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La tarea de dirección de los padres debe ser objeto de estudio.
La obra de los padres rara vez se realiza como se debiera... Padres,
¿habéis estudiado el tema de la dirección paterna a fin de educar
sabiamente la voluntad y los impulsos de vuestros hijos? Enseñad a los
jóvenes zarcillos a que se entrelacen en torno a Dios como soporte. No
basta que digáis: haz esto, o haz aquello, y luego os desentendáis y
olvidéis de lo que habéis requerido, y los niños queden en libertad de no
cumplir vuestras órdenes. Disponed las cosas para que vuestros hijos
obedezcan vuestras órdenes con gozo; enseñad a los zarcillos a prenderse
de Jesús... Enseñadles a pedirle al Señor ayuda para las cosas pequeñas de
la vida; a estar bien despiertos para advertir los pequeños deberes que
necesitan realizarse; a ser útiles en el hogar. Si no los educáis, hay uno
que lo hará, porque Satanás espera su oportunidad para sembrar semilla de
cizaña en el corazón (Manuscrito 5, 1896).
Iniciad la tarea con espíritu reposado y corazón amante.
Hermana, ¿le ha conferido Dios las responsabilidades de madre?... Necesita
aprender los métodos correctos y adquirir tacto para la educación de sus
pequeños, para que permanezcan en el camino del Señor. Necesita buscar
constantemente la cultura más elevada de la mente y el alma, para poder
encarar la educación y la preparación de sus hijos con un espíritu
reposado y un corazón amante; para poder imbuirlos de aspiraciones puras,
y cultivar en ellos un amor por las cosas honradas, puras y santas. Como
humilde hija de Dios, aprenda en la escuela de Cristo; busque
constantemente mejorar sus facultades para que pueda realizar la obra más
perfecta y cabal en el hogar, tanto por precepto como por ejemplo (Review
and Herald, 15-9-1891).
El efecto de los modales reposados y suaves.
Pocos comprenden el efecto de los modales suaves pero firmes, aun en el
cuidado de un bebé. La madre irritable e impaciente crea mal humor en el
niño que tiene en sus brazos, mientras que los modales suaves tienden a
aquietar la nerviosidad del pequeño (Pacific Health Journal, enero
de 1890).
Hay que probar las teorías. El estudio de los libros será
de poco beneficio, a menos que las ideas obtenidas puedan ponerse en
práctica. Y sin embargo, las sugestiones más valiosas de los demás
deberían adaptarse con reflexión y discernimiento. Tal vez no se adapten
igualmente a las circunstancias de cada madre, o a la disposición peculiar
o el temperamento de cada niño de la familia. Que la madre estudie
cuidadosamente la experiencia de otros, que advierta la diferencia
existente entre sus métodos y los propios, y pruebe cuidadosamente aquello
que realmente parece tener valor (Signs of the Times, 9-2-1882).
Métodos empleados en la antigüedad.
Desde los más remotos tiempos, los fieles de Israel prestaron mucha
atención al asunto de la educación. El Señor había indicado que a los
niños, aun desde sus primeros días, se les instruyera acerca de su bondad
y grandeza, especialmente como se revelaba en su ley y en la historia de
Israel. Mediante el canto, la oración y las lecciones de las Escrituras,
las madres tenían que enseñar a sus hijos que la ley de Dios es una
expresión de su carácter y que a medida que recibiesen en el corazón los
principios de esa ley, la imagen de Dios se delinearía en la mente y en el
alma. En la escuela y en el hogar, gran parte de la enseñanza era oral,
pero los jóvenes aprendían también a leer los escritos hebreos, y los
rollos de pergamino de las Escrituras del Antiguo Testamento se abrían a
su estudio (La Educación Cristiana, p. 386).
Enseñad con bondad y afecto.
Los padres y las madres tienen a su cargo la obra especial de enseñar a
sus hijos con bondad y afecto. Deben demostrar que como padres son los que
sujetan las riendas, que gobiernan, y que no son gobernados por sus hijos.
Deben enseñar que de cada uno se requiere obediencia (Carta 104,
1897).
El espíritu inquieto se inclina naturalmente a la travesura; la mente
activa, si no está ocupada con cosas mejores, prestará atención a lo que
sugiere Satanás. Los niños necesitan... ser instruidos, ser guiados por
las sendas seguras, ser mantenidos fuera del vicio, ser ganados por la
bondad, y ser confirmados en el bien hacer (Carta 28, 1890).
