|
|
|||||
|
R E F L E X I O N No. 33 |
|||||
|
Amor Demostrado |
|||||
|
Por: Héctor A. Delgado |
|||||
|
En el estado de Arizona, EEUU, hace un tiempo ocurrió un incidente muy singular. A 15,000 pies de altura, un grupo de paracaidistas disfrutaban su deporte favorito, lanzándose y una otra vez al vacío. En una ocasión, una joven llamada Dabbie y un hombre saltaron juntos del avión, y al hacerlo se golpearon las cabezas, lo que provocó que Dabbie perdiera el conocimiento. Segundos después saltó un joven de 26 años, Roberto, el instructor de paracaídas. Él había visto lo que sucedió y como Dabbie se precipitaba a una muerte segura. En lugar de abrir su paracaídas, decidió seguir hasta ella a fin de alcanzarla y socorrerla. Finalmente Roberto alcanzó a la joven y logró abrirle el paracaídas, pero él sólo tuvo algunos segundos para abrir el suyo. Ambos sobrevivieron, pero Dabbie se fracturó algunas costillas. Alguien que definió aquella situación como un milagro, le preguntó a Roberto, cómo él pudo arriesgar tanto para salvar a Dabbie, y él contestó: “Mi misión es ayudar a otros”. Es una historia fascinante, y es una muestra de lo que el ser humano es capaz de hacer cuando tiene un sentido definido de su misión. La Biblia reconoce esta clase de heroísmo al decirnos: “En verdad, apenas hay quien muere por un justo. Con todo, puede ser que alguno osara morir por el bueno” (Rom. 5:7). A esta declaración antepone el Apóstol un “pero”, positivo por cierto: “Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (vers. 8). Esta verdad no encuentra cabida en la mente de muchas personas de este tiempo, pero es el hilo de oro que une todas las verdades de la Biblia. Roberto arriesgó todo por Dabbie, pero Jesús lo arriesgó todo por todos los seres humanos, con una diferencia: ¡Él no abrió su paracaídas! El golpe fue mortal. No existe mayor demostración de amor en todo el universo que el expresado en el Calvario, y no podrá ser desestimado ni aún en este tiempo arropado por el materialismo y marcado relativismo. Tampoco puede ser desfragmentado en los laboratorios de científicos agnósticos, o ser borrado en las aulas de las modernas universidades plagadas de humanismo relativista. Nadie puede idear una doctrina mejor que esta (aunque nos han propuesto muchas), pues es una verdad que nace en el corazón de Dios Padre. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16,17). Siguiendo esta verdad hasta sus últimas consecuencias, nos enteramos que “este gran sacrificio no fue hecho a fin de crear amor en el corazón del Padre para con el hombre, ni para moverlo a salvar. ¡No, no! […] No es que el Padre nos ame por causa de la gran propiciación, sino que proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual Él pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído” (El Camino a Cristo, p. 13). Y lo más maravilloso de todo esto es saber que Jesús no sólo murió, sino que también resucitó. Entonces cobran sentido sus inmortales palabras: “porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19). ¡Estas si que son buenas noticias! Créela, son especialmente para ti. |
|||||
|
|