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Pueden coexistir la fe y la ciencia? Muchos dirían que los científicos
deben dejar toda influencia religiosa fuera de su investigación, porque
hacerla de otra manera comprometería la búsqueda de la verdad. Sin
embargo, creo que el Dios de la Biblia entiende los mayores niveles de
erudición, y no solamente conforta con temas inspiradores. Aún en las
que pueden parecer las disciplinas más improbables —paleontología y
geología— podemos beneficiarnos con la información que nos proporciona
el Creador del universo, algo que otros descartan.1
Desafíos a ser superados
Todo intento de integrar la fe y la investigación cientifica
inmediatamente introduce una tensión. ¿Puede la religión crear
prejuicios en nuestra investigación? Sí, puede. Por ejemplo, algunos
cristianos conservadores creen, basados en lo que ellos consideran una
enseñanza bíblica, que los dinosaurios nunca existieron. Sin embargo, se
han hallado numerosos esqueletos de dinosaurios. Una solución que se
sugiere es dejar la Biblia fuera de nuestras investigaciones, para que
nuestros prejuicios religiosos no nos afecten y podamos ser más
objetivos.
Pero esa solución sería superficial, como lo ilustra un episodio en la
historia de la geología. Hace más de cien años, la obra precursora del
geólogo Lyell era considerada la autoridad por excelencia en el terreno
de la geología.2
Lyell rechazó todas las interpretaciones de la geología catastrofista
común en sus días, y las remplazó con la teoría de que todos los
procesos geológicos ocurrieron muy lenta y gradualmente durante eones de
tiempo (gradualismo). Sin embargo, décadas más tarde analistas de la
historia de la obra de Lyell concluyeron que los catastrofistas eran los
científicos más desprejuiciados y que Lyell impuso una teoría influida
por su cultura, sobre los datos.3
Gould y otros no concuerdan con los puntos de vista bíblicos de algunos
de los primeros geólogos; pero ellos concluyeron que los colegas de
Lyell eran observadores más cuidadosos que Lyell y que sus enfoques
catastrofistas eran interpretaciones realistas de los datos. La teoría
estrictamente gradualista de Lyell fue perjudicial para la geología
porque cerró las mentes de los geólogos a toda interpretación que
sugería procesos geológicos rápidos, catastróficos4,
como lo afirman Gould y Valentine. Aunque estos autores todavía
prefieren explicar la geología en un escenario de millones de años,
reconocen la evidencia de que muchos depósitos sedimentarios son de
naturaleza catastrófica. Ahora que ha sido reconocido el serio prejuicio
de Lyell, y al menos parcialmente abandonado, los geólogos han comenzado
a reconocer evidencias de procesos catastróficos. Esas evidencias
existían en las rocas antes, pero no se las reconocía debido a los
prejuicios de Lyell.
Este caso revela que el prejuicio no se limita a la religión. Es un
problema que todos tenemos que enfrentar, sin importar qué cosmovisión
adoptemos. La idea de que la religión introduce prejuicios, pero que la
investigación que deja de lado a la religión es objetiva, es ingenua.
Los cristianos corremos el riesgo de introducir entre líneas nuestras
ideas favoritas en la lectura de la Biblia y entender mal la relación de
las Escrituras con la naturaleza. Pero los que no toman las Escrituras
seriamente también tienen sus propios problemas con otros prejuicios.
El estudio de la geología y la paleontología depende usualmente de la
suposición que la vida ha evolucionado por millones de años, y que no
hubo ninguna intervención divina en la historia de nuestro planeta. Esta
cosmovisión naturalista puede introducir prejuicios sumamente dominantes
en la investigación. No obstante, el nerviosismo de muchos dirigentes
del pensamiento cristiano acerca de la búsqueda de una integración entre
la ciencia y la religión no puede dejarse de lado livianamente. Existen
respuestas para sus inquietudes,5
y este artículo enfocará parte de esas respuestas.
Enfoques de la relación entre fe y ciencia
Un enfoque común es mantener separadas la ciencia y la fe.6
Este método funciona bien en muchas disciplinas que se ocupan de asuntos
que las Escrituras no tratan. Sin embargo, en el estudio de la historia
de la Tierra, la Biblia y la ciencia convencional afirman cosas
diferentes y necesitamos un método que resuelva ese conflicto. Mi
solución es conocer a Dios como un amigo personal, aprender a confiar en
su Palabra, y usarla para ayudarnos en nuestras investigaciones.
