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Hasta hace poco tiempo no fue para nosotros motivo de preocupación la
enseñanza de la naturaleza humana de Cristo, pues los desacuerdos de
algunos teólogos y escritores no habían llegado a ser de nuestro
conocimiento.
Como asiduos estudiantes de nuestras
publicaciones nos gustaba analizar ciertos temas de importancia. No pasó
mucho tiempo sin que fuéramos confrontados con los diferentes enfoques
sobre qué naturaleza humana tomó Cristo en la encarnación, si la de Adán
antes de la caída o la después de la caída (pre-lapsaria
o pos-lapsaria). Así, surgía ante nosotros un nuevo tema para ser
considerado. Admitimos que al principio pensamos que sería fácil llegar
a un acuerdo, pero no fue así. Este maravilloso tema nos absorbió
bastante tiempo y estudio. Claro, las conclusiones expresadas en este
documento no pretenden ser las últimas palabras al respecto. Este es un
tema para ser considerado por toda la eternidad. Una cita del espíritu
de Profecía nos ayudó bastante:
“El estudio de la encarnación de Cristo es un tema fructífero que
recompensará al investigador que profundiza en busca de la verdad divina”.1
Este documento elabora un análisis de la naturaleza humana de Cristo a
partir de las conclusiones de algunos escritores denominacionales y las
compara con lo que dicen las Escrituras y el Espíritu de Profecía.
Creemos que hay bastante evidencia inspirada que nos impide extraviarnos
en el entendimiento de esta importante doctrina. Sabemos también que
esta tarea es solemne y sagrada, que envuelve muchos compromisos. Fue de
especial ayuda para nosotros meditar en la siguiente cita:
“Cuando enfocamos el tema de la naturaleza humana de Cristo revestida
con el manto de la humanidad, con justicia podemos prestar (mucha)
atención a las palabras pronunciadas por Cristo a Moisés ante la zarza
ardiente: ‘Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás,
tierra santa es’. Debemos tratar el estudio de este tema con la humildad
del que aprende con corazón contrito”.2
Sabemos además, que aparte de conocer el conflicto que existe
relacionado a la naturaleza humana de Cristo, debemos ser también
honestos con nuestra historia como pueblo, y esto desafortunadamente no
sucede tanto como quisiéramos. Y lo peor de todo, es que los miembros de
la iglesia carecen de un conocimiento de nuestra historia denominacional
que les permita evaluar ciertos temas a fondo. ¿Por qué decimos esto?
Por que hoy se sabe que las diferencias más agudas dentro del adventismo
en torno a la naturaleza humana de Cristo no existieron sino hasta
“principio de la década del 1950”.
Se nos informa que “hasta el tercer cuarto del siglo XX los voceros
adventistas consistentemente presentaron a Jesús como alguien que tomó
nuestra naturaleza humana caída.
Como
muchos otros eruditos no adventistas
(nótese no adventistas), se
habrian sentido consternados ante la conclusión de
que creer que Jesús tomó la naturaleza humana caída equivalía a creer
que por esta razón era pecador! O que necesitaba un Salvador”.3
Aparentemente la “consternación”
de los líderes adventista
tanto como la de los “no adventistas”, basadas
sobre una conclusión mal estructurada sobre las implicaciones de Cristo
asumiendo una naturaleza caída, hizo surgir nuevas ideas que hasta el
momento no eran consideradas dentro de nosotros. Además, existía una
presión bastante grande porque al creer que Cristo asumió en su
encarnación la naturaleza de Adán antes de la caída, y otros puntos
doctrinales que el mundo evangélico no comparte con nosotros, se nos
denominó con la “despreciable categoría de secta no cristiana”.
Pero bien, nuestro propósito aquí no es entrar en detalles históricos,
sino, analizar algunas declaraciones relacionadas al tema de la
encarnación de Cristo en la naturaleza humana. Así que comencemos el
análisis entrando en esta “tierra santa” quitados los “calzados” de
nuestros pies.
¿Necesitaba Cristo un Salvador?
