adventistas del Séptimo Día). Se llevó a cabo la investigación formulando una serie de preguntas, a las que los adventistas debían dar respuesta. Un grupo de dirigentes encabezado por L.E. Froom preparó las respuestas en palabras cuidadosamente escogidas. El resultado de ese esfuerzo por expresar las creencias adventistas en la terminología empleada de forma habitual en los círculos teológicos, fue el consabido libro “Seventh-Day Adventists Answer Questions on Doctrine”, publicado en 1957, y al que se dio amplia circulación (Id., p. 476-481).

El apartado ‘Question 6’ (p. 50-65) trata de la naturaleza humana de Cristo en su encarnación, y viene respaldado por una compilación de declaraciones de la pluma de E. White en el ‘Apendix B’ (comenzando en la p. 647). Esa compilación es la misma que publicó en el año 1856 la revista Ministry, cuya sección III lleva por título: “Tomó la naturaleza impecable de Adán antes de la caída”. En “Questions on Doctrine”, simplemente: “Tomó la naturaleza humana impecable”.

En la página 383 de “Questions on Doctrine” (edición de 1957), se lee:

“Vino a la humanidad, no por generación natural, sino por un milagro. Su nacimiento fue sobrenatural; Dios era su Padre. Si bien nacido en la carne, no obstante era Dios, y estaba exento de las pasiones heredadas y poluciones que corrompen a los descendientes naturales de Adán. Fue “sin pecado”, no solamente en su conducta exterior, sino en su naturaleza misma. Pudo decir con verdad: viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en mí (Juan 14:30)”

Pero antes de que se hubiera secado la tinta en las páginas de “Questions on Doctrine”, comenzaron a oírse voces de protesta. M.L. Andreasen, veterano profesor de Biblia, en sus “Letters to the Churches”, Serie A, nº 1, “The Incarnation –Was Christ exempt?”, citó “El Deseado de todas las gentes”, p. 92: “Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación”. Andreasen continuó así:

“Sólo colocándose al nivel de la humanidad que había venido a salvar, pudo Cristo demostrar al hombre cómo vencer sus debilidades y pasiones. Si los hombres con quienes se asociaba hubiesen pensado que él estaba exento de las pasiones con las que ellos tenían que batallar, su influencia habría quedado inmediatamente destruida, y se lo habría considerado como a un impostor” (M.L. Andreasen, “Letters to the Churches”, p. 8., publicado por Unwalled Village Publishers, P.O. Box 5, Platina, CA 96076).

Al poco tiempo, A.L. Hudson, en su obra “Supporting Brief”, denunció la falta de honestidad escolástica e intelectual. Reprodujo lo que había afirmado Ministry en su editorial de setiembre de 1956 a propósito de la compilación de los materiales del Apéndice B de “Questions on Doctrine” en su publicación inicial:

“Este número de Ministry presenta, en su sección ‘Counsel’, una exposición tan abarcante de ese tema como la que puede encontrarse en los escritos de E. White... Hasta donde hemos sido capaces de descubrir, esa compilación representa plenamente la comprensión de la mensajera del Señor sobre la cuestión...”

No obstante, la buena fe y la honestidad escolástica exigen que ese Apéndice B incluya todas las declaraciones conocidas de E. White sobre el tema. Se suscita aquí la cuestión de por qué no quedaron incluidas selecciones de los siguientes manuscritos: MS. 21, 1895; MS. 141, 1901; Carta 121, 1897; MS. 1, 1892. Todos esos manuscritos figuran en el volumen VII del Comentario Bíblico Adventista (p. 935-942) (A.L. Hudson, Supporting Brief. Informe en apoyo de una resolución propuesta sobre el libro Questions on Doctrine, sometida a los delegados de la 45ª Convención de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 1958, p. 3, 4).

Como un ejemplo de “confusión no disimulada”, Hudson señala una cita de Review and Herald del 28 de julio de 1874. La parte subrayada se omitió en la cita que figura en la página 652 de “Questions on Doctrine”:

“El Hijo de Dios se humilló y tomó la naturaleza del hombre después de que la raza humana ya hacía cuatro mil años que se había apartado del Edén y de su estado original de pureza y rectitud. Durante siglos, el pecado había estado dejando sus terribles marcas sobre la raza humana, y la degeneración física, mental y moral prevalecía en toda la familia humana.

