Dios Envió a su Hijo Nacido de Mujer

 

(1era. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 
            Hasta hace poco tiempo no fue para nosotros motivo de preocupación la enseñanza de la naturaleza humana de Cristo, pues los desacuerdos de algunos teólogos y escritores no habían llegado a ser de nuestro conocimiento.
Como asiduos estudiantes de nuestras publicaciones nos gustaba analizar ciertos temas de importancia. No pasó mucho tiempo sin que fuéramos confrontados con los diferentes enfoques sobre qué naturaleza humana tomó Cristo en la encarnación, si la de Adán antes de la caída o la después de la caída (pre-lapsaria o pos-lapsaria). Así, surgía ante nosotros un nuevo tema para ser considerado. Admitimos que al principio pensamos que sería fácil llegar a un acuerdo, pero no fue así. Este maravilloso tema nos absorbió bastante tiempo y estudio. Claro, las conclusiones expresadas en este documento no pretenden ser las últimas palabras al respecto. Este es un tema para ser considerado por toda la eternidad. Una cita del espíritu de Profecía nos ayudó bastante:
 
 “El estudio de la encarnación de Cristo es un tema fructífero que recompensará al investigador que profundiza en busca de la verdad divina”.1
 
Este documento elabora un análisis de la naturaleza humana de Cristo a partir de las conclusiones de algunos escritores denominacionales y las compara con lo que dicen las Escrituras y el Espíritu de Profecía. Creemos que hay bastante evidencia inspirada que nos impide extraviarnos en el entendimiento de esta importante doctrina. Sabemos también que esta tarea es solemne y sagrada, que envuelve muchos compromisos. Fue de especial ayuda para nosotros meditar en la siguiente cita:
 
“Cuando enfocamos el tema de la naturaleza humana de Cristo revestida con el manto de la humanidad, con justicia podemos prestar (mucha) atención a las palabras pronunciadas por Cristo a Moisés ante la zarza ardiente: ‘Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es’. Debemos tratar el estudio de este tema con la humildad del que aprende con corazón contrito”.2
 
Sabemos además, que aparte de conocer el conflicto que existe relacionado a la naturaleza humana de Cristo, debemos ser también honestos con nuestra historia como pueblo, y esto desafortunadamente no sucede tanto como quisiéramos. Y lo peor de todo, es que los miembros de la iglesia carecen de un conocimiento de nuestra historia denominacional que les permita evaluar ciertos temas a fondo. ¿Por qué decimos esto?  Por que hoy se sabe que las diferencias más agudas dentro del adventismo en torno a la naturaleza humana de Cristo no existieron sino hasta “principio de la década del 1950”.
Se nos informa que “hasta el tercer cuarto del siglo XX los voceros adventistas consistentemente presentaron a Jesús como alguien que tomó nuestra naturaleza humana caída. Como muchos otros eruditos no adventistas (nótese no adventistas), se habrian sentido consternados ante la conclusión de que creer que Jesús tomó la naturaleza humana caída equivalía a creer que por esta razón era pecador! O que necesitaba un Salvador”.3
Aparentemente la “consternación” de los líderes adventista tanto como la de los “no adventistas”, basadas sobre una conclusión mal estructurada sobre las implicaciones de Cristo asumiendo una naturaleza caída, hizo surgir nuevas ideas que hasta el momento no eran consideradas dentro de nosotros. Además, existía una presión bastante grande porque al creer que Cristo asumió en su encarnación la naturaleza de Adán antes de la caída, y otros puntos doctrinales que el mundo evangélico no comparte con nosotros, se nos denominó con la “despreciable categoría de secta no cristiana”.
Pero bien, nuestro propósito aquí no es entrar en detalles históricos, sino, analizar algunas declaraciones relacionadas al tema de la encarnación de Cristo en la naturaleza humana. Así que comencemos el análisis entrando en esta “tierra santa” quitados los “calzados” de nuestros pies.
 