Se sostiene que si Cristo hubiera nacido con una naturaleza pecaminosa
como la que nosotros tenemos “El también habría necesitado redención”
pues hubiera llegado a ser un pecador como lo somos nosotros. Sin
embargo, se puede observar que los exponentes de la posición pos-lapsaria
no creen en lo más mínimo que Jesús haya pecado “en pensamiento, ni en
acción, o que por haber tomado la naturaleza caída y pecaminosa hubiera
tenido necesidad de un Salvador”.4
Se observa además la problemática del pecado, pues si este tiene que ver
con “actos” como también con “separación”, Jesús no pudo haber tomado
nuestra naturaleza humana caída, pues también habría nacido separado de
Dios. De ahí que se afirma que Cristo “no nació como un pecador bajo la
condición de una relación rota con Dios”.5
Es inconsecuente pensar así, pues nadie que sepamos ha sugerido la idea
de que Jesús nació separado del Padre por tomar sobre sí la naturaleza
pecaminosa del hombre. Si se entiende que esa naturaleza humana que Él
“asumió” en la encarnación no era (ni nunca fue) la totalidad en El,
entonces se llega a comprender que su “humanidad veló su naturaleza
divina, por la cual estaba inseparablemente conectado con el Dios
invisible”.6
“El Hijo de Dios asumió la mismísima naturaleza humana caída que es la
nuestra, pero en su caso - y es el único caso - esa naturaleza humana
caída nunca fue la totalidad de su persona, puesto que Él nuca dejó de
ser el eterno Hijo de Dios”.7
Cuando se comprende esto plenamente, la idea de que Cristo pudo nacer
“separado” del Padre por el hecho de asumir nuestra naturaleza humana
caída se vuelve irrelevante e inconsistente.
Si aun se insiste en
que “arrastramos a Cristo dentro del pecado” por enseñar que el asumió
nuestra naturaleza humana pecaminosa, debemos considerar un argumento
más.
“La solución correcta para el problema es observar la palabra apta [´fue
hecho´ que es] usada por los escritores del Nuevo Testamento cuando se
refieren a la naturaleza de la humanidad de Cristo.
“¿Qué significa esta palabra? La
palabra griega traducida en nuestra Reina-Valera ‘fue hecho’ significa
‘llegó a ser’. Cuando Cristo fue hecho hombre, El actualmente llegó a ser lo que no era, así que la
naturaleza pecaminosa que Él asumió no era suya por derecho de
nacimiento, pero [fue] algo que El tomó sobre Sí o asumió para poder
redimirla...
“Si Cristo hubiera consentido a los deseos pecaminosos de esa naturaleza
que Él asumió, aun con un pensamiento, entonces, El se hubiera
convertido en un pecador con necesidad de un Salvador”.8
En el caso nuestro, “por derecho de nacimiento” sí nos corresponde una
naturaleza pecaminosa. Esta es la razón por la que Pablo dice que somos
“por naturaleza hijos de ira” (Efe. 2:3), desobedientes por naturaleza,
por consiguiente, condenados a muerte. Pero en el caso de Cristo es
diferente, pues Él es divino por naturaleza, más, “Él tomó sobre su
naturaleza [divina] sin pecado, nuestra naturaleza [humana] pecaminosa”.9
Así, en la encarnación - maravilloso y eterno misterio - Jesús “llegó a
ser” lo que originalmente no era, y esa naturaleza humana que Él tomó
sobre su naturaleza divina no era un todo en Él, sino una parte; Él no
dejó de ser divino para hacerse humano. ¡No! Jesús “nunca dejó de ser el
eterno Hijo de Dios”.
Además, el “hecho de que los escritores del Nuevo Testamento pudieran
registrar la genealogía de Cristo y trazar sus raíces hasta David (Rom.
1:3), hasta Abrahán (Mat. 1:1-16) y hasta Adán (Luc. 3:23-28), prueba
claramente que la humanidad de Cristo fue ‘parte y conjunto’ de la
humanidad que El vino a redimir”.10
¿Apoyó Elena White las Ideas del Pr. Melvill?
