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Dios Envió a
su Hijo Nacido de Mujer |
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(2da. Parte) |
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Por:
Héctor A. Delgado |
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Algunas Consideraciones
Otra cita que merece nuestra atención es
la siguiente:
“Jesucristo tomó sobre sí nuestras
debilidades, pero se mantuvo libre de la corrupción hereditaria y de la
depravación y práctica del pecado”.57
Esta cita es tomada del libro las 27
Creencias Fundamentales y usada para probar que Cristo en la encarnación
no pudo participar de la naturaleza humana caída como nosotros la
conocemos. También se sostiene curiosamente que es una cita del Don
Profético, pero en realidad no lo es. Sin embargo, aceptemos que la cita
es del Espíritu de Profecía, cómo la entendemos entonces a la luz de
esta otra:
“Jesús aceptó la humanidad cuando la
especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como
cualquier hijo de Adán aceptó los efectos de la gran ley de la herencia.
Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuales eran
aquellos efectos. Más El vino con una herencia tal para compartir
nuestras penas y tentaciones, y darnos un ejemplo de una vida sin pecado”.58
Es evidente que las dos citas no pueden
ser de la misma autora porque no hay similitud alguna en las ideas
contenidas, pues mientras la primera puede afirmar que Cristo se
“mantuvo libre de la corrupción hereditaria”, la segunda puede decir
claramente que “como cualquier hijo de Adán [Cristo] aceptó los efectos
de la gran ley de la herencia”, y luego señala categóricamente que Él
“vino con una herencia tal”. Note algo muy interesante. Mientras se
quiere alejar a Cristo de haber participado de “una herencia tal”, la
cita en cuestión dice que fue Él mismo que “aceptó los efectos de la
gran ley de la herencia”. Él nos ha otorgado una gran bendición
espiritual dándose a El mismo. ¿Y lo queremos alejar de nosotros por la
sencilla razón de que no logramos entender como pudo la Santidad
infinita llegar a ser carne? Creo que debemos aceptar ya la gran verdad
de que al que no conocía pecado “Dios lo hizo pecado por nosotros”.59
También deberíamos dejar de ocultarnos detrás de tantos razonamientos
teológicos, razonamientos que, lejos de ayudarnos a establecernos en la
verdad están disecando la preciosa verdad de Jesucristo “hecho carne”.
Existe otra cita que es usada para decir
que Jesús no vino en naturaleza humana caída. Es la siguiente: “No
debiéramos albergar dudas en cuanto a la perfecta impecabilidad de la
naturaleza humana de Cristo”.60 Pero al leer la cita completa
descubrimos lo siguiente:
“Al tomar sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no
participó en lo más mínimo de su pecado. Estuvo sometido a las
debilidades y flaquezas que está rodeado el hombre... Él se compadece de
nuestras debilidades, y en todo fue tentado como nosotros, ‘pero sin
pecado’... si Satanás pudiese haber tentado a Cristo para que
pecara en lo más mínimo hubiera herido la cabeza del Salvador... si la
cabeza de Cristo hubiera sido herida, habría perecido la esperanza de la
raza humana. La ira divina habría descendido sobre Cristo como descendió
sobre Adán. Cristo y la iglesia habrían quedado sin esperanza”.
Ahora analicemos esta cita para ver qué
significa la expresión “no participó de su pecado en lo más mínimo” y
cómo fue que Cristo “tomó sobre Sí la naturaleza humana en su condición
caída”. Se sugiere que la declaración de que “no participó de su pecado”
plantea la paradoja de que Cristo cuando asumió la naturaleza humana “en
su condición caída” no “participó de todo el pecado que toda naturaleza
humana contiene”.61 Sin embargo, necesitamos considerar algunas cosas de
importancia en la misma cita. Veamos:
1- La expresión “no participó de su pecado”
está determinada por el contexto inmediato. Y parte de ese contexto nos
revela que Jesús “fue tentado en todo como nosotros, ‘pero sin pecado’”.
Otra declaración que le sigue es: “Si Satanás pudiese haber tentado a
Cristo para que pecara en lo más mínimo hubiera herido la cabeza del
Salvador”. Así que, el contexto determina que la expresión “no participó
de su pecado” no puede significar otra cosa que no sea que Cristo aunque
fue tentado “en todo como nosotros”, no cedió al pecado.
2- La idea anterior se ve reforzada por la
siguiente declaración: “Si la cabeza de Cristo hubiera sido herida,
habría perecido la esperanza de la raza humana”. Esto queda remarcado
por las siguientes declaraciones: “Estuvo sometido a las debilidades y
flaquezas que está rodeado el hombre”. Y aun más: “El se compadece de
nuestras debilidades...”. ¡Cómo no se compadecerá de nuestras
debilidades si estuvo sometido a ellas y las enfrentó cuerpo a cuerpo, y
las venció! Esta es la razón por la que Él puede “compadecerse” de
nosotros. Y como Cristo fue tentado en todo como lo somos nosotros y no
cedió a la tentación, es que se nos amonesta a tener una “fe inteligente
que mire a Jesús en perfecta confianza, con fe plena y completa en el
sacrificio expiatorio”.
3- La declaración “al tomar sobre Sí la
naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participo de su
pecado en lo más mínimo”, por el contexto en el que se encuentra, es
sinónimo de la siguiente declaración: “Él fue tentado en todo igual que
nosotros pero sin pecado” (Heb. 4:17 RVR). “Sin pecado” en este pasaje
significa que Cristo no cedió a las tentaciones que le acosaron. Y no
puede separarse de “tentado en todo”. De igual manera, la declaración
“no participó de su pecado” esta determinada por el contexto y no puede
separarse antojadizamente de las demás declaraciones de la cita.
4- Una
prueba adicional de esto se comprueba al leer el capítulo “Tentado en
todo” en el libro Mensajes Selectos tomo I, p.p. 295-300. Si hay algo
que se remarca allí es lo siguiente:
A)
Cristo en su humanidad “en su condición deteriorada”, en su “condición
caída” (p.p. 296, 299) estaba desmintiendo las acusaciones del Diablo de
que es imposible para el hombre guardar la Ley de Dios.
B)
Al tomar la naturaleza humana Cristo “fue hecho idóneo para comprender
las pruebas y dolores del hombre y todas las tentaciones con las que es
acosado” (p. 295). Además, fue “tentado en todo punto como nosotros para
que pudiera saber como socorrer a los que son tentados” (p.295).
C)
“Cristo tomó la parte de cada ser humano” (p.p. 295,296).
D)
“Se inclinó tan bajo sin perder un átomo de dignidad” (p. 296).
E)
“No hubo una gota de nuestra amarga pena que Él no probara, ninguna
parte de nuestra maldición que Él no soportara” (p. 296).
F)
“Contempladlo haciendo suyas las necesidades, las pruebas, los dolores y
los sufrimientos de los hombres pecaminosos” (p. 297).