Mientras tanto, nuestra interacción con investigadores que tienen
variados enfoques puede ayudarnos a evitar tentativas simplistas de
relacionar las Escrituras con el mundo natural. Abundan los
creacionistas que escriben libros o panfletos acerca de la evolución o
la geología que son una verdadera vergüenza, incluso para los cristianos
conservadores informados acerca de estos temas. Quizás el problema no
consista en el uso de conceptos bíblicos, sino en la carencia de
conocimiento científico combinada con la falta de análisis de sus ideas
por sus colegas. Esto nos lleva a un enfoque que ha sido ensayado y
probado, usando los siguientes pasos:
-
Trata de buscar y utilizar una comprensión de las Escrituras
pertinente a tu disciplina.
-
Conoce el trabajo y el pensamiento de aquellos que tienen una
cosmovisión diferente.
-
Siempre que sea factible, somete el trabajo que deseas publicar a la
revisión de tus colegas.
-
Sé amable con aquellos que tienen una cosmovisión diferente y trata de
trabajar en colaboración
-
con ellos. Esto requiere seguridad e independencia de pensamiento para
no aceptar cualquier cosa
que tus colaboradores piensen; a la vez el mantener un diálogo
constructivo podría reducir la probabilidad de llegar a conclusiones
superficiales.
Ejemplos de investigación basada en el enfoque antedicho
1. Geología del Gran Cañón
Los
geólogos han interpretado la arenisca Tapeats del Cámbrico, cerca del
fondo del Gran Cañón del Colorado, como una acumulación de arena en agua
somera a lo largo de la playa de un antiguo océano, en el que el nivel
del agua y del depósito de arena se elevaban gradualmente a lo largo del
frente de un acantilado existente, durante eones de tiempo. El Dr.
Arturo Chadwick y sus colaboradores encontraron un depósito geológico
que desafiaba claramente esa interpretación de la arenisca Tapeats.7
La evidencia indicaba una acumulación de arena en agua profunda por
procesos muy diferentes de aquellos que hubieran ocurrido en agua somera
(estos procesos en aguas profundas es posible que también fueran mucho
más rápidos, pero ese es otro problema). Ellos presentaron sus datos y
conclusiones en una reunión profesional de geólogos, incluyendo a
algunos que habían llevado a cabo gran parte de esa investigación en
dicha formación, los que decidieron que las conclusiones de los Dres.
Chadwick y Kennedy eran correctas. Un geólogo le preguntó después a
Chadwick qué los había inducido a ver esas cosas que otros geólogos
habían pasado por alto. La respuesta fue que su cosmovisión los indujo a
hacerse preguntas que otros no se hacen, a poner en duda las
conclusiones que otros dieron por supuestas, lo cual les permitió ver
cosas que probablemente son pasadas por alto por un geólogo que trabaja
conforme a una teoría científica naturalista convencional. Las preguntas
que un investigador hace ejercen una fuerte influencia controladora
sobre qué características de las rocas o fósiles llamarán su atención y
qué datos recopilará.
Un científico cuidadoso que permite que la historia bíblica informe a la
ciencia a la que está dedicado no usará un método científico diferente
del método usado por otros científicos. Cuando los científicos están
ante un afloramiento rocoso, todos ellos usan el mismo método
científico. Potencialmente disponen de los mismos tipos de datos y usan
los mismos instrumentos científicos y procesos lógicos para analizar los
datos. Las diferencias están en (1) las preguntas que los cristianos
tienden a formular, (2) la variedad de las hipótesis que estamos
dispuestos a considerar y (3) qué tipos de datos probablemente captarán
nuestra atención.
El hecho de que comencemos de lo que creemos que es un punto de partida
más correcto (como la comprensión de las Escrituras), no nos garantizará
que las hipótesis que desarrollemos serán correctas (las Escrituras no
nos proporcionan tantos detalles). Eso simplemente inicia una búsqueda
en una dirección más productiva, y si tenemos razón de confiar en el
conocimiento divino, eso nos ayudará a mejorar nuestro progreso en
ciertas áreas de la ciencia abriendo nuestros ojos a cosas que de otra
manera probablemente no veríamos.