En un intento por reconciliar ciertas ideas de Elena White que parecen
contradecirse (según algunos) se ha dicho que entre sus escritos y los
del Pr. Melvill (un predicador anglicano “que vivió entre 1798 y 1871”)
hay ciertas similitudes. Esto se deduce porque la copia de un “libro de
sermones” que poseía Elena White de la autoría del Pr. publicado en
1844, estaba bien marcado. Esto “revela que ella lo leyó y lo estudió”.11
De manera resumida la posición de Melvill sobre la naturaleza humana de
Cristo era así:
“La humanidad de Cristo no fue la de Adán; esto es, la humanidad de Adán
antes de la caída. Tampoco fue la humanidad caída; esto es la de Adán
después de la transgresión en todos sus aspectos. No era la humanidad
original de Adán porque poseía las debilidades inocentes de los seres
caídos. No era la humanidad caída, porque nunca había descendido a la
impureza moral. Por lo tanto era en el sentido más literal, nuestra
humanidad, pero sin pecado".12
Estas “debilidades inocentes” se definen como: “tener hambre, sentir
dolor, debilidad, tristeza, cansancio, (y) hasta la muerte”.13
Más, para llegar a semejante conclusiones debe verse una similitud muy
grande entre lo que dijo el Pr. Melvill y lo que escribió Elena White
referente a la naturaleza humana de Cristo. De manera similar, el hecho
de que “la copia personal” del “libro de sermones” de la Hna. White
estaba “marcado” no nos permite determinar con seguridad hasta que punto
ella aprobó (¿o desaprobó?) esas ideas.
Algo interesante que debemos notar en la cita que transcribimos del Pr.
Melvill es lo siguiente. Según su razonamiento parece ser que Cristo
triunfó sobre el pecado sin descender “a la impureza moral”, por el
hecho de que su naturaleza humana “no fue la de Adán después de la caída”.
En otras palabras, Cristo venció el pecado no por el poder del Espíritu
Santo en El a pesar de la naturaleza humana que tenía, sino por la
sencilla razón de que su naturaleza humana no era pecaminosa.
Este razonamiento entra en conflicto
con la concepción bíblica de la victoria de Cristo sobre el pecado, pues
en las Escrituras se presenta a Jesús teniendo que hacer frente al poder y la fuerza del pecado
como debe hacerlo todo fiel hijo de Dios (cf. Rom. 8:2,3; 15:3; 1 Ped.
4:1; Juan 5:30; 6:38; Mat. 26:39; Heb. 4:15; 2:14-17).
Es difícil ver en las siguientes declaraciones una alusión directa o
indirecta a las llamadas “debilidades inocentes”:
“El tomar sobre Sí nuestra naturaleza caída”.14
“La naturaleza de Adán el transgresor”.15
“Al tomar sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída”.16
“La naturaleza ofensiva del hombre”.17
“Tomó sobre Sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y
contaminada por el pecado”.18
“La forma y la naturaleza del hombre caído”.19
Sobre el nacimiento virginal de Cristo se observa acertadamente:
“El hecho de que uno de sus padres humanos estuviera orgánicamente
implicado en el nacimiento de Jesús, es suficiente para indicarnos que
era deudor a la herencia humana... Sugerir que nació libre de los
aspectos negativos de la herencia equivale a recorrer la misma senda
descendente que inició el catolicismo romano cuando confundió el pecado
con la materia. Después de esta confusión, la doctrina de la Inmaculada
Concepción llegó a ser una necesidad teológica. A su vez esta doctrina
condujo a la suposición de que Cristo asumió la naturaleza que tenía el
hombre antes de su caída”.20
Una cosa que admitimos con mucha reverencia es que “debemos ser
‘excesivamente cuidadosos’ para no arrastrar” la mente de Cristo o “su
elección dentro del pecado, o decir que El ‘tuvo’ una naturaleza
pecaminosa. Pero el hecho es que Cristo si asumió nuestra naturaleza
humana pecaminosa condenada, como nosotros la conocemos, pero en su caso,
El venció totalmente ‘la ley del pecado y de la muerte’ que residió en
aquella naturaleza humana pecaminosa que El asumió (y que no era suya
por derecho de nacimiento ni constituyó la totalidad en El), y entonces,
la ejecutó en la cruz”.21
Ya en el tiempo en que el Dr. Waggoner (quien fuera comisionado como
“siervo de Dios” para dar un mensaje especial a la iglesia) exponía este
tema había personas que reaccionaban alarmadas y veían que al decir que
Cristo tomó la naturaleza humana caída del hombre en la encarnación, era
convertirlo o hacerlo un pecador con necesidad de redención. Ante tales
reacciones E. J. Waggoner dijo:
“Algunos han pensado..., que hemos estado despreciando el carácter de
Jesús por traerlo bajo el nivel del hombre pecaminoso. Al contrario,
estamos exaltando ‘el poder divino’ de nuestro Salvador, quien El mismo
descendió voluntariamente al nivel del hombre pecaminoso, para poder
exaltarlo a su propia pureza inmaculada, la cual retuvo bajo las
circunstancias más adversas... habiendo sufrido en la carne todo lo que
la humanidad puede posiblemente sufrir, regresó al trono del Padre tan
inmaculado como cuando dejó las cortes de gloria”.22
Y luego afirma categóricamente:
”Cuando estuvo en la tumba, bajo el poder de la muerte, ‘fue imposible
que fuera posesionado por ella’, porque El no tenía pecado”.23
La Naturaleza Humana de Cristo ¿Una Creencia Arriana?
