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¿Contradicen los Escritos de Elena de White la Biblia más de 50 Veces?

 

Sección 6:

   
 
26. La sangre de Cristo ¿abolió el pecado?
27. Los pecados confesados ¿son transferidos al santuario celestial mediante la sangre de Cristo?
28. ¿Quién carga nuestros pecados?
29. ¿Requiere Dios una ofrenda por la trasgresión antes de perdonarnos?
30. ¿Podemos decir que ya somos salvos por la gracia de Cristo?
   
  Respuestas:
   
 
# 26. La sangre de Cristo ¿abolió el pecado?
 
EGW: No: “Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador arrepentido de la condenación de la ley, no había de anular el pecado… pero quedaba en el santuario hasta el día de la expiación” (Patriarcas y profetas, p. 371).
 
            La Biblia: Sí: “En él tenemos (“tenemos” es tiempo presente) redención por su sangre, el perdón de pecados” (Efe. 1:7).
 
            La Biblia: Sí: “y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).
 
            La Biblia: Sí: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de pecado” (Rom. 4:7, 8).
 
Respuesta:
 
            Esta acusación es otra forma de decir lo anterior, uno necesita estudiar el juicio investigador por sí mismo para comprender su validez. Unas pocas citas no arrojarán mucha luz sobre la cuestión. El Día de la Expiación era una sombra (tipo) asombrosa de cómo concluiría el Plan de salvación de Dios.  Cualquier estudiante de la Biblia será bendecido al estudiar el asunto.  Los textos que D y D ofrecen simplemente dicen que tenemos (tiempo presente) redención y perdón y purificación mediante Jesús –uno de los temas favoritos de Elena G. de White y los Adventistas. No obstante, tanto Elena G. de White como los Adventistas, rechazan las enseñanzas de “una vez salvo, siempre salvo” pues la Biblia no enseña eso.
 
# 27. Los pecados confesados ¿son transferidos al santuario celestial mediante la sangre de Cristo?
 
EGW: Sí: “Así como en la antigüedad los pecados del pueblo se transferían figurativamente al santuario terrenal por la sangre de la ofrenda por el pecado, así también, nuestros pecados son transferidos, de hecho, al santuario celestial por sangre de Cristo” (The Great Controversy [El conflicto de los siglos], p. 266, edición 1886).
 
“Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial” (El conflicto de los siglos, p. 474, edición 1911).
 
            La Biblia: No: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7). “En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efe 1:7).
 
Respuesta:
 
            Esta acusación también trata con la cuestión del Juicio Investigador. Los textos usados para refutar a Elena de White solo apoyan lo que ella ha dicho en las declaraciones mencionadas.
 
28. ¿Quién carga nuestros pecados?
 
EGW: SATANÁS: “Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos… todos estos pecados sobre Satanás… Satanás… sufrirá finalmente la entera penalidad del pecado” (El conflicto de los siglos, pp. 475, 539).
 
            La Biblia: JESÚS: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!” (1 Ped 2:24).
 
Respuesta:
 
            Otra declaración sobre el juicio investigador. Si uno rechaza el juicio investigador (o el sábado, o que los muertos duermen, o el diluvio por esa razón) entonces la persona será capaz de encontrar muchas declaraciones de Elena G. de White que están aparentemente “equivocadas”. Jesús pagó el precio por nuestros pecados, pero Satanás es responsable por tentarnos a pecar. Si Jesús quiere que Satanás pague un precio por esto, esa es su decisión. Nuevamente, sugerimos que el lector estudie sobre el Día de la Expiación y lea el libro de Clifford Goldstein sobre el tema (1844 Hecho Simple).
 
29. ¿Requiere Dios una ofrenda por la trasgresión antes de perdonarnos?
 
EGW: Sí: “No puede corregir todos los casos, ya que algunas de las personas a quienes causó daño han bajado a la tumba y la cuenta está registrada en contra suya. En estos casos, lo mejor que puede hacer es presentar una ofrenda de expiación ante el altar del Señor, y él lo aceptará y perdonará” (Testimonios para la iglesia, vol. 5, p. 318).
 
            La Biblia: No: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn 1:9).
 
Respuesta:
 
            Recomendamos leer la sección completa de Testimonios, vol. 5, de donde se extrae esta cita para comprender lo que se presenta. Elena G. de White estaba escribiendo a un hombre que tenía un problema con el dinero y la deshonestidad. Aparentemente, había perjudicado a algunas personas financieramente y algunos de ellos, con el transcurso de los años, habían muerto. Entonces, Elena G. de White le señala a este hombre a Zaqueo y su acto cristiano de prometer devolver 4 veces más todo lo que había obtenido injustamente.
 
            Si hemos tenido una ganancia financiera obteniendo ventaja sobre otros y quebrantando la ley de Dios en el proceso, por supuesto que debemos restaurar todo lo que hemos tomado. Y si ellos y sus familiares ya no están, entonces debemos restaurar este dinero a Dios. Debiera haber algo que salga de lo que hemos obtenido. No podemos robar a un hombre rico y luego aceptar a Cristo, e insistir continuar viviendo la buena vida con el dinero que hemos adquirido erróneamente. El punto de Elena G. de White es que el dinero debe en primer lugar y por sobre todo  devolverse a quien se perjudicó, pero si esto no es posible, entonces debemos devolver el dinero a Dios. Una lectura de la sección completa puede aclarar cualquier confusión de lo que Elena G. de White quiere decir.
 
