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Hoy se sabe que durante los primeros años de la Iglesia
Cristiana casi no hubo discusión en cuanto a la identidad de Cristo. Esto
fue así mientras la iglesia existía "casi exclusivamente en Jerusalén".
Pero cuando los discípulos se extendieron en su predicación en
cumplimiento de la orden de Cristo (Mat. 28:18-19) y penetraron en el
campo gentil esto significó mucho, pues ahora no solo había que enfrentar
un cambio "social y étnico", sino dar respuestas a ciertas "preocupaciones
en cuanto a Jesús".1 Dentro de estas "Preocupaciones" habían algunas
relacionadas con su muerte, que aseguraban que sus sufrimientos fueron
"solo aparentes".
Después de la muerte de los discípulos la iglesia fue objeto de todo tipo
de errores doctrinales. Así tenía cumplimiento la profecía de Pablo
registrada en Hechos 20:29-30.
La naturaleza y la persona de Cristo fueron también objeto de continuos
debates, debates que, sin temor a equivocarnos permanecen hasta hoy. Se
conoce que el primer error sobre la naturaleza y persona de Cristo fue el
doscetismo. Según algunos, Cristo era "un fantasma" y no un hombre real,
que sólo parecía tener "un cuerpo" humano. Es decir, "el Verbo se hizo
carne sólo en apariencia". "Algunos sostenían que el Cristo que vio la
gente... no pestañaba y al caminar no dejaba huellas en la arena".2
El gnosticismo por su parte negaba que Jesús fuera un ser humano. Los
gnósticos consideraban a Jesús como un "eón", "(inteligencia eterna
emanada de la divinidad suprema...) que transitoriamente tomó posesión de
Jesús, que para ellos era un ser humano común".3
Según se cree, fue Simón el Mago el primero en iniciar el error sobre la
naturaleza y la persona de Cristo. También es considerado el primer
gnóstico cristiano (ver Hech. 8:9-24).
El gnosticismo ejerció una influencia tan grande dentro del cristianismo
que por un tiempo "la mayoría de los que se consideraban así mismos como
cristianos se adhirieron a una u otra de sus muchas formas".4 Pero en los
años siguientes fue combatido heroicamente por la Iglesia Cristiana.
Ya en el siglo II, Ireneo decía que Juan escribió su Evangelio para
refutar "los puntos de vistas docetitas de Cerinto" (cristiano de
Alejandría que sostenía que Cristo no vino en "carne" y que su encarnación
fue sólo aparente y no real).
Juan el discípulo amado hizo frente en sus escritos al docentismo (ver 1
Jn. 2:18-26; 4:1-3,9,14; 2 Jn. 7,9). En el Apocalipsis él habla de los "nicolaítas"
(Apoc. 2:6). Lo mismo hizo Pablo (Col. 2:4,8-9,18), Pedro (2 Ped. 2:1-3) y
Judas (v.4).
Como una reacción antes los múltiples dioses de los
gnósticos y ante los dos dioses de Marción (quien consideraba que el Dios
del A. T. era malo y el Dios de N. T. era bueno) el monarquianismo surgió.
Esta corriente resaltaba la unidad de la Deidad. Pero se fue al extremo
opuesto y más tarde la iglesia también lo condenó. Según se reconoce el
monarquianismo "pudo haber servido en gran medida para eliminar de la
iglesia las enseñanzas gnósticas, pero el remedio hizo casi tanto mal como
la enfermedad que pretendía remediar".5 El Monarquianismo se dividió en
dos clases: Los modalistas y los dinamistas. Los primeros negaban la
divinidad de Cristo y lo consideraron como "un mero hombre elegido por
Dios para ser el Mesías y que había sido elevado hasta un nivel de
deidad".6 Por su parte los dinamistas enseñaban que un "poder divino
animaba el cuerpo humano de Jesús - suponían que Jesús no tenía divinidad
propia en sí mismo y le faltaba un alma realmente humana -".7
"A comienzo del siglo III, Tertuliano refutó el monarquianismo modalista,
haciendo resaltar tanto la personalidad del Hijo de Dios como la unidad de
la Deidad... A mediados del siglo III, Orígenes propuso la teoría de la
generación eterna. Según ella solo el Padre es Dios en el sentido más
excelso. El Hijo es coeterno con el Padre, pero es ‘Dios’ sólo en un
sentido derivado... Orígenes puede ser llamado el padre del arrianismo".8
Arrio (un presbítero de la iglesia de Alejandría) sacudió la Iglesia
Cristiana con su doctrina antitrinitaria a comienzos del siglo IV. El
aceptó la teoría de Orígenes sobre Cristo.
