Dios Envió a su Hijo Nacido de Mujer

 

(2da. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 
Algunas Consideraciones
Otra cita que merece nuestra atención es la siguiente:
 
“Jesucristo tomó sobre sí nuestras debilidades, pero se mantuvo libre de la corrupción hereditaria y de la depravación y práctica del pecado”.57
 
Esta cita es tomada del libro las 27 Creencias Fundamentales y usada para probar que Cristo en la encarnación no pudo participar de la naturaleza humana caída como nosotros la conocemos. También se sostiene curiosamente que es una cita del Don Profético, pero en realidad no lo es. Sin embargo, aceptemos que la cita es del Espíritu de Profecía, cómo la entendemos entonces a la luz de esta otra:
 
“Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuales eran aquellos efectos. Más El vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos un ejemplo de una vida sin pecado”.58
 
Es evidente que las dos citas no pueden ser de la misma autora porque no hay similitud alguna en las ideas contenidas, pues mientras la primera puede afirmar que Cristo se “mantuvo libre de la corrupción hereditaria”, la segunda puede decir claramente que “como cualquier hijo de Adán [Cristo] aceptó los efectos de la gran ley de la herencia”, y luego señala categóricamente que Él “vino con una herencia tal”. Note algo muy interesante. Mientras se quiere alejar a Cristo de haber participado de “una herencia tal”, la cita en cuestión dice que fue Él mismo que “aceptó los efectos de la gran ley de la herencia”. Él nos ha otorgado una gran bendición espiritual dándose a El mismo. ¿Y lo queremos alejar de nosotros por la sencilla razón de que no logramos entender como pudo la Santidad infinita llegar a ser carne? Creo que debemos aceptar ya la gran verdad de que al que no conocía pecado “Dios lo hizo pecado por nosotros”.59 También deberíamos dejar de ocultarnos detrás de tantos razonamientos teológicos, razonamientos que, lejos de ayudarnos a establecernos en la verdad están disecando la preciosa verdad de Jesucristo “hecho carne”.
Existe otra cita que es usada para decir que Jesús no vino en naturaleza humana caída. Es la siguiente: “No debiéramos albergar dudas en cuanto a la perfecta impecabilidad de la naturaleza humana de Cristo”.60 Pero al leer la cita completa descubrimos lo siguiente:
 
“Al tomar sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo más mínimo de su pecado. Estuvo sometido a las debilidades y flaquezas que está rodeado el hombre... Él se compadece de nuestras debilidades, y en todo fue tentado como nosotros, ‘pero sin pecado’...  si Satanás pudiese haber tentado a Cristo para que pecara en lo más mínimo hubiera herido la cabeza del Salvador... si la cabeza de Cristo hubiera sido herida, habría perecido la esperanza de la raza humana. La ira divina habría descendido sobre Cristo como descendió sobre Adán. Cristo y la iglesia habrían quedado sin esperanza”.
 
Ahora analicemos esta cita para ver qué significa la expresión “no participó de su pecado en lo más mínimo” y cómo fue que Cristo “tomó sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída”. Se sugiere que la declaración de que “no participó de su pecado” plantea la paradoja de que Cristo cuando asumió la naturaleza humana “en su condición caída” no “participó de todo el pecado que toda naturaleza humana contiene”.61 Sin embargo, necesitamos considerar algunas cosas de importancia en la misma cita. Veamos:
 
1- La expresión “no participó de su pecado” está determinada por el contexto inmediato. Y parte de ese contexto nos revela que Jesús “fue tentado en todo como nosotros, ‘pero sin pecado’”. Otra declaración que le sigue es: “Si Satanás pudiese haber tentado a Cristo para que pecara en lo más mínimo hubiera herido la cabeza del Salvador”. Así que, el contexto determina que la expresión “no participó de su pecado” no puede significar otra cosa que no sea que Cristo aunque fue tentado “en todo como nosotros”, no cedió al pecado.
 
2- La idea anterior se ve reforzada por la siguiente declaración: “Si la cabeza de Cristo hubiera sido herida, habría perecido la esperanza de la raza humana”. Esto queda remarcado por las siguientes declaraciones: “Estuvo sometido a las debilidades y flaquezas que está rodeado el hombre”. Y aun más: “El se compadece de nuestras debilidades...”. ¡Cómo no se compadecerá de nuestras debilidades si estuvo sometido a ellas y las enfrentó cuerpo a cuerpo, y las venció! Esta es la razón por la que Él puede “compadecerse” de nosotros. Y como Cristo fue tentado en todo como lo somos nosotros y no cedió a la tentación, es que se nos amonesta a tener una “fe inteligente que mire a Jesús en perfecta confianza, con fe plena y completa en el sacrificio expiatorio”.
 
3- La declaración “al tomar sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participo de su pecado en lo más mínimo”, por el contexto en el que se encuentra, es sinónimo de la siguiente declaración: “Él fue tentado en todo igual que nosotros pero sin pecado” (Heb. 4:17 RVR). “Sin pecado” en este pasaje significa que Cristo no cedió a las tentaciones que le acosaron. Y no puede separarse de “tentado en todo”. De igual manera, la declaración “no participó de su pecado” esta determinada por el contexto y no puede separarse antojadizamente de las demás declaraciones de la cita.
 
4- Una prueba adicional de esto se comprueba al leer el capítulo “Tentado en todo” en el libro Mensajes Selectos tomo I, p.p. 295-300. Si hay algo que se remarca allí es lo siguiente: A) Cristo en su humanidad “en su condición deteriorada”, en su “condición caída” (p.p. 296, 299) estaba desmintiendo las acusaciones del Diablo de que es imposible para el hombre guardar la Ley de Dios. B) Al tomar la naturaleza humana Cristo “fue hecho idóneo para comprender las pruebas y dolores del hombre y todas las tentaciones con las que es acosado” (p. 295). Además, fue “tentado en todo punto como nosotros para que pudiera saber como socorrer a los que son tentados” (p.295). C) “Cristo tomó la parte de cada ser humano” (p.p. 295,296). D) “Se inclinó tan bajo sin perder un átomo de dignidad” (p. 296). E) “No hubo una gota de nuestra amarga pena que Él no probara, ninguna parte de nuestra maldición que Él no soportara” (p. 296).   F) “Contempladlo haciendo suyas las necesidades, las pruebas, los dolores y los sufrimientos de los hombres pecaminosos” (p. 297). G) “Cristo quedó inconmovible. Sintió la fuerza de la tentación, (de las ‘cosas terrenales’, ‘las atracciones mundanales’, ‘el resplandor y el oropel del mundo’ p. 298) pero le “hizo frente por nosotros y la venció” (p. 298).
 
