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¿Hemos
oído hablar de Joshef? Me imagino que no. Nadie lo conoce. En realidad, yo
tampoco se nada de él. Quizás este fue uno de los miles –talvez
millones– de hombres que durante la Segunda Guerra Mundial fueron
asesinado en masas procesando sus cuerpos para hacer jabón. El rastro de
Joshef sobre la tierra se extinguió junto con la espuma arrastrada por
el agua de un cuarto de baño de cualquier destacamento alemán.
¿Por qué existimos? ¿A quién le interesa nuestra vida? ¿Por
qué estamos aquí? Una posible respuesta es la siguiente: “Si estamos en
la Tierra ello es consecuencias de una serie de fenómenos históricos; la
vida ha caído sobre un planeta, se ha desarrollado hasta el hombre,
llegará más lejos, hubiera podido suceder que no hubiera llegado más que
hasta el dinosaurio o que no hubiera vida en absoluto. Existimos, pero
nuestro existir, no es el resultado de una finalidad premeditada. Y
ninguna protección sobrenatural nos garantiza la perennidad de nuestra
especie".1
Estas palabras – que personalmente creo devastadoras – pertenecen a
Laurent Schwartz profesor de la Facultad de Ciencias de París. Su
respuesta está condicionada por una visión de la vida, los orígenes y el
destino de hombres de ciencias y que muchos ven un absurdo contradecir:
el evolucionismo. ¿De dónde pudo surgir una concepción tal? ¿A qué
tiempo se remonta esta propuesta al problema del origen y destino del
hombre? Después de todo, ¿Es la única alternativa que existe?
El evolucionismo tiene una larga historia. Los más antiguos
pensadores griegos –Anaximandro,2 Heródoto3– tenían algunas
concepciones evolucionistas sin embargo, Aristóteles, que era
creacionista, con su concepción del mundo dio un giro a la cosmovisión
de su época. La biología de Aristóteles tiene dos rasgos esenciales, la
idea de la uniformidad de los fenómenos de la vida y el papel de la
finalidad.4 Además “la voluntad Aristotélica de anteponer los datos de
la observación a cualquier interpretación teórica había llevado a
excluir la existencia de una transformación que conduzca desde una
especie a otra diferente”,5 pues es imposible –en caso de que existan–
observar dicha transformación.
La visión uniformista Aristotélica dominó el pensamiento
científico occidental durante toda la Edad Media, lo que explica la
escasez de teorías de tipo evolucionista durante mucho tiempo. No fue
hasta el Siglo XVIII cuando el evolucionismo fue resucitado por
científicos como Bufón y Linneo.6 Pero su mayor impulso lo debe el
evolucionismo a Juan Bautista Lamarck (1744-1829) con su hipótesis sobre
la herencia de los caracteres adquiridos, que lo convirtió en el pionero
del moderno evolucionismo.
Lamarck remarcaba la variabilidad de los seres vivos.