G)
“Cristo quedó inconmovible. Sintió la fuerza de la tentación, (de las
‘cosas terrenales’, ‘las atracciones mundanales’, ‘el resplandor y el
oropel del mundo’ p. 298) pero le “hizo frente por nosotros y la venció”
(p. 298).
Es en este amplio contexto de
declaraciones que testifican que Cristo fue tentado “en todos los puntos
como nosotros” que aparece la cita en cuestión y es todo este contexto
que nos puede revelar cuál es el significado real de que Cristo “no
conoció pecado en lo más mínimo”.62
Nosotros nos preguntamos hasta donde se
puede llegar con el objetivo de no reconocer una enseñanza que aunque
“horroriza” a muchos, ha traído gozo y consuelo en la hora de necesidad
a tantos cristianos. Y nos asombra observar como se quiere ignorar el
sentido llano y obvio de algunas declaraciones. Y si estas declaraciones
no nos aclaran el sentido obvio del pasaje, ¿qué es hacer entonces una
buena exégesis del mismo?
A esta altura resultan interesantes las
siguientes declaraciones:
“Caemos en muchos errores en nuestras
conclusiones debido a nuestros falsos conceptos de la naturaleza humana
de nuestro Señor. Cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no
es posible que tenga el hombre en su conflicto con Satanás, destruimos
la integridad de su humanidad” (otros traducen “la plenitud de su
humanidad”).63
“Me han llegado cartas en la que se afirma
que Cristo no pudo tener la misma naturaleza del hombre, pues si la
hubiera tenido habría caído en tentaciones similares. Si Cristo no
hubiera tenido la naturaleza humana del hombre, no podría ser nuestro
Ejemplo. Si no participó de nuestra naturaleza, no podía haber sido
tentado como lo ha sido el hombre. Si no le hubiera sido posible
rendirse ante la tentación, no podría ser nuestro Ayudador. Fue una
solemne realidad que Cristo viniera a reñir las batallas como hombre. Su
tentación y victoria nos dicen que la humanidad puede copiar al Modelo;
puede llegar a ser participante de la naturaleza divina”.64
Consideraciones Adicionales
Veamos ahora otro argumento que merece
nuestra consideración. Se sostiene que “Jesús no vino para probar que
Abrahán, Moisés, Pedro o alguno de nosotros podría vivir sin pecado;
pero sí para probar que Adán habría podido rendir obediencia perfecta en
todo momento”.65 Este razonamiento se pretende apoyar con esta cita del
Espíritu de Profecía: “Satanás había señalado el pecado de Adán como
prueba de que la Ley de Dios era injusta, y no podía ser acatada. En
nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán”.66
Entonces se continúa argumentado: “Es a nivel de Adán donde se perdió la
batalla, donde se introdujo la condenación y la ruina, y a ese nivel
debía obtenerse la victoria y lograrse la redención de la raza caída”.67
Aquí
aparece nuevamente el problema de textos citados de manera incompleta.
Pero como podemos acudir a las fuentes no es difícil ver que fue lo que
quiso decir el Espíritu de Profecía cuando expresó que Cristo se
encontraba “en la posición de Adán”.
Después que se menciona que Satanás “había
señalado el pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios... no podía
ser acatada”, se dice:
“Para Cristo como para la santa pareja del
Edén, el apetito fue la primera gran tentación. Precisamente donde
empezó la ruina, debe empezar la obra de nuestra restauración. Así como
por complacer el apetito Adán cayó, por sobreponerse al apetito Cristo
debía vencer”.68
Como se notará, el párrafo no hace alusión
a la naturaleza humana de Cristo. Así, la expresión “en la posición de
Adán” no significa que Jesús vino en la misma naturaleza humana que Adán
tenía antes de caer en el pecado, sino que señala la situación y
“posición” en la que Cristo se encontró cuando fue puesto a prueba con
la tentación del apetito. Ahí cayó Adán y ahí mismo, con la misma
prueba, la misma tentación, Cristo fue confrontado y salió vencedor. Lo
que constituyó para Adán la prueba que trajo el pecado y la maldición a
este mundo, fue lo que Cristo tomó como el medio para “resarcir” ese
fracaso.
El siguiente párrafo aclara mejor el
asunto:
“Cristo ocupó el lugar de Adán en el
desierto de la tentación, para soportar la prueba en que este fracasó...
En favor de la raza y con las debilidades del hombre caído sobre Sí
debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los
cuales es atacado el hombre”.69
Remarquemos algunas ideas importantes que
contiene este párrafo:
a- “El lugar de Adán” lo ocupó Cristo
“en el desierto de la tentación”.
b- “Con las debilidades del hombre caído
sobre Sí” Cristo venció la prueba.
c- Resistió las
“tentaciones de Satanás en todos los puntos”.
d- Estas tentaciones atacan a todo
hombre por igual, así que no sólo por Adán debía Cristo vencer y
demostrar que se puede obedecer plenamente, sino también por nosotros
que somos débiles. Esta es la razón por la que se nos dice que “las
seducciones que Cristo resistió son las mismas que nosotros encontramos
tan difícil de vencer”.70
Algo que
aparentemente (¿o voluntariamente?) se ignora es que Satanás no sólo
señala el “pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios” no puede
“ser acatada”, él también señala el fracaso de los hijos de Adán (véase
el
Apéndice IV).
“Satanás declaró que era imposible para
los hijos e hijas de Adán guardar la Ley de Dios, y así agravó a Dios
con falta de sabiduría y amor. Si no podían guardar la Ley, entonces la
falta estaba en el Dador de la Ley”.71
Nótese que no es sólo “al nivel de Adán”
el problema, sino también al nivel de los “hijos e hijas” de él. Observe
ahora como dice el Espíritu de Profecía:
“Los hombres que están bajo el control de
Satanás repiten estas acusaciones contra Dios, en asegurar que el hombre
no puede guardar la Ley de Dios. Jesús se humilló a Sí mismo vistiendo
su divinidad con [la] humanidad..., y mostró la mentira de los cargos de
Satanás”.72
Satanás el ángel caído, había declarado
que ningún hombre podía guardar la Ley de Dios después de la
desobediencia de Adán. Y afirmaba que la raza humana estaba en su
dominio”.73
“(Cristo) vino a este mundo a mantener un
carácter puro e impecable, y [a] refutar la mentira de Satanás de que es
imposible que los seres humanos guardaran la Ley de Dios. Cristo vino a
vivir la Ley de Dios en su carácter, exactamente de la misma manera en
que todos pueden cumplirla en la naturaleza humana si hacen lo que
Cristo hizo”.74
Si Cristo hubiera vencido en una
naturaleza humana como la de Adán antes de la caída sólo habría
contestado o desmentido a medias las acusaciones de Satanás. Meditemos
en la siguiente cita:
“Cristo redimió la desdichada caída de
Adán, y ha perfeccionado un carácter de completa obediencia, y ha dejado
un ejemplo a la familia humana para que imite el Modelo”.75
Así, el Hijo de Dios no solamente venció
donde Adán fracasó, sino que también dejó “un ejemplo a la familia
humana” para que pueda imitarle y vencer las sugestiones del enemigo.
