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# 21:
¿Tentó Satanás a Cristo después de que ayunó 40 días?
EGW: No:
“Tan pronto como comenzó el largo ayuno de Cristo, Satanás estuvo
cerca con sus tentaciones… Satanás dijo a Cristo que no era
necesario que el sufriera el dolor del hambre y la muerte por
inanición” (Redemption of
the Temptation of Christ [Redención de la tentación de Cristo], p.
37, edición de 1874).
EGW: No:
“Tan pronto como comenzó el largo ayuno de Cristo en el desierto,
Satanás… Rodeado de luz, vino a Cristo pretendiendo ser uno de
los ángeles del trono de Dios… Pretendió hacer creer a Cristo que
Dios no le requería que pasara por la abnegación y los
sufrimientos que él anticipaba” (Christ
Our Saviour [Cristo nuestro Salvador], p. 45; Mensajes selectos,
vol. 1, p. 320).
EGW: No:
“Durante cuarenta días estuvo tentándole Satanás” (Primeros
escritos, p. 155).
EGW: Sí:
“Cuando Jesús entró en el desierto, fue rodeado por la gloria del
Padre… Pero la gloria se apartó de él, y quedó solo para luchar
con la tentación… Durante cuarenta días ayunó y oró… Entonces vio
Satanás su oportunidad. Pensó que podía vencer a Cristo.” (El
Deseado de todas las gentes, p. 118).
La Biblia: Sí: “Después de haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. Se le acercó el
tentador y le dijo: -- Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras
se conviertan en pan.” (Mat 4:2, 3).
Respuesta:
La Biblia: “por cuarenta días, y era tentado por el
diablo. No comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo
hambre. Entonces el diablo le dijo: -- Si eres Hijo de Dios, di a
esta piedra que se convierta en pan” (Luc 4:2, 3).
Aquí se puede apreciar un ejemplo perfecto de porqué
estas acusaciones no prueban un error o contradicción. DyD citaron
sólo del evangelio de Mateo sin mencionar lo que que Marcos, Lucas
o Juan tienen para decir sobre este evento. En la tercera
declaración de Elena G. de White, está citando a Lucas casi
palabra por palabra. Con esta acusación en particular, nos vemos
forzados a tomar una decisión: o Mateo era inspirado y Lucas y
Elena G. de White no fueron inspirados (y estaban en error), o
Lucas y Elena G. de White dar un registro más detallados de lo que
sucedió, mostrando que algunas tentaciones comenzaron durante los
40 días y no después. Mateo (al igual que Elena G. de White en la
cuarta cita) simplemente se centra en la primera de las tres
tentaciones principales que se listan en su libro y en el de
Lucas. Juan no menciona este encuentro para nada, y Marcos sólo
dice: “Y estuvo allí en el desierto cuarenta días. Era tentado por
Satanás y estaba con las fieras, y los ángeles lo servían” (1:13).
D
y
D
concluyen:
“Otro ejemplo de cómo
Elena G. de White contradice la Biblia y confunde la mente. La
Biblia no dice nada de que Satanás vino a tentar a Jesús antes de
su ayuno o que lo tentó por cuarenta días, sino que después de
cuarenta días el tentador vino a Jesús.”
# 22:
¿Fue María alejada de la escena y los huesos de Jesús quebrantados
durante su crucifixión?
EGW: Sí:
“La madre de Jesús estaba agonizante, casi más allá de sus
fuerzas, y mientras extendían a Jesús sobre la cruz, y estaban a
punto de clavar sus manos con los crueles clavos a los brazos de
madera, los discípulos apartaron de la escena a la madre de
Cristo, para que ella no oyera el golpe de los clavos mientras
eran introducidos en los huesos y músculos de sus tiernas manos y
pies.” (Spiritual Gifts
[Dones espirituales], vol. 1, p. 58, escrito en 1858).
EGW: No:
“Vio sus manos extendidas sobre la cruz; se trajeron el martillo y
los clavos, y mientras éstos se hundían a través de la tierna
carne” (El Deseado de todas las gentes, p. 693, escrito en 1898).
La Biblia: No: “Lo seguía una gran multitud del
pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él…
Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido
desde Galilea, estaban mirando estas cosas de lejos… Las mujeres
que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron y vieron el
sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo” (Luc 23:27, 49, 55).
La
Biblia: No:
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su
madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena” (Juan 19:25).
La
Biblia: No:
“…pues estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura:
‘No será quebrado hueso suyo’” (Juan 19:36).
