|
|
|||||
|
R E F L E X I O N No. 43 |
|||||
|
¡Bendecidos¡ |
|||||
|
Por: Héctor A. Delgado |
|||||
|
La semana pasada nos referimos a los infortunios de Jovanny. El, como otros, son víctimas de una serie de acontecimientos que marcan sus vidas para siempre. Cuando Dios creo el ser humano lo hizo para que viviera en familia (Gén. 1:26; 2:24). Los afectos emocionales iban a formar parte de todos nosotros. Jovanny creció sin afecto, sin muestras de amor paterno, sin el cuidado de una madre o un padre que velara por él. Creció en medio de un vacío emocional y existencial, que le impidió la preparación emocional y psicológica necesaria para enfrentar la vida con toda su carga de sinsabores. Por esta razón, Jovanny (y con él todos los que actúan igual) es rebelde, pero no debe ser mal comprendido. Necesita de nuestro afecto y comprensión. Podemos rechazarlo como un desperdicio de la sociedad, pero lo que realmente necesita es lo que muchos de nosotros (gracias a Dios) tuvimos: muestras sinceras de afectos. La vida es dura, muy dura. Pero el amor de Dios es real, muy real. Y se expresa de muchas maneras. Una de ellas es permitiendo que nos demos cuenta de las necesidades emocionales (y hasta materiales) que tienen los demás. Así somos inducidos a cooperar con Él el grandioso proceso de sanación espiritual que ha puesto en marcha en el beneficio de todos. Es más fácil condenar y excluir que extender una mano amiga. Es más fácil discutir sobre moralidad que ser misericordioso. La sociedad está llena de personas desorientadas que, en mayor o menor grado, son el producto de nuestra propia forma egoísta de vivir. No somos una isla aparte en este continente llamado planeta tierra. Somos parte y conjunto de una gran familia que se llama “raza humana”. Yo puedo elegir vivir como quiera, es verdad, pero no podré evadir definitivamente mi responsabilidades para con la común humanidad.
Un ejemplo del pasado María Magdalena (muy famosa en estos tiempos) es presentada como alguien a quien Jesús le dio libertad de sus multiplicados problemas (Luc. 8:2). Una reconocida escritora nos dirá: “María había sido considerada como una gran pecadora, pero Cristo conocía las circunstancias que habían formado su vida [conoce también las de Jovanny]. El hubiera podido extinguir toda chispa de esperanza en su alma, pero no lo hizo… “Cuando a la vista humana su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vio los rasgos mejores de su carácter. El plan de la redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades, y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador… “Jesús conoce las circunstancias que rodean a cada alma. Tú puedes decir: Soy pecador, muy pecador. Puedes serlo; pero cuanto peor seas, tanto más necesitas a Jesús. El no se aparta de ninguno que llora contrito. No dice a nadie todo lo que podría revelar, pero ordena a toda alma temblorosa que cobre aliento. Perdonará libremente a todo aquel que acuda a él en busca de perdón y restauración” (Elena de White, El Deseado de Todas las Gentes, pp. 521,522). ¿Ha caído sobre nosotros la maldición del pecado? ¡SI!, pero estas sólo son las malas noticias. Las buenas nuevas consisten en que Dios nos ha bendecido en Cristo y nos da la oportunidad de volver a casa (Gén. 12:1-3). ¡Y esta si que son buenas noticias! |
|||||
|
|