| |
Era una persona insólita: distraído y generoso, sensible a la crítica y
modesto. Afrontó varias crisis psicológicas y tenía dificultad en mantener
buenas relaciones sociales. Sin embargo, fue uno de los extraordinarios
gigantes de la historia: un físico brillante, un astrónomo y matemático
eminente, y un filósofo natural.
Cuando Isaac Newton, este genio y caballero inglés murió en 1727 a la edad
de 85 años, dejó una marca indeleble en cada actividad en la que
participó. Conocemos sus leyes del movimiento y la teoría de la
gravitación universal. Y lo conocemos a él por su contribución a la
comprensión del universo. Pero raramente oímos hablar acerca de sus
contribuciones a la teología cristiana. Después de un estudio minucioso de
sus escritos, he llegado a la conclusión de que Newton no sólo fue un gran
hombre de ciencia, sino también un gran teólogo, un verdadero creacionista
y adventista.1
Mi recorrido hacia la comprensión de Newton como teólogo comenzó hace unos
45 años cuando yo mismo llegué a ser adventista, después de asistir a una
serie evangelizadora sobre las fascinantes profecías bíblicas de Daniel y
el Apocalipsis. En ese entonces yo estudiaba la carrera de Ingeniería en
la Escuela Politécnica de la Universidad de San Pablo, Brasil.
El ambiente universitario de ningún modo favorecía al desarrollo de mi fe.
Me sentía bombardeado de todas direcciones. El materialismo, las
preocupaciones humanistas y una concepción científica del mundo convergían
para cuestionar mi fe recién descubierta. Yo necesitaba algo para defender
lo que creía que era verdadero y quería que mi defensa fuera sólida y
lógica.
En mi búsqueda de publicaciones apropiadas, encontré una versión
portuguesa del libro
Observations
Upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse, no en la
biblioteca de la Universidad ni en una librería, sino en una venta
callejera de libros. Me llevé una agradable sorpresa al encontrar que el
mismo Isaac Newton a quien, como estudiante de ingeniería había encontrado
en los estudios sobre óptica, mecánica, cálculo diferencial e integral y
gravedad, ¡había dedicado bastante tiempo y esfuerzo a la cronología
bíblica y a la interpretación de las profecías! En realidad, la
Enciclopaedia Britannica
incluye su
Enmienda de la cronología
de los reyes antiguos
y Observaciones sobre las profecías de Daniel y el Apocalipsis de S.
Juan entre las cinco obras más importantes de Newton; las
otras son
Philosophia Naturalis
Principia Matematica, Opticks,
y
Arithmetica Universalis.
Mi descubrimiento y estudio de un Newton erudito y cristiano me condujo a
entenderlo como creacionista, adventista e intérprete de las profecías.
Newton, el creacionista
Robert Boyle, un pionero en los experimentos con gases y sólido promotor
del cristianismo, que había abogado por el estudio científico de la
naturaleza como un deber religioso, había muerto en 1691. Su testamento
disponía que se realizara una serie anual de conferencias con la intención
de defender el cristianismo contra la incredulidad. Richard Bentley,
clérigo y distinguido erudito de los clásicos, pronunció la primera serie
de conferencias en 1692.
En preparación para sus conferencias, Bentley pidió la ayuda de Newton,
quien ya era famoso por sus
Principia (1687). Bentley esperaba demostrar que, de acuerdo
con las leyes físicas que gobiernan el mundo natural, debiera haber sido
imposible que los cuerpos celestes aparecieran sin la intervención de un
agente divino.
De allí en adelante, Bentley y Newton intercambiaron una correspondencia
“casi teológica”. En su primera carta a Bentley, Newton declaró: “Cuando
escribí mi tratado sobre nuestro sistema, tuve mis ojos fijos en los
principios que pudieron actuar considerando la creencia de la humanidad en
una divinidad, y nada me resulta más gratificador que ver que resultó ser
útil para este objetivo”.2
Más tarde Newton escribió: “Los momentos que los planetas tienen hoy no
pudieron originarse de causas naturales aisladas, sino que les fueron
impuestos por un agente inteligente”.3
Otros escritos afirman la firme creencia de Newton en un Creador, a quien
él se refiere a menudo como el “Pantokrator”, el Todopoderoso “que tiene
autoridad sobre todas las cosas existentes, sobre la forma del mundo
natural y el curso de la historia humana”.