Según Arrio, Cristo fue el primer ser creado por Dios, por lo que enseñaba
que en un tiempo Jesucristo "no existió". Aunque reconoció que Jesús era
la "más excelsa y primera de todas las criaturas" de Dios. "Para Arrio,
Cristo tampoco era verdaderamente humano porque no tenía un alma humana,
ni era verdaderamente divino ya que le faltaba la esencia y los atributos
divinos".9
Arrio alegaba que Cristo no podía ser igual al padre por la razón de que
se le llama "Hijo". "Si Cristo no tuviera comienzo, sería ‘hermano’ y no
‘Hijo’ de Dios. Arrio pretendía ser muy bíblico en sus afirmaciones.
Citaba con pasión evangelística esos textos que se refieren a la
subordinación funcional y temporal de Jesús como si se refiriera a su
esencia, a su misma naturaleza".10
Anastasio a quien se le llama "el padre de la ortodoxia" sostuvo en el
primer Concilio de Nicea (325 d.C.) que Cristo "era de la misma esencia
del padre" y "que siempre existió y que no provino de la nada". En este
Concilio el arrianismo fue "anatematizado" y se declaró que no se "negaba
la unidad de la Deidad cuando [se] defendía la Trinidad, ni [se] negaba la
Trinidad cuando [se] defendía la unidad".10
"Los arrianos rechazaron la decisión del Concilio, recurrieron al cisma y
durante varios siglos el arrianismo demostró ser el enemigo más formidable
de la Iglesia Católica Romana..."11
En el Concilio de Constantinopla (381 d.C.) se reafirmó lo acordado en el
Concilio de Nicea sobre las dos naturalezas de Cristo, la divina y la
humana.
Poco después del Concilio de Constantinopla "la iglesia se volvió al así
llamado aspecto cristológico del problema de la naturaleza y la persona de
Cristo. Se intentó definir la naturaleza del elemento divino y del
elemento humano en Cristo."12
Dos escuelas se formaron como consecuencia, una en Alejandría y otra en
Antioquia. La de Alejandría destacaba la unidad de las dos naturalezas de
Cristo (la divina y la humana), pero enfatizaba la importancia de la
divinidad. Por su parte, la escuela de Antioquia destacaba la naturaleza
humana de Cristo al tiempo que resaltaba la distinción entre la divinidad
y la humanidad de Jesús.
Pero una cosa era importante, ambas escuelas estaban de acuerdo al
reconocer la "unidad de la divinidad y la humanidad en una Persona:
Jesucristo".13
Nestorio de Antioquia se destacó al aceptar la verdadera "divinidad y la
verdadera humanidad" de Cristo, pero negaba erróneamente que la humanidad
y la divinidad se unieron en una sola persona, Cristo. "La Deidad no se
humilla; la humanidad no se ensalza - sostenía -. Hay un Dios y hay un
hombre, pero no hay un Dios-hombre."14
Con el propósito de resolver la controversia entre la escuela de
Alejandría y Antioquia se reunió en Éfeso el tercer Concilio ecuménico
(431 d.C.). Pero, curiosamente "nada se decidió ni se realizó, excepto
ampliar la brecha, y la controversia resultante tomó tales proporciones
que se pusieron a un lado todos los otros problemas doctrinales".15 Con
todo, el concilio condenó las enseñanzas de Nestorio, aunque no redactó un
nuevo credo que sustituyera al Credo de Nicea.