Respuesta:
Hay dos cuestiones aquí:
1. María alejada de la cruz
No, la Biblia no dice
que María fue alejada de la escena. Incluso no dice que ella
permaneció allí para presenciar cada parte del doloroso evento.
DyD usan Juan 19:25 (“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre”)
para probar que ella nunca fue alejada ni siquiera por un momento,
pero Elena G. de White no dice que María nunca estuvo allí; sólo
dice que fue alejada. Una lectura de lo que sigue después de la
referencia que aparece arriba (Spiritual
Gifts, vol. 1) revela que el discípulo Juan volvió a llevarla otra
vez a la cruz (p. 59; ver también El Deseado de todas las gentes,
p. 700).
2. Los huesos de Jesús “quebrados”
Elena G. de White declara que los clavos “eran
introducidos en los huesos y músculos de sus tiernas manos y
pies”. ¿Fue así? Cuando alguien era crucificado, así era como se
hacía. Cada cristiano ha visto ilustraciones de Jesús en la cruz,
y por cierto que esto no es invento de Elena G. de White (algunos
dicen que los clavos eran en realidad clavados en las muñecas,
pero aún así esto requeriría que “atravesara” los huesos). Jesús
mismo registra todo esto cuando se aparece a los discípulos que
estaban escondidos después de la resurrección. Ellos temían que
fuera un fantasma y él les dijo “mirad mis manos y mis pies” y
entonces “les mostró las manos y los pies” (Luc 24:39, 40).
Alguno puede decir que esto no era para mostrar las
impresiones de los clavos, sino para mostrar que él era de carne.
Pero no olvidemos lo que dijo Tomás (que no estaba allí durante
este primer encuentro) después de oír acerca de él: “Si no veo en
sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de
los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré” (Juan
20:25). ¿De dónde obtuvo esa idea? Le habían contado que Jesús les
mostró las impresiones de los clavos en sus manos y pies.
Entonces, cuando Jesús se aparece a Tomás, le dice que examine sus
manos y su costado (la herida de la lanza), lo cual Tomás hizo y
luego creyó (vers. 27).
Ahora, después de haber dejado en claro que Jesús
definidamente sufrió que atravesaran sus manos y pies con los
clavos (ver también Isaías 49:16; Salmo 22:16; Zacarías 12:10),
debemos preguntarnos si alguna vez “atravesaron” sus huesos. No
importa dónde se introdujeran los clavos, deben haber encontrado
algún hueso y por tanto tenían que de alguna manera “atravesar”
huesos para afirmar a Jesús en la cruz. Cuando la Biblia habla de
que ningún hueso de Cristo sería quebrado (Salmo 34:20), aclara lo
que quiere decir en Juan 19:31-36, donde vemos que cuando los
soldados vinieron para quebrar las piernas (huesos) de los que
habían sido crucificados ese día, no quebraron los huesos de
Cristo pues ya estaba muerto. La Biblia no menciona lo que sucedió
biológicamente cuando los clavos fueron introducidos en las manos
y pies. Pero incluso si Dios preservó milagrosamente los huevos de
las manos y pies de Cristo, no cambia el hecho bíblico de que los
clavos lo “atravesaron”. Esto otra vez es realmente semántica.
Elena G. de White dice “atravesaron”; la Biblia dice
“traspasaron”. De acuerdo con el diccionario en español, la
palabra “traspasar” significa: (1) Pasar a la otra parte;
pasar una cosa de un sitio a otro. (2) Atravesar de parte a
parte alguna cosa con un arma o instrumento; hacer sentir un dolor
físico o moral con extraordinaria violencia.
Elena G. de White nunca dijo que “los huesos” de
Cristo “fueron quebrados”. Cuando ella dice que los clavos
“atravesaron” sus manos y pies, estaba en perfecta armonía con las
Escrituras –el Antiguo y el Nuevo Testamentos.
DyD dicen que Elena G. de White “cambió su registro”
de lo que hicieron los clavos cuando más tarde ella escribió sobre
eso en El Deseado de todas las gentes, pero las palabras que se
usan para describir la escena completa, son totalmente diferentes.
Este no es un caso en el que se cambia una oración para cubrir un
error, sino simplemente cuenta la historia otra vez en un libro
diferente. ¿Por qué necesitaría cambiar algo que estaba en armonía
con las Escrituras desde un primer momento?
# 23:
¿Murieron la humanidad y la divinidad de Cristo en la cruz?
EGW: Sí:
“Los hombres necesitan comprender que la Deidad sufrió y se
angustió ante las agonías del Calvario” (Manuscrito 44, 1898, y
Comentario bíblico adventista, vol. 7, p. 919).
