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R E F L E X I O N No. 14 |
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Puedes Cambiar |
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Por: Héctor A. Delgado |
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Hay quienes luchan desesperadamente por lograr un cambio en su estilo de vida y no pueden o no encuentran la forma adecuada. Todos hemos intentado dejar algún mal hábito o alguna “debilidad” secreta. Lo cierto es que resulta natural el deseo de cambiar, de otra manera el crecimiento mental, espiritual o de cualquier otra clase será estorbado. Malas Noticias. Según las Sagradas Escrituras, existe en nuestro interior un “poder” o fuerza que nos impulsa hacia el mal. Pablo lo llama “la ley del pecado” (Romanos 7:23). Él define esta “ley” o principio como una fuerza interior irresistible: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago [...] Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (naturaleza) no mora el bien; porque el querer [hacer el bien] está en mí, pero no el hacerlo...” (Romanos 7:15-20). ¿Es esta tu condición? Estás inclinado a confesar Con razón alguien observó que la lucha que se desarrolla en nuestro interior es la más grande de todas las batallas que se ha librado en la tierra alguna vez. El deseo de hacer lo bueno, de cambiar y ser libre de todo lo que nos aprisiona es el cumplimiento parcial de la promesa divina: “Enemistad pondré entre ti (la serpiente tentadora) y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia tuya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón” (Génesis 3:15). Desde este día los seres humanos sienten en su interior una fuerza que resiste el poder del pecado y que le hace sentir el deseo de algo que no poseen. Buenas Noticias. Nuestra única solución es la misma del Apóstol: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (vers. 25). Sí, hay esperanza, pues “en Cristo” la fuerza destructora del pecado ha sido subyugada y conquistada (Romanos 8:2,3). Las Sagradas Escrituras revelan que también existe un poder cautivante que obra en cada ser humano para liberarlos y darle una vida de gozo y paz: la gracia de Dios. Por medios visibles e invisibles Dios procura atraer el corazón de los seres humanos a las riquezas infinitas que pueden disfrutar junto a Él (Juan 14:23). Pocos perciben esta realidad, pero ha sido así toda la vida. Dios es bueno y misericordioso y se preocupa grandemente por todo lo que nos ocurre. Según el testimonio de su Palabra, Él está pendiente aun de “los pajarillos” y nos dice que “ni uno de ellos cae en tierra olvidado por Dios” (Lucas 12:7). Y para que no dudemos, el mismo Cristo nos dice: “Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues, más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Lucas 12:8). Es tu privilegio creer y confiar en Dios, Él no te defraudará. Y si crees, escucha cuantas posibilidades hay de cambiar: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:12). La imposibilidad humana es la posibilidad de Dios. Mira como dice su Palabra: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Esta era la razón por la que Pablo decía: “De mi mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades” (2 Corintios 12:5). Pero hay una condición: Fe., pues “sin fe es imposible” obtener las bendiciones divinas (Hebreos 11:1,6). Ciertamente hay alguien que te ama profundamente con amor incondicional. Este amor es capaz de ayudarte y cambiarte, no importa la condición en la que te encuentres en este momento. ¿Puedes creerlo? |
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