            Para desaprobar este principio bíblico, DyD citan de 1 Juan 1:9, que dice que si confesamos nuestros pecados Dios nos perdona. Ese no es el punto aquí; Elena G. de White estaba hablando a un individuo en particular que tenía un problema en particular. No estaba por ninguna razón diciendo que ésta es la forma que nos acercamos a Cristo –con una ofrenda financiera. Pero DyD concluyen:
 
            “Dios le dice que confiese sus pecados y usted será perdonado y purificado. Elena G. de White contradice la Biblia al pedirle a usted que traiga una ofrenda de expiación para que sea perdonado”.
 
            Esto no es cierto. Elena G. de White no le dice a usted que traiga una ofrenda de expiación para que sea perdonado.
 
30. ¿Podemos decir que ya somos salvos por la gracia de Cristo?
 
EGW: No: “Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados…  Los que aceptan a Cristo y dicen en su primera fe: "Soy salvo", están en peligro de confiar en sí mismos.” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 119, 120).
 
            La Biblia: Sí: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).
 
Respuesta:
 
            Ahora, veamos la cita en su contexto (esto es largo, pero vale la pena –muy Cristocéntrico):
 
(lo que se cita arriba aparece en itálica)
 
            “La caída de Pedro no fue instantánea, sino gradual.  La confianza propia lo indujo a creer que estaba salvado, y dio paso tras paso en el camino descendente hasta que pudo negar a su Maestro.  Nunca podemos con seguridad poner la confianza en el yo, ni tampoco, estando, como nos hallamos, fuera del cielo, hemos de sentir que nos encontramos seguros contra la tentación.  Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados.  Eso es engañoso.  Debe enseñarse a todos a acariciar la esperanza y la fe; pero aun cuando nos entregamos a Cristo y sabemos que él nos acepta, no estamos fuera del alcance de la tentación.  La Palabra de Dios declara: ‘Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados’ [Dan 12:10].  Sólo el que soporte la prueba, ‘recibirá la corona de vida’ [Santiago 1:12]. Los que aceptan a Cristo y dicen en su primera fe: "Soy salvo", están en peligro de confiar en sí mismos.  Pierden de vista su propia debilidad y constante necesidad de la fortaleza divina.  No están preparados para resistir los ardides de Satanás, y cuando son tentados, muchos, como Pedro, caen en las profundidades del pecado.  Se nos amonesta: ‘El que piensa estar firme, mire que no caiga’ [1 Cor 10:12]. Nuestra única seguridad está en desconfiar constantemente de nosotros mismos y confiar en Cristo.”
 
            Este pasaje coloca al yo donde pertenece —en el polvo— y nos muestra nuestra constante necesidad de Jesús. Pedro es, como ella dijo, un perfecto ejemplo de lo que sucede cuando declaramos algo como que es un hecho, como si estuviéramos fuera de la probabilidad de caer.  Podemos conocer que nuestra relación es correcta con Dios hoy, pero no conocemos nuestras debilidades, o dónde podríamos caer y/o volvernos contra Dios (ver Jer 17:9). Podemos tener la seguridad que si estamos por morir hoy, seremos salvos, pero anunciar descaradamente que pase lo que pase, somos salvos, es básicamente “una vez salvo siempre salvo” y eso es realmente contra lo que ella nos advierte.
 
            1 Juan 5:12 es una verdad hermosa: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.”
 
            No hay nada de malo con tener fe en el hecho de que hemos aceptado el don gratuito de Jesús de la vida eterna. Esta es la clase de seguridad que necesitamos. Pero este texto no nos dice que debemos salir y proclamar que no podemos caer, como hizo Pedro. Somos advertidos por Pablo en tener cuidado si pensamos que estamos firmes, pues podemos caer (1 Cor 10:12). Y Jesús dijo que algunas de las “ramas” que han sido “injertadas” en él serían cortadas y quemadas si no llevaban fruto (Juan 15:1-6). En Mateo 7:21-23, Jesús describe una clase de personas que vienen a él, convencidas de que son “salvas” y a las que les dice “nunca las conocí”. Se estaban mirando a sí mismas, lo que siempre es un gran error.
 
            La belleza de todo esto no es que dudemos de Dios y de su habilidad para salvar, sino más bien que dudemos de nosotros mismos y de nuestra habilidad para hacer cualquier cosa buena o vencer el pecado con nuestra fuerza. No somos los suficientemente fuertes como para vencer. Sólo Jesús mediante nosotros puede vencer. Esta constante advertencia de nuestra debilidad es la única salvaguarda contra la presunción y el elegir el pecado por encima de Jesús. La falta de fe en uno mismo es una de las mayores lecciones que podemos aprender.
   
 

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