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# 26. La sangre de Cristo ¿abolió el pecado?
EGW: No:
“Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador
arrepentido de la condenación de la ley, no había de anular el
pecado… pero quedaba en el santuario hasta el día de la expiación”
(Patriarcas y profetas, p. 371).
La Biblia: Sí: “En él tenemos (“tenemos” es
tiempo presente) redención por su sangre, el perdón de pecados”
(Efe. 1:7).
La
Biblia: Sí:
“y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1
Juan 1:7).
La
Biblia: Sí:
“Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y
cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el
Señor no culpa de pecado” (Rom. 4:7, 8).
Respuesta:
Esta acusación es otra forma de decir lo anterior, uno
necesita estudiar el juicio investigador por sí mismo para
comprender su validez. Unas pocas citas no arrojarán mucha luz
sobre la cuestión. El Día de la Expiación era una sombra (tipo)
asombrosa de cómo concluiría el Plan de salvación de Dios.
Cualquier estudiante de la Biblia será bendecido al estudiar el
asunto. Los textos que D y D ofrecen simplemente dicen que tenemos
(tiempo presente) redención y perdón y purificación mediante Jesús
–uno de los temas favoritos de Elena G. de White y los
Adventistas. No obstante, tanto Elena G. de White como los
Adventistas, rechazan las enseñanzas de “una vez salvo, siempre
salvo” pues la Biblia no enseña eso.
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27. Los pecados confesados ¿son transferidos al santuario
celestial mediante la sangre de Cristo?
EGW: Sí:
“Así como en la antigüedad los pecados del pueblo se transferían
figurativamente al santuario terrenal por la sangre de la ofrenda
por el pecado, así también, nuestros pecados son transferidos, de
hecho, al santuario celestial por sangre de Cristo” (The
Great Controversy [El conflicto de los siglos], p. 266, edición
1886).
“Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por
fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se
transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en
el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos
por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario
celestial” (El conflicto de los siglos, p. 474, edición 1911).
La Biblia: No: “Pero si andamos en luz, como él
está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de
Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7). “En él
tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las
riquezas de su gracia” (Efe 1:7).
Respuesta:
Esta acusación también trata con la cuestión del
Juicio Investigador. Los textos usados para refutar a Elena de
White solo apoyan lo que ella ha dicho en las declaraciones
mencionadas.
28. ¿Quién carga nuestros pecados?
EGW: SATANÁS:
“Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo
como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como
mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado,
sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los
verdaderamente arrepentidos… todos estos pecados sobre Satanás…
Satanás… sufrirá finalmente la entera penalidad del pecado” (El
conflicto de los siglos, pp. 475, 539).
La Biblia: JESÚS: “Él mismo llevó nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida
habéis sido sanados!” (1 Ped 2:24).
Respuesta:
Otra declaración sobre el juicio investigador. Si uno
rechaza el juicio investigador (o el sábado, o que los muertos
duermen, o el diluvio por esa razón) entonces la persona será
capaz de encontrar muchas declaraciones de Elena G. de White que
están aparentemente “equivocadas”. Jesús pagó el precio por
nuestros pecados, pero Satanás es responsable por tentarnos a
pecar. Si Jesús quiere que Satanás pague un precio por esto, esa
es su decisión. Nuevamente, sugerimos que el lector estudie sobre
el Día de la Expiación y lea el libro de Clifford Goldstein sobre
el tema (1844 Hecho Simple).
29. ¿Requiere Dios una ofrenda por la trasgresión antes de
perdonarnos?
EGW: Sí:
“No puede corregir todos los casos, ya que algunas de las personas
a quienes causó daño han bajado a la tumba y la cuenta está
registrada en contra suya. En estos casos, lo mejor que puede
hacer es presentar una ofrenda de expiación ante el altar del
Señor, y él lo aceptará y perdonará” (Testimonios para la iglesia,
vol. 5, p. 318).
La Biblia: No: “Si confesamos nuestros pecados,
él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de
toda maldad” (1 Jn 1:9).
Respuesta:
Recomendamos leer la sección completa de Testimonios,
vol. 5, de donde se extrae esta cita para comprender lo que se
presenta. Elena G. de White estaba escribiendo a un hombre que
tenía un problema con el dinero y la deshonestidad. Aparentemente,
había perjudicado a algunas personas financieramente y algunos de
ellos, con el transcurso de los años, habían muerto. Entonces,
Elena G. de White le señala a este hombre a Zaqueo y su acto
cristiano de prometer devolver 4 veces más todo lo que había
obtenido injustamente.
Si hemos tenido una ganancia financiera obteniendo
ventaja sobre otros y quebrantando la ley de Dios en el proceso,
por supuesto que debemos restaurar todo lo que hemos tomado. Y si
ellos y sus familiares ya no están, entonces debemos restaurar
este dinero a Dios. Debiera haber algo que salga de lo que hemos
obtenido. No podemos robar a un hombre rico y luego aceptar a
Cristo, e insistir continuar viviendo la buena vida con el dinero
que hemos adquirido erróneamente. El punto de Elena G. de White es
que el dinero debe en primer lugar y por sobre todo devolverse a
quien se perjudicó, pero si esto no es posible, entonces debemos
devolver el dinero a Dios. Una lectura de la sección completa
puede aclarar cualquier confusión de lo que Elena G. de White
quiere decir.
