|
|
|||||
|
R E F L E X I O N No. 23 |
|||||
|
"No Temas" |
|||||
|
Por: Héctor A. Delgado |
|||||
|
Nuestro presente mundo vive momentos apremiantes. Todos los fundamentos de la sociedad se están resquebrajando: los hogares, las naciones, la vida misma de las personas. Muchos deambulan de aquí para allá descarriados y angustiados. Los desastres naturales, las guerras, la pobreza, las enfermedades, los prejuicios religiosos y la crisis moral y política cada vez más aguda, nos hablan a voz en cuello de una sociedad al borde del colapso. Súmele a esto, la desconfianza en los líderes de nuestras naciones y el pesimismo cada vez mayor que se posesiona de los seres humanos. No hay lugar seguro, lo sabemos y por eso tememos que nos suceda lo irremediable en cualquier momento. Envueltos en el temor y la incertidumbre los seres humanos se han vuelto nihilistas (sin creencia alguna) y se entregan a los placeres y las diversiones. Por eso el auge de tantos programas de televisión procurando distraernos por medio de la explotación del sexo y los chistes. Al fin y al cabo, deifican la misma miseria humana, aquella en la que viven y sucumben millones de personas. Terminamos tan vacíos como en el principio. ¡Estamos perdidos! Y lo peor de todo es que lo sabemos. Pero hay que reconocer que la humanidad ha enfrentado momento difíciles en toda su historia, el “privilegio” de nuestro era actual es poseer todo estos males multiplicados por cientos de veces. Y esto es desesperante. También es cierto que han surgido muchas corrientes ideológicas y filosóficas que procuran proporcionar alivio para el viajero sediento y cansado, y en eso, nuestra presente sociedad lleva la delantera, pues poseemos aquellas más las nuestras. Pero ninguna, excepto el conocimiento del Dios verdadero proporciona paz interior y un nuevo corazón. No es posible ser plenamente feliz mientras dejamos a un lado del camino a nuestro Creador. Aquel que nos diseñó con amor para fuéramos felices. Sabemos que la carga de sinsabores que llevamos en nuestros hombros es pesada, pero no se hará más liviana negándonos a reconocer a Dios y aceptar su ayuda. De hecho, Él está más cerca de lo que siempre nos hemos imaginado, solo que envuelto en el afán en el que vivimos no nos hemos percatado de ello. Pero, haz una parada en tu vida, y deja subir a tu vehículo al Viajero solitario que espera en el camino, aquel que has dejado atrás tantas veces, y procura conocerlo. Te desafió a que tomes una Biblia y la leas. Date tu mismo una oportunidad. Se que todos dudamos muchas veces, y que incluso tememos al cambio que se puede producir en nuestras vidas, pero no termine tu viaje sin darle esa oportunidad a Dios. El se la merece, y tú la necesitas. Por lo tanto, hazlo hoy, y verás que vale la pena. Al abrir la Biblia podrás oír la fresca y suave brisa, que como “silbido apacible” trae la voz de Dios que dice al oído: “No temas, yo estoy contigo. No desmayes, Yo Soy tu Dios que te fortalezco. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isa. 41:10). |
|||||
|
|