EGW: No:
“La Deidad no desapareció bajo la angustiosa tortura del Calvario”
(Carta 1899, citada en el Comentario bíblico adventista, vol. 5,
p. 1104).
La Biblia: Sí: “Porque si creemos que Jesús
murió y resucitó” (1 Tes 4:14).
Respuesta:
Veamos las declaraciones de Elena G. de White en su
contexto:
“‘En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad’. Los
hombres necesitan comprender que la Deidad sufrió y se angustió
ante las agonías del Calvario. Sin embargo, Jesucristo, a quien
Dios dio para el rescate del mundo, compró a la iglesia con su
propia sangre. La Majestad del cielo tuvo que sufrir a manos de
fanáticos religiosos que pretendían ser el pueblo con mayor
conocimiento sobre toda la tierra.”
En esta cita, Elena G. de White
se está refiriendo obviamente a la Deidad de
Cristo.
Aunque la “plenitud de la Deidad” habitaba en Él “corporalmente”,
era solamente el Hijo
quien había de hundirse en la muerte bajo las agonías del
Calvario; cada cristiano sabe esto. Jesús “compró a la iglesia con
su propia sangre”. Sufrió “a manos de fanáticos religiosos”. El
Padre sufrió en una forma diferente: observando a su Hijo amado
morir desamparado en la Cruz.
Ahora, la siguiente cita completa:
“No hay nadie que pueda explicar el misterio de la encarnación de
Cristo. Con todo, sabemos que vino a esta tierra y vivió como un
hombre entre los hombres. El hombre Cristo Jesús no era el Señor
Dios Todopoderoso, sin embargo Cristo y el Padre son uno.
La Deidad no desapareció bajo la angustiosa tortura del
Calvario, sin embargo no es menos cierto que ‘De tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’.”
Aquí ella usa la palabra “Deidad”
para describir la Divinidad – “Cristo y el Padre” (y el Espíritu
Santo por supuesto). El Padre y el Espíritu Santo no
“desaparecieron” en la muerte como pasó con Jesús. Ella claramente
dice que aunque Jesús y el Padre eran uno, la Divinidad completa
no desapareció bajo la tortura del Calvario. Los cristianos
comprenden que cuando Jesús murió, Dios el Padre no murió. Las
otras dos personas de la Divinidad o Trinidad estaban vivas; fue
el Hijo
el que debía morir en nuestro lugar, no la Deidad completa. Dice
también en este contexto, que aunque la “Deidad” (el Padre
incluido) no sufrió y murió en la cruz, no obstante Dios
el Padre dio a su Hijo para que muriera por nosotros, y qué agonía
debió haber sido aquella – observándolo morir. En este lugar, Elena
G. de White está claramente contrastando el papel del Hijo con el
resto de la Divinidad y es esta Divinidad a la cual hace
referencia la palabra “Deidad” en este lugar. Resumiendo, ¿era
Jesús Deidad? Sí. ¿Murió él en la cruz? Sí. ¿Son el Padre y el
Espíritu Santo, Deidad? Sí. ¿Murieron o desaparecieron en la cruz?
No. Esto es simplemente un caso en el cual una palabra (por
ejemplo, como la palabra “ley”) se usa de diferentes formas.
# 24:
¿Murió Jesús para darnos una segunda prueba?
EGW: Si:
“La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero
Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra prueba. El no
murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurar
para el hombre un segundo tiempo de gracia” (Testimonios para los
ministros, p. 131).
La Biblia: No: “Ahora es el tiempo aceptable;
ahora es el día de salvación.” (2 Cor 6:2).
La
Biblia: No:
“¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan
grande?” (Heb 2:3).
La
Biblia: No:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran
una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue
ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y
aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar
a los que lo esperan.” (Heb 9:27, 28).
Respuesta:
Los tres textos bíblicos usados son maravillosas
verdades acerca del evangelio, pero no tratan (ni refutan) el tema
que trata Elena G. de White en su declaración. A continuación hay
cuatro versículos que apoyan lo que dijo:
“Pues por cuanto la muerte entró por un hombre,
también por un hombre la resurrección de los muertos. Así como
en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán
vivificados” (1 Cor 15:21, 22).
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra
predicación y vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos
testigos de Dios, porque hemos testificado que Dios resucitó a
Cristo, al cual no resucitó si en verdad los muertos no resucitan.
Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si
Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros
pecados. Entonces también los que murieron en Cristo perecieron”
(1 Cor 15:14-18).
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que
están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo
Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que
era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne,
Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a
causa del pecado, condenó al pecado en la carne, para que la
justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos
conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom 8:1-4).