Newton fue muy claro en afirmar sus convicciones: “Debemos creer que hay
sólo un Dios o monarca supremo a quien debemos temer, guardar sus leyes y
darle honor y gloria. Debemos creer que él es el padre de quien provienen
todas las cosas, y que ama a su pueblo como su padre. Debemos creer que él
es el ‘Pantokrator’, Señor de todo, con poder y dominio irresistibles e
ilimitados, del cual no tenemos esperanza de escapar si nos rebelamos y
seguimos a otros dioses, o si transgredimos las leyes de su soberanía, y
de quien podemos esperar grandes recompensas si hacemos su voluntad.
Debemos creer que él es el Dios de los judíos, quien creó los cielos y la
tierra y todo lo que en ellos existe, como lo expresan los Diez
Mandamientos, de modo que podamos agradecerle por nuestra existencia y por
todas las bendiciones de esta vida, y evitar el uso de su nombre en vano o
adorar imágenes u otros dioses”.4
Newton, el adventista
A Newton también le preocupaba la restauración de la Iglesia Cristiana a
su pureza apostólica. Su estudio de las profecías lo llevó a concluir que,
en última instancia, la iglesia triunfará a pesar de sus fallas actuales.
William Whiston, quien sucedió a Newton como profesor de Matemáticas en
Cambridge y escribió
The
Accomplishment of Scripture Prophecies, declaró después de la
muerte de Newton que “él y Samuel Clarke habían dejado de luchar por la
restauración de la iglesia hacia las normas de los tiempos apostólicos
primitivos porque la interpretación de Newton de las profecías los había
llevado a esperar una larga era de corrupción antes de que pudiera ser
efectiva”.5
Newton creía en un remanente fiel que sería testigo del fin de los
tiempos. Uno de sus biógrafos escribió: “En la iglesia verdadera, a la
cual señalan las profecías, Newton no quería incluir a todos los que se
llaman cristianos, sino a un remanente, unas pocas personas dispersas,
elegidas por Dios, personas que no son movidas por ningún interés,
instrucción o poder de autoridades humanas, que son capaces de dedicarse
sincera y diligentemente a la búsqueda de la verdad”. “Newton estaba lejos
de identificar lo que lo rodeaba como el cristianismo apostólico
verdadero. Su cronología interna había puesto el día de la trompeta final
dos siglos más adelante”.6
En Daniel 2 Newton veía el desarrollo de la historia de la humanidad hasta
el fin del tiempo, cuando Cristo establecería su reino. Escribió: “Y una
piedra cortada no con mano, que cayó sobre los pies de la imagen, y rompió
los cuatro metales en pedazos, y llegó a ser un gran monte, y llenó toda
la tierra; representa que se levantará un nuevo reino, después de los
cuatro, y conquistará a todas aquellas naciones, y crecerá hasta ser muy
grande, y durará hasta el fin de todos los tiempos”.7
Al considerar las demás visiones de Daniel, Newton aclara que después del
cuarto reino sobre la tierra vendría la segunda venida de Cristo y el
establecimiento de su reino eterno: “La profecía del Hijo del hombre que
viene en las nubes de los cielos se relaciona con la segunda venida de
Cristo”.8
La autoevaluación de
Newton
A pesar de sus muchos logros y renombre
internacional, Newton era modesto. Poco tiempo antes de su muerte, dijo:
“No sé lo que pareceré al mundo, pero me parece que sólo he sido como un
muchacho jugando a la orilla del mar, divirtiéndome al encontrar de vez
en cuando una piedrecita más lisa o una concha más hermosa que las
corrientes, mientras el gran océano de la verdad yace sin ser
descubierto delante de mi”.
Newton, el intérprete de las profecías
Newton no estaba satisfecho con la interpretación de las profecías de su
época. Sostenía que los intérpretes no “tenían métodos previos...
Distorsionaban parte de las profecías, sacándolas de su orden natural
según sus propias conveniencias”.9
En armonía con su enfoque de los problemas científicos, Newton estableció
normas para la interpretación profética, con una codificación del lenguaje
profético que tenía como intención eliminar la posibilidad de distorsiones
“a la conveniencia de uno”, y adoptó el criterio de permitir que la
Escritura revele y explique la Escritura.
De este modo, la interpretación de Newton difería de la interpretación de
la mayoría de sus contemporáneos. El no estaba interesado en el uso de la
profecía para explicar la historia política de Inglaterra, como lo hacían
otros, sino más bien se centraba en el estudio del comienzo de la gran
apostasía que ocurrió en la iglesia y en la restauración final de la
iglesia a su pureza original.