Es en este amplio contexto de declaraciones que testifican que Cristo fue tentado “en todos los puntos como nosotros” que aparece la cita en cuestión y es todo este contexto que nos puede revelar cuál es el significado real de que Cristo “no conoció pecado en lo más mínimo”.62
Nosotros nos preguntamos hasta donde se puede llegar con el objetivo de no reconocer una enseñanza que aunque “horroriza” a muchos, ha traído gozo y consuelo en la hora de necesidad a tantos cristianos. Y nos asombra observar como se quiere ignorar el sentido llano y obvio de algunas declaraciones. Y si estas declaraciones no nos aclaran el sentido obvio del pasaje, ¿qué es hacer entonces una buena exégesis del mismo?
A esta altura resultan interesantes las siguientes declaraciones:
 
“Caemos en muchos errores en nuestras conclusiones debido a nuestros falsos conceptos de la naturaleza humana de nuestro Señor. Cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es posible que tenga el hombre en su conflicto con Satanás, destruimos la integridad de su humanidad” (otros traducen “la plenitud de su humanidad”).63
 
“Me han llegado cartas en la que se afirma que Cristo no pudo tener la misma naturaleza del hombre, pues si la hubiera tenido habría caído en tentaciones similares. Si Cristo no hubiera tenido la naturaleza humana del hombre, no podría ser nuestro Ejemplo. Si no participó de nuestra naturaleza, no podía haber sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no le hubiera sido posible rendirse ante la tentación, no podría ser nuestro Ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo viniera a reñir las batallas como hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad puede copiar al Modelo; puede llegar a ser participante de la naturaleza divina”.64
 
Consideraciones Adicionales
Veamos ahora otro argumento que merece nuestra consideración. Se sostiene que “Jesús no vino para probar que Abrahán, Moisés, Pedro o alguno de nosotros podría vivir sin pecado; pero sí para probar que Adán habría podido rendir obediencia perfecta en todo momento”.65 Este razonamiento se pretende apoyar con esta cita del Espíritu de Profecía: “Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios era injusta, y no podía ser acatada. En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán”.66 Entonces se continúa argumentado: “Es a nivel de Adán donde se perdió la batalla, donde se introdujo la condenación y la ruina, y a ese nivel debía obtenerse la victoria y lograrse la redención de la raza caída”.67
Aquí aparece nuevamente el problema de textos citados de manera incompleta. Pero como podemos acudir a las fuentes no es difícil ver que fue lo que quiso decir el Espíritu de Profecía cuando expresó que Cristo se encontraba “en la posición de Adán”.
Después que se menciona que Satanás “había señalado el pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios... no podía ser acatada”, se dice:
 
“Para Cristo como para la santa pareja del Edén, el apetito fue la primera gran tentación. Precisamente donde empezó la ruina, debe empezar la obra de nuestra restauración. Así como por complacer el apetito Adán cayó, por sobreponerse al apetito Cristo debía vencer”.68
 
Como se notará, el párrafo no hace alusión a la naturaleza humana de Cristo. Así, la expresión “en la posición de Adán” no significa que Jesús vino en la misma naturaleza humana que Adán tenía antes de caer en el pecado, sino que señala la situación y “posición” en la que Cristo se encontró cuando fue puesto a prueba con la tentación del apetito. Ahí cayó Adán y ahí mismo, con la misma prueba, la misma tentación, Cristo fue confrontado y salió vencedor. Lo que constituyó para Adán la prueba que trajo el pecado y la maldición a este mundo, fue lo que Cristo tomó como el medio para “resarcir” ese fracaso.
El siguiente párrafo aclara mejor el asunto:
 
“Cristo ocupó el lugar de Adán en el desierto de la tentación, para soportar la prueba en que este fracasó... En favor de la raza y con las debilidades del hombre caído sobre Sí debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales es atacado el hombre”.69
 
Remarquemos algunas ideas importantes que contiene este párrafo:
 
a-   “El lugar de Adán” lo ocupó Cristo “en el desierto de la tentación”.
b-   “Con las debilidades del hombre caído sobre Sí” Cristo venció la prueba.
c-    Resistió las “tentaciones de Satanás en todos los puntos”.
d-   Estas tentaciones atacan a todo hombre por igual, así que no sólo por Adán debía Cristo vencer y demostrar que se puede obedecer plenamente, sino también por nosotros que somos débiles. Esta es la razón por la que se nos dice que “las seducciones que Cristo resistió son las mismas que nosotros encontramos tan difícil de vencer”.70
 
Algo que aparentemente (¿o voluntariamente?) se ignora es que Satanás no sólo señala el “pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios” no puede “ser acatada”, él también señala el fracaso de los hijos de Adán (véase el Apéndice IV).
 
“Satanás declaró que era imposible para los hijos e hijas de Adán guardar la Ley de Dios, y así agravó a Dios con falta de sabiduría y amor. Si no podían guardar la Ley, entonces la falta estaba en el Dador de la Ley”.71
 
Nótese que no es sólo “al nivel de Adán” el problema, sino también al nivel de los “hijos e hijas” de él. Observe ahora como dice el Espíritu de Profecía:
 
“Los hombres que están bajo el control de Satanás repiten estas acusaciones contra Dios, en asegurar que el hombre no puede guardar la Ley de Dios. Jesús se humilló a Sí mismo vistiendo su divinidad con [la] humanidad..., y mostró la mentira de los cargos de Satanás”.72
 
Satanás el ángel caído, había declarado que ningún hombre podía guardar la Ley de Dios después de la desobediencia de Adán. Y afirmaba que la raza humana estaba en su dominio”.73
 
“(Cristo) vino a este mundo a mantener un carácter puro e impecable, y [a] refutar la mentira de Satanás de que es imposible que los seres humanos guardaran la Ley de Dios. Cristo vino a vivir la Ley de Dios en su carácter, exactamente de la misma manera en que todos pueden cumplirla en la naturaleza humana si hacen lo que Cristo hizo”.74
 
Si Cristo hubiera vencido en una naturaleza humana como la de Adán antes de la caída sólo habría contestado o desmentido a medias las acusaciones de Satanás. Meditemos en la siguiente cita:
 
“Cristo redimió la desdichada caída de Adán, y ha perfeccionado un carácter de completa obediencia, y ha dejado un ejemplo a la familia humana para que imite el Modelo”.75
 
Así, el Hijo de Dios no solamente venció donde Adán fracasó, sino que también dejó “un ejemplo a la familia humana” para que pueda imitarle y vencer las sugestiones del enemigo. Desde esta perspectiva no es razonable ni válido el argumento de que “es al nivel de Adán que se perdió la batalla,... y a ese nivel debía obtenerse la victoria”.
Este razonamiento nos lleva a analizar una cita del Espíritu de Profecía que consideramos concluyente en el análisis de este importante tema y que más que cualquier otra nos revela el asombroso misterio y la infinita condescendencia del Hijo de Dios al dejar su gloria celestial y tomar sobre Sí nuestra naturaleza humana caída.
 