2. Ballenas fósiles de la Formación Pisco del Mioceno/Plioceno de Perú.
La Formación Pisco en Perú contiene numerosas ballenas fósiles en un
depósito de diatomita. Las diatomeas son organismos microscópicos que
flotan cerca de la superficie de lagos y océanos. Después de muertas,
sus esqueletos silíceos se hunden y, en los océanos modernos, forman
acumulaciones de diatomita de pocos centímetros de grosor en mil años.
La mayoría de los científicos suponen que los antiguos depósitos
(fósiles) de diatomita se formaron al mismo ritmo lento de unos pocos
centímetros cada mil años.
Los geólogos y paleontólogos que han escrito acerca de la geología y los
fósiles de la Formación Pisco aparentemente no se preguntaron cómo puede
ser que el sedimento, acumulándose al lento ritmo de unos pocos
centímetros cada mil años, puede contener esqueletos de ballenas
completos, bien conservados, los que parecerían requerir un
enterramiento rápido para su preservación. Este fue otro caso en el cual
nuestra cosmovisión cristiana nos permitió ver cosas que otros no habían
notado: la incongruencia del caso de las ballenas bien conservadas en
oposición al supuesto ritmo lento de acumulación de diatomeas.
La investigación que realizamos allí durante los últimos tres veranos
con mi alumno de posgrado Raúl Esperante y otros científicos dedicados
al estudio de la Tierra, ha acumulado evidencias de un enterramiento
rápido de los cuerpos de las ballenas, probablemente en un período de
unas pocas semanas o meses (unos pocos años como máximo), y sugiere cómo
las antiguas diatomitas pueden haberse formado mucho más rápidamente.
Los resultados y las conclusiones de nuestra investigación fueron
presentados en la reunión anual de la sociedad geológica norteamericana
conocida como Geological Society of America
8
y publicados en una primera ponencia.9
Se presentarán más trabajos en el futuro con los que los mejores
científicos en este campo tendrán la oportunidad de evaluar nuestro
trabajo y seguramente estarán ansiosos de señalar nuestros errores, lo
cual es un poderoso incentivo para prevenirnos de ser negligentes.
Este proyecto (y otra investigación paleontológica no descrita aquí),10
me ha llevado a pasar bastante tiempo en el campo con geólogos y
paleontólogos que no son cristianos y que tienen una cosmovisión
completamente diferente a la mía. Descubrí que es muy útil trabajar con
personas que tienen un punto de vista diferente e incluso cosas que
ellos probablemente nunca considerarían, y ellos notaron cosas que yo
posiblemente hubiera pasado por alto. Esto nos ayuda a evitar respuestas
simplistas mientras tratamos de entender la historia geológica.
Integrando la fe y la ciencia
Los científicos obtienen sus ideas de diferentes maneras11
y sin importar de dónde provengan (aún de la Biblia), esas ideas e
hipótesis son válidas si pueden ser probadas por medio de los datos.
Desde luego, la ciencia no tiene nada para contribuir en la evaluación
de gran parte del contenido de las Escrituras. Si Jesús realmente
transformó agua en vino, o físicamente levantó a Lázaro de los muertos,
eso está más allá del escrutinio científico. ¿Qué experimento podrías
hacer tú para probar esos milagros bíblicos? Por otro lado, cuando una
cosmovisión bíblica puede sugerir hipótesis comprobables, éstas son
contribuciones válidas para la ciencia.
El procurar integrar la fe y la ciencia nos puede ayudar a encontrar un
equilibrio entre intereses opuestos. Por ejemplo, nuestra comprensión
bíblica nos ayuda a formular las preguntas correctas y hallar que por lo
menos algunos depósitos geológicos se formaron muy rápidamente. Al mismo
tiempo, nuestra investigación científica pareciera indicar que la
suposición común no bíblica de que no hubo actividad geológica en la
Tierra entre la semana de la creación y el diluvio parecería no ser
correcta. La columna geológica puede no haberse formado completamente en
el diluvio del Génesis, pero puede haberse acumulado durante un período
de tiempo antes, durante y después del diluvio.
La religión puede introducir prejuicios en la
ciencia, pero lo mismo es posible con cualquier otro enfoque. Si hacemos
un esfuerzo consciente para integrar la fe y la ciencia, o la fe y otras
disciplinas, ese esfuerzo puede abrir nuestra mente a nuevos enfoques.
