R E F L E X I O N   No. 13

 
   

Simpatizando con Otros

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

¿Hasta qué punto eres capaz de simpatizar con los problemas de los demás? Si has leído el libro de Job habrás notado cuantas verdades teológicas pronunciaron sus amigos al hablar con él, pero sin la más mínima pizca de sensibilidad ante su abrumador sufrimiento. He aquí algunas de las más interesantes: 

1- “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo creó?” (cap. 4:17).

2- “Ciertamente yo buscaría a Dios – dice Elifas a Job -, y encomendaría a Él mi causa; […] He aquí, bienaventurado el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso” (5:8-9,17).

3- “Acaso torcerá Dios el derecho – dice Bildad -, o pervertirá Dios la justicia. Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto delante, ciertamente se despertará por ti, y hará prosperar la morada de tu justicia...” (8:3,5-6).

4- “Oh, quien diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo – dice Zofar -, y te declarara los secretos de la sabiduría, que son de doble valor que las riquezas...” (11:5,6).

5- “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios (esta es la pregunta de los siglos)? ¿Y cómo se hará limpio el que nace de mujer? (25:4).

Todas estas declaraciones de los “buenos” amigos de Job sólo ganaron el siguiente reproche de divino: “Mi ira se encendió contra ti – dijo Jehovah a Elifas – y contra tus dos compañeros por no hablar de mí lo recto como mi siervo Job” (cap. 42:7). La insensible filosofía de los amigos de Job no servía de nada ante sus sufrimientos, pues ellos no se identificaron con él en sus angustias. Lo miraron de lejos. Hay muchas lecciones para todo creyente en el relato inspirado del libro de Job. 1) Debemos pedir a Dios sabiduría y sensibilidad para simpatizar con los dolientes. Debemos pedir esto a Dios (Santiago 1:5). 2) No estamos exentos de sufrir como otros, pues no existe un antídoto contra el sufrimiento. Debemos medir con la vara que quisiéremos ser medidos (Mateo 7:1,2).

3- En la falta de comprensión y simpatía de sus amigos y en la soledad de sus sufrimientos, Job representa a Cristo, quien pisó solo el pozo de la desesperación (Isaías 63:1-4). En la hora de la gran prueba, Cristo estuvo completamente solo, “abandonado de Dios y abatido” (Isaías 53). ¡Y todo por amor a ti! 5) El restablecimiento de Job nos dice que al final de este de este desolado desierto, hay un oasis de esperanza. No para siempre existirá el dolor y el sufrimiento.

Sólo en ese reino de amor establecido por el poder divino encontrará descanso el fatigado y cansado ser humano. Mira cuanta dicha inmortal nos espera: “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido […] Y ya no habrá maldición alguna. El trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán. Verán su rostro, y su Nombre estará en sus frentes...Y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 21:1-7; 22:3-5). Te invitamos a prepararte para ese grandioso y magnífico día.

 
       
   

Reflexión de la Semana