¿Necesitaba Cristo un Salvador?
Se sostiene que si Cristo hubiera nacido con una naturaleza pecaminosa como la que nosotros tenemos “El también habría necesitado redención” pues hubiera llegado a ser un pecador como lo somos nosotros. Sin embargo, se puede observar que los exponentes de la posición pos-lapsaria no creen en lo más mínimo que Jesús haya pecado “en pensamiento, ni en acción, o que por haber tomado la naturaleza caída y pecaminosa hubiera tenido necesidad de un Salvador”.4
Se observa además la problemática del pecado, pues si este tiene que ver con “actos” como también con “separación”, Jesús no pudo haber tomado nuestra naturaleza humana caída, pues también habría nacido separado de Dios. De ahí que se afirma que Cristo “no nació como un pecador bajo la condición de una relación rota con Dios”.5
Es inconsecuente pensar así, pues nadie que sepamos ha sugerido la idea de que Jesús nació separado del Padre por tomar sobre sí la naturaleza pecaminosa del hombre. Si se entiende que esa naturaleza humana que Él “asumió” en la encarnación no era (ni nunca fue) la totalidad en El, entonces se llega a comprender que su “humanidad veló su naturaleza divina, por la cual estaba inseparablemente conectado con el Dios invisible”.6
 
“El Hijo de Dios asumió la mismísima naturaleza humana caída que es la nuestra, pero en su caso - y es el único caso - esa naturaleza humana caída nunca fue la totalidad de su persona, puesto que Él nuca dejó de ser el eterno Hijo de Dios”.7
 
Cuando se comprende esto plenamente, la idea de que Cristo pudo nacer “separado” del Padre por el hecho de asumir nuestra naturaleza humana caída se vuelve irrelevante e inconsistente.
Si aun se insiste en que “arrastramos a Cristo dentro del pecado” por enseñar que el asumió nuestra naturaleza humana pecaminosa, debemos considerar un argumento más.
 
“La solución correcta para el problema es observar la palabra apta [´fue hecho´ que es] usada por los escritores del Nuevo Testamento cuando se refieren a la naturaleza de la humanidad de Cristo.
“¿Qué significa esta palabra? La palabra griega traducida en nuestra Reina-Valera ‘fue hecho’ significa ‘llegó a ser’. Cuando Cristo fue hecho hombre, El actualmente llegó a ser lo que no era, así que la naturaleza pecaminosa que Él asumió no era suya por derecho de nacimiento, pero [fue] algo que El tomó sobre Sí o asumió para poder redimirla...
“Si Cristo hubiera consentido a los deseos pecaminosos de esa naturaleza que Él asumió, aun con un pensamiento, entonces, El se hubiera convertido en un pecador con necesidad de un Salvador”.8
 
En el caso nuestro, “por derecho de nacimiento” sí nos corresponde una naturaleza pecaminosa. Esta es la razón por la que Pablo dice que somos “por naturaleza hijos de ira” (Efe. 2:3), desobedientes por naturaleza, por consiguiente, condenados a muerte. Pero en el caso de Cristo es diferente, pues Él es divino por naturaleza, más, “Él tomó sobre su naturaleza [divina] sin pecado, nuestra naturaleza [humana]  pecaminosa”.9
Así, en la encarnación - maravilloso y eterno misterio - Jesús “llegó a ser” lo que originalmente no era, y esa naturaleza humana que Él tomó sobre su naturaleza divina no era un todo en Él, sino una parte; Él no dejó de ser divino para hacerse humano. ¡No! Jesús “nunca dejó de ser el eterno Hijo de Dios”.
Además, el “hecho de que los escritores del Nuevo Testamento pudieran registrar la genealogía de Cristo y trazar sus raíces hasta David (Rom. 1:3), hasta Abrahán (Mat. 1:1-16) y hasta Adán (Luc. 3:23-28), prueba claramente que la humanidad de Cristo fue ‘parte y conjunto’ de la humanidad que El vino a redimir”.10
 
¿Apoyó Elena White las Ideas del Pr. Melvill?
En un intento por reconciliar ciertas ideas de Elena White que parecen contradecirse (según algunos) se ha dicho que entre sus escritos y los del Pr. Melvill (un predicador anglicano “que vivió entre 1798 y 1871”) hay ciertas similitudes. Esto se deduce porque la copia de un “libro de sermones” que poseía Elena White de la autoría del Pr. publicado en 1844, estaba bien marcado. Esto “revela que ella lo leyó y lo estudió”.11
De manera resumida la posición de Melvill sobre la naturaleza humana de Cristo era así:
 