Cuando Adán fue atacado por el tentador en el Edén, estaba sin mancha de pecado. Estaba en toda la fortaleza de su perfección delante de Dios. Todos los órganos y facultades de su ser estaban igualmente desarrollados y armoniosamente equilibrados.

En el desierto de la tentación, Cristo estuvo en el lugar de Adán para soportar la prueba que éste no había podido resistir. Aquí venció Cristo en lugar del pecador, cuatro mil años después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. Separada de la presencia de Dios, la familia humana se había apartado cada vez más, en cada generación sucesiva, de la pureza, la sabiduría y los conocimientos originales que Adán poseyera en el Edén. Cristo llevó los pecados y debilidades de la raza humana tal como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre. Con las debilidades del hombre caído sobre él, en favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el hombre” (Review and Herald, 28 julio 1874; Id, p. 4. Ver “Mensajes Selectos”, vol. I, p. 313 y 314. En 1982 (?) se constituyó en Loma Linda una Comisión para la Revisión de “Questions on Doctrine”, que presentó al Consejo de la Asociación General un memorando al respecto).

La propuesta de Hudson para que los delegados de la 48ª Asamblea de la Asociación General, en 1958, autorizaran una revisión de “Questions on Doctrine”, demostró ser demasiado optimista.

En 1974, Gordon M. Hyde, entonces director del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General, escribió un resumen de los acontecimientos relacionados con la posición de “Questions on Doctrine”:

“En correspondencia con lo presentado en ‘Questions on Doctrine’ se llegó a un consenso: se asumió la postura pre-lapsaria [que Cristo tomó la naturaleza humana como la de Adán en su condición previa a la caída en el pecado]. En un Apéndice del libro se aportaron numerosas citas de los escritos de E. White, y éstas se interpretaron como apoyando la posición pre-lapsaria.

Es bien conocido que no todos estuvieron de acuerdo con el enfoque de “Questions on Doctrine”, y ciertamente uno o dos prominentes eruditos de la Biblia entre nosotros, así como dirigentes de algunos grupos disconformes, tomaron una actitud negativa ante el enfoque presentado y defendieron enérgicamente la posición post-lapsaria [que Cristo tomó la naturaleza del hombre después de la caída]. En general, no obstante, pareció prevalecer la posición de “Questions on Doctrine”, y fue adoptada por los dirigentes de la iglesia como siendo la posición correcta, y así fue presentada en algunas de las polémicas que tuvieron lugar al tratar con grupos o individuos disconformes” (Gordon M. Hyde, “A Response Regarding the Nature of Christ During the Incarnation”, 20 agosto 1974).

“Questions on Doctrine” se imprimió en ocho ediciones, totalizando unos 150.000 ejemplares (Pilgrim’s Rest, Folleto WM-111, “The Martin-Johnsson Debate”, 1985, p. 2).

“Movement of Destiny”, el libro optimista del pastor L.E. Froom publicado en 1971, pretendía convertir en permanentes las nuevas posiciones defendidas en “Questions on Doctrine”. Se hizo todo lo posible para promocionar ese estudio histórico dentro y fuera de la iglesia, con el fin de establecer la posición pre-lapsaria entre los Adventistas del Séptimo Día. En los ‘agradecimientos’ del libro, se nos dice:

“Un destacado médico adventista (que queda en el anonimato) hizo posible –junto a los recursos dedicados- la presentación inicial simultánea de 1.500 ejemplares de regalo el día de su publicación, a 550 profesores de Biblia seleccionados de universidades, seminarios, colegios y misiones, así como a una veintena de editores fuera del continente, y a cincuenta locutores alrededor del globo –y a ciertos otros grupos de importancia clave. Esa provisión incluyó 500 ejemplares para las bibliotecas de nuestras 114 escuelas de formación para las misiones, para su uso en la formación de nuestros estudiantes nacionales” (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, 1971, ver “Agradecimientos” en la página inicial).

