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Probablemente son muy pocas las personas que permanecen indiferentes al
deseo de vestirse de forma llamativa y adornarse con joyas costosas y
cosméticos coloridos. Por lo tanto, no debería llamarnos la atención que a
través de toda la historia bíblica y cristiana se hayan hecho frecuentes
llamados para que la vestimenta sea sencilla y decente.
La enseñanza bíblica respecto al vestir tiene en la actualidadad mucha
importancia, especialmente porque la industria de la moda actúa con muy
poco respeto por la dignidad del cuerpo humano creado por Dios. En este
artículo presentaré siete principios básicos que pueden servir de guía a
los cristianos para formular su propia filosofía del arreglo personal.
Para la formulación de los mismos principios, me he basado en el estudio
de ejemplos, alegorías y admoniciones bíblicas relacionadas con la
vestimenta, las joyas y los cosméticos.
1
Principio número uno
La vestimenta y la apariencia personal son un índice importante del
carácter cristiano.
La vestimenta y la apariencia personal constituyen poderosos comunicadores
del lenguaje no hablado, ya que no sólo muestran el nivel socio-económico,
sino también los valores del individuo. El conocido consejero de jefes
ejecutivos acerca de "cómo vestirse para tener éxito", William Thourlby,
dice que "consciente o inconscientemente la ropa que nos ponemos revela el
concepto que tenemos de nosotros mismos y que queremos que el mundo tenga
de nosotros".2
Desde hace bastante tiempo el mundo comercial reconoció la importancia que
tiene la vestimenta y la apariencia personal en la venta de sus productos,
servicios e imagen que proyecta una compañía.
La Biblia también reconoce la importancia de la vestimenta.
Implícitamente, lo indica en el simbolismo de vestir de manera sencilla
para representar la provisión de Dios ("ropaje de salvación", Isaías
61:10; ver también Apocalipsis 3:18; 1 Pedro 5:5)* y la vestimenta
inmodesta para representar el adulterio y la apostasía espiritual
(Ezequiel 23:40-42; Jeremías 4:30; Apocalipsis 17:4-6). Lo indican
explícitamente las múltiples historias, alegorías y consejos relacionados
con el atuendo y adorno adecuados e inadecuados.
La Biblia considera que nuestra apariencia externa es un testimonio
visible y silencioso de nuestros valores morales. Algunos visten y se
adornan con ropa y joyas costosas como para agradarse a sí mismos y a los
demás. Quieren ser admirados por su riqueza, poder o por su nivel social.
Otros se visten de acuerdo con cierto tipo de moda para ser aceptados por
sus iguales. Pero los cristianos se visten para dar gloria a Dios. Para
ellos la vestimenta es importante porque es como el marco del cuadro de
Aquel a quien ellos sirven. Elena White lo expresó muy bien cuando
escribió: "No existe una forma mejor para que su luz brille sobre los
demás que su sencillez en el vestir y en su conducta. Puede mostrarle a
todos que, en comparación con las cosas eternas, usted le da su debido
lugar a las cosas de esta vida".3
Como cristianos no podemos decir: "¡Mi apariencia es asunto mío!", porque
nuestra apariencia refleja a nuestro Señor. Mi casa, mi apariencia
personal, mi vehículo, el uso que le doy al tiempo y al dinero, todo
indica la forma en que Cristo cambió mi vida desde adentro hacia
afuera. Cuando Jesús entra en nuestra vida, no cubre nuestras
imperfecciones con polvo cosmético. Todo lo contrario, él nos limpia
completamente obrando desde el interior, lo cual se refleja en nuestra
apariencia externa.
Una persona con una sonrisa radiante en un rostro limpio y vestida con
gusto es el testimonio más elocuente de que Cristo ha transformado su
vida. Una apariencia y un peinado demasiado sofisticados, los adornos de
joyas y la ropa extravagantes, no revelan una personalidad centrada en
Dios, sino la imagen artificial de un hombre o una mujer centrados en sí
mismos.
Principio número dos
El adornarse con joyas brillantes, cosméticos coloridos y ropa lujosa
revela el orgullo y la vanidad internos, que resultan ser destructivos
para nosotros y para los demás.
