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Contenido:
1.
Incursión en el adventismo de la
doctrina de la naturaleza del Adán impecable
2. Retorno
de la doctrina de la naturaleza de Cristo después de la caída
3. Voces
discordantes, tensiones y llamamientos a la fe y la unidad
4. Acontecimientos
posteriores a 1980
5. La
confrontación en Ministry de 1985
6. Observaciones
sobre la “Carta a Baker”
Introducción
Esta es la cuestión en la que se centra un estudio histórico
reciente sobre la cristología adventista: “¿Vino Cristo a
nuestra tierra encarnado en la naturaleza humana de Adán antes
de la caída, o bien en la naturaleza humana del hombre caído?”
(“The Word Was Made Flesh”, Ralf Larson, Manuscrito de
1985, p. 10).
Dicho estudio incluye un análisis de los artículos publicados en
las principales revistas adventistas, los libros escritos por
autores adventistas, Boletines de la Asociación General,
libritos de Escuela Sabática y el gran volumen de artículos y
libros que E. White escribió. Comenzando desde 1852 y llegando
hasta 1952 –aproximadamente-, tanto teólogos como
administradores, así como la propia E. White, hablaron con una
sola voz: Cristo, en su encarnación, vino en la naturaleza del
hombre caído.
A partir del año 1950 comenzaron a oírse voces discordantes. Un
ex redactor adventista ha descrito los acontecimientos en estos
términos:
“En 1950 el adventismo inició una impresionante remodelación.
Diversas doctrinas que habían molestado durante años a teólogos
puristas fueron objeto de público funeral... Destacadas entre
ellas se encuentran las de una expiación en dos fases, y la
naturaleza pecaminosa tomada por Cristo... Bajo la influencia
del cortejo evangélico en los años 1950, los dirigentes
adventistas pusieron en marcha un proceso cuyas consecuencias
fueron incapaces de prever. El panorama tradicional adventista
cambió radicalmente” (Dennis E. Priebe, “Will the Real Gospel
Please Stand Up”, The Voice of Present Truth, Invierno,
1980, p. 12. -También en el folleto Pilgrim’s Rest,
FF-331, “Studies in the Nature of Christ”, primera parte de tres-.
Aage Rendalen, ex redactor adventista en Noruega, citado por D.E.
Priebe).
Pero una vez oficiados los funerales de la doctrina sobre la
naturaleza humana caída [tomada por Cristo en su encarnación], y
una vez terminado el duelo, el espíritu entró en aquellos huesos
y empezaron a cubrirse de carne, tendones y piel, de forma que
lo que no parecía más que huesos secos pronto recobró la vida y
se puso en pie (ver Eze. 37:1-10).
En este estudio histórico nos proponemos analizar los
acontecimientos relativos a la muerte y resurrección de la
enseñanza adventista sobre la naturaleza humana que Cristo tomó,
alcanzando hasta el tiempo presente.
Incursión
en el adventismo de la doctrina de la naturaleza del Adán
impecable
Entre
los libros adventistas importantesque fueron objeto de revisión
por parte de Review and Herald hacia finales de la década
de 1940, figura “Bible Readings for the Home Circle” (“Las
hermosas enseñanzas de la Biblia”). En 1949 se encargó al
profesor D.E. Rebok la revisión del manuscrito. En la página
174, en la sección “A Sinless Life” (una vida sin pecado), la
edición original afirmaba que durante su encarnación en esta
tierra, Cristo “participó de nuestra naturaleza caída y
pecaminosa”. El pastor Froom consideró esa afirmación
“desafortunada”. Aseveró que “no era correcta”, y por lo tanto
se la eliminó (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, p. 427 y 428).