Desde esta perspectiva no es razonable ni válido el argumento de que “es
al nivel de Adán que se perdió la batalla,... y a ese nivel debía
obtenerse la victoria”.
Este razonamiento nos lleva a analizar una
cita del Espíritu de Profecía que consideramos concluyente en el
análisis de este importante tema y que más que cualquier otra nos revela
el asombroso misterio y la infinita condescendencia del Hijo de Dios al
dejar su gloria celestial y tomar sobre Sí nuestra naturaleza humana
caída.
“En nuestra propia fortaleza, nos es
imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su
medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo
se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades
hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos
aquellos que no confíen en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre
debe recorrer, el Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es
su voluntad que seamos puestos en desventajas en el conflicto con
Satanás. No quiere que nos intimiden y desalienten los asaltos de la
Serpiente. ‘Ten buen ánimo - dice -; yo he vencido el mundo’”.76
Consideremos ahora algunos detalles de esta cita:
1)-
“En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores
de nuestra naturaleza caída”. Nótese que dice “en nuestra propia
fortaleza”. De otra manera no es imposible.
2)- “Por su medio (las ´debilidades
hereditarias´ propias de la naturaleza caída), Satanás nos presentará
tentaciones”. 3)-
“Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para
aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus
falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confíen en Dios“. Se puede
notar que la expresión “debilidades hereditarias” está conectada a
nuestra “naturaleza caída”. Es que lo primero es consecuencia de lo
segundo.
4)-
No es la voluntad de Dios “que seamos puestos en desventajas en el
conflicto con Satanás”. Esta declaración demuestra que Cristo “no
ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente.
Como hombre hizo frente a la tentación y venció en la fuerza que Dios le
daba”.77 Cristo venció como es nuestro privilegio hacerlo.
5)-
Jesús recorrió “el terreno que el hombre debe recorrer” y “ha preparado
el camino para que venzamos” como Él venció.
6)-
El uso de
la palabra “mundo” es interesante en esta cita. Y el contexto en el que
aparece (aunque quiera negarse por algunos eruditos) deja entrever que
fue usada en el sentido que el apóstol Juan le dio en 1 Juan 2:16.
Entonces, es evidente que Cristo
experimentó “las debilidades hereditarias” que le son propias a todos
los hombres en su “naturaleza caída”. En efecto, esto es lo que nos
revela la inspiración:
“Como cualquier hijo de Adán aceptó los
efectos de la gran ley de la herencia”.78
“Estuvo sujeto a las flaquezas y
debilidades que rodean al hombre”.79
“Fue conmovido por el sentimiento de
nuestras debilidades y fue tentado en todo a nuestra semejanza. Y sin
embargo no conoció pecado”.80
En favor de la raza y con las debilidades
del hombre caído sobre Sí debía resistir las tentaciones de Satanás en
todos los puntos en los cuales es atacado el hombre”.81
Según
vimos en la cita en cuestión, las “debilidades hereditarias” son
consecuencias de tener una “naturaleza caída”. Y a pesar de que a
nosotros nos es tan difícil vencer, pues “desconfiamos” de Dios, Cristo
“recorrió el terreno” y venció en nuestro favor. ¡Oh! que maravilloso
Salvador tenemos. Y ahora nos dice que como Él “fue conmovido por el
sentimiento de nuestras debilidades” no quiere que “nos intimiden ni
desalienten los asaltos de la Serpiente. ‘Ten buen ánimo - dice -; yo he
vencido el mundo” (véase el
Apéndice V).
Conclusión
Al concluir este importante tema esperamos
que lo expuesto sea motivo de reflexión, estudio y detenido análisis.
Sabiendo además que no son las últimas palabras que se escriben sobre
este profundo tema. Confesamos que el tiempo y el continuo estudio del
mismo nos motivó a transcribirlo y adaptarle algunos comentarios al pie
de página y en los apéndices que ahora aparecen del II en adelante.
El tiempo que nos separa de la segunda
venida de Cristo ya no es mucho, pero si nuestro tierno y amante
Salvador nos permite vivir hasta entonces y las condiciones se dan, es
probable que volvamos a escribir sobre esta importante verdad que “es
todo para nosotros”.
Con todo, damos gracias a Dios por su amor
e infinita condescendencia al convertirse en hombre y compartir con
nosotros la triste suerte humana. Ojalá podamos luego compartir con Él
por la eternidad ese mundo nuevo que Él ganó para nosotros.
Cuando el “señorío primero” nos sea devuelto y podamos ver “su rostro”
(Apoc. 22:4), entonces descubriremos cuanto le costó realmente a nuestro
Dios hacerse pobre para que nosotros pudiéramos ser hechos ricos. Sólo
allí será abierta nuestra mente y podremos entender más plenamente el
significado de la declaración bíblica: “Dios envió a su Hijo nacido de
mujer”.
Apéndice
I
La Razón Principal por la que
“Dios Envió a su Hijo Nacido de Mujer”
Actualmente se dan tres razones que
pretenden dar respuesta a la interrogante ¿Cuál fue la razón principal
por la que Cristo fue hecho carne? Como se ha reconocido, la respuesta
que se le dé a esta pregunta será el punto de partida para un correcto o
confuso “entendimiento de la Cristología”. Estas tres razones son:
1)-
Para probar que la Ley de Dios puede
ser guardada por el hombre.
Esta primera propuesta se encuentra con una dificultad: No puede
verificarse explícitamente con las Escrituras. “Naturalmente, el hecho
de que Cristo guardó perfectamente la Ley en su humanidad, probó que el
hombre, controlado por Espíritu Santo puede satisfacer completamente las
demandas de la Ley. Pero la Biblia no enseña que esta es la razón
principal por la que Cristo se hizo hombre” (Sequeira, La Dinámica del
Evangelio Eterno, p. 108).
2)-
Para poder se nuestro Ejemplo.
“Mientras que la Biblia sí muestra a Cristo como nuestro Ejemplo, lo
hace solamente con referencia a los creyentes que han aceptado a Cristo
por fe y han tenido la experiencia del nuevo nacimiento (1 Ped. 2:21;
Fil. 2:5-8). Pero las Escrituras no enseñan que esta es la razón
principal por la que Cristo tomó nuestra naturaleza humana. Aquellos que
enfatizan que Cristo es nuestro ejemplo sin antes presentarlo como
nuestro Salvador, dan la impresión de estar enseñando la teoría del
ejemplo de expiación (miren como se hace!), por lo cual son acusados
frecuentemente de [enseñar] la herejía del perfeccionismo o legalismo...”
(Ibíd.).
En torno a esta posición debemos decir que
son muchos los casos que se pueden mencionar, pues en una gran cantidad
de libros, folletos y revistas se encuentra un fuerte énfasis sobre
Cristo como nuestro Ejemplo. Y peor aún, se da la impresión de estar
promoviendo la idea (quizás inconscientemente) de que la salvación se
logra por imitar a Cristo y no por recibirlo por la fe. Ciertamente la
salvación no es por imitación, es por la gracia de Dios. Es un don
gratuito en Cristo (1 Juan 5:11,12; Hech. 15:11).