Planteó el aforismo, “la función hace el órgano”. Para Lamarck la
variación se efectúa así: el cambio de las circunstancias conduce a un
cambio de las costumbres, este a un cambio de actos, que a su vez
culminan en un cambio de órganos.7 Lamarck se adelanta a asegurar que
los caracteres adquiridos pueden ser heredados por los descendientes,
cerrando así su cuadro explicativo de la variedad de las especies.8
A pesar de algunos intentos de apoyar las hipótesis lamarkinas, estas
son generalmente rechazadas por la ciencia moderna. En realidad los
investigadores que siguieron a la publicación de estas hipótesis,9
comprobaron sus inconsistencias.10 E. M. Burns comenta que “los
sucesores de Lamarck hallaron pocas pruebas que confirmaran esa
hipótesis, la cual dominó, no obstante, en la ciencia biológica durante
más de cincuenta años. Aunque todavía no está totalmente desacreditada,
solo se le otorga una validez parcial.11
Con todo, Lamarck fue el precursor del hombre que más se
identifica hoy con la idea de la evolución, Charles Darwin, quien
reconoció en su libro que las ideas de Lamarck le habían provocado “gran
interés”.12
Darwin nació en Inglaterra en 1809. En su juventud tuvo
intereses religiosos, pero luego se dedicó a tareas científicas. En 1831
se embarcó en el buque de guerra inglés Beagle. Fue entonces –según
cuenta él mismo– “cuando me llamaron mucho la atención ciertos hechos
que observé en la distribución de los seres orgánicos que habitaban la
América del sur, y en las relación geológicas de los antiguos”.13 Le
llamó la atención el archipiélago volcánico de las islas Calápagos al
oeste del Ecuador. La gran cantidad y variedad de especies, la
naturaleza de las distintas manifestaciones de vida y la desigualdad de
las capas terrestres que observó sugirieron en Darwin algunas ideas que
“parecían arrojar luz –afirmó él– sobre el origen de las especies, ese
misterio de los misterios”.14
Darwin regresó de su viaje en 1836. “Devuelta en mi país,
se me ocurrió, en 1837, que algo podría lograrse en este sentido
acumulando pacientemente toda clase de hechos que pudieran tener alguna
relación con ello, y meditándolos. Después de cinco años de trabajo, me
permití especular sobre el asunto, y tomé algunas notas breves”.15
Es así como llegamos a 1844, año en que Darwin decide hacer
un bosquejo de sus conclusiones. Este fue el primer intento de Darwin de
sistematizar sus teorías y presentarlas al mundo. Pero no fue hasta 1859
cuando por fin se decidió publicar su libro “El Origen de las Especies
por Medio de la Selección Natural”, libro que –afirma Burns–
posiblemente ha ejercido más influencia en el pensamiento moderno que
cualquier otro libro”.16 Debido a que este libro era un “extracto”
“necesariamente imperfecto"17 publicó años más tarde, en 1871, otro,
titulado “La Descendencia del Hombre y Selección en Relación al Sexo”,
conocido con el nombre de “El Origen del Hombre”. Las ideas expuestas en
ambos libros es que se conoce hoy con el nombre de Teoría de la
Evolución.
Esta teoría puede explicarse de la siguiente manera: Las
especies pueden variar en forma definida o indefinida. Esta variación se
produce por la acción del medio y el sexo, pero principalmente por el
azar. Las variaciones son hereditarias. Si las variaciones son útiles
perfeccionarán la especie, sin son perjudiciales se constituyen en
desventajas para la especie en su “lucha por la supervivencia”. Solo
sobreviven “los más aptos” y los más fuertes. De este modo, todos los
seres pasan por el cedazo de la selección natural (sexual) que va, por
el azar, perfeccionando la especie.18 Como el mismo Darwin expresa: “La
selección natural obra solamente mediante la preservación de variaciones
que en cierto sentido son ventajosas y por consiguiente se mantienen”.19
Y agrega: “De estas diversas consideraciones se sigue inevitablemente
que como en el curso del tiempo se forman nuevas especies por la
selección natural, otras se volverán más y más raras y finalmente se
extinguirán. Las formas que se hallan en competencia más estrecha con
las que sufren modificaciones y mejoramiento serán naturalmente las más
perjudicadas”.20
La evolución biológica es, pues, una forma de progreso que
conduce a las formas de vidas menos idóneas a las más idóneas para la
supervivencia.21 Según esta teoría todas las cosas animadas están
relacionadas. “Al principio hubo una célula viviente y de ella se han
sucedido desarrollos cada vez con mayores variaciones hasta tanto se
tuvo el mundo de la naturaleza tal cual ahora se aprecia”.22 ¿Qué decir
del hombre? “Se considera al hombre como producto, posiblemente el
producto final, de este sistema. En lo que respecta a sus antepasados,