La Review and Herald Publishing Association nos informa amablemente que hasta la fecha se han impreso 20.000 ejemplares de “Movement of Destiny”.

Gordon M. Hyde prosigue describiendo el estado de las cosas a finales de 1971:

“Cuando murieron algunos dirigentes y algunos disconformes modificaron su forma de disentir, el tema de la naturaleza de Cristo vino de alguna forma a tranquilizarse” (Hyde, Op. Cit, p. 1).

La percepción de muchos era que la posición pre-lapsaria había quedado bien asentada, mientras que la post-lapsaria había caído en el olvido.

Pero retrocedamos una vez más. Entre los años 1953 y 1957 aparecieron los siete volúmenes del “Cometario Bíblico Adventista”. En el prefacio, el pastor William H. Branson escribió:

“Me produce especial satisfacción una característica de esta abarcante obra. Al final de cada capítulo hay una referencia cruzada -o índice- a los pasajes de los escritos de Ellen G. White que comentan los diversos textos en ese capítulo” (p. 10 en el original inglés).

Junto a dichas referencias al final del capítulo, se han agrupado al final de cada uno de los volúmenes declaraciones adicionales de E. White a partir de “manuscritos inéditos y de artículos de diversas revistas, tales como Review and Herald, que no se habían incluido en ninguno de los libros existentes de E. White”. Reproduciremos aquí algunas declaraciones inequívocas relacionadas con la naturaleza humana de Cristo: 

Volumen I

p. 1099 (sobre Gén. 3:15):

“¡El Rey de gloria dispuesto a humillarse descendiendo hasta el nivel de la humanidad caída! Colocaría sus pies en las pisadas de Adán. Tomaría la naturaleza caída del hombre y entraría en combate para contender con el poderoso enemigo que triunfó sobre Adán” (“Redemption, o The Temptation of Christ”, p. 15). 

Volumen IV

p. 1169 (sobre Isa. 53:2 y 3)

“Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó todas las tentaciones con las que es acosado el hombre. Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu divino moraba en un templo de carne. Se unió a sí mismo con el templo. ‘Aquel Verbo fue hecho carne; y habitó entre nosotros’, porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas de Adán” (Youth Instructor, 20 diciembre 1900). 

Volumen V

p. 1055 (sobre Mat. 4:1-4)

“El Redentor –en quien se unían tanto lo humano como lo divino- estuvo en el lugar de Adán y soportó un terrible ayuno de casi seis semanas. La duración de ese ayuno es la más poderosa evidencia de los alcances de la pecaminosidad y el poder del apetito depravado sobre la familia humana” (RH, 4 agosto 1847).

p. 1057 (sobre Mat. 4:1-11):

“Entonces Cristo venció en lugar del pecador, cuatro mil años después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. La familia humana, separada de la presencia de Dios, se había apartado más y más, generación tras generación, de la pureza original, de la sabiduría y el conocimiento que Adán poseía en el Edén. Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana en la condición en que ésta se encontraba cuando él vino a la tierra para socorrer al hombre. En favor de la raza humana y con las debilidades del hombre caído sobre sí, debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales sería atacado el hombre...”

“¡En qué contraste se halla el segundo Adán cuando entra en el sombrío desierto para hacer frente a Satanás sin ayuda alguna! La raza humana había ido disminuyendo en estatura y vigor físico desde la caída, y hundiéndose más y más en la balanza del valor moral, hasta el momento en que Cristo vino a la tierra. Y Cristo debía llegar hasta donde estaba el hombre caído, para levantarlo. Tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración de la raza. El que no conoció pecado se convirtió en pecado por nosotros. Se humilló hasta las mayores profundidades de la miseria humana a fin de poder estar calificado para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que lo había sumido el pecado” (Review and Herald, 28 julio 1874).

p. 1089 (sobre Luc. 1:35):

“Tomó las debilidades de la naturaleza humana para ser probado y tentado...”

p. 1098 (sobre Luc. 22:44):

“Cristo no tomó sobre sí una humanidad sólo aparente. Tomó la naturaleza humana y vivió la naturaleza humana...”

