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Peligros de los compromisos infantiles.
No se han de favorecer los matrimonios tempranos. Un compromiso tan
importante como el matrimonio y de resultados tan trascendentales no
debe contraerse con precipitación, sin la suficiente preparación y antes
de que las facultades intelectuales y físicas estén bien desarrolladas.
Los muchachos y las niñas contraen matrimonio sin amor y criterio
maduros, sin sentimientos elevados y nobles, y aceptan los votos
matrimoniales completamente impulsados por sus pasiones juveniles...
Los afectos formados en la infancia han terminado frecuentemente en
uniones desgraciadas, o separaciones deshonrosas. Rara vez han
resultado felices las uniones tempranas, si han sido hechas sin el
consentimiento de los padres. Deberían mantenerse sujetos los afectos
juveniles hasta que llegue el tiempo en que la edad y la experiencia
suficientes permitan libertarlos con honra y seguridad. Los que no se
dejan sujetar están en peligro de vivir una vida desdichada. El joven
que aun no ha pasado los veinte años es un pobre juez de la idoneidad de
una persona tan joven como él para ser la compañera de su vida. Una vez
que ha madurado su criterio, se contemplan atados uno a otro para
siempre, y quizá sin condiciones para hacerse mutuamente felices.
Entonces, en vez de tratar de sacar el mejor partido de su suerte, se
hacen recriminaciones, la brecha se agranda hasta sentir completa
indiferencia el uno hacia el otro. La palabra hogar no tiene nada de
sagrado para ellos. Hasta su misma atmósfera está envenenada por
palabras duras y amargos reproches.
Los matrimonios prematuros son causa de una vasta cantidad de los males
que existen hoy. Cuando se contrae matrimonio en una época demasiado
temprana de la vida, no se fomenta la salud física ni el vigor mental.
Se razona enteramente poco en cuanto a este asunto. Muchos jóvenes
proceden por impulso. Con demasiada frecuencia dan precipitadamente este
paso, que los afecta seriamente para bien o mal, que puede ser una
bendición o una maldición para toda la vida. Muchos no quieren escuchar
la voz de la razón o instrucción desde un punto de vista cristiano.
Satanás está constantemente atareado para apresurar a los jóvenes
inexpertos hacia una alianza matrimonial. Cuanto menos nos gloriemos de
los casamientos que se contraen hoy, mejor será.
Como consecuencia de los casamientos apresurados, aun entre el pueblo de
Dios, se producen separaciones, divorcios y gran confusión en la
iglesia.
¡Qué contraste entre la conducta de Isaac y la de la juventud de nuestro
tiempo, aun entre los que se dicen cristianos! Los jóvenes creen con
demasiada frecuencia que la entrega de sus afectos es un asunto en el
cual tienen que consultarse únicamente a sí mismos, un asunto en el cual
no deben intervenir ni Dios ni los padres. Mucho antes de llegar a la
edad madura, se creen competentes para hacer su propia elección sin la
ayuda de sus padres. Suelen bastarles unos años de matrimonio para
convencerlos de su error; pero muchas veces es demasiado tarde para
evitar las consecuencias perniciosas. La falta de sabiduría y dominio
propio que los indujo a hacer una elección apresurada agrava el mal
hasta que el matrimonio llega a ser un amargo yugo. Así han arruinado
muchos su felicidad en esta vida y su esperanza de una vida venidera.
Obreros potenciales enredados.
Ciertos jóvenes han recibido la verdad y corrido bien por un tiempo,
pero Satanás ha tejido sus mallas en derredor de ellos en forma de
compromisos imprudentes y casamientos desafortunados. Vio que esta era
la manera más eficaz de seducirlos y apartarlos del sendero de la
santidad.
Se me ha mostrado que los jóvenes de hoy no comprenden de veras su grave
peligro. Son muchos los jóvenes a quienes Dios aceptaría como obreros en
los varios ramos de su obra, pero Satanás interviene y los enreda de tal
manera en su telaraña que los tales se apartan de Dios y carecen de
poder en su obra. Satanás trabaja con agudeza y perseverancia. Sabe
exactamente cómo puede entrampar a los incautos, y es un hecho alarmante
que son pocos los que logran escapar a sus asechanzas. No ven el
peligro y no se precaven contra sus ardides. Los induce a dedicarse
mutuamente sus afectos sin recurrir a la sabiduría de Dios, ni a la de
aquellos a quienes él envió para dar advertencias, reprensiones y
consejos. Creen bastarse a sí mismos y no quieren tolerar restricción
alguna.
Consejos a un adolescente.
Tus ideas infantiles acerca del amor a las niñas no comunican a nadie
una alta opinión de ti. Al dar rienda suelta a tus pensamientos en tal
sentido, incapacitas tu mente para el estudio. Te verás inducido a
frecuentar compañías impuras; se corromperán tus costumbres y las de
otros. Así precisamente se me presenta tu caso, y mientras insistas en
hacer tu voluntad, cualquier persona que procure guiarte, influir en ti
o refrenarte encontrará la más resuelta resistencia porque tu corazón no
está en armonía con la verdad y la justicia.
La disparidad de edades.
Aunque los cónyuges carezcan de riquezas materiales, deben poseer el
tesoro mucho más precioso de la salud. Y por lo general no debería haber
gran disparidad de edad entre ellos. El desprecio de esta regla puede
acarrear una grave alteración de salud para el más joven. También es
frecuente en tales casos que los hijos sufran perjuicio en su vigor
físico e intelectual. No pueden encontrar en un padre o en una madre ya
de edad el cuidado y la compañía que sus tiernos años requieren, y la
muerte puede arrebatarle a uno de los padres cuando más necesiten su
amor y dirección.
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