El Espíritu de Profecía, en el contexto de
1888 nos dice: “Presento delante de vosotros al Hombre: Cristo Jesús.
Debéis conocerlo individualmente como nuestro Salvador antes que podáis
estudiarlo como Modelo y Ejemplo” (White, Mensajes Selectos, tomo III,
p. 192. La cursiva es nuestra).
Con relación a esto se hace este perspicaz
comentario: “Dios no nos da a su Hijo para que podamos copiarlo o
imitarlo (con el fin de obtener la salvación), sino para que lo podamos
recibir en nosotros con todo el corazón (Juan 3:16).
“Es sólo cuando nos rendimos totalmente a
Él, quien nos amó y se dio a Él por nosotros, que nuestras vidas pueden
llegar a ser agradables a Dios (Juan 15:1-8). Debemos entender
claramente que Dios no nos está mirando para ver qué tan buenos somos o
qué tan duro estamos tratando de guardar su Ley. ¡No! Hay sólo una cosa
que Dios busca en cada creyente - y es cuanto de su Hijo Él ve en
nosotros” (Sequeira, Ibíd., p. 51).
“El secreto está en que la salvación es
por la gracia de Dios, no es por imitación; este no es el método. Es por
lo que el Señor hizo, no por lo que nosotros hacemos” (Dupertuis, En Paz
con Dios, p. 98).
Esta es la razón por la que Pablo dijo:
“... por la justicia de uno (Jesús) vino la justificación que produce
vida... por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos”
(Rom. 5:18,19).
3)-
Para poder redimir a la humanidad del pecado.
Esta es la razón que las Escrituras presentan como la causa principal
por la que Cristo se hizo humano (véase Mat. 1:21; Gál. 4:4,5; Heb.
2:14-17). “En el centro de la doctrina de la Cristología, está la
gloriosa verdad de que Cristo asumió la humanidad para que Él pudiera
ser el Salvador del mundo. Y solamente, para aquellos que primero lo
aceptan como salvador Él llega a ser un Ejemplo” (Sequeira, Ibíd., p.
108).
Esta es la misma verdad que estaba en el
centro del “precioso mensaje” de 1888. Veamos como lo expresó Waggoner:
“Cristo tomó sobre Sí mismo la semejanza
del hombre, para que pudiera redimir al hombre” (Cristo y su Justicia,
p. 25).
A. T. Jones expresó esta
misma verdad de la siguiente manera:
“Por lo tanto vemos a Jesús como el hombre
es desde que pecó; y no como el hombre era antes de la entrada del
pecado. Y esto lo hizo para que pudiera ‘gustar la muerte por todo
hombre’. Al hacerse hombre, debía llegar hasta el hombre donde el hombre
está” (El Camino Consagrado a la Perfección Cristiana, pp. 21-22).
De igual manera, en total acuerdo con esta
idea Elena de White expresó: “Es un misterio muy profundo para la mente
humana llegar a comprenderlo. Cristo en realidad unió la naturaleza
ofensiva del hombre a su propia naturaleza impecable, porque por este
acto de condescendencia, Él sería capaz de verter su sangre en beneficio
de la raza caída” (Manucript Releases, 17:26).
Quiera Dios ayudarnos a tener un
entendimiento equilibrado de esta preciosa verdad. Y que esto no sea
sino el preámbulo del estudio que realizaremos por toda la eternidad sin
llegar a agotar la fuente de donde procede.
Apéndice II
“Nacido Bajo la Ley”
Ya para el 10 de Febrero del año de
1887 E. J. Waggoner escribió a Butler, presidente de la Asociación
General la siguiente carta:
Lea Romanos 8:3 y comprenderá la
naturaleza de la carne de la que fue hecho el Verbo:...
“Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del
pecado, condenó al pecado en la carne”. Cristo nació en semejanza de
carne de pecado [se citan Fil. 2:5-7 y Heb. 2:9]...
Esos textos muestran que Cristo tomó sobre
sí la naturaleza del hombre, y como consecuencia, estaba sujeto a la
muerte. Vino al mundo con el propósito de morir, de tal manera que desde
el principio de su vida en esta tierra se halló en la misma condición de
aquellos a quienes vino a salvar con su muerte. Ahora lea Romanos 1:3:
“Acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la
carne”. ¿Cómo era la naturaleza de David “según la carne”? Pecaminosa,
¿no le parece? Dice David: “He aquí en maldad he sido formado, y en
pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). No se horrorice, no estoy
implicando que Cristo fuese pecador... [se cita Heb. 2:16 y 17].
El ser semejante en todo a los hermanos
[de Heb. 2:17] es lo mismo que “en semejanza de carne de pecado”, “hecho
semejante a los hombres” [Fil. 2:7]. Una de las cosas más animadoras de
la Biblia es el conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza
del hombre;... que sus antepasados según la carne eran pecadores. Cuando
leemos los registros de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos
que tenían todas las debilidades y pasiones que nosotros tenemos,
comprendemos que nadie tiene derecho a excusar sus actos pecaminosos
evocando el factor hereditario. Si Cristo no hubiese sido hecho en todo
semejante a los hermanos, entonces su vida sin pecado no sería motivo de
ánimo para nosotros. Podríamos mirarle con admiración, pero sería el
tipo de admiración que produce desánimo y desesperanza... [se cita 2
Cor. 5:2].
Ahora, ¿cuándo fue hecho Jesús pecado por
nosotros? Tiene que haber sido cuando fue hecho carne, y comenzó a
sufrir las tentaciones y enfermedades consustanciales a la carne
pecaminosa. Pasó por cada fase de la experiencia humana, siendo “tentado
en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” [Heb. 4:15]. Fue
“varón de dolores, experimentado en quebranto”. “Llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores” [Isa. 53:3,4]; y según Mateo,
esa Escritura se cumplió mucho antes de la crucifixión. De manera que
afirmo que su nacer bajo la Ley es una consecuencia necesaria de su
nacimiento en semejanza de carne de pecado, de haber tomado sobre sí la
naturaleza de Abrahán. Fue hecho como el hombre, a fin de poder pasar
por el sufrimiento de la muerte. La cruz estuvo siempre ante Él desde su
tierna infancia.
Usted dice: “En cuanto a que él tomó
voluntariamente sobre sí los pecados del mundo en su gran sacrificio
sobre la cruz, lo admitimos [los líderes de la Asociación General y la
Review and Herald]; pero él no nació bajo su condenación. De Él, que fue
puro, que no cometió un solo pecado en toda su vida, el decir que nació
bajo la condenación de la Ley, sería una manifiesta perversión de la
sana teología” [Butler, The Law in Galatians, p. 58].
Puede que sea una perversión de la
teología, pero armoniza exactamente con la Biblia, que es lo
importante...
Se muestra sorprendido de la idea de que
Jesús fue nacido bajo la condenación de la Ley, dado que jamás en su
vida cometió pecado. Sin embargo admite que en la cruz estuvo bajo la
condenación de la Ley. ¡Vaya!, ¿Resulta que entonces sí cometió pecado?