“En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confíen en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, el Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamos puestos en desventajas en el conflicto con Satanás. No quiere que nos intimiden y desalienten los asaltos de la Serpiente. ‘Ten buen ánimo - dice -; yo he vencido el mundo’”.76
 
Consideremos ahora algunos detalles de esta cita: 1)- “En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída”. Nótese que dice “en nuestra propia fortaleza”. De otra manera no es imposible. 2)- “Por su medio (las ´debilidades hereditarias´ propias de la naturaleza caída), Satanás nos presentará tentaciones”. 3)- “Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confíen en Dios“. Se puede notar que la expresión “debilidades hereditarias” está conectada a nuestra “naturaleza caída”. Es que lo primero es consecuencia de lo segundo. 4)- No es la voluntad de Dios “que seamos puestos en desventajas en el conflicto con Satanás”. Esta declaración demuestra que Cristo “no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre hizo frente a la tentación y venció en la fuerza que Dios le daba”.77 Cristo venció como es nuestro privilegio hacerlo. 5)- Jesús recorrió “el terreno que el hombre debe recorrer” y “ha preparado el camino para que venzamos” como Él venció. 6)- El uso de la palabra “mundo” es interesante en esta cita. Y el contexto en el que aparece (aunque quiera negarse por algunos eruditos) deja entrever que fue usada en el sentido que el apóstol Juan le dio en 1 Juan 2:16.
Entonces, es evidente que Cristo experimentó “las debilidades hereditarias” que le son propias a todos los hombres en su “naturaleza caída”. En efecto, esto es lo que nos revela la inspiración:
 
“Como cualquier hijo de Adán aceptó los efectos de la gran ley de la herencia”.78
 
“Estuvo sujeto a las flaquezas y debilidades que rodean al hombre”.79
 
“Fue conmovido por el sentimiento de nuestras debilidades y fue tentado en todo a nuestra semejanza. Y sin embargo no conoció pecado”.80
 
En favor de la raza y con las debilidades del hombre caído sobre Sí debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales es atacado el hombre”.81
 
Según vimos en la cita en cuestión, las “debilidades hereditarias” son consecuencias de tener una “naturaleza caída”. Y  a pesar de que a nosotros nos es tan difícil vencer, pues “desconfiamos” de Dios, Cristo “recorrió el terreno” y venció en nuestro favor. ¡Oh! que maravilloso Salvador tenemos. Y ahora nos dice que como Él “fue conmovido por el sentimiento de nuestras debilidades” no quiere que “nos intimiden ni desalienten los asaltos de la Serpiente. ‘Ten buen ánimo - dice -; yo he vencido el mundo” (véase el Apéndice V).
 
Conclusión
Al concluir este importante tema esperamos que lo expuesto sea motivo de reflexión, estudio y detenido análisis. Sabiendo además que no son las últimas palabras que se escriben sobre este profundo tema. Confesamos que el tiempo y el continuo estudio del mismo nos motivó a transcribirlo y adaptarle algunos comentarios al pie de página y en los apéndices que ahora aparecen del II en adelante.
El tiempo que nos separa de la segunda venida de Cristo ya no es mucho, pero si nuestro tierno y amante Salvador nos permite vivir hasta entonces y las condiciones se dan, es probable que volvamos a escribir sobre esta importante verdad que “es todo para nosotros”.
Con todo, damos gracias a Dios por su amor e infinita condescendencia al convertirse en hombre y compartir con nosotros la triste suerte humana. Ojalá podamos luego compartir con Él por la eternidad ese mundo nuevo que Él ganó para nosotros.
Cuando el “señorío primero” nos sea devuelto y podamos ver “su rostro” (Apoc. 22:4), entonces descubriremos cuanto le costó realmente a nuestro Dios hacerse pobre para que nosotros pudiéramos ser hechos ricos. Sólo allí será abierta nuestra mente y podremos entender más plenamente el significado de la declaración bíblica: “Dios envió a su Hijo nacido de mujer”.
 
 Apéndice I 
La Razón Principal por la que “Dios Envió a su Hijo Nacido de Mujer”
Actualmente se dan tres razones que pretenden dar respuesta a la interrogante ¿Cuál fue la razón principal por la que Cristo fue hecho carne? Como se ha reconocido, la respuesta que se le dé a esta pregunta será el punto de partida para un correcto o confuso “entendimiento de la Cristología”. Estas tres razones son:
 
1)- Para probar que la Ley de Dios puede ser guardada por el hombre. Esta primera propuesta se encuentra con una dificultad: No puede verificarse explícitamente con las Escrituras. “Naturalmente, el hecho de que Cristo guardó perfectamente la Ley en su humanidad, probó que el hombre, controlado por Espíritu Santo puede satisfacer completamente las demandas de la Ley. Pero la Biblia no enseña que esta es la razón principal por la que Cristo se hizo hombre” (Sequeira, La Dinámica del Evangelio Eterno, p. 108).
 
2)- Para poder se nuestro Ejemplo. “Mientras que la Biblia sí muestra a Cristo como nuestro Ejemplo, lo hace solamente con referencia a los creyentes que han aceptado a Cristo por fe y han tenido la experiencia del nuevo nacimiento (1 Ped. 2:21; Fil. 2:5-8). Pero las Escrituras no enseñan que esta es la razón principal por la que Cristo tomó nuestra naturaleza humana. Aquellos que enfatizan que Cristo es nuestro ejemplo sin antes presentarlo como nuestro Salvador, dan la impresión de estar enseñando la teoría del ejemplo de expiación (miren como se hace!), por lo cual son acusados frecuentemente de [enseñar] la herejía del perfeccionismo o legalismo...” (Ibíd.).
 
En torno a esta posición debemos decir que son muchos los casos que se pueden mencionar, pues en una gran cantidad de libros, folletos y revistas se encuentra un fuerte énfasis sobre Cristo como nuestro Ejemplo. Y peor aún, se da la impresión de estar promoviendo la idea (quizás inconscientemente) de que la salvación se logra por imitar a Cristo y no por recibirlo por la fe. Ciertamente la salvación no es por imitación, es por la gracia de Dios. Es un don gratuito en Cristo (1 Juan 5:11,12; Hech. 15:11).
 
