| |
Alguien
dijo que nunca se ganará la batalla entre los sexos porque existe
demasiada confraternización con el enemigo. En muchas sociedades del mundo
actualmente, el papel de los géneros está marcado por una relación de
amor-odio. Las mujeres protestan por el vejamen, el abuso y la violencia.
Los hombres responden refugiándose en sí mismos, en el lugar de trabajo o
en el campo de deportes.
En muchos lugares los hombres y las mujeres parecen dominados por la
incertidumbre de cómo deben actuar en el papel que les corresponde. Por
una parte las mujeres, que ganaron el derecho a realizar actividades en
las que estaban excluidas durante siglos, ahora sienten la presión de
ser "super mujeres", "ganadoras del pan", padre y madre a la vez, dueñas
de casa y activistas. Además, el cambio en el papel femenino ha obligado
a los hombres a redefinir el de ellos. La década del 70 fue testigo del
esfuerzo de los hombres para desarrollar su lado femenino, de "varón
suave", a fin de enfrentar a esa mujer dura que emergía. Sin embargo las
mujeres, mientras exigen y saborean su igualdad de derechos con los
hombres, todavía quieren que éstos sean masculinos, que "lleven los
pantalones en el hogar", y sean los principales proveedores del sustento
de la familia.1
Al mismo tiempo, los hombres tratan de recuperar su masculinidad,
mientras curan las heridas infligidas por el movimiento feminista.2
En medio de tal conflicto hombre-mujer existe la añoranza por los viejos
tiempos: "¿Te acuerdas que acostumbrábamos a enamorarnos?"3
No debería sorprendernos, entonces, que tratar en la actual atmósfera de
definir los papeles hombre-mujer se parece mucho a caminar sobre un
terreno minado. A pesar de eso, quiero compartir lo que he descubierto en
el paradigma bíblico "imagen de Dios". Me parece que en este paradigma
podemos ver un papel de complementos entre el hombre y la mujer. Tal vez
si observamos la relación que existe entre los miembros de la Trinidad,
podamos comprender mejor la relación hombre-mujer. Ya que mis estudios me
impulsan a abrazar los valores feministas y los tradicionales, espero --al
igual que el indeciso soldado de la guerra civil cuyos pantalones
correspondían al uniforme de su pelotón pero la chaqueta al del enemigo--
me dispongo a correr el riesgo y no recibir un balazo de ambos lados, con
la esperanza de abrir una nueva perspectiva.
Dios dividió a Adán
Comencemos con Génesis 1:27: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen
de Dios lo creó; varón y hembra los creó". La palabra hebrea para hombre
es
adán. El texto, rico
en significado, indica que Dios dividió a
adán en dos seres
complementarios que juntos podrían reflejar su semejanza. Dios mismo no es
un solitario, sino una amante familia. Dios (en hebreo
Elohim, plural) dice:
"Hagamos al hombre a
nuestra
imagen" (Génesis 1:26). Aquí tenemos la conversación entre la Trinidad
--tres personas-- que consultan y trabajan en armonía. Dios en relación
crea al ser humano en relación. Una parte de la imagen de Dios es esta
relación de hombre y mujer.
En la creación, el hombre y la mujer formaban una unidad. Esta unidad
reflejaba en cierta forma la imagen divina.4
En ambos niveles, el divino y el humano, la unidad es la clase de relación
en la que diferentes personas se complementan entre sí, formando una
unidad.
Realmente, Dios no puede ser considerado en términos de sexo, pero ha
compartido con el hombre y la mujer atributos particulares que residen en
él. En su actividad creadora, cuando dividió a Adán en hombre y mujer,
Dios repartió algo de sus propias cualidades especiales entre los dos. Al
hombre le dio su poder y fuerza. A la mujer le dio sus atributos de dar
vida y nutrir.