De ninguna manera. Bien, pues si Jesús pudo estar bajo la condenación de
la Ley en algún momento en su vida, sin pecar por ello, no veo razón por
la cual no lo pudiese estar en otro momento, y seguir sin pecado...
Sencillamente, no puedo entender cómo pudo
Dios manifestarse en la carne, y en semejanza de carne de pecado...
Simplemente acepto la declaración de las Escrituras de que sólo así pudo
venir a ser el Salvador del hombre; y me gozo en saber que así sea,
porque es gracias a que Él fue hecho pecado, que yo puedo ser hecho
justicia de Dios en él” (The Gospel in Galatians, 1888, págs. 60-62).
Apéndice III
El Análisis Confiable
Hay ciertos razonamientos que se hacen a
partir de algunas citas de Elena White, que no negamos se hagan en un
esfuerzo por llegar a un mejor entendimiento sobre la naturaleza humana
de Cristo. Hacer un análisis lingüístico de algunas citas del Espíritu
de Profecía relacionadas a la naturaleza humana de Cristo, es algo que
pocos autores adventistas han hecho. Por ejemplo, esta tentativa no es
común entre los escritores que toman la posición de que Cristo participó
de la inmaculada naturaleza de Adán. Una evidencia de ello es, que para
hacer frente a las citas de Elena de White que hablan que Jesús
participó de la naturaleza “caída” y “degradada” que es común a todos
los hombres, se recurre a las gastadas citas de que Él no tenía
“propensiones al pecado” ni “propensión al mal” (vea el análisis que
hacemos de esta palabra en la p.p. 9-11). Es muy fácil tratar de
eliminar la fuerza de una cita contrarrestándola con otras sin explicar
las primeras. Uno de los pocos autores que ha hecho un esfuerzo por
explicar satisfactoriamente cada cita de Elena de White sin importar la
posición es Antolín Diestre Gil, en su obra ya citada anteriormente. Sin
embargo, desde el mismo principio de su análisis cualquiera puede darse
cuenta de que lado está en la contienda. Y más aun, aunque usa hasta la
“saciedad” el argumento de que Cristo no tenía “propensiones al mal”
analiza sólo parcialmente los diferentes usos que la Hna. White hace de
esta palabra en sus escritos. Otra cosa es que aunque condena el uso de
citas “recortadas” hace lo mismo en algunas ocasiones.
Pero bien, lo que queremos hacer aquí es
descubrir por lo menos en un ejemplo, que algunas conclusiones que se
obtienen, bien pueden estar basadas en un análisis lingüístico de una
cita, y estar equivocadas porque pasan por alto el contexto histórico en
el que se escribieron, ignorando también la razón por la que se
expresaron.
Un caso que queremos mencionar es el de la
carta a Baker. Si utilizamos el contenido de esta carta para
contrarrestar la posición de que Cristo tomó sobre su naturaleza divina
nuestra naturaleza humana pecaminosa, estamos ignorando que “poco tiempo
antes de que fuese escrita la carta a Baker” el Hno. W.W. Prescott había
estado “predicando con claridad en las reuniones campestre de
Armadale,
en octubre, reuniones a las [que] Elena White asistió. Su comprensión
(la de Prescott) sobre la naturaleza humana de Cristo era virtualmente
idéntica a la de Waggoner y Jones”.
Hay evidencia de que ella estaba
entusiasmada por los sermones que Prescott predicó, pues pudo decir:
“Se predicó a Cristo en cada sermón,...”
“Se separó el error de la verdad...”
“El Señor está trabajando por medio de sus
siervos, quienes proclaman la verdad, y ha dado al hermano Prescott un
mensaje especial para el pueblo. Labios humanos pronuncian la verdad en
demostración del Espíritu y poder de Dios” (Review and Herald, 7-1-1896,
las cursivas son nuestras).
“Prescott nuca había tenido un poder tal
al predicar la verdad” (Carta W 32, 1895, la cursiva es nuestra).
“El Señor le ha dotado con su Espíritu
Santo y la verdad está siendo derramada de sus labios en ricas
corrientes” (Manuscript Realeases Vol. 21, p. 388, la cursiva es
nuestra).
“Sus palabras son pronunciadas en
demostración del Espíritu y con poder, con el rostro iluminado por la
luz celestial. La presencia del Señor está día tras día en nuestras
reuniones” (Manuscrito 19, 1895, la cursiva es nuestra).
“La verdad procedió de sus labios de una
forma en la que nunca antes la había oído el pueblo; los oyentes dicen
que ese hombre está inspirado.
“Prescott ha hablado muchas veces en el
encuentro campestre de Armadale, bajo la inspiración del Espíritu Santo”
(Carta W 84, 1895, las cursivas son nuestras).
Este apoyo de Elena White al “mensaje
especial” que predicó el hermano Prescott incluyendo la proclamación de
Cristo en naturaleza humana caída es una evidencia de que ella no
condenaba esta enseñanza. También es bueno observar que las
consideraciones que ella hace de que seamos “excesivamente cuidadosos”
en tratar el tema de Cristo en su humanidad se deben a ciertos excesos
cometidos por parte de algunos predicadores como el caso de Baker. No
todo predicador o escritor maneja adecuadamente una verdad tan solemne.
Apéndice IV
¿Qué Poder es Mayor, el Amor o el Pecado?
Lo que
realmente está en juego detrás de esta acusación (que la Ley de Dios no
puede ser guardada) es la superioridad de uno de los dos poderes
representados por Dios y el diablo. El principio de amor ágape como
poder de Dios, es el móvil de acción de cada una de sus criaturas. Por
otro lado, el principio de egoísmo es también el móvil de acción de toda
persona que esta dominada por la influencia de Satanás. En las
Escrituras se le llama a estos dos principios de la siguiente manera: 1-
Principio de amor ágape = “Espíritu de vida en Cristo”.
2-
Principio de egoísmo = “Ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8:2). En su
condición “carnal” no convertida, el hombre es esclavo de la “ley del
pecado” o principio de pecado y enemigo natural de la Ley de Dios (Rom.
7:14,23; 8:7). En esta forma de vida el principio reinante que domina
cada acción es el “pecado que mora en mi” (Rom. 7:17-21). Esta condición
de rebelión es a la que Dios pone fin cuando genera en el hombre
convicción de pecado y produce en él el nuevo nacimiento (Juan 3:3-5).
En la experiencia del nuevo nacimiento producida por el Espíritu Santo
(Juan 3:8 up.) el amor ágape de Dios “que no busca lo suyo” (1 Cor.