Padres y madres, tenéis una obra solemne
que realizar. La salvación eterna de vuestros hijos depende de vuestra
conducta. ¿Cómo educaréis con éxito a vuestros hijos? No reprendiéndolos,
porque no hará ningún bien. Hablad a vuestros hijos como si tuvierais
confianza en su inteligencia. Tratadlos con bondad, ternura y amor.
Decidles lo que Dios espera que hagan. Decidles que Dios desea que se
eduquen y se preparen para ser obreros con él. Cuando hagáis vuestra
parte, podéis confiar que el Señor hará su parte (Manuscrito 33, 1909).
Dedicad tiempo a razonar.
Cada madre debería dedicar tiempo para razonar con sus hijos, para
corregir sus errores, y enseñarles pacientemente la conducta correcta (Testimonies,
tomo 1, p. 390).
Cambiad los métodos de instrucción.
En la educación de los jóvenes, debe ejercerse el mayor cuidado y variar
la instrucción, a fin de poner a contribución las altas y nobles
facultades de la mente... Son pocos los que comprenden las necesidades
esenciales de la mente, y cómo se ha de dirigir, el intelecto que se
desarrolla, los crecientes pensamientos y sentimientos de la juventud (Consejos
para los Maestros, p. 59).
Enseñad las primeras lecciones al aire libre. Madres,
dejad a los pequeñuelos jugar al aire libre; dejadlos escuchar los cantos
de las aves, y aprender del amor de Dios según se expresa en sus hermosas
obras. Enseñadles lecciones sencillas del libro de la naturaleza y de las
cosas que los rodean; y a medida que sus mentes se expandan podrán
añadirse las lecciones de los libros, y grabarse firmemente en su memoria
(Ibid., p. 112).
Por otra razón, el cultivo del suelo es un buen trabajo para los niños y
jóvenes. Los pone en contacto directo con la naturaleza y el Dios de
ella. Y para que tengan esta ventaja, debe haber, en cuanto sea posible,
en relación con nuestras escuelas, grandes jardines y extensos terrenos
para el cultivo.
Una educación
recibida en tal ambiente está de acuerdo con las indicaciones que Dios ha
dado para la instrucción de los jóvenes...
Será especialmente valioso para los niños y los jóvenes nerviosos que
hallan agotadoras y difíciles de recordar las lecciones de los libros. Hay
salud y felicidad para ellos en el estudio de la naturaleza; y las
impresiones hechas no se desvanecerán de su mente, porque quedarán
asociadas con objetos que están continuamente delante de sus ojos (Ibid.,
pp. 144, 145).
Haced las lecciones cortas e interesantes.
Cuando los padres cumplan cabalmente su parte, presentando línea sobre
línea y precepto sobre precepto, haciendo sus lecciones cortas e
interesantes, y enseñando no sólo por precepto sino también por ejemplo,
el Señor colaborará con sus esfuerzos y los convertirá en maestros
eficientes (Signs of the Times. 13-8-1896).
"Decidlo con sencillez; decidlo con frecuencia".
Los que instruyen a los niños deberían evitar observaciones tediosas. Las
observaciones cortas y al punto tendrán una feliz influencia. Si debe
decirse mucho, dígaselo brevemente pero con frecuencia. Unas pocas
palabras interesantes, una vez y otra, serán de más beneficio que decirlas
todas de una sola vez. Los discursos largos recargan la mente de capacidad
reducida de los niños. El exceso de conversación los llevará a detestar
aun la instrucción espiritual, del mismo modo como el comer en exceso
recarga el estómago y debilita el apetito, conduciendo a rechazar el
alimento. Las mentes de la gente pueden llegar a saturarse con demasiadas
peroratas (Testimonies, tomo 2, p. 420).
Estimúlese el pensamiento independiente.
De ese modo, al mismo tiempo que los niños y los jóvenes obtienen el
conocimiento de los hechos por medio de los maestros y libros de texto,
pueden aprender a sacar lecciones y descubrir verdades por sí mismos.