W.H. Branson, en “Drama of the Ages” (publicado en 1953),
sostuvo firmemente la posición de que Jesús participó de la
naturaleza pecaminosa del hombre. Parece que al ser publicado
ese libro en Australia, un pastor de aquella División protestó
contra dos expresiones: “carne pecaminosa” y “naturaleza
pecaminosa”, escribiendo directamente al autor. El pastor
Branson pidió pronto a la institución publicadora en Australia
que hiciera los siguientes cambios: Sustituir “carne pecaminosa”
por “carne actual”, y sustituir “naturaleza pecaminosa” por
“nuestra naturaleza”. Se llevaron a cabo cambios idénticos en
las ediciones procedentes de las imprentas de América. Se dejó
como estaba el resto del texto, que favorecía la postura de que
Cristo tomó la naturaleza humana posterior a la caída (W.H.
Branson, “Drama of the Ages”, p. 69, 88 y 89. Tomado de B.W.
Steinweg, “Studies in the Human Nature of Christ in His
Incarnation”, 1972, p. 48 (basado en un manuscrito no publicado
recibido de L.E. Froom).
F.D. Nichol, que en 1952 era redactor de Review and Herald,
expresó su preocupación por la actitud crítica de los
suscriptores adventistas:
“Los adventistas enseñan que, en común con el resto de la
humanidad, Cristo nació con una naturaleza pecaminosa. Eso
equivale a decir que también su corazón era ‘engañoso más que
todas las cosas... y perverso’ ” (F.D. Nichol, redactor, “Could
Christ have Committed Sin”? Review and Herald, 10 julio,
1952).
Nichol continuó así: “Los Adventistas no han hecho nunca una
declaración formal sobre el tema, en sus creencias
fundamentales. La única declaración en nuestra literatura que
podría considerarse como verdaderamente autorizada, es la que
escribió E. White”. Después de haberse referido extensamente a
lo escrito en “El Deseado de todas las gentes”, p. 15 y
32, continuó en estos términos:
“Eso es creencia adventista. Y nos adherimos a esa enseñanza
porque vemos que concuerda con la revelación y con la razón.
Obsérvese lo siguiente:
1. Pablo afirma que Dios envió a su Hijo ‘en semejanza de carne
de pecado’ (Rom. 8:3).
2. El apóstol especifica que Cristo ‘no socorrió a los ángeles,
sino que socorrió a la descendencia de Abraham’ (Heb. 2:16); que
participó de ‘carne y sangre’ (vers. 14).
3. Pablo lo enfatiza inmediatamente en su otra declaración: ‘Por
lo cual [Cristo] debía ser en todo semejante a los hermanos’
(vers. 17).
4. Pablo recalca que Cristo ‘fue tentado en todo según nuestra
semejanza, pero sin pecado’ (Heb. 4:15)”.
Y Nichol lo resumió en términos explícitos:
“Dicho de otro modo, los adventistas creen que Cristo, el
‘postrer Adán’, poseía en su faceta humana una naturaleza como
la del primer Adán: una naturaleza libre de cualquier mancha
contaminante de pecado, pero capaz de responder al pecado, y que
dicha naturaleza se hallaba lastrada por los efectos
debilitantes de cuatro mil años de la incursión del pecado en el
cuerpo, el sistema nervioso y el entorno del hombre” (Id,
p. 15).
Hacia el final del segundo artículo editorial sobre el mismo
tema, explica:
“Cuando hablamos de mancha de pecado, del germen de pecado,
hemos de recordar que estamos utilizando lenguaje metafórico.
Los críticos, especialmente quienes leen las Escrituras con una
óptica calvinista, interpretan la expresión ‘carne pecaminosa’
de una forma en que la teología adventista no requiere...
Nosotros entendemos por esa expresión que Cristo tomó sobre sí
la simiente de Abraham, y que fue hecho en ‘semejanza de carne
de pecado’, pero los críticos no están dispuestos a aceptarlo” (Id.,
17 julio, 1952, p. 13. –Los sentimientos expresados en las dos
editoriales de 1952 quedan reflejados en el libro de F.D. Nichol:
“Answers to Objections”, 1953, Objeción nº 94, p. 389-397).