Algo que debemos considerar ahora es la posición que vincula la creencia
de que Cristo participó de la “ofensiva naturaleza humana” con una idea
de origen arriana.24
Según se plantea “algunos pioneros
adventistas se suscribían a ciertos conceptos arrianos (tales como el
antitrinitarismo, Cristo como ser creado y la salvación por las obras),
debido a que eso era parte de las creencias de las iglesias de donde
provenían”.25 Se define a los creyentes de aquel entonces como “personas
muy sui generis”.26
Resulta interesante saber que Elena de White empezó a hacer
declaraciones que tendían a corregir algunas malas interpretaciones e
ideas que se enseñaban. Por ejemplo, en 1863 declaró que Cristo era
“igual a Dios”.27 Esta declaración inspirada tenía como propósito
corregir la idea que concebía a Jesús como un ser creado e inferior al
Padre. En 1888 dijo que es peligrosa la “doctrina que niega la divinidad
de Cristo”.28 Y en 1898 expresó enfáticamente que en “Cristo hay vida
original, que no proviene ni deriva de otra [vida]”.29
Hoy se reconoce que la “iglesia en general siguió en dirección de
aceptar la eternidad de Cristo”.30 Pero se dice que “no pasó lo mismo
con respecto a la naturaleza humana de Cristo”.31
En una evaluación de la situación de aquel tiempo de la historia
adventista, George Nigth dijo que las “enseñanzas de Prescott, Waggoner
y Jones sobre las tendencias pecaminosas de la naturaleza humana de
Cristo saturaban el aire adventista a mediados de la década de los
noventa”.32
Entonces, - se comenta - fue en aquel tiempo cuando aparecieron
“escritos de Elena de White... llamando la atención a la total
impecabilidad de Cristo”.33 Entre esos “escritos” se considera como uno
de los “más notables” la ahora conocida carta de la Hna. White a W. L.
H. Baker fechada de febrero del año 1895. En esta carta Elena le hizo
claras correcciones a Baker por sus extrañas conclusiones sobre la
humanidad de Cristo.
¿Qué se puede decir de todo esto? En primer lugar, se puede deducir que
Baker llevó el asunto de la naturaleza humana de Jesús mucho más allá
que Prescott, Waggoner y Jones. En segundo lugar, las declaraciones de
los “mensajeros del Señor” que “saturaban el aire adventista a mediados
de la década de los noventa” no dio origen a ninguna carta personal
dirigida a ellos de parte de la Hna. White.
Si Baker se excedió y erró en los asuntos relacionados con la
encarnación de Cristo y fue confrontado por la Hna. White, evidencia que
el error en esto no puede pasarse por alto ni dársele larga. Sin
embargo, no existe ningún registro en el que Elena de White confrontara
a los “siervos de Dios” (Waggoner y Jones) y le corrigiera esa
interpretación. Y esto no es de poca importancia como se ha querido
decir, 34 pues fue mucho el tiempo que Elena de White pasó predicando
junto a Waggoner y Jones en diferentes lugares, lugares en los que desde
1888 en adelante su mensaje de Buenas Nuevas estaba “saturado” por ese
“precioso mensaje” que trae a Cristo “cerca y no lejos” de nosotros. ¿No
le oyó ella con mucha atención? ¿Le pasó ella por alto a Waggoner y
Jones lo que a otros no les perdonó? ¡No! Elena White estaba de acuerdo
con ellos en el “núcleo de verdad” que ellos recibieron como luz de
parte del Señor, y el entendimiento peculiar sobre la naturaleza humana
que Cristo sumió en la encarnación era parte de ese conjunto de verdad.