Los varones hacen funcionar los motores de sus juguetes, luego descienden
sin miedo en sus esquíes las cuestas o pasan por las calles haciendo sonar
las sirenas pues les encanta la velocidad, el ruido, la excitación y el
riesgo. Sin embargo, apenas reflejan pálidamente la masculinidad del Dios
a quien le gusta hacer estallar estrellas tan grandes como nuestra sistema
solar y luego las reduce a mortíferos hoyos negros que absorben todo lo
que encuentran a su paso. Dios es imponente en su "masculinidad".
Las niñitas que acunan sus muñecas, que luego actúan como mediadoras y
curan las heridas con besos, nos recuerdan que la gentileza también
refleja la naturaleza de Dios. La Biblia compara a Dios con la mujer que
sufre en el momento del parto (Deuteronomio 32:18; Juan 16:21, 22) y a la
ternura de una madre que alimenta a su hijo (Isaías 49:15; Oseas 11:1-4).5
Dios como Consolador, gentil y nutriente en su "femineidad".
Dios consideró toda su creación como buena, pero cuando vio al hombre,
dijo: "No es bueno": "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda
idónea para él". El hombre estaba incompleto hasta que Dios hizo "una
ayuda adecuada para él". Dios creó a la mujer para ser una ayuda, una
compañera para el hombre. "Ayudante" o "ayuda" son títulos honorables en
el Antiguo Testamento, aplicados a Dios mismo (Salmo 46:1).
"Ayudante" indica que el hombre y la mujer debieran trabajar juntos en las
empresas de la vida. La sociedad se deteriora cuando un grupo de un solo
sexo funciona solo, porque tal singularidad refleja sólo parte del
espectro total de la persona humana.6
El propósito creador de Dios al dividir a Adán era que los hombres y las
mujeres se desarrollaran juntos hacia la unidad, un atributo de Dios
mismo. El valora la armonía, la interdependencia y el altruismo.7
Complejidad en la imagen divina
En general, la historia y la tradición le han asignado papeles diferentes
a los varones y a las mujeres. Se preparó a los niños para ser protectores
y proveedores, y se estimuló y subrayó su predisposición biológica para
ser dominantes y agresivos. En armonía con su papel maternal, se preparó a
las niñas para criar, nutrir y ser hogareñas. El marido era la cabeza; la
esposa, el corazón.8
Pero el propósito creador de Dios no es tan simple. Como tampoco lo es
la naturaleza humana.
Junto con las características dominantes de cada sexo, existe también un
"yo en las sombras" que contiene elementos del sexo opuesto. Las mujeres
son capaces de demostrar seguridad, valor y liderazgo, y los hombres
ternura y sensibilidad ante la belleza. El "yo en las sombras" tiene
varias funciones. En un mismo terreno da a los varones y a las mujeres
áreas que se superponen entre sí. En una relación, los que son totalmente
opuestos tienen mucho más para contribuir al otro, pero también tienen
mayor dificultad en la relación debido a sus diferencias. El "yo en las
sombras" ofrece áreas de semejanza donde los dos géneros pueden
encontrarse.
Además del "yo en las sombras" del sexo opuesto, los seres humanos ejercen
funciones dominantes y auxiliares por medio de las cuales perciben la
realidad y emiten juicios. Algunas de estas funciones tienen relación con
el género. Por ejemplo, la mayoría de los hombres tienden a tomar
decisiones basadas sobre la lógica y la objetividad, mientras que la
mayoría de las mujeres tienden a tomar decisiones basadas en los
sentimientos, la intuición y lo que perciben que podría ser la
consecuencia de su elección sobre los otros.9
Cualquiera sean nuestras funciones dominantes y auxiliares, nos sentimos
más cómodos con la que domina. Cuando uno se ve forzado a apoyarse en la
función auxiliar el resultado es la tensión. Si los hombres y las mujeres
desempeñan el papel que no les es natural, se sentirán presionados y
tensos. Por este motivo, muchas personas experimentan alivio al invertir
sus papeles tradicionales. También pueden provocar incomodidad las
presiones negativas de la familia y los amigos cuando los hombres o las
mujeres no actúan en la forma tradicional.