“La humanidad de Cristo no fue la de Adán; esto es, la humanidad de Adán antes de la caída. Tampoco fue la humanidad caída; esto es la de Adán después de la transgresión en todos sus aspectos. No era la humanidad original de Adán porque poseía las debilidades inocentes de los seres caídos. No era la humanidad caída, porque nunca había descendido a la impureza moral. Por lo tanto era en el sentido más literal, nuestra humanidad, pero sin pecado".12
 
Estas “debilidades inocentes” se definen como: “tener hambre, sentir dolor, debilidad, tristeza, cansancio, (y) hasta la muerte”.13
Más, para llegar a semejante conclusiones debe verse una similitud muy grande entre lo que dijo el Pr. Melvill y lo que escribió Elena White referente a la naturaleza humana de Cristo. De manera similar, el hecho de que “la copia personal” del “libro de sermones” de la Hna. White estaba “marcado” no nos permite determinar con seguridad hasta que punto ella aprobó (¿o desaprobó?) esas ideas.
Algo interesante que debemos notar en la cita que transcribimos del Pr. Melvill es lo siguiente. Según su razonamiento parece ser que Cristo triunfó sobre el pecado sin descender “a la impureza moral”, por el hecho de que su naturaleza humana “no fue la de Adán después de la caída”. En otras palabras, Cristo venció el pecado no por el poder del Espíritu Santo en El a pesar de la naturaleza humana que tenía, sino por la sencilla razón de que su naturaleza humana no era pecaminosa.
Este razonamiento entra en conflicto con la concepción bíblica de la victoria de Cristo sobre el pecado, pues en las Escrituras se presenta a Jesús teniendo que hacer frente al poder y la fuerza del pecado como debe hacerlo todo fiel hijo de Dios (cf. Rom. 8:2,3; 15:3; 1 Ped. 4:1; Juan 5:30; 6:38; Mat. 26:39; Heb. 4:15; 2:14-17).
Es difícil ver en las siguientes declaraciones una alusión directa o indirecta a las llamadas “debilidades inocentes”:
 
“El tomar sobre Sí nuestra naturaleza caída”.14
“La naturaleza de Adán el transgresor”.15
“Al tomar sobre Sí la naturaleza humana en su condición caída”.16
“La naturaleza ofensiva del hombre”.17
“Tomó sobre Sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado”.18
“La forma y la naturaleza del hombre caído”.19
 
Sobre el nacimiento virginal de Cristo se observa acertadamente:
 
“El hecho de que uno de sus padres humanos estuviera orgánicamente implicado en el nacimiento de Jesús, es suficiente para indicarnos que era deudor a la herencia humana... Sugerir que nació libre de los aspectos negativos de la herencia equivale a recorrer la misma senda descendente que inició el catolicismo romano cuando confundió el pecado con la materia. Después de esta confusión, la doctrina de la Inmaculada Concepción llegó a ser una necesidad teológica. A su vez esta doctrina condujo a la suposición de que Cristo asumió la naturaleza que tenía el hombre antes de su caída”.20
 
Una cosa que admitimos con mucha reverencia es que “debemos ser ‘excesivamente cuidadosos’ para no arrastrar” la mente de Cristo o “su elección dentro del pecado, o decir que El ‘tuvo’ una naturaleza pecaminosa. Pero el hecho es que Cristo si asumió nuestra naturaleza humana pecaminosa condenada, como nosotros la conocemos, pero en su caso, El venció totalmente ‘la ley del pecado y de la muerte’ que residió en aquella naturaleza humana pecaminosa que El asumió (y que no era suya por derecho de nacimiento ni constituyó la totalidad en El), y entonces, la ejecutó en la cruz”.21
Ya en el tiempo en que el Dr. Waggoner (quien fuera comisionado como “siervo de Dios” para dar un mensaje especial a la iglesia) exponía este tema había personas que reaccionaban alarmadas y veían que al decir que Cristo tomó la naturaleza humana caída del hombre en la encarnación, era convertirlo o hacerlo un pecador con necesidad de redención. Ante tales reacciones E. J. Waggoner dijo:
 
