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Especialistas en el área de comunicación han afirmado que aprendemos 83%
de las informaciones del mundo exterior a través de la visión; 11% a
través de la audición; y 6% distribuidos entre el tacto, el olfato y el
paladar. Esto significa que nos recordamos mucho más de aquello de vemos
de lo que meramente escuchamos.
Si la visión es tan eficaz en el proceso de la comunicación, ¿debería la
Iglesia Adventista del Séptimo Día valerse solamente de recursos
auditivos en la proclamación del “evangelio eterno” (Apoc. 14:16)?
¿Hasta qué punto podría esta denominación incorporar recursos visuales y
dramatizaciones en sus servicios religiosos, sin infringir con esto
principios expuestos en la Biblia y en los escritos de Elena de White?
A fin de responder estas preguntas, consideraremos inicialmente, algunos
antecedentes del uso de dramatizaciones en la literatura bíblica y en
los escritos de la Sra. White. Procuraremos entonces, identificar
algunos principios básicos que nos podrán ayudar a establecer parámetros
seguros sobre el asunto.
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
La liturgia del Antiguo Testamento se centralizaba en los rituales
simbólicos, primero, de los altares patriarcales; después, del
tabernáculo mosaico; y por último, del templo de Jerusalén. Esos
servicios ministrados por sacerdotes (Éxo. 28-29; Lev. 8) constituían
una prefiguración dramática de la salvación que habría de concretarse a
través del sacrificio y del sacerdocio de Cristo. Animales representaban
a Cristo; la inmolación de esos animales simbolizaban la muerte de
Cristo; y la sangre de ellos prefiguraba la sangre de Cristo. También,
las fiestas de Israel eran marcadas por innumerables dramatizaciones
(ver Éxo. 12:1-27; Lev. 16 y 23) Elena de White denomina todo este
sistema centralizado en el santuario, de “el evangelio en figura”. (¹)
Otro acto religioso dramático del Antiguo Testamento era la ceremonia de
la circuncisión. Ese acto fue ordenado por Dios como un símbolo exterior
de pacto entre él y su pueblo.
En Números 21:4-9, Dios ordenó que Moisés preparase y levantase una
“serpiente de bronce” como un símbolo de Cristo. Todos aquellos que
mirasen con fe para aquella serpiente, vivirían.
También son encontradas dramatizaciones en los libros proféticos del
Antiguo Testamento. El propio Dios usó recursos pictóricos para
describir realidades socio-políticas y religiosas en las visiones
proféticas registradas en tales libros, como Ezequiel, Daniel y
Zacarías. Por ejemplo, en el capítulo 2 del libro de Daniel, la Segunda
Venida de Cristo es representada por la gran piedra que hirió los pies
de la estatua. Ya en el capítulo 1 de Oseas, encontramos a Dios
ordenando que el propio profeta (Oseas) dramatizase la apostasía
espiritual de Israel, casándose con una prostituta.
Por lo tanto, el uso de recursos visuales (incluyendo dramatizaciones)
estaba siempre presente en el culto del Antiguo Testamento. Tales
recursos eran parte del servicio del santuario, de la ceremonia de la
circuncisión y de las enseñazas proféticas. Pero el empleo de tales
recursos visuales no se limita sólo al Antiguo Testamento.
EN EL NUEVO TESTAMENTO
Los cuatro evangelios presentan innumerables ocasiones en que Cristo usó
ilustraciones verídicas de la naturaleza y de la vida diaria para
enseñar lecciones espirituales. El no solamente se valió de los recursos
didácticos de las parábolas, sino que, se comparó a si mismo con tales
figuras, como el agua (Juan 4:10), el pan (6:41 y 48), la luz (8:12), la
puerta (10:9), el pastor (10:14) y la viña (15:1-5).
La propia ceremonia del Bautismo es una dramatización simbólica,
instituida por Cristo para marcar el inicio de una vida de consagración
a Dios. Cristo no sólo se somete a esa ceremonia (Mat. 3:13-17), sino
que también ordenó que ella fuese ministrada a todos cuantos aceptasen
el evangelio (28:18-20).