Cuando trabajan en el jardín, interrogadles acerca de lo que aprenden del
cuidado de sus plantas. Cuando contemplan un paisaje hermoso, preguntadles
por qué vistió Dios los campos y los bosques con tonos tan encantadores y
variados. ¿Por qué no es todo de un tinte pardo sombrío? Cuando recogen
flores, inducidlos a pensar por qué conservó para nosotros la belleza de
esos restos del Edén. Enseñadles a notar por todas partes, mediante las
evidencias que ofrece la naturaleza, el cuidado de Dios por nosotros, la
maravillosa adaptación de todas las cosas a nuestras necesidades y
felicidad (La Educación, p. 115).
Diríjase la actividad infantil.
Los padres no necesitan pensar que es necesario reprimir la actividad de
sus hijos, sino que deben comprender que es esencial guiarlos y
prepararlos en las direcciones debidas. Estos impulsos activos son como
los zarcillos, que, si no se los orienta, se prenderán de cualquier tronco
y rama y se asirán de soportes bajos. Si no se enseña a los vástagos a
afirmarse en los soportes debidos, desperdiciarán sus energías sin
propósito alguno. Lo mismo acontece con los niños. Sus actividades deben
orientarse en la dirección correcta. Dadles a sus manos y mentes
actividades que los hagan progresar en realizaciones físicas y mentales (Signs
of the Times, 13-8-1896).
Enseñadles a ser útiles en una edad temprana.
Muy temprano debe enseñarse al niño a ser útil. Tan pronto como su fuerza
y su poder de razonar hayan adquirido cierto desarrollo, debe dársele algo
que hacer en casa. Hay que animarle a tratar de ayudar a su padre y a su
madre; a tener abnegación y dominio propio; a anteponer la felicidad ajena
y los intereses del prójimo a los suyos propios, a alentar y ayudar a sus
hermanos y a sus compañeros de juegos y a ser bondadoso con los ancianos,
los enfermos y los infortunados. Cuanto más compenetre el hogar el
verdadero espíritu servicial, tanto más plenamente se desarrollará en la
vida de los niños. Así aprenderán a encontrar gozo en servir y
sacrificarse por el bien de los demás (El Ministerio de Curación,
pá. 311, 312).
Padres, ayudad a vuestros hijos a hacer la voluntad de Dios siendo fieles
en la realización de los deberes que les corresponden como miembros de la
familia. Esto les proporcionará una experiencia de lo más valiosa. Les
enseñará que no deben centrar sus pensamientos en sí mismos, ni hacer lo
que a ellos les place o divertirse como gustan. Educadlos pacientemente
para hacer su parte en el círculo familiar (Review and Herald,
17-11-1896).
Formad el carácter mediante pequeñas atenciones repetidas
con frecuencia. Padres, al educar a vuestros hijos, estudiad las lecciones
que Dios ha dado en la naturaleza. Si queréis cultivar un clavel, o una
rosa, o un lirio, ¿cómo lo hacéis? Preguntad al jardinero por medio de
qué proceso logra que prosperen gloriosamente toda rama y hoja y se
desarrollen con simetría y hermosura. El os dirá que no es mediante un
trato rudo ni un esfuerzo violento; porque eso no haría sino romper los
delicados tallos. Es por medio de pequeñas atenciones repetidas con
frecuencia. Riega el suelo y protege las crecientes plantas del viento
impetuoso y del sol abrasador, y Dios las hace prosperar y florecer con
hermosura. Al tratar con vuestros hijos, seguid el método del jardinero.
Por toques suaves, por un ministerio amante, tratad de moldear su carácter
según el carácter de Cristo (El Deseado de Todas las Gentes, p.
475).
Prestad atención a las cosas pequeñas.
¡Qué gran error se comete en la educación de los niños y los jóvenes, al
favorecerlos, complacerlos y halagarles! Se tornan egoístas e ineficaces,
y carecen de energía para realizar las pequeñas cosas de la vida. No se
los educa para adquirir fortaleza de carácter mediante la realización de
los deberes diarios, aunque parezcan muy humildes...
Nadie está calificado para cumplir una obra más grande e importante, a
menos que haya sido fiel en la realización de los deberes menores. El
carácter se forma por grados, y lo mismo ocurre con la preparación del
alma para producir esfuerzo y energía proporcionados a la tarea que debe
cumplirse (Testimonies, tomo 3, pp. 46, 47).
Los niños talentosos requieren mayor cuidado.