El Espíritu de Profecía, en el contexto de 1888 nos dice: “Presento delante de vosotros al Hombre: Cristo Jesús. Debéis conocerlo individualmente como nuestro Salvador antes que podáis estudiarlo como Modelo y Ejemplo” (White, Mensajes Selectos, tomo III, p. 192. La cursiva es nuestra).
 
Con relación a esto se hace este perspicaz comentario: “Dios no nos da a su Hijo para que podamos copiarlo o imitarlo (con el fin de obtener la salvación), sino para que lo podamos recibir en nosotros con todo el corazón (Juan 3:16).
 
“Es sólo cuando nos rendimos totalmente a Él, quien nos amó y se dio a Él por nosotros, que nuestras vidas pueden llegar a ser agradables a Dios (Juan 15:1-8). Debemos entender claramente que Dios no nos está mirando para ver qué tan buenos somos o qué tan duro estamos tratando de guardar su Ley. ¡No! Hay sólo una cosa que Dios busca en cada creyente - y es cuanto de su Hijo Él ve en nosotros” (Sequeira, Ibíd., p. 51).
 
“El secreto está en que la salvación es por la gracia de Dios, no es por imitación; este no es el método. Es por lo que el Señor hizo, no por lo que nosotros hacemos” (Dupertuis, En Paz con Dios, p. 98).
 
Esta es la razón por la que Pablo dijo: “... por la justicia de uno (Jesús) vino la justificación que produce vida... por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos” (Rom. 5:18,19).
 
3)- Para poder redimir a la humanidad del pecado. Esta es la razón que las Escrituras presentan como la causa principal por la que Cristo se hizo humano (véase Mat. 1:21; Gál. 4:4,5; Heb. 2:14-17). “En el centro de la doctrina de la Cristología, está la gloriosa verdad de que Cristo asumió la humanidad para que Él pudiera ser el Salvador del mundo. Y solamente, para aquellos que primero lo aceptan como salvador Él llega a ser un Ejemplo” (Sequeira, Ibíd., p. 108).
 
Esta es la misma verdad que estaba en el centro del “precioso mensaje” de 1888. Veamos como lo expresó Waggoner:
 
“Cristo tomó sobre Sí mismo la semejanza del hombre, para que pudiera redimir al hombre” (Cristo y su Justicia, p. 25).
 
A.    T. Jones expresó esta misma verdad de la siguiente manera:
 
“Por lo tanto vemos a Jesús como el hombre es desde que pecó; y no como el hombre era antes de la entrada del pecado. Y esto lo hizo para que pudiera ‘gustar la muerte por todo hombre’. Al hacerse hombre, debía llegar hasta el hombre donde el hombre está” (El Camino Consagrado a la Perfección Cristiana, pp. 21-22).
 
De igual manera, en total acuerdo con esta idea Elena de White expresó: “Es un misterio muy profundo para la mente humana llegar a comprenderlo. Cristo en realidad unió la naturaleza ofensiva del hombre a su propia naturaleza impecable, porque por este acto de condescendencia, Él sería capaz de verter su sangre en beneficio de la raza caída” (Manucript Releases, 17:26).
 
Quiera Dios ayudarnos a tener un entendimiento equilibrado de esta preciosa verdad. Y que esto no sea sino el preámbulo del estudio que realizaremos por toda la eternidad sin llegar a agotar la fuente de donde procede. 
 
Apéndice II
 
“Nacido Bajo la Ley”
Ya para el 10 de Febrero  del año de 1887 E. J. Waggoner escribió a Butler, presidente de la Asociación General la siguiente carta:
 
Lea Romanos 8:3 y comprenderá la naturaleza de la carne de la que fue hecho el Verbo:...
 
“Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. Cristo nació en semejanza de carne de pecado [se citan Fil. 2:5-7 y Heb. 2:9]...
 
Esos textos muestran que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre, y como consecuencia, estaba sujeto a la muerte. Vino al mundo con el propósito de morir, de tal manera que desde el principio de su vida en esta tierra se halló en la misma condición de aquellos a quienes vino a salvar con su muerte. Ahora lea Romanos 1:3: “Acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne”. ¿Cómo era la naturaleza de David “según la carne”? Pecaminosa, ¿no le parece? Dice David: “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). No se horrorice, no estoy implicando que Cristo fuese pecador... [se cita Heb. 2:16 y 17].
 
El ser semejante en todo a los hermanos [de Heb. 2:17] es lo mismo que “en semejanza de carne de pecado”, “hecho semejante a los hombres” [Fil. 2:7]. Una de las cosas más animadoras de la Biblia es el conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre;... que sus antepasados según la carne eran pecadores. Cuando leemos los registros de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos que tenían todas las debilidades y pasiones que nosotros tenemos, comprendemos que nadie tiene derecho a excusar sus actos pecaminosos evocando el factor hereditario. Si Cristo no hubiese sido hecho en todo semejante a los hermanos, entonces su vida sin pecado no sería motivo de ánimo para nosotros. Podríamos mirarle con admiración, pero sería el tipo de admiración que produce desánimo y desesperanza... [se cita 2 Cor. 5:2].
 
Ahora, ¿cuándo fue hecho Jesús pecado por nosotros? Tiene que haber sido cuando fue hecho carne, y comenzó a sufrir las tentaciones y enfermedades consustanciales a la carne pecaminosa. Pasó por cada fase de la experiencia humana, siendo “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” [Heb. 4:15]. Fue “varón de dolores, experimentado en quebranto”. “Llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” [Isa. 53:3,4]; y según Mateo, esa Escritura se cumplió mucho antes de la crucifixión. De manera que afirmo que su nacer bajo la Ley es una consecuencia necesaria de su nacimiento en semejanza de carne de pecado, de haber tomado sobre sí la naturaleza de Abrahán. Fue hecho como el hombre, a fin de poder pasar por el sufrimiento de la muerte. La cruz estuvo siempre ante Él desde su tierna infancia.
 
Usted dice: “En cuanto a que él tomó voluntariamente sobre sí los pecados del mundo en su gran sacrificio sobre la cruz, lo admitimos [los líderes de la Asociación General y la Review and Herald]; pero él no nació bajo su condenación. De Él, que fue puro, que no cometió un solo pecado en toda su vida, el decir que nació bajo la condenación de la Ley, sería una manifiesta perversión de la sana teología” [Butler, The Law in Galatians, p. 58].
 
Puede que sea una perversión de la teología, pero armoniza exactamente con la Biblia, que es lo importante...
 
