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R E F L E X I O N No. 6 |
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Escudriñad las Escrituras -II |
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Por: Héctor A. Delgado |
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El mismo día que Jesús confrontó a los fariseos con el texto del Sal. 110:1 confrontó también a los saduceos con el tema de la resurrección (Mat. 22:23). Es interesante saber que el partido religioso de los saduceos negaba (a diferencia de los fariseos) la creencia del Antiguo Testamento sobre la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles. Para negar la realidad de la resurrección, los saduceos y para poder ignorar o rechazar algunos pasajes del Antiguo Testamento que sostienen de manera clara tal creencia (Isaías 26:19; Oseas 6:2) habían elaborado un complejísimo argumento. Desde su punto de vista este era un argumento irrefutable. El argumento era el siguiente: “Maestro (note la hipocresía), Moisés dijo: Si alguno muriere sin tener hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Entonces, le dijeron a Cristo: Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo”. Entonces, los saduceos, creyendo haber puesto a Cristo en un callejón sin salida le preguntaron sarcásticamente: “En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” (Mat. 22:23-28). Cristo respondió rápidamente diciendo: “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo” (vers. 29,30). Jesús les señaló que en la declaración: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (vaers. 32) estaba implicada la verdad de la resurrección de los muertos. ¿De qué otra manera, siendo que estos personajes ya murieron, puede Dios llamarse Dios de ellos? Mira como dice la Palabra: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto volverá a vivir. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Cree esto?” (Juan 11:25,26). ¡Maravillosa verdad! Abrahán, Isaac y Jacob solo están descansando, pues su vida está escondida “con Cristo” en el corazón de Dios (Colosenses 3:3). La Biblia registra que después que Cristo dio esta lección a los saduceos “la gente se maravillaba de su enseñanza” (vers. 33). Si los saduceos hubieran depuesto su orgullo ante la veracidad de las palabras de Cristo, habrían sido colocados donde la luz de la verdad que fluía de cristo, pero el orgullo denominacional les impidió ser iluminados por la verdad. Aférrate con gran fuerza a la Palabra de Dios, haz de Ella tu refugio y guía, lucha con Dios en oración para poder entenderla: “Si alguno necesita sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos generosamente, y sin reprochar. Y le será dada” (Santiago 1:5). Luego, acéptala en tu corazón todo lo que el Espíritu de Dios te revela en sus sagradas páginas, aunque contraríe tus creencias e inclinaciones naturales. Ella te transformará en una nueva criatura, ya que somos “renacidos, no de simiente corruptible, sino de una incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Y el mismo Cristo nos dice que escudriñemos las Escrituras, pues Ellas son las que dan testimonio acerca de Él (Juan 5:39). Que Dios te guíe en esta maravillosa aventura espiritual. |
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