R E F L E X I O N   No. 27

 
   

Esclavos

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

Cuando escuchamos o leemos de las continuas desgracias que viven las naciones del Cercano Medio Oriente quedamos pasmados y nos preguntamos ¿hasta cuando esas naciones alimentarán el odio étnico y religioso? ¿Cuándo entenderán que los niños que nacen cada día no tienen la culpa de los problemas que a sus padres no les ha dado la voluntad de resolver? Desde allí salen actualmente nuevas amenazas atómicas y nucleares y precisamente en un momento cuando esas tierras acaban de presenciar dos guerras desastrosas. Hemos llegado a creer que esa cultura alienta la retroalimentación del odio mutuo y que han llegado acostumbrase a ese desgraciado estilo de vida. Mientras, la pobreza, la miseria y la desigualdad social llegan hasta límites insoportables.

 El ser humano fue creado a la “imagen y la semejaza” divina (Gén.1:26), por consiguiente, no es irracional ni debería estar tomando decisiones absurdas e ideando métodos oscuros en procura de vivir una vida centrada en sus propios intereses.

Muchos pueden hablar de falta de voluntad o de conocimiento (desde el punto de vista gnóstico), o de carencia de sentido común, pero lo cierto es que contra toda evidencia filosófica que pueda esgrimirse, el ser humano es esclavo de una fuerza mayor que él. De otra manera, es incomprensible cómo la historia humana (a parte de los hechos heroicos que han realizado algunos individuos en forma aislada), constituye un catalogo de fracasos. Examinémonos, miremos nuestra vida y veremos que es así. Somos esclavos y necesitamos urgentemente que Alguien nos haga libre, libre de los temores y males que nos rodean, y más aún, libres de nuestros propios males internos, que constituyen la verdadera causa de todas nuestras desgracias.

Nuestra presente sociedad debería dejar de lamentarse por las desgracias que nos aquejan, pues no constituye más que el resultado directo del cúmulo de materialismo, desesperanza y falta de valores morales y éticos que nosotros mismo hemos sembrados durante décadas. Pasado de una forma de pensamiento a otra, no hemos sabido más que teorizar creando así un vacío existencial que nos postra ante la primera fuente de agua que encontramos, sin detenernos a tomar en cuenta las consecuencias. “No todo lo que brilla es oro” – dice el adagio popular.

Pero todavía hay oportunidad, pues no estamos solos. Alguien vela por nosotros y sigue interesado en sanar nuestras heridas y hacernos libres mientras pone en marcha inagotables recursos para llamar nuestra atención de los vanos placeres de este mundo a las riquezas infinitas que junto a Él podemos disfrutar. Podemos seguir escondido detrás de nuestros preconceptos, nuestra forma de ver las cosas, pero si respondemos a su tierna invitación, hallaremos paz y plena libertad: “Os aseguro que todo el que comete pecado, es esclavo del pecado… Pero, si el Hijo os liberta, seréis realmente libres” (Juan 8:34,36). No hay vida ni libertad separada del Hijo eterno de Dios. Reconócelo.

 
       
   

Reflexión de la Semana