“Él tomó nuestras debilidades. No sólo fue hecho carne, sino fue hecho a semejanza de carne de pecado...” (Carta 106, 1896).

p. 1102 (sobre Juan 1:1-3, 14)

“No lo presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al pecado. Es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un ser puro y sin pecado, sin una mancha de pecado sobre él; era la imagen de Dios. Podía caer, y cayó por la transgresión. Por causa del pecado su posteridad nació con tendencias inherentes a la desobediencia. Pero Jesucristo era el unigénito Hijo de Dios. Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo sentido como es tentada la naturaleza humana. Podría haber pecado; podría haber caído, pero en ningún momento hubo en él tendencia alguna al mal...

Que Cristo pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y sin embargo fuera sin pecado...

Él se humilló cuando vio que estaba en forma de hombre para poder comprender la fuerza de todas las tentaciones que acosan al hombre” (Carta 8, 1895). 

Volumen VI

p. 1074 (sobre Rom. 5:12-19):

“Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como nosotros somos tentados” (MS 76, 1903). 

Volumen VII

p. 916 (sobre Fil. 2):

“La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la áurea cadena eslabonada que une nuestras almas con Cristo, y mediante Cristo con Dios” (MS 67, 1898).

p. 938 (sobre Heb. 2:14-16):

“En Cristo se unieron lo divino y lo humano: el Creador y la criatura. La naturaleza de Dios, cuya ley había sido transgredida, y la naturaleza de Adán, el transgresor, se encontraron en Jesús: el Hijo de Dios y el Hijo del hombre” (MS 141, 1901).

p. 941 (sobre Heb. 4:15):

“Cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es posible que tenga el hombre en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad de su humanidad” (MS 1, 1892).

“Satanás mostró su conocimiento de los puntos débiles del corazón humano, y puso en acción su poder hasta el máximo para aprovecharse de las debilidades de la humanidad que Cristo había tomado para vencer sus tentaciones en lugar del hombre” (Review and Herald, 1 abril 1875).

“No necesitamos colocar la obediencia de Cristo, por sí misma, como algo para lo cual él estaba adaptado particularmente debido a su naturaleza especial y divina, pues estaba delante de Dios como representante del hombre y fue tentado como sustituto y fiador del hombre. Si Cristo hubiese tenido un poder especial del cual no dispone el hombre, Satanás le hubiera sacado provecho” (MS 1, 1892).

En el cuerpo del “Comentario Bíblico Adventista”, en la parte referida a Romanos 8:3 (“En la carne”), encontramos lo siguiente:

“Cristo se enfrentó al pecado y lo venció, y lo condenó en la esfera en la que previamente había ejercido su dominio y poder. La carne –escenario de los anteriores triunfos del pecado- se convirtió ahora en el campo de su derrota y expulsión” (p. 558).

En los comentarios sobre Heb. 4:15 (“Sin pecado”), figura lo siguiente:

“Aquí radica el insondable misterio de la perfecta vida de nuestro Salvador. La naturaleza humana fue conducida por primera vez a la victoria sobre su tendencia natural al pecado, y a causa de la victoria de Cristo sobre el pecado nosotros también podemos triunfar sobre él” (p. 440).

El año siguiente a la publicación de “Questions on Doctrine”, el White Estate publicó “Mensajes Selectos”, vol. I. Las diferentes secciones del libro no están, en general, referidas a un tema concreto. Pero una de las secciones (p. 313-340) pone al alcance una serie de artículos publicados por la Sra. White en The Review and Herald en 1874, bajo el título: “La Tentación de Cristo”. Comienza con la totalidad del texto citado [con omisiones] en el Apéndice B de “Questions on Doctrine” que Hudson señaló como tendencioso. Destaca el marcado contraste entre Adán y Cristo:

“Cristo no estuvo en una situación tan favorable para resistir las tentaciones de Satanás en el desolado desierto, como lo estuvo Adán cuando fue tentado en el Edén. El Hijo de Dios se humilló y tomó la naturaleza del hombre después de que la raza humana ya hacía cuatro mil años que se había apartado del Edén y de su estado original de pureza y rectitud. Durante siglos, el pecado había estado dejando sus terribles marcas sobre la raza humana, y la degeneración física, mental y moral prevalecía en toda la familia humana.