Si bien los hombres y las mujeres deberían cumplir primero con las
responsabilidades propias de su sexo, la complejidad de su naturaleza
indica que no deberían estar atados por estereotipos. Las mujeres han
sobresalido como dirigentes religiosas, presidentas de corporaciones y
estadistas. Los hombres se han destacado en expresiones emotivas, tales
como la música y la poesía y como consejeros con sentimientos de empatía.
La creatividad y el potencial humano provenientes de la imagen de Dios no
tienen límite y no se pueden predecir. Los dones no deberían ser
reprimidos sino valorados y estimulados. Dios mismo es complejo y la
humanidad es compleja, porque fue creada a su imagen.
El impacto del pecado
La explosión atómica del pecado separó a "Adán", y esta separación tuvo su
impacto inevitable sobre la unión hombre-mujer. El pecado alteró
profundamente la relación entre ellos. El egoísmo devoró al amor; la
sospecha barrió con la confianza, y la situación de rivalidad ocupó el
lugar del complemento. Dios predijo un cambio entre las relaciones de
hombres y mujeres: "y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de
ti" (Génesis 3:16). Con la entrada del pecado vino el abuso del amor --la
manipulación femenina para conseguir del hombre lo que desea, y el uso de
la fuerza por parte del hombre para dominar a la mujer. Los dos que eran
uno se transformaron en uno para ser dos. La individualidad, la
separación, la búsqueda del yo reemplazaron el complemento. El armonioso
dúo se transformó en una pareja vociferadora.
Con el pecado entró una ristra de abusos --dominación, represión, el
encierro de las mujeres, la manipulación, la seducción, el amor libre; las
formas de la mujer fueron cubiertas con velos o se las descubrió para
explotarlas; y se incurre en adulterio, pornografía y violencia sexual,
sólo por nombrar algunas de las consecuencias.
La sexualidad, como un don de Dios, tenía una intención para el bien. Se
la encuentra distribuida por toda la personalidad humana. Está presente en
cada célula del organismo por ser genéticamente masculina o femenina. Dios
dio el don de la expresión sexual con dos propósitos: para procrear
("fructificad y multiplicaos; llenad la tierra" [Génesis 1:28,RV]), y
unitivo ("serán una sola carne" [Génesis 2:24]). El propósito unitivo
debía ser dominante, porque es sólo dentro de la unidad del amor
matrimonial que los hijos pueden desarrollarse y florecer. Dios asignó a
la unión sexual el propósito de complementar la armonía mental y
espiritual a fin de que en la pareja el uno sienta al otro y para producir
el mayor éxtasis que los humanos pueden experimentar.
La perversión humana busca el éxtasis de la relación sexual sin la unidad,
ni el compromiso, ni un amor duradero. La brevedad del compromiso breve,
convierte a los seres humanos en entes descartables: las personas se usan
por un tiempo limitado y se descartan. Por eso cuando se fuerza la
relación sexual en un sujeto que no lo desea, provoca tan intensa
humillación, violación, rechazo y pérdida de la estima propia. De ahí que
dicha relación fuera del matrimonio puede ser devastadora para la psique
humana. Una de las mayores ironías de la sociedad contemporánea radica en
que, aun cuando grita contra el abuso sexual, busca la excitación sexual
fuera del matrimonio.
Relaciones humanas a la imagen de Dios
Una vez que comprendemos que el pecado ha desviado el papel hombre-mujer
de la unidad de la imagen divina hacia la separación demoníaca, el tema de
la restauración de la igualdad de sexos y roles llega a ser un regresar al
sitio bíblico original. Creo que ambos sexos pueden llegar a este sitio si
examinan la relación que existe en la Trinidad, imagen que debían
proyectar. El proceso puede ofrecer sorpresas e inspiración. Aquí tenemos
algunas posiciones bíblicas que ofrecen mayor luz en la relación
hombre-mujer.
1.