En 1955 el pastor L.E. Froom mantuvo cierta correspondencia con
E. Schuler English, redactor de la revista Our Hope,
publicada en Philadelphia. En un artículo editorial, E.S.
English había escrito sobre los Adventistas, afirmando que se
trataba de un grupo que “desprecia la Persona y obra de Cristo”.
Se refería a lo que había leído en la edición original de “Bible
Readings” a propósito de que Cristo, en su encarnación,
“participó de nuestra naturaleza caída y pecaminosa”. Al pastor
Froom le cupo el placer de informar a E.S. English que ya en
1949 nos habíamos dado cuenta de que “eso no era correcto”, y
que tal expresión se había eliminado (L.E. Froom, “Movement of
Destiny”, p. 468 y 469).
Comenzando en 1955 y continuando hasta 1956, tuvo lugar una
serie de dieciocho encuentros con los representantes evangélicos
Donald Grey Barnhouse, redactor de la revista Eternity, y
Walter Martin, bautista experimentado en debates y especialista
en sectas, quien estaba haciendo los preparativos para escribir
lo que vendría a ser “The Truth About Seventh-Day Adventists”
(La verdad sobre los Adventistas del Séptimo Día). Se llevó a
cabo la investigación formulando una serie de preguntas, a las
que los adventistas debían dar respuesta. Un grupo de dirigentes
encabezado por L.E. Froom preparó las respuestas en palabras
cuidadosamente escogidas. El resultado de ese esfuerzo por
expresar las creencias adventistas en la terminología empleada
de forma habitual en los círculos teológicos, fue el consabido
libro “Seventh-Day Adventists Answer Questions on Doctrine”,
publicado en 1957, y al que se dio amplia circulación (Id.,
p. 476-481).
El apartado ‘Question 6’ (p. 50-65) trata de la naturaleza
humana de Cristo en su encarnación, y viene respaldado por una
compilación de declaraciones de la pluma de E. White en el
‘Apendix B’ (comenzando en la p. 647). Esa compilación es la
misma que publicó en el año 1856 la revista Ministry,
cuya sección III lleva por título: “Tomó la naturaleza impecable
de Adán antes de la caída”. En “Questions on Doctrine”,
simplemente: “Tomó la naturaleza humana impecable”.
En la página 383 de “Questions on Doctrine” (edición de 1957),
se lee:
“Vino a la humanidad, no por generación natural, sino por un
milagro. Su nacimiento fue sobrenatural; Dios era su Padre. Si
bien nacido en la carne, no obstante era Dios, y estaba exento
de las pasiones heredadas y poluciones que corrompen a los
descendientes naturales de Adán. Fue “sin pecado”, no solamente
en su conducta exterior, sino en su naturaleza misma. Pudo decir
con verdad: viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en
mí (Juan 14:30)”
Pero antes de que se hubiera secado la tinta en las páginas de
“Questions on Doctrine”, comenzaron a oírse voces de protesta.
M.L. Andreasen, veterano profesor de Biblia, en sus “Letters to
the Churches”, Serie A, nº 1, “The Incarnation –Was Christ
exempt?”, citó “El Deseado de todas las gentes”, p. 92: “Cristo
tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada.
Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de
su degradación”. Andreasen continuó así:
“Sólo colocándose al nivel de la humanidad que había venido a
salvar, pudo Cristo demostrar al hombre cómo vencer sus
debilidades y pasiones. Si los hombres con quienes se asociaba
hubiesen pensado que él estaba exento de las pasiones con
las que ellos tenían que batallar, su influencia habría quedado
inmediatamente destruida, y se lo habría considerado como a un
impostor” (M.L. Andreasen, “Letters to the Churches”, p. 8.,
publicado por Unwalled Village Publishers, P.O. Box 5,
Platina, CA 96076).
