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R E F L E X I O N No. 10 |
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Angustia sin Fin |
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Por: Héctor A. Delgado |
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Desde muy antiguo el ser humano ha confrontado el drama del dolor y el sufrimiento. Aun las mentes más prodigiosas han sido desafiadas con los grandes dilemas sobre el sufrimiento. El mismo Chales Darwin, el gran exponente de la teoría del Origen de las Especies, enfrentó la irreparable pérdida de su pequeña niña de 9 años de edad. Este incidente, en gran medida, provocó que él sellara su desinterés por lo espiritual y religioso. En la edad media, uno de los libros que más influyó sobre el cosmovisión de los más profundos pensadores fue On the Consolation of Philosophy, por Boecio. En este libro, este escritor escribió: “Si Dios existe, ¿por qué existe el mal?”. El personal de Giving Hope no pretende tener una respuesta para cada pregunta. Lo que sí creemos es que aun en medio del dolor, es mejor confiar en el amor de Dios, que comprender todas las cosas. El siervo Job se ha constituido en el epítome del sufrimiento. Su libro ha sido leído una y otra vez por innumerables millones de personas. No podemos analizar las implicaciones teológicas de este relato inspirado por causa del espacio, pero queremos mencionar algunas: 1- En medio de la perdida de su familia (menos la esposa) y sus pertenencias miraba a Dios, después de examinar su vida exenta de faltas – según él (Job 6:4, 24, 25, etc.) – como el culpable de todas sus desgracias (cap. 10:16,17, etc.). Es natural que aun el hombre que conoce a Dios le cuestione cuando es asaltado por el sufrimiento. Después, de todo, ¿no puede Él evitarlo aunque no sea quien lo cause? 2- Algo que se puede apreciar en el relato es que a pesar de que Job no comprendía la naturaleza de la prueba de fe a la que había sido sometido, terminó reconociendo que cuestionó muchas cosas “que no comprendía” (42:3). 3- En la cumbre del relato, Dios apreció y desde un “torbellino” habló a Job (38:1). El Señor no respondió las preguntas formuladas por Job; pero vino a hacerle algunas preguntas a él (38-41). Una de las preguntas de Dios fue: “Acaso, ¿invalidarás mi juicio? ¿Me condenarás a mí para justificarte tú?” (38:8). 4- Job finalmente admitió: “He aquí que soy insignificante, ¿qué te he de responder? Pongo mi mano sobre mi boca. Una vez hablé y no volveré a responder, aún dos veces, más no continuaré” (Cap. 38:4,5). Y más aún: “Reconozco que tú todo lo puedes, y que no hay plan que te sea irrealizable... ciertamente dije cosas que no entendía, cosas demasiadas maravillosas para mí, las cuales jamás podré comprender... De oídas había oído de ti, pero ahora mis ojos te ven. Por tanto, me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza” (42:2, 3, 5-6). Estos versículos son la clave para entender el libro de Job. Dios no causó el sufrimiento de Job, pero predominó sobre su dolor con un propósito misericordioso: Conocía mejor a Dios. Al fin de todo, es lo único importante en esta vida. Si Charles Darwin hubiese estado dispuesto a recorrer esta senda, la historia se hubiese escrito diferente. Pero una de las cosas más importantes al leer el libro de Job, es saber que este fue el primer libro escrito de la Biblia. Por alguna razón lo primero que Dios quiso que nos llegara fue este grito de desesperación del sufriente Job. De esta forma, Job prefigura al divino Doliente que por causa de nuestros pecados fue al Calvario para que tengamos vida en abundancia (Isaías 53:1-10). Tenemos también en él una vislumbre del “dolor que el pecado ha causado” al tierno corazón de Dios desde el mismo principio de su surgimiento. El dolor y el sufrimiento de Job constituyen sólo un pálido reflejo del dolor que le causa a Dios “toda desviación de la justicia” y la imposibilidad que tiene los seres humanos para alcanzar su ideal de pureza y santidad. El fracaso humano es un aguijón en el corazón de Dios mientras dure el pecado. |
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