|
|
|||||
|
R E F L E X I O N No. 9 |
|||||
|
Afligido Él |
|||||
|
Por: Héctor A. Delgado |
|||||
|
El triste y patético drama de las interminables guerras que azotan los países de medio oriente es ya desesperante. Lo peor de todo es que parece no tener fin. Tampoco parece vislumbrarse una salida pacífica al problema entre estas naciones, porque el odio y las guerras no pueden generar paz y respeto por el derecho ajeno. La violencia sólo engendra violencia. De igual manera, sólo el amor despierta el amor. Pero esta no es la salida que se perfila en el futuro de estos países. Es imposible pretender la paz mientras el terrorismo y los ataques armados a personas inocentes constituyen el “pan nuestro de cada día”. Anhelamos fervientemente la paz en medio oriente y oramos (e invitamos a nuestros lectores a unirse en oración) a Dios para que conmueva el corazón de los líderes políticos de esas naciones. Según las Escrituras “la paz” y el “reposo” es el resultado o fruto de “la justicia” (Isaías 32:17). La única manera en la que un “trono” o reinado se hace fuerte y duradero es: “con justicia será afirmado el trono” (Proverbios 16:12). Hay una dimensión sobre el drama de dolor y sufrimiento que enfrenta la humanidad que es pasado por alto con mucha frecuencia: Dios también siente nuestros dolores. Esta verdad es poco percibida porque los afectados directamente (creemos siempre) somos nosotros solamente. Nosotros enfermamos, Dios no. Nosotros morimos, Dios no. Acaso Él no es Dios sobre todas las cosas. Según el profeta Isaías Cristo es “Varón de dolores, experimentado en quebranto” (cap. 53:3). Él dice más: “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades (nota ‘nuestras enfermedades’), y sufrió nuestros dolores (nota ‘nuestros dolores’),... angustiado Él, y afligido, no abrió su boca” (vers. 4,7). Mateo dice que Cristo ya cumplía esta Escritura aun antes de la morir en la cruz (Mateo 8:17). Como el dolor y el sufrimiento todavía perduran, de seguro Cristo sigue siendo “angustiado” junto con todos los que padecen algún tipo de mal. Si, Él comparte nuestras angustias (Isaías 63:9). La siguiente cita es iluminadora: “Pocos piensan en el sufrimiento que el pecado causó a nuestro Creador. Todo el cielo sufrió con la agonía de Cristo; pero ese sufrimiento no empezó ni terminó cuando se manifestó en el seno de la humanidad. La cruz es, para nuestros sentidos entorpecidos, una revelación del dolor que, desde su comienzo, produjo el pecado en el corazón de Dios. Le causan pena toda desviación de la justicia, todo acto de crueldad, todo fracaso de la humanidad en cuanto a alcanzar su ideal..." (La Educación, p. 263). Alguien dijo una vez: “El dolor de Dios es el dolor de la raza humana, solo que multiplicado por millones de veces”. Por eso, no sólo nosotros necesitamos seguridad, descanso y una tierra en la que more la justicia, Dios también merece entrar “en su reposo”. Su tierno corazón debe dejar de sufrir también. Mientras las pasiones humanas se debaten y los vientos de la gran mar se agitan, el personal de Giving Hope pide a sus lectores unirse en oración por la paz mundial. Únete a nosotros y dirijamos nuestras miradas al Cielo, de donde vendrá muy pronto nuestro tierno y amante Salvador. |
|||||
|
|