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Retorno de la doctrina sobre la naturaleza de Cristo después
de la caída
Algunos de los dirigentes adventistas habían abrigado la
esperanza de que a partir de la publicación y amplia
distribución de “Questions on Doctrine” los adventistas
hablarían con una sola voz sobre la naturaleza humana de Cristo.
Aunque se había venido oyendo una voz de protesta durante
catorce años, otras más estaban cobrando valor para hacerse oír.
Gordon M. Hyde, por entonces director del Instituto de
Investigaciones Bíblicas (Biblical Research Institute) de
la Asociación General, observó un cambio, un “reavivamiento”. Se
estaban levantando voces.
“Pero en los últimos tres o cuatro años [escrito en agosto de
1974] se ha producido algo así como un reavivamiento de las
discusiones, tanto de parte de ciertos redactores de la Review
en sus artículos editoriales, como en algunas de las
publicaciones de grupos que disienten (sea que estén
técnicamente dentro, o fuera de la membresía de la iglesia)” (Gordon
M. Hyde, “A Response”, 20 agosto 1974, p. 2).
Entre las primeras publicaciones denominacionales que
manifestaron su apoyo al concepto post-lapsario sobre la
naturaleza humana de Cristo (incluso antes de la publicación de
“Movement of Destiny”) figura una declaración escondida en un
libro devocional publicado en 1967, cuyo autor fue Thomas A.
Davis, uno de los redactores de Review and Herald. El
autor está comentando sobre la entrada del pecado en este mundo
y el plan divino de la redención:
“Durante miles de años continuó ese estado de cosas sin sentido,
vicioso, rematadamente incomprensible. Y durante todo ese tiempo
el hombre se fue haciendo cada vez más vil y degenerado.
El siguiente evento es casi increíble. Es demasiado grandioso
como para comprenderlo. El poderoso Creador, que había situado
en su órbita este átomo que es nuestro mundo, vino él mismo a
hacerse participante de la carne y sangre del hombre pecaminoso,
e hizo su habitación en este pequeño planeta que había creado.
¡Sorprendente condescendencia! Si hubiera tomado sobre sí mismo
la forma del impecable Adán, habría sido ya un sacrificio
infinito. Pero fue aún mucho más lejos que eso cuando vino en la
forma del hombre degradado por miles de años de pecado.
Y entonces –asombraos, oh cielos- el Creador se entregó en manos
de aquellos a quienes había creado, permitiendo que abusaran de
él, lo difamaran, y finalmente lo clavaran en una cruz, sobre la
que murió la muerte de los desechados en esta tierra.
A la vista de un sacrificio como ese, ¿qué cabe decir o hacer?
Desde luego, lo menos que podemos hacer es entregarle nuestro
corazón, y dar testimonio a otros acerca de su maravillosa
gracia” (Thomas. A. Davis, “Preludes to Prayer”, 1966, p. 346).
“Romanos para el hombre de cada día”, publicado por
Thomas A. Davis el año 1971, incluye el siguiente comentario a
propósito de la frase de Romanos 8:3, “Dios, enviando a su Hijo
en semejanza de carne de pecado”:
“En ese texto nos vemos confrontados con uno de los más
profundos misterios de la deidad, sobre el que E.G. White nos
advierte así: ‘Sed cuidadosos, sumadamente cuidadosos en vuestra
forma de tratar la naturaleza humana de Cristo’.
[E. White] escribió al propósito: ‘Jesús aceptó la humanidad
cuando la raza humana había sido debilitada por cuatro mil años
de pecado. Como todo hijo de Adán, aceptó los resultados de la
operación de la gran ley de la herencia... Vino con una herencia
tal para participar de nuestros pesares y tentaciones, y para
darnos el ejemplo de una vida sin pecado’ ” (Davis, “Romans for
the Everyday Man”, 1971, p. 104).
En ese mismo libro (p. 105) encontramos una introducción al
estudio de Harry Johnson titulado “The Humanity of the Savior”,
publicado en 1962. Johnson presenta a una veintena de teólogos,
comenzando por Gregorio de Niza hasta nuestros tiempos. Tras
haber probado que el Nuevo Testamento apoya que Cristo asumió la
naturaleza humana caída, se refiere a los diversos defensores de
tal posición:
“Los defensores de la teoría no son muchos; la doctrina ha
venido siendo objeto de negligencia a través de los siglos del
pensar cristiano; a menudo ha sido, no solamente olvidada, sino
incluso rechazada... En la sección IV intentaremos explicar por
qué durante diecinueve siglos el pensamiento cristiano ha
prestado tan escasa atención a esa doctrina fundada en el Nuevo
Testamento” (Harry Johnson, “The Humanity of the Savior”, 1962,
p. 129).