no hay unanimidad de opinión. La idea es que se traza su descendencia de
un mono antropoide más elevado; también se admite que el hombre y el
mono tienen un antepasado común. El punto de clave es la presuposición
que establece esta teoría respecto a que el hombre no fue creado por
separado, sino que es un producto de la vida animal”.23
La idea específica de que el hombre desciende del mono no es
de Darwin, sino de Ernst Heinrich Haeckel.24 Con todo perdía el hombre
así su privilegiada situación, aparecía ya no como creado inmediatamente
por Dios, sino “como un producto de la descendencia general biológica y
se convertía así en una especie de animal más”.25
EL MUNDO DE DARWIN
Darwin reconoció que había sido influenciado por Malthus en
la formación de su teoría de la selección natural. Tomás R. Malthus
(1766-1834) en su libro “Ensayo Sobre la Población”, expresó que a causa
del desenfreno del apetito sexual, la población tiende naturalmente a
aumentar con más rapidez que los medios de subsistencia.26 Es decir, que
en el mundo de la naturaleza nacen muchos más individuos que los que
pueden sobrevivir y, por lo tanto, los más débiles mueren en la lucha
por la existencia. Darwin reconoció que su teoría sobre la selección
natural “es la doctrina de Malthus aplicada a todo reino animal y
vegetal”.27
Darwin no solo fue influenciado por Malthus. En realidad, Darwin fue el
producto de una época marcada por un excesivo naturalismo de talla
materialista y hasta mecanicista. “Ya el espíritu general del tiempo
sugería el materialismo"28 comenta el Dr. Hirschberger.
Ya en el siglo XVII se notaban ciertas ideas materialistas
promovidas por el desarrollo de las ciencias físicas y la Ilustración.
Al principio fueron rechazadas por la corriente del idealismo alemán y
la filosofía de Kant. Hicieron frente al materialismo sosteniendo que el
espíritu, o la idea, predominaba y precedía a la materia y a la vez la
creaba. Pero en la primera mitad del siglo XIX el materialismo tomó
impulso con la obra de hombres tales como Feurback, Karl Vogt, Jacob
Moleschott, Luis Buchner, Enríquez Czolbe entre otros, quienes
antepusieron al espíritu, la materia, considerándola eterna, no creada y
por lo tanto el constituyente esencial de la vida misma.
De este ambiente, donde se rechazaba lo sobrenatural por lo
natural, donde se colocaba lo material sobre lo espiritual y se
mantenían ideas de progreso, es razonable que surja una concepción de la
vida –el evolucionismo– que con la promesa del futuro progreso,
remontara nuestros orígenes y nuestra esencia a la materia dominante y
transformada, no por Dios, sino por la casualidad.
Esta corriente materialista, no solo propició el nacimiento
del evolucionismo en el mundo biológico, sino también de una especie de
evolucionismo social.
En 1844, el mismo año en que Darwin bosquejaba sus ideas en
Inglaterra, otro hombre, Carl Marx, en Francia componía sus famosos
“manuscritos” que en germen contenían los principios fundamentales del
comunismo socialista y marxista.
Marx, quien se confesaba abiertamente materialista, concibió el mundo
social, la historia, regida por causas materiales, para él económicas,
en las que Dios no tenía que ver nada. Afirmó la identidad del hombre
con la naturaleza. Para él, en razón de su origen el hombre es un ser
que brota del seno de la naturaleza, es un eslabón del proceso
natural.29
Marx escribió a su colega F. Hengel que “los descubrimientos de este
señor, Darwin, sobre el proceso de cambio en el mundo biológico, vienen
a ratificar científicamente nuestras ideas sobre la naturaleza y
transformación del hombre, y la sociedad”.30
EL EVOLUCIONISMO HOY
Las ideas de Darwin, a pesar de algunas oposiciones iniciales, tuvieron
la aceptación de los hombres de ciencia por mucho tiempo, lo que creó la
opinión popular, de que era una “ley científica” imposible de rebatir y
axiomática. Esta opinión –o algunas parecidas– permanece en muchos
círculos hoy. La explicación está en que algunos de los llamados
científicos entran en el terreno de la experimentación con una aptitud
antifilosófica. Esta aptitud los “lleva a mirar la parte por el todo, el
dato sensible que momentánea y periféricamente la observación les da,
por la esencia total y de fondo”.31 Otra tendencia es realizar la
experimentación por medio de los cánones evolucionistas que apriori
adopta el investigador, forzando muchas veces los hechos para que puedan
armonizar con ideas ya aceptadas. En muchos casos cuando un dato no
armoniza con la teoría preconcebida, se le soslaya y se le rotula de
irrelevante, sin importar que este mismo hecho pueda concordar con otras
visiones e interpretaciones de los hechos al margen del evolucionismo.