Esta verdad sale a luz en forma implícita en varios ejemplos negativos y
en forma explícita en los consejos de los apóstoles Pedro y Pablo.
Isaías reprobó a las mujeres judías ricas por el orgullo que mostraban al
adornarse desde la cabeza hasta los pies con joyas brillantes y vestidos
costosos para seducir a los dirigentes, quienes eventualmente llevaron a
toda la nación a la desobediencia y al castigo divino (Isaías 3:16-26).
En la Biblia, Jezabel se destaca por sus denodados esfuerzos para seducir
a los israelitas y llevarlos a la idolatría. La corrupción de su corazón
se revela en el esfuerzo que hizo en su hora final para estar lo más
seductora posible pintándose los ojos y adornándose para la llegada del
nuevo rey, Jehú (2 Reyes 9:30). Pero el rey no se dejó seducir y Jezabel
murió la más ignominiosa de las muertes. Por este motivo su nombre ha
llegado a ser en la historia bíblica un símbolo de seducción (Apocalipsis
2:20).
Ezequiel dramatiza la apostasía de Israel y de Judá por medio de la
alegoría de dos mujeres, Ahola y Aholiba, quienes, al igual que Jezabel,
se pintaban los ojos y se ataviaban con adornos para seducir a los hombres
y llevarlos al adulterio (Ezequiel 23). Encontramos nuevamente en esta
alegoría que los cosméticos y los adornos están asociados con la
seducción, el adulterio, la apostasía y el castigo divino.
Jeremías también usa una alegoría semejante para representar el abandono
político de Israel, quien vanamente trata de atraer a sus antiguos e
idólatras aliados (Jeremías 4:30). También en este caso los cosméticos y
las joyas fueron usados para seducir a los hombres y hacerlos caer en el
adulterio.
Juan el revelador ofrece un retrato profético para describir a la gran
ramera "vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras
preciosas y de perlas" (Apocalipsis 17:4). Esta mujer impura, que en el
tiempo del fin representa al poder religioso y político apóstata, seduce a
los habitantes de la tierra para que cometan con ella fornicación
espiritual. En un contraste muy claro, la novia de Cristo, quien
representa a la iglesia, está vestida de manera recatada y pura, de lino
fino, sin adornos exteriores (Apocalipsis 19:7, 8).
Como vemos, salvo en pocas excepciones metafóricas (Isaías 61:10; Jeremías
2:32; Ezequiel 16:9-14), tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento
relacionan el uso de cosméticos coloridos, joyas brillantes y ropa
llamativa con la apostasía y la rebelión contra Dios. El condena su uso.
También los apóstoles Pablo y Pedro reiteran en forma positiva en el Nuevo
Testamento lo que se enseña en forma implícita en el Antiguo Testamento
por medio de ejemplos negativos.
En efecto, ambos apóstoles contrastan el adorno apropiado de las mujeres
cristianas con los adornos inadecuados de las mujeres mundanas. Los dos
apóstoles nos ofrecen básicamente la misma lista de adornos inadecuados (1
Timoteo 2:9, 10:1; 1 Pedro 3:3, 4 y reconocen que, tanto en el caso de las
mujeres como en el de los hombres, los adornos exteriores del cuerpo son
inconsistentes con los adecuados adornos internos del corazón, el espíritu
y las acciones benévolas.
Principio número tres
Para experimentar la renovación espiritual y la reconciliación con Dios,
es necesario desprenderse de todos los objetos idolatrados externos,
incluyendo las joyas y los adornos.
Esta verdad está muy bien expresada en la experiencia que tuvo la familia
de Jacob en Siquem y en la de los israelitas en el Monte Horeb. En ambos
casos, para efectuar la reconciliación con Dios, se quitaron los adornos.
En Siquem Jacob amonestó a los miembros de su familia a desprenderse de
sus ídolos y adornos exteriores (Génesis 35:2, 3) al prepararse para la
purificación espiritual que quería llevar a cabo junto al altar que quería
construir en Bethel. La respuesta fue excelente: "Así dieron a Jacob todos
los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban
en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto
a Siquem" (Génesis 35:4).