Herbert E. Douglass, otro de los redactores de la Review and
Herald, fue el autor de tres artículos “Christian
Editorials” hacia finales de 1971 y enero del 1972, así como de
un artículo que fue su continuación, en el número del 24 de
febrero del 1972. En la introducción, Douglass desarrolló el
tema del “gran conflicto” basándose en Romanos 8:3 y 4: “Lo que
era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne,
Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a
causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.
“En primer lugar, los ángeles sabían lo que estaba en juego.
Hacía tiempo que habían oído las acusaciones de Satanás al
propósito de que ‘Dios era injusto, que su ley era defectuosa, y
que el bien del universo requería que fuese cambiada’; habían
oído largamente sus dudas en cuanto a ‘si el Padre y el Hijo
tenían suficiente amor hacia el hombre para obrar con tal
abnegación y espíritu de sacrificio’ (“Patriarcas y Profetas”,
p. 55 y 56).
En segundo lugar, lo habían oído declarar que ‘los seres humanos
habían demostrado ser incapaces de guardar la ley de Dios’
(“Mensajes Selectos”, vol. I, p. 295).
En esa primera Navidad los gozosos ángeles supieron que el
dramático momento había llegado. Su amado Señor había entrado
personalmente en el combate... Demostraría que aquello que había
requerido de los seres humanos caídos, era algo factible. ‘La
Majestad del cielo se hizo cargo de la causa del hombre y con la
misma ayuda que puede obtener el hombre resistió las tentaciones
de Satanás así como el hombre debe resistirlas’ (Id)” (Herbert
E. Douglass, “The Humanity of the Son of God is Everything to Us”,
Review and Herald, 23 diciembre 1971).
En el segundo artículo editorial Douglass continúa considerando
la razón por la que Cristo debió tomar la naturaleza caída del
hombre:
“Todos los demás pasos en el plan de la salvación, incluyendo la
resurrección de los fieles en los tiempos del Antiguo
Testamento, dependían absolutamente del éxito que Jesús tuviera
como participante con nosotros del conflicto con la tentación.
Si Cristo, ante el universo expectante, no hubiera vencido bajo
las mismas condiciones en las que debe vivir el hombre, entonces
nadie podía esperar vencer...
‘Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no
podría haber sido tentado como lo ha sido el hombre’ (“Mensajes
Selectos”, vol. I, p. 477).
‘Resistió a la tentación mediante el poder que puede tener el
hombre. Se aferró del trono de Dios, y no hay un hombre o mujer
que no pueda tener acceso a la misma ayuda mediante la fe en
Dios’ (Id, p. 478).
Reflejar el carácter de Jesús es una meta alcanzable que será
lograda en una demostración remarcable por parte de los fieles
de la última generación de adventistas. El equipo espiritual
básico que permitió triunfar a Jesús será plenamente aprovechado
por la última generación, y serán así capacitados para vivir sin
pecado” (Douglass, “Jesús nos mostró lo posible”, Review and
Herald, 30 diciembre 1971).
En la clausura de esa serie de editoriales, Douglass continúa
exponiendo el concepto de “generación final”.
“Como sustituto del hombre demostró que éste puede vivir sin
pecar. ‘Así también hemos de vencer nosotros como Cristo
venció’” (“El Deseado de todas las gentes”, p. 354).
“Jesús no recurrió a ventajas que no estuvieran al alcance de
todo ser humano. Solamente su fe constituye el secreto de su
triunfo sobre el pecado. ‘La victoria de Cristo y su obediencia
son las de un verdadero ser humano... Cuando le damos a su
naturaleza humana un poder que no es posible que tenga el hombre
en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad de su
humanidad” (E. White, “Comentario Bíblico Adventista”, vol. VII,
p. 941).
‘Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los
mandamientos de Dios y la fe de Jesús’ (Apoc. 14:12). La fe de
Jesús produce como resultado el carácter de Jesús; tal es la
meta de todos quienes desean formar parte de esa notable
demostración de vida semejante a la de Cristo, protagonizada por
la última generación de adventistas...
La última generación de aquellos que ‘guardan los mandamientos
de Dios y la fe de Jesús’ deshará definitivamente toda posible
duda al respecto de si los seres humanos que se atienen al poder
de Dios pueden resistir con éxito toda tentación a la
complacencia propia y al pecado” (Douglass, “The Demonstration
that Settles Everything”, Review and Herald, 6 enero
1972).