Se muestra sorprendido de la idea de que Jesús fue nacido bajo la condenación de la Ley, dado que jamás en su vida cometió pecado. Sin embargo admite que en la cruz estuvo bajo la condenación de la Ley. ¡Vaya!, ¿Resulta que entonces sí cometió pecado? De ninguna manera. Bien, pues si Jesús pudo estar bajo la condenación de la Ley en algún momento en su vida, sin pecar por ello, no veo razón por la cual no lo pudiese estar en otro momento, y seguir sin pecado...
 
Sencillamente, no puedo entender cómo pudo Dios manifestarse en la carne, y en semejanza de carne de pecado... Simplemente acepto la declaración de las Escrituras de que sólo así pudo venir a ser el Salvador del hombre; y me gozo en saber que así sea, porque es gracias a que Él fue hecho pecado, que yo puedo ser hecho justicia de Dios en él” (The Gospel in Galatians, 1888, págs. 60-62).
 
Apéndice III
 
El Análisis Confiable
Hay ciertos razonamientos que se hacen a partir de algunas citas de Elena White, que no negamos se hagan en un esfuerzo por llegar a un mejor entendimiento sobre la naturaleza humana de Cristo. Hacer un análisis lingüístico de algunas citas del Espíritu de Profecía relacionadas a la naturaleza humana de Cristo, es algo que pocos autores adventistas han hecho. Por ejemplo, esta tentativa no es común entre los escritores que toman la posición de que Cristo participó de la inmaculada naturaleza de Adán. Una evidencia de ello es, que para hacer frente a las citas de Elena de White que hablan que Jesús participó de la naturaleza “caída” y “degradada” que es común a todos los hombres, se recurre a las gastadas citas de que Él no tenía “propensiones al pecado” ni “propensión al mal” (vea el análisis que hacemos de esta palabra en la p.p. 9-11). Es muy fácil tratar de eliminar la fuerza de una cita contrarrestándola con otras sin explicar las primeras. Uno de los pocos autores que ha hecho un esfuerzo por explicar satisfactoriamente cada cita de Elena de White sin importar la posición es Antolín Diestre Gil, en su obra ya citada anteriormente. Sin embargo, desde el mismo principio de su análisis cualquiera puede darse cuenta de que lado está en la contienda. Y más aun, aunque usa hasta la “saciedad” el argumento de que Cristo no tenía “propensiones al mal” analiza sólo parcialmente los diferentes usos que la Hna. White hace de esta palabra en sus escritos. Otra cosa es que aunque condena el uso de citas “recortadas” hace lo mismo en algunas ocasiones.
Pero bien, lo que queremos hacer aquí es descubrir por lo menos en un ejemplo, que algunas conclusiones que se obtienen, bien pueden estar basadas en un análisis lingüístico de una cita, y estar equivocadas porque pasan por alto el contexto histórico en el que se escribieron, ignorando también la razón por la que se expresaron.
Un caso que queremos mencionar es el de la carta a Baker. Si utilizamos el contenido de esta carta para contrarrestar la posición de que Cristo tomó sobre su naturaleza divina nuestra naturaleza humana pecaminosa, estamos ignorando que “poco tiempo antes de que fuese escrita la carta a Baker” el Hno. W.W. Prescott había estado “predicando con claridad en las reuniones campestre de Armadale, en octubre, reuniones a las [que] Elena White asistió. Su comprensión (la de Prescott) sobre la naturaleza humana de Cristo era virtualmente idéntica a la de Waggoner y Jones”.
Hay evidencia de que ella estaba entusiasmada por los sermones que Prescott predicó, pues pudo decir:
 
“Se predicó a Cristo en cada sermón,...”
 
 “Se separó el error de la verdad...”
 
“El Señor está trabajando por medio de sus siervos, quienes proclaman la verdad, y ha dado al hermano Prescott un mensaje especial para el pueblo. Labios humanos pronuncian la verdad en demostración del Espíritu y poder de Dios” (Review and Herald, 7-1-1896, las cursivas son nuestras).
 
“Prescott nuca había tenido un poder tal al predicar la verdad” (Carta W 32, 1895, la cursiva es nuestra).
 
“El Señor le ha dotado con su Espíritu Santo y la verdad está siendo derramada de sus labios en ricas corrientes” (Manuscript Realeases Vol. 21, p. 388, la cursiva es nuestra).
 
“Sus palabras son pronunciadas en demostración del Espíritu y con poder, con el rostro iluminado por la luz celestial. La presencia del Señor está día tras día en nuestras reuniones” (Manuscrito 19, 1895, la cursiva es nuestra).
 
“La verdad procedió de sus labios de una forma en la que nunca antes la había oído el pueblo; los oyentes dicen que ese hombre está inspirado.
 
“Prescott ha hablado muchas veces en el encuentro campestre de Armadale, bajo la inspiración del Espíritu Santo” (Carta W 84, 1895, las cursivas son nuestras).
 
Este apoyo de Elena White al “mensaje especial” que predicó el hermano Prescott incluyendo la proclamación de Cristo en naturaleza humana caída es una evidencia de que ella no condenaba esta enseñanza. También es bueno observar que las consideraciones que ella hace de que seamos “excesivamente cuidadosos” en tratar el tema de Cristo en su humanidad se deben a ciertos excesos cometidos por parte de algunos predicadores como el caso de Baker. No todo predicador o escritor maneja adecuadamente una verdad tan solemne. 
 