En el Monte Horeb Dios exigió que los israelitas se quitasen los adornos
como prueba de que su arrepentimiento por haber adorado el becerro de oro
era sincero: "Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te
he de hacer" (Exodo 33:5). Nuevamente la respuesta del pueblo fue
positiva: "Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde
el monte Horeb" (Exodo 33:6). La frase "desde el monte Horeb" indica que
allí los arrepentidos israelitas se comprometieron a abandonar el uso de
adornos para mostrar su sincero deseo de obedecer a Dios. Tanto en Siquem
como en el monte Horeb el quitarse los adornos de joyas ayudó a preparar
al pueblo para la renovación de su pacto con Dios.
Estas experiencias nos enseñan que el uso de joyas como adorno contribuye
a la rebelión contra Dios porque alimenta la glorificación de uno mismo, y
que el hecho de desprenderse de ellas ayuda a la reconciliación con Dios
pues estimula una actitud de humildad. Por lo tanto, para experimentar una
renovación y reforma espiritual, necesitamos sacar de nuestros corazones
los ídolos que acariciamos, ya sean ellos la exaltación propia, los logros
profesionales o las posesiones materiales, para reemplazarlos por la
devoción a Dios.
Principio número cuatro
Los cristianos deberían vestirse en forma modesta y sentadora, evitando
los extremos.
Encontramos este principio en el uso que Pablo le da al término
kosmios (bien ordenado) para
describir el adorno apropiado del cristiano (1 Timoteo 2:9). Al referirse
a la vestimenta, el término significa que los cristianos deben vestirse
con
decoro, pudor y modestia.
Este principio presenta un desafío para que estemos atentos a nuestra
presentación personal, pero evitando los extremos.
El vestirse modestamente incluye que la ropa debe cubrir el cuerpo de tal
manera que los demás no se sientan avergonzados o tentados. Este principio
es muy importante en nuestros días cuando la industria del vestido trata
de vender ropa, joyas y cosméticos que explotan las poderosas atracciones
sexuales del cuerpo humano, aún cuando esto implique comercializar
productos inmodestos que fomentan el orgullo y la sensualidad.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que podemos violar el código
cristiano de vestir de manera apropiada tanto si le dedicamos demasiada
atención como si descuidamos nuestra apariencia personal.
Elena White aconsejó: "Vestíos pulcra y atractivamente, pero no os
convirtáis en el objeto de observaciones ya sea por estar demasiado
ataviados o por vestiros de una forma descuidada y desaseada. Proceded
como si supierais que el ojo del cielo está sobre vosotros y que vivís
bajo la aprobación o desaprobación de Dios (Manuscrito 53, 1912)".4
Principio número cinco
Los cristianos deberían vestirse en una manera apropiada y decente,
mostrando respeto por Dios, por sí mismos y por los demás. Este principio
lo encontramos en el uso que Pablo le da al término
aidos (decencia, reverencia) para describir el adorno
adecuado para el cristiano (1 Timoteo 2:9). Los cristianos muestran
reverencia y respeto cuando se visten
decente y
prudentemente, sin provocar
vergüenza a Dios, a los demás y a sí mismos.
Este principio es muy importante en la actualidad porque la industria del
vestido rechaza constantemente el respeto y la decencia como la base para
estimular las relaciones humanas. La Biblia condena expresamente el mirar
lascivo: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con
ella en su corazón" (Mateo 5:28). La ropa muy escotada o muy ceñida que
promueven algunos de los principales diseñadores de la moda, despiertan
las pasiones bajas en el corazón de los que la usan y contribuye a la
depravación de nuestra época. Al vestirse con modestia, los cristianos
juegan un papel clave para mantener la moralidad pública.
