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R E F L E X I O N No. 44 |
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Señales de Advertencias |
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Por: Héctor A. Delgado |
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Una prestigiosa universidad del este de Estados Unidos realizó una investigación. Se tomó a un mono macho para observar los factores que lo impulsaban a realizar ciertas acciones. Lo colocaron en una jaula, y comenzaron a registrar cuidadosamente sus observaciones. Los investigadores observaron las costumbres de mono al comer, dormir y reproducirse. Y observaron cómo cuidaba de su progenie. Luego colocaron un electrodo en el cerebro del mono, que cuando era estimulado le daba al mono una sensación de placer. El mono fue enseñado a apretar el “botón del placer”, lo que le dio la “la llave de la felicidad”, pues podía apretar el botón cada vez que quería experimentar placer. En poco tiempo el mono empezó a descuidad su comida, su compañera y hasta su progenie, y a cambio vivía dándose descargas de placer. Apretaba el botón con una frecuencia asombrosa, a expensa de sus deberes. Los instintos que antes lo guiaban al cuidado de su familia, ahora estaban subordinado al “botón del placer”. La llave de la felicidad le había abierto la puerta a otro mundo, pero en ese mundo su progenie y compañera no cabían, solo él y su nuevo compañero, el placer. Con el tiempo, la estimulación excesiva terminó enfermando al mono de tanta diversión, y finalmente, murió. ¿Se parece esto al drama de dislocamiento social que vive nuestra presente sociedad? ¡Claro que sí! Hasta el hombre mismo (sin la ayuda de Dios) puede darse cuenta que la acelerada carrera tras el placer está conduciendo a millones a la destrucción. La vida egoísta, centrada en el yo, ignorando hasta nuestras responsabilidades inmediatas, está carcomiendo nuestra existencia. El mundo ha vivido tiempos luminosos, de grandes descubrimientos y adelantos científicos, pero se ha hundido también, de tiempo en tiempo, en grandes abismos de aberraciones y actos grotescos. El tiempo presente es uno de esos grandes “hoyos negros” que amenaza con absorber nuestro propio universo. La actual sociedad está saturada de todo tipo de creencias, prácticas degradantes, vicios y degeneración. Estamos repitiendo el triste drama de la antigua sociedad romana, que ya no pudiendo llevar más lejos su vida miserable, se hundió en la depravación total. El colapso fue inevitable.
Una clara señal de advertencia Las Escrituras, con casi dos mil años de anticipación nos advirtió: “En los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amantes de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, desleales, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, arrebatados, infatuados, amantes de los placeres más que de Dios, tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita” (2 Tim. 3:1-5). No puede haber una mejor descripción de las diferentes clases de individuos que conforman el mundo de hoy. Esto es lo que hace que el tiempo presente sea tan peligroso, difícil e inseguro. Son palabras solemnes, y merecen que le prestemos atención lo antes posible. ¿Lo haremos? |
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