Apéndice IV
 
¿Qué Poder es Mayor, el Amor o el Pecado?
Lo que realmente está en juego detrás de esta acusación (que la Ley de Dios no puede ser guardada) es la superioridad de uno de los dos poderes representados por Dios y el diablo. El principio de amor ágape como poder de Dios, es el móvil de acción de cada una de sus criaturas. Por otro lado, el principio de egoísmo es también el móvil de acción de toda persona que esta dominada por la influencia de Satanás. En las Escrituras se le llama a estos dos principios de la siguiente manera: 1- Principio de amor ágape = “Espíritu de vida en Cristo”. 2- Principio de egoísmo = “Ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8:2). En su condición “carnal” no convertida, el hombre es esclavo de la “ley del pecado” o principio de pecado y enemigo natural de la Ley de Dios (Rom. 7:14,23; 8:7). En esta forma de vida el principio reinante que domina cada acción es el “pecado que mora en mi” (Rom. 7:17-21). Esta condición de rebelión es a la que Dios pone fin cuando genera en el hombre convicción de pecado y produce en él el nuevo nacimiento (Juan 3:3-5). En la experiencia del nuevo nacimiento producida por el Espíritu Santo (Juan 3:8 up.) el amor ágape de Dios “que no busca lo suyo” (1 Cor. 13:5) es implantado en el corazón del hombre como poder supremo. Si bien el principio de pecado no desaparece de la carne, que de hecho sigue siendo pecaminosa (Juan 3:6; Rom. 7:18), sí es puesto bajo sujeción al poder o principio de amor de Dios. La superioridad del principio de amor de Dios o “ley del Espíritu de vida” se debe a que “en Cristo” ya se demostró más poderoso que el principio de pecado o egoísmo. Esto es lo que expresa el Apóstol en las magníficas palabras: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8:2). En este pasaje el Apóstol expresa una verdad objetiva e histórica que sucedió “en Cristo”, pero en el pasaje siguiente nos revela como sucedió: “Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne (por estar habitada y dominada por el principio de pecado), Dios [lo hizo] enviando a su Hijo en semejanza de carne pecado, y a causa del pecado en la carne, condenó el pecado en la carne” (vers. 3). El “pecado en la carne” es el principio de “la Ley del pecado y de la muerte” que se menciona en el versículo 2. Es mencionado por Pablo también en el cap. 7 como “el pecado que mora en mi”, “en mi carne, no mora el bien”, “el mal esta en mi” (Rom. 7:17,18,20,21). En la vida de Cristo se demostró cuál es el principio más poderoso. Recuerde que Cristo “fue hecho idóneo para el conflicto por la permanencia del Espíritu Santo en Él”. Y como el Espíritu Santo era quien reinaba en la vida de Cristo y sólo el amor ágape fue lo que se manifestó en Él, debemos entender que la “ley del Espíritu de vida” no es más que el principio de amor de Dios, que “no busca lo suyo”, es decir, no existe egoísmo en el amor ágape. En conformidad con esto nos dice El Camino a Cristo p. 59:  
 
“El poder que predominaba en la vida de nuestro Salvador era el amor de Dios y el celo por su gloria. El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones”. 
De la misma manera se dice de sus seguidores:  
“En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece los afectos” (Ibíd.). 
 
Cuando el Diablo dice que es imposible guardar la ley de Dios lo que está diciendo en realidad es que el principio de pecado o “ley del pecado y de la muerte” que mora en la carne de cada ser humano es imposible de vencer, que es un monstruo tan grande que ni Dios puede subyugarle, que el pecado es más fuerte que el amor. En otras palabras, el poder del pecado no fue vencido por Cristo realmente. Y si el pecado o egoísmo es más fuerte que el amor ágape de Dios que “no busca lo suyo” se entiende entonces porque Adán y Eva cayeron en pecado y por qué desde entonces nadie, absolutamente nadie, ha podido guardar la Ley de Dios. En fin, hay un problema muy serio, Dios tiene una Ley defectuosa e imposible de guardar. Él es un Gobernante absurdo y contradictorio al poner una meta a los seres creado por Él que es imposible alcanzar.  En este contexto es reveladora la siguiente declaración: 
 
“Desde la caída del hombre, Satanás declaró que los seres humanos habían demostrado ser incapaces de guardar la Ley de Dios, y procuró arrastrar a todo el universo en esa creencia. Las palabras de Satanás parecían verdaderas, y Cristo vino para desenmascarar al engañador” (White, Mensajes Selectos, tomo I, p. 295). 
 
Apéndice V
 
 ¿Cómo Venció Cristo Toda Cruel Tentación?
Veamos ahora algunas citas del Don Profético que arrojan luz sobre la manera en la que Cristo venció toda cruel tentación:  
 
“Con la misma ayuda que puede obtener el hombre, Él resistió las tentaciones de Satanás así como el hombre debe resistirla” (Mensajes Selectos, tomo I, p. 295). 
 
“Si Cristo hubiera tenido un poder especial (no necesariamente el de su divinidad, sino el de una naturaleza no caída) que el hombre no tiene el privilegio de poseer, Satanás se hubiera valido de ese argumento” (Ibíd., tomo II, p. 157). 
 
“Como hombre, suplicaba  al trono de Dios hasta que su humanidad quedaba cargada de una corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la nuestra” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 330). 
 
“En su carta relativa a la tentación de Cristo, Ud. dice: ‘Si Él era uno con Dios, no podía caer”... El punto  acerca del cual Ud. me pregunta es éste: En la gran escena del conflicto de nuestro Señor en el desierto, aparentemente bajo el poder de Satanás y sus ángeles, ¿era Él capaz, en su naturaleza humana, de ceder a estas tentaciones?
"Trataré de responder a esta importante pregunta: Como Dios que era no podía ser tentado; pero como hombre podía serlo y con mucha fuerza, y podía ceder a las tentaciones... Su naturaleza humana era creada; ni aun poseía las facultades de los ángeles. Era humana idéntica a la nuestra” (Mensajes Selectos, tomo III, pp. 145-146). 
 
*Nota: Este material fue escrito en Agosto del año 1998 y ampliado posteriormente en Marzo del año 2001. Fue revisado una vez más en el 2005. Hemos sumado también comentarios adicionales en las notas de pie de página con el objetivo de exponer más detalladamente algunas ideas que esperamos sean esclarecedoras. - El Autor
 