Cuando Adán fue atacado por el tentador en el Edén, estaba sin mancha de pecado. Estaba en toda la fortaleza de su perfección delante de Dios. Todos los órganos y facultades de su ser estaban igualmente desarrollados y armoniosamente equilibrados.

En el desierto de la tentación, Cristo estuvo en el lugar de Adán para soportar la prueba que éste no había podido resistir. Aquí venció Cristo en lugar del pecador, cuatro mil años después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. Separada de la presencia de Dios, la familia humana se había apartado cada vez más, en cada generación sucesiva, de la pureza, la sabiduría y los conocimientos originales que Adán poseyera en el Edén. Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana tal como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre. Con las debilidades del hombre caído sobre él, en favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el hombre”.

En los párrafos introductorios de esos artículos sobre las tentaciones de Cristo, E. White hace una aplicación inusual de 2 Cor. 5:21. Obsérvese el contexto (p. 313 y 314):

“Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en la escala de la dignidad moral, hasta el período del advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por nosotros. Se humilló a sí mismo hasta las profundidades más hondas del infortunio humano a fin de poder estar calificado para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que el pecado lo había sumergido” (atributo de cursivas no figura en el original).

En la misma sección encontramos una aplicación similar de 2 Cor. 5:21:

El Salvador del mundo se convirtió en pecado por la raza humana. Al convertirse en el sustituto del hombre, Cristo no manifestó su poder como el Hijo de Dios. Se ubicó en la misma categoría de los hijos de los hombres. Había de llevar la prueba de la tentación como hombre, en lugar del hombre, bajo las más angustiosas circunstancias, dejando un ejemplo de fe y perfecta confianza en su Padre celestial” (p. 326, atributo de cursivas no figura en el original).

El uso de 2 Cor. 5:21 en ese contexto expresa lo que E. White comprendía en ese texto: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado”... una descripción de la naturaleza humana degenerada, caída, pecaminosa, que Cristo asumió en su encarnación. (La aplicación más frecuente de ese texto por parte de E. White es en referencia al sufrimiento y muerte de Cristo, como se puede comprobar en las siguientes citas: CT 22-23; FE 272; ML 11; MM 27; 1SM 240, 322, 392; 1T 482; 5T 229 –en inglés-).

Los “Comentarios de E. White” al final de cada volumen del “Comentario Bíblico Adventista”, y la sección citada de “Mensajes Selectos”, ayudaron a que se mantuviera vivo aquello que por toda apariencia se había olvidado. Sobre ese tema se publicó muy poco más en los libros y revistas denominacionales, desde la aparición del “Comentario” hasta finales del año 1971.

La impronta que dejaron en la iglesia “Questions on Doctrine” y “Movement of Destiny” en relación con la naturaleza de Adán previa a la caída como siendo la que Cristo tomó en su encarnación, queda reflejada en una carta reciente procedente del Instituto de Investigación Bíblica:

“Esa [la concepción de una naturaleza previa a la caída] es la posición que la iglesia adoptó públicamente en 1957, en la impresión y amplia distribución del libro “Questions on Doctrine”. Es también la posición que hemos venido enseñando en nuestro Seminario por más de 30 años. No es un punto de vista nuevo” (Frank B. Holbrook, Carta a Lloyd Rosenvold, 3 febrero 1983, citada en “Which Gospel?” de Lloyd Rosenvold, edición revisada, marzo de 1983, p. 8).

Así pues, por el tiempo en que L.E. Froom escribió “Movement of Destiny” (1971), “Questions on Doctrine” estaba logrando su propósito. Lo estaban citando “muchos miles de eruditos de diversas confesiones y territorios... muchos cientos”. Las “claras declaraciones... sobre su naturaleza [de Cristo] y vida impecables durante la encarnación, y el trascendente acto de la expiación consumado en la cruz, son los factores determinantes... Aceptan “Questions on Doctrine” como fiable y representativo, digno de ser citado. Tal fue la esperanza y propósito que animaron su preparación, y que acabó logrando su objetivo” (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, p. 492).

 

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I N I C I O