"Después del Concilio de Éfeso surgió otra teoría conocida como
monofisismo, o eutiquianismo, que se caracterizaba por presentar un
concepto de Cristo precisamente opuesto al de Nestorio. Eutiques, su
principal expositor, sostenía que la naturaleza humana original de Jesús
se transformó en divina en la encarnación, con el resultado de que el
Jesús humano y el Cristo divino llegaron a ser una persona y una
naturaleza".16
En el año 451 fueron condenados el monofisismo y el nestorianismo en el
Concilio de Calcedonia. Hoy se sabe que Nestorio y Eutiques rechazaron la
decisión del concilio. Vez tras vez se evidencia que es "más fácil
discutir asuntos teológicos que ser un cristiano amante y servicial",17 y
no sólo eso, también es más fácil sostener un argumento por orgullo hasta
sus últimas consecuencias y creernos el error como verdad, que negarnos a
nosotros mismos y reconocer que no lo sabemos todo y que en algo podemos
estar equivocados. La historia de estos dos hombres se repite en nuestro
medio con demasiada frecuencia, pues de lo más que estamos rodeados es de
cristianos orgullosos llenos de suficiencia propia que ignoran de paso,
que personas de esta naturaleza fueron los que gritaron a Pilatos de
Cristo "¡Crucifícale!, ¡Crucifícale!, ¡Crucifícale!".
El Concilio de Calcedonia afirmó la perfecta divinidad y la perfecta
humanidad de Cristo. Como resultado del Concilio de Calcedonia se perpetuó
e intensificó el cisma en el oriente. Finalmente el emperador Justiniano,
convencido de que la seguridad del imperio requería una solución del
problema, clausuró permanentemente las escuelas de Antioquia y Alejandría,
los dos centros de controversias.
Es interesante saber, que para Oriente así como para Occidente "las
decisiones de los concilios llegaron a ser dogmas". Por su parte, la
"reforma encontró que tanto la rama romana del cristianismo como la
protestante estaban de acuerdo en lo fundamental en cuanto a lo que atañe
a la Trinidad y a la naturaleza de Cristo".18 Con todo, dos pequeños
grupos en la Reforma no concordaron con la posición nicena. Estos fueron
los socinianos y los arminianos. Los primeros "resucitaron la idea básica
monarquiana de que es inconcebible una Trinidad divina. El unitarismo
moderno perpetua este concepto".19 El segundo grupo sostenía en algunos
aspectos, "que el Hijo está subordinado al Padre". Esta segunda posición
es sostenida por algunos grupos religiosos de la actualidad.
Nota:
Las ideas sostenidas por algunos hombres del pasado referente a la
naturaleza de Cristo pueden ser trazadas mucho más allá de sus conceptos
sobre la Cristología; en realidad, en muchas ocasiones tienen que ver con
un mal entendimiento de la Soteriología bíblica. Por ejemplo, mencionemos
el caso del obispo Arrio, cuyo "punto de partida era un monoteísmo
absoluto que negaba toda posibilidad de pluralidad dentro de la
divinidad".20 Para Arrio todo lo que existe fue creado por Dios, menos El
mismo, por eso sostuvo que Cristo fue el primer ser creado por Dios,
aunque el más el excelso de todas las criaturas. Tristemente Arrio
"confundía la posición subordinada que el Hijo asumió en la encarnación
con la esencia de su persona".21
Para Arrio Cristo era el hombre modelo, que al ser imitado e igualado
proporcionaba salvación al creyente. Y para poder tener un Modelo posible
de imitar no podía tener nada de divino, porque entonces sería imposible
imitar o copiar. "Y así, como Cristo era un ser creado, obedeció a Dios
perfectamente, nosotros debemos hacer lo mismo... en realidad, Arrio
necesitaba un Cristo creado, igual a nosotros para resolver su
Soteriología... Obviamente, en este sistema, la gracia de Dios [Efe.