13:5) es implantado en el corazón del hombre como poder supremo. Si bien
el principio de pecado no desaparece de la carne, que de hecho sigue
siendo pecaminosa (Juan 3:6; Rom. 7:18), sí es puesto bajo sujeción al
poder o principio de amor de Dios. La superioridad del principio de amor
de Dios o “ley del Espíritu de vida” se debe a que “en Cristo” ya se
demostró más poderoso que el principio de pecado o egoísmo. Esto es lo
que expresa el Apóstol en las magníficas palabras: “Porque la ley del
Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de
la muerte” (Rom. 8:2). En este pasaje el Apóstol expresa una verdad
objetiva e histórica que sucedió “en Cristo”, pero en el pasaje
siguiente nos revela como sucedió: “Lo que era imposible para la Ley,
por cuanto era débil por la carne (por estar habitada y dominada por el
principio de pecado), Dios [lo hizo] enviando a su Hijo en semejanza de
carne pecado, y a causa del pecado en la carne, condenó el pecado en la
carne” (vers. 3). El “pecado en la carne” es el principio de “la Ley del
pecado y de la muerte” que se menciona en el versículo 2. Es mencionado
por Pablo también en el cap. 7 como “el pecado que mora en mi”, “en mi
carne, no mora el bien”, “el mal esta en mi” (Rom. 7:17,18,20,21). En la
vida de Cristo se demostró cuál es el principio más poderoso. Recuerde
que Cristo “fue hecho idóneo para el conflicto por la permanencia del
Espíritu Santo en Él”. Y como el Espíritu Santo era quien reinaba en la
vida de Cristo y sólo el amor ágape fue lo que se manifestó en Él,
debemos entender que la “ley del Espíritu de vida” no es más que el
principio de amor de Dios, que “no busca lo suyo”, es decir, no existe
egoísmo en el amor ágape.
En conformidad con esto nos dice El Camino
a Cristo p. 59:
“El poder que predominaba en la vida de
nuestro Salvador era el amor de Dios y el celo por su gloria. El amor
embellecía y ennoblecía todas sus acciones”.
De la misma manera se dice de sus
seguidores:
“En el corazón regenerado por la gracia
divina, el amor el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna
los impulsos, restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece
los afectos” (Ibíd.).
Cuando el Diablo dice que es imposible
guardar la ley de Dios lo que está diciendo en realidad es que el
principio de pecado o “ley del pecado y de la muerte” que mora en la
carne de cada ser humano es imposible de vencer, que es un monstruo tan
grande que ni Dios puede subyugarle, que el pecado es más fuerte que el
amor. En otras palabras, el poder del pecado no fue vencido por Cristo
realmente. Y si el pecado o egoísmo es más fuerte que el amor ágape de
Dios que “no busca lo suyo” se entiende entonces porque Adán y Eva
cayeron en pecado y por qué desde entonces nadie, absolutamente nadie,
ha podido guardar la Ley de Dios. En fin, hay un problema muy serio,
Dios tiene una Ley defectuosa e imposible de guardar. Él es un
Gobernante absurdo y contradictorio al poner una meta a los seres creado
por Él que es imposible alcanzar. En este contexto es reveladora
la siguiente declaración:
“Desde la caída del hombre, Satanás
declaró que los seres humanos habían demostrado ser incapaces de guardar
la Ley de Dios, y procuró arrastrar a todo el universo en esa creencia.
Las palabras de Satanás parecían verdaderas, y Cristo vino para
desenmascarar al engañador” (White, Mensajes Selectos, tomo I, p. 295).
Apéndice V
¿Cómo
Venció Cristo Toda Cruel Tentación?
Veamos ahora algunas citas del Don
Profético que arrojan luz sobre la manera en la que Cristo venció toda
cruel tentación:
“Con la misma ayuda que puede obtener el
hombre, Él resistió las tentaciones de Satanás así como el hombre debe
resistirla” (Mensajes Selectos, tomo I, p. 295).
“Si Cristo hubiera tenido un poder
especial (no necesariamente el de su divinidad, sino el de una
naturaleza no caída) que el hombre no tiene el privilegio de poseer,
Satanás se hubiera valido de ese argumento” (Ibíd., tomo II, p. 157).
“Como hombre, suplicaba al trono de
Dios hasta que su humanidad quedaba cargada de una corriente celestial
que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión
continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su
experiencia ha de ser la nuestra” (El Deseado de Todas las Gentes, p.
330).
“En su carta relativa a la tentación de
Cristo, Ud. dice: ‘Si Él era uno con Dios, no podía caer”... El punto
acerca del cual Ud. me pregunta es éste: En la gran escena del conflicto
de nuestro Señor en el desierto, aparentemente bajo el poder de Satanás
y sus ángeles, ¿era Él capaz, en su naturaleza humana, de ceder a estas
tentaciones?
"Trataré de responder a esta importante
pregunta: Como Dios que era no podía ser tentado; pero como hombre podía
serlo y con mucha fuerza, y podía ceder a las tentaciones... Su
naturaleza humana era creada; ni aun poseía las facultades de los
ángeles. Era humana idéntica a la nuestra” (Mensajes Selectos, tomo III,
pp. 145-146).
*Nota:
Este material fue escrito en Agosto del año 1998 y ampliado
posteriormente en Marzo del año 2001. Fue revisado una vez más en el
2005. Hemos sumado también comentarios adicionales en las notas de pie
de página con el objetivo de exponer más detalladamente algunas ideas
que esperamos sean esclarecedoras. -
El Autor
Notas y Referencias:
1.
Elena G. White, Manuscrito 67, 1898.
2.
-------, Comentario Bíblico Adventista, tomo 7,
pp. 916, 917.
3.
Douglas, Ministerio Adventista, septiembre -
octubre 1986, p. 27. Hay quienes han señalado a LeRoy E. Froom
de haber sido el que introdujo el concepto de la impecabilidad
de la naturaleza humana de Cristo. Otros observan que esto no
puede ser, porque ya para el año 1949, “antes del dialogo
mantenido con ciertos dirigentes evangélicos a partir de 1955”
Froom sostenía la idea de que en la encarnación, Cristo “no
participaba de la naturaleza de pecado de los demás hombres”, es
decir, Él tuvo una naturaleza humana “exenta de pecado” (Antolín
Diestre Gil, Cuando el Hijo del Hombre Venga, ¿Hallará fe en le
Tierra?, p. 1088). Este mismo autor dice entonces: “Por lo tanto
no cabe el montaje creado por algunos en cuanto a que el motivo
del cambio de posición por Froom sería como consecuencia de esos
contactos con ciertos dirigentes evangélicos”(Ibid). Una cosa es
cierta, el cambio de posición de Froom puede no responder a los
inconvenientes de la década del cincuenta, porque no solo él
sostenía ese punto de vista desde entonces, sino que desde
finales de la década de 1880 y hasta mediados de 1890 los
“mensajeros del Señor” (Waggoner y Jones) habían enfrentado este
tipo de oposición (ver por ejemplo p. 6 de este documento). La
misma Elena de White hizo frente a este cuestionamiento (ver
Mensajes Selectos tomo I, pp. 477-479). Es interesante notar que
la cita que referimos del Espíritu de Profecía está en el
contexto no sólo de 1888, sino en el contexto del rechazo por
parte de Butler y otros dirigentes de la posibilidad de que
Cristo participara de nuestra naturaleza humana caída.