“Algunos han pensado..., que hemos estado despreciando el carácter de Jesús por traerlo bajo el nivel del hombre pecaminoso. Al contrario, estamos exaltando ‘el poder divino’ de nuestro Salvador, quien El mismo descendió voluntariamente al nivel del hombre pecaminoso, para poder exaltarlo a su propia pureza inmaculada, la cual retuvo bajo las circunstancias más adversas... habiendo sufrido en la carne todo lo que la humanidad puede posiblemente sufrir, regresó al trono del Padre tan inmaculado como cuando dejó las cortes de gloria”.22
 
Y luego afirma categóricamente:
 
”Cuando estuvo en la tumba, bajo el poder de la muerte, ‘fue imposible que fuera posesionado por ella’, porque El no tenía pecado”.23
 
La Naturaleza Humana de Cristo ¿Una Creencia Arriana?
Algo que debemos considerar ahora es la posición que vincula la creencia de que Cristo participó de la “ofensiva naturaleza humana” con una idea de origen arriana.24
Según se plantea “algunos pioneros adventistas se suscribían a ciertos conceptos arrianos (tales como el antitrinitarismo, Cristo como ser creado y la salvación por las obras), debido a que eso era parte de las creencias de las iglesias de donde provenían”.25 Se define a los creyentes de aquel entonces como “personas muy sui generis”.26
Resulta interesante saber que Elena de White empezó a hacer declaraciones que tendían a corregir algunas malas interpretaciones e ideas que se enseñaban. Por ejemplo, en 1863 declaró que Cristo era “igual a Dios”.27 Esta declaración inspirada tenía como propósito corregir la idea que concebía a Jesús como un ser creado e inferior al Padre. En 1888 dijo que es peligrosa la “doctrina que niega la divinidad de Cristo”.28 Y en 1898 expresó enfáticamente que en “Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra [vida]”.29
Hoy se reconoce que la “iglesia en general siguió en dirección de aceptar la eternidad de Cristo”.30 Pero se dice que “no pasó lo mismo con respecto a la naturaleza humana de Cristo”.31
En una evaluación de la situación de aquel tiempo de la historia adventista, George Nigth dijo que las “enseñanzas de Prescott, Waggoner y Jones sobre las tendencias pecaminosas de la naturaleza humana de Cristo saturaban el aire adventista a mediados de la década de los noventa”.32
Entonces, - se comenta - fue en aquel tiempo cuando aparecieron “escritos de Elena de White... llamando la atención a la total impecabilidad de Cristo”.33 Entre esos “escritos” se considera como uno de los “más notables” la ahora conocida carta de la Hna. White a W. L. H. Baker fechada de febrero del año 1895. En esta carta Elena le hizo claras correcciones a Baker por sus extrañas conclusiones sobre la humanidad de Cristo.
¿Qué se puede decir de todo esto? En primer lugar, se puede deducir que Baker llevó el asunto de la naturaleza humana de Jesús mucho más allá que Prescott, Waggoner y Jones. En segundo lugar, las declaraciones de los “mensajeros del Señor” que “saturaban el aire adventista a mediados de la década de los noventa” no dio origen a ninguna carta personal dirigida a ellos de parte de la Hna. White.
Si Baker se excedió y erró en los asuntos relacionados con la encarnación de Cristo y fue confrontado por la Hna. White, evidencia que el error en esto no puede pasarse por alto ni dársele larga. Sin embargo, no existe ningún registro en el que Elena de White confrontara a los “siervos de Dios” (Waggoner y Jones) y le corrigiera esa interpretación. Y esto no es de poca importancia como se ha querido decir, 34 pues fue mucho el tiempo que Elena de White pasó predicando junto a Waggoner y Jones en diferentes lugares, lugares en los que desde 1888 en adelante su mensaje de Buenas Nuevas estaba “saturado” por ese “precioso mensaje” que trae a Cristo “cerca y no lejos” de nosotros. ¿No le oyó ella con mucha atención? ¿Le pasó ella por alto a Waggoner y Jones lo que a otros no les perdonó? ¡No! Elena White estaba de acuerdo con ellos en el “núcleo de verdad” que ellos recibieron como luz de parte del Señor, y el entendimiento peculiar sobre la naturaleza humana que Cristo sumió en la encarnación era parte de ese conjunto de verdad. Ella misma definió en un contexto bien amplio el mensaje que ellos tenían como “la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria (de Dios)”; “es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento del Espíritu Santo”.35
El problema real no radica en que si ella apoyó o no la idea de Waggoner, Jones y Prescott sobre la humanidad de Cristo, el asunto real es: ¿Están nuestras ideas preconcebidas impidiéndonos hoy, como a algunos en el pasado, comprender y aceptar el “más precioso mensaje” de todos los tiempos?36 Semejante cosa es lo menos que necesitamos hoy.
 