Durante unos cuantos años, a partir de esos artículos
“editoriales navideños”, Herbert E. Douglass volvió a escribir,
en la misma época del año, artículos editoriales en los que
llamaba la atención a la naturaleza humana de Cristo, y a la
razón por la que aceptó la humanidad (Douglass, “Why the Angels
Sang” –Por qué cantaron los ángeles- Review and Herald,
21 diciembre 1972; Douglass, “Emmanuel -God With Us” –Emmanuel:
Dios con nosotros- Review and Herald, 20 diciembre 1973;
Douglass, “The Mystery of the Manger” –El misterio del pesebre-
Review and Herald, 19 diciembre 1974).
En 1972, unos quince años después de la publicación de
“Questions on Doctrine” (1957), existía el sentimiento de que
las citas de E. White en el Apéndice B habían sufrido en las
manos de los compiladores. Poco tiempo después de que fuera
publicado el volumen 7 A del “Comentario Bíblico Adventista” en
el que estaban incluidos los Apéndices A, B y C de “Questions on
Doctrine” –inmortalizándolos de esa forma-, el Instituto de
Investigación Bíblica aportó a modo de Suplemento a
la revista Ministry de febrero de 1972 una nueva edición
de las mismas citas del Apéndice B: “Naturaleza de Cristo
durante la encarnación”. La introducción afirma:
“En el análisis posterior a la publicación de “Questions on
Doctrine” se sugirió que el Apéndice B... vendría a ser de mayor
provecho si pudieran minimizarse los elementos interpretativos –enfatización
mediante cursivas, títulos interpretativos, etc-, de forma que
las declaraciones fueran presentadas al lector en su propia
fuerza, y que hablaran por ellas mismas a su mente.
El comité del Instituto de Investigación Bíblica de la
Asociación General consideró el material tal como se lo presenta
en la actualidad, y lo aprobó como siendo de mayor ayuda para
una futura presentación”.
En este punto queremos volver atrás para incluir algo
directamente relacionado con los artículos editoriales de
Herbert E. Douglass que hemos mencionado anteriormente. En 1970,
quien escribe había completado el manuscrito de las lecciones de
Escuela Sabática que se estudiarían mundialmente durante el
primer trimestre de 1974, bajo el título general: “Cristo
nuestra justicia”. Eso fue aproximadamente un año antes de que
aparecieran en la Review and Herald los artículos
editoriales de Douglass. El impacto de dichos artículos fue tal,
que en el departamento de Escuela Sabática decidimos presentar
un manuscrito revisado de la lección 3, que llevaba por título:
“Jesús, el Justo”.
El versículo de memoria era Romanos 8:3, y las cuatro últimas
partes de la lección iban encabezadas por los siguientes
títulos, junto a los versículos clave que se indican a
continuación:
Sección 3. Jesús fue hombre (Fil. 2:5-7)
Sección 4. Entendimiento mutuo (Heb. 2:17)
Sección 5. Jesús fue tentado (Heb. 4:15)
Sección 6. El hombre no necesita pecar (Rom. 8:3)
El objetivo de la lección era mostrar que Cristo, en una
naturaleza humana caída, desarrolló un carácter justo; carácter
que desea imputar e impartir a quienes hagan uso de los mismos
medios a los que Cristo recurrió para obtener la victoria sobre
la tentación.
Durante el segundo trimestre de 1977 la iglesia mundial estudió
una serie de lecciones bajo el título: “Jesús, el Hombre
modelo”, cuyo autor fue Herbert E. Douglass, con ayudas
auxiliares por parte del propio Douglass y de Van Dolson, que
llevaban por título: “Jesús, norma para la humanidad”. Los
títulos de cada una de las secciones dan una idea de cuál era el
tenor de las lecciones: (1) Dios con nosotros; (2) Dios con
Nosotros; (3) Niño y Joven Modelo; (4) Modelo de vencedor; (5)
Hombre de oración modelo; (6) Testigo modelo; (7) Modelo de
integridad; (8) Maestro modelo; (9) Modelo de sociabilidad; (10)
Modelo de fe; (11) Modelo de humildad; (12) Modelo de amor; (13)
Modelo deseoso de ser reproducido.
Los artículos editoriales navideños que Douglass escribió entre
los años 1971 y 1974 fueron recibidos sin comentario u
oposición. Cuando se pidió al autor que expresara qué lo había
movido a preparar esos artículos, respondió:
“Se convirtió sin duda en un punto de encuentro o bandera para
muchos que pensaron que nunca más verían impresa la verdad...
Pretendí simplemente prestar apoyo entusiasta a un punto de
vista que había sido muy prominente en la historia de nuestra
iglesia, y que era aún prominente en las vidas y mentalidad de
muchos de los hermanos de la Asociación General, hermanos con
los que yo tenía trato diario (Carta escrita por Douglass
al autor, 12 enero 1986).