Notas y Referencias:
1. Elena G. White, Manuscrito 67, 1898.
2. -------, Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, pp. 916, 917.
3. Douglas, Ministerio Adventista, septiembre - octubre 1986, p. 27. Hay quienes han señalado a LeRoy E. Froom de haber sido el que introdujo el concepto de la impecabilidad de la naturaleza humana de Cristo. Otros observan que esto no puede ser, porque ya para el año 1949, “antes del dialogo mantenido con ciertos dirigentes evangélicos a partir de 1955” Froom sostenía la idea de que en la encarnación, Cristo “no participaba de la naturaleza de pecado de los demás hombres”, es decir, Él tuvo una naturaleza humana “exenta de pecado” (Antolín Diestre Gil, Cuando el Hijo del Hombre Venga, ¿Hallará fe en le Tierra?, p. 1088). Este mismo autor dice entonces: “Por lo tanto no cabe el montaje creado por algunos en cuanto a que el motivo del cambio de posición por Froom sería como consecuencia de esos contactos con ciertos dirigentes evangélicos”(Ibid). Una cosa es cierta, el cambio de posición de Froom puede no responder a los inconvenientes de la década del cincuenta, porque no solo él sostenía ese punto de vista desde entonces, sino que desde finales de la década de 1880 y hasta mediados de 1890 los “mensajeros del Señor” (Waggoner y Jones) habían enfrentado este tipo de oposición (ver por ejemplo p. 6 de este documento). La misma Elena de White hizo frente a este cuestionamiento (ver Mensajes Selectos tomo I, pp. 477-479). Es interesante notar que la cita que referimos del Espíritu de Profecía está en el contexto no sólo de 1888, sino en el contexto del rechazo por parte de Butler y otros dirigentes de la posibilidad de que Cristo participara de nuestra naturaleza humana caída.
Importa poco que Froom creyera o no en que Cristo participó de la naturaleza humana del inmaculado Adán, antes o después de la década de los cincuenta, pues resulta claro que no fue la primera vez que alguien se oponía a esta verdad en nuestras filas (véase el Apéndice II).
4. Douglas, Ibíd., pp. 20,21.
5. Gulley, Ibid, p. 8.
6. Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 27.
7. Douglas, Ibíd., p. 23.
8. Jack Sequeira, La Dinámica del Evangelio Eterno, p.p. 109,110.
9. Elena White, El Ministerio Médico, p. 181 (en inglés).
10. Sequeira, Ibíd., p. 110.
11- Dupertuis, El Carpintero Divino, p. 107.
12. Melvill, Sermones por Henry Melvill, p. 47. Citado por Dupertuis en El Carpintero divino, p. 108. Ver también Creencias Fundamentales, pp. 54,55.
13. Dupertuis, Ibíd, p. 108. Elena de White - que sepamos - no usó la expresión “debilidades inocentes” para referirse a las debilidades que la naturaleza humana le impuso a Cristo. Lo que sí encontramos son las siguientes declaraciones: “Con las debilidades del hombre caído sobre Sí debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales es atacado el hombre”. ”Estuvo sujeto a las flaquezas y debilidades que rodean al hombre”. “Fue conmovido por el sentimiento de nuestras debilidades y fue tentado en todo a nuestra semejanza” (ver Deseado de Todas las Gentes, p. 91; Mensajes Selectos, tomo I, p. 299, las cursivas son nuestras). Y por la manera en que usó la palabra “debilidades hereditarias” en el Deseado de Todas las Gentes, p. 98 es evidente que se refiere a las debilidades que le son propias a la naturaleza humana caída, debilidades que Él compartía con nosotros (ver p.p. 17,18 de este documento).
14. Elena White, El Deseado de Todas la Gentes p. 87. En la Review and Herald del 15-12-1896 se nos dice: “Vestido con la vestimenta de la humanidad, el Hijo de Dios se rebajó al nivel de aquellos que deseaba salvar. En Él no había engaño o pecaminosidad; Él era puro y sin profanación, pero así tomó sobre Él nuestra naturaleza pecaminosa, de modo que pudiera asociarse con la raza caída”.
15. -------, Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, p. 938. Esta cita completa dice así: “En Cristo fue unido lo divino y lo humano - el Creador y la criatura. La naturaleza de Dios, cuya Ley había sido transgredida, y la naturaleza de Adán el transgresor, se unieron en Jesús el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios”.
16. -------, Ibíd, tomo 5, p. 1015.
17. -------, Manucript Releases, 17:26. La cita completa dice: “Es un misterio muy profundo para que la mente  humana llegue a comprenderlo. Cristo en realidad unió la naturaleza ofensiva del hombre a su propia naturaleza impecable, porque por este acto de condescendencia, Él sería capaz de verter su sangre en beneficio de la raza caída”.
18. -------, The youht’s Instructor, 20-12-1900.
19. -------, Review and Herald, 31-12-1872. Ver la revista Ministerio Adventista que ya hemos citado. Se ha observado que esta lista de referencias de la manera que aparece aquí tiende a “confundir” al lector, pero es sólo descriptiva. Y deja entrever verdades que no obviamos comentar. Y no es verdad que tiende a confundir a nadie. Por ejemplo, la cita de Youht’s Instructor del 20 de diciembre del año 1990 también la tenemos a nuestra disposición. La citaremos más completa y veremos lo que dice: “Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre Sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó las tentaciones con las que es acosado el hombre. Unió la divinidad con la humanidad; un espíritu divino moraba en el templo de carne. Se unió a Sí mismo con el templo [de la humanidad]. ‘Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros’, porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas de Adán”. Esta cita constituye un comentario a Isa. 53:2,3. Ahora preguntamos: ¿Dice la cita que Cristo participó de “la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado” si o no? Para un buen entendedor “pocas palabras bastan”.
20. Douglas, Ibíd., p.p. 20,21.
21. Sequeira, Ibíd., p. 110.
22. E. J. Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 27.
23. -------, Ibíd.
24. Dupertuis, Ibíd., p.p. 95,96.
25. -------, Ibíd., p. 96.
26. -------, Ibíd., p. 94.
27. Elena White, Mensajes Selectos, tomo 1, p. 74.
28. -------, El Conflicto de los Siglos, p. 578.
29. -------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 469.
30. Dupertuis, Ibíd., p. 100.
31. -------, Ibíd. Esta observación se hace con el objetivo de decir que mientras se hizo un gran bien en aceptar las declaraciones del Espíritu de Profecía referente a la divinidad de Cristo, se hizo un gran mal en no aceptar las relacionadas a la naturaleza humana de Cristo. Dos cosas en torno a esto: 1) Una de las razones por la que no sucedió lo segundo es porque es probable que lo que hoy se ve como correcciones del Espíritu de Profecía no lo son en realidad. Estas supuestas correcciones son más bien citas claves que, entendidas en su verdadero contexto no presentan ningún problema. 2) Elena de White fue movida por Dios para corregir ardientemente el error - y sabemos que fue pronta en hacerlo en cada caso que fue necesario -, que presentaba a Jesús como un ser inferior al Padre. En el segundo caso, el de la naturaleza humana de Cristo, es posible que los escritores y teólogos de nuestra iglesia entendieran que ella no hablaba en contra de esa verdad. De hecho, la cantidad de citas del Espíritu de Profecía relacionadas a este tema que son sacadas de su contexto evidencian que muchas cosas que son consideradas “erróneas” no son más que conjeturas.
