R E F L E X I O N   No. 50

 
   

Creados con un Propósito

 
   

Por: Héctor A. Delgado

 
       
   

         Ya hemos señalados que la razón del drama de dolor y sufrimiento que enfrentan los seres humanos trasciende el plano humano. La rebelión del “querubín grande” inició en el cielo (Apoc. 12:7-9). Y nuestros primeros padres, Adán y Eva, siendo engañados por el gran rebelde, se unieron a la rebelión. Podemos decir que fueron engañados por el hecho de que quedaron atrapados por las astucias de una Inteligencia superior a ellos, y podemos sostener que pecaron deliberadamente por una razón fundamental: Fueron creados con libertad de elección – libre albedrío – (Gén 2:16-17), de manera que su rebelión fue el resultado de una decisión de ir en contra de la voluntad divina.

Nuestros primeros padres fueron advertidos de la rebelión de Satanás. Esta idea está expresada en la declaración: “Tomó, pues, Jehovah Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo guardara” (Gén. 2:15). La palabra “guardar” empleada aquí significa “retener firmemente”, “preservar”, “custodiar”, “vigilar” y “observar” Por lo tanto, implicaba veladamente la posibilidad de que Adán podía perder la administración del planeta sino no era vigilante ante el peligro que merodeaba.

Pero la desobediencia hizo su terrible aparición. “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron” (Rom. 5:12). Desde entonces, el planeta tierra se ha convertido en el campo de batalla donde se libra la más feroz guerra de los siglos: la lucha entre el bien y el mal. Aquí el enemigo de Dios actúa escudándose detrás de todo método que le permite cautivar la mente del hombre y asegurar su resistencia al gobierno divino. Por eso vemos dos fuerzas opuestas actuando conjuntamente, una para elevar al hombre y otra para degenerarlo dejándolo cautivo del mal.

Esto lo han percibido los seres humanos desde los primeros tiempos. Las culturas antiguas concebía el mundo “como una repetición incesante de ciclos, como estaciones”. El mundo vivía – según esta idea – envuelto en un círculo vicioso de desastres que no bien terminaba, comenzaba de nuevo. No podía haber esperanza, pues el ser humano estaba atrapado en un callejón sin salida. Pero la cosmovisión bíblica que nos llega por medio de la nación hebrea, presenta la historia desde otra perspectiva: “Las acciones de Dios son parte de un concepto lineal de la historia, que tiene un destino especifico”.1 Es por eso que se reconoce que la “La conciencia histórica genuina tuvo su nacimiento entre los hebreos" debido a su "percepción de que la historia tiene un propósito".2 No estamos dando una vuelta a la miseria del pasado, estamos avanzando a la mañana gloriosa de la gran liberación final (Rom. 8:17-30).

Es por esto que en el principio, cuando “todo era bueno en gran manera”, encontramos al ser humano en el paraíso edénico, donde debió vivir para siempre. Pero aunque el pecado apareció, las Escrituras nos dicen que Dios finalmente realizará su Plan para la raza humana. Y así, al final de la revelación inspirada, encontramos al ser humano, viviendo en plena comunión con su amante creador en el paraíso restaurado (Apoc. 21:1-4). ¡NO!, no estamos atrapados en un callejón sin salida, hay una luz al final del túnel y,  ¿sabes una cosa? Está resplandeciendo por ti. ¡Y estas si que son buenas noticias!

 

Referencias: 1) Ben Clausen, Génesis, Historia de los Orígenes, (APIA, 2006), p. 19. 2) John F. Priest, "Myth and Dream in Hebrew Scripture"; en Joseph Campbell (ed), Myths, Dreams, and Religión [Mitos, sueños y religión], (Dallas: Primavera Pub., 1970), p. 53.

 
       
   

Reflexión de la Semana