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"Cristo Jesús... siendo en forma de Dios... se anonadó [despojó] a sí
mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres"
(Fil. 2:5-7). Fue hecho semejante a los hombres, como son los hombres,
precisamente donde éstos están.
"El Verbo fue hecho carne". "Participó de lo mismo", de la misma carne y
sangre de la que son participantes los hijos de los hombres, en la
condición en la que están desde que el hombre cayera en el pecado.
Y así está escrito que "venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su
Hijo, hecho... súbdito a la ley [nacido bajo la ley]".
Estar bajo la ley es ser culpable, condenado, y sujeto a la maldición.
Está escrito: "sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están bajo
la ley lo dice, [para que... todo el mundo aparezca culpable ante el
juicio de Dios]. Eso es así "por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios" (Rom. 3:19 y 23; 6:14).
Y la culpabilidad de pecado trae la maldición. En Zacarías 5:1-4, el
profeta contempló "un rollo que volaba... de veinte codos de largo, y diez
codos de ancho". El Señor le dijo: "ésta es la maldición que sale sobre la
haz de toda la tierra". Y ¿cuál es la causa de esa maldición que sale
sobre la haz de toda la tierra? Ésta: "porque todo aquel que hurta, (como
está de la una parte del rollo) será destruido; y todo aquel que jura,
(como está de la otra parte del rollo) será destruido".
El rollo es la ley de Dios. Se cita un mandamiento de cada una de las
tablas, mostrando que ambas están incluidas. Todo aquel que roba -que
transgrede la ley en lo referente a la segunda tabla- será destruido, de
acuerdo con esa parte de la ley; y todo el que jura -transgrede en
relación con la primera tabla de la ley- será destruido, de acuerdo con
esa parte de la ley.
Los escribanos celestiales no necesitan tomar registro de los pecados
particulares de cada uno; es suficiente con anotar en el rollo
correspondiente a cada hombre, el mandamiento particular que se ha violado
en cada transgresión. Ese rollo de la ley va acompañando a cada uno, allá
donde él vaya, hasta permanecer en su misma casa, como demuestran las
palabras: "Yo la saqué, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la casa
del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre; y
permanecerá en medio de su casa".
Y a menos que se encuentre un remedio, ese rollo de la ley permanecerá
allí hasta que la maldición consuma a ese hombre y a su casa, "con sus
enmaderamientos y sus piedras", esto es, hasta que la maldición devore la
tierra en aquel gran día en que los elementos, ardiendo, serán deshechos.
"Ya que el aguijón de la muerte es el pecado", y la maldición del pecado,
"la ley". (1 Cor. 15:56; Isa. 24:5 y 6; 2 Ped. 3:10-12).
Pero afortunadamente, "Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido
bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley" (Gál. 4:4 y
5). Viniendo como lo hizo, trajo redención a toda alma que se encuentra
bajo la ley. Pero a fin de traer perfectamente esa redención a quienes
están bajo la ley, Él mismo ha de venir a los hombres precisamente en el
lugar donde se encuentran, y de la forma en que se encuentran: bajo la
ley.
Jesús asumió todo eso, ya que fue "hecho súbdito a la ley"; fue hecho
"culpable"; fue hecho condenado por la ley; fue "hecho" tan culpable como
lo es todo hombre que está bajo la ley. Fue "hecho" bajo
condenación, tan plenamente como lo es todo hombre que ha violado la ley.
Fue "hecho" bajo la maldición, tan completamente como lo haya sido o pueda
serlo jamás todo hombre en este mundo, "porque maldición de Dios es el
colgado [en el madero]" (Deut. 21:23).
La traducción literal del hebreo es como sigue: "aquel que cuelga del
madero es la maldición de Dios". Y esa es precisamente la fuerza
del hecho respecto a Cristo, ya que se nos dice que fue "hecho
maldición". Así, cuando fue hecho bajo la ley, fue hecho todo lo que
significa estar bajo la ley. Fue hecho culpable; fue hecho condenado; fue
hecho maldición.
Pero manténgase siempre presente que todo eso, "fue hecho". En sí
mismo, él no era nada de eso por defecto innato, sino que "fue
hecho" todo eso. Y todo cuanto fue hecho, lo fue por nosotros;
por nosotros que estamos bajo la ley; por nosotros que estamos
bajo la condenación debido a la transgresión de la ley; por nosotros
que estamos bajo maldición por haber jurado, mentido, matado,
robado, cometido adulterio, y toda otra infracción del rollo de la ley de
Dios, ese rollo que va con nosotros y que permanece en nuestra casa.
Fue hecho bajo la ley, para redimir a los que están bajo la ley.
Fue hecho maldición, para redimir a quienes están bajo maldición, A
CAUSA de estar bajo la ley.
Pero sea quien sea el beneficiario de lo realizado, y sea lo que sea lo
conseguido con su cumplimiento, no se olvide jamás el hecho de que,
a fin de poder realizarlo, él tuvo que ser "hecho" lo que ya eran
previamente aquellos en cuyo beneficio lo realizó.
Por lo tanto, todo aquel -en cualquier parte del mundo- que conozca el
sentimiento de culpa, necesariamente conoce lo que Cristo sintió por él; y
por esa razón conoce cuán cercano a él vino Jesús. Todo aquel que sabe lo
que es la condenación, conoce exactamente lo que Cristo sintió por él, y
comprende así cuan perfectamente capaz es Jesús de simpatizar con él y de
redimirlo. Cualquiera que conozca la maldición del pecado, "cuando
cualquiera sintiere la plaga de su corazón" (1 Rey. 8:38), en eso puede
tener una idea exacta de cuanto Jesús experimentó por él, y de cuán
plenamente se identificó Jesús -en su misma experiencia- con él.
Llevando la culpa, estando bajo condenación, y de esa forma bajo el peso
de la maldición, Jesús, durante toda una vida en este mundo de culpa,
condenación y maldición, vivió la perfecta vida de la justicia de
Dios sin pecar absolutamente jamás. Y todo hombre conocedor de la
culpa, condenación y maldición del pecado, sabiendo que Jesús realmente
sintió en su experiencia todo eso precisamente tal como lo siente el
hombre, si además ese hombre cree en Jesús, podrá
conocer por propia experiencia la bendición de la perfecta vida de
justicia de Dios en su vida, redimiéndole de culpa, de
condenación y de maldición, manifestándose a todo lo largo de su
vida, guardándole absolutamente de pecar.
Cristo fue hecho bajo la ley, para que pudiese redimir a los que estaban
bajo la ley. Y la bendita obra se cumple para toda alma que acepte una
redención tal.
"Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición". No es en vano que se hizo maldición, ya que justamente en eso
radica la consecución del fin buscado, en beneficio de todo aquel que lo
reciba. Todo eso se hizo "para que la bendición de Abraham fuese sobre los
gentiles en Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del
Espíritu" (Gál. 3:14).
Una vez más, sea cual sea el fin buscado y su cumplimiento, debe tenerse
siempre presente el hecho de que, en su condescendencia, en el anonadarse
a sí mismo y ser "hecho semejante a los hombres", y en su "hecho carne",
Cristo fue hecho bajo la ley, culpable -bajo condenación, bajo maldición-
de una forma tan plena y real como lo es toda alma que haya de ser
redimida.
Y habiendo pasado por todo ello, vino a ser el autor de eterna salvación,
pudiendo salvar plenamente, aún a partir de la más profunda sima, a los
que por él se allegan a Dios.
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