Deberíamos impresionar las mentes de nuestros hijos con la idea de que no
se pertenecen a sí mismos, para ir, venir, vestirse, y actuar como les
plazca... Si poseen atractivos personales y raras habilidades naturales,
debería ejercerse mayor cuidado en su educación, no sea que esos dones se
conviertan en una maldición, y sean utilizados para descalificarlos para
enfrentar las serias realidades de esta vida, y queden incapacitados para
una vida mejor debido a los halagos, la vanidad y el amor a la ostentación
(Signs of the Times, 9-12-1875).
Evítense los halagos indebidos.
No prestéis demasiada atención a los niños. Dejadlos que se entretengan
por sí mismos. No los exhibáis ante las visitas como prodigios de
inteligencia o sabiduría, sino que dejadlos tanto como sea posible en la
sencillez de su infancia. Una buena razón por la cual tantos niños son tan
atrevidos e impertinentes es que se les presta demasiada atención y se los
alaba mucho, y sus dichos agudos son repetidos en su presencia. Esforzaos
por no censurarlos indebidamente, pero tampoco los recarguéis con indebida
alabanza y adulación. Satanás sembrará demasiado pronto semillas malas en
tiernos corazones, y vosotros no debéis ayudarle en esa tarea (Ibíd.,
9-2-1882).
Leed para vuestros hijos.
Padres y madres, obtened toda la ayuda que podáis del estudio de nuestros
libros y publicaciones. Tomad tiempo para leer a vuestros hijos... Formad
un círculo de lectura del hogar, en el cual cada miembro de la familia
pondrá a un lado las ocupaciones del día y se unirá en el estudio. Los
jóvenes que han estado acostumbrados a leer novelas y libros de cuentos
triviales recibirán especial beneficio por participar del estudio familiar
vespertino (Consejos para los Maestros, pp. 106, 107).
"Instruya", no "diga".
A los padres se les encomienda la gran tarea de educar y enseñar a sus
hijos para la vida futura e inmortal. Muchos padres y madres parecen
pensar que si alimentan y visten a sus pequeños, y los educan de acuerdo
con las normas del mundo, ya han cumplido su deber. Están demasiado
ocupados con los negocios o el placer para hacer que la educación de sus
hijos sea el objeto de estudio de sus vidas. No procuran educarlos para
que empleen sus talentos para honra de su Redentor. Salomón no dijo: "Di
al niño su camino, y aun cuando fuere viejo no se, apartará de él". Sino
que dijo: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se
apartará de él" (Review and Herald, 24-6-1890).
Educar para ejercer dominio propio.
Ninguna obra emprendida por los hombres requiere, mayor cuidado y
habilidad que la preparación y la educación debidas de los jóvenes y los
niños. No hay influencias tan potentes como las que nos rodean en nuestros
primeros años de vida... La naturaleza del hombre es triple, y la
educación recomendada por Salomón comprende el recto desarrollo de las
facultades físicas, intelectuales y morales. A fin de realizar debidamente
esta obra, los padres y los maestros deben comprender "cómo debe ser la
manera de vivir del niño". Esto comprende más que un conocimiento de los
libros o el aprendizaje en la escuela. Abarca la práctica de la
temperancia, la bondad fraternal y la piedad; el cumplimiento de nuestro
deber hacia nosotros, nuestros prójimos y Dios.
La enseñanza de los niños debe guiarse por principios diferentes de los
que gobiernan la enseñanza de los animales irracionales. La bestia debe
únicamente acostumbrarse a someterse a su maestro, pero el niño debe
aprender a controlarse a sí mismo. La voluntad debe enseñarse para que
obedezca los dictados de la razón y la conciencia. Es posible disciplinar
a un niño para que, como la bestia, no posea voluntad propia, al hundirse
su individualidad en la de su maestro. Esta enseñanza no es buena y tiene
efectos desastrosos. Los niños que son educados en esta forma carecerán de
firmeza y decisión. No se los enseña a obrar por principio; las facultades
del razonamiento no se fortalecen por el ejercicio. Hasta donde sea
posible, cada niño debería ser enseñado a confiar en sí mismo. Al poner en
ejercicio las diferentes facultades, aprenderá dónde es más fuerte y en
qué es deficiente. Un instructor sabio dará atención especial al
desarrollo de los rasgos más débiles, a fin de que el niño forme un
carácter bien equilibrado y armonioso (Fundamentals of Christian
Education, p. 57). |