Ella misma definió en un contexto bien amplio el mensaje que ellos
tenían como “la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria
(de Dios)”; “es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en
alta voz y acompañado por el abundante derramamiento del Espíritu
Santo”.35
El problema real no radica en que si ella apoyó o no la idea de
Waggoner, Jones y Prescott sobre la humanidad de Cristo, el asunto real
es: ¿Están nuestras ideas preconcebidas impidiéndonos hoy, como a
algunos en el pasado, comprender y aceptar el “más precioso mensaje” de
todos los tiempos?36 Semejante cosa es lo menos que necesitamos hoy.
Breve Mirada a la Carta de W. L. H. Baker
Al leer esta carta (o parte de ella)
tal y como aparece en el
Comentario Bíblico Adventista tomo V, págs. 1102-1103 se desprenden
algunas cosas interesantes. Por ejemplo:
1- Aparentemente (aunque Baker no lo dijera intencional y directamente)
dejó entrever que Cristo tenía alguna “propensión pecaminosa”.
2- Hizo uso de ciertas “suposiciones” que tenían “no pocas similitudes”.
3- Sus aseveraciones en cuanto al tema tendían a ser mal interpretadas
haciéndole decir más de lo que él expresaba.
4- Una de esas malas interpretaciones a la que se llegaba era
aparentemente que en Cristo había alguna “mancha de corrupción o una
inclinación hacia ella”.
5- Tendía a convertir a Cristo en alguien “completamente humano, como
uno de nosotros”, y esto - dijo ella - “no puede ser”.
6- Intentaba indagar “el momento exacto cuando la divinidad se convinó
con la humanidad”.
Como se puede apreciar, esta carta no solo hace frente al tema de las
“propensiones de pecado”, sino a otros asuntos como los ya mencionados.
La siguiente parte de esta carta es resaltada de manera especial:
“Sed cuidadoso, sumamente cuidadoso en la forma en que os ocupáis de la
naturaleza de Cristo. No lo presentéis ante la gente como un hombre con
tendencias al pecado... Por causa del pecado su posteridad (la de Adán)
nació con tendencias inherentes a la desobediencia. Pero Jesucristo era
el Unigénito Hijo de Dios. Tomó la naturaleza humana, y fue tentado en
todo sentido como es tentada la naturaleza humana..., pero en ningún
momento hubo en El tendencia alguna al mal".37
Ciertas expresiones que aparecen en el Comentario Bíblico tales como
“tendencias inherentes”, “tendencia al pecado” y “tendencia... al mal”
son traducidas en otros libros de la siguiente manera: “propensiones
inherentes”, “propensión al pecado” y “propensión pecaminosa”. Esta
última hasta se traduce como “propensión al mal” o “mala propensión”.
De igual manera, la expresión “tendencia al pecado” o “propensión al
pecado” ha sido traducida como “propensión de pecado”, lo que le daría
una connotación diferente. ¿Qué se puede decir de estas declaraciones?
Pues bien, aquí se introduce un elemento más en este importante y
solemne tema. Y es el uso que Elena de White le dio a la palabra
“tendencia” o “propensión”.
Propensiones que Deben ser Controladas y Eliminadas
De algunos estudios que se han realizado se desprende el hecho de que la
Hna. White usó la palabra “tendencia” de diferentes maneras. Lo mismo
se puede decir del término “propensión” y “pasión”.
Por ejemplo, en algunos casos ella utilizó el término “propensión” para
referirse a algo que debe ser controlado. Veamos:
“Nuestras propensiones deben ser controladas,
o nunca venceremos como Cristo venció”.38
En otro lugar ella habla que el hombre es habilitado “para poner todas
sus propensiones bajo el control del poder de lo alto..."39
Aparentemente la solución para este tipo de “propensiones” o
“tendencias” es que sean “controladas”, pues nos acompañarán hasta la
segunda venida de Cristo.