Para desaprobar este principio bíblico, DyD citan de 1
Juan 1:9, que dice que si confesamos nuestros pecados Dios nos
perdona. Ese no es el punto aquí; Elena G. de White estaba
hablando a un individuo en particular que tenía un problema en
particular. No estaba por ninguna razón diciendo que ésta es la
forma que nos acercamos a Cristo –con una ofrenda financiera. Pero
DyD concluyen:
“Dios le dice que confiese sus
pecados y usted será perdonado y purificado. Elena G. de White
contradice la Biblia al pedirle a usted que traiga una ofrenda de
expiación para que sea perdonado”.
Esto no es cierto. Elena G. de White no le dice a
usted que traiga una ofrenda de expiación para que sea perdonado.
30. ¿Podemos decir que ya somos salvos por la gracia de Cristo?
EGW: No:
“Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean
sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados…
Los que aceptan a Cristo y dicen en su primera fe: "Soy salvo",
están en peligro de confiar en sí mismos.” (Palabras de vida del
gran Maestro, pp. 119, 120).
La Biblia: Sí: “Estas cosas os he escrito a
vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis
que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).
Respuesta:
Ahora, veamos la cita en su contexto (esto es largo,
pero vale la pena –muy Cristocéntrico):
(lo que se cita arriba aparece en itálica)
“La caída de Pedro no fue instantánea, sino gradual.
La confianza propia lo indujo a creer que estaba salvado, y
dio paso tras paso en el camino descendente hasta que pudo negar a
su Maestro. Nunca podemos con seguridad poner la confianza en
el yo, ni tampoco, estando, como nos hallamos, fuera del cielo,
hemos de sentir que nos encontramos seguros contra la tentación.
Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean
sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados.
Eso es engañoso. Debe enseñarse a todos a acariciar la esperanza
y la fe; pero aun cuando nos entregamos a Cristo y sabemos que él
nos acepta, no estamos fuera del alcance de la tentación. La
Palabra de Dios declara: ‘Muchos serán limpios, y emblanquecidos,
y purificados’ [Dan 12:10]. Sólo el que soporte la prueba,
‘recibirá la corona de vida’ [Santiago 1:12]. Los que aceptan a
Cristo y dicen en su primera fe: "Soy salvo", están en peligro de
confiar en sí mismos. Pierden de vista su propia debilidad y
constante necesidad de la fortaleza divina. No están
preparados para resistir los ardides de Satanás, y cuando son
tentados, muchos, como Pedro, caen en las profundidades del
pecado. Se nos amonesta: ‘El que piensa estar firme, mire que no
caiga’ [1 Cor 10:12]. Nuestra única seguridad está en
desconfiar constantemente de nosotros mismos y confiar en Cristo.”
Este pasaje coloca al yo donde pertenece —en el polvo—
y nos muestra nuestra constante necesidad de Jesús. Pedro es, como
ella dijo, un perfecto ejemplo de lo que sucede cuando declaramos
algo como que es un hecho, como si estuviéramos fuera de la
probabilidad de caer. Podemos conocer que nuestra relación es
correcta con Dios hoy, pero no conocemos nuestras debilidades, o
dónde podríamos caer y/o volvernos contra Dios (ver Jer 17:9).
Podemos tener la seguridad que si estamos por morir hoy, seremos
salvos, pero anunciar descaradamente que pase lo que pase, somos
salvos, es básicamente “una vez salvo siempre salvo” y eso es
realmente contra lo que ella nos advierte.
1 Juan 5:12 es una verdad hermosa: “Estas cosas os he
escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para
que sepáis que tenéis vida eterna.”
No hay nada de malo
con tener fe en el hecho de que hemos aceptado el don gratuito de
Jesús de la vida eterna. Esta es la clase de seguridad que
necesitamos. Pero este texto no nos dice que debemos salir y
proclamar que no podemos caer, como hizo Pedro. Somos advertidos
por Pablo en tener cuidado si pensamos que estamos firmes, pues
podemos caer (1 Cor 10:12). Y Jesús dijo que algunas de las
“ramas” que han sido “injertadas”
en él
serían cortadas y quemadas si no llevaban fruto (Juan 15:1-6). En
Mateo 7:21-23, Jesús describe una clase de personas que vienen a
él, convencidas de que son “salvas” y a las que les dice “nunca
las conocí”. Se estaban mirando a sí mismas, lo que siempre es un
gran error.
La belleza de todo esto no es que dudemos de Dios y de
su habilidad para salvar, sino más bien que dudemos de nosotros
mismos y de nuestra habilidad para hacer cualquier cosa buena o
vencer el pecado con nuestra fuerza. No somos los suficientemente
fuertes como para vencer. Sólo Jesús mediante nosotros puede
vencer. Esta constante advertencia de nuestra debilidad es la
única salvaguarda contra la presunción y el elegir el pecado por
encima de Jesús. La falta de fe en uno mismo es una de las mayores
lecciones que podemos aprender.
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