La aseveración paulina que "el varón es la cabeza de la mujer" (1
Corintios 11:3) no es muy popular en la actualidad. Las mujeres detestan
la idea de un señor masculino. Muchas veces esta expresión ha sido mal
representada y mal usada, lo que ha llevado a abusar de las mujeres física
y sexualmente, en lo que respecta a la disminución del valor y la dignidad
personal, y se impusieron restricciones que han impedido que las mujeres
desarrollaran y ejercieran sus talentos. Sin embargo, lo que muchas veces
se olvida es que el mismo apóstol también dijo en el mismo lugar que
"Cristo es la cabeza de todo varón" y "Dios la cabeza de Cristo". El
contexto de las tres declaraciones donde se mencionó el concepto de
jefatura no permite la dominación de uno sobre el otro que traiga como
resultado la violencia y el abuso, o la negación del valor y la dignidad
del yo. Los puntos que siguen a continuación ilustran la verdadera
naturaleza de la jefatura.
2.
Aún cuando Pablo habla de Dios como siendo el jefe de Cristo, la enseñanza
bíblica abrumadora es que el Padre y el Hijo son iguales en todos los
respectos. De la misma forma, cuando se trata de los seres humanos. Adán y
Eva debían ejercer igualdad de señorío y dominio sobre lo creado (ver
Génesis 1:28).
3.
El Padre y el Hijo consultan entre sí sobre metas y estrategias. Existe
una total apertura en todas sus transacciones: "No puede el Hijo hacer
nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el
Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente" (Juan 5:19). Ambos
participan plenamente en los planes del otro. La jefatura no indica de
ninguna manera superioridad o inferioridad de uno o del otro.
4.
Los miembros de la Trinidad actúan en forma conjunta (ver Juan 5:19). Las
declaraciones de Jesús acerca de que él no hacía nada con su propia
autoridad (ver Juan 5:19, 30) no indica subordinación de posición, sino
que sugiere que él actuaba de común acuerdo con su Padre. De la misma
manera el Padre actúa en armonía con el Hijo (ver Juan 5:22). En un
matrimonio ideal no existen decisiones unilaterales. Las decisiones se
hacen cuando se ha logrado el consenso.
5.
Los miembros de la Trinidad se realizan al hacer la voluntad del otro.
Jesús sentía gran satisfacción al hacer la voluntad de su Padre (ver Juan
4:34) y de llevar a cabo su misión de rescate (ver Juan 17:4). Nosotros,
los seres humanos, encontramos satisfacción rutinariamente cuando
satisfacemos nuestras necesidades personales. Jesús demostró que el gozo
proviene de satisfacer las necesidades del otro.
6.
Cada uno confirma a los otros. Los miembros de la Trinidad continuamente
glorifican al otro (ver Juan 8:54; 13:31; 16:14). Los maridos y las
esposas necesitan aprender el arte de expresar aprecio. Un buen matrimonio
es una sociedad de admiración mutua.
7.
La Trinidad es un sistema de apoyo modelo. Sus miembros le dan poder al
otro al lograr sus objetivos compartidos. En su debilidad humana, Jesús
recibió poder de su Padre y del Espíritu para llevar a cabo su misión (ver
Juan 1:32; 14:10). Nuestros sentimientos de insuficiencia se calmarían si
como hombres y mujeres nos apoyáramos y repartiéramos el poder entre
nosotros. Ningún sexo debería tratar de dominar al otro. La tendencia de
la coerción masculina y la manipulación femenina ilustran la perversa
creencia de que el poder es escaso y debe lucharse por él. En la Trinidad
vemos el principio opuesto: el poder es abundante y se lo comparte
libremente.10
8.
Los papeles de liderazgo son intercambiables. El Padre puso todas las
cosas en las manos de Jesús (ver Juan 3:35) dándole el gobierno de este
mundo hasta ganar la guerra; entonces será devuelto al Padre (ver 1
Corintios 15:24-28). De la misma forma, en un buen matrimonio, el
liderazgo es intercambiable, cada cónyuge dirige en el área o áreas de su
especialidad.