El aceptar una teoría antes de observar los hechos, luego medir los
hechos con los criterios de la teoría para luego concluir que los hechos
sostienen la teoría, ¿no constituye una metodología circular y viciada?.
De esta manera es que se ha sostenido el evolucionismo.
Sin embargo, una visión del estado actual de la cuestión revela que hay
división entre los hombres de ciencia en relación a la validez de las
hipótesis de Darwin.
“Es con frecuencia asunto de consternación para los estudiantes de esta
rama del saber –dice Jauncey de los biólogos– que después de cien años
de investigaciones biológicas, la evolución es todavía una teoría y no
una ley. Parecería que para estas fechas el asunto debería haberse
probado de una u otra manera”.32 El evolucionista Francis Hitching
expresó: “Después de centuria y cuarto el Darwinismo a pesar de la
aceptación de que es objeto en el mundo científico como el gran
principio unificador de la biología, afronta una sorprendente multitud
de dificultades”.33
Otro gran científico contemporáneo –Bruno Vollmert– escribe: “Mientras
más estricta es mi argumentación en el marco de las ciencias exactas, al
tratar la evolución biológica en el sentido neodarwinista como una
proceso por bioabilidad, es decir, como una copolicondensación, menos
temo concebir el mundo como una creación de un Creador todo poderoso
como una alternativa al Darwinismo”.34
Podría agruparse centenares de citas de numerosos investigadores
imparciales y hasta evolucionista que muestran el estado de decadencia
en que se encuentra, relativamente, el Darwinismo hoy. Sin embargo, cabe
mencionar la obra de Michael Denton, notable investigador y científico,
cuyo mismo nombre ya es bastante sugerente, Evolution: a Teory in Crisis
(La Evolución: Una teoría en Crisis, 1986). La siguiente cita revela
–no solo la opinión de Denton– sino también la de otros científicos: “La
complejidad de tipo más simple de célula conocida es tan grande que es
imposible aceptar que semejante objeto pudo haber sido reunido por algún
tipo de evento caprichoso muy improbable. Semejante acontecimiento sería
indistinguible de una milagro".35
En 1991, creó época la obra de otro tratadista, Phillip E. Johnson,
Darwin on Trial (Darwin a prueba). Jonson expresó que la teoría de
Darwin “no está apoyada por una evidencia empírica imparcial evaluada”.
Y pregunta: “¿Por qué no considerar la posibilidad de que la vida es lo
que tan evidentemente parece ser, el producto de una inteligencia
creativa?”.36
El documento moderno sobre la teoría de la evolución ha llevado a muchas
disidencias y luchas internas entre los proponentes de la teoría. Uno de
los problemas mayores que ha enfrentado el Darwinismo es que no consigue
evidencia observable de cambios relevantes referidos a la llamada
macroevolución. Se responde por lo general, que dichos cambios son tan
lentos y graduales que se necesitarían millones de años para la
observación, lo que hace a esta imposible. Como la observación es la
base de la experimentación científica, el evolucionismo al no estar
basado en observaciones se corre al terreno filosófico y especulativo,
más que al científico. Muchos evolucionistas han reaccionado enmendando
muchos aspectos de las teorías de Darwin. La más reciente corriente en
el evolucionismo la representa S. J. Gould quien sostiene que la
evolución ha pasado por momentos de “éxtasis” y recensión y que la
aparición de nuevas especies se ha llevado a cabo de manera repentina.
Esto ha motivado que algunos se pregunten si el Equilibrio Puntuado no
es más que otra forma de decir que las especies fueron creadas
repentinamente.37
Muchos evolucionistas arguyen, ante estas divergencias, que estas no
giran sobre la cuestión de sí la evolución existió o no, sino en cuanto
a cómo se realizó la evolución, porque –afirman ellos– la evolución es
un hecho. Sin embargo, debido a que lo que la evolución trata de
explicar es cómo los fenómenos (en este caso, las especies), han llegado
a ser como son, las divergencias en la respuesta a este cómo ponen en
entredicho la validez de la evolución misma. La evolución es, tan solo,
una explicación de los hechos.38
Con todo, los principios evolucionistas se han propagado en todas las
ramas del saber moderno y predominan en las comunidades científicas hoy,
más, no porque sea una hipótesis comprobada, sino porque no existe otra
para sustituirla. ¿Es cierto?
Jean Flori y Henry Rosolofomasoandro después de un cuidadoso análisis de
los supuestos evolucionistas afirman: “Estimamos que hay que dejar de
afirmar que la evolución es un hecho. Es preciso, por el contrario,
reconocer honradamente que la evolución no es más que una interpretación
posible de esos hechos; incluso a veces roza lo imposible. ¿Es la única?
No lo creemos”.39
Personalmente me alegro de que la evolución no sea la única alternativa
que tenemos a escoger.
* * * * *
HAS ESCUCHADO hablar de José, ¿no? ¡Pues yo sí! José Bates fue un
veterano capitán de barco cuyas aventuras en el mar muestran como Dios
puede guiar y cuidar un hombre con quien se propone lograr un gran
propósito. Sin embargo, José bates es conocido no por alguna emocionante
aventura marítima sino por su entrega en la defensa de una creencia a la
que se aferró profundamente y en cuya propagación invirtió no solo su
dinero y talento sino también su propia vida.40
“¿Qué novedad tiene, capitán Bates? –le preguntó cierto día un antiguo
amigo– la novedad es –le respondió Bates– que el séptimo día es el día
de reposo del señor”.41
Bates –según el historiador Everestt Diek– publicó el primer folleto
sobre el tema del sábado que publicaron los Adventistas y “vino a ser el
verdadero padre del sábado entre el núcleo que había de dar origen a la
denominación de Adventistas del Séptimo Día”.42
La historia se remonta también a 1844. Un elocuente predicador
–Guillermo Miller– se unió a un movimiento que conmovió al mundo con la
verdad de que Cristo regresaría muy pronto a la tierra. Miller erró al
fijar la fecha de 1844 como el tiempo cuando este evento ocurriría. Al
producirse “el gran chasco” embargó a los creyentes una gran desilusión
que llevó a muchos a desertar. Pero un pequeño grupo, en el cual estaba
José Bates, se dedicó a buscar respuestas a sus perplejidades en la
Biblia. De este grupo surgió la hoy conocida Iglesia Adventista del 7mo.
Día.43
Pero ¿Por qué los adventistas guardan el sábado? Ellos presentan la
razón que aparece en las Sagradas Escrituras para tal observancia:
“Porque en seis días hizo Jehovah el cielo, la tierra, el mar, y todas
las cosas que en ellos hay y reposó en el séptimo día, por eso Jehovah
bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20:11).
Los adventistas se consideran llamados a proclamar el mensaje del primer
ángel de Apocalipsis 14. “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado
la hora de su juicio y adorad a Aquel que hizo el cielo, la tierra, el
mar y las fuentes de la aguas” (vers. 7).
Dios es el Creador y hay que adorarlo. Para esto Él ha requerido la
observancia del sábado (Ex. 20:8-11). Por el hecho de que el séptimo día
Dios completó su obra creadora (Gén. 2:1-3), el sábado queda como
testimonio de una creación perfecta en sus orígenes y de un Creador que
todo nos lo ha provisto. “Por eso Jehovah bendijo el día de reposo y lo
santificó” (Ex. 20:11).
Así los adventistas, al sostener la observancia del sábado, desde sus
mismos orígenes han tenido que hacerle frente al evolucionismo y al
materialismo en todas sus formas. Con la explosión científica del siglo
pasado, los grupos religiosos reaccionaron echando la Biblia a un lado y
aceptando los supuestos evolucionistas. Otros crearon extrañas
interpretaciones del Texto Sagrado para hacerlo concordar con la nueva
teoría. Más aún, para ahondar más profundamente el abismo entre la
ciencia y la religión, muchos se atrincheraron en su fe y mantuvieron
una aptitud recelosa hacia la ciencia, aptitud que rallaba en la fe
ciega e irracional. Esto amplió el abismo entre la ciencia y la
religión. En una de estas aptitudes se engloba toda la cristiandad
hoy.
CIENCIA Y RELIGIÓN
Sin embargo, la Iglesia Adventista decidió atacar el evolucionismo en su
propio pretendido terreno, la ciencia. De su seno surgió el primer
intento de confrontación cristiana con el evolucionismo en el ámbito
científico. En tempranos años como 1902, George McRaeady Price comenzó
una cruzada en pro del creacionismo científico que influyó en toda una
generación de hombres de ciencia. Por su inspiración, más tarde Frank
Lewis Mars creó el Geoscience Research Institute, la más antigua
institución del mundo dedicada al estudio científico del creacionismo.
Otros siguieron su influencia.44 Hoy día, existen numerosas
instituciones diseminadas en todo el mundo, cuyas publicaciones
científicas promuevan el creacionismo. En este terreno, la Iglesia
Adventista ha realizado una tarea de vanguardia.45
Los adventistas se apegan rigurosamente a los hechos científicos y
sostienen que la evolución es tan solo una posible interpretación de
esos hechos, pero no la única, ni la más razonable.
El que rechaza a Dios en sus presuposiciones,
no encontrará a Dios en los hechos que interpreta. Para el que lo
acepta, encontrará en los hechos un testimonio de la obra creativa de
Dios. Lo que Darwin observó en la isla
Galápagos, puede llevar a otras conclusiones, diferentes de las que él
tomó, si es observado por otros ojos, también científicos, pero con
otros criterios.46
“Se enfrentan dos puntos de vistas: con o sin Dios, según se escoja uno
u otro, los hechos tendrán un significado muy distinto. Sin Dios, no nos
queda más que ser evolucionistas para explicar nuestra propia
existencia. Los hechos no siempre confirmarán la teoría, las leyes
biológicas a veces se opondrán a ella, pero sería la única. Con Dios, el
Dios Creador, pensamos que pueden hallarse una explicación a veces
difícil también, pero que al menos tiene el mérito de hacer
comprensibles unas realidades sin vaciar de contenido la fe. Para el
problema de los orígenes la Biblia propone una solución que los hechos
científicos no contradicen: ‘En el principio creo Dios los cielos y la
tierra’ (Gén. 1:1). Ahí está la alternativa”.47
Guardar el sábado es aceptar esa alternativa; Dios es el Creador. “El
sábado trae cada semana seguridad y esperanza. Nos recuerda que nuestro
origen y destino nos une a dios. Renueva nuestro sentido de continuidad
con el pasado jalonando nuestra vida con su luz, iluminando nuestros
valores presentes y nuestras expectativas futuras. El sábado nos invita
a descansar en Dios en medio del inquieto intermedio de nuestra vida,
mientras esperamos el descanso final y la paz perfecta de Dios para lo
que fuimos creados. Este es el mensaje del sábado, la gozosa celebración
de nuestro origen”.48
El séptimo día nos recuerda que aunque somos polvo (materia), esa
materia la creó y la moldeó Dios para darnos un origen con el espíritu
de vida (Gén. 2:7). Sí, tenemos también una dimensión espiritual.
“Nuestra esencia humana viene del polvo de la tierra, pero también del
pecho de Dios”.49 El sábado podemos oír la voz de Dios que proclama: “Yo
hice la tierra, y crié sobre ella al hombre” (Isa. 45:12). “Te traigo
desde el vientre, te sostengo desde la matriz. Hasta la vejez, hasta las
canas, yo mismo te sostendré. Te hice, te llevaré, te soportaré, te
guardaré” (Isa. 46:3,4).
DOS ALTERNATIVAS
El filósofo J. Burckardt expresó que “el mundo se ha hecho
más ordinario a partir de 1830”.50 Es evidente que el materialismo que
para ese tiempo gastaba sus ofensivas, contaminó a la raza humana.
En 1844, el año en que Darwin hacía su “bosquejo” y Marx sus
“manuscritos”, el año en que Satanás planeó dañar nuestra identidad
humana sembrando dudas sobre nuestra esencia y origen, Dios inició un
movimiento con la sagrada misión de restaurar la verdad del sábado y con
ello establecer claramente que nuestro origen se remonta a Dios y
nuestro fin está en Él. “Oh Señor –diría el famoso sabio– tu nos ha
creado para ti, y nuestra vida no estará tranquila hasta que no descanse
en ti”.51
Laurent Schwartz, el ateo citado al inicio de nuestro trabajo reconoció
que “para un creyente hay una razón de ser en el mundo, en la tierra, en
la vida de los hombres sobre la tierra”.52
El Dios que nos dio origen, tiene para los que aceptan su Plan, un
maravilloso futuro.53
“Yo sé lo que pienso sobre ti – dice Jehová – pensamiento de paz y no de
mal, para darte un porvenir de esperanza” (Jeremías 29:11).
Un
día, si Joshef aceptó el Plan de su Dios para él, se reunirá de nuevo
con su Creador. Entonces, confundidos en un fuerte abrazo se oirá: “Yo
soy tu Dios, tu Creador, mío eres tú. A mis ojos fuiste de gran estima,
fuiste honorable para mí, y yo te amé” (Isaías 43:1-4). ¿Te animas a
aceptar su Plan?
Hermes Tavera B.
Al escribir este artículo el Pr. Hermes era director del
Instituto de Investigación
Bíblica de la Asociación Central Dominicana
de los Adventista del 7mo. Día. Actualmente desempeña su ministerio
pastoral en Orlando, EEUU.
Notas Referencias:
1- Schwartz, L. Conferencia en la Cumbre de Intelectuales Franceses,
publicada en, Dios hoy, Ed. Kairós, Barcelona, 1968, p. 24.
2- Hirshberger, J; Historia de la Filosofía, tomo I, Ed. Herder,
Barcelona 1994, p. 48.
3-
Severino, E; La Filosofía Contemporánea, Ed. Ariel, Barcelona, 1987, p.
98; Shankiln, E; Darwin Religions conflit. En Science Digest, april
1982, p. 66.
4-
Ribaud, A; Historia de la Filosofía, tomo I, Ed. Capeluz, Buenos Aires
1962, p. 24.
5- Severino, p. 98.
6- Burs, E. M; Civilizaciones de Occidente, tomo II , Ed. Siglo veinte,
Buenos Aires 1983, p. 750.
7- Flori, J; ¿Evolución o Creación?, Ed.
Siglo Veinte, Buenos Aires 1983, p. 152; Sahakian, W. S. History of
Philosophy, Baines & Nobles, inc. New York 1970, pp. 224-225.
8- Alva, A. J; Ciencia y Religión, Bilogía, Montemorelos, México 1970,
p. 87.
9- Lamarck publicó sus teorías en su libro “Filosofía Zoológica”, 1809.
10- Flori, pp. 154-155. Es a Lamarck que se debe la famosa explicación
del alargamiento del cuello de la girafa.
11- Burns, p. 750.
12- Darwin, Ch; El Origen de las Especies, Ed. Diana, México, p. 8.
13- Id., p. 19.
14- Ibíd.
15- Ibíd.
16- Burns, p. 751.
17- Darwin, p. 20.
18- Flori, p. 158.
19- Darwin, p. 115.
20- Id., p. 116.
21- Severino, p. 99.
22- Jauncey, J; La Ciencia Retorna a Dios, Ed. Mundo Hispano, USA 1978,
p. 52.
23- Ib., 53.
24- Haeckel, E. H. The History of Creation, Edición de 1873.
25- Hirschberger; p. 319.
26- Burns, pp. 688-689, 751.
27- Darwin, p. 22.
28- Hirschberger, p. 303.
29- Rodriguez de Y. G; El Marxismo, Exposición y Crítica, Ed. BAC,
Madrid 1976, p. 16.
30- Citado en Bonjuor, M; Evolución y Marxismo, Ediciones Casvilla,
España 1984, p. 52.
31- Hirschberger; p. 317.
32- Jauncey, p. 51
33- Hitching, F; The Neck of the Ginaffe, Ticknor & Fieldsi New York
1982, p. 12.
34- Vollmert, B; en Man and World, 25 (1992), p. 406.
35- Denton, M; Evolution: a Teory in Crisis, Bethesda, Adler & Adler
1986, p. 406.
36- Johnson, Ph, E; Darwin on Trial, Dauners Grove, Internarsity Press,
USA 1991, p. 110.
37- Wise, K. P; Equlibrio Puntuado a Manera de Creación, Ciencias de
los Orígenes, enero-abril 1992, No. 31, p. 1-7.
38- Debate: Sherner – Gish. Asociación Humanista Americana de los
Ángeles. Ciencias de los Orígenes, Mayo- Diciembre, 1992. No. 31, pp.
1-7.
39- Flori; p. 224.
40- Para una historia de la vida de José Bates remitimos al lector a su
autobigrafía: Bates, J; Autobiografy, fascimil reproduction by Southen
Publishing Asociation, 1990.
41- Maxwell, C. M; Dilo al Mundo; Asociación Publicadora Ineramericana,
EE.UU. 1990, p. 72.
42- Dick, E; Fundadores del Mensaje, Colección de Oro, Gospel
Reproduction, Texas USA, p. 90.
43- La historia completa puede ser leída en cualquier libro de la
iglesia Adventista. Recomendamos a Maxwell, op. cit; Dick, op. y
Oliveira, E; La Mano de Dios al Timón, Asociación Casa Editora
Sudamericana, Argentina, 1986.
44- Para un vistazo de la obra de G. M. Price y su influencia en el
mundo científico, véase Wade, L. T; La Evolución una Teoría en Crisis.
Ciencias de los Orígenes, enero – abril, 1997. No. 46.
45- Para una amplia bibliografía de escritos científicos anti-evolucionistas
en las áreas de paleontología, geología, biología y otras pertinentes;
al igual que las dirección de más de 50 institutos científicos
creacionistas en todo el mundo , adjunto de una lista de publicaciones
(revistas) dedicados a la propagación del creacionismo científico y de
hombres de ciencias que son creacionistas, ten la amabilidad de
escribirnos a nuestra dirección.
46- A Ciencist Visit a Gálapagos, Review and Herald Publishing, 1982.
47- Flori, p. 339.
48- Bacchiocchi, S; Reposo Divino para la Inquietud Humana, estudio
teológico sobre la actualidad del mensaje del sábado. Biblical
Perspectives, Michigan USA. 1988, p. 58. si deseas saber más sobre el
interesante tema del sádado escríbenos.
49- Guardini, R; Meditaciones Teológicas, Libros de Monogramas, Ed.
Cristiandad. Madrid 1965, p. 41.
50- Citado en Hirschberger, p. 304.
51- San Agustín, Obras Completas, Biblioteca de Autores Cristianos;
Madrid 1952.
52- Schwartz, p. 24.
53- Si quieres saber más sobre el Plan de Dios para tu vida, escríbenos
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