R E F L E X I O N   No. 49

 
   

Deformación del Carácter Divino

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

          La semana pasada estudiamos cómo el ángel más excelso que Dios creó se rebeló contra su gobierno. Recordamos que él era “perfecto en todos sus caminos desde el día en que fue creado, hasta que se halló en él maldad” (Eze. 28:15), por lo tanto, Dios no creo a un ángel rebelde, sino a un ángel bueno. Esto es lo que la Biblia revela. En algunas filosofías no cristianas, los dioses son los creadores del bien y el mal conjuntamente, son seres arbitrarios y vengativos que creaban el orden, pero también el caos para entonces entrar en titánicas batallas por la supremacía. Los antiguos habían impregnado a sus dioses de las mismas pasiones que ellos poseían y aún de la más baja pasión humana de todas: la venganza. Por eso eran tan sanguinarios, inmorales y promiscuos. Nadie puede poseer un carácter superior al dios que adora.

Pero encontramos al Dios verdadero diciendo: “Así dice el Señor, el Rey de Israel, su Redentor, Jehovah el Todopoderoso: Yo Soy el primero y el último, y fuera de mí no hay Dios” (Isa. 44:6). De entre todos los pueblos antiguos Dios escogió a los israelita para que fueran testigos de su grandeza y majestad: “Vosotros sois mis testigos – dice Jehovah –,  y mis siervos que yo elegí, para que me conozcáis, creáis en mí, y entendáis que Yo Soy.  Antes de mí no existió ningún Dios, ni habrá otro después de mí. Yo, Yo Soy Jehovah, y fuera de mí, no hay quien salve… Vosotros sois mis testigos  – dice Jehovah –,  que Yo Soy Dios” (Isa. 43:10-12).

Así vemos que la campaña de difamación y tergiversación que Satanás desató en el cielo contra el carácter de Dios funcionó, pues una “tercera parte” de los ángeles la creyeron (Apoc. 12:4), pero también, funcionó en el plano humano. Pronto se vio al hombre atrapado en formas erróneas y grotescas de adoración idolátrica, que lo indujeron a rebajarse aún por debajo de las criaturas inferiores. En lugar de rendir culto al Creador, le rindió culto y adoración a las criaturas (Rom. 1:21-23). Y todo por no comprender el carácter de Dios.

En el pasado, Dios eligió a los israelitas para que fueran sus “representantes” en medio de todas las naciones. En el carácter de ellos estaba entonces, comprometido el honor y la vindicación del carácter de Dios. Por eso encontramos que Dios les prohibió terminantemente imitar las costumbres y los ritos religiosos de los demás pueblos. Estas costumbres incluían los sacrificios de seres humanos a los dioses, la práctica de la homosexualidad, el lesbianismo, la bestialidad (hombres o mujeres cohabitando con bestias), orgías públicas en honor a los dioses de la fertilidad y la idolatría en una variedad de formas asombrosas.

Cuando comparamos todas estas prácticas degradantes con la vida de nuestros primeros padres en el paraíso de Edén y el propósito de Dios al crearlos, nos asombramos al ver hasta donde el pecado ha llevado al ser humano y lo ha degenerado, cómo ha malogrado la imagen de Dios en sus criaturas humanas.

Pero la existencia del pecado y la Gran Confrontación que ha desatado el Rebelde, no durará para siempre. Viene el tiempo cuando todas las cosas serán restauradas a su pureza original, y el mal, habiendo sido erradicado, dará pasó a la más larga mañana de la eternidad con nuestro tierno y amante Dios: “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía más” (Apoc. 21:1). Tenemos una cita en aquél hermoso lugar. La invitación divina está hecha.  

 
       
   

Reflexión de la Semana