2:8-9] no figuraba en forma prominente, ya que el hombre jugaba un papel
más importante en el proceso".22
De manera similar, en el presente, muchos errores doctrinales sobre la
naturaleza de Cristo llevan a un mal entendimiento de la doctrina de la
salvación, hasta una perversión del "Evangelio Eterno" (véase Gál. 1:7-9;
Apoc. 14:7).
Hasta aquí hemos visto tan sólo un breve repaso de algunos conceptos
cristológicos en el transcurso de la historia de la Iglesia Cristiana.
Aunque las Escrituras contienen más informaciones sobre la divinidad de
Cristos, lo que hemos mencionado es suficiente para saber sobre que pie
estamos parados. Y al mismo tiempo entender más que nunca que es lo que la
Biblia dice, y no lo que los hombres o concilios de iglesias puedan decir.
Damos gracias a Dios porque su Palabra es "útil para enseñar e instruir en
justicia" y no sólo eso, sino también que es "útil... para corregir...
para que el hombre de Dios sea perfecto y enteramente instruido para toda
buena obra" (2 Tim. 3:16-17).
Por
esta razón al continuar este estudio sobre la personalidad de Cristo
utilizaremos la Biblia como única herramienta de nuestro análisis.
Jesús Antes de la Encarnación
La existencia de Cristo antes de la encarnación queda explícitamente
establecida al leer los siguientes pasajes Miq. 5:2; Jn. 1:1-3; 8:58; 1 Jn.
1:2.
Ahora bien, ¿quién era Cristo antes de su encarnación?
¿Cómo se presentó Jesús y con qué nombres a los hombres de Dios en tiempos
del Antiguo Testamento? Lo cierto es que Cristo se dio a conocer de muchas
maneras y bajo diferentes nombres. Veamos.
Josué 5:13-15.
En este relato Jesús se le aparece a Josué como el "Príncipe del ejército
de Jehová". Ante este "Príncipe" Josué se postró "sobre su rostro en
tierra" "le adoró y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?". Se dirá
que el hecho de que Josué le llamara "Señor" no deja entrever nada
importante ya que "Señor" era un título aplicado aun a los hombres en los
tiempos bíblicos. Pero, ¿qué decir de la adoración por parte de Josué? El
libro de Apocalipsis revela que los ángeles de Dios no aceptan adoración
porque ellos son "consiervos" con nosotros, de Dios (Apoc. 19:10; 22:8-9).
Pero este Ser no se negó a recibir adoración y esto evidencia que aunque
no era Dios el Padre, era uno que comparte junto con El su autoridad y
gloria, por lo que merece adoración. Los Evangelios revelan que Cristo fue
adorado por los hombres y El nunca dijo que era incorrecto adorarlo (Mat.
28:17; Juan 9:38;). El también fue adorado por los ángeles en ocasión de
su nacimiento, lo que indica que ellos reconocieron en El uno que comparte
autoridad y gloria con el Padre (Heb. 1:6, Léase este pasaje en la Versión
Nuevo Mundo de las Escrituras revisión 1967, pues en la nueva versión, el
pasaje a sido traducido como "que todos los ángeles de Dios le rindan
homenaje" para negar este hecho).
La adoración de las criaturas se debe única y exclusivamente a Dios según
las palabras del mismo Jesús: "Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo
servirás" (Mat. 4:10). Y el mismo Dios declara que esa gloria no la
comparte con nadie (Isa. 42:8). Lo que indica que si Jesús la recibe es
porque El comparte con el Padre una misma naturaleza y honra.
Esto lo confirma el libro del Apocalipsis, pues después de decir que Dios
el Padre es "digno" de "recibir la gloria, la honra y el poder" (Apoc.
4:10), dice también del Hijo: "El Cordero que fue inmolado es digno de
tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la
gloria y la alabanza" (cap. 5:12). Luego, a una voz, los seres celestiales
se unen para proclamar de los dos: "el que está sentado en el trono y al
Cordero sea la alabanza, la honra, la gloria, el poder, por los siglos de
los siglos" (v. 13). Así tienen pleno cumplimiento las palabras de Cristo:
"Para que todos honren al Hijo como honran al Padre" (Jn. 5:23).
