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¿Un casamiento feliz o desdichado?
Si los que piensan contraer matrimonio no quieren hacer después
reflexiones tristes y desdichadas, deben dedicar ahora a su casamiento
muy serias meditaciones. Si se lo da imprudentemente, este paso es uno
de los medios más eficaces para destruir la utilidad de hombres y
mujeres jóvenes. La vida llega a serles entonces una carga, una
maldición. Nadie puede destruir tan completamente la felicidad y
utilidad de una mujer, y hacer de su vida una carga dolorosa, como su
propio esposo; y nadie puede hacer la centésima parte de lo que la
propia esposa puede hacer para enfriar las esperanzas y aspiraciones de
un hombre, paralizar sus energías y destruir su influencia y sus
perspectivas. De la hora de su casamiento data para muchos hombres y
mujeres el éxito o el fracaso en esta vida, así como sus esperanzas para
la venidera.
¡Ojalá que pudiera inducir a la juventud a ver y sentir su peligro,
especialmente el de contraer casamientos desdichados!
El casamiento es algo que afectará vuestra vida en este mundo y en el
venidero. Una persona que sea sinceramente cristiana no hará progresar
sus planes en esa dirección sin saber si Dios aprueba su conducta. No
querrá elegir por su cuenta, sino que reconocerá que a Dios incumbe
decidir por ella. No hemos de complacernos a nosotros mismos, pues
Cristo no buscó su propio agrado. No quisiera que se me interpretara en
el sentido de que una persona deba casarse con alguien a quien no ame.
Esto sería un pecado. Pero no debe permitir que la fantasía y la
naturaleza emotiva la conduzcan a la ruina. Dios requiere todo el
corazón, los afectos supremos.
Sin apresuramiento.
Pocos son los que tienen opiniones correctas acerca de la relación
matrimonial. Muchos parecen creer que significa alcanzar la felicidad
perfecta; pero si conocieran una cuarta parte de los sinsabores de
hombres y mujeres sujetos por el voto matrimonial en cadenas que no se
atreven a romper ni pueden hacerlo, no les sorprendería que escriba
estas líneas. En la mayoría de los casos, el matrimonio es un yugo
amargo. Son miles los que están unidos pero no se corresponden. Los
libros del cielo están cargados con las desgracias, la perversidad y los
abusos que se esconden bajo el manto del matrimonio. Por esto quisiera
aconsejar a los jóvenes en edad de casarse que no se apresuren en la
elección de su cónyuge. La senda de la vida matrimonial puede parecer
hermosa y rebosante de felicidad. Sin embargo, ¿por qué no podríais
quedaros chasqueados como les ha sucedido a tantos otros?
Los que piensan en casarse deben pesar el carácter y la influencia del
hogar que van a fundar. Al llegar a ser padres se les confía un
depósito sagrado. De ellos depende en gran medida el bienestar de sus
hijos en este mundo, y la felicidad de ellos en el mundo futuro. En alto
grado determinan la naturaleza física y moral de sus pequeñuelos. Y del
carácter del hogar depende la condición de la sociedad. El peso de la
influencia de cada familia se hará sentir en la tendencia ascendente o
descendente de la sociedad.
Factores vitales en la elección.
La juventud cristiana debe ejercer mucho cuidado en la formación de
amistades y la elección de compañeros. Prestad atención, no sea que lo
36 que consideráis oro puro resulte vil metal. Las relaciones mundanales
tienden a poner obstrucciones en el camino de vuestro servicio a Dios, y
muchas almas quedan arruinadas por uniones desdichadas, matrimoniales o
comerciales, con personas que no pueden elevarlas ni ennoblecerlas.
Pese Ud. todo sentimiento y observe todo desarrollo del carácter en la
persona con la cual piensa vincular el destino de su vida. El paso que
está por dar es uno de los más importantes de su existencia, y no debe
darlo apresuradamente. Si bien puede amar, no lo haga a ciegas.
Haga un examen cuidadoso para ver si su vida matrimonial sería feliz, o
falta de armonía y miserable. Pregúntese: ¿Me ayudará esta unión a
dirigirme hacia el cielo? ¿Acrecentará mi amor a Dios? ¿Ampliará mi
esfera de utilidad en esta vida? Si estas reflexiones no sugieren
impedimentos, entonces proceda en el temor de Dios.
La mayoría de los hombres y mujeres, al contraer matrimonio ha procedido
como si la única cuestión a resolver fuese la del amor mutuo. Pero
deberían darse cuenta de que en la relación matrimonial pesa sobre ellos
una responsabilidad que va más lejos. Deberían considerar si su
descendencia tendrá salud física, y fuerza mental y moral. Pero pocos
han procedido de acuerdo con motivos superiores y con consideraciones
elevadas que no podían fácilmente desechar, tales como la de que la
sociedad tiene derechos sobre ellos, que el peso de la influencia de su
familia hará oscilar la balanza de la sociedad.
La elección de esposo o de esposa debe ser tal que asegure del mejor
modo posible el bienestar físico, intelectual y espiritual de padres e
hijos, de manera que capacite a unos y otros para ser una bendición para
sus semejantes y una honra para su Creador.
Cualidades que debe tener una futura esposa.
Busque el joven como compañera que esté siempre a su lado a quien 37 sea
capaz de asumir su parte de las responsabilidades de la vida, y cuya
influencia le ennoblezca, le comunique mayor refinamiento y le haga
feliz en su amor.
