R E F L E X I O N   No. 3

 
   

¡Dios no lo Hizo!

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

Cuando sucedió la tragedia del 11 de septiembre del año 2001 la pregunta generalizada era: ¿Cómo pudo un Dios de amor permitir semejante tragedia? Otra pregunta popular fue: ¿Dónde estaba Dios ese día? Aunque estas parecen preguntas difíciles de contestar (y lo admitimos) hay otras que también son importantes ¿Cuantas veces han rechazado los fanáticos religiosos la voz de Dios que le pide a grito que amen a sus hermanos no importa su nacionalidad, raza o color? ¿Por qué mientras miles y miles de niños mueren a diario por falta de alimentos, EEUU invierte una fortuna extraordinaria en armas destructivas? El mismo año de la tragedia del World Trade Center el gobierno Norteamericano dedicó 5,000 millones de dólares para la fabricación de las armas del nuevo milenio. ¿Que le parece?

Si la misericordia divina es cuestionable por lo que permite que ocurra en este mundo, qué decir del hombre por lo que causa a diario en nuestro medio. No queremos decir que se justifica de algún modo lo sucedido en Norteamérica (eso fue infernal), pero algunos hacen serias preguntas sobre cómo Dios permite tales cosas, como si ignoraran que el hombre tiene responsabilidad sobre la creación. Nosotros hemos sido puestos como administradores de los recursos de la tierra (Génesis 1:26; Salmos 8:4-6), por lo que tenemos una gran responsabilidad.

Queremos referirnos brevemente a una antigua historia que sucedió en china. Unos colonizadores chinos habían encontrado una planicie entre un alto promontorio (donde construyeron sus casas) y las azules aguas del mar, que parecía adecuada para el cultivo de arroz. Un día mientras los aldeanos trabajaban en la cosecha un siniestro movimiento tectónico en el lecho marítimo había creado una terrible ola que avanzaba mortalmente sobre ellos. Las mujeres que estaban en el promontorio vieron la ola y empezaron a dar la voz de alarma. ¡Pero nadie escuchaba, todo era inútil! Desesperadas por llamar la atención de los inocentes aldeanos decidieron hacer algo terrible: quemar las chozas donde vivían.

Entonces el humo provocado por el incendio pudo llamar la atención de los aldeanos, los cuales corrieron apresurados para salvar a sus familiares del incendio y sin saberlo se estaban salvando de la tragedia.

Algo parecido pasó el 11 de septiembre, Dios permitió (NO provocó) esa tragedia para llamar nuestra atención de las cosas superfluas de esta vida y fijarlas en las de valor eterno. Los hombres y mujeres de este tiempo están ciegos por la ambición y el materialismo. Los mismos gobernantes de nuestras naciones están carcomidos por el deseo de poder, pero no para ayudar a los pueblos, sino para el enriquecimiento ilícito. Ya Dios no puede soportar más estas terribles escenas de iniquidad.

Pero alentamos la esperanza de que en este breve tiempo de paz que nos ha tocado vivir, podamos poner atención a las siguientes palabras: "Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando brotan, sabéis por vosotros que el verano se acerca. Así también, cuando veáis que estas cosas suceden, entended que el reino de Dios está cerca... El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán... Mirad por vosotros mismos, que vuestro corazón no se cargue de glotonería y embriaguez, y de las preocupaciones de esta vida, y aquel día venga de repente sobre vosotros. Porque como un lazo vendrá sobre todos los habitantes de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo, orando que podáis escapar de todas estas cosas que han de venir, y estar en pie ante el Hijo del Hombre [en su manifestación]" (Lucas 21:29-36).

 
       
   

Reflexión de la Semana