Este interés en la restauración de la iglesia a su pureza apostólica llevó
a Newton a estudiar la segunda venida de Cristo. Su preocupación por el
futuro lo condujo a las 70 semanas de Daniel 9. El, como muchos
dispensacionalistas de hoy, asignaba la última semana a un futuro
indeterminado cuando comenzaría el regreso de los judíos y la
reconstrucción de Jerusalén, y que culminaría con la gloriosa segunda
venida de Cristo.
Esta interpretación, por supuesto, es contraria a las creencias de los
adventistas. Sin embargo, algunos de los principios de interpretación de
Newton están en armonía con los nuestros. Por ejemplo, considera la
interpretación que daba Newton a los símbolos:
“Los vientos tempestuosos, o el movimiento de las nubes [representa]
guerras;... La lluvia, si no es inmoderada, y el rocío, y el agua
corriente [representan] las gracias y las doctrinas del Espíritu; y la
falta de lluvia, la esterilidad espiritual. En la tierra, la tierra seca y
las aguas congregadas, como un mar, un río, una inundación, están en lugar
de la gente de diversas regiones, naciones, y dominios... Y varios
animales como un león, un oso, un leopardo, y un macho cabrío, de acuerdo
con sus características, están en lugar de varios reinos y cuerpos
políticos... Un gobernante está representado por alguien que cabalga en
una bestia; un guerrero o un conquistador, por una espada y un arco; un
hombre poderoso, por su estatura gigantesca; un juez, por una balanza y
pesas;... honor y gloria, por una vestimenta espléndida; dignidad real,
por ropaje de púrpura o escarlata, o por una corona; la justicia, por
vestimentas blancas y limpias; la maldad, por ropa manchada y sucia”.10
En la interpretación de las profecías relacionadas con el tiempo, Newton
sostenía que “los días de Daniel son años”.11
El aplicó este principio a las 70 semanas12
y a los “tres tiempos y medio” de apostasía. Newton aclara que el “día
profético” es “un año solar”, y que un “tiempo” en la profecía también es
equivalente a un año solar. “Y los tiempos y las leyes fueron desde
entonces dados en su mano por un tiempo, tiempos y el medio de un tiempo,
o tres tiempos y medio; es decir, por 1260 años solares, considerando un
tiempo como un año calendario de 360 días, y un día por un año solar”.13
Conclusión
Newton fue extremadamente cauto en sus creencias religiosas. Esto puede
explicar, en parte, por qué no publicó sus obras teológicas durante su
vida. Tal vez, consciente del ambiente religioso inglés, no quería ser
acusado de herejía, sino que buscó con afán la verdad como la encontraba
en la Biblia. Afortunadamente, sus obras teológicas fueron publicadas
después de su muerte.
Como adventistas, podremos no estar de acuerdo con Newton en todas sus
interpretaciones de la profecía bíblica, pero podemos beneficiarnos con
sus obras teológicas y su metodología cuidadosa a fin de mantenernos
firmes en la fe, aun cuando sigamos estudios científicos. El fue un
verdadero gigante de la ciencia que no se avergonzaba de su fe, sino que,
por el contrario, dedicó tiempo para entender la Palabra de Dios, tanto
cuando predice los movimientos de la historia, como cuando proporciona
orientación para ordenar la vida personal de cada uno.
Ruy Carlos de Camargo
Vieira (Ph.D., Universidad de Sao Paulo) es ingeniero mecánico y
eléctrico; actualmente es miembro del Consejo Superior de la Agencia
Espacial Brasileña. En 1971, el Dr. Vieira fundó la Sociedad Creacionista
Brasileña, y comenzó la publicación de
Folha Criacionista,
una revista bianual en portugués. Su dirección es: Caixa Postal 08743;
70312-970, Brasilia, D.F.; Brasil. Fax: 55-61-577-3892.
Referencias:
1. Ver mi
Sir
Isaac Newton: Adventista?,
un librito publicado por la Sociedade Criacionista Brasileira.
2. Richard S. Westfall,
The
Life of Isaac Newton (Cambridge:
University Press, 1993), p. 204.
3. Bernard Cohen,
Isaac
Newton:
Papers & Letters on Natural Philosophy
(Cambridge: Harvard University Press, 1958), p. 284.
4. Westfall, p. 301.
5.
Ibíd.,
p. 300.
6.
Ibíd.,
p. 128.
7.Isaac
Newton,
Observations Upon the Prophecies of
Daniel and the Apocalypse of
St.
John,
pp. 25, 26.
8. Ibíd.,
p. 128.
9. Westfall, pp. 128, 129.
10.
Newton,
Observations, p. 18-22.
11.
Ibíd.,
p. 122.
12.
Ibíd.,
p. 130.
13.
Ibíd.,
pp. 113, 114.
|