"De Jehová viene la mujer prudente." "El corazón de su marido está en
ella confiado...
le dará
ella
el
bien y no
el
mal, todos los días de su vida." "Abrió su boca con sabiduría: y la ley
de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no
come el pan de balde.
Se levantan
sus hijos, y
la
llaman bienaventurada; y su marido también la alabó" diciendo: "Muchas
mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste a todas." El que
encuentra una esposa tal "halló el bien, y alcanzó la benevolencia de
Jehová."
He aquí algo que debe considerarse: ¿Traerá felicidad a su hogar la
persona con la cual
Ud.
se case? ¿Sabe ella de economía, o una vez casada dedicará, no sólo todo
lo que ella misma gane, sino también todo lo que Ud. obtenga, a
satisfacer la vanidad, el amor a las apariencias? ¿Se guía por
principios correctos en estas cosas? ¿Tiene ella ahora de qué
depender?... Yo sé que, en el parecer de un hombre infatuado por el amor
y los pensamientos relativos al casamiento, estas preguntas se hacen a
un lado como si no tuvieran importancia. Sin embargo, es necesario
considerarlas debidamente, porque pesarán sobre su vida futura....
Al elegir esposa, estudie su carácter. ¿Será paciente y cuidadosa? ¿O
dejará de interesarse en los padres de Vd. precisamente cuando necesiten
a un hijo fuerte en quien apoyarse? ¿Le retraerá ella de la sociedad de
esos padres para ejecutar sus propios planes y agradarse a sí misma,
abandonando a los padres que, en vez de ganar a una hija afectuosa,
habrán perdido un hijo?
Cualidades que debe tener el futuro esposo.
Antes de dar su mano en matrimonio, toda mujer debe averiguar si aquel
con quien está por unir su destino es digno. ¿Cuál ha sido su pasado?
¿Es pura su vida? ¿Es de un carácter noble y elevado el amor que
expresa, o es un simple cariño emotivo? ¿Tiene los rasgos de carácter
que la harán a ella feliz? ¿Puede encontrar verdadera paz y gozo en su
afecto? ¿Le permitirá conservar su individualidad, o deberá entregar su
juicio y su conciencia al dominio de su esposo?... ¿Puede ella honrar
los requerimientos del Salvador como supremos? ¿Conservará su alma y su
cuerpo, sus pensamientos y propósitos, puros y santos? Estas preguntas
tienen una relación vital con el bienestar de cada mujer que contrae
matrimonio.
Antes de entregar sus afectos, la mujer que desee una unión apacible y
feliz, y evitar miserias y pesares futuros, debe preguntar: ¿Tiene madre
mi pretendiente? ¿Qué distingue el carácter de ella? ¿Reconoce él sus
obligaciones para con ella? ¿Tiene en cuenta sus deseos y su felicidad?
Si no respeta ni honra a su madre, ¿manifestará respeto, amor, bondad y
atención hacia su esposa? Cuando haya pasado la novedad del casamiento,
¿seguirá amándome? ¿Será paciente con mis equivocaciones, o criticón,
dominador y autoritario? El verdadero afecto disimula muchos errores; el
amor no los discernirá.
Acepte sólo rasgos viriles y puros.
Acepte la joven como compañero de la vida tan sólo a un hombre que posea
rasgos de caracteres puros y viriles, que sea diligente y rebose de
aspiraciones, que sea honrado, ame a Dios y le tema.
Rehuya a los irreverentes. Evite al que ama la ociosidad; al que se
burla de las cosas santas. Eluda la compañía de quien usa lenguaje
profano o siquiera un vaso de bebida alcohólica. No escuche las
propuestas de un hombre que no comprenda su responsabilidad para con
Dios. La verdad pura que santifica el alma le dará valor para apartarse
del conocido más placentero que no ame ni tema a Dios, ni sabe nada de
los principios relativos a la justicia verdadera. Podemos tolerar
siempre las flaquezas y la ignorancia de un amigo, pero nunca sus
vicios.
Cometer un error es más fácil que corregirlo.
Por lo general, los casamientos contraídos impulsivamente y por egoísmo
no salen bien, sino que a menudo fracasan miserablemente. Ambas partes
se consideran engañadas, y gustosamente desharían lo que hicieron bajo
el imperio de la infatuación. Cometer un error al respecto es mucho más
fácil que corregirlo una vez cometido.
Rómpase el compromiso imprudente.
Aun cuando haya aceptado el compromiso sin una plena comprensión del
carácter de la persona con la cual pensaba unirse, no crea Ud. que ese
compromiso la obliga a asumir los votos matrimoniales y a unirse para
toda la vida con alguien a quien no puede amar ni respetar. Tenga mucho
cuidado con respecto a aceptar compromisos condicionales; pero es mejor,
sí mucho mejor, romper el compromiso antes del casamiento que separarse
después, como hacen muchos.
Tal
vez Vd. diga: "Pero yo he dado mi promesa, ¿debo retractarla?" Le
contesto: Si Vd. ha hecho una promesa contraria a las Sagradas
Escrituras, por lo que más quiera retráctela sin dilación, y con
humildad delante de Dios arrepiéntase de la infatuación que la indujo a
hacer una promesa tan temeraria. Es mucho mejor retirar una promesa
tal, en el temor de Dios, que cumplirla y por ello deshonrar a su
Hacedor.
Cada paso dado hacia el matrimonio debe ser acompañado de modestia,
sencillez y sinceridad, así como del serio propósito de agradar y honrar
a Dios. El matrimonio afecta la vida ulterior en este mundo y en el
venidero. El cristiano sincero no hará planes que Dios no pueda
aprobar.
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