Breve Mirada a la Carta de W. L. H. Baker
Al leer esta carta (o parte de ella) tal y como aparece en el Comentario Bíblico Adventista tomo V, págs. 1102-1103 se desprenden algunas cosas interesantes. Por ejemplo:
 
1-  Aparentemente (aunque Baker no lo dijera intencional y directamente) dejó entrever que Cristo tenía alguna “propensión pecaminosa”.
2-  Hizo uso de ciertas “suposiciones” que tenían “no pocas similitudes”.
3-  Sus aseveraciones en cuanto al tema tendían a ser mal interpretadas haciéndole decir más de lo que él expresaba.
4-  Una de esas malas interpretaciones a la que se llegaba era aparentemente que en Cristo había alguna “mancha de corrupción o una inclinación hacia ella”.
5-  Tendía a convertir a Cristo en alguien “completamente humano, como uno de nosotros”, y esto - dijo ella - “no puede ser”.
6-   Intentaba indagar “el momento exacto cuando la divinidad se convinó con la humanidad”.
 
Como se puede apreciar, esta carta no solo hace frente al tema de las “propensiones de pecado”, sino a otros asuntos como los ya mencionados. La siguiente parte de esta carta es resaltada de manera especial:
 
“Sed cuidadoso, sumamente cuidadoso en la forma en que os ocupáis de la naturaleza de Cristo. No lo presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al pecado... Por causa del pecado su posteridad (la de Adán) nació con tendencias inherentes a la desobediencia. Pero Jesucristo era el Unigénito Hijo de Dios. Tomó la naturaleza humana, y fue tentado en todo sentido como es tentada la naturaleza humana..., pero en ningún momento hubo en El tendencia alguna al mal".37
 
Ciertas expresiones que aparecen en el Comentario Bíblico tales como “tendencias inherentes”, “tendencia al pecado” y “tendencia... al mal” son traducidas en otros libros de la siguiente manera: “propensiones inherentes”, “propensión al pecado” y “propensión pecaminosa”. Esta última hasta se traduce como “propensión al mal” o “mala propensión”.
De igual manera, la expresión “tendencia al pecado” o “propensión al pecado” ha sido traducida como “propensión de pecado”, lo que le daría una connotación diferente. ¿Qué se puede decir de estas declaraciones? Pues bien, aquí se introduce un elemento más en este importante y solemne tema. Y es el uso que Elena de White le dio a la palabra “tendencia” o “propensión”.
 
Propensiones que Deben ser Controladas y Eliminadas
De algunos estudios que se han realizado se desprende el hecho de que la Hna. White  usó la palabra “tendencia” de diferentes maneras. Lo mismo se puede decir del término “propensión” y “pasión”.
Por ejemplo, en algunos casos ella utilizó el término “propensión” para referirse a algo que debe ser controlado. Veamos:
 
“Nuestras propensiones deben ser controladas, o nunca venceremos como Cristo venció”.38
 
En otro lugar ella habla que el hombre es habilitado “para poner todas sus propensiones bajo el control del poder de lo alto..."39 Aparentemente la solución para este tipo de “propensiones” o “tendencias” es que sean “controladas”, pues nos acompañarán hasta la segunda venida de Cristo.
También la Sra. White habló de “propensiones” que deben ser “eliminadas”, pues controlarlas no es la solución adecuada. Veamos:
 