32. George Nigth, From 1888 to Apostasy, p. 144.
33. Dupertuis, Ibíd., p. 101.
34. Antolín Diestre Gil en Ibíd., p. 1001 observa que la “aprobación al tema de la justificación en relación a la obra del Cristo humano es de tal envergadura que E.  White no ve apropiado resaltar elementos con los que no estaba de acuerdo, o no ha considerado en primer momento todo el contenido de cada una de las afirmaciones que Waggoner y Jones expresaron... lo que Waggoner y Jones propusieron, contenía elementos tan preciosos y profundos sobre la temática de la justificación y la persona de Jesucristo, que lo que pudiera incluir de inadecuado, no es considerado por Ellen White de suficiente valor como para reseñarlo junto a su exposición positiva global. Haberlo hecho en ese momento hubiera podido suponer una confusión de tal alcance que podía restar eficacia al conjunto del mensaje impartido” (las negritas están en el original). Por este razonamiento se opone al “silencio o a la ausencia de algo contrario en un momento determinado”. De igual manera, él señala la forma en la que Elena White trató en sus comentarios a Martín Lutero y a Willian Miller. Ella no reseñó nada negativo de sus puntos de vistas bíblicos incorrectos.
Pero resulta difícil creer que por que la Hna. White no mencionó nada negativo de las conclusiones teológicas de Lutero y Miller en sus escritos deba llevarnos a nosotros a creer que lo mismo le impulsó a actuar en relación con los “mensajeros del Señor”. Pensar que Elena de White pudo oír algún error en las predicaciones de los Mensajeros del Señor relacionadas a la cristología o la soteriología, y al mismo tiempo callar la corrección para no crear “una confusión de tal alcance” que afectara la verdad que ellos tenían, es ingenuo. ¿Por qué? Porque la historia nos enseña precisamente lo contrario. En una ocasión cuando A. T. Jones presentó un tema sobre la fe, en la que hizo un enfoque que ella consideró un poco fuera de lugar, o que podía ser mal comprendido, le escribió haciendo la observación de lugar. Sin embargo, esa misma corrección no significó que ella se oponía al mensaje de él, sino más bien fue un consejo para que al presentar el mensaje no fuera a decir cosas que pudieran interpretarse mal por quienes escucharan.
Si la Hna. White era tan dispuesta a corregir lo que ella entendía  erróneo, el hecho de que no haya reaccionado ante el entendimiento y predicación de Waggoner y Jones sobre la naturaleza humana de Cristo no es un asunto de poca importancia.
Si algunos se asombran de ver hasta qué punto pueden llegar algunos en procura de defender sus posiciones, nosotros nos asombramos de igual manera al observar los argumentos que son capaces de esgrimir otros teólogos en el afán por demoler lo que ellos no consideran como verdad. Nos parece extraño que alguien pueda concebir a un mensaje como estando cargado de “elementos tan preciosos y profundos sobre la temática de la justificación y la persona de Jesucristo” y al mismo tiempo pueda estar enseñando una doctrina que hace a Cristo un pecador como lo somos nosotros, con necesidad de un Salvador. ¿Y que Elena de white escuchara esto y no protestara? No podemos aceptar este tipo de razonamiento (ver Apéndice III).
35. Elena de White, Mensajes Selectos, tomo I p. 465; Testimonios para los Ministros, pp. 91,92.
36. Elena de White se expresó así en el contexto del mensaje de 1888: “La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos Waggoner y Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos” (Carta 96, 1896).
37. -------, Comentario Bíblico Adventista tomo 7-A, p. 246.
38. -------, Testimonios, tomo IV, p. 235. El énfasis es nuestro. Esta cita demuestra que Cristo tuvo que “controlar” este tipo de “propensiones”. Es la razón por la que se nos dice que nosotros debemos hacerlo también o “no venceremos como Cristo venció”.
39. -------, Ibíd., tomo III, p. 491.
40. -------, Testimonios para los Ministros, p.p. 171,172.
41. -------, Messages to Young People, p. 42.
42. -------, Testimonios, tomo III, p. 491.
43. -------, Ibíd., tomo V, p. 204.
44. -------, Counsels on Diet and Foods, p. 389.
45. -------, Testimonios, tomo III, p. 491.
46. -------, Hechos de los Apóstoles, p. 259.
47. -------, Testimonios, tomo III, 259.
48. -------, Patriarcas y Profetas, p. 45.
49. -------, Testimonios tomo III, p. 84.
50. -------, Ibíd., p. 115.
51. -------, In Heavenly Places, p. 155. El énfasis es nuestro. El mismo Comentario Bíblico Adventista reconoce: “Aquí radica el insondable misterio de la perfecta vida de nuestro Salvador. La naturaleza humana fue conducida por primera vez a la victoria sobre su tendencia natural al pecado,...” (Tomo VII, p. 441).
52. -------, Review and Herald, 2-10-1885.
53. -------, Testimonios, tomo III, p. 202.
54. -------, Ibíd., p. 509.
55. -------, Carta 8, 1895.
56. Véase Ralph Larson The Word was Made Flesh.
57. Atilio René Dupertuis, De Egipto a Canaán, el Evangelio en el Éxodo, p. 57.
58. Elena White, El Deseado de Todas las Gentes, p. 32. La cursiva es nuestra.
59. Esta declaración (“al que no conocía pecado [Dios] lo hizo pecado” - 2 Cor. 5:21) del apóstol Pablo ha sido usada para señalar que no tiene que ver nada con el tipo de naturaleza humana que Cristo asumió en la encarnación. Es vista solamente como una declaración de que Cristo cargó vicariamente el pecado de todos nosotros. Sin embargo, preguntamos: Cuándo el pasaje termina diciendo “para que nosotros fuésemos justicia de Dios en Él” ¿está o no hablando de una identificación real del cristiano con Cristo? ¿Desde qué perspectiva es que somos hechos “justicia de Dios en Él”?. ¿Sólo desde el punto de vista objetivo? ¡No!, la “justicia de Dios” que somos hechos es aquella misma justicia que nos transforma en nuevas criaturas, y hace de nosotros personas obedientes a la Ley de Dios (2 Cor. 5:17; Rom. 3:31).
El Deseado de Todas las Gentes en la p. 509 dice: “La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni perdonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta”. La justicia de Dios tiene una connotación objetiva y una subjetiva. De igual manera, la expresión “fue hecho pecado” tiene dos connotaciones o aplicaciones. Esto se hace evidente al estudiar la historia, pues ella nos revela que en el transcurso del tiempo han habido en la iglesia cristiana diferentes posiciones en torno al significado real de la declaración de Pablo “fue hecho pecado”. Una sostiene que fue “hecho pecado” en el sentido de que fue hecho “Víctima por el pecado” o “sacrificio por el pecado”, y otra que sostiene que “fue hecho pecado” en la encarnación, como una alusión a que Él en realidad tomó sobre Sí nuestra naturaleza humana pecaminosa corporal. Él “llegó a ser” nosotros por así decirlo. De hecho, Elena de White hace ambas aplicaciones. Veamos: 
 
           Hecho “Pecado” en la Encarnación:
“A fin de elevar el hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó