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Las galaxias están distribuidas en agrupaciones
enormes con gigantescos abismos entre sí.
Los científicos están pasmados, puesto que la teoría hasta hoy aceptada
del origen del Universo requerirá una mayor revisión o deberá ser
abandonada por completo.
Al rayar el alba del 18 de noviembre de 1989 en la Costa oeste de los
Estados Unidos, el cronómetro que marcaba el conteo regresivo para el
lanzamiento del cohete Delta cargado con un equipo diseñado para ayudar
a despejar enigmas tanto teológicos como científicos, llegaba a cero.
“Todos los sistemas activados”, se anunció desde el centro de control de
operaciones. Las poderosas turbinas empezaron a rugir, y el cohete,
dejando tras sí una columna de humo y fuego, se dirigió hacia el Polo
Sur. Los científicos, jubilosos, dejaron escapar un suspiro de alivio al
ver su precioso artefacto situarse en la posición señalada para iniciar
la primera fase del estudio más abarcante que jamás se haya emprendido
acerca del origen del Universo.
El cargamento que el cohete colocó en el espacio se denomina
Explorador Ambiental Cósmico (COBE, por su sigla en inglés). El
COBE cuenta con tres instrumentos sumamente sensibles: el radiómetro
diferencial de microondas, el espectrómetro absoluto del infrarrojo
extremo y el aparato de ensayos de trasfondo infrarrojo difuso. La
sensibilidad y precisión de estos instrumentos es cien veces mayor que
las que se han logrado con los instrumentos basados en tierra.
Además del COBE, la NASA ha lanzado el Telescopio Espacial
Hubble, y pronto lanzará el Telescopio de Rayos Gama y seguidamente los
telescopios de rayos X y ultravioleta. Además de la misión cosmológica
espacial, está en marcha la construcción del Superconductor de
hipercolisión, que es un tipo de acelerador de protones. El propósito
principal de estos proyectos es aclarar las incógnitas teológicas
concernientes al origen del Universo al cual pertenecemos. En los
próximos diez años el gobierno de los Estados Unidos invertirá más de
diez mil millones de dólares como apoyo a la investigación científica en
su intento por despejar la incógnita de la Creación.
¿Por qué invierte tanto dinero el gobierno estadounidense en una
búsqueda que parece tener mucho que ver con la teología y la ciencia? El
avance reciente de la cosmología cuántica y la alta física energética ha
arrojado serias dudas acerca de la validez de las teorías científicas
relacionadas con el origen del universo, que dan por sentado que no hay
necesidad de un Creador. Al resumir las metas de la investigación básica
de la física, el Dr. Robert K. Adair, director asociado del Laboratorio
Nacional Bookhaven, afirma lo siguiente:
“Diremos que tenemos que estudiar lo
discreto y lo continuo, que debemos considerar la variable y la
invariable, el cambio y la conservación. La consideración de estos
antónimos nos conduce, necesariamente, al estudio del carácter de las
partículas elementales y de los campos fundamentales de las fuerzas, el
análisis del espacio y el tiempo, la estructura de nuestro universo, y
la evolución y el origen del mismo, a fin de obtener una cabal
comprensión del Gran Plan del Arquitecto Maestro”. (1)
Nuestro universo, ¿es producto de una mente inteligente o
de un accidente? ¿Se originó a partir de materia preexistente, o
surgió de la nada? ¿Cómo podría el universo visible surgir de la nada y
llegar a ser como lo vemos hoy? Estas y otras preguntas han recibido la
mayor atención por parte de la investigación científica y serán el tema
principal de estudio y debate por el resto de este siglo, y de muchos
más. Los científicos se han convencido de que el adelanto en el
conocimiento del Universo en el cual vivimos no sería posible sin la
consideración seria de las preguntas que hasta el momento hemos
formulado a la teología.
Lo que más preocupa a los científicos es el hecho de que los avances de
la cosmología cuántica demuestran que la hipótesis sobre la cual
descansa la teoría más apreciada acerca del origen del Universo
-
el big bang
-
está equivocada. La teoría del big bang presupone que el universo era
originalmente materia lisa y homogénea, y afirma que debería ser
homogéneo actualmente, considerándolo a gran escala. Pero estudios muy
recientes contrarían primariamente esta posición. Nuestro universo, a
gran escala, no es ni uniforme ni homogéneo, y por lo tanto, no pudo
haberse originado a raíz de una gran explosión. Confundidos y
desilusionados los científicos no pueden aceptar las crecientes pruebas
contundentes en favor de un proceso inteligente ocurrido detrás del
origen y la existencia de nuestro Universo.
Los teóricos esperaban que
el GOBE proveyera la información necesaria con las cual rescatar la
teoría del big bang. El
espectrómetro absoluto del extremo infrarrojo a bordo del COBE está
diseñado para determinar el espectro de la radiación ambiental
-
reliquia hipotética del big bang. Esta radiación ambiental es
el baño universal de radio que los técnicos consideran como el tenue
resplandor resultante de la explosión gigantesca, que se puede observar
unos tres grados sobre el cero absoluto. Para salvar la teoría del big bang, COBE tendría que
confirmar que la radiación resultante es grumosa y no homogénea. La
grumosidad explicaría la razón par la cual ciertas áreas del universo
llegaron a superpoblarse de materia, en tanto que otras están vacías.
Pero para los defensores de la teoría
del big bang,
COBE ha sido un dolor de
cabeza, y no una solución. Los primeros datos enviados por el COBE
muestran que al principio el universo era regular
-
la radiación ambiental es igual en
todas direcciones y no hay señales de turbulencia en el universo
primigenio. La turbulencia sería necesaria para la formación de las
grandes estructuras en el universo del big bang. En este momento, no hay forma
de conciliar las predicciones de cualquier versión teórica del big bang con la realidad del universo
observable. No existe manera de poder pasar de un big bang perfectamente uniforme al
universo grumoso e irregular que se observa hay. La información actual
sugiere que es más lógico creer en un universo creado por el mandato de
un Diseñador inteligente que en un universo creado y organizado
accidentalmente.
Por si fuera poco, los estudios más recientes de
las estructuras más grandes del universo revelan que la materia está distribuida
más irregularmente en él de la que se suponía originalmente. Las
galaxias están distribuidas en agrupaciones enormes con gigantescos
abismos entre sí. El universo aparece más irregular de la que antes se
suponía. Los científicos están pasmados, puesto que la teoría hasta hoy
aceptada del origen del Universo requerirá una revisión mayor o deberá
ser abandonada por completo. Los datos que proporciona el COBE revelan
que la teoría del big bang no es
más que pura palabrería.
Cuando la Sociedad Astronómica
Americana (AAS, por sus siglas en inglés) anunció su concilio anual, que
se llevaría a cabo en enero de 1990 en Arlington, Virginia, y que se
abarcaría la exposición de los resultados iniciales de las observaciones
hechas por el COBE, nunca imaginaron que aquella sería una reunión
histórica. El interés mundial por las observaciones del COBE era tan
intenso, que dicho concilio fue la reunión más grande realizada por
científicos en la historia del AAS. Estuvieron presentes los cosmólogos
y teóricos mundialmente reconocidos, con la esperanza de que el COBE
proporcionara información que los ayudara a encontrar una solución para
los problemas que contrarrestaban la teoría del big bang. Pero al escuchar un informe
tras otro, la esperanza con la cual habían llegado se trocó en
convicción sombría, tanto es así que este concilio histórico bien podría
ser recordado como el servicio fúnebre de la teoría tan querida del
big bang.
Los Problemas del big bang
¿Cuál es el problema con esta teoría? Sería útil conocer un poco su
trasfondo histórico. El descubrimiento que hizo Edwin P. Hubble, de que
el universo se está expandiendo, estimuló el desarrollo de la primera
teoría aceptable del origen del Universo. El razonamiento de los
científicos era que si el universo se está expandiendo, entonces en
algún momento de la historia tuvo que ser muy pequeño. Así nació la
teoría de la gran explosión (big bang). Al aplicar la constante de
expansión en una especie de procedimiento de ingeniería inversa, los
científicos llegaron a la conclusión de que el universo se originó de
una bola de materia ígnea y sumamente densa. Según esta teoría, la
explosión de esta materia extremadamente densa llenó el espacio con una
sopa homogénea de partículas distribuidas uniformemente de las cuales,
eventualmente, bajo la influencia de la gravedad, se formaron las
galaxias, las estrellas y los planetas.
Para que una teoría científica sea
aceptable, debe contener una hipótesis verificable. El big bang formulaba dos predicciones
verificables por la observación. Una es que la explosión de la materia
primaria arrojaría un eco en forma de microonda y radiación infrarroja a
una temperatura de tres grados sobre cero absoluto, y que dicha
radiación debiera tener la misma densidad en todas direcciones. La otra
predicción es que las galaxias resultantes de la sopa ígnea de
partículas estarían distribuidas uniformemente en todo el universo.
La radiación ambiental predicha fue
descubierta en 1965 por dos científicos que trabajaban en los
Laboratorios Bell. El descubrimiento fue proclamado en todo el mundo
como la prueba irrefutable de la teoría del big bang. Los cosmólogos se
convencieron de que al fin habían encontrado la respuesta capital el
enigma de la Creación. Pero los emotivos y orgullosos científicos
jamás soñaron que el mismo hecho que tomaban como prueba, llegaría a
demostrar la improbabilidad de su teoría.
Los problemas del big bang comenzaron con el advenimiento
de las computadoras que permitió a los científicos modelar su teoría
matemáticamente. El modelo matemático del big bang mostró, supuestamente, por
simulación, cuán grandes estructuras a gran escala se formaron de una
densa bola de fuego original. Pero, para sorpresa de los científicos, el
modelo demostró que
si
nuestro universo hubiera comenzado como lo proclama la teoría del big bang, las enormes estructuras que
observamos anularían las leyes de la física que lo rigen.
Además, el modelo matemático demostró
que el universo del big bang
debería tener aproximadamente 7.6 billones de años, y que ese tiempo no
es suficiente para que la pura gravedad formara el universo que se
observa hoy. El modelo también muestra que si el universo primigenio era
uniforme y contenía materia diseminada en forma homogénea, la gravedad
no podría haber formado las estructuras del universo a gran escala.
Aparentemente alguna otra fuerza, desconocida para los científicos, debe
de haber sido la responsable de asentar las condiciones originales de la
creación del Universo.
Para colmo de males, en 1981, los astrónomos de la Universidad de
Harvard descubrieron una burbuja, cuya sorprendente largura media 100
millones de años luz, a la cual le pusieron por sobrenombre, “el agujero
del espacio”.
Este descubrimiento, contrario a la
predicción de la teoría del big
bang, demostró que la materia, a gran escala, no está distribuida
uniformemente en el universo.
En su desesperación, los cosmólogos postularon que el universo
primigenio debe de haber presentado irregularidad. Esta, habría causado
la concentración de partículas en un mismo tugar, permitiendo que la
fuerza de gravedad formara las galaxias. Esta irregularidad, si existió,
debiera haber dejado su huella en forma de crestas o picos de la
radiación ambiental. Para resolver el dilema, los científicos
programaron un extenso estudio de las estructuras a gran escala en el
universo. Además, el satélite COBE fue lanzado para que detectara esas
crestas o picos en la radiación ambiental.
La primera señal convincente de que
algo andaba mal con las suposiciones sobre las cuales se funda la
teoría del big bang surgió en
1989 cuando varios grupos de astrónomos informaron sobre el
descubrimiento de estrategias inesperadamente grandes con enormes vacíos
entre ellas. Uno que hace contraste con el “agujero en el espacio” es el
“gran paredón”, descubierto por astrónomos del Centro de Astrofísica
Howard Smithsonian. Se ha calculado que este paredón mide 500 millones
de años luz de ancho y 15 millones de años luz de profundidad. Estas
estructuras - demostraron las agrupaciones galácticas - son demasiado
grande como para haberse formado por la agrupación gravitacional de
partículas que el big bang
hubiera distribuido unifórmenme en el universo.
COBE - La Última Esperanza para el
Big Bang
El último rayo de esperanza para la teoría que había recibido una herida
mortal radicaba en los hallazgos del COBE. Pero los científicos que
trabajan con su instrumentación en varias longitudes de onda de
microondas y radiación infrarroja informaron que no hay señales de
brumosidad en el universo primigenio que pudiera haber iniciado la
formación de grandes estructuras. Los científicos presentes en las
reuniones de enero de 1990 estaban tan confundidos y frustrados que se
informa que George F. Smoot, dirigente del equipo de la Universidad de
California en Borkeloy, que está cartografiando la homogeneidad de la
radiación, dijo que los científicos tendrán que acudir al duende de los
dientes para que los explique lo que han visto. (2)
John C. Mathor, miembro de la institución Goddard Space Flight Center do
la NASA, en Greenbolt, Maryland, expresó el misterio de la siguiente
manera:
“Es un misterio y no sabemos cómo la
estructura actual (del universo) llegó a la existencia sin dejar una
sola huella, siquiera el nivel de la sensibilidad que tiene nuestro
aparato. Debe de haber existido alguna clase de liberación de energía
(después del big bang). Poro no
hay nada allí”. (3)
Jay MaIim, al informar sobre el congreso de enero de 1990, llega a la
siguiente conclusión:
“La
diferencia entre los ecos parejos y las estructuras actuales es el que
confundió a los astrónomos. El tiempo de existencia del universo no es
suficiente para que la gravedad por si sola sea la responsable de la
agrupación de la materia, en un universo cuya textura es homogénea
-
algún
otro evento a proceso significativo tiene que ser el responsable”. (4)
La identidad de ese otro proceso elude la investigación científica.
Algunos científicos sugieren, de muy mala gana, que una fuerza externa a
nuestro Universo es la responsable de la selección de las condiciones
iniciales. Algunos han estado dispuestos a atribuirlo al nombre de Dios
a esa fuerza.
Las evidencias de las últimas investigaciones científicas han producido la
ruina de las teorías convencionales acerca del universo que consideran que
no hay necesidad de un Creador. Muchos cosmólogos están convencidos de que
vivimos en un Universo hecho de tal naturaleza, que llegó a la existencia
en un instante -en el momento de la Creación. Por todo lo anterior, los
cosmólogos comienzan a darse cuenta, y aun a reconocer (muy a su posar),
qué la investigación cosmológica ha llegado a su punto culminante en el
cual es necesario y esencial considerar la Creación de la nada (5).
Este hecho se ha convertido en el mayor desafío para la cosmología
moderna, una posibilidad sobre la cual tendrán que especular los
científicos por muchos años.
El mundo científico todavía no está preparado para reconocer abiertamente
y enseñar las verdades acerca de la creación ex nihilo, pero las
evidencias aumentan en favor de un Diseñador inteligente. Si pudiéramos
visualizar nuestro Universo desde afuera, ciertamente encontraremos
impresa sobre su superficie la siguiente leyenda: “¡Hecho por Dios!”.
*
Por: Daniel Lazich
es ingeniero aeroespacial
A lo argo de este articulo,
Universo
(con mayúscula) se refiere al conjunto
de galaxias, mientras que universo (con minúscula) se refiere al
espacio intergaláctico. Al estudiar el universo, el cosmólogo formula
conclusiones acerca de las propiedades del Universo.
Notas y
Referencias:
1- Robert K. Adair, The Great Design (New York: Oxford University
Press, 1987), p. 13.
2- Jay Mallin, “Satellite’s Smooth Discoveries Baffle Big Bang
Scientists,” The Washington Times, 10 de enero de 1990, pág. 51.
3- Science News, tomo 137, pág. 38, el material provee corchetes se
encuentra en el original.
4- Maliin, pag. 51.
5- Este gran misterio se resolvería al aceptar las siguientes
declaraciones bíblicas: “Por la fe entendemos que los mundos fueron
formados por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de
lo que no se veía”. “Por la Palabra del Jehovah fueron hechos los
cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Porque él
dijo, y fue hecho; él mandó, y surgió”. "Mi mano fundó también la
tierra, y mi mano derecha extendió los cielos con el palmo. Cuando los
llamo, todos aparecen juntos”. (Hebreos 11:3; Salmos 33:6,9; Isaías
48:13) Y finalmente esta corta declaración: “En el principio creó
Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).
[Esta nota es nuestra, no esta en el artículo original].
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