Importa poco que
Froom creyera o no en que Cristo participó de la naturaleza
humana del inmaculado Adán, antes o después de la década de los
cincuenta, pues resulta claro que no fue la primera vez que
alguien se oponía a esta verdad en nuestras filas (véase el
Apéndice II).
4.
Douglas, Ibíd., pp. 20,21.
5.
Gulley, Ibid, p. 8.
6.
Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 27.
7.
Douglas, Ibíd., p. 23.
8.
Jack Sequeira, La Dinámica del Evangelio Eterno,
p.p. 109,110.
9.
Elena White, El Ministerio Médico, p. 181 (en
inglés).
10.
Sequeira, Ibíd., p. 110.
11-
Dupertuis, El Carpintero Divino, p. 107.
12.
Melvill, Sermones por Henry Melvill, p. 47.
Citado por Dupertuis en El Carpintero divino, p. 108. Ver
también Creencias Fundamentales, pp. 54,55.
13.
Dupertuis, Ibíd, p. 108. Elena de White - que
sepamos - no usó la expresión “debilidades inocentes” para
referirse a las debilidades que la naturaleza humana le impuso a
Cristo. Lo que sí encontramos son las siguientes declaraciones:
“Con las debilidades del hombre caído sobre Sí debía resistir
las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales es
atacado el hombre”. ”Estuvo sujeto a las flaquezas y debilidades
que rodean al hombre”. “Fue conmovido por el sentimiento de
nuestras debilidades y fue tentado en todo a nuestra semejanza”
(ver Deseado de Todas las Gentes, p. 91; Mensajes Selectos, tomo
I, p. 299, las cursivas son nuestras). Y por la manera en que
usó la palabra “debilidades hereditarias” en el Deseado de Todas
las Gentes, p. 98 es evidente que se refiere a las debilidades
que le son propias a la naturaleza humana caída, debilidades que
Él compartía con nosotros (ver p.p. 17,18 de este documento).
14.
Elena White, El Deseado de Todas la Gentes p. 87.
En la Review and Herald del 15-12-1896 se nos dice: “Vestido con
la vestimenta de la humanidad, el Hijo de Dios se rebajó al
nivel de aquellos que deseaba salvar. En Él no había engaño o
pecaminosidad; Él era puro y sin profanación, pero así tomó
sobre Él nuestra naturaleza pecaminosa, de modo que pudiera
asociarse con la raza caída”.
15.
-------, Comentario Bíblico Adventista, tomo 7,
p. 938. Esta cita completa dice así: “En Cristo fue unido lo
divino y lo humano - el Creador y la criatura. La naturaleza de
Dios, cuya Ley había sido transgredida, y la naturaleza de Adán
el transgresor, se unieron en Jesús el Hijo del Hombre y el Hijo
de Dios”.
16.
-------, Ibíd, tomo 5, p. 1015.
17.
-------, Manucript Releases, 17:26.
La cita completa dice: “Es un misterio muy
profundo para que la mente humana llegue a comprenderlo.
Cristo en realidad unió la naturaleza ofensiva del hombre a su
propia naturaleza impecable, porque por este acto de
condescendencia, Él sería capaz de verter su sangre en beneficio
de la raza caída”.
18.
-------, The youht’s Instructor, 20-12-1900.
19.
-------, Review and Herald, 31-12-1872.
Ver la revista Ministerio Adventista que ya hemos
citado. Se ha observado que esta lista de referencias de la
manera que aparece aquí tiende a “confundir” al lector, pero es
sólo descriptiva. Y deja entrever verdades que no obviamos
comentar. Y no es verdad que tiende a confundir a nadie. Por
ejemplo, la cita de Youht’s Instructor del 20 de diciembre del
año 1990 también la tenemos a nuestra disposición. La citaremos
más completa y veremos lo que dice: “Pensad en la humillación de
Cristo. Tomó sobre Sí la naturaleza caída y doliente del hombre,
degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores,
llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó las tentaciones
con las que es acosado el hombre. Unió la divinidad con la
humanidad; un espíritu divino moraba en el templo de carne. Se
unió a Sí mismo con el templo [de la humanidad]. ‘Aquel Verbo
fue hecho carne, y habitó entre nosotros’, porque al hacer eso
podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas
de Adán”. Esta cita constituye un comentario a Isa. 53:2,3.
Ahora preguntamos: ¿Dice la cita que Cristo participó de “la
naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada
por el pecado” si o no? Para un buen entendedor “pocas palabras
bastan”.
20.
Douglas, Ibíd., p.p. 20,21.
21.
Sequeira, Ibíd., p. 110.
22.
E. J. Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 27.
23.
-------, Ibíd.
24.
Dupertuis, Ibíd., p.p. 95,96.
25.
-------, Ibíd., p. 96.
26.
-------, Ibíd., p. 94.
27.
Elena White, Mensajes Selectos, tomo 1, p. 74.
28.
-------, El Conflicto de los Siglos, p. 578.
29.
-------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 469.
30.
Dupertuis, Ibíd., p. 100.
31.
-------, Ibíd.
Esta observación se hace con el objetivo de decir que mientras
se hizo un gran bien en aceptar las declaraciones del Espíritu
de Profecía referente a la divinidad de Cristo, se hizo un gran
mal en no aceptar las relacionadas a la naturaleza humana de
Cristo. Dos cosas en torno a esto:
1)
Una de las razones por la que no sucedió lo segundo es porque es
probable que lo que hoy se ve como correcciones del Espíritu de
Profecía no lo son en realidad. Estas supuestas correcciones son
más bien citas claves que, entendidas en su verdadero contexto
no presentan ningún problema.
2)
Elena de White fue movida por Dios para corregir ardientemente
el error - y sabemos que fue pronta en hacerlo en cada caso que
fue necesario -, que presentaba a Jesús como un ser inferior al
Padre. En el segundo caso, el de la naturaleza humana de Cristo,
es posible que los escritores y teólogos de nuestra iglesia
entendieran que ella no hablaba en contra de esa verdad. De
hecho, la cantidad de citas del Espíritu de Profecía
relacionadas a este tema que son sacadas de su contexto
evidencian que muchas cosas que son consideradas “erróneas” no
son más que conjeturas.
32.
George Nigth, From 1888 to Apostasy, p. 144.
33.
Dupertuis, Ibíd., p. 101.
34.
Antolín Diestre Gil en Ibíd., p. 1001 observa que
la “aprobación al tema de la justificación en relación a la
obra del Cristo humano es de tal envergadura que E.
White no ve apropiado resaltar elementos con los que no estaba
de acuerdo, o no ha considerado en primer momento todo el
contenido de cada una de las afirmaciones que Waggoner y Jones
expresaron... lo que Waggoner y Jones propusieron, contenía
elementos tan preciosos y profundos sobre la temática de la
justificación y la persona de Jesucristo, que lo que pudiera
incluir de inadecuado, no es considerado por Ellen White de
suficiente valor como para reseñarlo junto a su exposición
positiva global. Haberlo hecho en ese momento hubiera podido
suponer una confusión de tal alcance que podía restar eficacia
al conjunto del mensaje impartido” (las negritas están en el
original). Por este razonamiento se opone al “silencio o a la
ausencia de algo contrario en un momento determinado”. De igual
manera, él señala la forma en la que Elena White trató en sus
comentarios a Martín Lutero y a Willian Miller. Ella no reseñó
nada negativo de sus puntos de vistas bíblicos incorrectos.