Al poco tiempo, A.L. Hudson, en su obra “Supporting Brief”,
denunció la falta de honestidad escolástica e intelectual.
Reprodujo lo que había afirmado Ministry en su editorial
de setiembre de 1956 a propósito de la compilación de los
materiales del Apéndice B de “Questions on Doctrine” en su
publicación inicial:
“Este número de Ministry presenta, en su sección ‘Counsel’,
una exposición tan abarcante de ese tema como la que puede
encontrarse en los escritos de E. White... Hasta donde hemos
sido capaces de descubrir, esa compilación representa plenamente
la comprensión de la mensajera del Señor sobre la cuestión...”
No obstante, la buena fe y la honestidad escolástica exigen que
ese Apéndice B incluya todas las declaraciones conocidas de E.
White sobre el tema. Se suscita aquí la cuestión de por qué no
quedaron incluidas selecciones de los siguientes manuscritos:
MS. 21, 1895; MS. 141, 1901; Carta 121, 1897;
MS. 1, 1892. Todos esos manuscritos figuran en el volumen
VII del Comentario Bíblico Adventista (p. 935-942) (A.L.
Hudson, Supporting Brief. Informe en apoyo de una
resolución propuesta sobre el libro Questions on Doctrine,
sometida a los delegados de la 45ª Convención de la Asociación
General de los Adventistas del Séptimo Día, 1958, p. 3, 4).
Como un ejemplo de “confusión no disimulada”, Hudson señala una
cita de Review and Herald del 28 de julio de 1874. La
parte subrayada se omitió en la cita que figura en la página 652
de “Questions on Doctrine”:
“El Hijo de Dios se humilló y tomó la naturaleza del hombre
después de que la raza humana ya hacía cuatro mil años que se
había apartado del Edén y de su estado original de pureza y
rectitud. Durante siglos, el pecado había estado dejando sus
terribles marcas sobre la raza humana, y la degeneración física,
mental y moral prevalecía en toda la familia humana.
Cuando Adán fue atacado por el tentador en el Edén, estaba sin
mancha de pecado. Estaba en toda la fortaleza de su perfección
delante de Dios. Todos los órganos y facultades de su ser
estaban igualmente desarrollados y armoniosamente equilibrados.
En el desierto de la tentación, Cristo estuvo en el lugar de
Adán para soportar la prueba que éste no había podido resistir.
Aquí venció Cristo en lugar del pecador, cuatro mil años
después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar.
Separada de la presencia de Dios, la familia humana se había
apartado cada vez más, en cada generación sucesiva, de la
pureza, la sabiduría y los conocimientos originales que Adán
poseyera en el Edén. Cristo llevó los pecados y debilidades de
la raza humana tal como existían cuando vino a la tierra para
ayudar al hombre. Con las debilidades del hombre caído sobre él,
en favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de
Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el
hombre” (Review and Herald, 28 julio 1874; Id,
p. 4. Ver “Mensajes Selectos”, vol. I, p. 313 y 314. En 1982 (?)
se constituyó en Loma Linda una Comisión para la Revisión de
“Questions on Doctrine”, que presentó al Consejo de la
Asociación General un memorando al respecto).
La propuesta de Hudson para que los delegados de la 48ª Asamblea
de la Asociación General, en 1958, autorizaran una revisión de
“Questions on Doctrine”, demostró ser demasiado optimista.
En 1974, Gordon M. Hyde, entonces director del Instituto de
Investigación Bíblica de la Asociación General, escribió un
resumen de los acontecimientos relacionados con la posición de
“Questions on Doctrine”:
“En correspondencia con lo presentado en ‘Questions on Doctrine’
se llegó a un consenso: se asumió la postura pre-lapsaria
[que Cristo tomó la naturaleza humana como la de Adán en su
condición previa a la caída en el pecado]. En un Apéndice del
libro se aportaron numerosas citas de los escritos de E. White,
y éstas se interpretaron como apoyando la posición pre-lapsaria.
