R E F L E X I O N   No. 25

 
   

¿Desamparados?

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

¿Por momentos has pensado que no vales nada, que no tiene sentido vivir cuando todo sale mal? Entonces, no estás solo, te encuentra en una fila tan larga que no se ve el final. Y es que todos en algún momento hemos estado allí sintiéndonos abandonados y desamparados. Pero aunque tenemos razón en muchas cosas, en otras no. Cuando descubre que cada año mas de 6 millones de niños muren solamente de hambre el en mundo (sin mencionar los que mueren enfermos del sida, por violación o por la decisión egoísta e irresponsable de sus padres al practicarse el aborto), y tú, has encontrado – a pesar de todas tus desgracias – a alguien que te ha sonreído, te ha dado un bocado de pan y te ha extendido su mano amiga. Entonces eres afortunado. El drama de dolor y sufrimiento que vive la raza humana le ha roto el corazón a más de una persona desde tiempos antiguos. “Si yo fuera Dios – dijo Goethe -, este mundo de sufrimiento me partiría el corazón”. Claro, por demás está decir que Goethe no es más sensible al dolor humano que Dios.

Lo cierto es que ningún corazón ha sido tan puro, como para experimentar el sufrimiento hasta sus últimas consecuencias. Sólo Aquel que es perfecto experimenta hasta sus últimas consecuencias el dolor ajeno. Pero, por más que hayamos sufrido, de alguna manera y en algún momento, hemos sido causa de grandes dolores también. Por lo tanto, el mayor sufrimiento que a veces experimentamos es el que nosotros mismos hemos provocado.

Hay Alguien que, aunque es puro, sufre tus penas, y experimenta tus dolores: “En toda angustia de ellos, Él fue angustiado, y el Ángel de su presencia los salvó. En su amor y en su clemencia los redimió, los levantó, y los llevó todos los días del siglo” (Isa. 63:9). Ese es nuestro Dios, quien aunque trascendente (está sobre todo), se identifica con nosotros tan plenamente que sabes cuanto sufrimos. Ese Dios no tiene paralelo con los dioses que han inventado los seres humanos en su larga historia. Y en el sufrimiento de Dios está la mejor repuesta que Él puede darnos cuando preguntamos “¿por qué me sucede esto a mí?”. “Aunque era Hijo (se refiere a Jesús), por lo que padeció aprendió la obediencia. Y perfeccionado, vino a ser una fuente de eterna salvación para todos los que obedecen” (Heb. 5:8,9).

No estamos solos ni hemos sido desamparados, aunque por momentos nos sintamos así. De otra manera ya habríamos desfallecidos y sucumbidos ante la pesada carga de nuestras desgracias y tragedias. Y las buenas nuevas consisten en que Dios nos da palabras de aliento: “Te traigo desde el vientre, te sostengo desde la matriz. Hasta la vejez, hasta las canas, yo mismo te sostendré. Te hice, te llevaré, te soportaré, te guardaré” (Isa. 46:3,4). Estas son palabras inspiradas, palabras de “gracia y de verdad”. Además constituyen las mejores buenas noticias del mundo. ¡Creámosla!

Que el Dios Altísimo te guarde y te bendiga.

 
       
   

Reflexión de la Semana