Pero resulta difícil creer que por que la Hna.
White no mencionó nada negativo de las conclusiones teológicas
de Lutero y Miller en sus escritos deba llevarnos a nosotros a
creer que lo mismo le impulsó a actuar en relación con los
“mensajeros del Señor”. Pensar que Elena de White pudo oír algún
error en las predicaciones de los Mensajeros del Señor
relacionadas a la cristología o la soteriología, y al mismo
tiempo callar la corrección para no crear “una confusión de tal
alcance” que afectara la verdad que ellos tenían, es ingenuo. ¿Por
qué? Porque la historia nos enseña precisamente lo contrario. En
una ocasión cuando A. T. Jones presentó un tema sobre la fe, en
la que hizo un enfoque que ella consideró un poco fuera de lugar,
o que podía ser mal comprendido, le escribió haciendo la
observación de lugar. Sin embargo, esa misma corrección no
significó que ella se oponía al mensaje de él, sino más bien fue
un consejo para que al presentar el mensaje no fuera a decir
cosas que pudieran interpretarse mal por quienes escucharan.
Si la Hna. White era tan dispuesta a corregir lo
que ella entendía erróneo, el hecho de que no haya
reaccionado ante el entendimiento y predicación de Waggoner y
Jones sobre la naturaleza humana de Cristo no es un asunto de
poca importancia.
Si algunos se
asombran de ver hasta qué punto pueden llegar algunos en procura
de defender sus posiciones, nosotros nos asombramos de igual
manera al observar los argumentos que son capaces de esgrimir
otros teólogos en el afán por demoler lo que ellos no consideran
como verdad. Nos parece extraño que alguien pueda concebir a un
mensaje como estando cargado de “elementos tan preciosos y
profundos sobre la temática de la justificación y la persona de
Jesucristo” y al mismo tiempo pueda estar enseñando una doctrina
que hace a Cristo un pecador como lo somos nosotros, con
necesidad de un Salvador. ¿Y que Elena de white escuchara esto y
no protestara? No podemos aceptar este tipo de razonamiento (ver
Apéndice III).
35.
Elena de White, Mensajes Selectos, tomo I p. 465;
Testimonios para los Ministros, pp. 91,92.
36.
Elena de White se expresó así en el contexto del
mensaje de 1888: “La falta de voluntad para renunciar a
opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad fue la principal
base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el
mensaje del Señor expuesto por los hermanos Waggoner y Jones.
Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que
fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder del
Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les
impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido
suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la
proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz
que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y en gran
medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de
nuestros propios hermanos” (Carta 96, 1896).
37.
-------, Comentario Bíblico Adventista tomo 7-A,
p. 246.
38.
-------, Testimonios, tomo IV, p. 235. El énfasis
es nuestro. Esta cita demuestra que Cristo tuvo que “controlar”
este tipo de “propensiones”. Es la razón por la que se nos dice
que nosotros debemos hacerlo también o “no venceremos como
Cristo venció”.
39.
-------, Ibíd., tomo III, p. 491.
40.
-------, Testimonios para los Ministros, p.p.
171,172.
41.
-------, Messages to Young People, p. 42.
42.
-------, Testimonios, tomo III, p. 491.
43.
-------, Ibíd., tomo V, p. 204.
44.
-------, Counsels on Diet and Foods, p. 389.
45.
-------, Testimonios, tomo III, p. 491.
46.
-------, Hechos de los Apóstoles, p. 259.
47.
-------, Testimonios, tomo III, 259.
48.
-------, Patriarcas y Profetas, p. 45.
49.
-------, Testimonios tomo III, p. 84.
50.
-------, Ibíd., p. 115.
51.
-------, In Heavenly Places, p. 155.
El énfasis es nuestro.
El mismo Comentario Bíblico Adventista reconoce:
“Aquí radica el insondable misterio de la perfecta vida de
nuestro Salvador. La naturaleza humana fue conducida por primera
vez a la victoria sobre su tendencia natural al pecado,...” (Tomo
VII, p. 441).
52.
-------, Review and Herald, 2-10-1885.
53.
-------, Testimonios, tomo III, p. 202.
54.
-------, Ibíd., p. 509.
55.
-------, Carta 8, 1895.
56.
Véase Ralph Larson The Word was Made Flesh.
57.
Atilio René Dupertuis, De Egipto a Canaán, el
Evangelio en el Éxodo, p. 57.
58.
Elena White, El Deseado de Todas las Gentes, p.
32. La cursiva es nuestra.
59.
Esta declaración (“al que no conocía pecado [Dios]
lo hizo pecado” - 2 Cor. 5:21) del apóstol Pablo ha sido usada
para señalar que no tiene que ver nada con el tipo de naturaleza
humana que Cristo asumió en la encarnación. Es vista solamente
como una declaración de que Cristo cargó vicariamente el pecado
de todos nosotros. Sin embargo, preguntamos: Cuándo el pasaje
termina diciendo “para que nosotros fuésemos justicia de Dios en
Él” ¿está o no hablando de una identificación real del cristiano
con Cristo? ¿Desde qué perspectiva es que somos hechos “justicia
de Dios en Él”?. ¿Sólo desde el punto de vista objetivo? ¡No!,
la “justicia de Dios” que somos hechos es aquella misma justicia
que nos transforma en nuevas criaturas, y hace de nosotros
personas obedientes a la Ley de Dios (2 Cor. 5:17; Rom. 3:31).
El Deseado de Todas las Gentes
en la p. 509 dice: “La justicia de Cristo no es un manto para
cubrir pecados que no han sido confesados ni perdonados; es un
principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta”.
La justicia de Dios tiene una connotación objetiva y una
subjetiva. De igual manera, la expresión “fue hecho pecado”
tiene dos connotaciones o aplicaciones. Esto se hace evidente al
estudiar la historia, pues ella nos revela que en el transcurso
del tiempo han habido en la iglesia cristiana diferentes
posiciones en torno al significado real de la declaración de
Pablo “fue hecho pecado”. Una sostiene que fue “hecho pecado” en
el sentido de que fue hecho “Víctima por el pecado” o
“sacrificio por el pecado”, y otra que sostiene que “fue hecho
pecado” en la encarnación, como una alusión a que Él en realidad
tomó sobre Sí nuestra naturaleza humana pecaminosa corporal. Él
“llegó a ser” nosotros por así decirlo. De hecho, Elena de White
hace ambas aplicaciones. Veamos:
Hecho “Pecado” en la Encarnación:
“A fin de elevar el hombre caído, Cristo debía
alcanzarlo donde estaba. Él tomó | |