R E F L E X I O N   No. 22

 
   

Amor Ágape

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

Para enterarse de malas noticias vasta con mirar los noticiarios en la TV o leer las revistas y periódicos de publicación nacional. Pero también hay Buenas Noticias amigo y amiga que lees esta publicación. Y son mejores noticias de lo que te has imaginado. En las Escrituras encontramos la existencia de Dios y su amor desinteresado por cada uno de sus hijos e hijas.

La palabra que usan los escritores bíblicos para referirse al amor de Dios significa generalmente el amor a otros sin fines egoístas. Y esto es algo extraño y desconocido para los seres humanos. Esta es la razón por la que el amor de Dios y el amor humano no pueden compararse, solo pueden contrastarse. La mayor expresión de amor que señala la Biblia es esta: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

En realidad, la vida de Jesucristo no fue más que una revelación de ese amor, un amor que “no busca lo suyo”, solo el bien de los demás, y “no guarda rencor”, pues sabe perdonar. Un amor que “todo lo sufre (aun el rechazo), todo lo cree, todo lo espera (aun del pecador más empedernido), todo lo soporta (hasta la cruz)” (1 Cor. 13:5,7).

Mientras el hombre ama a quien le corresponde, Dios ama al “débil”, al “impío”, al “pecador” al que es su “enemigo” (Rom. 5:6,8,10). ¡Esto es verdadero amor! Pero el amor de Dios logra mucho más. Y es que crea valor en el ser amado aferrándose a él con tal fuerza que al individuo le es más fácil transitar por los caminos de Dios, aun con toda la oposición del mundo, que seguir sus propios caminos.

Desde esta perspectiva entonces, salvarse es más fácil que perderse. Todo depende de qué o Quién es más fuerte. Cristo y su amor o el demonio y su egoísmo. Resistir la atracción poderosa del amor de Dios es tan duro como el “dar coces contra el aguijón” (Hech. 26:14). Pero, ceder a la invitación del Señor hace que todas nuestras preocupaciones y trabajos sean un yugo y una carga “ligera” (Mat. 11:28-30). La clave está en comprender que el poder de la gracia divina es infinitamente superior al poder del pecado. Nótese como lo expresa el apóstol Pablo: “Cuando el pecado abundó, sobrepujó la gracia...” (Rom. 5:20). Elige, pues, creer estas Buenas Nuevas, porque “al que cree todo le es posible” (Mar. 9:23).

Es probable que tu posición económica no te permita pasar por algunas necesidades como las que experimentan aquellos menos afortunados en esta vida. O bien puede ser de los que experimentan grandes dificultades. Con todo, no puedes negar que en lo profundo de tu corazón sientes por momentos la necesidad de cambiar de vida. Que deseas escapar del sentido de culpabilidad que abraza tu ser por haber descuidado un deber conocido. Y sabes también que por más que luches o te refugies en diversiones y distracciones el mal permanece.

Pero no necesitas desesperar, el amor de Dios es tan grande por ti en los momentos de angustia y necesidad como en los días de mayor felicidad.

Nota como dice Su Palabra: “Con amor eterno te he amado, por tanto te he atraído con mi gracia” (Jer. 31:3). No le resistas, cede a su atracción.
 
       
   

Reflexión de la Semana