Aquí no hay lugar para la subordinación del Hijo para con el Padre, sino
una condición de igualdad. Por lo menos estos pasajes revelan esa verdad.
Algo muy importante en el pasaje en cuestión es la orden del "Príncipe"
dada a Josué de quitarse los zapatos de sus pies porque el lugar donde él
estaba era santo (Josué 5:15). Esta declaración es idéntica a la que Dios
le dio a Moisés en el monte Horeb (Éxo. 3:5). ¿Por qué era santo el lugar
donde Moisés y Josué se encontraron con Dios? En el libro de Éxodo
encontramos la respuesta: "El lugar será santificado con mi gloria” (cap.
29:43). Lo que hace santo a una cosa o lugar es la "presencia" de Dios.
También por orden expresa de Dios puede ser santificado algo (Gén. 2:2-3).
En el Nuevo Testamento se le aplica a Jesús el nombre sagrado de Jehová
(Mat. 3:3). En este pasaje Mateo usa las palabras de Isaías para describir
la obra de Cristo.
De la misma manera que el nombre Jehová, el término "Padre"
se le atribuye también a Cristo (lea detenidamente Isa. 9:6).
Génesis 16:7-14.
En este pasaje se registra el diálogo de Agar la sierva de Sara y el Ángel
de Jehová. El "Ángel de Jehová" se refiere a Cristo con mucha frecuencia
en el Antiguo Testamento. Veamos el contenido de este interesante pasaje.
El Ángel le dijo que volviera a casa de su señora y que fuera sumisa bajo
su mano (v. 9). Luego le dijo: "multiplicaré tanto tu descendencia, que no
podrá ser contada" (v. 10). Le dijo también el nombre que le iba a poner a
su hijo, Ismael. Cuando el Ángel terminó de hablar, nótese lo que dicen
las Escrituras: "Llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres
Dios que me ve; porque dijo: ¿No he visto aquí al que me ve?"
¡Interesante! ¿Verdad?
Alguien puede decir que aquí Agar no llamó "Jehová" a
Cristo sino que dijo a Dios no a El "Tu eres Dios que me ve". Pero por
favor, nótese que ese Dios que la veía según ella misma, fue a quien le
dijo: "He visto al que me ve". Y fue a Cristo realmente a quienes dirigió
estas palabras. ¡Y al El le llamó "Jehová"!
Génesis 22:1-2, 9-12.
En este capítulo Dios llamó a Abrahán (v.1) y le pidió que ofreciera a
Isaac, su hijo predilecto en holocausto en tierra de Moriah (vers.2).
Cuando llegaron al lugar Abrahán edificó un altar y ató a Isaac en él (vv.
9), y extendiendo su mano para sacrificarlo desde el Cielo le habló el
Ángel de Jehová: "Abrahán... no extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le
hagas nada, que ya conozco que temes a Dios, pues no me negaste a tu hijo"
(vv. 11-12). Nótese que el Ángel de Jehovah (Cristo) dijo ser quien le
había pedido que sacrificara a su hijo al decir "no me negaste a tu hijo",
aunque los versículos precedentes dicen claramente que fue "Dios".
No podemos negar que Cristo estuvo involucrado directamente en este
incidente, pues a este hecho se refirió cuando dijo: "Abrahán, vuestro
padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó" (Jn. 8:56).
Unos de los capítulos más reveladores lo veremos ahora.
Isaías 6:1-10.
En el mismo año que murió Uzías rey de Judá, Isaías tuvo una visión
gloriosa del Dios Todopoderoso. En ella vio a Jehovah sentado en un trono
alto y sublime (v. 1). Los querubines que estaban encima de El decían:
"Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la Tierra está llena
de tu gloria" (v. 3).
