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R E F L E X I O N No. 46 |
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Libertad Civil y Religiosa |
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Por: Héctor A. Delgado |
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No hay duda de que nuestras creencias determinan nuestra conducta. Si nuestras creencias son erradas, también nuestras acciones lo serán. Quien puede negar que el holocausto Nazi derivó de ideas extremistas y radicalmente equivocadas sobre la supuesta superioridad de su raza sobre las demás (dejando de lado otras posibles influencias). Las dictaduras antiguas y recientes son una prueba patente de cuan duro puede forzar el hombre sus ideologías sobre los demás. En última instancia, nadie (sea hombre o institución) tiene derecho a imponer por la fuerza sus criterios personales (sean políticos o religiosos) sobre sus semejantes. Es importante que procuremos con diligencia tener creencias sanas y juiciosas, ya que ellas pueden no sólo afectar nuestra propia existencia sino también la de otros. Los padres fundadores de la nación Norteamericana (independientemente de sus presentes errores como nación) establecieron un verdadero “nuevo orden de los siglos” al darles por primera vez “la plenitud de la libertad civil y religiosa” a los pueblos. A los norteamericanos les corresponde el privilegio de haber hecho posible que esto incalculables valores ideológicos encontraran “expresión tangible en el gobierno y la sociedad por primera vez en la historia”. La prosperidad de esta poderosa nación se debe en gran medida a este hecho. Es fácil juzgar u opinar las actuaciones de esta nación hoy, pero es injusto cerrar los ojos ante la bendición que aporta a los pueblos la libertad civil y religiosa que encontró expresión en Norteamérica. Reproduzcamos esa maravillosas palabras: “Nosotros sosteneos estas verdades, que son evidentes por sí solas, que todos los hombres fueron creados iguales, que fueron dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad , y la búsqueda de la felicidad”. ¿Se ha conocido algo mejor que esto en la historia humana? Esto es lo que más se parece al cristianismo verdadero, aquel que fue enseñado por Jesús y sus apóstoles. Y es lo más puro que verá la raza humana en este mundo.
Un Llamado La libertad civil y religiosa que, en mayor o menor grado disfrutamos los occidentales, es un tesoro inestimable y tiene su impresionante historia. Es valiosa porque nos permite vivir (sin persecución) nuestra fe, sin importar cual sea. Dios, de hecho, nos hizo libres y nos respecta lo suficiente como para no forzar nuestras elecciones. El hecho de que Adán y Eva eligieron un camino equivocado (sin ser llamado “herejes” por Él), es la mayor evidencia del respecto que Dios tiene por nuestras predilecciones religiosas. Él no forzará su verdad en nuestra mente, pero nos llama fervientemente: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26). “Miradme a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque Yo Soy Dios, y no existe ningún otro” (Isaías 45:22). Disfruta esta libertad, investígala, atesórala en tu corazón y lucha por ella, pues muchos son las amenazas que gravitan sobre ellas. |
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