Dios nos aconseja que nos vistamos modesta y decentemente, no sólo para
prevenir el pecado, sino también para preservar nuestra intimidad. Es
verdad que los que quieran pecar pecarán sin importar cuán modestamente se
vista la gente que ven. El propósito de vestirse con modestia no es sólo
para prevenir los deseos lascivos, sino también para preservar algo que es
muy frágil y sin embargo fundamental en la sobrevivencia de una relación
matrimonial: la habilidad de mantener una relación profunda e íntima con
su cónyuge. Si se quiere que el matrimonio dure toda la vida, como fue la
intención de Dios, el esposo y la esposa deben esmerarse para preservar,
proteger y nutrir su intimidad. La modestia y la decencia preservarán el
gozo de la intimidad mucho después que hayan dejado de tocar las campanas
de boda.
Principio número seis
Los cristianos deberían vestirse sobriamente, resistiendo el deseo de
exhibirse.
Este principio se encuentra en el uso que Pablo le da al término
sophrosune (sobriamente)
para describir el adorno cristiano adecuado (1 Timoteo 2:9). Ese término
denota una actitud mental de control propio y una actitud que determina
todas las otras virtudes. El apóstol reconoce que el control de sí mismo
es indispensa-ble para que un cristiano se vista modesta y decentemente.
Pablo describe a la mujer cristiana convertida como una que se viste
sobriamente al restringir su deseo de exhibirse y viste
"no con peinado ostentoso, ni oro, ni
perlas, ni vestidos costosos"
(1 Timoteo 2:9). Su apariencia
no dice: "Mírenme, admírenme", sino: "Miren cómo Cristo me ha cambiado
desde adentro hacia afuera". Una mujer o un hombre cristianos que fueron
liberados de la preocupación de ser el objeto de admiración no temerán
usar la misma ropa varias veces, si ésta está bien confeccionada, es
modesta y le sienta bien.
El consejo de Pablo en cuanto a controlar el deseo de comprar o usar ropa
costosa (1 Timoteo 2:9) también señala el principio cristiano de
mayordomía. Los gastos que van más allá de nuestras posibilidades son
incompatibles con el principio cristiano de mayordomía. Aun
cuando pudiésemos comprar ropa cara, no
debemos permitirnos gastar los medios que Dios nos ha dado en
tiempos cuando existen tantos necesitados que claman para que los
ayudemos y para alcanzar a los que no han recibido el mensaje del
evangelio.
Principio número siete
Los cristianos deberían respetar las diferencias de sexo en el vestir y
usar ropa que confirma su identidad masculina o femenina.
Este principio se enseña en la ley que encontramos en Deuteronomio 22:5,
que prohíbe usar la ropa del sexo opuesto. Un comentario bíblico, que
refleja un punto de vista ampliamente aceptado por los eruditos, destaca
que "el objetivo inmediato de esta prohibición no era prevenir la
promiscuidad, o de oponerse a las prácticas idólatras...sino mantener la
santidad de la diferencia de los sexos, la cual fue establecida en la
creación del hombre y de la mujer".5
Este concepto tiene una gran importancia en la actualidad, pues ahora en
el mundo de la moda ya no se grita: "¡Viva la diferencia!", sino: "¡Viva
la igualdad!". Realmente, la similaridad de cierto tipo de peinado y ropa
de hombres y mujeres es tan grande que uno no puede estar completamente
seguro si dos jóvenes que van caminando son dos muchachos, dos chicas o un
muchacho y una chica.
La Biblia considera que es importante preservar las diferencias sexuales
en el vestir. Estas diferencias son fundamentales para nuestra comprensión
de quiénes somos y el papel que Dios desea que cumplamos. La ropa que
usamos define nuestra identidad. Si un hombre desea ser tratado como
mujer, lo más probable es que use artículos femeninos como joyas, perfume
y ropa ornamentada. Si una mujer desea ser tratada como un hombre, lo más
probable es que guste vestirse como tal.
La Biblia no especifica sobre el estilo de ropa que los hombres y las
mujeres deberían usar porque reconoce que el estilo lo dicta el clima y la
cultura. Sin embargo, nos enseña el respeto por la diferencia de sexos en
el vestir, así como lo acepta nuestra cultura, lo cual quiere decir que,
como cristianos, cuando compramos ropa, debemos preguntarnos: ¿Confirma
esta ropa mi identidad sexual, o me hace parecer como si fuera del otro
sexo? Siempre que te parezca que cierto tipo de ropa no pertenece a tu
sexo, sigue tu conciencia: No la compres, aun cuando esté de moda.