Ahora bien, cuando nosotros leemos el Nuevo Testamento descubrimos llenos
de asombro que a quien Isaías llama "Jehovah de los ejércitos", según el
entendimiento e interpretación de Juan, es Cristo. (lea con detenimiento
Jn. 12:41-42).
Si Arrio se hubiera detenido a recibir la verdad de estos
pasajes se habría ahorrado muchas malas interpretaciones bíblicas como las
que sostuvo.
Éxodo 3:1-7,10-15.
Mientras Moisés apacentaba las ovejas de su suegro Jetro se le "apareció
el Ángel de Jehová en medio de una zarza" (vv. 1-2). Como la zarza ardía y
no se quemaba Moisés se acercó para ver este prodigio. Entonces, "viendo
Jehová que él iba a ver lo llamó de en medio de la zarza" (v. 4). Notemos
de inmediato algo sumamente interesante. Según el verso 2 quien está "en
medio" de la zarza que arde es el "Ángel de Jehovah", pero en el verso 4
se le da el Nombre de Jehovah, pues dice: "viendo Jehovah... lo llamó de
en medio de la zarza". ¡Interesante! Pero veamos más.
En el verso 5 el Ángel le da la misma orden que posteriormente le daría a
Josué bajo el Nombre del "Príncipe del ejército de Jehová" de quitar los
zapatos de sus pies. Luego añade algo sorprendente, pues dice: "Yo soy el
Dios de tu Padre, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, y Dios de Jacob". Mire
ahora lo que sigue: "Moisés se cubrió su rostro, porque tuvo miedo de
mirar a Dios". ¡Increíble! Este temor reverente que embargó a Moisés ante
la presencia de Cristo es el mismo que debe llenarnos para que pueda
quemar en nosotros todo pecado y error que nos impida mirar y conocer a
Cristo como lo que realmente es, Dios en el más excelso y completo sentido
de la palabra.
Ahora, esto no quiere decir que vamos a confundir la personalidad del Hijo
con la del Padre como si fueran la misma persona, como muchos han hecho.
El registro bíblico dice claramente que son dos personas (Jn. 10:38-39;
5:19-23).
Pero aun hay más en este capítulo. El Ángel de Jehová fue quien dijo la
solemne declaración en el vers. 14: "YO SOY EL QUE SOY". Para los judíos
este nombre de Dios era tan sublime y sagrado que cuando Jesús dijo:
"Antes de que Abrahán fuese YO SOY (griego ego eimi), quisieron
apedrearlo (lea Jn. 8:58-59). En efecto, en estos vers. Cristo evocó el
Nombre divino “YO SOY EL QUE SOY”, es decir, el Existente, el Eterno.
Parece ser que por revelación divina Jacob sabía que el Ángel de Jehová
era el Salvador prometido, quien siempre trabaja a favor de los hombres.
Tal vez por esto reconoció que Jehová es "el Ángel" que lo liberaba de
todo mal (Gén. 48:15-16).
La proclamación de los Diez Mandamientos se considera la obra exclusiva de
Dios, pues las Escrituras dicen que fueron escritos en tablas de piedras
por el "dedo" de Dios. De esta gloriosa ocasión dice la Biblia: "Vino de
entre diez millares de santos, con la Ley de fuego a su mano derecha" (Deut.
32:2). Pero cuando leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles
descubrimos que según el testimonio de Esteban fue "el Ángel" quien
hablaba con Moisés en el Monte Sinaí, y que le dio "las Palabras de vida"
(Hech. 7:38).
Todavía aparecen más evidencias de la igualdad de Cristo con Dios el Padre
en el Antiguo Testamento, pero no vamos a citarlas, porque creemos
suficientes las ya analizadas. Con todo, veremos la explicación de algunos
pasajes del Nuevo Testamento que hablan de la subordinación del Hijo hacia
el Padre.
Conocer las explicaciones que anteceden nos salvará a
nosotros de interpretar algún pasaje del Nuevo Testamento fuera del
contexto que nos provee el Antiguo Testamento. Cuan en lo cierto estaba
Cristo cuando dijo hablando del Antiguo Testamento: "Escudriñad las
Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mi" (Juan 5:39).
