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R E F L E X I O N No. 45 |
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Nuestro Padre |
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Por: Héctor A. Delgado |
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Recuerdo una ocasión en que un amigo de la familia preguntó a mi padre, si el amaba mucho a sus hijos. Yo me quedé mirando atentamente a mi padre para ver la repuesta que daría, y después de un rato, contestó: “los hijos se quieren”. Yo nunca le guardé resentimiento por este incidente, pero me hubiera gustado oírle decir: “Claro que amo a mis hijos, y los amo más que a nada en este mundo”. Eso me habría fortalecido mi estima más personal, y me abría impelido a correr a sus brazos y decirle: “Yo también te amo papá”. De todas formas, los recuerdos que tengo de mi padre son bastante buenos, y sé que lo hizo, fue lo mejor que pudo. Pero estoy consciente que existen personas con un pasado oscuro, y que la figura paterna le causa grandes sinsabores, y hasta terror. Personalmente conozco del esfuerzo que hacen algunos profesionales adventistas que luchan por restablecer la confianza de algunos individuos en la figura paterna. En el fondo, todo este complejo drama de rechazo por parte de algunas personas, no es más que el producto de las acciones del enemigo de Dios y la justicia, esa inteligencia tortuosa que las Escrituras llaman Satanás (Apoc. 12:9). Y todo para que los seres humanos huyan atemorizados de Dios como lo hicieron nuestros primeros padres, cuando después de haber desobedecido en el Edén, se “escondieron de su presencia entre los árboles del huerto”. La réplica de Adán fue clara: “Oí tu andar por el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo. Y me escondí” (Gén. 3:8-11). Pero, si nuestros padres nos fallaron, al negarnos el aprecio y el amor que debieron otorgarnos, no por eso debemos desconfiar de nuestro Padre Dios. En uno de los pasajes más conmovedores de toda la Escritura, encontramos a Dios diciendo: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, para no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvide, yo nunca te olvidaré” (Isa. 49:15). La Biblia nos presenta a Dios en múltiples ocasiones bajo la figura de un padre: “Sin embargo, tú eres nuestro Padre. Si bien ni Abrahán, ni Israel nos reconocen; tú, oh Jehovah, eres nuestro Padre, nuestro Redentor. Perpetuo es tu Nombre” (Isa. 63:16; vea también 1 Cron. 29:2; Isa. 65:8; Mat. 6:9). Una clara animadversión hacia la figura paterna, implica automáticamente un rechazo inmediato a Dios como “nuestro Padre”.
Un Padre bueno y amante Si Satanás ha logrado destruir la vida de muchos individuos (incluyendo en ocasiones a nuestros padres), y eso ha provocado reacciones negativas sobre nuestras vidas, debemos acudir a Aquél que nunca nos ha fallado. Es probable que lo hayamos sentido lejano (de hecho, todos en algún momento lo hemos sentido así), pero realmente Él ha estado presente en cada momento, y más cerca de lo que podemos imaginarnos. Él es un Dios “cercano a la mano”. Esto da seguridad y significado a nuestra vida. Saber que Dios nos ama y que somos importantes para Él, es la mejor noticia que hemos podidos escuchar: “Porque yo Jehovah, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador…; Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé…; No temas, porque yo estoy contigo…” (Isa. 43:3-5). Me parece que estas son buenas noticias. ¿Qué opina usted? |
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