Es bien conocido que no todos estuvieron de acuerdo con el
enfoque de “Questions on Doctrine”, y ciertamente uno o dos
prominentes eruditos de la Biblia entre nosotros, así como
dirigentes de algunos grupos disconformes, tomaron una actitud
negativa ante el enfoque presentado y defendieron enérgicamente
la posición post-lapsaria [que Cristo tomó la naturaleza
del hombre después de la caída]. En general, no obstante,
pareció prevalecer la posición de “Questions on Doctrine”, y fue
adoptada por los dirigentes de la iglesia como siendo la
posición correcta, y así fue presentada en algunas de las
polémicas que tuvieron lugar al tratar con grupos o individuos
disconformes” (Gordon M. Hyde, “A Response Regarding the Nature
of Christ During the Incarnation”, 20 agosto 1974).
“Questions on Doctrine” se imprimió en ocho ediciones,
totalizando unos 150.000 ejemplares (Pilgrim’s Rest,
Folleto WM-111, “The Martin-Johnsson Debate”, 1985, p. 2).
“Movement of Destiny”, el libro optimista del pastor L.E. Froom
publicado en 1971, pretendía convertir en permanentes las nuevas
posiciones defendidas en “Questions on Doctrine”. Se hizo todo
lo posible para promocionar ese estudio histórico dentro y fuera
de la iglesia, con el fin de establecer la posición pre-lapsaria
entre los Adventistas del Séptimo Día. En los ‘agradecimientos’
del libro, se nos dice:
“Un destacado médico adventista (que queda en el anonimato) hizo
posible –junto a los recursos dedicados- la presentación inicial
simultánea de 1.500 ejemplares de regalo el día de su
publicación, a 550 profesores de Biblia seleccionados de
universidades, seminarios, colegios y misiones, así como a una
veintena de editores fuera del continente, y a cincuenta
locutores alrededor del globo –y a ciertos otros grupos de
importancia clave. Esa provisión incluyó 500 ejemplares para las
bibliotecas de nuestras 114 escuelas de formación para las
misiones, para su uso en la formación de nuestros estudiantes
nacionales” (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, 1971, ver
“Agradecimientos” en la página inicial).
La Review and Herald Publishing Association nos informa
amablemente que hasta la fecha se han impreso 20.000 ejemplares
de “Movement of Destiny”.
Gordon M. Hyde prosigue describiendo el estado de las cosas a
finales de 1971:
“Cuando murieron algunos dirigentes y algunos disconformes
modificaron su forma de disentir, el tema de la naturaleza de
Cristo vino de alguna forma a tranquilizarse” (Hyde, Op. Cit,
p. 1).
La percepción de muchos era que la posición pre-lapsaria
había quedado bien asentada, mientras que la post-lapsaria
había caído en el olvido.
Pero retrocedamos una vez más. Entre los años 1953 y 1957
aparecieron los siete volúmenes del “Cometario Bíblico
Adventista”. En el prefacio, el pastor William H. Branson
escribió:
“Me produce especial satisfacción una característica de esta
abarcante obra. Al final de cada capítulo hay una referencia
cruzada -o índice- a los pasajes de los escritos de Ellen G.
White que comentan los diversos textos en ese capítulo” (p. 10
en el original inglés).
Junto a dichas referencias al final del capítulo, se han
agrupado al final de cada uno de los volúmenes declaraciones
adicionales de E. White a partir de “manuscritos inéditos y de
artículos de diversas revistas, tales como Review and Herald,
que no se habían incluido en ninguno de los libros existentes de
E. White”. Reproduciremos aquí algunas declaraciones inequívocas
relacionadas con la naturaleza humana de Cristo:
Volumen I
p. 1099 (sobre Gén. 3:15):
“¡El Rey de gloria dispuesto a humillarse descendiendo hasta el
nivel de la humanidad caída! Colocaría sus pies en las pisadas
de Adán. Tomaría la naturaleza caída del hombre y entraría en
combate para contender con el poderoso enemigo que triunfó sobre
Adán” (“Redemption, o The Temptation of Christ”, p. 15).