Manifestó igualmente que no estuvo jamás en su ánimo el publicar
algo que fuera causante de división (Id.).
Si bien era posible que un artículo pasara sin ser objeto de
mayor análisis, cuando llegaron las lecciones de Escuela
Sabática la situación fue distinta. Todos los miembros de la
iglesia mundial las iban a estudiar de forma diaria. Nuestros
dirigentes en las oficinas de Washington D.C. recibieron una
enérgica oposición, en términos como los que siguen:
“Los pastores Pierson, Rampton, Nigri, Eva, Hyde, Lesher, Doler
y otros en Washington D.C, a pesar de existir un criticismo
responsable en el campo, decidieron aprobar la publicación del
librito de Escuela Sabática para el actual trimestre: ‘Jesús, el
Hombre modelo’. No hay duda alguna que los citados anteriormente
son buenos hombres, experimentados en llevar pesadas
responsabilidades en la obra del Señor. No obstante, otros
hombres igualmente buenos, pastores que han llevado también
responsabilidades en la obra, han tomado posturas muy enérgicas
opuestas a la enseñanza sobre la naturaleza de Jesucristo que
presenta el Librito [de Escuela Sabática], así como en la
Revista [Adventista]. El material anexo –escrito por el
pastor Austen G. Fletcher, de la Unión Occidental Australiana, y
Victor P. Kluzit, pastor en Texas- es sólo un ejemplo de dicha
oposición. Se trata de una oposición que está
extraordinariamente extendida entre los pastores en toda la
iglesia, y por toda evidencia seguirá aumentando si los hombres
de Washington no admiten su equivocación” (Jack D. Walker,
Adventist News Service –a cargo de Jack D. Walker, Route 2,
Box 318-C, Goodlettsville, TN 37072-).
A finales de 1977 apareció en la Review una serie corta
de artículos editoriales escritos por Kenneth Wood, su redactor
jefe. Reproducimos aquí las ideas prominentes:
“El aspecto sorprendente de la historia de Belén es que el Dios
infinito viniera a este mundo y se uniera a la raza humana...
Cuán grandioso es el hecho de que el Creador, el Verbo de Dios,
‘se hizo carne y habitó entre nosotros’ (Juan 1:1-3, 14).
‘Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios
revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la
inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la
especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado.
Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley
de la herencia... vino con una herencia tal para compartir
nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida
sin pecado’ (El Deseado de todas las gentes, p. 32)” (“The
Gift Supreme”, Kenneth H. Wood, redactor, Review and Herald,
22 diciembre 1977).
Después de presentar Heb. 2:14-17 y Rom. 8:3 (junto a Fil. 2:7),
continuó con una serie de citas de los escritos de E. White,
entre los que figuran:
“No es sólo que fue hecho carne, sino que fue hecho en semejanza
de carne de pecado” (Carta 106, 26 junio 1896).
“Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza
caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el
pecado” (E. White, “Comentario Bíblico Adventista”, vol. IV, p.
1169).
“Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana
tal como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre.
Con las debilidades del hombre caído sobre él, en favor de la
raza humana había de soportar las tentaciones de Satanás en
todos los puntos en los que pudiera ser atacado el hombre...
Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en
tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en
la escala de la dignidad moral, hasta el período del
advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre
caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la
naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del
hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por
nosotros. Se humilló a sí mismo hasta las profundidades más
hondas del infortunio humano a fin de poder estar calificado
para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que
el pecado lo había sumergido” (“Mensajes Selectos”, vol. I, p.
314 y 315).
A continuación destacó el hecho de que si bien Cristo “se
humilló a sí mismo hasta la humanidad caída”, jamás pecó (2 Cor.
5:21 y Heb. 4:15). Quería que eso se comprendiera bien:
“El que Cristo pudiera tomar la naturaleza humana caída sin ser
pecador, es sólo uno de los aspectos de la encarnación que nos
llena de asombro y aparece ante nosotros como un misterio...
‘Nunca dejéis, en forma alguna, la más leve impresión en las
mentes humanas de que una mancha de corrupción o una inclinación
hacia ella descansó sobre Cristo, o que en alguna manera se
rindió a la corrupción’ (E. White, “Comentario Bíblico
Adventista”, vol. V, p. 1103)” (Id, 29 diciembre 1977).