“Aunque sus malas propensiones le parezcan tan preciosas como la mano o el ojo derecho, deben ser separadas de la obra, o no podrá ser aceptado por Dios”.40
 
“La propensión del amor al placer debe ser  descartada”.41
 
Otras “propensiones” que deben ser “eliminadas” son las siguientes: “propensión del amor al dinero”,42 “propensiones egoístas”,43 “propensiones depravadas”.44
De estas clase de “propensiones” se nos dice: “No necesitamos retener ninguna propensión (o tendencia) pecaminosa”.45 Y se nos pide esto porque esta clase de “propensiones” se han desarrollado en nosotros engendrando culpabilidad y por lo tanto pueden ser “eliminadas” y vencidas por el poder del Espíritu Santo en nosotros.
 
Pasiones que Deben ser Controladas y Eliminadas
De igual manera la Sra. White también usó la palabra “pasión” para hacer alusión a algo que tiene que ser controlado. Del apóstol Pablo dijo:
 
“La palabra ‘pongo en servidumbre’ mi cuerpo significan literalmente someter mediante estricta disciplina, los deseos, impulsos y pasiones... (él) tenía siempre presente la necesidad de vigilarse estrictamente,... luchando con todo su poder contra las inclinaciones naturales... sus palabras, sus actos, sus pasiones: todo lo sometía al dominio del Espíritu Santo”.46
 
De los cristianos dice: “Todo cristiano verdadero tendrá control de sus apetitos y pasiones”.47
De Adán antes de la caída se dice: “”sus apetitos y pasiones estaban bajo el control de la razón”.48
Pero la Sra. White habló también de “pasiones” que deben ser “eliminadas”. Veamos:
 
“Las pasiones no santificadas deben ser crucificadas”.49
 
“Nuestras... malas pasiones... deben ser vencidas".50
 
De la primera clase de “pasiones” (las que tienen que ser “controladas” y que no engendran culpabilidad sino se desarrollan) debe ser que Elena de White tenía in mente cuando dijo de Cristo:
 
“Aunque El tenía toda la fuerza de la pasión humana, nunca cedió a las tentaciones para no cometer un solo acto que no fuera elevado y noble”.51
 
“El fue hecho como uno de sus hermanos, con las mismas susceptibilidades, mentales y físicas”.52
 
Pero es bueno saber y entender también que debe ser de la segunda clase de “pasiones” y “propensiones” (las que deben ser “eliminadas” porque se han cultivado y engendran culpabilidad) de las que Elena de White tenía in mente cuando dijo de Cristo: 
 
“El es un hermano en nuestras enfermedades, pero no poseía pasiones como las nuestras”.53
 
“El fue un gran sustituto, no poseía las pasiones de nuestra caída naturaleza humana, pero envuelto en enfermedades, tentado en todo como nosotros”.54
 
Es en este contexto que debemos entender correctamente la razón de la siguiente declaración:
 
“Ni siquiera por un momento hubo en El una propensión pecaminosa”.55
 
Nótese algo muy interesante. Cuando Elena de White dice en la primera cita que Cristo “no poseía las [malas] pasiones” de nuestra naturaleza humana caída, lo hace en el contexto de la siguiente declaración: “envuelto en enfermedades, tentado en todo como nosotros”. Lo que indica que aunque su naturaleza humana le impulsó a la lucha, Él triunfó sobre ella. Si! Él “condenó el pecado en la carne” (Rom. 8:3).
En este tenor se ha observado que los términos “pasión y propensión son usados para describir algo que los cristianos deben controlar, pero que por la naturaleza de las cosas, tienen que retener y no pueden eliminar de su experiencia. En este uso ella tiende a unir la palabra propensión con términos descriptivos como estos: animal, humana, natural, etc.
”En el otro caso, pasión y propensión, son [términos] usados para describir algo que los cristianos no deben retener sino eliminar. Aquí el control no es la solución adecuada al problema. En este uso ella tiende a enlazar propensión con términos descriptivos como: malas, pecaminosa (como el caso de la carta a Baker), bajas, etc.
“En sus referencias a Cristo, ella indica que Él tuvo una clase de pasión y propensión, pero la otra no”.56 
 

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