R E F L E X I O N   No. 40

 
   

Plenamente Feliz

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

Marcos era un hombre “feliz”, al menos, eso creía según su propias ideas de lo que significa la felicidad. Se complacía viendo a su esposa Sofía acompañarle entre juegos, risas y tragos. Pero la “felicidad” de Marcos fue cortada de raíz cuando su esposa se “convirtió a esa extraña religión”. Ya no contaba con la compañía de Sofía a los lugares de diversiones. “No aguanto más – estalló Marcos – esto se va a terminar”. Comenzó a ejercer presión sobre su esposa, pero no funcionó. Alguien le había arrebatado a su esposa y con ella, su “felicidad”. Marcos averiguó quién era el líder de la iglesia a donde Sofía asistía, y un día…. tomó su revolver y se paró en la luz de la calle anterior a la iglesia.

En la luz identificó el carro y al ministro al detenerse. Rápidamente se acercó a él y lo apuntó con el arma a la cabeza, entonces subió velozmente al auto y forzó al ministro a desviarse de la carretera. “Vengo a matarte – le dijo – tu me robaste mi esposa y la tranquilidad de mi hogar”. Marcos continuó hablando y entonces el ministro identificó la situación. Elevó una oración a Dios e imploró la ayuda divina. Marcos, se dispuso a ejecutar a aquél hombre, pero, “¿qué sucede, por qué no puedo disparar?” Por más presión que ejercía, no podía lograr que el arma disparara.

Ante la mirada atónita, pero sin condenación del ministro, Marcos estalló en llanto, reconociendo que lo que hacía era producto de su persistente negativa a cambiar su estilo de vida. El ministro le habló del amor de Dios por él y que todo lo que había ocurrido con su esposa era sólo el comienzo de una obra que terminaría alcanzándolo a él. Que él podía resistirla, pero que si no lo hacía, sería bendecido también.

Desde entonces, el tiempo ha trascurrido, y hoy podemos ver a Marcos y a Sofía asistiendo juntos a la iglesia. Se le ve sonreír y participar alegremente en actividades que sí edifican realmente. Ahora comprenden que la verdadera felicidad está en conocer a Dios, y que el mayor privilegio de los seres humanos está en aceptar su Plan para nuestra vida: Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 

También nosotros

Muchas son las personas que, prejuiciadas contra toda forma de religión mantienen una actitud cerrada ante cualquier manifestación espiritual. Pero más allá de todo lo aparente, la verdadera causa de la resistencia a la obra divina, se debe únicamente a la falta de voluntad del corazón humano para rendirse a la voluntad de Dios. En el fondo, es rebelión contra Dios y odio hacia su Ley de amor, que es el fundamento de su gobierno: “Porque la inclinación de la carne es contraria a Dios, y no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede” (Rom. 8:7). Reconocer esto es difícil para los seres humanos, pero si Dios tiene la razón (y estoy seguro de que la tiene), nuestra vida será diferente sólo cuando nos rindamos a su amor y a su tierno llamado, y cuando lo miremos a la cara en reconocimiento de que, al fin y al cabo, sólo en Él existe plenitud de vida. ¡Estas si que son buenas noticias!

 
       
   

Reflexión de la Semana