Lo opuesto también es cierto: Si
no tratamos
de integrar la ciencia y la fe, es poco probable que
entendamos adecuadamente las áreas donde la ciencia y la religión
parecen estar en conflicto. Si no nos esforzamos seriamente para
desafiar el pensamiento convencional y no desarrollamos una síntesis
positiva de ciencia y fe, estaremos propensos a aceptar el pensamiento
convencional sin saber si está o no basado en un fundamento sólido.
Leonard Brand
(Ph.D., Cornell University)
es profesor de biología y paleontología
en la Universidad de Loma Linda, Loma Linda, California.
Notas y Referencias:
1. Ver L. R. Brand, Fe y razón en la historia de la
Tierra: Un paradigma de los orígenes de la Tierra y de la vida mediante
un diseño inteligente (Lima, Perú.
Ediciones Theologika. 1998).
2. C.
Lyell, Principles of Geology, Being an Attempt to Explain the Former
Changes of the Earth’s Surface, by Reference to Causes Now in Operation,
3 vols. (London: John Murray, 183033); Principles of Geology, or the
Modern Changes of the Earth and Its Inhabitants Considered as
Illustrative of Geology, 11a(New York: D. Appleton and Co., 1892), 2
vols.
La 11a edición es la más comúnmente usada.
3. S. J. Gould, “Lyell’s Vision and Rhetoric”, en W. A.
Berggren y J. A.Van Couvering, eds.
Catastrophes and Earth History: The New Uniformitarianism (Princeton,
N.J.: Princeton University Press, 1984).
4. S.
J. Gould, “Is Uniformitarianism Necessary?” American Journal of Science
263 (1965): 223228; y J. W. Valentine, “The Present Is the Key to the
Present”, Journal of Geological Education 14 (1966)
2: 59,
60.
5. L.
R. Brand, “The Bible and Science”, en Humberto M. Rasi, ed., Symposium
on the Bible and Adventist Scholarship: Christ in the Classroom (Silver
Spring,
Md.: Institute for Christian Teaching, General Conference of Seventhday
Adventists), vol. 26B: 139-162.
6. S. J. Gould, Rock of Ages (New York: The Library of
Contemporary Thought; The Ballantine Publishing Group, 1999).
7. E. G. Kennedy, R. Kablanow, y A. V. Chadwick, “Evidence for Deep
Water Deposition of the Tapeats Sandstone, Grand Canyon, Arizona”. Actas
de la 3aBiannual Conference of Research on the Colorado Plateau, C.
VanRiper, III, y E. T. Deshler, eds., Depto. Interior de los EE. UU.,
Transactions and Proceedings Series NPS/ NRNAM/NRTP, 97/12, 1997, pp.
215-228.
8. R. Esperante-Caamano, L. R. Brand, A. V. Chadwick y
O. Poma, “Taphonomy of Whales in the Miocene/Pliocene Pisco Formation,
Western Peru”, reunión anual de la Geological Society of America,
octubre 1999. Abstracts With Programs, 31(7): A-466, R. EsperanteCaamano,
L. R. Brand, A. V. Chadwick y F. DeLucchi, “Fossil Whales of the
Miocene/Pliocene Pisco Formation, Peru: Stratigraphy, Distribution, and
Taphonomy”, Geological Society of America, reunión anual, noviembre
2000. Abstracts With Programs, 32 (7): A-499.
9. R. EsperanteCaamano, L. R. Brand, A. V. Chadwick y
O. Poma, “Taphonomy of Fossil Whales in the Diatomaceous Sediments of
the Miocene/Pliocene Pisco Formation, Peru”, en M. De Renzi, M. Alonso,
M. Belinchon, E. Penalver, P. Montoya y A. MarquezAliaga, eds., Current
Topics on Taphonomy and Fossilization (Valencia, España: International
Conference Taphos 2002; 3rd Meeting on Taphonomy and Fossilization), pp.
337-343.
10. Por
ejemplo, L. R. Brand y T. Tang, “Fossil Vertebrate Footprints in the
Coconino Sandstone [Permian] of
Northern Arizona:
Evidence for Underwater Origin”, Geology 19 (1991): 1201-1204.
Se publicaron comentarios sobre este estudio en Science
News 141 (1992) 4:5; Geology Today 8 (1992) 3:78, 79 y en Nature 355 (9
de enero de 1992): 110.
11. Ver
A. Cromer, Uncommon Sense: The Heretical Nature of Science (New York:
Oxford University Press, 1993), p. 148; K. R. Popper, The Logic of
Scientific Discovery (New York: Harper and Row, 1999) pp. 31, 32.
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