Hay algunos pasajes del Nuevo Testamento, tales como Col. 1:15; Apoc.
3:14 Jn. 3:16 y Heb. 1:5 que han sido utilizado para justificar la
doctrina de que Cristo es un ser creado. Estos pasajes están explicados en
la Sección Pasajes Difíciles.
Ver estos comentarios para mayor información.
Conclusión
Sabemos que en el transcurso de los tiempos no ha sido fácil detectar cual
es la verdad en lo referente a algunos puntos doctrinales, pues el error
ha combatido tenazmente por imponerse, y en cada época de reavivamiento de
la verdad y la fe genuina, él ha estado presente levantando su fea cabeza.
Es verdad que por años ha parecido vencer, pero no ha logrado exterminar
la verdad de la Tierra, pues Dios siempre ha conservado un remanente "que
no ha negado la fe" y que "no han manchado sus ropas" con el error, por
eso dice "el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas"
que ellos "andarán" con El "vestidos de vestiduras blancas, porque son
dignas" (Apoc. 2:13; 3:4).
Sin embargo, a Dios no le ha preocupado tanto el error que merodea y
amenaza a sus hijos en el transcurso del tiempo. Lo que más le ha
preocupado es la actitud que ellos en muchas ocasiones han adoptado
llenándose de orgullo espiritual, y se han creído superdotados de verdad,
no sabiendo que los caminos de Dios son insondables y que Dios puede usar
cualquier medio para iluminarnos en el presente, y es probable que
tengamos que humillarnos ante alguna verdad descuidada y desconocida por
años.
Creo, que una de esas verdades descuidadas y que no permite tener un
concepto claro del infinito sacrificio de Cristo a favor del hombre, es la
enseñanza de que Jesús es un ser creado. Doctrina que no solo destruye la
personalidad de Cristo, sino que impide tener un concepto claro del
"Evangelio Eterno", pues si Cristo es un ser creado su sacrificio en el
Calvario para salvar hombre y redimirlo del pecado no es infinito, pues
Dios no estaba involucrado más que de lejos observando. Pero si aceptamos
el testimonio bíblico de la completa divinidad de Cristo veremos no solo
una criatura que se sacrifica por una noble causa, sino que Dios mismo es
quien enfrenta los desafíos que el pecado arrojó a su obra y gobierno
atrayendo hacia sí la criatura que el pecado arrebató. Realmente,
entonces, se realizó un sacrificio INFINITO.
Es probable que muchas preguntas queden sin responder en este documento,
pues no es exhaustivo es sí mismo por tratar solamente algunos pasajes.
Sin embargo esto no debe ser una razón para rechazar el testimonio de la
Palabra de Jehová. Pero si de algo ha servido y Dios ha hablado, las
puertas del diálogo franco y sincero están abiertas.
Termino con las palabras del inmaculado y eterno Jesucristo: "El que es de
Dios conocerá si mi doctrina es de Dios o no".
Referencias:
1- El Carpintero Divino, p. 22.
2- Ibíd., p. 25.
3- Comentario Bíblico Adventista,
tomo I, p. 890.
4- Ibíd.
5- Ibíd., p. 891.
6- Ibíd.
7- Ibíd.
8- Ibíd.
9- Ibíd., p. 892.
10- El Carpintero Divino, p. 26.
11- Comentario Bíblico Adventista, tomo I, p. 892.
12- Ibíd.
13- Ibíd.
14- Ibíd., p. 893.
15- Ibíd.
16- Ibíd.
17- El Carpintero Divino, p. 181.
18- Comentario Bíblico Adv. Tomo I, p. 894.
19- Ibíd.
20- El Carpintero Divino, p. 95.
21- Ibíd.
22- Ibíd., p. 96
23- Radiografía del Jehovismo, p. 80.
24- El Futuro del Mundo Revelado en el Apocalipsis, p. 79.
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