Volumen IV
p. 1169 (sobre Isa. 53:2 y 3)
“Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza
caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el
pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra
vergüenza. Soportó todas las tentaciones con las que es acosado
el hombre. Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu
divino moraba en un templo de carne. Se unió a sí mismo con el
templo. ‘Aquel Verbo fue hecho carne; y habitó entre nosotros’,
porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y
dolientes hijos e hijas de Adán” (Youth Instructor, 20
diciembre 1900).
Volumen V
p. 1055 (sobre Mat. 4:1-4)
“El Redentor –en quien se unían tanto lo humano como lo divino-
estuvo en el lugar de Adán y soportó un terrible ayuno de casi
seis semanas. La duración de ese ayuno es la más poderosa
evidencia de los alcances de la pecaminosidad y el poder del
apetito depravado sobre la familia humana” (RH, 4 agosto
1847).
p. 1057 (sobre Mat. 4:1-11):
“Entonces Cristo venció en lugar del pecador, cuatro mil años
después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. La
familia humana, separada de la presencia de Dios, se había
apartado más y más, generación tras generación, de la pureza
original, de la sabiduría y el conocimiento que Adán poseía en
el Edén. Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza
humana en la condición en que ésta se encontraba cuando él vino
a la tierra para socorrer al hombre. En favor de la raza humana
y con las debilidades del hombre caído sobre sí, debía resistir
las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales
sería atacado el hombre...”
“¡En qué contraste se halla el segundo Adán cuando entra en el
sombrío desierto para hacer frente a Satanás sin ayuda alguna!
La raza humana había ido disminuyendo en estatura y vigor físico
desde la caída, y hundiéndose más y más en la balanza del valor
moral, hasta el momento en que Cristo vino a la tierra. Y Cristo
debía llegar hasta donde estaba el hombre caído, para
levantarlo. Tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y
la degeneración de la raza. El que no conoció pecado se
convirtió en pecado por nosotros. Se humilló hasta las mayores
profundidades de la miseria humana a fin de poder estar
calificado para llegar hasta el hombre y elevarlo de la
degradación en que lo había sumido el pecado” (Review and
Herald, 28 julio 1874).
p. 1089 (sobre Luc. 1:35):
“Tomó las debilidades de la naturaleza humana para ser probado y
tentado...”
p. 1098 (sobre Luc. 22:44):
“Cristo no tomó sobre sí una humanidad sólo aparente. Tomó la
naturaleza humana y vivió la naturaleza humana...”
“Él tomó nuestras debilidades. No sólo fue hecho carne, sino fue
hecho a semejanza de carne de pecado...” (Carta 106,
1896).
p. 1102 (sobre Juan 1:1-3, 14)
“No lo presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al
pecado. Es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un
ser puro y sin pecado, sin una mancha de pecado sobre él; era la
imagen de Dios. Podía caer, y cayó por la transgresión. Por
causa del pecado su posteridad nació con tendencias inherentes a
la desobediencia. Pero Jesucristo era el unigénito Hijo de Dios.
Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo
sentido como es tentada la naturaleza humana. Podría haber
pecado; podría haber caído, pero en ningún momento hubo en él
tendencia alguna al mal...
Que Cristo pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y
sin embargo fuera sin pecado...
Él se humilló cuando vio que estaba en forma de hombre para
poder comprender la fuerza de todas las tentaciones que acosan
al hombre” (Carta 8, 1895).
Volumen VI
p. 1074 (sobre Rom. 5:12-19):
“Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el
enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las
debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como
nosotros somos tentados” (MS 76, 1903).