Hasta su misma muerte dramática sobre la cruz tenía propósitos
didácticos. Elena de White declara que “la cruz es una revelación a
nuestros sentidos embotados del dolor que el pecado, desde su inicio
cargó el corazón de Dios”. (2) Ella agrega que “el Calvario está allí
como un monumento del excelente sacrificio exigido para expiar la
transgresión de la ley divina”. (3)
Ese evento dramático tuvo lugar sobre una cruz con el objeto de tocar
“nuestros sentidos embotados”. (4) Es recordado simbólicamente a través
de la ceremonia de la Santa Cena (ver Mat. 26:17-30; Juan 13:1-20) que
es a su vez una dramatización litúrgica ordenada por Cristo para ser
repetida periódicamente por sus seguidores (cf. Juan 13:13-17; 1 Cor.
11:23-26).
A semejanza de algunos libros proféticos del Antiguo Testamento, el
contenido de Apocalipsis de Juan es caracterizado por dramatizaciones
simbólicas, que describen pictóricamente el desarrollo del plan de
salvación en el contexto del gran conflicto entre las fuerzas del bien y
los poderes del mal.
Por consiguiente, el Antiguo y el Nuevo Testamento están llenos de
dramatizaciones simbólicas. Especialmente el Bautismo y la Santa Cena
son dramatizaciones del plan de salvación, instituidas por el propio
Cristo como parte de la liturgia de Su Iglesia.
EN LOS ESCRITOS DE ELENA DE WHITE
(5)
Al analizar los escritos de Elena de White, se percibe, por un lado, que
ella:
1.
Aprueba reiteradas veces las dramatizaciones litúrgicas del Nuevo
Testamento (el ceremonial del santuario, etc.)
2.
Enaltece las dramatizaciones litúrgicas del Nuevo Testamento (el
Bautismo, el Lavamiento de los Pies, la Santa Cena)
3.
Engrandece el ritual sacerdotal de Cristo en el cielo.
4.
No criticó la dramatización a la que asistió en la Escuela
Sabática de Battle Creek en 1886 (6).
5.
No condenó la puesta en escena de la Navidad de 1888 en Battle
Creek, sino que simplemente expresó su aprobación a los puntos
positivos del programa y su desaprobación a los puntos negativos, (7) y
6.
No condenó el uso de las bestias de Daniel y Apocalipsis como
ilustraciones evangelísticas.
Por otro lado, varias citas de Elena de White desaprueban el uso de
cualquier tipo de exhibicionismo teatral. (8) ¿Estarían esas citas
condenando indistintamente todo tipo de dramatizaciones? Yo creo que no,
pues, si así fuese, tendríamos que eliminar hasta el mismo Bautismo y la
Santa Cena de nuestras Iglesias.
Es interesante notar que las propias citas de Elena de White que
desaprueban el uso de exhibiciones teatrales, identifican también las
características negativas básicas que la llevaron a oponerse a tales
exhibiciones. Entre esas características destacamos las siguientes: (1)
apartan de Dios; (2) llevan a perder de vista los intereses eternos: (3)
alimentan el orgullo; (4) excitan la pasión; (5) glorifican el vicio;
(6) estimulan el sensualismo: (7) depravan la imaginación. (9)
De esto deducimos que las dramatizaciones son aceptables, en
contrapartida, cuando: (1) Aproximan a Dios; (2) llaman la atención
hacia los intereses eternos; (3) no alimentan el orgullo; (4) no excitan
la pasión; (5) desaprueban el vicio; (6) no estimulan el sensualismo;
(7) elevan la imaginación.
EN LA IGLESIA
ADVENTISTA
Frecuentemente han participado grupos de dramatización en varios
programas de TV mantenidos por la Iglesia Adventista del Séptimo Día
alrededor del mundo. Elencos especiales de dramatización fueron
necesarios también para la producción de los filmes y/o videocasetes:
Uno en Veinte Mil (EUA), El Gran Conflicto (Argentina),
Héroes de la Fe (Australia), El Barquito Azul (Brasil), y
muchos otros. Evangelistas adventistas usan un número significativo de
filmes en sus series de conferencias públicas.
