R E F L E X I O N   No. 32

 
   

Preocupados

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

Recientemente, en la ciudad de Santiago de la República Dominicana fue asesinada una joven. Ella hablaba por su celular cuando fue envestida por los atracadores. Después de ser agarrada por sus cabellos y golpeada por la espalda, recibió un disparo que le causó la muerte. ¿El celular? ¡Fue vendido a crédito a otro individuo por RD$ 500  (U$ 15.00)! Casi una semana después, la ciudad de Santiago fue testigo de una impresionante marcha en contra de la violencia. ¿Qué podemos decir ante esta tétrica realidad, propia no sólo de este pequeño país del Caribe, sino de todas las naciones en mayor o menor grado? Empecemos señalando que el asesino (de 22 años) había asistido un mes atrás a una reunión comunitaria (a la que asistieron 21 jóvenes más) y se había comprometido a “cambiar su conducta social, pero pidió que le consiguieran un trabajo para poder reinsertarse a la vida productiva”. Pero parece que no recibió ayuda.

Hoy se sabe que “de los acusados, dos eran presos sin condena y tres del grupo no tenían trabajo desde hacía meses”. Esto provocó el siguiente titular: “Impunidad y pobreza, caldos de cultivos crimen”. Todo esto sucede ante los ojos desorbitados de una población que, mientras es golpeada por la más terrible ola de delincuencia jamás vista en el país, es testigo también de la peor ola de impunidad hacia políticos corruptos y sinvergüenzas que, teniendo lo suficiente para vivir, se apropian con descaro de los recursos del Estado.

Nada justifica una mala acción, pero muchos de estos jóvenes sólo son víctimas de circunstancias adversas en la que no sólo nacieron, sino que también crecieron. Son producto de una vida de indigencia total, de falta de ayuda e irresponsabilidad paterna. Bajo otras circunstancias, serían diferentes. Si pudiéramos leer la mente de los que protestaron en la marcha contra la violencia, descubriríamos asombrados que, algunos (sino muchos) de ellos, no han hecho nada por ayudar a esta clase de jóvenes. ¿Cuánto dinero se gasta en cosas baladíes que pueden ser usados para mejorar la calidad de vida de otros? Pero vivimos una vida azarosamente egoísta, mientras otros se despedazan y mueren en la más grande necesidad.

 

Levantemos nuestros cabezas

Pero no queremos arroparnos de comentarios sociopolíticos de las aceleradas degradaciones morales de nuestras sociedades. Más bien queremos llamar vuestra atención al hecho de que, todo este panorama fue profetizado hace miles de años por los escritores de la Biblia. Pero, no que este estado de cosas fue predeterminado por Dios, sino que fue previsto y anunciado con anticipación. “En los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amantes de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, desleales, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, arrebatados, infatuados, amantes de los placeres más que de Dios, tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita” (2 Tim. 3:1-5).

El fin de este cruel estado de cosas está llegando a su final. Y estas constituyen una de las mejores buenas nuevas que jamás hemos escuchados.

 
       
   

Reflexión de la Semana