Volumen VII
p. 916 (sobre Fil. 2):
“La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la
áurea cadena eslabonada que une nuestras almas con Cristo, y
mediante Cristo con Dios” (MS 67, 1898).
p. 938 (sobre Heb. 2:14-16):
“En Cristo se unieron lo divino y lo humano: el Creador y la
criatura. La naturaleza de Dios, cuya ley había sido
transgredida, y la naturaleza de Adán, el transgresor, se
encontraron en Jesús: el Hijo de Dios y el Hijo del hombre” (MS
141, 1901).
p. 941 (sobre Heb. 4:15):
“Cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es
posible que tenga el hombre en sus conflictos con Satanás,
destruimos la integridad de su humanidad” (MS 1, 1892).
“Satanás mostró su conocimiento de los puntos débiles del
corazón humano, y puso en acción su poder hasta el máximo para
aprovecharse de las debilidades de la humanidad que Cristo había
tomado para vencer sus tentaciones en lugar del hombre” (Review
and Herald, 1 abril 1875).
“No necesitamos colocar la obediencia de Cristo, por sí misma,
como algo para lo cual él estaba adaptado particularmente debido
a su naturaleza especial y divina, pues estaba delante de Dios
como representante del hombre y fue tentado como sustituto y
fiador del hombre. Si Cristo hubiese tenido un poder especial
del cual no dispone el hombre, Satanás le hubiera sacado
provecho” (MS 1, 1892).
En el cuerpo del “Comentario Bíblico Adventista”, en la parte
referida a Romanos 8:3 (“En la carne”), encontramos lo
siguiente:
“Cristo se enfrentó al pecado y lo venció, y lo condenó en la
esfera en la que previamente había ejercido su dominio y poder.
La carne –escenario de los anteriores triunfos del pecado- se
convirtió ahora en el campo de su derrota y expulsión” (p. 558).
En los comentarios sobre Heb. 4:15 (“Sin pecado”), figura lo
siguiente:
“Aquí radica el insondable misterio de la perfecta vida de
nuestro Salvador. La naturaleza humana fue conducida por primera
vez a la victoria sobre su tendencia natural al pecado, y a
causa de la victoria de Cristo sobre el pecado nosotros también
podemos triunfar sobre él” (p. 440).
El año siguiente a la publicación de “Questions on Doctrine”, el
White Estate publicó “Mensajes Selectos”, vol. I. Las
diferentes secciones del libro no están, en general, referidas a
un tema concreto. Pero una de las secciones (p. 313-340) pone al
alcance una serie de artículos publicados por la Sra. White en
The Review and Herald en 1874, bajo el título: “La
Tentación de Cristo”. Comienza con la totalidad del texto citado
[con omisiones] en el Apéndice B de “Questions on Doctrine” que
Hudson señaló como tendencioso. Destaca el marcado contraste
entre Adán y Cristo:
“Cristo no estuvo en una situación tan favorable para resistir
las tentaciones de Satanás en el desolado desierto, como lo
estuvo Adán cuando fue tentado en el Edén. El Hijo de Dios se
humilló y tomó la naturaleza del hombre después de que la raza
humana ya hacía cuatro mil años que se había apartado del Edén y
de su estado original de pureza y rectitud. Durante siglos, el
pecado había estado dejando sus terribles marcas sobre la raza
humana, y la degeneración física, mental y moral prevalecía en
toda la familia humana.
Cuando Adán fue atacado por el tentador en el Edén, estaba sin
mancha de pecado. Estaba en toda la fortaleza de su perfección
delante de Dios. Todos los órganos y facultades de su ser
estaban igualmente desarrollados y armoniosamente equilibrados.
En el desierto de la tentación, Cristo estuvo en el lugar de
Adán para soportar la prueba que éste no había podido resistir.
Aquí venció Cristo en lugar del pecador, cuatro mil años después
de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. Separada de la
presencia de Dios, la familia humana se había apartado cada vez
más, en cada generación sucesiva, de la pureza, la sabiduría y
los conocimientos originales que Adán poseyera en el Edén.
Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana tal
como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre. Con
las debilidades del hombre caído sobre él, en favor de la raza
humana había de soportar las tentaciones de Satanás en todos los
puntos en los que pudiera ser atacado el hombre”.
En los párrafos introductorios de esos artículos sobre las
tentaciones de Cristo, E. White hace una aplicación inusual de 2
Cor. 5:21. Obsérvese el contexto (p. 313 y 314):
“Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en
tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en
la escala de la dignidad moral, hasta el período del
advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre
caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la
naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del
hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por
nosotros. Se humilló a sí mismo hasta las profundidades más
hondas del infortunio humano a fin de poder estar calificado
para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que
el pecado lo había sumergido” (atributo de cursivas no figura en
el original).
En la misma sección encontramos una aplicación similar de 2 Cor.
5:21:
“El Salvador del mundo se convirtió en pecado por la raza
humana. Al convertirse en el sustituto del hombre, Cristo no
manifestó su poder como el Hijo de Dios. Se ubicó en la misma
categoría de los hijos de los hombres. Había de llevar la prueba
de la tentación como hombre, en lugar del hombre, bajo las más
angustiosas circunstancias, dejando un ejemplo de fe y perfecta
confianza en su Padre celestial” (p. 326, atributo de cursivas
no figura en el original).
El uso de 2 Cor. 5:21 en ese contexto expresa lo que E. White
comprendía en ese texto: “Al que no conoció pecado, por nosotros
lo hizo pecado”... una descripción de la naturaleza humana
degenerada, caída, pecaminosa, que Cristo asumió en su
encarnación. (La aplicación más frecuente de ese texto por parte
de E. White es en referencia al sufrimiento y muerte de Cristo,
como se puede comprobar en las siguientes citas: CT
22-23; FE 272; ML 11; MM 27; 1SM
240, 322, 392; 1T 482; 5T 229 –en inglés-).
Los “Comentarios de E. White” al final de cada volumen del
“Comentario Bíblico Adventista”, y la sección citada de
“Mensajes Selectos”, ayudaron a que se mantuviera vivo aquello
que por toda apariencia se había olvidado. Sobre ese tema se
publicó muy poco más en los libros y revistas denominacionales,
desde la aparición del “Comentario” hasta finales del año 1971.
La impronta que dejaron en la iglesia “Questions on Doctrine” y
“Movement of Destiny” en relación con la naturaleza de Adán
previa a la caída como siendo la que Cristo tomó en su
encarnación, queda reflejada en una carta reciente procedente
del Instituto de Investigación Bíblica:
“Esa [la concepción de una naturaleza previa a la caída] es la
posición que la iglesia adoptó públicamente en 1957, en la
impresión y amplia distribución del libro “Questions on
Doctrine”. Es también la posición que hemos venido enseñando en
nuestro Seminario por más de 30 años. No es un punto de vista
nuevo” (Frank B. Holbrook, Carta a Lloyd Rosenvold, 3 febrero
1983, citada en “Which Gospel?” de Lloyd Rosenvold, edición
revisada, marzo de 1983, p. 8).
Así pues, por el tiempo en que L.E. Froom escribió “Movement of
Destiny” (1971), “Questions on Doctrine” estaba logrando su
propósito. Lo estaban citando “muchos miles de eruditos de
diversas confesiones y territorios... muchos cientos”. Las
“claras declaraciones... sobre su naturaleza [de Cristo] y vida
impecables durante la encarnación, y el trascendente acto de la
expiación consumado en la cruz, son los factores
determinantes... Aceptan “Questions on Doctrine” como fiable y
representativo, digno de ser citado. Tal fue la esperanza y
propósito que animaron su preparación, y que acabó logrando su
objetivo” (L.E. Froom, “Movement of Destiny”, p. 492).
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