Enumera a continuación una de las “incontables verdades” que
proclama la historia de Belén:
“Entre esas verdades podemos incluir el hecho de que Dios ama a
la familia humana con un amor eterno; que Dios nos proveyó un
perfecto Sustituto; Uno que tomó nuestros pecados y llevó en
nuestro lugar la pena de muerte; que Dios descendió tan bajo
como fue necesario para salvarnos, tomando la naturaleza humana
después de 4.000 años de pecado. Que Jesús hizo frente a toda
tentación victoriosamente, y vivió una vida sin pecado. Que
tenemos un sumo sacerdote que vive por siempre y que puede
‘salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios’ (Heb.
7:25).
Y Belén proclama aún otra verdad: declara que aquellos que son
nacidos del Espíritu pueden, mediante el poder de Cristo,
resistir con éxito toda tentación, y ser victoriosos en su lucha
contra el enemigo de sus almas...
Viviendo victoriosamente en la humanidad, Jesús proveyó un
ejemplo de lo que sus seguidores pueden lograr en su lucha con
el pecado. ‘Vino al mundo a revelar la gloria de Dios, a fin de
que el hombre pudiese ser elevado por su poder restaurador. Dios
se manifestó en él a fin de que pudiese manifestarse en ellos.
Jesús no reveló cualidades ni ejerció facultades que los hombres
no pudieran tener por la fe en él. Su perfecta humanidad es lo
que todos sus seguidores pueden poseer si quieren vivir
sometidos a Dios como él vivió’ (“El Deseado de todas las
gentes”, p. 619 y 620; ver también “Mensajes Selectos”, vol. I,
p. 295).
‘Vino a nuestro mundo a mantener un carácter puro, libre de
pecado, y a refutar la mentira de Satanás de que para los seres
humanos no ha sido posible guardar la ley de Dios. Cristo vino a
vivir la ley en su carácter humano, de la precisa manera en que
todos viven la ley en la naturaleza humana si hacen como hizo
Cristo’ (E. White, “Manuscrito” 94, 1893).
Piénsese en esto: ‘Se ha hecho abundante provisión para que el
hombre caído y finito pueda conectarse de tal modo con Dios que,
a través de la misma Fuente mediante la cual venció Cristo en su
naturaleza humana, pueda permanecer firme ante cualquier
tentación, tal como hizo Cristo’ (Id.) ‘Viviendo una vida
sin pecado, testificó de que cada hijo e hija de Adán puede
resistir las tentaciones del que primero trajo el pecado al
mundo’ (“Mensajes Selectos”, vol. I, p. 226)... Los seguidores
de Cristo ‘han de tener poder para resistir el mal, un poder que
ni la tierra, ni la muerte ni el infierno pueden dominar, un
poder que los habilitará para vencer como Cristo venció’ (“El
Deseado de todas las gentes”, p. 634)”. (Id.)
En 1979 apareció el libro de Thomas A. Davis titulado “Was Jesus
Rally Like Us?” en el que trata más plenamente acerca de la
naturaleza humana de Cristo. Bajo el subtítulo “The Pivotal
Point”, leemos en la página 53 y 54:
“Hemos de mantener presente el concepto central de nuestra
investigación: que Jesús tenía una naturaleza similar a la de la
persona nacida de nuevo. Fue hecho ‘en todo semejante a sus
hermanos’, ‘pero sin pecado’ (Heb. 2:17; 4:15). Tengamos en
cuenta que su naturaleza humana era ‘idéntica a la nuestra’
(“Mensajes Selectos”, vol. III, p. 146), que ‘tomó las flaquezas
de la naturaleza humana para ser probado y examinado’ (“Mensajes
Selectos”, vol. I, p. 265), y que tomó ‘sobre sí nuestra
naturaleza caída’ (“El Deseado de todas las gentes”, p. 87).
Si eso es cierto, si aceptamos que Jesús no fue un actor de
teatro al hacerse Hombre, hemos de aceptar igualmente que sufrió
dificultades debido a su naturaleza humana caída, tal como un
ser humano –un ser humano nacido de nuevo- tiene.
Insistir en que la naturaleza humana de Jesús fue menos que la
de una persona nacida de nuevo, que fue como la de la persona
irregenerada, es insostenible... De otra parte, pensar que su
naturaleza fue superior a la de una persona nacida de nuevo
significa elevarlo por encima de la propia humanidad, lo que es
igualmente inadmisible.
El que ha nacido de nuevo sigue siendo un ser humano caído. No
está libre de los efectos y resultados del pecado. Tiene las
mismas facultades y talentos que tuviera antes del nuevo
nacimiento. El que nace de nuevo ‘no es dotado de nuevas
facultades, sino que las facultades que tiene son santificadas’
(“Palabras de vida del gran Maestro”, p. 71)”.
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