“Porque, si siendo enemigos, fuimos reconciliados
con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando
reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino
que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo,
por quien hemos recibido ahora la reconciliación. Por tanto, como
el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la
muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos
pecaron. Antes de la Ley ya había pecado en el mundo; pero donde
no hay Ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte
desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de
la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
Pero el don no fue como la transgresión, porque si por la
transgresión de aquel uno muchos murieron, la gracia y el don de
Dios abundaron para muchos por la gracia de un solo hombre,
Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno
que pecó, porque, ciertamente, el juicio vino a causa de un solo
pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas
transgresiones para justificación. Si por la transgresión de
uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo,
Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del
don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino
la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la
justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que
produce vida. Así como por la desobediencia de un hombre muchos
fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de
uno, muchos serán constituidos justos” (Rom 5:10-19).
Esto es exactamente lo que Elena G. de White estaba
diciendo y que es el fundamento del cristianismo.
# 25:
¿Fue
completada la expiación por el pecado en la cruz?
EGW: No:
“Quedó evidente para nosotros que la profecía de Daniel 8: 14, en
vez de significar la purificación de la tierra, se refería al
término de la obra de nuestro sumo Sacerdote en el cielo, o sea el
fin de la expiación, y la preparación del pueblo para el día de su
venida” (Notas biográficas, p. 70).
EGW: No:
“Jesús entró en el lugar santísimo del celestial al fin de los
2300 días de Daniel 8, en 1844, para hacer la expiación final por
todos los que pudiesen recibir el beneficio de su mediación”
(Primeros escritos, p. 253).
La Biblia: Sí: “Cuando Jesús tomó el vinagre,
dijo: -- ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el
espíritu.” (Juan 19:30).
La
Biblia: Sí:
“Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de
Dios, testificada por la Ley y por los Profetas: la justicia de
Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en
él, porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están
destituidos de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente
por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a
quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”
(Rom 3:21-25).
La
Biblia: Sí:
“Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre,
por él seremos salvos de la ira, porque, si siendo enemigos,
fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más,
estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Rom 5:9-10).
La
Biblia: Sí:
“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el
Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la
reconciliación” (Rom 5:11).
Respuesta:
Nuevamente los textos elegidos son verdades
maravillosas, pero no se refieren a lo que nuestro Sumo Sacerdote
está haciendo por nosotros en el cielo en este momento. De los
cuatro textos:
El primero trata de lo que dijo Jesús: “Consumado es
[el trabajo que su Padre le dio que hiciera].” Había vivido una
vida perfecta, y ahora podía presentar esa vida como un sacrificio
perfecto.
El segundo dice que somos justificados gratuitamente,
y que Jesús fue un sacrificio de propiciación. Fue definidamente
eso. (Es el único texto de los cuatro que tiene incluso la palabra
“propiciación”.)
Los textos tercero y cuarto dicen que hemos sido
reconciliados con Dios mediante Jesús. Ninguno cuestionaría este
hecho.
Todos estos hechos
son aceptados por Elena G. de White en sus escritos y por los
Adventistas en sus creencias. Están en perfecta armonía con el
juicio investigador (que comienza en 1844). El tema del juicio
investigador no contradice la Biblia. Es todo un estudio bíblico
en sí mismo y por razones de espacio no trataremos completamente
el estudio aquí. Respecto a la “propiciación” o “expiación”, Elena
G. de White enseña que Jesús lleva sobre sí mismo por completo
nuestros pecados cuando se los confesamos y que nos limpia con sus
sangre plenamente (ver
Review and Herald, 11 de noviembre, 1890; The Youth’s Instructor, 20 de
septiembre, 1900, como dos ejemplos de esto.) Pero Dios tiene un
plan para terminar con el “problema del pecado” para siempre, y
eso involucra mucho más que simplemente un manto de perdón. Los
cristianos ya saben que la obra de Jesús por nosotros no está
“terminada” en todo sentido, porque la Biblia dice que él todavía
intercede por nosotros en forma diaria (Heb 7:25; Rom 8:34).
Todavía tiene un juicio que realizar (Hech 17:31; Rom 14:10). Y
todavía tiene que rescatar a sus hijos fieles de un planeta que
fenece (Juan 14:3; Mat 24:30). Lo que Jesús hace con el registro
de nuestros pecados es exclusivamente su tarea y se puede percibir
en el servicio del santuario del Antiguo Testamento,
particularmente en el Día de la Expiación.
Para más información al respecto, recomendamos el
libro de
Clifford Goldstein,
1844 Hecho Simple
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