No es siempre fácil para un cristiano encontrar ropa que confirme su sexo,
especialmente ahora que el estilo de la moda trata de borrar las
diferencias; es más, nunca ha sido fácil vivir de acuerdo con los
principios bíblicos. Sin embargo, tenemos un llamado cristiano: no
conformarnos a los valores y estilos de nuestra sociedad, sino, con el
poder de Dios, ser una influencia transformadora en este mundo.
Conclusión
La ropa no hace a un cristiano, pero los cristianos revelan su identidad
por medio de su ropa y apariencia. La Biblia no estipula la ropa que debe
usar un cristiano ni establece un uniforme para el mismo. Sin embargo,
aconseja la sencillez y simplicidad del estilo de vida de Cristo, lo cual
incluye nuestra vestimenta y apariencia.
El seguir a Jesús en la forma en que nos vestimos y adornamos significa
permanecer separados de la multitud y no pintarnos ni enjoyarnos ni
engalanar nuestros cuerpos como lo hacen muchos de nuestros
contemporáneos; lo cual requiere valor y discernimiento; valor para no
conformarnos con los seductivos dictados de la moda, sino para ser
transformados por las sensatas instrucciones de la Palabra de Dios
(Romanos 12:2), y discernimiento para distinguir entre el capricho de la
moda que cambia y el estilo sensato que permanece; valor para demostrar el
amor del carácter de Cristo, no por medio del adorno exterior de nuestro
cuerpo "con oro o perlas o ropas costosas" (1 Timoteo 2:9), sino con la
hermosura interna de nuestras almas y la quietud de espíritu que son
preciosos a los ojos de Dios (1 Pedro 3:3, 4); valor para vestirnos no
para glorificarnos a nosotros mismos, sino para glorificar a Dios con
nuestra vestimenta modesta, decente y sobria.
Nuestra apariencia externa es un testigo mudo constante de nuestra
identidad cristiana. Ojalá muestre al mundo que vivimos para glorificar a
Dios y no a nosotros mismos.
Samuele Bacchiocchi
(Doctor en Teología de la Ponticia Universidad de Roma) enseña teología e
historia de la iglesia en la Universidad Andrews. Es autor de varios
libros, como
The Marriage Covenant, Wine in the Bible, The Advent Hope for Human
Hopelessness
y
Del sábado al domingo.
El segundo de estos libros fue reseñado en
Diálogo
2:3.
*Todos los pasajes bíblicos son de la versión Reina Valera Revisada
(1960).
Notas y Referencias:
1. Este artículo fue adaptado de mi libro Christian Dress and
Adornment (Berrien Springs, Michigan.: Biblical Perspectives, 1994). Se
lo puede obtener en los SEHS de EE. UU. de N.A. o solicitarlo por correo
a Biblical Perspectives, 4990 Appian Way, Berrien Springs, Michigan,
49103, EE.UU. de N.A. Su costo es US$13.00, con franqueo incluido.)
2. William Thourlby, You Are What You Wear (New York New American
Library, 1980). p. 52.
3. Ellen White, Testimonies for the Church (Mountain View, Calif.:
Pacific Press Publ. Assn., 1948), t. 3, p. 376.
4. ____________, Conducción del niño (Asociación Publicaciones
Interamericanas, 1992) p. 388.
5. C.F. Keil y F. Delitzsch, Biblical Commentary on the Old Testament
(Edinburgh: T. y T. Clark, 1873). J. Ridderbos afirma algo parecido:
"Estas prohibiciones tienen el objetivo de inculcar respeto por el orden
de la creación y de diferenciar los sexos y género que ese orden
presenta" (Deuteronomy [Grand Rapids, Mich.: Regency Reference Library,
1984], p.135). Ver también The Interpreter's Bible (Nashville, Ten.:
Abingdon, 1981), vol. 2. p. 464; The Expositor's Bible Commentary (Grand
Rapids, Mich.: Zondervan, 1992), t. 3, p. 135.
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