9.
Existe una gran unidad en la Trinidad. Es tal la cercanía de sus miembros
que el dolor de la separación resulta insoportable (ver Mateo 27:46).
Jesús dijo: "Yo y el Padre somos uno: Yo soy en el Padre y el Padre en mí"
(Juan 14:10). El amor es la fuerza que los une. Se invita a los seres
humanos a experimentar esta íntima unidad con la Trinidad (17:21). Por
medio de la unión con Dios los esposos y las esposas pueden alcanzar una
sublime altura y profundidad de amor en su relación mutua. Dios les ha
dado una forma única para expresar la intimidad por medio del abrazo
sexual. Una pareja que es una con Dios y entre sí experimenta un éxtasis
que resulta desconocido e inalcanzable en la relación sexual casual. Es
más, los lazos de amor que unen a ambos construye un nido sólido para los
más jóvenes. Cuando los padres están enamorados el uno del otro, los hijos
desarrollan personalidades seguras.
Algunos argumentan que la relación en la Trinidad no es un modelo
adaptable para los humanos en nuestra condición caída. Sostienen que los
modos autoritarios ("él se enseñoreará de ti") es más apropiado para los
pecadores. Sin embargo, la meta que los cristianos deben alcanzar es "la
medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). Aunque
estamos lejos del ideal divino, debiéramos tenerlo siempre delante de
nosotros y luchar por alcanzarlo.
El Creador nos dotó con emocionantes dones al darnos sexos
complementarios. Fuimos hechos para experimentar, explorar y desarrollar
esa relación y nos sentimos realizados cuando desarrollamos esos dones. No
existen límites para el potencial humano cuando éste se desarrolla dentro
de la imagen divina.
Beatrice S. Neall (Ph.D. Andrews University), quien sirvió como
misionera y profesora universitaria en el sureste de Asia y en Estados
Unidos, es autora de numerosos artículos. Ahora nos escribe desde
Lincoln, Nebraska, EE. UU. de N.A.
Todas las citas bíblicas son de la versión Reina-Valera, revisada, 1960.
Notas y Referencias:
1. Willard F. Harley, His Needs. Her
Needs: Building an Affair-proof Marriage. (Grand Rapids, Michigan.:
Fleming F. Revell, 1986), p. 116-117.
2. Ver Robert Bly, Iron John: A Book About Men (New York: Vintage
Books, 1992). pp. 2, 63.
3. Lance Morrow, "Men: Are They Really That Bad?" Time, 14 de febrero
de 1994, p.57.
4. V. Norskov Olsen, The New Relatedness for Man and Woman in Christ:
A Mirror of the Divine (Loma Linda, California.: Loma Linda University
Centre for Christian Bioethics, 1993), p.49.
5. Para más imágenes femeninas de Dios, ver Virginia R. Mollenkott.
The Divine Feminine: The Biblical Imagery of God as Female (New York:
Crossroad, 1987).
6. Donald M. Joy, Bonding: Relationships in the Image of God (Waco,
Texas: Word Books, 1985), p.19.
7. W. Peter Blitchington, Sex Roles and the Christian Family (Wheaton,
Illinois.: Tyndale House, 198l), p. 51.
8. Id., pp. 54, 71.
9. La escritura psicológica de Myers-Briggs describe los procesos
mentales dominantes y auxiliares de una persona, y cómo éstos se
relacionan con el sexo. Ver Gordon Lawrence. People Types and Tiger
Stripes: A Practical Guide to Learning Styles (Gainesville, Florida.:
Centre for Applications of Psychological Type, 1979), pp. 17, 20.
10. Por este concepto estoy en deuda con S. Scott Bartchy por su ensayo:
"Issues of Power and a Theology of the Family". Ver también Rollo May,
Love and Will (New York: Norton, 1969), quien identifica cinco clases de
poder, uno de los cuales es el benéfico --la clase de poder que da
autoridad a los otros.
|