También la Sra. White habló de “propensiones” que deben ser “eliminadas”,
pues controlarlas no es la solución adecuada. Veamos:
“Aunque sus malas propensiones le
parezcan tan preciosas como la mano o el ojo derecho, deben ser separadas
de la obra, o no podrá ser aceptado por Dios”.40
“La propensión del amor al placer debe
ser descartada”.41
Otras “propensiones” que deben ser “eliminadas” son las siguientes:
“propensión del amor al dinero”,42 “propensiones egoístas”,43
“propensiones depravadas”.44
De estas clase de “propensiones” se nos
dice: “No necesitamos retener ninguna propensión (o tendencia)
pecaminosa”.45 Y se nos pide esto porque esta clase de “propensiones” se
han desarrollado
en nosotros engendrando culpabilidad y por lo tanto pueden ser
“eliminadas” y vencidas por el poder del Espíritu Santo en nosotros.
Pasiones que Deben ser Controladas y Eliminadas
De igual manera la Sra. White también usó la palabra “pasión” para hacer
alusión a algo que tiene que ser controlado. Del apóstol Pablo dijo:
“La palabra ‘pongo en servidumbre’ mi
cuerpo significan literalmente someter mediante estricta disciplina, los
deseos, impulsos y pasiones... (él) tenía siempre presente la necesidad
de vigilarse estrictamente,... luchando con todo su poder contra las
inclinaciones naturales... sus palabras, sus actos, sus pasiones: todo lo sometía al dominio del Espíritu
Santo”.46
De los cristianos dice: “Todo cristiano verdadero tendrá control de sus
apetitos y pasiones”.47
De Adán antes de la caída se dice: “”sus apetitos y pasiones estaban
bajo el control de la razón”.48
Pero la Sra. White habló también de “pasiones” que deben ser “eliminadas”.
Veamos:
“Las pasiones no santificadas deben ser crucificadas”.49
“Nuestras... malas pasiones... deben
ser vencidas".50
De la primera clase de “pasiones” (las que tienen que ser “controladas”
y que no engendran culpabilidad sino se desarrollan) debe ser que Elena
de White tenía in mente cuando dijo de Cristo:
“Aunque El tenía toda la fuerza de la pasión humana, nunca cedió a las
tentaciones para no cometer un solo acto que no fuera elevado y
noble”.51
“El fue hecho como uno de sus hermanos, con las mismas susceptibilidades,
mentales y físicas”.52
Pero es bueno saber y entender también que debe ser de la segunda clase
de “pasiones” y “propensiones” (las que deben ser “eliminadas” porque se
han cultivado y engendran culpabilidad) de las que Elena de White tenía
in mente cuando dijo de Cristo:
“El es un hermano en nuestras enfermedades, pero no poseía pasiones como
las nuestras”.53
“El fue un gran sustituto, no poseía
las pasiones
de nuestra caída naturaleza humana, pero envuelto en enfermedades,
tentado en todo como nosotros”.54
Es en este contexto que debemos entender correctamente la razón de la
siguiente declaración:
“Ni siquiera por un momento hubo en El una propensión pecaminosa”.55
Nótese algo muy interesante. Cuando Elena de White dice en la primera
cita que Cristo “no poseía las [malas] pasiones” de nuestra naturaleza
humana caída, lo hace en el contexto de la siguiente declaración:
“envuelto en enfermedades, tentado en todo como nosotros”. Lo que indica
que aunque su naturaleza humana le impulsó a la lucha, Él triunfó sobre
ella. Si! Él “condenó el pecado en la carne” (Rom. 8:3).
En este tenor se ha observado que los términos “pasión y propensión son
usados para describir algo que los cristianos deben controlar, pero que
por la naturaleza de las cosas, tienen que retener y no pueden eliminar
de su experiencia. En este uso ella tiende a unir la palabra propensión
con términos descriptivos como estos: animal, humana, natural, etc.
”En el otro caso, pasión y propensión, son [términos] usados para
describir algo que los cristianos no deben retener sino eliminar. Aquí
el control no es la solución adecuada al problema. En este uso ella
tiende a enlazar propensión con términos descriptivos como: malas,
pecaminosa (como el caso de la carta a Baker), bajas, etc.
“En sus referencias a Cristo, ella indica que Él tuvo una clase de
pasión y propensión, pero la otra no”.56
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