Las dramatizaciones hacen parte aún de la vida de la gran mayoría de los
internados mantenidos por la organización. Ellas son usadas también a
nivel de Iglesias locales, tanto en programas alusivos al Día de las
Madres y la Navidad, como en los departamentos de niños de la Escuela
Sabática.
Varias de esas dramatizaciones han elevado espiritualmente tanto a los
presentadores como a los que a ellas asisten. Existen, mientras tanto,
aquellos que piensan que el fin justifica los medios y que las buenas
intenciones son el único criterio determinante para la aceptación de un
determinado programa. Pero, si restringimos los criterios sólo al nivel
de las intenciones, ciertamente incurriríamos en el grave error de abrir
las puertas a todo y cualquier tipo de programación “culturalmente”
aceptable.
CRITERIOS BÁSICOS
Se debe dar cuidadosa consideración, no sólo a las intenciones, sino
también a la propia naturaleza del programa, al elegir los
participantes, así como al tiempo y lugar adecuados, tanto para el
ensayo como para la presentación de la escena.
Las dramatizaciones deben: (1) evitar el elemento jocoso y vulgar; (2)
evitar el uso de títeres (animales y árboles que hablan, etc.); ser
bíblica e históricamente leales a los hechos, como realmente ocurrieron;
y sobre todo, (4) exaltar a Dios y Su Palabra (no a los presentadores de
la programación).
Los presentadores deben ser personas cuya vida espiritual y conducta
estén en plena conformidad con los principios adventistas, y que estén
dispuestos a acatar las orientaciones de los líderes de la congregación
local y de las organizaciones superiores de la denominación. Sería
prudente que todos los participantes de un elenco de dramatización
fuesen elegidos basados en las directrices sugeridas por el Manual de
la Iglesia Adventista del Séptimo Día para la selección de los
“miembros del coro de la Iglesia”.
El liderazgo de la Iglesia, a su vez, es responsable por proveer
orientaciones adecuadas a los presentadores de dramatizaciones. A ella
compete ejercer una función equilibradora, para que las programaciones
sean un medio (y no un fin) de glorificar mejor a Dios, además, de
comunicar efectivamente el evangelio al mundo. Jamás se debe permitir
que las dramatizaciones dejen de lado el centro de la predicación de la
Palabra de Dios en la liturgia adventista.
Por lo tanto, las dramatizaciones están presentes en la liturgia tanto
del Antiguo como del Nuevo Testamento. Elena de White, a su vez, no
condena todo tipo de dramatización, sino las exhibiciones teatrales que
apartan de Dios, llevan a perder de vista los intereses eternos,
alimentan el orgullo, excitan la pasión, glorifican el vicio, estimulan
el sensualismo y depravan la imaginación.
Si decimos que toda y cualquier dramatización es inapropiada, tendremos
consecuentemente que suspender: (1) el uso de filmes que son el producto
de dramatizaciones; (2) la mayor parte de las programaciones de los
departamentos infantiles de la Escuela Sabática (colocar coronas en la
cabeza de los niños, escenas del cielo, etc.); (3) todas las “cantatas”
y gran parte de las presentaciones musicales de nuestras iglesias; y
hasta (4) la celebración del Bautismo y la Santa Cena.
Por otro lado, debemos ser cuidadosos tanto en la evaluación de la
naturaleza del programa, como en la elección de los presentadores y del
tiempo y lugar de los ensayos y de la presentación. El uso adecuado de
las dramatizaciones implica no solamente actuar de acuerdo con nuestra
propia conciencia (aunque ella sea santificada) sino también basada en
los principios bíblicos y de los escritos de Elena de White. Toda escena
debe glorificar a Dios y no a los presentadores.
(Traducido de la Revista Adventista – Portugués – Septiembre 1996)
El autor es Director del Centro de Investigación Elena de White,
Brasil, y profesor de teología en el IAE – Campus Central |